Júpiter es el planeta más grande del sistema solar. Un gigante hecho de gas —su diámetro es unas 11 veces el de la Tierra— que también ostenta el récord de ser el que más lunas tiene: en total se han identificado 80 de ellas. Brillando en el cielo nocturno de la Tierra y por su facilidad para ser observado sin la necesidad de instrumentos sofisticados, ha despertado la fascinación de los seres humanos desde la antigüedad.
Ese interés llevó a que en 1610 el astrónomo Galileo Galilei observara por primera vez a este planeta a través de un telescopio, lo que le permitió descubrir sus lunas orbitales.
Con el paso de los siglos, los científicos aún siguen muy interesados en resolver los misterios que estos cuerpos pueden esconder y justamente el pasado 14 de abril la Agencia Espacial Europea (ESA) lanzó la misión del Jupiter Icy Moons Explorer (Juice), una nave que durante los próximos ocho años atravesará el sistema solar para sobrevolar y realizar observaciones detalladas de Júpiter y de sus tres grandes lunas: Ganimedes, Calisto y Europa, satélites que bajo su helada superficie esconden océanos subterráneos.
sta sonda, que se espera arribe a su destino en julio de 2031, es el resultado del trabajo de un equipo internacional de científicos que durante las últimas décadas construyeron la nave y los instrumentos que harán posible que recopile datos científicos para resolver preguntas, como si existe o existió alguna forma de vida en Júpiter. Expertos que son herederos del legado de Galileo, a quien precisamente en esta misión se le rinde homenaje con una placa conmemorativa en honor de sus descubrimientos.
La astrofísica venezolana Miriam Rengel hace parte de este grupo de expertos. Desde el 2012 se integró al proyecto como investigadora del Instituto Max Planck para la investigación del sistema solar, en Alemania. La científica, que participó en la fase de diseño y construcción de la instrumentación de la nave, habló con El Tiempo sobre los objetivos de esta ambiciosa misión, la tecnología que la hará posible y sus expectativas sobre los descubrimientos que revelará en los próximos años.
-¿Por qué mirar a Júpiter?
-Juice va a estudiar a Júpiter como un planeta en detalle, su dinámica, su clima, su meteorología, como no se había hecho anteriormente. Tenemos muchas dudas, cómo funciona un planeta, su formación, su evolución, cuáles son los mecanismos físicos y químicos que se manejan dentro de la atmósfera. Y Júpiter es un arquetipo de planetas que se conocen como los gigantes gaseosos. Estudiándolo podemos entender otros planetas extrasolares, de los que ya conocemos más de 5.000. Además, vamos a estudiar tres de sus lunas fundamentales, sus lunas heladas: Ganimedes, Calisto y Europa. Creemos que bajo su superficie de hielo hay un océano de agua salada, condiciones ideales para albergar vida y queremos estudiarlo. Y quizás si tenemos mucha suerte, podemos encontrar también vida, microorganismos o bacterias.
-¿Qué diferencia a esta misión de otras que, como Juno de la Nasa, también tienen como objetivo este planeta?
-Anteriormente se ha estudiado a Júpiter tanto desde el espacio como desde observaciones terrestres. Sin embargo, Juice tiene diez instrumentos a bordo con nueva tecnología, con instrumentación que está usando diferentes ondas electromagnéticas para que se pueda penetrar más en la atmósfera, como el instrumento de onda submilimétrica, en inglés, Submillimetre Wave Instrument (SWI) —que ya empezó a enviar los primeros datos desde el espacio—. Juno está estudiando más el interior de Júpiter, su composición hacia las capas más internas. Nosotros con este instrumento queremos sondear la parte media de Júpiter con una resolución muy alta, que no se había hecho antes. También es la primera vez con esta misión que se hace una órbita alrededor de Ganímedes.
-De encontrar indicios de vida, ¿de qué tipo serían?
-No esperamos ni pretendemos encontrar vida inteligente o civilizaciones, sino más bien si hay algún rastro. Primero, vamos a estudiar las condiciones para albergar vida, las circunstancias que la permiten y la evolucionan. Y de encontrar vida, por ejemplo, esperaríamos microorganismos, bacterias, organismos multicelulares o monocelulares, pero muy básicos, primitivos.
-¿Cómo fue la experiencia de ver el lanzamiento de esta nave en la que ha trabajado en los últimos años?
Fue una experiencia inolvidable estar allí justo en el día del lanzamiento. Estaba programado para el 13 de abril, pero se pospuso para el día siguiente porque había riesgo de tormentas eléctricas. Es un evento maravilloso, no solo desde el punto de vista emotivo, sino que cuando sabes que hay un instrumento donde hay tantos años de trabajo, de investigación, y van en una caja hacia el espacio, es una experiencia inolvidable. Pudimos participar con varios de mis colegas del instituto y observar el lanzamiento.
Lea la nota completa siguiendo este enlace a El Nacional


