Un Estadista proyecta en lo político no a corto plazo, sino a largo plazo, pensando principalmente en la conquista de la meta mayor, de la causa más importante para su país. No se afana únicamente en resolver un problema particular inmediato. Resuelve sí, lo perentorio, pero sin perder el foco visionario en lo más clave.
Un Estadista como todo líder debe saber un poco de todo: Derecho, Economía, Historia, Sociología, pero sobretodo debe saber escuchar. Toma en cuenta el conjunto de factores y ángulos, en miras a solucionar los problemas más complejos. Eso amerita análisis antes de la acción, y sobre todo análisis estratégico de escenarios para llevar a cabo con eficiencia lo operacional y lo táctico. De allí que antes de apresurarse a opinar aforísticamente, desarrolla contenido teorético para la praxis, en base a un plan, ponderando los efectos de cada accionar en los distintos ámbitos y haciendo ejercicio continuo de empatía.
Un Estadista es un servidor público, pero no servil. Porque la especial sabiduría que debe acompañar a un hombre de Estado le otorga la autoridad para «señalar el camino…» como decía Renny Ottolina.
Un Estadista tal vez en momentos de desasosiego e incertidumbre exige más a su pueblo, pero como líder tiene la moral para hacerlo: porque él mismo se ha sometido a verdaderos sacrificios por el bienestar común en miras a lo más valioso y trascendental.
La reconstrucción de la nueva Venezuela en las próximas décadas será obra de varios y varias Estadistas, aferrados a sólidos Valores Espirituales (el país eres tú mismo) y con diáfana vocación de servicio al prójimo, y de un pueblo que aprende de sus errores y su pasado reciente.
Una reconstrucción sin revanchas ni ataduras, sino con amor a Venezuela y al futuro!
Edgard Simón Rodríguez
Miami, 22 de septiembre de 2024.


