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Es lo que es

Armando Esteban Quito

El descubrimiento de la penicilina en 1928 por el escocés Alexander Fleming es el caso de serendipia o descubrimiento accidental más importante de la historia. Todo ocurrió cuando el científico escocés se fue de vacaciones y olvidó una placa de cultivo bacteriano donde por casualidad creció un hongo. A su regreso ¡eureka!, se topó con el hallazgo científico del siglo sin el que Fleming, a pesar de ser un brillante investigador, no habría sido más que una nota a pie de página en la historia de la microbiología médica.

National Geographic Historia

Alexander Fleming nació el 6 de agosto de 1881 cerca de Darvelen Ayrshire, Escocia. El joven Alexander se trasladó a Londres con trece años, donde vivió con su hermano Thomas, que estudiaba medicina.

Tras completar su educación en el Instituto Politécnico de Regent Street, trabajó durante cuatro años en una compañía naviera hasta que, en 1901, a los 20 años, heredó una pequeña suma de dinero de su tío John Fleming. Fue Thomas, que por entonces ya era médico, quien convenció a su hermano de que ingresara en la St. Mary’s Hospital Medical School en Paddington, Londres, para que cursara la misma carrera que él. En 1906, Alexander se graduó en medicina y cirugía.

Alexander Fleming se alistó en el Regimiento de Voluntarios de la Fuerza de Voluntarios de Londres en 1900 con la intención de participar en la guerra de los Boers, pero ésta terminó antes de que su unidad llegara a embarcarse. También fue miembro del club de fusileros de la Escuela de Medicina.

Su capitán le sugirió que se uniera al departamento de investigación en el St Mary’s, donde se convirtió en bacteriólogo asistente de sir Almroth Wright, pionero en vacunas e inmunología. Fleming fue un alumno extraordinario y en 1908 logró la medalla de oro de la Universidad de Londres y comenzó a dar clases en el St. Mary’s hasta 1914. En 1915 se casó con Sarah Marion McElroy, una enfermera con la que tuvo un hijo, Robert Fleming.

Durante la Primera Guerra Mundial, Fleming sirvió en el Cuerpo Médico del Ejercito Real en el frente occidental, en Francia, y a su regreso obtuvo el puesto de profesor de Bacteriología en la Universidad de Londres, y en 1951 fue nombrado rector de la Universidad de Edimburgo.

PRIMEROS DESCUBRIMIENTOS

En 1922, Fleming descubrió la lisozima, una enzima bactericida que impide las infecciones y que se halla presente en numerosas sustancias segregadas por los seres vivos, como las lágrimas, la saliva o las secreciónes nasales y que actúa como una barrera contra las infecciones. El hallazgo fue muy importante ya que demostraba la posibilidad de que existieran sustancias que, siendo inofensivas para las células del organismo, resultaban letales para las bacterias.

Sobre su famoso descubrimiento, Fleming dijo una vez: «A veces uno encuentra lo que no está buscando. Cuando me desperté justo después del amanecer del 28 de septiembre de 1928, desde luego no planeaba revolucionar todos los medicamentos al descubrir el primer antibiótico del mundo, o el asesino de bacterias. Pero supongo que eso fue exactamente lo que hice».

LA MARAVILLOSA PENICILINA

Así, cuando regresó de sus vacaciones en 1928, Fleming estudió las mutaciones en los cultivos de estafilococos que había dejado apilados en un rincón de su laboratorio. Observó que habían sido accidentalmente contaminados por un hongo. Las colonias de estafilococos que rodeaban al hongo habían sido destruidas, mientras que otras colonias de estafilococos más lejanas estaban intactas.

Fleming hizo crecer el moho en un cultivo puro y descubrió que producía una sustancia que mataba a varias bacterias causantes de enfermedades. Identificó el moho como perteneciente al género Penicillium y, después de algunos meses de llamarlo «jugo de moho», el 7 de marzo de 1929 llamó a la sustancia penicilina.

Fleming realizó varios experimentos destinados a establecer el grado de susceptibilidad, sensibilidad o resistencia de una bacteria al caldo de cultivo de una amplia gama de bacterias patógenas y observó que muchas de ellas eran rápidamente destruidas. Ocho meses después de sus primeras observaciones, Fleming publicó los resultados en una memoria que aún hoy se considera un clásico en la materia, pero a la que por entonces no se prestó demasiada atención.

Pese a que Fleming comprendió desde un principio la importancia del fenómeno de la antibiosis (una interacción biológica que consiste en la imposibilidad de que unos organismos vivan en las inmediaciones de otros, debido a que unos segregan una sustancia, llamada antibiótico, que provoca la muerte de los otros) que había descubierto, la penicilina todavía tardó quince años en convertirse en un medicamento de uso universal. En 1944, Alexander Fleming fue nombrado sir y en 1945 recibió el Premio Nobel de Medicina, que compartió con Howard Florey y Ernst Boris Chain, que también realizaron sus trabajos en este campo.

Tras toda una vida dedicada a la investigación, Alexander Fleming, el padre de la penicilina, murió el 11 de marzo de 1955 a los 74 años de edad en su casa de Londres tras sufrir un ataque al corazón. Su cuerpo fue enterrado como un héroe nacional en la cripta de la catedral de San Pablo, en la misma ciudad donde desarrolló su carrera y que lo vio morir.

Era lunes. Y era verano. La ciudad despertaba con lentitud, entre los clamores de una guerra que atronaba lejana. A las ocho y cuarto de la mañana del 6 de agosto de 1945, la ciudad japonesa de Hiroshima, fundada en 1580, que había crecido sobre la costa del mar interior Seto y sobre el delta del río Ota entre las disputas de señores feudales que guerreaban sin piedad, que había sobrevivido a esas vanas pasiones humanas para convertirse, a lo largo de cuatro siglos, en un complejo industrial de importancia en el suministro de material de guerra y era sede, además, del Segundo Ejército japonés; la ciudad a la que la guerra parecía quedarle lejos y que estaba orgullosa de su delta, siete brazos de río que dividían a la ciudad en seis islas y asemejaban una gran mano abierta y extendida, despertaba a un nuevo día.

Por: Alberto Amato – Infobae

Las tropas del Segundo Ejército hacían ejercicios de rutina en un gran campo vecino a sus cuarteles, los chicos entraban en los colegios, los mayores a sus trabajos. De pronto, todo ese mundo dejó de existir. A seiscientos metros de altura bajo el cielo claro de verano, estalló la primera bomba atómica, arrojada por el bombardero “Enola Gay”, un B-29 del Grupo Mixto 509, 313 Brigada Aérea de la Agrupación Táctica de Bombardeo del XX Cuerpo Aéreo de Estados Unidos.

En un segundo, Hiroshima había muerto y el mundo había entrado en la era atómica. En la zona cero del estallido la temperatura alcanzó un millón de grados centígrados, ochenta mil personas murieron en el acto: entre el treinta y el cuarenta por ciento de los habitantes. Muchas de ellas se evaporaron, se disolvieron como una gota de agua sobre el metal ardiendo. Algunas dejaron su halo de vida impreso en la pared en la que se apoyaban, o en el banco de piedra en el que estaban sentadas, como el siniestro negativo de una fotografía.

La explosión atómica creó, entre muchos otros, un efecto extraño: incendió el aire, creó una bola de fuego de doscientos cincuenta y seis metros de diámetro que, en el primer segundo que siguió al estallido, ya había recorrido doscientos setenta y cuatro metros cuadrados. El aire hecho fuego dio origen a miles de incendios espontáneos que también arrasaron la ciudad y sus alrededores hasta más de once kilómetros a la redonda. Además de los muertos, otras treinta y cinco mil personas quedaron heridas, con espantosas quemaduras, muchas murieron días después; para fin de año, otros sesenta mil habitantes de Hiroshima habían muerto por sus lacerantes heridas, o por envenenamiento radiactivo.

En nueve segundos la bomba atómica dejó 100.000 muertos. A la semana hubo 50.000 más. Y con el correr de los meses y los años otros siguieron falleciendo a causa de la radiación (REUTERS)
En nueve segundos la bomba atómica dejó 100.000 muertos. A la semana hubo 50.000 más. Y con el correr de los meses y los años otros siguieron falleciendo a causa de la radiación (REUTERS)

De los noventa mil edificios de Hiroshima, la bomba dejó en pie sólo a veintiocho mil, muchos de ellos dañados porque el estallido, que se escuchó a sesenta kilómetros, rompió vidrios y cristales, agrietó cimientos y demolió estructuras en dieciséis kilómetros a la redonda. En total, el sesenta y nueve por ciento de los edificios de Hiroshima fue destruido o dañado. Los análisis posteriores, fríos y distantes, dijeron que a trescientos sesenta metros del punto cero, había quedado destruida toda forma de vida; a cuatro kilómetros y medio a la redonda, la mitad de quienes habían sobrevivido a la explosión murieron luego por la radiación; a once kilómetros a la redonda, decenas de miles de personas sufrieron quemaduras de tercer grado a causa de la radiación térmica; a ocho kilómetros setecientos metros alrededor del punto cero los edificios habían caído o estaban severamente dañados. El aire hervía, los sobrevivientes buscaron refugio en las aguas del río, que también hervían. Media hora después del estallido cayó sobre la ciudad una extraña lluvia negra, cargada de suciedad, polvo, hollín y partículas radiactivas, que provocó una contaminación mayor y en zonas más alejadas.

Lo que no se disolvió o se desintegró, se derrumbó; lo que no se derrumbó, quedó devastado; lo que no fue devastado quedó en ruinas y donde había habido vida ahora no había nada. En medio de la devastación, yacía otro drama: de los doscientos médicos registrados en Hiroshima, habían sobrevivido sólo veinte. Y de las mil setecientas ochenta enfermeras que podrían haber ayudado a las decenas de miles de heridos, sólo restaban ciento cincuenta. Tampoco podían hacer demasiado: la mayor parte de los hospitales, clínicas y centros médicos, con todos sus equipamientos, estaban destruidos. Como un irónico símbolo de su poder desconocido y hora liberado, la bomba se dirigía a estallar sobre el puente, Aioi cincuenta y cinco segundos después de dejar la panza del “Enola Gay”. Pero los vientos laterales la desviaron casi doscientos cuarenta y cuatro metros y estalló sobre la Clínica Quirúrgica Shima. En la ciudad destruida no quedaba un solo sitio en pie en el que fuese posible socorrer a los heridos.

Además, era casi imposible velar por los sobrevivientes: médicos y enfermeras no tenían idea de los efectos que provocaba la radiación, tampoco sabían qué era la radiación, ni cómo tratar a las personas que acudían a ellos con espantosas quemaduras; no conocían la importancia de la calidad y la cantidad de radiación recibida por cada ser humano, ni cuáles serían sus efectos tardíos. Aquel espanto era nuevo. Dos días después, los desolados locutores de Radio Tokio informaban sobre Hiroshima: “Prácticamente todas las cosas vivas, humanas y animales, se quemaron hasta la muerte”.

“El sol se hizo pedazos y cayó. El cielo, que siempre me había parecido tan lejano, quedó sin el sostén que le daba el sol y se vino abajo casi al mismo tiempo. La luz creció tanto que no pudo soportarlo. De modo que la luz también murió aquel día”, relató Makiko Kada“El sol se hizo pedazos y cayó. El cielo, que siempre me había parecido tan lejano, quedó sin el sostén que le daba el sol y se vino abajo casi al mismo tiempo. La luz creció tanto que no pudo soportarlo. De modo que la luz también murió aquel día”, relató Makiko Kada

Diez mil metros por sobre el nivel del horror, el “Enola Gay” que había lanzado la bomba intentaba escapar del horror. Su comandante, el capitán Paul Tibbets, que había cumplido treinta años en febrero, también había recibido instrucciones precisas, claras e ineludibles: ni bien soltada su carga, debía girar de manera brusca hacia la izquierda para alejarse de inmediato de la zona del estallido. Tibbets y sus hombres sabían que iban a lanzar una bomba poderosa, “un arma especial”, les dijeron, pero no sabían nada más que eso.

Algo parecido les habían revelado al incorporarse como voluntarios al Grupo Mixto 509 del XX Cuerpo Aéreo, en Wendover, Utah. Eran setenta y cinco pilotos elegidos por sus habilidades y sus conocimientos técnicos, por su experiencia en combate y, también, por su sangre fría. Cuando quisieron saber para qué los habían convocado, recibieron como toda respuesta: “Se les va a encomendar algo distinto”. Ni falta hacía que se los dijeran. Creyeron descubrirlo, o lo intuyeron, por las maniobras de entrenamiento que les ordenaron llevar adelante: simulación de ataques aéreos a gran altura, giros bruscos y trepadas veloces en la atmósfera. Los B-29 del Grupo Mixto, llamados “súper fortalezas volantes”, no estaban equipados en sus prácticas con un poderoso arsenal de bombas: todos cargaban como único artefacto de forma rara, un cacharro pesado y armado con explosivos comunes. Ignoraban qué era aquello: era una copia fiel de la bomba atómica que se terminaba de construir en Los Álamos, a miles de kilómetros de Utah. Otra cosa que sí habían deducido los pilotos era que, lo que fuere que se iban a lanzar, sería contra Japón: la guerra en Europa había terminado a inicios de mayo de ese año.

El grupo fue destinado a la isla de Tinian, en las Islas Marianas del Norte: desde allí, Tokio entraba en el radio de acción de los B-29. Pero los pilotos del Grupo Mixto siguieron con sus extraños vuelos de entrenamiento, alejados del combate: despegaban para hacer maniobras y ponían rumbo a Japón, pero regresaban horas después, sin haber disparado un solo tiro, ni descargado una sola bomba. Les habían pedido, eso sí, que usaran en vuelo unas antiparras protectoras, como las que usan los soldadores, y les habían recomendado que, cuando les tocara hacerlo, nunca miraran al blanco una vez descargada la misteriosa bomba.

La tripulación del bombardero Enola Gay de las Fuerzas Aéreas del Ejército de EE. UU., comandado por el coronel Paul Tibbets, que lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, posa en 1946 (US ARMY/REUTERS)La tripulación del bombardero Enola Gay de las Fuerzas Aéreas del Ejército de EE. UU., comandado por el coronel Paul Tibbets, que lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, posa en 1946 (US ARMY/REUTERS)

Era misteriosa de verdad. Cuando llegó a Tinian, lista para ser disparada, los pilotos vieron un artefacto de color negro, con forma de ballena muy bien torneada. Algo así como la muerte, pero con un toque de distinción. Medía setenta centímetros de diámetro y tres metros de largo. Pesaba cuatro mil ochenta y dos kilos, la mayor parte, puro lastre. Tenía dos núcleos de uranio, U-235: uno pesaba ocho kilos y el otro dos. El de dos kilos iba a hacer las veces de detonador del otro núcleo. Pero había que blindarlos para evitar un estallido anticipado por causa de algunos neutrones acelerados y caprichosos. Eso era jugar con fuego. Si sucedía, el Grupo 509 iba a volar por los aires. Y la isla de Tinian también.

En Nuevo México, Robert Oppenheimer, el científico a cargo del “Proyecto Manhattan”, que así se llamó en secreto el desarrollo de la bomba atómica, dueño hoy de una tardía fama gracias al film de Christopher Nolan, había buscado una sustancia resistente a los neutrones, un material de alta densidad para fabricar lo que llamaban “la envoltura”, el blindaje entre los dos núcleos de uranio. El oro pudo ser uno de esos metales y Oppenheimer consideró con seriedad la posibilidad de colocar una “envoltura” de ese metal para evitar infortunios. Dieron con otra aleación que daba iguales resultados aunque la verdad era que nada estaba seguro. Revistieron los dos hemisferios de U-235 para evitar choques ingratos y rellenaron el exterior, capa tras capa, con cascos de metralla. Por fin, la bomba, llamada “Little Boy”, que tenía poco de “little y nada de “boy”, quedó encajada en el compartimento de bombas de un B-29. Así viajó a Japón y a Tinian.

La bomba era el resultado de una prueba exitosa hecha en el desierto de Nuevo México, cerca de Alamogordo el 16 de julio de ese año por el equipo de Oppenheimer. La prueba, conocida como “Trinity”, consistió en fusionar dos núcleos de uranio instalados en una torre de hierro, que se disolvió con el estallido. La leyenda dice que Oppenheimer dijo ante el la impresionante explosión: “It work” (Funciona). Pero el telegrama con el que le comunicaron ese éxito al presidente Harry Truman decía otra cosa: “El niño ha nacido bien”. Truman estaba en Potsdam, Alemania, en julio de 1945. Conversaba con sus pares Winston Churchill, primer ministro de Gran Bretaña y con José Stalin, mandamás de la Unión Soviética, sobre qué hacer con la derrotada Alemania y, sobre todo, qué hacer con Japón que se negaba a aceptar una rendición incondicional.

El coronel Paul Tibbets, piloto del Enola Gay, el avión que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima, saluda desde su cabina antes de despegar de Tinian el 6 de agosto de 1945 (Administración Nacional de Archivos y Registros de EE. UU./ REUTERS)
El coronel Paul Tibbets, piloto del Enola Gay, el avión que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima, saluda desde su cabina antes de despegar de Tinian el 6 de agosto de 1945 (Administración Nacional de Archivos y Registros de EE. UU./ REUTERS)

En esos días, en Potsdam, se dio un paso de comedia entre los “Tres grandes”, como les llamaron a los entonces líderes de las tres potencias. Truman, que sabía que la atómica había sido probada con éxito, y Churchill que también lo sabía porque se lo había dicho en privado el secretario de Defensa de Estados Unidos, Henry Stimson, trataron de enterarlo a Stalin sin decirle toda la verdad. Y sin saber que Stalin ya lo sabía todo. Una historia para recrear por los expertos.

Por fin, el 2 de agosto, en el crucero de guerra “Augusta”, que lo llevaba de regreso a Estados Unidos, Truman ordenó usar la bomba atómica contra Japón. El domingo 5 de agosto, “Little Boy” ya estaba instalada en el compartimento del “Enola Gay”, que se llamaba así porque ése era el nombre de la mamá de Tibbets. La bomba no estaba montada. Recién entonces la tripulación supo que, por fin, tenía una misión: iban a dejar caer ese artefacto en uno de los cinco o seis blancos designados para el ataque, del que Hiroshima era el principal objetivo. Siguieron sin saber con exactitud cuáles eran los alcances del explosivo que iban a lanzar. El que explicó qué era en verdad aquel trasto con forma de ballena fue el general Thomas Farrell, segundo del general Leslie Groves, director militar del “Proyecto Manhattan” que encabezaba Oppenheimer en Nuevo México. Le reveló el secreto a una sola persona, el capitán William Parsons, experto en armamento de la armada americana y lo hizo, casi de manera irremediable, cuando le sugirió a Parsons que aconsejara a los pilotos del “Enola Gay” que hicieran una brusca maniobra evasiva para no quedar expuestos a la onda expansiva de la bomba. También le anticipó que se iba a producir una gran nube de humo denso con forma de hongo.

Parsons entonces tuvo sólo una duda, un pequeño interrogante para el que no había respuesta, al menos una respuesta lógica. ¿Qué sucedía si, con la bomba montada y los dos núcleos de uranio ya sin “envoltura”, el B29 se estrellaba al despegar? Farrell fue claro y sincero: “Volamos todos -dijo-. Hay que rezar para que eso no pase”. Entonces Parsons propuso trepar él mismo al “Enola Gay” en su viaje a territorio japonés y armar la bomba en vuelo. Farrell quiso saber si Parsons había ensamblado alguna vez algo semejante. “Nunca -respondió el marino- pero tengo toda la tarde para aprender”.

La "sombra" de una víctima en unos escalones de un edificio, después del bombardeo atómico de la ciudad japonesa de Hiroshima. La persona estaba sentada en los escalones cuando el calor de la explosión quemó la superficie de la piedra alrededor del cuerpo de la víctima que se evaporó (Keystone/Hulton Archive/Getty Images)
La «sombra» de una víctima en unos escalones de un edificio, después del bombardeo atómico de la ciudad japonesa de Hiroshima. La persona estaba sentada en los escalones cuando el calor de la explosión quemó la superficie de la piedra alrededor del cuerpo de la víctima que se evaporó (Keystone/Hulton Archive/Getty Images)

A la una cuarenta y cinco de la mañana del 6 de agosto, dos B-29 despegaron de la base de North Field, en Tinian, para un vuelo de casi seis horas hacia Japón. Eran, el “The Great Artiste” (El gran artista) y el “Necessary Evil” (Demonio necesario), nombre bien alegórico si los había. Tenían como misión estudiar la meteorología de las zonas pasibles de ser blanco de la todavía misteriosa bomba y, el “Necessary Evil”, tomar las fotos de la misión. Una hora después despegó una segunda terna de súper fortalezas volantes, encargada de abrir camino al “Enola Gay”. Recién después despegó el “Enola Gay”. Dos aviones escolta se le unirían en la vertical de la isla de Iwo Jima, a las cinco cincuenta y dos, que fue cuando Parsons armó la bomba en pleno vuelo. El copiloto del avión de Tibbetts, capitán Robert Lewis, escribió en su bitácora, con letra nerviosa y de difícil lectura: “El capitán Parsons está terminando de armar la bomba. Ahora vamos cargados. La bomba está dispuesta. Es una sensación bastante extraña eso de saber que la tenés justo a tu espalda. Hemos puesto el automático. Volamos a la altura adecuada. Muchachos, eso está al caer”.

A seis mil quinientos metros de altura sobre Hiroshima, Tibbets soltó a “Little Boy” y, como le habían ordenado, hizo que su B-29 plateado girara de modo brusco hacia la izquierda para alejarse lo más posible y lo más rápido de la onda expansiva que iba a desatar aquel trasto misterioso. Cuando estalló la bomba, un minuto después, el “Enola Gay” estaba a veinticinco kilómetros del epicentro y alejándose, y a unos seis mil metros de altura, pero igual fue sacudido, estremecido por el efecto del estallido. Tras sus gafas protectoras, lo primero que vieron sus tripulantes, que sí giraron la vista hacia el blanco, fue un puntito de fuego rojo púrpura que en milésimas de segundos se expandió y formó una bola de fuego de colores cárdenos y de ochocientos metros de ancho. El fuego ascendió en grandes anillos de humo gris hasta llegar a los tres mil metros de masa hirviente que tomó la forma de un hongo.

El copiloto Lewis dijo: “¡Dios mío! ¿Qué hemos hecho?”. No podían ni imaginarlo. El sargento George Caron, desde su puesto de artillero de cola del “Enola Gay”, describió así lo que vio: “Una columna de humo asciende rápidamente. Su centro muestra un terrible color rojo. Es una masa burbujeante gris violácea, con un núcleo rojo. Todo es pura turbulencia. Los incendios se extienden por todas partes como llamas que surgiesen de un enorme lecho de brasas. Comienzo a contar los incendios. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… catorce, quince… es imposible. Son demasiados para poder contarlos. Aquí llega la forma de hongo de la que nos habló el capitán Parsons. Viene hacia aquí. Es como una masa de líquido viscoso y burbujeante. El hongo se extiende. Puede que tenga mil quinientos o quizá tres mil metros de anchura y unos ochocientos de altura. Crece más y más. Está casi a nuestro nivel y sigue ascendiendo. Es muy negro, pero muestra cierto tinte violáceo muy extraño. La base del hongo se parece a una densa niebla atravesada con un lanzallamas. La ciudad debe estar abajo de todo eso. Las llamas y el humo se están hinchando y se arremolinan alrededor de las estribaciones. Las colinas están desapareciendo bajo el humo. Todo cuanto veo ahora de la ciudad es el muelle principal y lo que parece ser un campo de aviación”.

El Salón de Promoción Industrial de la Prefectura de Hiroshima, actualmente llamado Cúpula de la Bomba Atómica o Cúpula de la Bomba, destruido luego del bombardeo atómica. Fue declarado Monumento de la Paz (Shigeo Hayashi/Hiroshima Peace Memorial Museum/Handout via REUTERS)El Salón de Promoción Industrial de la Prefectura de Hiroshima, actualmente llamado Cúpula de la Bomba Atómica o Cúpula de la Bomba, destruido luego del bombardeo atómica. Fue declarado Monumento de la Paz (Shigeo Hayashi/Hiroshima Peace Memorial Museum/Handout via REUTERS)

Dieciséis horas después del ataque, el presidente Truman anunció desde Washington que Estados Unidos había usado una bomba atómica. Truman era un hombre un poco tosco, que, por dar un ejemplo, había puesto verde a insultos a un periodista porque había dicho que su hija, la de Truman, cantaba mal. No era un experto en diplomacia y había heredado la Casa Blanca y el final de la guerra tras la sorpresiva muerte de Franklin D. Roosevelt en abril de ese año, y estaba un poco harto de la intransigencia suicida de Japón y del accionar de Stalin en la Europa del Este, sobre la que el ruso hacía flamear sus aires de conquistador.

Con su impronta tan particular, Truman se dirigió a los estadounidenses para decirles: “Hace dieciséis horas un avión americano arrojó una bomba sobre Hiroshima. Consiste en el aprovechamiento de las fuerzas elementales del Universo. La fuerza de la que el Sol deriva su energía ha sido liberada contra aquellos que provocaron la guerra en el Lejano Oriente. (…) Los japoneses comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Ahora les hemos devuelto el golpe multiplicado. Con esta bomba hemos añadido un nuevo y revolucionario incremento de destrucción, a fin de aumentar el creciente poder de nuestras fuerzas armadas. Estamos produciendo éstas e incluso están en desarrollo otras más potentes. (…) Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda la fuerza productiva japonesa que se encuentre en cualquier ciudad. Vamos a destruir sus muelles, sus fábricas y sus comunicaciones. No nos engañemos, vamos a destruir completamente el poder de Japón para hacer la guerra (…) El 26 de julio elaboramos en Potsdam un ultimátum para evitar la destrucción total del pueblo japonés. Sus dirigentes rechazaron el ultimátum inmediatamente. Si no aceptan nuestras condiciones, pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra”.

Tres días después, Estados Unidos hizo estallar otra bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki que provocó un desastre similar al de Hiroshima. Las especulaciones políticas sostienen, acaso con aguda certeza, que la segunda bomba contra Japón fue también un mensaje nada críptico sobre el poderío nuclear americano dirigido a Stalin y a la URSS. Por fin, Japón aceptó la rendición incondicional el 15 de agosto y la firmó el 2 de septiembre. La Guerra en el Pacífico, la última llama de la Segunda Guerra Mundial, se había apagado para siempre.

En medio de la destrucción, en Hiroshima quedó en pie, casi un milagro porque está a sólo ciento cincuenta metros de la zona cero, el edificio conocido como Cúpula Genbaku, o Cúpula de la Bomba Atómica.

Esas ruinas fueron renombradas como Monumento de la Paz de Hiroshima. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por Naciones Unidas en 1996, con la objeción de dos países: Estados Unidos y China.

La orden judicial de destituir a la directiva de la Cruz Roja en Venezuela preocupa a activistas, que la consideran un «precedente peligroso» para organizaciones independientes en un país en crisis necesitado de ayuda humanitaria.

AFP

Una sentencia divulgada el viernes por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ordenó «el cese» del presidente de la Cruz Roja Venezolana, Mario Villarroel, y del comité directivo; y designó a un empresario, Ricardo Cusanno, a la cabeza de una «junta reestructuradora ad hoc».

Caso de la Cruz Roja en Venezuela

La medida la tomaron luego de que Diosdado Cabello, número dos del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) tras el presidente Nicolás Maduro, acusó a Villarroel de «conspirar» contra el mandatario y de «actividad mafiosa» en el manejo de fondos.

«Se genera un precedente peligroso para el derecho de libertad de asociación y reunión, con un juicio ‘express’ donde no hubo posibilidad de ejercer el derecho a la defensa», dijo este sábado a la AFP el coordinador de la ONG de derechos humanos Provea, Rafael Uzcátegui. «Aquí nosotros no estamos opinando de la inocencia o la culpabilidad del señor Villarroel (…), hay un procedimiento absolutamente irregular».

Una semana antes, la Fiscalía abrió una investigación contra Villarroel, de 75 años y presidente de la Cruz Roja desde 1978. Lo acusan de «acoso y maltrato» a voluntarios y trabajadores.

«Lo que ocurra en los próximos meses en la Cruz Roja puede servir de guión para aplicárselo a otras organizaciones gremiales, profesionales, sociales, deportivas y por supuesto de derechos humanos o humanitarias». Así lo alertó la ONG Acceso a la Justicia en una nota.

Cusanno, expresidente de la patronal Fedecámaras, se reunió este sábado con el secretario general saliente de la Cruz Roja Venezolana, Mario Santimone. «Sostuvieron un diálogo fluido sobre la actual situación de la institución y declararon su disposición a trabajar conjuntamente», publicó la organización en redes sociales.

¿Ayuda humanitaria en la mira?

«Aquí la clave es gestionar dinero», considera Uzcátegui.

El gobierno de Maduro y la oposición acordaron el año pasado en la mesa de negociaciones que instalaron en México -congelada desde hace meses- liberar 3.000 millones de dólares bloqueados en el extranjero por sanciones para invertirlos en planes sociales.

«Naciones Unidas se ofreció a recibir esos 3.000 millones y eso generó un conflicto interno. Se va a promover que sea otro ente, supuestamente independiente, la Cruz Roja, que reciba ese dinero y lo gestione», lanzó este activista como «hipótesis».

«El tema político, lamentablemente, muchas veces prela sobre la salud», lamentó por su parte Mauro Zambrano, sindicalista del sector sanitario.

«Hay muchos programas humanitarios que lleva la Cruz Roja» y «no sabemos qué va a suceder», dijo a la AFP Zambrano, que pide menos hermetismo.

«A menudo comparo la explosión con un tifón mil veces más fuerte», dice Sadae Kasaoka, de 91 años, mientras sube al escenario del Museo Memorial de la Paz de Hiroshima. Su voz es clara y potente, aunque a veces teñida de tristeza o rabia, mientras cuenta su historia en el gran auditorio del museo.

DW

Su discurso se ve interrumpido a veces por breves momentos de silencio. Cierra los ojos como para recordar mejor el incomprensible dolor de aquella mañana de agosto de 1945 en la que su vida dio un vuelco a partir del estallido de la bomba atómica en Hiroshima.

La estudiante perdió a sus padres en el bombardeo nuclear que asoló su ciudad. Cuenta la suerte que tuvo de quedarse en casa, situada a más de 3 km del llamado hipocentro del impacto de la bomba. Luego viene el recuerdo de los cristales rotos de las ventanas que estallaron penetrando su piel; la imagen de su padre que al principio no fue capaz de reconocer, y la espera del regreso de su madre a la que nunca volvió a ver.

Sentada a su lado, Norie Hosomitsu no puede apartar los ojos de Kasaoka, como si quisiera grabar su imagen y sus palabras en su memoria. Perteneciente a una generación conocida como los sucesores de Hiroshima, Hosomitsu se ha comprometido a transmitir las historias de los hibakusha («sobrevivientes del bombardeo») para que el mundo no olvide.

Inspirada por los supervivientes de Hiroshima

Esta sexagenaria participó en un programa puesto en marcha por la ciudad de Hiroshima, en el que los candidatos escriben un guión basado en la vida de un sobreviviente y aprenden a presentarlo en público. Lleva nueve años contando la historia de uno de ellos, incluso a alumnos de secundaria. 

«Me conmovió la personalidad de Sadae Kasaoka y su testimonio», afirma Hosomitsu. «Cuando nos conocimos, sentí una conexión entre nosotras». «La paz no llegará sentándonos a esperar, cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de crear la paz», le gusta añadir.

Dado que la edad promedio de los sobrevivientes alcanzará los 85 años en 2023, es fundamental formar a más sucesores para que propaguen la memoria. Según Dan Shioka, del Departamento Internacional de Promoción de la Paz de Hiroshima, el número de hibakusha se ha reducido drásticamente con el paso del tiempo.

«Es urgente transmitir esta herencia antes de que se extinga la memoria», dijo, y añadió que el tiempo de formación de los sucesores es ahora más corto para facilitar una mayor participación.

Lucha por el desarme nuclear

Cuando Hiroshima inició el camino de la reconstrucción poco después de la tragedia, también empezó a luchar por la paz. En 1955, la ciudad creó la red Alcaldes por la Paz, que hoy reúne a más de 8.000 municipios partidarios de la abolición de las armas nucleares.

Reafirmaron su postura en una carta abierta a los jefes de Estado del G7, reunidos en Hiroshima el pasado mes de mayo. La red exigía «una acción inmediata para reducir los arsenales nucleares y poner fin a su modernización».

Pero la Visión de Hiroshima sobre el desarme nuclear, adoptada el pasado mayo, aunque se muestra a favor de la abolición de las armas atómicas, no ha convencido a los hibakusha, ya que no contiene planes concretos sobre el desarme nuclear.

«Me decepcionó», dice Norie Hosomitsu. «Pero francamente, no tenía grandes expectativas desde el principio”, dijo.

Corre la voz

A la espera de medidas reales a favor de la prohibición total de las armas atómicas, los sobrevivientes y sucesores (más de 250 han recibido formación hasta ahora) siguen difundiendo el mensaje a través de impactantes testimonios y charlas diarias organizadas en el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima.

Renovado en 2019, el recinto contextualiza los testimonios de los sobrevivientes a través de imágenes, objetos y textos.

Pero para Norie Hosomitsu, no hay nada como un encuentro en persona: «Ya tenemos muchos videos de los testimonios, pero las charlas que hacemos son cara a cara, expresamos nuestra pasión, nuestra emoción, a través de nuestro rostro y nuestra respiración; y cada charla es una puerta abierta al diálogo, a la interacción».

Sadae Kasaoka, que sufrió discriminación como muchos hibakusha durante décadas, habló en público por primera vez hace veinte años. Desde entonces, nunca se ha callado.

«De niña tenía sueños, quería ser maestra de escuela. Pero con una sola bomba atómica, los sueños, las esperanzas y el futuro volaron por los aires; pensé que mi papel era transmitir la memoria de esa tragedia y asegurarme de que no volviera a ocurrir nunca más», dice antes de mirar a Hosomitsu. «Quiero vivir para siempre y que mi historia se siga transmitiendo. Los sucesores lo hacen posible». 

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, desconocía que dinero de un antiguo capo del narcotráfico financió su campaña, así expresó su hijo Nicolás en declaraciones divulgadas este sábado (05.08.2023) por la revista colombiana Semana.

DW

«Ni mi papá ni el gerente de la campaña, Ricardo Roa, sabían de los dineros que recibimos Daysuris (Vásquez, su exesposa) y yo de Santander Lopesierra y de Gabriel Hilsaca», dijo el político de 37 años, a quien un juez otorgó el viernes (04.08.2023) la libertad condicional tras ser arrestado por lavado de activos y enriquecimiento ilícito.

En medio de un proceso judicial, Nicolás Petro, que fuera detenido hace una semana, reveló que abonó a la campaña de su padre parte de los 400 millones de pesos (unos 102.000 dólares) que Samuel Santander Lopesierra, extraditado por narcotráfico a Estados Unidos en 2003 y libre desde 2021, le diera el año pasado.

También un hijo de Alfonso «el turco» Hilsaca, un negociante acusado en el pasado por la fiscalía de financiar grupos paramilitares y planear homicidios, entregó dinero a Nicolás, de acuerdo con Mario Burgos, fiscal del caso que hace temblar al gobierno colombiano.

El mandatario y Roa «no sabían que parte de esos aportes yo los utilizaba para la campaña. Es importante hacer esa aclaración», añadió Nicolás.

Petro no ha negado que su campaña haya recibido financiación ilegal. En un reciente evento con campesinos en Sincelejo (Sucre, norte), únicamente desmintió supuestas versiones que indican que sabía de esos movimientos. El gobernante, el primero de izquierda en Colombia y que cumple su primer año de gobierno, agregó que «si eso fuese cierto, este presidente se tendría que ir el día de hoy».

La precandidata presidencial María Corina Machado, aspirante a las primarias opositoras del 22 de octubre en Venezuela, acusó este viernes al gobernador del estado Trujillo (oeste), el chavista Gerardo Márquez, de ordenar un ataque en su contra, luego de que circulara en redes sociales un video que sustenta esta denuncia.

EFE

“El día de ayer, por instrucciones del régimen, el gobernador del estado Trujillo dijo, literalmente, que si yo llegaba al estado Trujillo tenían que sacarme a coñazos (golpes)”, dijo Machado ante periodistas, al término de un acto con todos los candidatos a las internas, que definirán al abanderado que se enfrentará al chavismo en las presidenciales de 2024.

“Lo dijo y fue una instrucción que se está repitiendo en distintas partes del país y a todos los sitios donde yo voy a visitar”, prosiguió la ex diputada, que figura como favorita para los comicios de octubre y que ha sido atacada con gritos y empujones en, al menos, dos ocasiones, durante mítines, por grupos afectos al chavismo.

Denunció que la llamada revolución bolivariana, en el poder desde 1999, “está tratando de construir una idea de que la violencia está del lado de la gente” pero -aseguró- se trata de planes orquestados por el chavismo para agredir a opositores “pretendiendo utilizar a las mujeres como instrumentos de su violencia”.

“Esto amerita un repudio de todos los venezolanos. Estas amenazas y estas agresiones, lejos de intimidarnos, lo que nos tiene que dar es más fuerza, y yo les pido a todos los venezolanos que nos unamos más que nunca”, sostuvo.

En las redes sociales, circula un video que muestra a Márquez incitando a los habitantes del municipio Pampanito a no ceder “ni un milímetro de espacio a quienes piden sanciones”.

La opositora repudió también la vandalización de una sede de su partido, Vente Venezuela (REUTERS/Leonardo Fernandez Viloria)
La opositora repudió también la vandalización de una sede de su partido, Vente Venezuela (REUTERS/Leonardo Fernandez Viloria)
“El día que aquí, en Pampanito, cuando venga aquí una María Corina o los que sea, tenemos que sacarlos a coñazos de aquí del municipio”, dice el oficialista, que no ha hecho comentarios sobre la veracidad del audiovisual.

La opositora repudió también la vandalización de una sede de su partido, Vente Venezuela (VV), en el estado Apure, una infraestructura que “amaneció totalmente rayada y atacada”, como mostró la formación con fotografías publicadas a través de Twitter.

“En horas de la madrugada, delincuentes pintaron y causaron daños en la sede de nuestro comando en San Fernando de Apure. Ahora vamos con más fuerza a la inauguración del comando estadal de María Corina. No nos detendrán”, escribió la organización, que ya ha denunciado ataques a otras sedes políticas en el pasado.

Machado es la precandidata con mayor popularidad rumbo a unas primarias en las que la oposición buscará el 22 de octubre elegir al rival de Maduro, pero enfrenta una inhabilitación política por 15 años, vieja arma del gobernante chavismo para sacar del camino a sus adversarios.

Su equipo denuncia con frecuencia persecución por parte de automóviles no identificados que vincula con el servicio de inteligencia, así como agresiones de grupos violentos.

Hoy sábado 5A, desde el corazón wayuu en Maracaibo, en el sector «Bajo Seco» del barrio Panamericano en la parroquia Carracciolo Parra de Maracaibo, diversas castas y clanes se pronunciaron a favor de la propuesta liberal y de libre mercado que propone María Corina Machado.

«La cultura ancestral de estos ciudadanos, les hace coincidir por razones históricas y geográficas con el modelo político que estamos proponiendo para salvar al país», afirman en la nota de prensa.

El próximo miércoles 9 de agosto celebramos el «Día Internacional de las Poblaciones Indígenas», que es el día previo a la visita de nuestra líder María Corina al Zulia y éste encuentro fue el marco propicio para compartir pareceres sobre ello.

«Seguimos construyendo la mayor fuerza ciudadana que jamás se haya constituido en el Zulia», puntualizan.

Las mariposas se sienten atraídas por las lágrimas de las tortugas porque las gotas líquidas contienen sal, especialmente sodio, un elemento esencial que escasea en la Amazonía occidental.

Por: Morfema Press / KnovHov

Esta ubicación tiene un contenido de sodio más bajo que muchos otros lugares de la Tierra porque está a más de 1,000 millas del Océano Atlántico, una fuente importante de sal, y está aislada de las partículas de sal arrastradas por el viento hacia el oeste por la Cordillera de los Andes.

Debido a que las mariposas son tan delicadas, no parecen dañar a las tortugas de ninguna manera, sin embargo, hacen que sea más difícil para las tortugas verlas. Este es un ejemplo de comensalismo, que ocurre cuando dos especies interactúan y una se beneficia mientras que la otra está ilesa pero no recibe ningún beneficio.

Para las mariposas, las lágrimas de tortuga no son la única fuente de tales sales; también pueden obtener la sal de la orina de los animales, las riberas fangosas de los ríos, los estanques y las prendas sudorosas de las personas.

Según un estudio reciente, las lágrimas de cocodrilo también podrían usarse para satisfacer las necesidades de las mariposas y las abejas. Al igual que las mariposas que beben lágrimas de tortuga, se cree que estos insectos dependen de las lágrimas de cocodrilo para obtener sal.

Existe evidencia de que las abejas también beben y buscan lágrimas de tortuga. Las abejas, en lugar de las mariposas, parecen molestar más a las tortugas, tal vez como resultado del zumbido de sus alas.

Hay que admitir que la tecnología a veces es buena. Desde finales de 2022, un nuevo zoológico bastante especial ha abierto sus puertas en Brisbane, Australia. ¿El concepto? Ofrecer a los visitantes experiencias absolutamente nuevas y sensacionales ya que todos los animales que lo habitan son en realidad hologramas.

Creapills

El proyecto fue creado por Axiom Holographics, un proveedor de soluciones de realidad virtual, que simplemente creó el primer zoológico de hologramas del mundo. En una superficie de aproximadamente 1000 metros cuadrados, los visitantes con gafas especiales están invitados a vivir un total de 25 experiencias insólitas rodeados de animales originarios de África, Australia, los fondos marinos pero también que vivieron en la época de la prehistoria.

El parque temático ofrece así dos áreas donde se vinculan efectos 4D para sumergir de lleno a los visitantes curiosos en los hábitats naturales de animales como el Ártico o para compartir con ellos los olores de cada especie.

El parque temático futurista todavía está instalado durante seis meses antes de exportarse a Japón, Texas y Europa para compartirlo con la mayor cantidad de personas posible. Para obtener más información, visite hologramzoo.com .

La Comisión de Investigación y Acusaciones de la Cámara de Representantes de Colombia, que es la única que puede comenzar un proceso de destitución contra un presidente, ya inició una investigación contra Gustavo Petro por los hechos revelados por la Fiscalía en el caso contra su hijo, Nicolás Petro, según los cuales a la campaña electoral habría llegado dinero ilícito.

DW

«Se viene adelantando un proceso en contra del presidente de la República por los hechos relacionados con las declaraciones de la ciudadana Daysuris Vásquez Castro meses atrás, éste se encuentra en etapa de investigación previa», informó el presidente de la Comisión de Investigación y Acusación, Wadith Manzur, del partido Conservador.

La Comisión de Investigación y Acusación es la única con legitimidad para estudiar casos contra un presidente electo y puede elevar, tras la investigación de caso, su destitución a la Cámara de Representantes para que se plantee en el Senado. El presidente, Gustavo Petro, que ayer denunció una campaña que utiliza a su hijo para tumbar su gobierno, dijo confiar en la Justicia. «Serán los jueces en sus diferentes competencias quienes definan jurídicamente lo que corresponda», señaló en un comunicado.

«He otorgado poder al conjuez de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, Mauricio Pava Lugo, para que me represente», anunció el presidente. «En cuanto a la institución, sin vacilación alguna, afirmo y reitero que nadie puede estar por encima de la ley y que la Justicia debe aplicarse de manera imparcial, con el debido proceso todas las garantías constitucionales», agregó.

«Recibo con dolor, a nivel personal, las informaciones sobre presuntas irregularidades en el desarrollo de la campaña presidencial en la costa», manifestó el presidente en el comunicado en referencia a las revelaciones que han causado un escándalo en el país. «Nada ni nadie puede detener la lucha de toda una vida contra todas las formas de corrupción, y el Gobierno continuará sin distracciones su tarea y compromiso por una Colombia mejor», concluyó.

Multitud de personalidades políticas han mostrado su apoyo a Petro a través de las redes sociales bajo el hastag #LeCreoAlPresidente. «El presidente manifestó una y mil veces en campaña que nadie estaba autorizado para pedir aportes en su nombre», destaca por ejemplo El Espectador que dijo el expresidente del Senado Roy Barreras y recién nombrado embajador en Londres.

Por su parte, el abogado de Nicolás Petro dijo que su vida corre peligro porque hay gente que no quiere que se sepa la verdad sobre el caso. Y pidió que se le conceda la detención domiciliaria. «Si él fuese a una cárcel, su señoría, no dura 24 horas (…) Si pisa una cárcel tenga la seguridad que lo van a estar esperando para asesinarlo», enfatizó en su pedido al juez.

En la audiencia de ayer por el juicio contra él por enriquecimiento ilícito, que se reanudó hoy, Nicolás Petro Burgos rechazó las versiones de quienes aseguran que confesó los supuestos ilícitos que involucran a la campaña presidencial de su padre porque fue presionado por la Fiscalía. «Señor juez, es para dejar una constancia de que mi colaboración con la justicia ha sido una decisión totalmente libre y fuera de todo tipo de presión», dijo al pedir la palabra.

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