Gana la derecha en Nueva Zelanda y destrona a la izquierda de Jacinda Ardern en una victoria arrolladora

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El empresario Christopher Luxon, quien ingresó en política en el año 2020 en medio de una fuerte crisis del Partido Nacional, logró ordenar a la agrupación política conservadora y derrocó al Partido Laborista, que gobernaba Nueva Zelanda hace casi una década, en las elecciones de este fin de semana.

La Derecha Diario

Luxon, quien se desempeñó como director ejecutivo de Unilever Canadá y Air New Zealand a lo largo de su carrera como empresario famoso, fue electo como Primer Ministro este sábado, con el 39% de los votos, luego de que la gente votara por un cambio después de seis años de un gobierno de izquierda encabezado durante la mayor parte de ese tiempo por Jacinda Ardern.

El sucesor de Ardern, Chris Hipkins, obtuvo tan solo el 27% de los votos, marcando una de las peores elecciones para el laborismo en años. El Partido Verde obtuvo el 11% de los votos, mientras que el partido de derecha libertaria, ACT, obtuvo el 9% de los votos y el partido de derecha conservadora nacionalista, NZ First, obtuvo el 7% de los votos.

A pesar de ser considerada una reformista y de tener altísimos niveles de aprobación cuando llegó al poder, mezclando una agenda de izquierda en cuestiones sociales y liberal en términos económicos, Ardern tuvo un fuerte giro tras el brutal tiroteo en la mezquita de Christchurch en 2019, que cambiaría profundamente su manera de gobernar.

La mandataria instaló un Estado policial, parecido al que instaló George Bush en Estados Unidos tras el ataque a las Torres Gemelas, facultando a varias agencias del gobierno a espiar a la población. Además, lanzó una prohibición masiva contra la posesión de armas de fuego, y promovió un desarme compulsivo de toda la población.

Estas medidas dejaron a la joven funcionaria con una imagen política que no le encajaba. Pasó de mostrarse joven y reformista a sombría y autoritaria; una imagen dictatorial que solo se acentuó durante la pandemia de Covid en 2020.

Las fronteras de Nueva Zelanda se cerraron el 20 de marzo de 2020 y no se volvieron a abrir hasta mediados del 2022. Los ciudadanos que regresaron tuvieron que soportar varias semanas de cuarentena en un hotel, y los extranjeros que habían intentado ingresar quedaron varados allí por meses.

La primera cuarentena comenzó el 26 de marzo y duró hasta el 27 de mayo, pero resultó bastante más flexible que la de otros países y que las próximas que vendrían a las islas. En ese momento, Ardern anuncia “una nueva manera de enfrentar la pandemia” y liberó las restricciones en todo el país.

Pero esto sería solamente una medida electoralista, para obtener una victoria electoral aplastante el 17 de octubre de 2020, ganando 65 escaños en el parlamento de 120 miembros de Nueva Zelanda y haciendo campaña en contra de las cuarentenas.

Esta posición le duraría casi un año, hasta que en agosto del 2021, bajo la excusa de la aparición de la variante Delta, reintrodujo las restricciones a pesar de que gran parte de la población ya estaba vacunada.

En ese momento, impuso una de las más brutales cuarentenas, incluso instruyendo a la policía arrestar a cualquier persona que apareciera caminando por la calle, algo que llevó a que los neozelandeses ni siquiera puedan comprar comida en supermercados o para llevar como podían hacerlo en Australia y otros países también estrictamente acuarentenados.

Los mandatos de vacunación y las duras cuarentenas provocaron meses de masivas protestas frente al Parlamento en Wellington y en otros lugares. La cuarentena duró en distintas partes del país hasta el 3 de diciembre del 2021, y la obligación de usar barbijo o presentar el pase sanitario duró hasta septiembre del 2022.

Las estrictas medidas incluyeron el establecimiento de campos de concentración para los contagiados, fuertes controles para los contactos cercanos, y hubo miles de casos de personas que fueron llevados por la fuerza a las unidades de aislamiento a pesar de no tener síntomas ni dar positivo del virus.

A pesar de los altos niveles de popularidad que gozó en un principio, la gente empezó a cansarse de las medidas autoritarias. La imagen de los laboristas quedó fuertemente desgastada, y Ardern renunció el 25 de enero de este año.

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