Esequibo: Venezuela por primera vez en desventaja

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Siempre vale la pena todo lo que se haga por la paz. A pesar que se haga de buena o mala fe. Y esta coletilla puede resultar contradictoria, como demuestran acuerdos y declaraciones del pasado.

Por Eduardo Martínez – East Web Side

Tal fue el caso del Acuerdo de Munich de 1938 entre Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia. Alemania, en posición de fuerza, tenía pretensiones que fueron parcialmente satisfechas: los Sudetes. Hitler firmó el papel que le presentaron. Neville Chamberlain -primer ministro británico- regresaría con el papel a Londres.

Hitler había firmado a Chamberlain -en una reunión privada- una declaración conjunta que consideraba el Acuerdo “un símbolo del deseo de nuestros dos pueblos de nunca volver a la guerra”.

Cuando Joachim von Ribbentrop, ministro de Exteriore de Alemania, protestó por firmar esa declaración adicional, Hitler le respondió: “Oh, no lo tome tan en serio. Ese pedazo de papel ya no tiene importancia”.

Las consecuencias de ese episodio “de paz” están profusamente escritas en la historia. Alemania se anexaría los Sudetes de Checoslovaquia, y a los 11 meses (1-9-1939) invadiría Polonia. Había ganado tiempo.

Declaración de San Vicente

El papel firmado el día de ayer en la isla de San Vicente, entre los presidentes de Guyana y Venezuela, es un refinado documento diplomático que suda el know how anglosajón.

Bajo la promesa de “no se amenazarán ni utilizarán la fuerza mutuamente en ninguna circunstancia” -lo que recordó lo que obligaban las maestras luego que dos niños se caían a golpes, con la frase final: “dense las manos”- recordaron y ratificaron lo que está sobre el tapete: el uso del derecho internacional, incluyendo el Acuerdo de Ginebra de 1996; Guyana ratifica su acción ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), y Venezuela su desconocimiento de la misma; compromiso, si hay un conflicto o desacuerdo, de aceptar la mediación – no se utiliza esa palabra- de Caricom y la CELAC y el presidente de Brasil “para contenerlo, revertirlo y evitar que se repita”; la creación de una comisión conjunta de los dos países; y, los dos países acordaron “reunirse de nuevo en Brasil, en los próximos tres meses”.

Después de todo, es “un papel”.

En este caso, a diferencia de las viejas películas y cuentos de “amor”, no se dijo: “y fueron felices”. Todo quedó en suspenso, como estaba antes del encuentro y solo es una apagada de los micrófonos, “por ahora”.

Las posiciones

Por primera vez desde 1966, Venezuela se presenta con gran desventaja en lo que se refiere al reclamo del Esequibo. Prueba de ello es que, en ninguno de los cuatro folios de la Declaración, se menciona “Esequibo”. Probablemente una imposición de Guyana, cuyo presidente declaró previamente que no iba a discutir ese tema.

Lo que lleva a pensar que el único objetivo, de quienes propusieron y facilitaron el encuentro sanvicentiano, fue evitar un conflicto. ¿Es bueno?. Probablemente si, porque contribuye a bajar las tensiones, y porque se establece un procedimiento para evitar los desencuentros en el terreno reclamado -que no se menciona.

A Venezuela se le dejó mencionar que no reconoce la instancia de la CIJ, antecedida por la ratificación de Guyana en su proceso en La Haya.

En fin, con esta declaración Guyana gana tiempo a que la Corte en La Haya se pronuncie, y el gobierno de Venezuela tiene un poco oxígeno para reconducir su posición y redactar su contraexpediente que debería presentar en abril.

En este caso, queda la Paz. Y recordemos que “reclamo” eran 7 letras, y a la paz le corresponden 3 letras. Las letras se están acabando.

¿Y sobre la buena o la mala fe? El tiempo dirá…

PD: ¿Y dónde quedaron el referendo y los presuntos 10,5 millones de votantes?. Probablemente solo para el consumo interno.

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