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Historias del Copei que conocí (XX): Todo conduce a Curiel, por Vladimir Petit Medina

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Aquel día de diciembre de 1995 se elegía el nuevo gobernador de nuestro amado estado Falcón y la competencia era difícil. Goyo Graterol y yo nos hicimos señas para salir del comando de campaña de José Curiel, donde había tensión para regalar y así poder hablar a solas. Para ello le pedimos prestado el carro a nuestro buen amigo Franklin Sánchez, quien gustosamente nos facilitó su Malibú azul. Apenas nos montamos en el vehículo y antes siquiera de encenderlo, se abrió la puerta trasera y se lanzó en el asiento del vehículo el mismísimo Curiel. Fumando, como siempre, nos agarró por las camisas y dijo: -¡Miren, esto está reñido…reñido…reñido¡ E hizo la larga pausa con mirada fija que le caracterizaba. Los tres nos veíamos atentamente, el uno al otro, alternativamente, en medio del calor abrasador de un aire acondicionado que no se había prendido y el silencio cortante. Ya entrenados y aún con sus manos sujetándonos las camisas desde el asiento trasero, esperamos pacientemente que el candidato pudiera arrancar de nuevo: -Reñido…reñido…y les digo…¡así como me metieron en esto…vean a ver cómo me sacan de esta¡ Goyito y yo nos vimos con los pelos parados como si nos hubiésemos hecho cosquillas con cables enchufados. El candidato lanzó el cigarro por la ventana apenitas abajo, al pelar el lanzamiento el cigarrillo, todavía flameante, cayó en la alfombrita del preciado vehículo de Fraklin. Con el mayor desparpajo terminó por apagarlo girando su zapato Florsheim de suela de goma sobre él. Luego se peinó mientras respiraba fuertemente acaso transmitiéndonos su férrea determinación y con las mismas…se bajó. Nos quedamos en silencio, con el carro prendido y sin poder avanzar un buen rato. Sentimos como si nos hubiesen puesto un yunque en la cabeza. Luego… casi por inercia, salimos a la casa de nuestro común amigo Freddy Cuba, miembro de la Junta Electoral  Regional y quien nos devolvió el alma al cuerpo al ratificar su fe de que con los votos de la costa, Coro y Punto Fijo, se consolidaría la ventaja final para Curiel. Así fue. Ese día, José Curiel Rodríguez ganó la gobernación de Falcón apenas unos meses después de haber perdido la secretaría general de Copei en la convención nacional del partido. Pero aquello había costado mucho.

Ahora la historia.

-Solo nos queda proponer como candidato a gobernador a un dirigente nacional con muchos apoyos. Y el único disponible para ello, con presencia en el estado y esas características, es precisamente quien acaba de perder la convención nacional: José Curiel Rodríguez. No hay otra manera de frenar las acciones de Aldo Cermeño para quedarse con la gobernación a través de persona interpuesta ¡Esa es la jugada¡¡No hay otra¡ Así razoné con el entonces secretario nacional juvenil de Copei, antiguo subsecretario nacional juvenil de mi administración, suplente de Joseíto al congreso de la república y gran dirigente falconiano, Gregorio Segundo Graterol Roque, aka Goyito. Comíamos en el restaurant chino El Dragón Verde de la Campiña y testigo entusiasta de este acuerdo fue el histórico Francisco, el mejor barman y mesonero de restaurant alguno en Venezuela. Ahora le tocaría a Goyito: -Si tenemos razón…podemos ganar y frenar a Cermeño pero igualito Curiel después nos mete una patada por el trasero. Ese es el gran riesgo…sin embargo, no nos queda otra…todo apunta a Curiel. Dos días después Joseíto Curiel nos recibió en su casa aunque le extrañó la visita. Se hizo acompañar de su fiel amigo Paíto Quevedo. Una vez allí, cerró las puertas.-¿Qué quieren hablar conmigo muchachos? preguntó. Le expliqué pormenorizadamente el asunto. Se le pararon los pocos cabellos que tenía y enseguida se llevó los dedos a la boca mientras exclamaba: -Pssstttttt ¡Chito¡ Se incorporó de golpe casi que impulsado por un resorte, revisó que las puertas estuviesen bien cerradas, aproximándose para hablarnos al oído mientras blandía peligrosamente el sempiterno cigarro como si se tratase de un arma blanca: -¡No prometo nada…nada…nada…pero hablen bajito porque si Olga María u Olguita nos oyen, me ponen de paticas en la calle¡ ¡Ellas no quieren que siga en política¡ No sabía que vendrían con esto. Pero mejor lo hablamos fuera de aquí¡¡ Cuando bajábamos de la colina donde vivía Curiel, en mi vehículo Goyito dijo: -No fuña Vladi…este tercio no quiere ni que le hablemos de la candidatura a gobernador del estado Falcón para que la mujer y la hija no le escuchen¡ ¡Bonita vaina estamos haciendo¡ 

Contra todo pronóstico…dos días después Curiel aceptaría explorar la idea y 10 días luego iniciaría la campaña que le llevaría primero a brillante gobernador de nuestro estado Falcón y después a una reelección clamorosa aunque por un período truncado por la relegitimación una vez culminada La Constituyente. El pistoletazo oficial sin embargo se lo debemos a una travesura de muchachos ya que el 20 de febrero de 1995 Curiel participaría como orador de orden en la asamblea legislativa del estado y a su salida lo atajó el periodista y cercano amigo César Torres preguntándole: -¿Es verdad que este acto constituye su lanzamiento a la gobernación? José por un rato se quedó más atascado de lo normal hasta que reaccionó admitiendo: -Si las fuerzas vivas del estado así lo desean…seré el próximo gobernador de Falcón. Todavía asombrado por la pregunta siguió camino a su vehículo mientras alguien que estaba cerca más no visible detrás de los periodistas, Chente Graterol, entonces diputado a la asamblea legislativa, se volteaba para llamarnos: -¡Mandado hecho¡ ¡Todo ok¡

Aldo Cermeño Garrido, por su parte, había sido un breve y buen gobernador al final de la época de Luis Herrera y en 1989 ganó la elección como primer gobernador elegido directamente por el pueblo. Comenzaron entonces dos procesos capitaneados por él mismo: la extensión de su influencia, es decir, la toma por asalto de todos los poderes de nuestro humilde estado y a la par, su propia autodestrucción, desatando sus más íntimos demonios personales. Esto último fui el primero en detectarlo y años después….efectivamente, esas sombras terminarían por acabar con su brillante carrera política.

En 1992 Aldo cuadra con Oswaldo como candidato nacional en contra de Eduardo y quienes para ese momento eran secretario nacional juvenil así como su subsecretario nacional, es decir, este servidor y Goyo Graterol, nos mantuvimos fieles a Eduardo Fernández. Por primera vez alguien decidía enfrentar el poder gigantesco de Cermeño en el estado. Y con par de esféricas lo hicimos. Sabíamos que aquello traería duras consecuencias. Y vaya si las trajo.

Organizamos cuadros a lo largo y ancho del estado. Dimos la pelea en todos los terrenos pero nos arrasó el tsunami en torno a Oswaldo. Aquel sería un importante round para Cermeño quien posteriormente desató una persecución que le permitiría lograr un ansiado objetivo: comenzar a empujar a Graterol fuera de Copei y anularme a mí. Sin embargo, lo que profeticé…sucedió. A quien me quiso oír en esa época le advertí: -Cermeño sucumbirá a su vida disipada. Lástima porque tiene una familia fantástica…pero quien realmente lo conoce sabe que por ese camino terminará entregado a lo peor. Unos años después así fue. Sin embargo, en las primeras de cambio durante aquel 1992, milagrosamente Graterol logró sobrevivir como suplente de Curiel y yo logré encabezar mi circuito natal, de Coro y Occidente en 1993. Claro…costó Dios y su ayuda pero nuevamente le habíamos ganado al todopoderoso jeque regional…desde el suelo. Ambos ganamos nuestras elecciones. Cermeño nunca perdonó aquello. Pero ya para ese momento era inocultable la existencia de una fiera persecución de magnitudes enfermizas.

Más allá de lo planteado, en el fondo este par de dirigentes juveniles, también clamábamos por un mejor futuro para nuestro estado. Un salto cualitativo. Por eso propusimos a Curiel casi que sacándolo de la chistera. José resultó un candidato peculiar: por un lado, sus planes para el estado eran fabulosos y permitieron, una vez en ejecución, el relanzamiento de Falcón. Por otro, no era un candidato especialmente propenso a la calle. La calle se la fue bregando paulatinamente nuestro equipo y el gran esfuerzo personal que José realizó. Más allá, era innegable el acceso de Curiel al gobierno central de Caldera II. El candidato le echó pichón con fe. Se entregó con entereza. La gobernación se veía pequeña al lado de su tamaño…pero eso la gente lo asumió hasta como un lujo. Mientras, Aldo impulsaba la candidatura de su amigo Luis Stefanelli…quien también estaba fajado por el poder. Finalmente logramos que el partido decidiera hacer una encuesta para seleccionar el candidato. Curiel la ganó por décimas. Logramos la candidatura. Cermeño echaba espuma por la boca. El gobernador saliente, jefe político del estado, tuvo que aceptar como candidato a quien no podría dominar. Histórico en la Venezuela en la cual los gobernadores comenzaban a ser una suerte de príncipes. Y todo eso a partir de la invención de dos muchachos.

La campaña arrancó compleja. Los adecos se mantenían organizados y nosotros comenzamos a registrar dificultades para lograr el trasvase de votos de Cermeño a Curiel. Aún así, Joseíto ganaba terreno, más por el imaginario que despertaba que por sus características candidaturales. 

El día de su juramentación, Curiel tuvo palabras elogiosas hacia nosotros dos y el equipo. Nos agradeció el trabajo hecho y la idea. Cermeño nos veía como gallina que veía sal. A todo evento, ese día comenzaría el período en el cual el estado dejó de ser preterido para convertirse en provincia privilegiada. Curiel se dedicó a hacer lo que mejor hacía: construir. Llenó de obras nuestro estado mientras se acercó al Presidente Caldera como en su primer gobierno. Logró de todo y para todos. El estado cambió sensiblemente.

Para nosotros fue un gran orgullo que Curiel lograra lo que imaginamos que haría. Pero Cermeño latía echado. Se dedicó al partido regional. Poco a poco…preparó una operación de jaque a Curiel desde las filas de Copei Falcón. Estaba en todos lados. Para inicios de 1998, finalmente coronó lo que siempre quiso: primero forzó la salida de Graterol a la candidatura a alcalde de Coro como independiente, luego obligó a José a pactar una pacífica convivencia con su poderío partidista y para ello Joseíto solo tendría que entregar una cabeza: la mía. Y la entregó. Fui sacrificado sin miramientos sin importar el trabajo hecho en el Congreso ni los logros. Gracias a dios ya tenía decidido irme de la política antes de que la política me abandonase a mí. En todo caso, aquello sirvió para que el estado marchara por una senda muy distinta y positiva. 

Esa vez Cermeño también pudo con nosotros. Pero el destino podría más con él.

Un día mi amigo de toda la vida, Wilfredo González, me buscó en el aeropuerto Las piedras. Poco antes el chavismo había permitido el funcionamiento de casinos en el estado, fomentando la expansión de varios hoteles, Como llegué en el vuelo de las 7am, nos fuimos a desayunar en el Hotel Península, uno de los que tenía casino. Pasamos para el desayuno pero mis ojos no daban crédito a lo que veía en la entrada de la sala de juegos…a esa hora de la mañana, recostado sobre una maquinita tragaperras, amanecido de la noche anterior, yacía el otrora todopoderoso gobernador Cermeño. Le tomé foto a esa imagen y la mandé a cuatro personas que le habían querido mucho y quienes nunca compartieron mi predicción acerca de Aldo: el Cabezón Colina, mi hermano de muchas luchas en Copei, a mi adorado Ramón Petit, el Cermeñista más rutilante que conocí, a quien simbolizó la seriedad en el equipo de Cermeño y el gran eje del bien allí, el gran caballero que es Antonio Garvett y finalmente a Goyo Graterol. Solo coloqué: nadie me creía que terminaría así…pero se verán cosas peores dice la biblia. Lamentablemente, nuevamente tuve razón. Unos años después Cermeño fue adquirido por el chavismo quién sabe a cambio de qué. Hoy subsiste cedido al Lápiz…por ahora.

Pero el tiempo, el implacable, el que pasó…todo lo pone en su sitio. Todo.

Goyo Graterol hoy en día es destacado dirigente de PJ en Falcón, varias veces diputado y otras candidato a gobernador del estado. José Curiel nunca más me pudo ver a los ojos ni yo volví a hablarle en privado. La última vez que nos encontramos fue por invitación de mi viejo amigo Andrés Scott en un encuentro con viejos copeyanos para presentarles mi libro Chávez y la perversión del ejército. Joseíto presidía esa reunión. En ese momento hizo todo tipo de esfuerzos para que volviese a llenar la inscripción en el partido, a lo cual me rehusé por considerar que un partido que borra olímpicamente de sus listas a un grupo calificado de sus dirigentes para que una fórmula específica ganara una convención, no merecía una segunda oportunidad…al menos no con los mismos que procedieron de esa manera. Además, ya me sentía sumamente cómodo con el mismo estatus que Calvani tuvo toda su vida: independiente socialcristiano. Esa fue la última vez que vi a José Curiel, por cierto. Aldo Cermeño…pues ya todos saben en lo que terminó. Lamentablemente de aquel líder soñador que hacía suspirar a un gentío no queda nada. Y eso se lo ganó a pulso. Más allá, gente como un gran amigo que prefirió asumir entonces una posición neutral mientras yo era sacrificado y después de años de amistad solidaria, terminaron fuera de Copei. Ojalá la vida les haya enseñado que Vargas tenía razón y el mundo es de los justos y honrados no de los medias tintas. Omito su nombre por respeto a lo que fue una relación de gran confianza. Y yo…pues terminé en el mundo privado y como independiente socialcristiano abrazado a la causa de fe de mi amiga de muchos años, María Corina Machado.

En todo caso, la opción de Curiel fue una inyección de ánimo y entusiasmo para nuestro estado. Donde quiera que esté, a Joseito hay que reconocerle como el mejor Gobernador de nuestra tierra, el de mayor nivel y un orgullo para los falconianos. Poco importa que mi cabeza haya sido la entregada o que él fuese mejor gerente público que político. Me enaltece ser uno de los dos que estuvo detrás de esa operación. De hecho….Graterol y yo lo volveríamos a hacer a pesar del costo personal y político que pagamos. Pero allí cabrían muchas otras nuevas historias.

@vladimirpetit    @vladimirpetitmedina   www.vladimirpetit.com

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