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Borran de sus propios libros a la autora de “Harry Potter” por su cuestionamiento a las políticas trans

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Aunque podría creerse que la censura es una invención moderna, su origen pareciera estar más bien ligado a los inicios mismos de la sociedad humana. Como práctica de larga data, la censura podría remontarse hasta la invención de la escritura, unida inevitablemente al deseo de los grupos dominantes por controlar el acceso y la difusión del conocimiento.

Infobae

En el Antiguo Egipto, por ejemplo, el castigo por cometer acciones contra el orden imperante era ser borrado de la Historia: se prohibía el nombre de la persona y, con ello, su mención en cualquier tipo de contexto. En Roma, alrededor del 200 a.C., la censura estaba ya institucionalizada en el Atrium Libertatis, sede en la que los censores, magistrados de la república, vigilaban lo que la sociedad debía leer como un modo de velar por las buenas costumbres. En la Edad Media, por su parte, con el ascenso de la Iglesia Católica se instauró la Inquisición y, con ello, un veto generalizado a toda idea que atentara contra el discurso dominante, cometiera herejía o tratara temas inmorales.

La invención de la imprenta y la difusión del protestantismo dieron un vuelco en el panorama y, al alero de la aparición de un nuevo sistema de producción y circulación del libro, a partir del siglo XV el veto se difundió también a los libros, tanto a través de la censura y expurgo como del control de las imprentas y la publicación de listas de libros prohibidos.

Con el tiempo surgieron más organismos encargados de la vigilancia, los cuales rápidamente se consolidaron hasta transformarse en un mecanismo habitual hasta nuestros días. En épocas contemporáneas, la censura se transformó en una más de las herramientas predilectas de los regímenes autoritarios, cuyas prácticas, asociadas a distintos ejercicios de violencia, perduran aún en la actualidad.

A grandes rasgos, puede entenderse la censura como una práctica prohibitoria y reguladora mediante la cual se busca controlar ideas, discursos o publicaciones. Aunque no es intrínsecamente literaria, una parte importante de las prácticas censoras se ha encargado históricamente del control de la imprenta y los libros en tanto difusores del conocimiento.

El presente trabajo se propone analizar un caso particular de práctica censora sin precedentes hasta ahora: las marcas de censura que distintos lectores de la saga Harry Potter –la más vendida de la historia– han realizado sobre sus ejemplares para borrar de estos el nombre de su autora. Este acto es necesario enmarcarlo en la polémica que en el último tiempo ha rodeado a la escritora a partir de comentarios en Twitter tildados de transfóbicos por los usuarios.

Estas declaraciones no han dejado indiferentes a los fanáticos de la franquicia, de modo que una parte importante de estos se ha levantado para expresar rechazo a estos dichos. Así, por ejemplo, MuggleNet y The Leaky Cauldron (dos de las comunidades de fanes más grandes de internet) se han pronunciado públicamente para expresar que ya no utilizarán la imagen de la autora y que, incluso, dejarán de escribir su nombre completo, reemplazándolo por las iniciales JKR. Este debate se desplazará también hacia otras plataformas y redes sociales y superará los límites de Internet.

En distintos grupos aislados, surge la necesidad de pronunciarse respecto a la polémica a través de manifestaciones públicas que no solo rechacen la ideología de la escritora, sino que además den cuenta de una postura valórica clara en contra de la transfobia. En la red de TikTok, durante el año 2020, dicha necesidad derivó en el surgimiento de videos individuales en los que lectores de Harry Potter muestran distintas intervenciones materiales que realizaron en sus libros con el objetivo de tachar, tapar o borrar el nombre de la autora.

Dado el funcionamiento del algoritmo de la aplicación, en el que a cada usuario se le muestra contenido similar a sus preferencias, estos videos van interactuando entre sí, construyendo una verdadera red de relaciones que conformará una comunidad a partir de temas, hashtags o audios en común. Por ejemplo, la etiqueta #jkrowlingiscancelled (en la que se encuentran varios de estos videos), contaba con 26.1 millones de visualizaciones a mediados de 2021 y el sonido conocido como The JKR is canceled song, utilizado especialmente para exhibir estas marcas lectoras, poseía 262 videos alrededor del mismo periodo.

Con fines metodológicos, hemos agrupado estos videos según el tipo y formato de sus marcas de censura, como un modo de aproximarnos a la función que cumplen para sus lectores y las connotaciones políticas e ideológicas que alcanzan en el marco de la polémica.

Para tales efectos, analizamos más de ochenta intervenciones en libros de la saga, todas disponibles públicamente en la aplicación de TikTok durante el periodo 2020-2021.

Nombre tapado o tachado

Como base de todas estas intervenciones lectoras encontramos la censura del nombre de la autora, en el que este se tapa o se borra a través de distintos métodos. Ya sea con tinta, papel, pintura, cintas de colores u otros, los lectores buscan ocultar el nombre como un modo de negar la autoría de la obra debido a las connotaciones negativas que ha adquirido.

En la mitad de los casos, la finalidad de las marcas es la censura en sí misma, es decir, están orientadas únicamente a eliminar el nombre. En la otra mitad, en cambio, el tachado es un complemento extra, un paso previo para llevar a cabo un gesto de censura aún más importante: el reemplazo del nombre. Así, hallamos ocasiones en las que los lectores han decidido voluntariamente adjudicar la autoría a terceros, como un modo de ensalzar otras figuras cuyos lineamientos ideológicos están en armonía con los del lector y con las expectativas que posee sobre el libro. Ya no basta con censurar, hace falta reescribir.

Los nombres escogidos apuntan a distintas líneas y no siempre parecieran tener relación con la polémica. De esta forma, encontramos, en primer lugar, nombres asociados a la franquicia en cualquiera de sus aristas. En ellos, es usual hallar personajes queridos de los libros, como Hagrid, Dobby, Lupin y Gilderoy Lockhart. Junto con ellos, aparecen también nombres de personas reales que en el imaginario popular están asociados a la saga: actores de las películas, especialmente aquellos que se han caracterizado por ser referentes activos del movimiento feminista –como Emma Watson– o quienes se pronunciaron públicamente después de la polémica para rechazar los dichos de la autora y defender los derechos trans y LGTBQIA+ –como Daniel Radcliffe–, pero también de figuras femeninas importantes.

En algunos casos, la elección entre personajes o actores se da de manera diferenciada, de modo que hay lectores que incorporan solo personajes o solo actores, que pueden ser distintos en cada ejemplar o repetirse para ensalzar un único nombre. En otras, sin embargo, el ejercicio se da en conjunto, de modo que, incluso, en un mismo ejemplar puede aparecer el nombre de un personaje ficticio y une actor real, adjudicándole una autoría múltiple a la obra. En ambas situaciones lo que parece priorizarse en la censura es la identificación con la franquicia, el mundo de Harry Potter al que no se desea dejar ir, pese a las posturas de la autora. Ligado a ello se encuentra también el reemplazo del nombre por Starkid, productora que ha realizado el musical paródico A Very Potter Musical (2009) y que hoy cuenta con un estatus de culto.

Sobre la polémica

En segundo lugar, nos encontramos sustituciones que no se relacionan con la saga Harry Potter, sino con la causa generada por la polémica. De esta forma, los nombres escogidos se orientan a levantar figuras importantes dentro de la comunidad trans y el movimiento feminista, a veces indistintamente. A diferencia del caso anterior, el objetivo principal de estas intervenciones no es reafirmar la saga pese a los dichos de la autora, sino, más bien, demostrar una postura ideológica frente a ellos. De este modo, estas intervenciones se destacarán por ir acompañadas en los videos de consignas que explicitan sus intenciones políticas.

Así, por ejemplo, al comienzo del video del usuario conocido como @.maya.pinion se puede leer: “Replacing jk with actual feminist part 4″ (“Reemplazando a JK con una feminista real parte 4″) seguido de lo cual cambia el nombre de la autora por el de Ruth Bader Ginburg, jueza estadounidense que luchó por la igualdad de género. De igual forma, la usuaria @erthalpwk acompaña su video con la descripción “JK ROWLING IS NOT A REAL FEMINIST” (JK Rowling no es una verdadera feminista) y reemplaza a la autora con los nombres de distintos íconos trans –como Marsha P. Jhonson– o figuras públicas feministas. Además de ello, incorpora en la caja de la colección una consigna a favor de los derechos trans.

En tercer lugar, encontramos los reemplazos que no poseen relación aparente con la saga ni la causa trans y/o feminista. Entre ellos se encuentran tanto nombres de personas reales arraigadas en el imaginario de la cultura popular –como Britney Spears y Danny Devito– como personajes ficticios de otras franquicias –como Miku, la famosa cantante virtual de Vocaloid–. Junto con ellos, también es posible encontrar intervenciones lectoras en las que el nombre es tapado con frases o palabras aleatorias. Tanto en este como en el caso anterior, el propósito de los reemplazos no se orienta necesariamente a adjudicar la autoría a una figura relevante al contexto, de modo que, más que tener connotaciones políticas, estos parecieran incorporarse a una dinámica en la que la censura es vista también como un juego abierto a posibilidades lúdicas y creativas.

Si se considera el medio en el que estos videos coexisten y los contextos que los envuelven como productos de la aplicación TikTok, su inclinación hacia lo lúdico no resulta tan extraña. Y es que, pese a que en el último tiempo TikTok ha dado un vuelco para transformarse en una plataforma donde es posible encontrar datos educativos e interesantes o en la que, como en este caso, pueden compartirse posturas políticas o de denuncia, no puede ignorarse que gran parte de su naturaleza se caracteriza por ser un sitio de entretenimiento multimedia, atravesado por una cultura de masa en el que el meme, más que un mero recurso humorístico, se convierte en una nueva forma de comunicación.

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