Los presuntos casos de acoso sexual que salpican a Íñigo Errejón y Juan Carlos Monedero han «desinflado» a la izquierda feminista de cara a la celebración del 8-M. A diferencia de años anteriores, cuando la causa feminista avanzaba con fuerza y generaba un impacto notable en la sociedad española, la manifestación de este año estará marcada por la división y la controversia.
El entusiasmo por la tradicional marcha del Día Internacional de la Mujer se ha visto erosionado por los escándalos que han sacudido a figuras de la política progresista, así como por la fractura interna dentro del movimiento feminista. A esto se suma la sombra de la polémica sobre la prostitución que involucra presuntamente a sectores del PSOE, añadiendo un elemento más de tensión en un contexto ya de por sí convulso.
La Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha apartado de sus funciones a Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos y profesor en la Facultad de Ciencias Políticas, justo cuando había solicitado un periodo de baja. Por otro lado, el juez que investiga a Íñigo Errejón por un supuesto delito de agresión sexual ha pospuesto varias declaraciones clave y ha decidido escuchar primero los testimonios del padre y el hermano de la actriz Elisa Mouliaá.
En medio de este clima de incertidumbre, la asistencia a la movilización del 8-M en Madrid es una incógnita. En 2024, la afluencia de manifestantes superó la del año anterior, pero la existencia de dos convocatorias separadas fragmentó el movimiento. Para esta edición, el panorama se presenta aún más complicado, con la izquierda sumida en una crisis de credibilidad y la ausencia de un fuerte impulso por parte de sus formaciones políticas más afines. Hasta el momento, ni Sumar, ni Más Madrid, ni el propio PSOE han protagonizado grandes llamamientos para movilizar a la ciudadanía.


