Armando Esteban Quito

Los precios del petróleo subían este martes más de un 2% mientras las bolsas bajaban, después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, rechazara la última propuesta iraní para reabrir el estrecho de Ormuz, dejando sin perspectivas de alivio un bloqueo que mantiene el crudo muy por encima de los 100 dólares por barril.

Infobae

El crudo Brent del mar del Norte, referencia del mercado internacional, avanzaba un 2,7% y se ubicaba de nuevo por encima de los 110 dólares por barril (111,17 USD). Su equivalente estadounidense, el West Texas Intermediate (WTI), subía un 2,5% hasta los 98,78 dólares. Los precios se mantienen muy por encima de los niveles previos al conflicto y han subido de forma constante a medida que se desvanecen las esperanzas de un acuerdo de paz inminente.

El analista de IG Tony Sycamore señaló que Teherán podría estar más presionado a llegar a un acuerdo pronto, ya que se espera que sus instalaciones de almacenamiento de crudo alcancen su capacidad máxima esta semana. Sin embargo, las negociaciones siguen estancadas: Trump descartó la última oferta iraní, que contemplaba la reapertura del estrecho a cambio de preservar su programa nuclear, condición inaceptable para Washington.

La suba del crudo arrastraba a la baja a la mayoría de los mercados bursátiles de Asia y Europa. Tokio y Hong Kong perdían un 1% y Shanghái un 0,2%. Londres, París y Fráncfort retrocedían al inicio de la sesión, después de que el S&P 500 y el Nasdaq volvieran a alcanzar máximos históricos la víspera en Nueva York.

El costo del bloqueo

Embarcaciones en las aguas cercanas al estrecho de Ormuz, vistas desde Omán

El estrecho de Ormuz, por donde transita en tiempos de paz una quinta parte del petróleo y gas mundiales, permanece prácticamente cerrado desde principios de marzo. Sumando todas las materias primas, el tráfico marítimo por el paso se redujo un 95% desde el inicio de las represalias iraníes.

El mercado del gas natural licuado (GNL), del que Qatar es uno de los principales exportadores, es uno de los más golpeados por las restricciones. En el caso del petróleo crudo, más de 70 buques cargados salieron del Golfo desde el 1 de marzo, principalmente procedentes de Irán.

La guerra ha disparado los precios de la energía, acelerado la inflación ensombrecido las perspectivas de crecimiento mundial. La continuidad del bloqueo presiona además a los bancos centrales: esta semana anunciarán sus decisiones de política monetaria la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo, tras el Banco de Japón, que este martes mantuvo sus tasas sin cambios. Se espera que todos dejen las tasas sin variación, pero los mercados seguirán de cerca sus comentarios sobre el impacto inflacionario del conflicto.

Primer metanero en cruzar Ormuz desde marzo

En medio del bloqueo, un buque cargado de GNL atravesó el estrecho de Ormuz por primera vez desde el cierre casi total del paso, según la consultora Kpler, especializada en el seguimiento de flujos de materias primas.

El metanero Mubaraz, controlado por la compañía petrolera nacional emiratí Adnoc, salió del Golfo con 132.890 m³ de GNL a bordo. La embarcación, de unos 290 metros de largo, había cargado su mercancía en la isla de Das, en Emiratos Árabes Unidos, el 2 de marzo, y apagó su transpondedor AIS a finales de ese mes durante un mes, antes de volver a emitir señal el lunes frente a las costas de India.

“Es posible que lograra cruzar el estrecho el fin de semana del 18-19 de abril, cuando varios buques, entre ellos siete metaneros, intentaron pasar”, aunque la fecha no está aún confirmada, indicó Charles Costerousse, analista de Kpler. Antes del Mubaraz, el único metanero que había cruzado desde el 1 de marzo era el Sohar LNG, que navegaba sin apenas carga.

Siguen las negociaciones

La guerra en Oriente Medio estalló el 28 de febrero con los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y ha causado miles de muertos, principalmente en ese país y en Líbano. Una frágil tregua está activa desde hace casi tres semanas, pero el paso por Ormuz permanece prácticamente cerrado. Trump rechazó la última propuesta iraní por no abordar el programa nuclear, e instruyó a sus asesores a continuar las negociaciones telefónicas con Teherán. El Pentágono puso a disposición de la Casa Blanca distintas opciones militares para forzar la apertura del estrecho, pero el presidente mantiene por ahora la vía diplomática. Mayo será un mes clave.

Emiratos Árabes Unidos (EAU) anunció este martes su retirada de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) y la alianza Opep+ por las «perturbaciones en el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz» a partir del próximo 1 de mayo de 2026, informó la agencia de noticias oficial emiratí WAM.

EFE

La agencia señaló que esta decisión es impulsada «por los intereses nacionales y el compromiso del país de contribuir activamente a satisfacer las necesidades urgentes del mercado, especialmente dada la actual volatilidad geopolítica a corto plazo derivada de las perturbaciones en el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, que afectan a la dinámica de la oferta».

Asimismo, señaló que «las tendencias fundamentales indican un crecimiento continuo de la demanda mundial de energía a medio y largo plazo», y defendió que «la estabilidad del sistema energético mundial depende de la disponibilidad de suministros flexibles, fiables y asequibles».

La retirada de los Emiratos llega en un momento en que la producción de Opep se redujo en marzo casi 8 millones de barriles diarios (mbd), un 27,5 % menos de lo bombeado en febrero, debido a la guerra de Irán y al bloqueo del estrecho de Ormuz, que afectó sobre todo a Irak y a los países del golfo Pérsico.

El ministro de Energía e Infraestructura del país, Suhail bin Mohamed Al Mazrouei, defendió que la retirada de la Opep «refleja una evolución política alineada con los fundamentos del mercado a largo plazo».

Emiratos se unió a la Opep en 1967 a través del Emirato de Abu Dabi y mantuvo su membresía tras la creación del país en 1971, y «durante todo este periodo, el país ha desempeñado un papel activo en el apoyo a la estabilidad del mercado petrolero mundial y en el fomento del diálogo entre los países productores», añadió WAM.

Destacó que EAU «es un productor fiable de algunos de los petróleos más competitivos en precio y con menor intensidad de carbono del mundo, contribuyendo al crecimiento global y a la reducción de emisiones».

No obstante, defendió que, «tras su salida de la Opep, EAU continuará desempeñando su papel responsable aumentando la producción de forma gradual y prudente», y seguirá «colaborando con sus socios para desarrollar recursos».

Destacó que «esta decisión no altera el compromiso de EAU con la estabilidad del mercado global ni su enfoque basado en la cooperación con productores y consumidores», justificó.

Emiratos, asimismo, expresó «su agradecimiento» por los esfuerzos tanto de la Opep como de la alianza Opep+, liderada por Arabia Saudí y Rusia, pero subrayó que «ha llegado el momento de centrar los esfuerzos en los intereses nacionales de EAU».

«EAU continuará invirtiendo en toda la cadena de valor energética, incluyendo petróleo y gas, energías renovables y soluciones bajas en carbono, para fortalecer la resiliencia y la transformación a largo plazo de su sistema energético», concluyó.

La decisión de Emiratos tiene lugar en un momento de tensión con sus vecinos árabes del golfo Pérsico, a los que ha acusado de no coordinar posturas contra los ataques de Irán contra la infraestructura energética de esta región rica en petróleo.

Asimismo, se produce ante las críticas del presidente estadounidense, Donald Trump, a la Opep, organización a la que ha acusado de inflar los precios del petróleo.

La líder de la oposición democrática María Corina Machado exigió el establecimiento de un cronograma comicial verificable para concretar un cambio político en el país durante un mensaje audiovisual proyectado en la cena de la Fundación Libertad celebrada este lunes 27 de abril en Argentina.

La Patilla

La dirigente sustentó la urgencia de un relevo gubernamental al exponer la severidad de los indicadores financieros actuales. “La situación económica y social es dramática. Imaginen lo que es una inflación acumulada anual en abril de 650%, un ingreso familiar promedio de 200 dólares al mes, más de 86% de pobreza. Por esto quiero ser muy clara: la transición en Venezuela es impostergable”, afirmó Machado.

Así mismo, la Premio Nobel de la Paz delineó las acciones institucionales necesarias para restaurar la seguridad jurídica nacional. El proyecto descrito por machado implica desmantelar el sistema de persecución y desmontar las estructuras del poder actual para generar la confianza requerida por los inversionistas y los ciudadanos en el exterior.

“Para que exista desarrollo, inversión y crecimiento sostenido, se necesita Estado de Derecho. No hay prosperidad posible donde no hay justicia; no hay estabilidad donde no hay reglas claras; no hay libertad económica donde no hay libertad política”, aseveró Machado.

Finalmente, la líder opositora apuntó hacia las urnas como el mecanismo idóneo para canalizar las demandas ciudadanas y brindar certeza a la comunidad internacional. “Por eso, uno de los pasos más importantes que tenemos que dar cuanto antes es establecer un calendario electoral claro, creíble y verificable”, puntualizó Machado.

Mario Silva, histórico chupamedias chavista del programa La Hojilla en Venezolana de Televisión (VTV), lanzó duras críticas contra lo que denomina “chavismo falso” y la “nueva burguesía chavista”, a quienes acusa de cobardía y de acomodarse con la administración de Donald Trump por miedo.

MFM

En un video que circula ampliamente en redes sociales, Silva relata que un colectivo lo invitó a una reunión, pero luego “arrugaron” y cancelaron el encuentro. Con tono confrontacional, promete una “guerra total” contra aquellos sectores del oficialismo que, según él, han abandonado las consignas socialistas y el legado de Hugo Chávez para negociar con Washington.

“Son unos cagones”, afirma Silva en el clip, mientras denuncia que estos sectores priorizan su supervivencia personal y económica sobre los principios revolucionarios. El video, compartido por la cuenta @HeverCastroB, ha generado más de 31 mil vistas y cientos de interacciones en menos de 24 horas, con reacciones mayoritariamente burlonas por parte de usuarios opositores que interpretan las declaraciones como un signo de fractura y debilidad interna del chavismo.

(Desde Washington, Estados Unidos) Antes de recibir al rey Carlos III de Gran Bretaña, Donald Trump reunió a sus asesores de seguridad nacional para analizar la última propuesta de Irán destinada a cerrar un acuerdo definitivo en Medio Oriente.

Por: Román Lejtman – Infobae

La iniciativa del régimen chiíta se puede sintetizar en un concepto: no tiene intenciones de cancelar su proyecto nuclear, y para ganar tiempo ofrece abrir el estrecho de Ormuz, que se transformó en su principal palanca de negociación con Washington.

Trump junto a JD.Vance -vicepresidente de los Estados Unidos-, Marco Rubio -secretario de Estado-, Pete Hegseth -secretario de Guerra- y Steve Witkoff -enviado especial a Medio Oriente- analizó la propuesta iraní durante dos horas en la Casa Blanca.

En esta coyuntura, el presidente de Estados Unidos todavía opta por la vía diplomática para resolver las profundas diferencias que mantiene con Mojtaba Khamenei, e instruyó a Vance, Rubio y Witkoff que agoten las negociaciones telefónicas para encontrar un punto común con Teherán.

Es una misión compleja y con final abierto.

Trump exige que Irán desmantele su proyecto nuclear, libere el estrecho Ormuz, termine con la fabricación de misiles balísticos y drones, y cancele el apoyo logístico y financiero a Hezbollah, Hamas y los Huties.

Estas exigencias son rechazadas por el régimen chiíta, que envió a su canciller Abbas Araqchi a Moscú para demostrar el respaldo geopolítico de Vladimir Putin.

Araqchi también viajó a Pakistán para explicar la nueva oferta de Irán, y aguarda que su primer ministro Shehbaz Sharif dialogue con Trump, Vance y Rubio para avanzar en las conversaciones de paz.

El líder republicano respeta al premier Sharif, pero ya descartó la última propuesta global de Irán.

Trump exige el pleno funcionamiento de Ormuz y la cancelación total del proyecto nuclear, en una primera etapa de la próxima negociación con Teherán.

Y a continuación reclamara el cierre de la línea de producción de los misiles que caen en Israel y sus aliados de la Liga Árabe, y la suspensión del apoyo a Hezbollah, los Huties y Hamas.

“Si con ‘abrir el estrecho’ quieren decir que sí, que el estrecho está abierto siempre y cuando coordinen con Irán, obtengan nuestro permiso o los haremos volar por los aires y nos paguen, eso no es abrir el estrecho”, afirmó Rubio para contestar la última propuesta de los ayatollahs.

Y completó:

No nos podemos permitir que se salgan con la suya. Debemos asegurarnos de que cualquier acuerdo que se alcance les impida definitivamente avanzar hacia un arma nuclear».

La posición firme de Trump ante la propuesta de Irán está condicionada por la opinión pública de Estados Unidos, que sufre el incremento de los precios de la canasta familiar como consecuencia del cierre de Ormuz.

Ello implica que la continuidad del conflicto puede impactar en las elecciones de medio término, adonde Trump pone en juego el control de las dos cámaras del Capitolio.

En este contexto, Trump tiene que decidir si regresa a la guerra en Medio Oriente como respuesta a la última oferta de irán, o si continúa negociando con los iraníes para cerrar un acuerdo de paz en las próximas semanas.

Hasta anoche, el presidente de Estados Unidos alentaba una solución diplomática. Y por eso, Vance, Rubio y Witkoff iniciarían desde hoy un raid telefónico para debatir la oferta de paz que Irán ya compartió con Pakistan, Oman y Rusia.

Trump no se fijó un plazo para cerrar la negociación con Teherán, pero la suba constante del petróleo por el bloqueo de Ormuz juega en su contra.

El Pentágono puso a disposición de la Casa Blanca distintas opciones militares para forzar la apertura de Ormuz y sentar a Irán en la mesa de negociaciones.

Mayo será un mes clave para las posiciones antagónicas entre Estados Unidos y el régimen chiíta.

La presidente solicita 500.000 viviendas del sector privado, no es la primera vez… y por lo tanto me voy a limitar a copiar mi articulo del dia 31 de Enero del 2021. 

Próxima semana el primer análisis.

domingo, 31 de enero de 2021

EXPOLIACION DE VIVIENDAS A LA DIASPORA

El Régimen tiene mucho tiempo buscando la forma «legal» de tomar control de las viviendas desocupadas por la diáspora venezolana que salió en busca de un mejor vivir. Diferentes medidas aisladas han sido ejecutadas hasta ahora; expropiaciones, expoliaciones, invasiones, desalojos forzados, Sunavi, Ubica tu Casa, Sistema Patria, Censo Nacional Habitacional, Nueva Cédula Inmobiliaria, Código QR, Fondo Mixto, entre otros. Aparentemente no han tenido éxito gracias a las leyes de propiedad privada, ley de parcelamiento, condominio, título de propiedad, y en especial la Constitución y los Derechos Humanos, podría decirse que existe un muro de contención legal que ha protegido a las víctimas, propietarios, líderes vecinales, comunidades, vecinos e integrantes de las juntas de condominios y  gremios como las Cámaras Inmobiliarias.

La nueva alerta sobre las viviendas desocupadas es la amenaza de la vice presidenta de la Asamblea Nacional; quien solicitó una ley dirigida a estas viviendas. Lo mas preocupante es la búsqueda «legal»  para la destrucción del muro de contención existente, abriendo las puertas para una nueva LEY que debido a su origen se puede anticipar que viene con medidas expoliatorias.

El nuevo mecanismo expoliatorio podría llamarse; Ley de Solidaridad, Ley de Ausencia, Ley de Abandono, Ley Recuperadora, Ley de Partida Familiar. Quizás para darle mas fuerza a la lucha de clases; Ley de Emigrantes, Ley de Destierro, Ley de Expatriación. Puedo predecir la enumeración de muchos «considerandos» y «resoluciones punitivas» que contemplen un amplio espectro de medidas que apoyaran «legalmente» la toma de ese inventario de bienes privados, tales como: Confiscación por abandono de viviendas, Condominio moroso, Nuevo impuesto inmobiliario,  Actualización y justo pago de impuesto, etc.. También podría contemplar acciones, por una parte para impedir que la víctima ejerza su derecho de reclamar o demandar a la nación, como traición a la patria por huir del país y/o abandono a sus vecinos y por otra la radicalización en contra de la clase media presente en el país, como no permitir segundas viviendas y/o prohibición de enriquecimiento por alquiler de viviendas, desconocimiento de viviendas heredadas, prohibición de sociedades anónimas como propietarias de viviendas, etc… 

Los sectores privados de Venezuela no deben abandonar al sector vivienda en esta oportunidad, indistintamente del partido político, gobierno u oposición; debemos permanecer unidos para evitar la legalización de un saqueo masivo de inmuebles que también podría llamarse: EXPOLIACION DE VIVIENDAS A LA DIASPORA.

Los líderes de la Casa Blanca y del Departamento de Seguridad Nacional se reunirán esta semana para discutir los procedimientos de seguridad en torno a los eventos que involucren al presidente Donald Trump, tras el tiroteo del sábado en la cena de corresponsales de la Casa Blanca.

El incidente ha suscitado interrogantes en materia de seguridad, incluso sobre la línea de sucesión. CNN informó previamente que algunos funcionarios del Servicio Secreto se han mostrado reacios a que tanto el vicepresidente como el presidente asistan juntos a eventos fuera de la Casa Blanca.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, declaró el lunes que antes de la cena se habló de designar a un sucesor, como es habitual en eventos como el discurso anual sobre el Estado de la Unión, al que asisten la mayoría de los miembros del Gabinete. «Pero varios miembros del Gabinete que figuraban en la línea de sucesión no asistieron por diversos motivos personales», por lo que no fue necesario, explicó Leavitt.

CNN analizó, a través de fotos, vídeos y contactos con las oficinas del Gabinete, quiénes estuvieron presentes y quiénes no en el hotel Washington Hilton de Washington, D.C., el sábado:

Los puentes en la historia de las transiciones no se construyen en el vacío. Surgen cuando ambas partes reconocen que no pueden imponerse completamente y que el costo de no negociar es mayor que el de hacerlo

ORLANDO VIERA-BLANCO
28/04/2026

El ensayo del profesor Fernando Mires– Venezuela: LA TRANSICIÓN BLOQUEADA [abril 4, 2026] posee la virtud del buen manejo metodológico histórico-materialista—que exhibe un hilo argumental ordenado—referencias reconocibles y voluntad interpretativa, pero tropieza en lo sustantivo—aunque de manera elegante—con comparables que se resisten a la realidad.

La Venezuela de hoy como veremos en el desarrollo del presente análisis, no es la España de Adolfo Suárez, la Polonia de Walesa, la Sudáfrica de Mandela y mucho menos, La Chile entre Pinochet y Patricio Alwyn.

Su tesis central—que la transición venezolana estaría frenada principalmente por la negativa de la oposición liderada por María Corina Machado a “construir puentes” con un supuesto sector aperturista del régimen—descansa sobre una cadena de supuestos discutibles, analogías históricas defectuosas y una lectura selectiva de la política contemporánea. Silogismos de cuatro patas, que por falaces no aplican a la medida. Veamos.

No es ruptura vs. apertura. Es extracción y miedo creíble

Mires propone que la transición venezolana es un proceso inducido externamente determinado en buena medida por la política de EEUU, en particular por Donald Trump. Pareciera restarle mérito a la crisis interna provocada por una ciudadania que lo arriesgó todo por años, incluso la vida, para demostrar la fuerza y certeza del voto. Esa evidencia desnudó ante el mundo un régimen usurpador.

Es verdad que sin el patrocinio y tutelaje de EEUU [consecuencia] no es viable el quiebre de la coalición dominante. Pero la evidencia empírica va más allá de un reduccionismo geopolítico. La sociedad venezolana ha sido la verdadera causa de su destino. El climax de su lucha fue el 28-J-2024. Y sin 28-J-24 no existía 3-E-26.

Es decir, al tutelaje norteamericano le preceden más de 5 lustros de resistencia ciudadana—desde ‘con mis hijos no te metas’, pasando por el 11A, por el Gobierno Interino, hasta llegar a Maria Corina y Edmundo. Historia viva que dan contenido y legítima defensa a la diplomacia de enforcement de la Casa Blanca.

Nos comenta el profesor Mires: “En todos los casos, aunque no siguiendo siempre el mismo orden ha tenido lugar una dialéctica entre tres instancias: ruptura del régimen, apertura política y construcción de un puente entre la oposición y los sectores aperturistas de la dictadura. Ahora bien, esa triada es la que no observamos frente a los eventuales procesos de democratización que podrían tener lugar en Cuba, Nicaragua y Venezuela”. El argumento se fundamenta en un factor determinante: voluntad de negociación y apertura política como factores esenciales de transición.

El problema con esta tesis es que apertura y voluntad de diálogo del lado opositor ha habido sobradamente. Pero ha sido respondido con plomo y gas del bueno. Quién sistemáticamente dinamitó la democratización fue el régimen, incluido el 28-J. La operación de extracción [3-E-26] no condujo a un quiebre natural del régimen, ni a construir puentes [que el chavismo ni quiere ni ha querido]. El régimen no se abre oficiosamente. Es un juego suma-cero. Le hacen obedecer. O lo hace o van por los que quedan. Aquí la dinámica no depende de partes en conflicto, ni de polarización.

Es imposición, saneamiento, estabilización y democratización

En Venezuela cabalgamos hacia una transición política que—es verdad—al igual que en la guerra fría, Europa o Latam, comenzaron esencialmente como resultado de dinámicas internas: crisis de legitimidad, fracturas en las élites, movilización social sostenida. Así ocurrió en la Europa del Este con figuras como Lech Wałęsa; en Sudáfrica con Nelson Mandela o en América Latina Argentina, Perú, Uruguay o Chile. Pero en el caso venezolano el factor de concreción fue un acto externo de fuerza provocado por la evidencia de un narco-estado que además arrebató una elección a una sociedad que expresó de forma inequívoca su voluntad de cambio. La intervención de EEUU obliga al régimen a decantar su propia dinámica. No es negociación, es una orden.

Cuando Mires afirma que “Delcy Rodríguez, está cumpliendo un triple papel: salvadora del chavismo originario “traicionado” por Maduro, representante de los intereses geoestratégicos de los EEUU e iniciadora de una apertura que, eventualmente, podría llevar hacia una transición política”, nos induce a valorar una tesis falaz: i.-Delcy no salva ningún Chavismo originario porque sólo busca salvarse a sí misma; ii.- Delcy no representa un Chavismo sin Chavez o Maduro, sólo representa un bote salvavidas donde entran pocos; iii.-Si Delcy traicionó a Maduro [Dixit Mires] eso no es apertura, es colaboración a conveniencia; y vi.-Delcy no representa intereses de EEUU ni se “abre” a una transición. La disimula y ‘sonrie’ [sin quererlo] una apertura.

No se trata Mires de “pragmatismo Kissengeriano” o estabilidad a secas. EEUU va por más: redemocratizar el país. Y eso es lo que no es poco. Entonces Maria Corina no es un ‘puente roto’. Es un factor fundamental de salto transicional donde la apertura no depende de ella, sino del agente externo, que utiliza a Delcy por fases. Tanto no es verdad que Maria Corina rompe puentes, que igual no regresa a Venezuela hasta que las circunstancias lo permitan. Y esa circunstancia se llama EEUU, no Delcy.

Aquí reposa la segunda debilidad estructural del planteamiento de Mires: Presentar a Rodríguez como una líder originaria capaz de representar un “tercer chavismo” [post Chávez y Maduro] y encarnar una apertura política que predica. Del volteo no surgen liderazgos sino acomodos. Lo que si ocurre es una decantación de las fuerzas radicales del régimen que ni la propia Delcy podría hacerlo sin una amenaza creíble. Mal puede hablarse de apertura si no ha habido desmantelamiento del aparato represivo, ni reforma del sistema electoral, ni restitución de la independencia judicial, ni reconocimiento de la oposición como actor legítimo con capacidad de alternancia.

Lo que existe, en el mejor de los casos—insistimos—es una adaptación táctica [inevitable, forzada]. Una estrategia de supervivencia que combina concesiones limitadas con control estructural. Confundir ésto con una “apertura” es caer en una ilusión óptica: ver movimiento donde en realidad hay huída, obediencia y sumisión para conseguir saneamiento, estabilidad y democratización.

Nada de lo ocurrido en Venezuela fue lo que pasó en la España post Franco, en la Polonia post comunista [caída del muro de Berlin] o en la Chile de Pinochet. En estos casos las fuerzas internas generaban la apertura. En el caso venezolano, las fuerzas de oposición generaron la ilegitimación del régimen. Pero el agente externo es quién abre el cambio y desnuda la dictadura.

El centro no existe. Sólo la antítesis procura la conclusión

Más problemática aún es la caracterización de la oposición venezolana, y en particular de María Corina Machado, como un actor “mesiánico”, “extremo” o “insurreccional”. Si alguien no desea convertirse en una nueva versión de los reyes de la baraja, un caudillo, un mesías o un taita a caballo, es Maria Corina.

Su oferta política de orden liberal, democrática, moderna y descentralizada supone no sólo el desmontaje de estructuras criminales sino la recomposición de un estado nuevo y postmoderno. Frente el centralismo totalitario e ideológico, no existe centro o medias tintas.

Ese lenguaje [insurreccional] al que apela Mires no es analítico, sino valorativo. Revela una toma de posición que debilita su pretensión de objetividad. La estrategia de Machado, guste o no, se ha articulado en torno a tres ejes clásicos de las luchas democráticas contemporáneas: movilización ciudadana, exigencia de condiciones electorales reales y presión internacional. No hay en ello nada que la historia de las transiciones considere excepcional o inapropiado en sentido negativo.

Pretender que la moderación discursiva es condición previa para la democratización equivale a invertir la secuencia histórica: en la mayoría de los casos la moderación es el resultado de una negociación genuina y seria. Y recordamos, aquí nunca hubo una negociación real. Ellos ahora moderan como resultado de una acción de fuerza. Del otro lado siempre ha habido protesta pacífica y voluntad de diálogo, amén de organización ciudadana. Todo fue reprimido con tanquetas, cárcel y tortura.

Mires confunde centro, moderación y tolerancia con una facilitación política ilusoria por inhabilitada. Entonces es a ellos a quienes no le queda más que moderar como resultado de una acción. A la oposición lo que le toca es organizar nuevas elecciones justas. Y esperar, vigilante y disciplinadamente. No es moderarse. Es reagruparse, inteligente, eficaz y noblemente.

La noción que una oposición “centrista” puede construir un puente hacia la democracia frente al totalitarismo, es un argumento voluntarista. La idea de un centro político articulador resulta atractiva. Pero la práctica no funciona frente a una tiranía.

Nadie que ensaye una posición centrista en Venezuela tiene espacio político porque rápidamente es neutralizado ferozmente o se obliga a una coexistencia alacranada que el pueblo olfatea de lejos y repele de cerca. Ya ocurrió.

Los puentes no se construyen en el vacío

Quizás la afirmación más discutible del ensayo de Mires es aquella según la cual no existen transiciones en contextos de alta polarización. El tema es que en Venezuela la polarización-sic-no existe. Ha cedido frente a la ruina moral, la represión y la miseria. No exsiete debate ideológico ni programático. Nos dice Mires: “el puente que llevaría eventualmente a la democracia, necesita de sujetos. Uno sería el gobierno de Rodríguez. El otro, de acuerdo a la mayoría que obtuvo el 28-J, sería la oposición liderada por María Corina Machado. Pero el problema es que la oposición encabezada por la mesiánica líder no está interesada en construir un puente con el gobierno en busca de un tránsito hacia la democracia”.

Lamento esta afirmación del catedrático Chileno. Ni Maria Corina, ni ningún lider de la oposición ha evitado la cárcel, la clandestinidad o el exilio después de intentar poner la primera piedra de un puente. Lo cierto es que hoy: i.-Rodríguez no representa un gobierno sino un protectorado tutelado por un menú d’hôt [cartilla fija]; ii.-Machado no sólo lidera una mayoría producto de un evento electoral, sino como consecuencia de un movimiento socio-político fenomenal; profundamente ciudadano y espiritual [premio Nobel de la paz] que va más allá de una expresión de poder: es una esperanza civilista abrumadora; iii.-Maria Corina no es un mesías que destruye puentes, es una mujer en la que el pueblo cree y reconoce como pariente, como madre, que abona caminos de reencuentro, liberación y regreso a casa.

El problema no es la polarización—que no la hay—sino la ausencia de mecanismos institucionales que permitan canalizar la liberación. En Venezuela lo que opera es una mayoría ciudadana que desea paz, prosperidad, libertad y vida vs. la negativa del status quo a aceptar reglas. Mires atribuye a Washington—y en particular a una figura como Donald Trump—un diseño sostenido de apoyo a un “neochavismo” que busca petróleo y beneficios, y no necesariamente democracia. La verdad es que para EEUU el “neochavismo” es un factor mucho más desechable de lo que puede anunciar. Una coalicion minada de corrupción y criminalidad tan fugaz como lo será al día siguiente de haberse concretado las reformas y la depuración necesaria [electoral, militar, normativa, económica] para dar el salto a la democracia.

La idea que EEUU preferiría una estabilidad autoritaria a una transición democrática en Venezuela, ignora el discurso público y las acciones concretas de distintos actores dentro del sistema político estadounidense. No se trata de idealizar esa política sino de evitar caricaturizarla. Las declaraciones de Rubio, congresistas republicanos, comandos estratégicos y el pentágono, no obedecen convivencia pactada con quienes saben sus verdugos. Es control. Y EEUU va por una transición democrática, que al final, es lo más rentable y sostenible…para ellos, para nosotros y para la región.

En el fondo el ensayo de Mires parece responder a una preocupación legítima—la dificultad de imaginar una salida ordenada a la crisis venezolana—pero la resuelve desplazando la responsabilidad hacia el actor equivocado, es decir, hacia Maria Corina et al. Al hacerlo diluye la responsabilidad del poder autoritario, verdadero factor de la perpetuación del conflicto. Esta inversión causal es problemática no sólo desde el punto de vista analítico, sino también normativo: coloca en el mismo plano a quienes detentan el monopolio de la coerción y a quienes buscan competir políticamente en condiciones desiguales.

Los puentes en la historia de las transiciones no se construyen en el vacío. Surgen cuando ambas partes reconocen que no pueden imponerse completamente y que el costo de no negociar es mayor que el de hacerlo.

Los puentes los vuelan los que destruyen papeletas. No Machado

La historia comparada enseña, en efecto, que las transiciones son procesos complejos, no lineales, llenos de incertidumbre. En Venezuela lo que existe es una sociedad que ha expresado su voluntad de cambio y un poder que busca administrarla sin ceder lo esencial.

El desafío—Mires—no es moderar a la oposición hasta hacerla aceptable para el poder, sino generar las condiciones que obliguen al poder a aceptar la competencia democrática y abandonar el poder si asi lo decide la gente. Mires apunta: “[…] Si en algo está interesada esa oposición es derrotar cuanto antes al gobierno Rodríguez, ya sea por la vía electoral o por cualquier otro medio que no pase por la vía transicional”. Y agrega: «El proyecto del movimiento de Machado es tumbar el gobierno neochavista, hacer saltar a los puentes por los aires, e iniciar un proceso de transición no dialogado”. […] ¿No será al revés respetado profesor? ¿Acaso más de una docena de mesas, diálogos y negociaciones [arbitradas y luego reprimidas] no fueron voladas por el régimen? ¿Por qué ahora obedecen y están bajitos? ¿Piensa Ud. seriamente que “Machado quiere tumbar a Rodríguez? ¿Lo necesita? ¿Puede hacerlo? ¿No fue la papeleta del 28-J, la evidencia que “tumbó” al régimen? ¿Un narco estado hace gobierno?

Por supuesto que la transición es dialogada, pero con condiciones reales de cumplimiento. Entonces no es que Maria Corina la que no dialoga o es subersiva o insurrecta. Es que el pueblo ya habló. La revolucioin realmente ciudadana, ya fue hecha.

Mires afirma: “Léanse por ejemplo las proclamas que emiten en las RRSS dirigentes políticos como Juan Pablo Guanipa, Andrés Velásquez u Omar González. Son subversivas, insurreccionales, confrontativas. […] Pues bien, esa oposición extrema que encabeza Machado es a la vez la que necesita el chavismo para mantenerse en el poder, incluso ante los ojos de Trump. Para esa oposición “la verdadera” se autodenomina – parece rezar el lema: antes de transitar hay que derrocar…”. Para responder a esta etiqueta seremos más puntuales: Quien derroca es aquel que defrauda e irrespeta la voluntad popular representada en más de un 70% de sus ciudadanos [sin agregar a la diáspora impedida de votar]. El resto es retórica

Las rupturas transitan irremisiblemente a la democracia cuando el poder defraudado de la voluntad popular se impone. Así sucedió en la Rumanía de Ceausescu [1989]; la Checoslovaca de Václav Havel y la Revolución púrpura de 1989 o en la Revolución Naranja de Ucrania 2004/2005, donde ganó Yúschenko y la CSJ ucraniana hizo respetar la elección. Ahí los puentes los volaron quienes pretendieron timar la voluntad popular; los que asaltaron, quemaron, ocultaron o destruyeron papeletas. Y los sacaron del poder.

Venezuela va camino a una transición inédita. Lo invito respetuosamente profesor, tenga cuidado. No les de pulmón, aunque doy por descontado que lo hace involuntariamente.

Nota Final: Escribiendo este artículo me entero de la injusta y subita partida del lider politico, académico, científico y amigo Venezolano, el profesor Vladimiro Mujica. Donde hayas ido de la mano de Dios querido Vladimiro, se que no darás descanso a tu alma hasta que brille la luz de la libertad en Venezuela, tu patria por la que tanto luchastes y nunca apartaste de tu mente y de tu corazón. Te extrañaremos. Reposa guerrero.

*Abogado. Ex Embajador en Canadá

@ovierablanco. vierablanco@gmail.com

La entrevista con Armando Martini Pietri en Venezuela Late comenzó mirando hacia Washington, pero terminó, inevitablemente, en Venezuela. No podía ser de otra manera. La noche venía marcada por el sobresalto del atentado contra la vida del presidente Donald Trump durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca, un hecho que abrió una pregunta inevitable: ¿qué habría pasado con Venezuela si ese atentado hubiese tenido otro desenlace? La respuesta de Martini fue inmediata y sin zonas grises: rechazo absoluto a toda forma de violencia. No hubo cálculo político que justificara el horror. No hubo simpatía, causa o ideología capaz de matizar lo esencial: la violencia no conduce a ninguna parte.

Por: Elizabeth Sánchez Vegas – Venezuela Late

Esa primera reflexión fue el marco de toda la conversación. Venezuela, Irán, Cuba, China, Rusia, la OTAN, la seguridad hemisférica, los equilibrios de poder y el futuro democrático venezolano aparecieron de inmediato como piezas de un tablero más grande. Martini fue prudente: nadie puede saber qué habría ocurrido si Trump faltara del escenario. Pero sí dejó claro que, mientras esos conflictos sigan abiertos, el presidente norteamericano tendrá que moverse con más restricciones, con mayor protección y con plena conciencia de que sobre él no solo se proyectan pasiones internas de Estados Unidos, sino también los intereses de actores internacionales que miran con atención cada uno de sus pasos.

Pero Venezuela no podía quedarse mirando únicamente hacia afuera. La frase que atravesó la noche fue una advertencia suya, casi una campana de fondo: “Cuidado con la furia de un pueblo paciente.” En 2026, esa paciencia venezolana ya no es una abstracción. Está hecha de protestas reivindicativas, de trabajadores que reclaman salarios, de familiares que mantienen vigilias por los presos políticos, de ciudadanos que siguen pidiendo elecciones, de comunidades agotadas por la falta de agua, por las fallas eléctricas, por los servicios destruidos y por una frustración que se acumula como vapor dentro de una olla cerrada. Para Martini, cuando esa presión no encuentra cauce institucional, el peligro no es solo el descontento: es la anarquía. Y la anarquía, advirtió, no distingue entre culpables e inocentes; arrastra a todos.

En ese contexto entró uno de los temas más delicados de la semana: la autorización de la OFAC para permitir que fondos venezolanos puedan utilizarse en el pago de los abogados de Nicolás Maduro y Cilia Flores en el proceso judicial que enfrentan en Nueva York. La noticia encendió, con razón, una ola de indignación entre venezolanos que vieron en esa posibilidad una nueva humillación: después de años de saqueo, persecución, ruina institucional y dolor familiar, imaginar que recursos venezolanos terminen pagando la defensa de Maduro y Cilia resulta moralmente insoportable.

Martini no negó esa indignación. La reconoció. Pero pidió ir más allá del primer golpe del estómago. Su lectura fue jurídica y estratégica: si a Maduro se le impide pagar abogados escogidos por él, podría intentar alegar más adelante que el juicio estuvo viciado por falta de defensa adecuada. Y si un juicio de esa magnitud se cae por un tecnicismo procesal, el costo político y moral sería devastador.

Por eso Martini insistió en separar la rabia legítima de la arquitectura legal del proceso. El juicio está radicado en Estados Unidos y se rige por la ley estadounidense, no por la Constitución venezolana ni por las costumbres jurídicas del poder venezolano. En su explicación, la decisión de permitir esos pagos no necesariamente es un favor a Maduro, sino una forma de cerrarle una posible puerta de escape. La paradoja es amarga: el hombre que destruyó el debido proceso en Venezuela puede invocar ahora el debido proceso en Estados Unidos. Pero precisamente por eso, si se le va a juzgar, hay que juzgarlo bien. Sin regalarle el argumento de la indefensión.

Martini usó ejemplos conocidos del sistema norteamericano para explicar algo que muchas veces cuesta aceptar: en un tribunal no siempre basta la verdad moral. También pesan la prueba, el procedimiento, la estrategia, la duda razonable y los errores técnicos. Mencionó el caso de O. J. Simpson y el de Bill Clinton para mostrar cómo juicios de altísimo perfil pueden girar alrededor de definiciones, evidencias, procedimientos y grietas aprovechadas por abogados expertos. Su punto no era comparar los casos en sustancia, sino advertir que un proceso judicial puede tomar caminos inesperados, incluso cuando la opinión pública cree tener una certeza moral.

Allí apareció una de las ideas más importantes de la noche: el juicio de Maduro en Nueva York no puede secuestrar la agenda venezolana. Una corte puede procesar a un hombre; no necesariamente reconstruye una república. Un expediente penal puede condenar delitos; no sustituye la recuperación institucional, la soberanía popular ni el derecho de los venezolanos a elegir su destino. Venezuela no puede quedarse hipnotizada por cada moción, cada audiencia o cada maniobra de la defensa. La batalla sigue siendo política, institucional y, sobre todo, electoral.

La conversación avanzó entonces hacia las tres fases: estabilización, recuperación y transición. Martini rechazó la idea de que se trate de compartimientos cerrados, uno detrás de otro, como vagones perfectamente alineados. Para él, esas fases se mueven con proximidad, a veces en paralelo, a veces superpuestas. No puede haber estabilización social sin algún alivio económico; no puede haber recuperación verdadera sin horizonte político; no puede haber transición sin elecciones. La estabilidad perfecta no existe, dijo, porque toda sociedad democrática contiene conflicto, diferencias y tensión. Pero sí debe existir una ruta.

Y en esa ruta, la ciudadanía importa. Martini sostuvo que los venezolanos tienen herramientas para adelantar los tiempos si ejercen presión cívica, pacífica y razonable. La luna de miel de los primeros meses ya terminó. Si la sociedad venezolana expresa de forma clara su deseo de libertad plena, democracia plena y legitimación electoral, el plan puede ajustar sus tiempos. Para él, los planes serios, los empresariales y los políticos, siempre tienen flexibilidad, margen de corrección, plan B. De allí su énfasis en que el proceso debe terminar “impepinablemente” en elecciones. Lo que más angustia hoy no es solo la espera, sino la ausencia de una fecha cierta.

Uno de los momentos más reveladores fue su lectura de Donald Trump. Martini no lo presentó como un político convencional, sino como un empresario que piensa en activos, costos, riesgos y retorno. Habló de Trump como alguien que vio en Venezuela una especie de “toma hostil” de una empresa mal administrada: petróleo, oro, minerales, gas, recursos estratégicos manejados por gente que, según sus palabras, además de arruinar el país, se lo robó. Desde esa mirada, Trump no actúa como una ONG ni como un redentor sentimental. Actúa con una lógica dura: identifica un activo, calcula el costo de intervenir, despliega presión y luego busca recuperar lo invertido.

Esa lectura no disminuye la importancia de la causa venezolana, pero sí obliga a mirarla sin ingenuidad. Martini fue claro: Trump puede ayudar a Venezuela, pero sus motivaciones no son puramente románticas ni exclusivamente democráticas. Hay petróleo, hay seguridad, hay costo para el contribuyente estadounidense, hay barcos, destructores, presencia militar, cálculo geopolítico y necesidad de resultado. En su frase más cruda, Trump “se está cobrando lo que invirtió”. Y esa afirmación, lejos de ser cínica, coloca a Venezuela ante una verdad incómoda: podemos beneficiarnos de una estrategia estadounidense, pero no debemos olvidar que los intereses de Washington no siempre son idénticos a los anhelos venezolanos.

Esa tensión reapareció cuando se habló de Delcy Rodríguez y de las declaraciones del congresista Carlos Giménez. La pregunta era si sus advertencias tenían verdadero peso o si eran apenas retórica de Florida. Martini respondió mirando desde dónde habla Giménez: no solo desde una representación política del sur de Florida, sino desde espacios vinculados a la seguridad nacional y las fuerzas armadas. Por eso, para él, la advertencia contra Delcy no debe leerse únicamente en clave venezolana o partidista.

Martini fue más allá de la frase. Según su lectura, un actor con ese tipo de responsabilidades no mira solamente si Delcy incomoda o agrada, si Trump la usa o si Diosdado conserva poder. Mira otra cosa: Hezbollah, ELN, Hamás, células terroristas, presencia de grupos armados, seguridad del hemisferio. Ese punto cambia la dimensión del problema. Venezuela no aparece solo como una crisis democrática o como un drama humanitario, sino como un territorio atravesado por amenazas transnacionales. Cuando Giménez habla, Martini entiende que no está mirando únicamente el reparto del poder en Miraflores, sino el riesgo estratégico que ciertas redes instaladas en Venezuela representan para la región.

También se habló de María Corina Machado. Martini fue respetuoso, confiado y optimista, pero no mesiánico. Dijo creer que María Corina va a dirigir los destinos del país y que lo hará con coherencia, valentía, sensatez y prudencia. Pero también insistió en una idea esencial: Venezuela no puede recaer en la cultura del Mesías. Ningún liderazgo, por fuerte que sea, puede sustituir a la ciudadanía. María Corina no se ha vendido como salvadora solitaria; al contrario, ha insistido en que necesita a los venezolanos. La libertad no será una concesión vertical ni un acto de delegación. Tendrá que ser una construcción compartida.

En la conversación apareció además una metáfora doméstica que terminó siendo política: la lavadora. En Venezuela, dijo Martini, solemos remendar, jurungar, poner cinta, medio arreglar, sobrevivir con el aparato dañado porque no hay recursos para sustituirlo. En Estados Unidos, en cambio, se mira la garantía, se llama al técnico, se calcula el costo y, si hace falta, se cambia la máquina. La imagen provocó sonrisas, pero encerraba una verdad incómoda: Venezuela no puede seguir reparando con remaches una república rota. Hay momentos en que no basta con arreglar piezas; hay que cambiar la forma de pensar, leer las instrucciones y asumir que algunas estructuras no se salvan con remiendos.

Ese cambio cultural incluye un riesgo moral y ético enorme. Martini advirtió que una transición puede contaminarse si se rodea de malas compañías, oportunistas, infiltrados o personajes que vienen de las zonas más oscuras del poder y pretenden reciclarse como administradores del futuro. Hizo, sin embargo, una distinción importante: no todo chavista es criminal, corrupto o represor. Puede haber personas que creyeron honestamente en una idea política y que no participaron en delitos, torturas ni violaciones de derechos humanos. Pero otra cosa muy distinta es permitir que quienes vivieron de la basura moral del sistema se presenten mañana como arquitectos de la reconstrucción.

Por eso Martini recordó una regla de la política: hay que sumar, sí, pero existen sumas que restan. Esa frase resume uno de los dilemas más delicados de toda transición. Venezuela necesitará amplitud, inteligencia, acuerdos y capacidad de incluir. Pero no puede confundir amplitud con impunidad, ni pragmatismo con blanqueo, ni reconciliación con desmemoria. La reconstrucción nacional no puede ser el gran salón de reciclaje de quienes ayudaron a destruir la casa.

Cuando se le preguntó por los escenarios más peligrosos, Martini fue especialmente duro con la normalización autoritaria aceptada por cansancio. No le preocupa solo el conflicto abierto. Le preocupa esa adaptación lenta, casi resignada, a lo inaceptable. La posibilidad de que la sociedad, agotada por años de abuso, termine acostumbrándose a migajas de estabilidad, a pequeños alivios o a la sensación de estar “menos mal”, como si eso equivaliera a libertad. Su advertencia fue brutal: cuando una sociedad normaliza comer porquería, la porquería termina sabiendo bien. Venezuela no puede permitir que la mejoría parcial se convierta en renuncia a la democracia plena.

Hacia el final, la conversación volvió al papel de las redes, de los espacios ciudadanos y de quienes comunican. Allí Martini dejó una recomendación que vale como mandato ético: no mentir, no fabricar falsas expectativas, no inflar esperanzas artificiales que luego se convierten en frustración. La política debe recuperar ética, moral y verdad. En una época donde tantos buscan viralidad, aplauso o consuelo inmediato, esa advertencia tiene peso. Decir la verdad, aunque duela, es mucho más útil que alimentar fantasías que después dejan al país más cansado y más vulnerable.

La entrevista con Armando Martini Pietri no fue cómoda, y precisamente por eso fue valiosa. Nos obligó a mirar el juicio de Maduro sin ingenuidad, la estrategia de Trump sin romanticismo, la presión ciudadana sin irresponsabilidad, la transición sin maquillaje y la esperanza sin mentira.

Armando Martini habló como escribe: con franqueza, con ironía, con orden y con una lucidez que no busca agradar sino despertar. Su optimismo es exigente: confía en el futuro de excelencia que Venezuela merece, pero sabe que no llegará por inercia ni por milagro.

Después de escucharlo en Venezuela Late, queda una certeza: Venezuela no necesita solo un cambio de nombres, sino recuperar su columna moral. Y eso exige verdad, memoria y una ciudadanía que ya no acepte que otros le administren su destino.

“Macondo es menos una novela… y más una advertencia estructural sobre lo que ocurre cuando el Estado es capturado y la sociedad pierde el control de su destino.”

Macondo ya no es ficción

En la obra de Gabriel García Márquez, Macondo es un territorio donde lo imposible acontece a diario y nadie repara en ello. Hoy, esa imagen literaria resulta inquietantemente precisa para describir la Venezuela de 2026.

Durante décadas, Macondo fue interpretado como metáfora de Hispanoamérica: un espacio donde el poder distorsiona la realidad, donde la historia se repite sin consecuencias y donde la memoria colectiva es frágil como el papel. En el caso venezolano, esa metáfora ha dejado de ser literaria para convertirse en una estructura concreta de dominación.

Venezuela ya no es simplemente un país en crisis: es un sistema donde la realidad ha sido progresivamente sustituida por una narrativa impuesta desde el poder.

La normalización del absúrdo

En Venezuela, lo anormal se ha vuelto rutina. Este es uno de los rasgos más distintivos de un sistema que busca perpetuarse: convertir lo excepcional en cotidiano e indiscutible. Algunos ejemplos recientes lo ilustran con meridiana claridad:

  • Elecciones con irregularidades sistemáticas que se presentan como procesos democráticos legítimos.
  • Instituciones vaciadas de contenido que funcionan únicamente como apariencias legales.
  • Servicios públicos colapsados —apagones, escasez de medicamentos y alimentos, deterioro hospitalario crónico— que se han instalado como “lo que hay”.
  • Migración forzada, con millones de venezolanos dispersos por el mundo, reducida a una cifra estadística antes que reconocida como la tragedia humana que es.

Como en Macondo, la sociedad convive con el absúrdo no porque lo acepte, sino porque ha aprendido a adaptarse a él como mecanismo de supervivencia. Esta adaptación desgasta, fragmenta y erosiona progresivamente la capacidad de resistencia social.

La verdad como instrumento de control

El rasgo más peligroso del sistema no es el absúrdo, sino la manipulación sistemática de la verdad.

En Cien años de soledad, la masacre de los trabajadores bananeros ocurre, pero el poder la niega hasta que desaparece de la memoria colectiva. Ese episodio, inspirado en la Masacre de las Bananeras, revela un mecanismo esencial: cuando el poder controla la narrativa, la realidad deja de ser un hecho verificable y pasa a ser una construcción ideológica.

En Venezuela, este mecanismo opera con fuerza creciente. Las cifras de pobreza extrema, la inflación real, la migración forzada y las violaciones sistemáticas de derechos humanos son minimizadas, tergiversadas o simplemente negadas. La persecución política y la muerte a manos del Estado de quienes disienten son relegadas al olvido mediante llamados a una “reconciliación” funcional al mantenimiento del poder, y sin justicia alguna para las víctimas.

Los discursos oficiales promueven la imagen de un país próspero y seguro que coexiste, grotescamente, con hospitales sin medicinas y escuelas en ruinas.

La verdad ha dejado de ser una cuestión de hechos verificables: se ha convertido en un instrumento de control.

La fusión del poder: militar, económico y estatal

La convergencia del poder militar, económico y estatal ha generado un sistema de corrupción estructural y deterioro institucional sostenido. Se trata de una fusión que actúa como una sola máquina de control.

El poder militar actúa como garante del régimen, no de la seguridad nacional. Las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad se han convertido en actores políticos directos, dispensando lealtad a cambio de prerrogativas económicas y privilegios institucionales.

El poder del Estado opera a través de una administración pública y órganos reguladores que funcionan según la lógica del sistema y no al servicio de la ciudadanía. Las leyes y las instituciones se subordinan al interés de perpetuar la narrativa oficial y la estabilidad del régimen.

El poder económico funcional al régimen es igualmente determinante. Más allá de los actores vinculados a economías ilícitas, existe un sector formal que ha aprendido a operar dentro del sistema sin cuestionarlo, buscando preservar beneficios y mantener una normalidad artificial. En este esquema, el ciudadano queda excluido de la ecuación.

La interacción de estos tres poderes crea un círculo vicioso: la corrupción deja de ser un efecto colateral y se convierte en condición de sostenimiento del sistema. Cualquier intento de reforma real es sistemáticamente bloqueado.

La erosión de la memoria colectiva

Uno de los elementos más inquietantes del Macondo de García Márquez es la pérdida de la memoria. En Venezuela, este fenómeno se ha vuelto estructural.

Cada ciclo de crisis —apagones, escasez, represión, colapso institucional— termina normalizándose. Eventos que deberían generar indignación colectiva pasan a formar parte del paisaje cotidiano. La memoria histórica se fragmenta o se reescribe según la conveniencia del poder.

El control no es solo del presente, sino también del pasado. Un país que olvida no puede exigir responsabilidades, ni proyectar alternativas, ni imaginar un futuro distinto.

En la novela, el personaje de Melquíades porta el antídoto contra el olvido. En la Venezuela actual, solo la ciudadanía puede cumplir esa función, preservando una memoria histórica basada en la verdad, resistiendo la imposición de una normalidad inexistente.

El tiempo circular: la trampa del sistema

El resultado de estos procesos es un país atrapado en ciclos repetitivos que se realimentan.

Como en Macondo, el tiempo deja de ser lineal y se vuelve circular. Las promesas de cambio se suceden sin concrección, las frustraciones se repiten, y los discursos de recuperación aparecen y desaparecen sin alterar la arquitectura del poder.

Este ciclo no es accidental: es funcional. Desgasta, desmoviliza y fragmenta a la sociedad. Cada intento fallido refuerza la sensación de inevitabilidad del sistema y limita la acción política efectiva.

Romper Macondo: una decisión de poder

Superar esta lógica exige más que reformas superficiales o discursos bien intencionados.

En la obra de García Márquez, Macondo llega a su fin cuando se descifra, al fin, la verdad que había sido ocultada durante generaciones. Para Venezuela, superar este ciclo requiere:

  • Recuperar la verdad como fundamento del orden público y de la acción institucional.
  • Reconstruir instituciones reales con capacidad efectiva de servir a la sociedad.
  • Desarticular la alianza funcional entre el poder militar, económico y estatal.
  • Restituir al ciudadano como sujeto central de la política, no como dato estadístico.

No se trata únicamente de un cambio político, sino de una transformación estructural que restaure la relación entre realidad, verdad y poder.

Venezuela no necesita adaptarse a esta realidad: necesita romperla.

Porque salir de Macondo no es un ejercicio narrativo.

Es una decisión de poder.

Miguel Ángel Martín • @miguelmartint_ • Diario las Américas, 2026

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