El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a La Habana el jueves y se reunió con el nieto de Raúl Castro para transmitirle un mensaje: la oferta de Estados Unidos de ayudar económicamente a Cuba es genuina, pero tiene fecha de caducidad.
Por: Nora Gámez Torres – Miami Herald
Ratcliffe visitó La Habana para discutir los pasos esenciales que el régimen cubano debe dar para construir una relación productiva con Estados Unidos, según informó un funcionario de la CIA al Miami Herald. El diálogo de alto nivel le brinda a Cuba una oportunidad única para estabilizar su economía, pero esta oportunidad no durará indefinidamente, agregó el funcionario.
Ratcliffe se reunió con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, el ministro del Interior, Lázaro Álvarez Casas, y el jefe de los servicios de inteligencia cubanos «para transmitir personalmente el mensaje del presidente Trump de que Estados Unidos está dispuesto a abordar seriamente cuestiones económicas y de seguridad, pero solo si Cuba realiza cambios fundamentales», dijo el funcionario de la CIA.
Según el funcionario, durante la reunión Ratcliffe instó a los funcionarios cubanos a aprovechar esta oportunidad para una colaboración genuina. Con Venezuela como telón de fondo, Ratcliffe enfatizó que el presidente Trump preferiría llegar a un acuerdo, pero advirtió a los funcionarios cubanos que tomaran en serio al presidente y que no se hicieran ilusiones de que Trump no tomaría medidas para hacer cumplir las líneas rojas, agregó el funcionario.
Durante la reunión, Ratcliffe y los funcionarios cubanos hablaron sobre cooperación en materia de inteligencia, estabilidad económica y cuestiones de seguridad, «todo ello en el contexto de que Cuba ya no puede ser un refugio seguro para los adversarios del hemisferio occidental».
El sorprendente viaje a Cuba del director de la CIA se produce en medio de la tensión entre ambos países, en un momento en que las conversaciones diplomáticas parecen estar estancadas.
En un comunicado, el gobierno cubano ofreció una versión muy diferente de la reunión, que, según afirmó, había sido solicitada por el gobierno estadounidense.
El gobierno cubano afirmó que la reunión sirvió para «demostrar categóricamente que Cuba no representa ninguna amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, ni existen motivos legítimos para incluirla en la lista de países que supuestamente patrocinan el terrorismo».
El líder del país, Miguel Díaz-Canel, había reaccionado enérgicamente a las acusaciones estadounidenses, la más reciente formulada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, durante una reciente audiencia en el Congreso, de que Cuba representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos.
La Habana insistió en que la reunión sirvió para demostrar que Cuba «no alberga, apoya, financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas; además, no existen bases militares ni de inteligencia extranjeras en su territorio, y nunca ha apoyado ninguna actividad hostil contra Estados Unidos, ni permitirá que se lleven a cabo acciones contra ninguna otra nación desde dentro de Cuba».
El comunicado de Cuba no identificó a los funcionarios cubanos que se reunieron con el director de la CIA.
Según el comunicado del gobierno cubano, ambas delegaciones expresaron interés en desarrollar la cooperación entre los organismos encargados de hacer cumplir la ley para mejorar «la seguridad de ambas naciones, así como la seguridad regional e internacional».
Poco después de que Cuba publicara su comunicado, el Departamento de Estado anunció que la prisionera política cubana Sisi Abascal, miembro del Movimiento de las Damas de Blanco, había sido liberada por las autoridades cubanas y se le había concedido un visado humanitario para venir a Estados Unidos con su familia.
Horas antes, Díaz-Canel anunció que Cuba aceptaría una oferta de ayuda humanitaria de 100 millones de dólares de Estados Unidos, después de haberla rechazado inicialmente.
La visita de Ratcliffe, aunque inusual, no carece de precedentes: en 2015, el entonces director de la CIA, John Brennan, viajó en secreto a Cuba y se reunió con el coronel Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro.
Según se informa, la estación de la CIA en La Habana se vio obligada a cerrar después de que funcionarios de la agencia fueran blanco de misteriosos incidentes de salud a finales de 2016, que posteriormente se conocieron como el Síndrome de La Habana. Marc Polymeropoulos, un ex alto funcionario de la CIA que sufrió uno de estos incidentes-que se sospecha ampliamente que fueron ataques con un arma de energía por parte de agentes de inteligencia rusos- dijo que esperaba que Ratcliffe planteara el asunto a los funcionarios cubanos.
«Espero que el director de la CIA, Ratcliffe, mencione el Síndrome de La Habana y las lesiones graves que sufrieron los agentes de la CIA en 2016, como parte de cualquier interacción que tenga con el régimen cubano», escribió en X. «No mencionar esto sería una traición a los empleados de la CIA».
Según el funcionario de la CIA, Ratcliffe les dijo a los funcionarios cubanos que la isla ya no puede servir como plataforma para que los adversarios promuevan agendas hostiles en el hemisferio occidental.


