Venezuela, siete meses después de Maduro: decapitación política sin transición y el fracaso de la estrategia Trump-Rubio

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Siete meses después de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, Venezuela vive una paradoja. El hombre que personificó casi una década de autoritarismo está preso en Nueva York. Su sucesor formal, la hasta entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez, gobierna con el visto bueno de Washington. El petróleo fluye de nuevo hacia empresas estadounidenses gracias a licencias de la OFAC. Y, sin embargo, una parte importante de la oposición, analistas y organizaciones de derechos humanos sostiene que el país no ha iniciado una verdadera transición democrática, sino una reconfiguración del poder bajo tutela estadounidense, como se describe en análisis de EL PAÍS y columnas de EL NACIONAL.

MFM

Este miércoles, el analista y consultor venezolano Esteban Gerbasi publicó un extenso hilo en X en el que somete la estrategia Trump-Rubio a un scorecard propio, el VSRTI (Venezuela Stabilization-Recovery-Transition Index), construido con 48 indicadores, ocho pilares y triangulación de fuentes. El veredicto es contundente: 29,95 sobre 100. “Fracaso estratégico”. “No fue una transición. Fue una decapitación”. “Venezuela cambió de rostro, no de régimen”.

El índice y sus cifras

Gerbasi divide la evaluación en las tres fases anunciadas por el secretario de Estado Marco Rubio: estabilización (46,3 puntos), recuperación (30,0) y transición (22,3). El único pilar que se salva con relativa holgura es el de “seguridad estratégica EE.UU.-Venezuela” (68/100). El resto se desploma: transición democrática (20), derechos humanos (24), desmontaje del aparato represivo (26), instituciones (23) y servicios básicos (23).

Las “líneas rojas” que, según el autor, impiden catalogar el proceso como éxito democrático están todas activas: ausencia de un calendario electoral creíble, alrededor de 382 presos políticos según el balance de Foro Penal reportado por Infobae, un aparato represivo intacto y un poder ejecutivo sin legitimación electoral. “Ninguna mejora en petróleo o macroeconomía compensa un fracaso democrático”, escribe.

Entre los logros que reconoce: la degradación del Tren de Aragua (incluido el abatimiento de “Niño Guerrero”), más de 20.000 retornos migratorios y la reapertura de licencias petroleras a compañías estadounidenses. Pero advierte que la inflación sigue siendo de las más altas del mundo y que la continuidad institucional del chavismo supera el 80 %.

El contexto real: diálogo bajo tutela

Los hechos confirman parte del diagnóstico. Desde comienzos de agosto se desarrolla en Caracas un proceso de diálogo entre el gobierno interino (representado por Jorge Rodríguez, hermano de Delcy y presidente de la Asamblea Nacional) y una delegación de la Asamblea Nacional de 2015 encabezada por Dinorah Figuera, la figura elegida por Washington, según detalló EL PAÍS. María Corina Machado y Edmundo González, los referentes más fuertes de la oposición, permanecen al margen.

El primer ciclo de conversaciones produjo acuerdos modestos: avanzar en una reforma del Poder Judicial y gestionar el acceso a reservas congeladas en el Banco de Inglaterra para la reconstrucción tras los terremotos del 24 de junio. Figuera se comprometió a impulsar la liberación de los presos políticos restantes, en un contexto en el que DW y Foro Penal mantienen cifras cercanas a los 382 detenidos.

Marco Rubio ha insistido en que la transición tomará “meses, no años”, pero también ha dejado claro que primero debe consolidarse la estabilización económica y la recuperación. Trump, por su parte, ha afirmado que Venezuela “todavía no está realmente preparada” para votar. El calendario más optimista que circula habla de avances institucionales (nuevo TSJ y CNE) hacia finales de 2026 y elecciones posibles en 2027.

Economía: recuperación selectiva

En el terreno económico los datos son ambivalentes. La producción petrolera promedió alrededor de 1,09 millones de barriles diarios en el primer semestre, impulsada por las nuevas licencias. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo proyecta un crecimiento del PIB cercano al 6,5 % en 2026, aunque la inflación anualizada se mantiene en niveles extremos: el Banco Central reportó 19,9 % solo en julio, según Reuters, y el organismo de Naciones Unidas estima cerca de 385 % para todo el año. Otras estimaciones independientes superan el 500 %.

Los ingresos por crudo ahora se administran con fuerte supervisión estadounidense. Para muchos venezolanos, sin embargo, el alivio cotidiano sigue siendo limitado. Los servicios públicos, la capacidad adquisitiva y la incertidumbre institucional continúan pesando.

¿Qué significa “éxito”?

La discusión de fondo es política y conceptual. Para Washington y para el gobierno interino, sacar a Maduro, evitar un colapso violento, reabrir el sector petrolero y sentar a una parte de la oposición en una mesa ya constituye un avance histórico. Para Gerbasi y un sector crítico de la oposición, mientras el poder real no se devuelva al ciudadano mediante elecciones libres, competitivas y con garantías, y mientras el aparato de control político y represivo permanezca en gran medida intacto, se trata solo de una continuidad con otro rostro.

“El KPI ya no es ‘Maduro preso’ —eso se cumplió—, sino quién tiene el poder. Hoy no existe un mecanismo para devolvérselo al ciudadano”, resume el analista en el cierre de su hilo.

Siete meses después de la operación que cambió la historia reciente de Venezuela, el país se encuentra en un limbo controlado: más estable que en diciembre de 2025, más abierto al capital extranjero, con un diálogo formal en marcha… y aún muy lejos de una democracia plena. El reloj de la transición, si es que realmente ha arrancado, corre con tiempos que dicta Washington y con un margen de maniobra que el chavismo superviviente intenta ampliar cada día.

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