Armando Esteban Quito

La reciente aprobación de la reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos marca un hito en la política energética venezolana, no solo por el retorno formal del capital privado a las actividades primarias, sino por el debate que genera sobre la seguridad jurídica y el control institucional.

Por: Nurelyin Contreras – Bitácora Económica

De acuerdo con la exviceministra de Energía y Minas, abogada y asesora en materia energética, Dolores Dobarro, aunque es un paso importante para el estímulo del sector y para la economía nacional, el texto final podría conservar una «carga importante de discrecionalidad».

En su opinión, la nueva normativa representa un ejercicio de claridad jurídica sobre el alcance de la reserva del Estado, que pasó a estar por más de dos décadas “sin posibilidad de ejercicio de las actividades por parte de los privados”, a volver a permitir y regular nuevamente la participación del sector privado nacional y extranjero.

Sin embargo, Dobarro advierte que todavía se desconoce con detalle la nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos a publicar en Gaceta Oficial, “pero de manera general aún observo una carga importante de discrecionalidad por parte del Estado, lo cual puede percibirse como un problema de seguridad jurídica a algunas empresas, sobre todo, ejecutoras de grandes proyectos y de largo alcance en el tiempo”.

Regalías de hasta 30%

Para la experta en energía, contrario al primer proyecto de Ley que se debatió ante la Asamblea Nacional (AN), “en esta aprobación la regalía parece poder subir y bajar de cero a 30%”, basado en el equilibrio económico de cada proyecto a desarrollar.

“Precisamente este es uno de los casos donde se percibe esa discrecionalidad (…) La regalía no debe ser estática, existen fórmulas modernas que la atan a factores externos, donde no existe control y variación discrecional”, expresó Dobarro.

Lea la nota completa siguiendo este enlace a Bitácora Económica

El secretario general del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, afirmó este lunes que el proyecto de ley de amnistía anunciado por el gobierno busca revisar los casos de personas que «sin duda, han cometido delitos», aunque no especificó de qué delitos se trata.

El Nacional

Durante la rueda de prensa semanal del partido, transmitida por VTV, Cabello indicó que la normativa incluirá una lista detallada para identificar quiénes pueden ser sujetos de ese beneficio tras una revisión caso por caso.

«Habrá beneficiados y habrá no beneficiados», advirtió, enfatizando que la medida busca la «convivencia y la paz», pero no implica un olvido de las acciones procesadas.

Añadió que la iniciativa representa una «oportunidad de hacer política» y aclaró que es una propuesta exclusiva del Ejecutivo, sin la participación de ONG ni de «ningún gobierno extranjero, ninguna jerarquía eclesiástica».

“Ojalá entiendan que se les está dando una oportunidad de hacer política como corresponde”, opinó.

Cabello aseguró que la bancada chavista en la Asamblea Nacional, liderada por su partido, apoyará el proyecto anunciado el viernes por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.

«Ojalá ellos entiendan que deben retomar la política, hacer política de verdad, no buscar atajos. Eso nos obligaría a nosotros a seguir actuando en base a la Constitución y a la ley», dijo, en aparente referencia a sectores de la oposición.

María Corina Machado, líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, ofreció una declaración contundente a medios colombianos desde su actual ubicación en Estados Unidos, donde se encuentra gestionando avances en el proceso de transición democrática en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro y el establecimiento de un gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez.

MFM

En sus declaraciones, Machado describió el momento actual como un “proceso inédito” y “una transición a la venezolana”, impulsado por la liberación progresiva de presos políticos que genera un efecto multiplicador de ánimo y valentía en la sociedad.

“Es como cuando tienes una represa y se abre un boquete que no para nadie, y en este caso es ansias de libertad”, afirmó, destacando que cada excarcelación fortalece a periodistas, activistas y ciudadanos.

La opositora enfatizó la influencia del contexto internacional, particularmente el respaldo del gobierno de Donald Trump. Subrayó que “no se puede estar con el crimen y la libertad”, refiriéndose al encuentro entre el presidente colombiano Gustavo Petro y Trump como clave para definir posiciones claras.

“Quien se oponga a la transición en Venezuela va a tener un costo político muy grande”, advirtió, recordando que más del 60-70% de los colombianos apoyan firmemente la democracia en el vecino país.

Grupos armados, cambios ministeriales y la figura de Delcy Rodríguez

Sobre grupos armados como el ELN y disidencias de las FARC, Machado señaló que mientras persista el control del régimen (o sus remanentes), estos mantienen facilidades de operación en territorio venezolano, aunque el escenario cambia aceleradamente.

Respecto a los recientes cambios ministeriales y la figura de Delcy Rodríguez, Machado los calificó como “rea-arreglos entre mafias” dentro de una estructura criminal que ha destruido la economía, las familias y se ha aliado con carteles y potencias como Rusia.

Insistió en que cualquier proceso debe partir del reconocimiento del mandato del 28 de julio de 2024, donde Edmundo González Urrutia es el presidente electo legítimo, y avanzar hacia la renovación de instituciones como el TSJ, el CNE y la Asamblea Nacional, cuya legitimidad actual rechaza por baja participación electoral.

“No hay punto medio. No se puede estar bien con Dios y con el diablo”.

Visión económica y rechazo a la impunidad

Machado se mostró dispuesta a contribuir en lo necesario para un avance ordenado, incluyendo eventuales encuentros con Delcy Rodríguez si sirven para definir un cronograma de transición, pero siempre sobre la base del reconocimiento del 28J y sin concesiones a la impunidad.

Propuso una economía abierta, competitiva y con reglas claras para atraer inversiones reales de empresas estadounidenses en sectores como energía, que demandan Estado de Derecho y seguridad jurídica. Rechazó cualquier “transición a la rusa” opaca y sin rendición de cuentas.

En cuanto a su salud y retorno, la líder opositora indicó estar “muchísimo mejor” tras revisiones médicas, alimentada por el apoyo emocional de los venezolanos. Expresó su deseo profundo de regresar pronto a Venezuela para acompañar la liberación de los jóvenes en centros de tortura y acelerar la transición desde dentro.

“Quiero volver lo antes posible una vez que termine de ejecutar las tareas por las cuales salí de Venezuela”.

Dirigiéndose a los venezolanos en Colombia, Machado destacó la complementariedad binacional y la necesidad de una “lucha binacional” por la democracia y la paz en ambos países.

“No hay paz y democracia en Colombia sin la paz de Venezuela”.

La declaración refleja un optimismo cauteloso pero firme en que la transición avanza con respaldo internacional, priorizando la liberación total de presos políticos, la reconstrucción institucional y el retorno de la inversión y la diáspora, sin permitir que remanentes del antiguo régimen mantengan control estructural.

Fuente: Declaración exclusiva a medios colombianos, febrero 2026.

Estados Unidos avanza en su normalización de relaciones con Venezuela tras la captura por parte de sus fuerzas especiales, el pasado 3 de enero, del dictador chavista Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores.

El Debate

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, marcó tres fases claras para el país: estabilización, recuperación y transición. Y, en esa segunda etapa, en la que se plantea la reconciliación nacional, tras el anuncio de Delcy Rodríguez, de una ley de amnistía general para todos los presos políticos, Washington decidió reabrir, tras más de siete años, su misión diplomática en Caracas. Al frente de la legación estará la embajadora Laura Dogu.

Dogu llega a Venezuela con una misión bastante compleja: reabrir canales diplomáticos con el régimen chavista, con Rodríguez al frente, y supervisar la transición del país hacia una democracia tras más de 25 años de dictadura. Así, la diplomática aterrizó en la capital venezolana este sábado, donde desempeñará las funciones de encargada de negocios de la Unidad de Asuntos de Venezuela, reemplazando en el cargo a John McNamara, encargado de negocios desde febrero de 2025.

La Embajada de Estados Unidos en Venezuela celebró la llegada de Dogu a Caracas con una publicación en su cuenta de X, antes Twitter, de dos fotografías de la estadounidense bajándose del avión en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía.

Sin embargo, la elección de Dogu, de 62 años, para liderar e impulsar el plan de tres fases de Rubio en Venezuela no es casual. La diplomática ya tiene experiencia en lidiar con regímenes afines al chavismo, como la Nicaragua de Daniel Ortega o la Honduras de Xiomara Castro. Además, la estadounidense, con 30 años de carrera en el Servicio Exterior de Estados Unidos a sus espaldas, ostenta el rango de «embajador de carrera», uno de los niveles más altos dentro de la carrera diplomática estadounidense.

Habla español a la perfección –además de turco y árabe– y también se desempeñó como jefa de misión adjunta en la Embajada de Estados Unidos en México (2012-2015), durante la Administración de Barack Obama, donde gestionó las diversas facetas de la compleja relación entre Estados Unidos y México, que involucra a casi todas las agencias del Gobierno estadounidense.

Laura Farnsworth Dogu nació en Texas y optó por estudiar la carrera de Administración de Empresas y Literatura en la Universidad Metodista del Sur de Dallas, así como un máster en Ciencias por la Escuela Industrial de las Fuerzas Armadas en 2007. Durante cinco años trabajó para la empresa de tecnología IBM, pero en 1991 decidió dar el paso y unirse al servicio diplomático, lo que la llevó a ejercer funciones consulares en múltiples destinos, como El Salvador, Turquía o Egipto.

El Consejo Superior de la Democracia Cristiana para Venezuela realizado el 20 de enero de 2026, por la plataforma Zoom.

Este acto conmemorativo del 6to aniversario de su fundación contó con numerosas personalidades del mundo político, académico, empresarial, demócrata cristiano, socialcristiano, humanista cristiano e independientes presenciaron el acto, del que seguidamente presentamos.

El Consejo fue integrado desde su fundación por Pedro Pablo Aguilar+, Oswaldo Álvarez Paz, Henrique Salas Romer, Humberto Calderón Berti, Andrés Caldera Pietri, Abdón Vivas Terán, José Curiel Rodríguez+, José Rodríguez Iturbe, Maritza Izaguirre, Julio César Moreno+, Ivonne Attas, Román Duque Corredor+, Haroldo Romero, Enrique Naime, Nelson Maldonado, Gloria Lizarraga de Capriles+, Emilio López, Jesús Ganem Martínez y Guillermo Yepes Boscán+. Consultores: Gustavo Tarre Briceño y Asdrúbal Aguiar.

Secretario Ejecutivo: Lorenzo Tovar.

Por Copei: Roberto Enríquez y Robert García. Como invitados permanentes asisten por Proyecto Venezuela: Henrique Fernando Salas.

Por Convergencia: Biagio Pilieri, el embajador Milos Alcala y el especialista en petróleo Juan Fernández.

La captura del dictador Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero reactivó expectativas largamente postergadas en Venezuela, pero también dejó al descubierto una marca más profunda: la normalización del desencanto. Tras más de dos décadas de chavismo, la caída del principal rostro del poder no aparece, para buena parte de la población, como el inicio automático de una transformación, sino como un episodio aislado dentro de una estructura que muchos perciben intacta.

Por: Carlos Eduardo Martínez – Infobae

Las voces recogidas en la capital reflejan hasta qué punto el régimen chavista no solo degradó las condiciones materiales de vida, sino también la confianza en la posibilidad de un cambio real. La idea de futuro en Venezuela aparece fragmentada, condicionada, reducida a demandas mínimas, después de años de promesas incumplidascontroles políticos y concentración del poder.

Noraida Acuña, residente de Caracas, resume esa desconfianza estructural que atraviesa el discurso ciudadano: “Eso es lo que esperamos todos aquí: que cambie el gobierno, que cambie todo, ¿sabes? Porque ¿qué vamos a hacer con que se llevarán a Maduro y quede la gente aquí, igualito robando? No hacemos nada. Estamos en lo mismo. Entonces, ¿no vamos a hacer nada? Que se llevaron a Maduro y quedaron estos aquí haciendo trampas y tras trampas, ¿no? Queremos que se vayan todos.” Su testimonio expone una percepción extendida: el chavismo no se agota en una figura, sino que dejó redes políticas, administrativas y económicas que sobreviven a la caída del líder. La demanda no es solo alternancia política, sino desmontaje del sistema.

Esa desilusión social también se manifiesta en reclamos básicos que, tras años de crisis económica, reemplazaron cualquier expectativa de progreso. Yolanda Hernández pone el foco en la salud pública en Venezuela, uno de los sectores más deteriorados durante el chavismo: “Dicen que sí para los hospitales, que en los hospitales no hay nada. Es una tristeza para los hospitales. Debería haber algo. Digo yo, tanta plata que gastan, háganlo en los hospitales, que eso es algo muy importante. La salud, amiguita, ¡que fuese gratis aquí! Para eso somos un país rico.” La referencia a la riqueza nacional contrasta con la precariedad cotidiana y expone una contradicción central del modelo chavista: un Estado con abundantes recursos, pero incapaz de traducirlos en servicios públicos básicos.

En medio del vacío de certezas, los anuncios oficiales son recibidos con atención, aunque sin entusiasmo pleno. Ernesto Chávez expresa una expectativa moderada frente a las nuevas autoridades: “Hemos visto lo que ha dicho Delcy, y yo creo que se ve bien, pues. Y bueno, todos estamos en la expectativa de lo que se esté haciendo por medio de la presidenta interina… Lo que yo he visto en los anuncios, yo creo que están bien.” La cautela ciudadana domina el tono: el respaldo se apoya más en la espera que en la convicción, un rasgo recurrente tras años de discursos oficiales sin impacto real.

Incluso la esperanza aparece condicionada, más emocional que políticaAndrea Ramos lo expresa sin referencias concretas a políticas públicas: “Bastante esperanzada en que va a haber un cambio positivo.” Al explicar ese sentimiento, agrega: “No sé si lo que pasó al comienzo de año o la energía que tiene este momento el país es lo que me da… esperanza de que puedan venir cosas positivas al futuro.” La detención de Maduro, ejecutada durante una operación militar estadounidense y seguida por su traslado bajo custodia a Estados Unidos, funciona como un símbolo político, pero no como garantía de transformación estructural. Para muchos venezolanos, el chavismo dejó no solo una crisis social y económica, sino una erosión de la expectativa de futuro.

A un mes de la captura y en ausencia de cambios tangibles, la sociedad venezolana permanece en suspenso. La desconfianza ya no se dirige únicamente a quienes gobernaron, sino a la propia idea de transición política. En Caracas, el clima dominante combina vigilanciaescepticismo y una esperanza contenida, moldeada por años en los que el poder prometió futuro y entregó desgaste.

El camino hacia la democracia recibe un despeje importante, aunque todavía parcial, con el anuncio realizado por la ilegítima presidenta en funciones, Delcy Eloína Rodríguez, de la presentación de una ley de amnistía y el cierre del Helicoide. Al momento de escribir esta nota no se conoce el texto del proyecto de ley que presentará la cúpula roja. Para evaluar sus alcances y características será indispensable estudiar su contenido y su cobertura, a fin de formarnos una idea clara sobre su verdadera orientación.

El cierre de los infundados procesos penales abiertos contra miles de compatriotas, la excarcelación total de los presos políticos y el cierre del centro de torturas más brutal de América Latina constituyen, sin lugar a dudas, un avance significativo en la tarea de despejar el camino por el cual debemos transitar para alcanzar una democracia moderna y estable.

Que esta política se tramite bajo la figura de una ley de amnistía no resulta lo más adecuado desde el punto de vista ético y en estricto derecho, porque en la inmensa mayoría de los casos, los presos y judicializados nunca cometieron delito alguno. Nunca incurrieron en conductas que puedan subsumirse válidamente en tipos penales. Fueron llevados a la cárcel sin fundamento, se les forjaron expedientes burdos y se les imputaron delitos absurdos. Esta aberración solo puede explicarse por la total sumisión del sistema de justicia a un Estado-Partido decidido a perpetuarse en el poder mediante el fraude y la persecución. Si hubiésemos contado con fiscales y jueces independientes y honorables, jamás se habría permitido una arbitrariedad de esta magnitud: el secuestro ilegal de miles de ciudadanos por razones políticas.

No obstante, la iniciativa debe permitir el cierre definitivo de todas esas causas y la libertad real y plena de todos los afectados. Esto incluye a quienes ya han sido excarcelados, quienes deben recuperar además el pleno goce de sus derechos ciudadanos y políticos.  La ley de amnistía supone, técnicamente, la extinción de la acción penal y de las penas impuestas. No se trata del perdón de delitos —por lo demás inexistentes—, sino del olvido jurídico de una judicialización espuria e ilegítima.

Para que nuestra sociedad pueda proclamar el cierre de este lamentable ciclo de terror impulsado desde el Estado, deberán además, derogarse los instrumentos normativos que le dieron sustento y una apariencia de legalidad a esa política. La verdadera paz no será posible solo con la liberación de los presos y el cierre de sus absurdas causas, sino evitando que pueda repetirse, en el corto o mediano plazo, una nueva arremetida de persecución y criminalización contra la disidencia crítica y la oposición política.

Esta etapa de la llamada “revolución bolivariana” pasará a la historia como la creadora de una normativa especial destinada a criminalizar la disidencia. Es lo que en la Alemania nazi se denominó el derecho penal del enemigo: convertir en delito toda conducta que no implique sumisión ciega a un régimen autoritario.

En efecto, el chavismo dictó leyes que crean delitos inexistentes en cualquier sociedad democrática. En otros casos, impuso penas desproporcionadas para hechos de menor entidad. Entre las primeras cabe mencionar la llamada Ley contra el Odio y la ley para penalizar el financiamiento internacional de las ONG; entre las segundas, las reformas al Código Penal que elevaron de forma irracional las penas por delitos como la obstrucción de vías públicas durante protestas ciudadanas.

En consecuencia, resulta indispensable derogar —en la ley de amnistía o mediante leyes separadas— las normas creadas para criminalizar la oposición: la Ley contra el Odio, la Ley contra la Delincuencia Organizada y el Financiamiento al Terrorismo, la ley de control de las organizaciones sociales, la llamada ley antifascista —más fascista que el fascismo mismo— y la Ley Simón Bolívar, entre otras. En esa misma dirección debe derogarse el decreto de estado de excepción dictado subrepticiamente el pasado 3 de enero, mediante el cual se restringieron gravemente los derechos ciudadanos y políticos.

La aspiración de la sociedad democrática es la liberación total de los presos, procesados, investigados, perseguidos y hostigados por razones políticas. El discurso de la señora Rodríguez en la sede del TSJ, más allá de las motivaciones reales que la impulsan, constituye un reconocimiento implícito de una realidad que el chavismo-madurismo negó durante más de dos décadas: la existencia de presos políticos en Venezuela.

Resulta paradójico que sean precisamente los arquitectos del entramado de persecución y control social quienes hoy deban abrir las cárceles y desmontar la estructura represiva. En otros momentos de nuestra historia, esa tarea correspondió a los nuevos actores del poder.

No escapan a este análisis las circunstancias sobrevenidas tras el golpe de Estado a la soberanía popular expresada el 28 de julio de 2024, ni los efectos de la detención, el pasado 3 de enero, del principal responsable de ese grave delito contra la nación.

Asistimos, por tanto, a lo que en escritos anteriores he definido como “la demolición de la tiranía”. A comienzos de enero escribí: “Para lograr la libertad, la paz, la justicia, el bienestar y el desarrollo de nuestra amada Venezuela, es fundamental demoler la tiranía que nos ha subyugado en este siglo”. Esa demolición está en curso, aunque aún falte dinamitar importantes estructuras de poder y control.

Ahora bien, la demolición de la tiranía no implica automáticamente la construcción de la democracia ni la restitución plena del Estado de Derecho. Alcanzados estos objetivos iniciales, debemos avanzar hacia la legitimación de todos los poderes del Estado, hoy constituidos en abierta violación del orden constitucional.

Lo ideal para refundar el Estado sería convocar una Asamblea Constituyente, lo cual exige un amplio consenso entre las fuerzas sociales y políticas del país, con el propósito de reconstruir la democracia sobre bases constitucionales sólidas y extirpar los rasgos autoritarios, centralistas, militaristas y excesivamente estatistas de la actual Carta Magna. Sin embargo, más allá de ese debate, una prioridad inmediata es desplazar de las funciones de gobierno a la nomenclatura chavista enquistada en el poder desde 1999. Los venezolanos ya decidimos ese cambio el 28 de julio de 2024 al elegir a Edmundo González Urrutia como Presidente Constitucional de la República. El fraude cometido por Maduro y su camarilla, sostenido mediante la fuerza, lo impidió.

Ese golpe a la soberanía popular desencadenó una crisis de tal magnitud que derivó en la operación militar de Estados Unidos para arrestar y someter a la justicia de ese país al usurpador. Dicho evento abre el camino a una nueva elección presidencial destinada a cubrir la vacante absoluta generada por la captura de Maduro.

La sociedad democrática aspira a un proceso electoral —constituyente o relegitimador de todos los poderes— que exprese auténticamente la voluntad popular. Para ello se requiere un árbitro electoral honorable e imparcial, una cooperación internacional creíble —que podría brindar la ONU—, la legalización y relegitimación de los partidos políticos, la depuración del Registro Electoral Permanente y la adecuación de los circuitos parlamentarios.

Mientras estas tareas se desarrollan, es indispensable restituir los derechos ciudadanos y políticos confiscados por la dictadura: el libre tránsito, el derecho a salir y entrar al país sin hostigamiento, la libertad de expresión, manifestación, reunión, organización y participación política. El régimen debe desarmar a sus grupos armados y garantizar la vida y la integridad personal de los dirigentes democráticos.

Solo así podrá convocarse nuevamente a la soberanía popular mediante el voto. Esa elección debe celebrarse en el segundo semestre del presente año y, conforme a los artículos 233 y 234 de la Constitución, convocarse a más tardar en la primera semana de julio.

Celebrado el evento electoral, la comunidad internacional debe garantizar el respeto irrestricto a sus resultados, para poder avanzar finalmente en la construcción del nuevo edificio institucional: la nueva democracia venezolana.

César Pérez Vivas
Lunes, 2 de febrero de 2026

Excarcelado el 17 de enero de 2026, tras más de un año de detención. Carlos Azuaje, conocido popularmente como «El Gocho» o «El Gocho Azuaje», identificó a los torturadores del régimen chavista en una entrevista con Miguel Ángel Rodríguez.

MFM

«El Gocho Azuaje», ingeniero venezolano, líder campesino y activista político originario del estado Trujillo, pero radicado en Sabaneta, fue detenido arbitrariamente el 18 de diciembre de 2024 por la Guardia Nacional mientras viajaba hacia el estado Bolívar, acusado de delitos como incitación al odio, conspiración y traición a la patria (cargos considerados fabricados por la oposición y organizaciones de derechos humanos).

Estuvo preso en la cárcel de Yare, catalogado como preso político. Inmediatamente después de su liberación, se le vio apoyando a otros excarcelados y familiares de presos políticos, esperando en lugares como El Helicoide o El Rodeo para recibirlos, mostrando su solidaridad inquebrantable.

Incluso tras su salida de prisión, ha expresado que «lo volvería a hacer 1000 veces», reafirmando su disposición a seguir luchando por la libertad en Venezuela.

Marco Antonio Madrid Martínez, ciudadano peruano de 31 años, regresó a su país el pasado 21 de enero tras permanecer secuestrado y detenido arbitrariamente durante 398 días en Venezuela, principalmente en el penal de máxima seguridad El Rodeo I.

NTN24

En múltiples entrevistas concedidas desde su repatriación, el exdetenido ha relatado un testimonio estremecedor de torturas físicas, maltratos psicológicos y condiciones inhumanas que, según él, convierten las prisiones venezolanas en verdaderos “campos de concentración”.

Madrid fue detenido en diciembre de 2024 por funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), pese a contar con documentación en regla y residir legalmente en Venezuela junto a su esposa, donde gestionaba un centro de llamadas.

Según su relato, fue trasladado inicialmente a calabozos sin luz ni ventilación adecuada, para luego ser recluido en El Rodeo I, donde compartió celda con decenas de presos —incluyendo otros extranjeros de diversas nacionalidades y presos políticos venezolanos—.

Entre las vejaciones descritas destacan:

  • Celdas superpobladas de apenas 3×2 metros, con un solo agujero en el suelo para defecar y orinar en el mismo espacio donde se comía y dormía.
  • Agua oxidada y olores insalubres que impedían respirar con normalidad.
  • Administración forzada de pastillas e inyecciones sin explicación ni control médico, lo que generaba enfermedades estomacales, fiebres y desorientación.
  • Golpes sistemáticos, aislamiento prolongado (hasta 23 horas diarias sin luz natural) y castigos físicos que buscaban “anular al ser humano”.
  • Firma obligada de documentos judiciales mientras los detenidos permanecían encapuchados y esposados.

El peruano rechaza la etiqueta de “preso político” para su caso y el de otros extranjeros (calcula que había cerca de 96 en situación similar, sin contar venezolanos con doble nacionalidad). En cambio, lo califica como un “secuestro de Estado” ejecutado por “la organización criminal que rige Venezuela” con el propósito de extorsionar a gobiernos extranjeros y ganar tiempo frente a presiones internacionales.

“Nos secuestraron para extorsionar a diferentes países. No hubo negociación, hubo extorsión”, afirmó en entrevista con EFE.

En otros medios (NTN24, DiverGentes, RPP) ha insistido en que su liberación —ocurrida el 13 o 14 de enero— no se debió a negociaciones diplomáticas convencionales, sino a la intervención militar de Estados Unidos que culminó con la captura de Nicolás Maduro a inicios de enero de 2026.

Madrid también denunció diferencias de trato: mientras a los extranjeros se les “engordaba” con mejor alimentación para mantenerlos como posibles fichas de canje, los presos venezolanos recibían raciones mínimas, sufrían castigos más severos y carecían de quien los reclamara internacionalmente. Relató haber visto a compañeros que, tras años de tortura, presentaban daños mentales irreversibles.

La Cancillería peruana confirmó la repatriación del ciudadano mediante gestiones multilaterales que contaron con la colaboración de Brasil y Colombia, en un contexto de ruptura de relaciones diplomáticas directas entre Lima y Caracas desde mediados de 2024. Días después de la excarcelación de Madrid, otros dos peruanos (Ricardo Meléndez y Arturo Paredes) también fueron liberados.

Organizaciones como Foro Penal han documentado cientos de casos de detenciones arbitrarias y torturas en Venezuela desde 2014, aunque el testimonio de Madrid cobra especial relevancia por provenir de un extranjero recientemente liberado y por su descripción detallada de las prácticas en El Rodeo I.

Desde Perú, el exdetenido ha hecho un llamado a no olvidar a quienes permanecen en las cárceles venezolanas, incluyendo al gendarme argentino Nahuel Gallo —con quien compartió celda— y a cientos de venezolanos que, según él, viven bajo un régimen de miedo, censura y represión sistemática.

“El pueblo venezolano ya se levantó, pero vive aterrorizado. No saben lo que es la verdadera censura y el encarcelamiento injusto hasta que lo viven”, concluyó Madrid en una de sus entrevistas.

Su caso se suma a la ola de liberaciones iniciada tras la caída del gobierno de Maduro y pone nuevamente en evidencia las graves denuncias de violaciones a los derechos humanos que persisten en el sistema penitenciario venezolano.

Bad Bunny… su nombre real Benito o lo que sea, un príncipe puertorriqueño mimado que nunca sintió el aguijón de las políticas que romantiza desde su trono dorado… sube al escenario de los Grammy en 2026, agarrando su pequeño trofeo por el ruido del reggaetón, y decide que el momento le pertenece para un sermón santurrón sobre la humanidad.

Por: LHGrey

“No somos salvajes, no somos animales, no somos extraterrestres…somos humanos”.

Se escucha una ovación de pie en una sala llena de millonarios con armaduras de diseño, todos aplaudiendo como focas amaestradas porque tocar el tercer riel de inmigración se siente muy valiente cuando estás rodeado de seguridad privada y recintos cerrados.

Escucha atentamente, pequeño pavo real narcisista: nadie llamó a los migrantes “animales”, excepto el hombre de paja que construiste en ese cráneo vacío para alimentar tu complejo de mesías.

La crítica nunca tuvo como objetivo deshumanizar a gente desesperada… tenía como objetivo la soberanía, las leyes, el derecho absoluto y absoluto de una nación a controlar quién entra y quién se queda.

¿Pero tú?

Usted utiliza la indignación selectiva como arma porque alimenta ese ego frágil, esa necesidad profunda de ser visto como el salvador iluminado mientras usted gana mucho dinero, vive en el lujo estadounidense y disfruta de todos los privilegios de la ciudadanía estadounidense con la que nació… privilegios que millones de estadounidenses que luchan por sobrevivir nunca alcanzarán.

Psicológicamente, es una patología exhibicionista de manual: anhelas el aplauso de la cámara de resonancia de la élite, así que realizas un teatro de compasión, repitiendo como un loro frases que no te cuestan nada mientras las comunidades reales soportan el peso del caos que tú animas.

Escuelas superpobladas, hospitales sobrecargados, delincuencia en aumento, ríos de fentanilo… nada de eso se ve desde la altitud de una mansión en Miami o de un jet privado.

Usted simplemente ve otra oportunidad para adoptar una postura, para demostrar su moralidad superior a una industria que recompensa el desprecio hacia la clase trabajadora.

No eres valiente. No eres profundo.

Eres un artista malcriado, adicto a la atención y que confunde un premio musical con un púlpito político porque el silencio significaría desvanecerse en la irrelevancia.

Esa ovación de pie no fue por su “coraje”… fue por su obediencia a la narrativa del régimen, la que exige fronteras abiertas para los votos y la mano de obra barata mientras nos sermonea al resto de nosotros sobre la compasión.

¿Quieres abolir el ICE? Bien.

Comience por ceder sus propios datos de seguridad.

Abre tus puertas.

Deja que el mundo entre por tus puertas sin control.

Pon tu dinero y tu seguridad donde pones tus palabras.

Hasta entonces, ahórrenos las lágrimas de cocodrilo y la poesía pseudohumanista.

No estás hablando en nombre de las “masas apiñadas”.

Los estás explotando como accesorios en tu interminable búsqueda de validación.

Cállate la boca, siéntate y quédate con el autotune… porque cada vez que abres la boca sobre política, te expones como otro hipócrita de la élite que vendería el país por una ovación más.

Estados Unidos no necesita tu cosplay de virtud.

Necesita sus fronteras.

Y seguro que no te necesita.

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