Esta elección presidencial será recordada como la más estrambótica, extravagante, irregular y sin orden en la que hayan participado los venezolanos.
En ella participa, como candidato, un presidente en pleno ejercicio quien aspira a ser reelecto. Durante sus alocuciones, no hay forma de diferenciar si se trata de actos ejecutivos o de campaña. Exhibe dualidad de funciones ya que a ratos actúa como presidente, ordenando a sus ministros construyan o terminen determinadas obras, les niega el dinero a ciertos alcaldes opositores y les ofrece a los jubilados la creación del Ministerio de Adultos Mayores, y acto seguido les hace saber a los trabajadores de Guayana que él tiene el dinero para poner en funcionamiento las empresas básicas.
Y en esta dualidad ¿quién habla, el candidato o el presidente?
Y continúa para luego acusar de apátridas a los trabajadores y a los líderes sindicales que no les son afectos, y acto seguido, y por no tener un programa de gobierno que exhibir, procede a bailar o a tocar tambor y los asistentes se preguntan si están en presencia del presidente o del candidato. También y a su favor, pero en actos separados, actúan su vice presidenta y el actual presidente de la Asamblea Nacional en actos que son transmitidos a través de medios públicos y privados.
Este ventajismo es del uso exclusivo del equipo del presidente candidato y sus consecuencias son ignoradas por organismos internacionales como la ONU, la cual por cierto aprobó el envío de una misión de observadores. Esta organización mantiene ocupada a sus autoridades acusando al presidente del Salvador, Nayib Buckele, de violarle los DDHH a las pandillas y a los políticos cómplices.
“Usted puede prohibirme lo que quiera y yo le cumplo, lo malo es que no puede prohibirme lo que pienso”
Gabriel García Márquez


