Keiko Sofía Fujimori Higuchi asume este martes la presidencia de Perú con la promesa de combatir con mano dura la creciente criminalidad en las calles y encarar el fenómeno climático El Niño, que los meteorólogos prevén como el más devastador en décadas. La administradora de 51 años ganó la elección en junio por menos de 50.000 votos frente al izquierdista Roberto Sánchez, tras perder tres balotajes consecutivos previos.
La fecha no es un detalle menor. El 28 de julio es el día de la Independencia del Perú, pero también la fecha que Alberto Fujimori siempre reivindicó como su cumpleaños —aunque documentos japoneses sugieren que nació el 26 de julio de 1938— y el mismo día en que el expresidente juró su propio cargo en 1990. Que su hija asuma el poder en esa jornada cierra un ciclo que el fujimorismo lleva décadas construyendo: el retorno al poder, 26 años después de la caída del patriarca.
Hija del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), fallecido en septiembre de 2024, su victoria supone el regreso del fujimorismo, un movimiento populista que oscila entre el conservadurismo y el liberalismo y divide a los peruanos.
Una victoria de menos de 50.000 votos
Según el escrutinio final del balotaje del 7 de junio, Fujimori obtuvo 50,135% frente al 49,865% de Sánchez, según datos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). La diferencia fue de 49.641 votos. El conteo demoró tres semanas en completarse, y desde que perdió la delantera, el izquierdista Sánchez cuestionó la legitimidad de los resultados, alegando irregularidades en los votos del exterior. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) rechazó su pedido de anulación por considerar infundadas sus alegaciones, y Sánchez acudió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para impugnar el proceso.
La proclamación oficial ocurrió el 3 de julio. “Hoy comienza una nueva etapa para el Perú”, declaró Fujimori ese día en la sede de Fuerza Popular en Lima. Una etapa de “responsabilidad, de diálogo y de resultados”, agregó. “Perú necesita recuperar el orden en sus calles, en sus instituciones y el Estado.”
Fue la primera elección sin su padre. Y la cuarta vez que Keiko intentó llegar al sillón presidencial. Había perdido en 2011, 2016 y 2021. “En mi carrera política he cometido errores, de ellos aprendí; pero me levanté además con mucha más fuerza”, dijo recientemente.
El apellido que divide al Perú
La líder de Fuerza Popular no se entiende sin el peso de su apellido, que le garantiza un electorado sólido y, al mismo tiempo, genera un rechazo que durante décadas le cerró las puertas del poder. “Es una ‘marca’ que está bien posicionada, te guste o no”, sostiene el politólogo Jorge Aragón.
Alberto Fujimori gobernó en tiempos convulsos. Se le atribuye la derrota del grupo maoísta Sendero Luminoso y del MRTA, y el control de una hiperinflación que devastaba la economía. Pero también fue condenado por corrupción y crímenes de lesa humanidad, y su gobierno cayó por escándalos que lo obligaron a renunciar desde Japón en 2000. “Él desapareció el terrorismo, por eso yo le llamo papá Fujimori. Gracias a él existen carreteras asfaltadas, colegios en el campo, donde nadie iba”, dice Marta Palomino Quispe, quien era adolescente cuando Fujimori padre gobernó el país. En el otro extremo, César Fuentes, jubilado de 80 años, teme que las estrategias de la nueva presidenta deriven en abusos: “Va a ser una réplica del padre.”
Keiko creció en los pasillos del poder. Tras el divorcio de sus padres, se convirtió a los 19 años en primera dama del gobierno de su padre, y se relacionó con jefes de Estado y líderes internacionales. Administradora graduada en Estados Unidos, se formó como profesional de la política: fue parlamentaria y presidenta de Fuerza Popular. En su círculo íntimo la describen como “perseverante, tenaz, disciplinada”. “Cada golpe que ha recibido en la vida no la ha quebrado, la ha fortalecido aún más de lo que cualquiera podría imaginar”, afirmó a la AFP quien será su vicepresidente, Miguel Torres. Su nombre en japonés significa “hija bendita” o “afortunada”. La conocen popularmente como “la china”, apelativo que le pusieron en el colegio por sus rasgos.
Pasó más de un año en prisión preventiva, investigada por presunto lavado de activos en el marco del escándalo de corrupción Odebrecht. Madre de dos hijas de 18 y 16 años, divorciada de un estadounidense, asume el poder con una pregunta que ella misma planteó en una entrevista: “¿La recordarán más que a su padre?” Su respuesta: “Tengo la valla alta y espero superarla.”
El desafío de la seguridad
Fujimori Higushi anuncia que gobernará con mano de hierro, sobre todo para vencer la peor crisis de inseguridad del país andino desde el conflicto armado interno (1980-2000). En Perú, los homicidios pasaron de 1.000 en 2018 a 2.600 en 2025, y las denuncias por extorsión, de 3.200 a 26.500. Fujimori propone allanamientos en zonas peligrosas, expulsiones de migrantes indocumentados, la instalación de tribunales anónimos y el retiro del país de la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
“Estoy muy de acuerdo con sus promesas”, dice Nelly Vega, ama de casa de 68 años. “Nos va a llevar a algo mejor. Estamos en un país con mucho terror.” Sin embargo, el sociólogo David Sulmont advierte que “si el gobierno no logra dar señales de que está enfrentando” el problema de la inseguridad rápidamente, “puede erosionar su legitimidad y popularidad”.


