Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

La escritora colombiana Celmira Zuluaga presentó este domingo en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FilBo) el libro San José Gregorio Hernández Cisneros. Verdades ocultas, con el que, según afirmó, pretende limpiar el nombre del santo venezolano, utilizado por brujos, santeros y embaucadores para estafar a la gente.

EFE

«Mi idea siempre ha sido la de limpiar la imagen del doctor José Gregorio Hernández, porque hay muchos brujos y santeros que utilizan el nombre y la imagen de él para estafar y para jugar con la fe de la gente», dijo a EFE Zuluaga, también autora de los libros La médium del venerable y Un médico del más allá.

La imagen de José Gregorio Hernández, muy popular en Venezuela, Colombia y otros países latinoamericanos, y cuya canonización aprobó el papa Francisco el pasado 25 de febrero, es utilizada por santeros y supuestos curanderos para ofrecer soluciones a diversos problemas mediante anuncios callejeros.

Este libro, publicado por la editorial Oveja Negra, es la culminación de más de 40 años de investigaciones sobre Hernández, quien nació en Isnotú, un pequeño pueblo del estado venezolano de Trujillo, y murió en Caracas en 1919.

Zuluaga considera que su trabajo de investigación puede ayudar a que otros procesos de canonización avancen en el Vaticano.

«Considero que mi trabajo de investigación, de escritura y de cine —porque todo lo he enviado a la curia— puede servir para que otros beatos puedan ser canonizados y, además, para que la gente entienda cómo es el proceso», asegura.

Tres papas, un milagro y un santo

La escritora explica que a Hernández el papa Pablo VI lo nombró siervo de Dios; después, Juan Pablo II lo nombró venerable, y el papa Francisco lo hizo beato y luego santo.

«El doctor José Gregorio, así se haya muerto el papa Francisco, ya es santo. Ya el decreto está firmado, el estudio está aprobado, falta la misa de celebración de esa canonización», asegura.

Para que la Iglesia católica beatifique y después canonice, se requieren dos milagros, uno para cada paso.

La beatificación de José Gregorio Hernández se produjo después de que Francisco reconociera el milagro concedido a la niña Yaxury Solórzano Ortega, quien en 2017 recibió un disparo en la cabeza durante un asalto mientras se encontraba con su padre y a quien los médicos que la atendieron habían desahuciado.

Después de que los médicos que la atendieron dijeron a sus padres que la niña iba a fallecer, su madre rezó a José Gregorio para su curación, razón por la que, según la versión de sus familiares, avalada por el Vaticano, se salvó.

Cuando era niña, el logotipo de un hombre con sombrero y machete de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) me parecía un ojo gigantesco que nos vigilaba en cada barrio cubano. Mi percepción infantil no estaba del todo errada, la organización de masas, fundada hace casi 65 años, fue concebida como una fuerza parapolicial de control social. La sola mención de sus siglas «CDR” hacía que en las casas de la Isla se bajara el tono de la voz para evitar delaciones. Pero la sombra atemorizante de esta entidad se extiende más allá de nuestras fronteras.

Por: Yoani Sánchez – DW

Esta semana ha terminado el escrutinio de votos en Ecuador. El actual presidente, Daniel Noboa, ha sido reelegido con más de once puntos a favor frente a la correísta Luisa González. Entre las causas de la derrota de la candidata de Revolución Ciudadana (RC) muchos señalan al propio líder de esta fuerza política, Rafael Correa,refugiado en Bélgica. Con esta derrota, suman tres los intentos fallidos del exmandatario al tratar que su partido vuelva al poder. Pero no solo el rechazo de parte de la sociedad ecuatoriana al ahora presentador de RT cavó la tumba electoral de su formación, otros factores llegaron desde fuera.

González no pudo despejar las dudas sobre su estrategia para combatir uno de los mayores problemas que enfrenta ahora mismo Ecuador, la inseguridad galopante, vinculada en buena medida al narcotráfico. La candidata enarboló la propuesta de crear grupos de «gestores de paz” en los barrios, que tendrían una presencia activa y trabajarían en colaboración con las fuerzas del orden, pero sin estar uniformados. La descripción de estos cuerpos de vigilancia despertó de inmediato las suspicacias e hizo que la sombra de los CDR cubanos planease sobre los comicios.

La desconfianza alrededor del proyecto de González se alimentó también de su proximidad y simpatía ideológica hacia los regímenes autoritarios de Cuba, Venezuela y Nicaragua. En los días previos a las votaciones, las alusiones a los Comités de Defensa de la Revolución de la Isla se multiplicaron en los debates, las columnas de opinión y los artículos que se publicaron sobre la segunda vuelta electoral en Ecuador. Una joven amiga, residente en Quito, me llamó por teléfono unas horas antes de que se abrieran los colegios y, aunque confirmó no sentirse entusiasmada con Noboa, me aseguró que su boleta no podía avalar nada que se pareciera, aunque remotamente, al sistema impuesto por Fidel Castro.

Tras escuchar las palabras de mi amiga no pude dejar de reflexionar sobre los cambios significativos que han ocurrido en los referentes latinoamericanos. En la segunda mitad del siglo pasado, los admiradores del proceso cubano que querían copiar sus pasos para implementarlos en sus respectivos países eran, tristemente, mayoría en nuestra región. La Habana parecía marcar el paso en un camino que millones de habitantes de este continente ansiaban seguir al dedillo. Eran tiempos en que los críticos del castrismo, al estilo del recién fallecido Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, eran el blanco de actos de repudio, linchamientos mediáticos y cancelaciones de sus conferencias ante el atronador griterío de los fanáticos del modelo cubano.

Sin embargo, el tiempo pasó y las evidencias ya no se pueden ocultar ni siquiera detrás de la aún efectiva maquinaria propagandística oficial cubana. La convicción de que en la Isla se ha entronizado un sistema dictatorial es cada vez más compartida. Ahora, parece ocurrir justo lo contrario. Basta que un aspirante a presidente muestre alguna sintonía con La Habana para que la intención de voto alrededor suyo se resienta.

Si hay países en América Latina que exportan materias primas, petróleo o minerales, Cuba se ha convertido en el principal proveedor de un antimodelo, de un mapa que muestra con claridad esa geografía política hacia la que no se debe ir.

En la memoria colectiva de Venezuela, las décadas de 1950 y 1970 brillan como faros de una prosperidad que parece hoy un eco lejano. Fueron tiempos en los que el petróleo, el «oro negro», convirtió al país en un símbolo de riqueza en América Latina, atrayendo miradas de envidia y oleadas de inmigrantes en busca de un futuro mejor. Pero, ¿qué hizo de estas décadas los momentos cumbre de la economía venezolana? ¿Por qué no se sostuvo ese esplendor? Este reportaje recorre los años de opulencia de los 50 y los 70, cuando Venezuela soñó con ser una potencia mundial, y reflexiona sobre las lecciones de un pasado que aún resuena.

MFM

Los años 50: El boom petrolero bajo la sombra de la dictadura

En los años 1950, Venezuela era un país en transformación. Bajo el régimen militar de Marcos Pérez Jiménez, el petróleo fluía como nunca. La demanda global, impulsada por la reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial, convirtió a Venezuela en el segundo mayor productor de crudo del mundo, con 1,8 millones de barriles diarios. Los ingresos petroleros, que representaban el 90% de las exportaciones, llenaban las arcas del Estado, financiando un ambicioso programa de modernización.

Caracas se vistió de gala: autopistas, puentes y edificios emblemáticos como el Centro Simón Bolívar surgieron como símbolos de un país que miraba al futuro. El PIB per cápita, de unos 7.424 dólares (en dólares de 1990), colocaba a Venezuela como la cuarta economía más rica por habitante del mundo, superando a naciones como Reino Unido o Alemania. La moneda, el bolívar, era un pilar de estabilidad, con un tipo de cambio fijo de 3,35 por dólar. Miles de inmigrantes europeos —españoles, italianos, portugueses— llegaban atraídos por la promesa de trabajo y prosperidad.

Pero no todo era un paraíso. La riqueza se concentraba en las élites urbanas, mientras las zonas rurales y las clases bajas apenas veían los beneficios. La alfabetización alcanzó un impresionante 95%, pero la desigualdad social era palpable. Además, el régimen autoritario de Pérez Jiménez, aunque eficiente en infraestructura, sofocaba las libertades políticas. En 1958, la caída del dictador marcó el fin de esta era, dejando un legado de modernidad a medias y una economía atada al petróleo.

Los años 70: La «Venezuela Saudita» y el sueño de grandeza

Si los años 50 fueron un despertar, los 70 fueron el cénit. La crisis del petróleo de 1973, tras el embargo de la OPEP, disparó los precios del crudo, y Venezuela, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez, se bañó en una lluvia de dólares. Los ingresos por exportaciones pasaron de 2.700 millones de dólares en 1972 a 10.000 millones en 1974. El PIB per cápita alcanzó los 10.000 dólares (en dólares de 1990), consolidando al país como el más rico de América Latina.

La nacionalización del petróleo en 1976, con la creación de PDVSA, dio al Estado control total sobre su recurso estrella. Los ingresos financiaron proyectos industriales, como la siderúrgica Sidor, y programas sociales que llevaron educación y salud a sectores antes marginados. Las becas Gran Mariscal de Ayacucho enviaron a miles de jóvenes a estudiar en el extranjero, mientras Caracas se convertía en una metrópoli vibrante, con un consumo de bienes importados que rivalizaba con ciudades europeas. La pobreza comenzó a disminuir, y el nivel de vida de la clase media alcanzó cotas nunca vistas.

Sin embargo, bajo la superficie, las grietas eran evidentes. La economía seguía dependiendo del petróleo en un 95%, y la sobrevaluación del bolívar ahogó cualquier intento de diversificación. El gasto público desmedido, acompañado de corrupción, disparó la deuda externa. Hacia 1978, la inflación comenzó a erosionar la estabilidad, y el sueño de la «Venezuela saudita» empezó a desvanecerse, dejando al país vulnerable a la crisis de los 80.

Un esplendor frágil: Comparando las dos épocas

Ambas décadas comparten un hilo conductor: el petróleo como bendición y maldición. En los 50, Venezuela era un país en ascenso, con un PIB per cápita que asombraba al mundo, pero su riqueza era desigual y su política opresiva. En los 70, la bonanza fue más inclusiva, con una democracia que permitió mayor participación y beneficios sociales, pero la mala gestión y la corrupción sembraron la semilla del declive.

Los números cuentan la historia: en los 50, el PIB per cápita era de 7.424 dólares, con una inflación baja del 5%; en los 70, alcanzó los 10.000 dólares, pero la inflación llegó al 8% y creció hacia el final. La producción petrolera fue mayor en los 70 (2,3 millones de barriles diarios frente a 1,8 millones en los 50), al igual que los ingresos. Sin embargo, los 70 tuvieron un impacto social más amplio, con programas que redujeron la pobreza y mejoraron el acceso a servicios.

Si tuviéramos que elegir, los años 1973-1978 destacan como el verdadero apogeo. Fue un momento en que Venezuela no solo era rica, sino que soñaba en grande, con una democracia joven y una clase media en expansión. Los 50, aunque impresionantes, estuvieron marcados por la exclusión y el autoritarismo, lo que limitó su alcance.

El abismo del madurismo: De la riqueza al colapso

El contraste entre los años dorados y la Venezuela actual es desgarrador. Bajo el régimen de Nicolás Maduro, en el poder desde 2013, el país ha sufrido una de las peores crisis económicas de la historia moderna. Entre 2014 y 2020, el PIB se contrajo un 75%, un colapso comparable al de países en guerra. La producción petrolera, pilar de la economía, cayó a menos de 400.000 barriles diarios en 2020, desde los 2,3 millones de los 70. La hiperinflación alcanzó un récord de 1.698.488% en 2018, pulverizando los ahorros de los venezolanos y reduciendo el salario mínimo a menos de 2 dólares al mes.

Las políticas de expropiaciones, controles de precios y corrupción sistémica desmantelaron la industria y llevaron a PDVSA, antaño un gigante, al borde de la quiebra. Más de 7 millones de venezolanos han emigrado, huyendo de la pobreza, el hambre y la represión. En 2023, el 85% de la población vivía en pobreza, un retroceso de décadas en indicadores sociales. La Venezuela que en los 70 rivalizaba con Europa es hoy un país donde la escasez de alimentos y medicinas es una realidad diaria.

A pesar del desastre, hay destellos de esperanza. Desde 2021, una incipiente recuperación ha emergido, impulsada por la flexibilización de controles económicos, la dolarización de facto y un aumento de la producción petrolera, que alcanzó 819.000 barriles diarios en 2023. El crecimiento del PIB, estimado en 8,3% en 2022, y la caída de la inflación a 234% ese mismo año sugieren un punto de inflexión. Sin embargo, esta recuperación es frágil y no alcanza para revertir el daño de una década perdida.

El verdadero cambio, coinciden analistas y ciudadanos, requiere dejar atrás el madurismo. Un futuro sin Nicolás Maduro abre la puerta a la reconstrucción de instituciones, la atracción de inversión extranjera y la diversificación económica, aprendiendo de los errores de los 50 y los 70. Venezuela tiene el potencial para renacer: sus vastas reservas de petróleo, su talento humano y su posición geoestratégica son activos que, con un liderazgo comprometido y una visión de largo plazo, podrían devolverle su lugar en el concierto global. La diáspora, con millones de profesionales capacitados, espera el momento de regresar y contribuir a un país que, algún día, podría volver a brillar.

El camino no será fácil, pero la historia de Venezuela demuestra que la resiliencia de su pueblo es tan grande como sus recursos. Los años dorados de los 50 y los 70 son un recordatorio de lo que fue posible y un desafío para construir un futuro donde la prosperidad no sea un espejismo, sino una realidad para todos.

El cierre del partidazo que jugaron Barcelona y Real Madrid tuvo de todo, especialmente fuera de la cancha. Cuando restaban menos de 3 minutos para que se termine la final de la Copa del Rey 2025, los jugadores Antonio Rüdiger y Vinícius Jr. protagonizaron un bochornoso incidente al lanzarle objetos al árbitro Ricardo de Burgos Bengoetxea.

La República

No contento con ello, el alemán incluso intentó entrar a la cancha con una bolsa de hielo tras recibir una tarjeta roja, pero fue detenido por sus compañeros.

El hecho en cuestión se produjo luego de que el réferi pitara falta de Kylian Mbappé sobre Eric García cuando el Madrid se iba con todo por el empate. La decisión provocó airados reclamos desde el banquillo madridista, donde ya se encontraban Rüdiger y ‘Vini’ tras haber sido sustituidos.

Todo comenzó al minuto 123, a poco de que la final terminara, lo que generó la fuerte protesta de ambos futbolistas. A diferencia de Vinícius, Rudiger tuvo que ser agarrado por algunos compañeros y miembros del comando técnico para que no se le fuera encima al árbitro. Pese a ello, el alemán intentaba seguir buscando al réferi para recriminarle por su decisión de frenar el ataque. No obstante, no llegó a mayores.

Rüdiger y Vinícius podrían recibir duras sanciones

De acuerdo con la prensa española, el defensor podría recibir entre 4 a 12 partidos de suspensión, de acuerdo con el artículo 101 del Código Disciplinario de la Federación Española, dependiendo de si su conducta es considerada «actitud violenta» o «intento de agresión». Quienes también están expuestos a castigos disciplinarios, aunque en mucha menor medida, son Jude Bellingham y Lucas Vázquez, expulsados ya después del final del cotejo por reclamar.

El 28 de abril de 1967, Muhammad Ali, el carismático campeón mundial de boxeo, tomó una decisión que cambiaría su vida y dejaría una huella imborrable en la historia: se negó a ser reclutado para la guerra de Vietnam, desafiando al gobierno de Estados Unidos y sacrificando su carrera en el proceso. Su acto de resistencia lo convirtió en un ícono global de la lucha por los principios.

MFM

Un campeón contra el sistema

En 1967, la guerra de Vietnam dividía a Estados Unidos. Con miles de jóvenes enviados a un conflicto cada vez más impopular, el movimiento por los derechos civiles y la contracultura ganaban fuerza. Muhammad Ali, nacido Cassius Clay, era más que un boxeador: era una figura pública que, tras convertirse al islam, desafiaba las normas raciales y culturales de la época. Cuando recibió su orden de reclutamiento, Ali se negó a servir, argumentando que su fe musulmana y su oposición moral a la guerra lo impedían. “No tengo nada personal contra los vietcong”, dijo, señalando la injusticia de una guerra que afectaba desproporcionadamente a las comunidades afroamericanas.

El 28 de abril, en el centro de reclutamiento de Houston, Ali se mantuvo firme: no dio el paso al frente cuando llamaron su nombre. Fue arrestado de inmediato, despojado de su título mundial y deshabilitado para boxear profesionalmente. Además, enfrentó una condena por evasión del servicio militar, que lo puso al borde de la prisión.

Un legado de valentía

La decisión de Ali tuvo un costo enorme: perdió tres años de su carrera en su prime y enfrentó el desprecio de gran parte de la sociedad estadounidense, que lo tildó de traidor. Sin embargo, su postura inspiró a millones, especialmente a los afroamericanos, y amplificó la oposición a la guerra. En 1971, la Corte Suprema revocó su condena, validando su objeción de conciencia. Para entonces, Ali ya era un símbolo de resistencia, demostrando que el verdadero heroísmo no siempre se mide en victorias deportivas, sino en la defensa de los principios.

¿Por qué importa hoy?

El 28 de abril de 1967 nos recuerda el poder de la desobediencia civil frente a la injusticia. En una era de polarización y conflictos globales, la historia de Ali resuena como un llamado a cuestionar la autoridad y defender las convicciones, incluso a un costo personal. Su legado trasciende el deporte, recordándonos que los verdaderos campeones luchan por algo más grande que ellos mismos.

El 28 de abril de 1832, España dio un paso que, aunque presentado como un avance técnico, reflejaba la crudeza de su sistema penal: el garrote vil reemplazó a la horca como método oficial de ejecución. En una época dominada por el absolutismo de Fernando VII, esta decisión no buscaba humanizar la justicia, sino hacerla más eficiente en un contexto de represión y control.

MFM

Un cambio en la maquinaria de la muerte

El garrote vil, un dispositivo que estrangulaba o rompía el cuello del condenado mediante un tornillo o palanca, ya era conocido en España, pero su adopción oficial marcó un hito. La horca, usada durante siglos, era notoriamente lenta y propensa a fallos, prolongando el sufrimiento del reo y generando malestar entre los espectadores de las ejecuciones públicas, un espectáculo habitual en plazas y mercados. El garrote, en cambio, prometía rapidez y precisión, lo que las autoridades presentaron como un gesto de «modernidad».

Sin embargo, el cambio no fue un acto de compasión. Bajo Fernando VII, cuya restauración absolutista en 1814 sofocó las aspiraciones liberales, la pena de muerte era una herramienta clave para silenciar a opositores políticos, bandidos y cualquiera que desafiara el orden establecido. El garrote vil, lejos de suavizar la brutalidad del sistema, la perfeccionó, convirtiéndose en un símbolo de la represión que caracterizó el régimen.

Un legado sombrío

El garrote vil permaneció en uso en España hasta bien entrado el siglo XX, siendo empleado durante la Guerra Civil y el franquismo, con casos tan tardíos como las ejecuciones de 1974. Su longevidad refleja la persistencia de la pena capital en un país que tardó en abrazar los principios de los derechos humanos. Más allá de su función práctica, el garrote vil encapsula una paradoja: un supuesto avance técnico que no cuestionó la moralidad de la ejecución, sino que la reforzó.

¿Por qué importa hoy?

El 28 de abril de 1832 nos recuerda cómo los cambios tecnológicos pueden servir a fines opresivos si no van acompañados de transformaciones éticas. En un mundo donde la pena de muerte sigue siendo debatida, la historia del garrote vil invita a reflexionar sobre la relación entre justicia, poder y humanidad. ¿Fue este cambio un paso hacia adelante o simplemente una forma más eficiente de perpetuar la violencia estatal?

El cónclave para elegir al sucesor del papa Francisco comenzará el 7 de mayo, decidieron el lunes los cardenales de la Iglesia católica en medio de la expectativa que despierta la elección del nuevo líder espiritual de 1.400 millones de fieles.

AFP

El portavoz del Vaticano informó la fecha, al tiempo que el Museo Vaticano anunció el cierre de la Capilla Sixtina, la majestuosa estancia adornada con los célebres frescos de Miguel Ángel, situada en el Palacio Apostólico.

Los cardenales participarán el próximo miércoles en una misa solemne en la Basílica de San Pedro del Vaticano, tras la cual los que tengan derecho a voto -menores de 80 años- pasan a encerrarse para votar en un proceso secreto que puede durar varios días.

El primer pontífice latinoamericano fue enterrado el sábado tras un solemne adiós en presencia de líderes internacionales y de 400.000 personas.

Los cardenales fueron convocados a Roma para elegir al nuevo papa. Del total de 135 con derecho a voto –porque tienen menos de 80 años–, 80% fue designado por Francisco.

Pero vienen de todas partes del mundo y muchos no se conocen.

“Personalidad abierta”

Patricia Spotti espera que el nuevo pontífice “sea como el papa que falleció”. “Debe tener una personalidad abierta para todos”, dijo a la AFP esta mujer de 68 años que viajó de Milán a Roma por el Año Santo que se celebra este 2025.

Muchos fieles temen que el nuevo papa suponga un paso atrás con respecto al legado del jesuita argentino, marcado por la lucha contra los abusos sexuales a menores en la Iglesia, por un mayor lugar para mujeres y laicos y por la defensa de pobres y migrantes.

“Nuestro deseo es encontrar a alguien que se parezca a Francisco, que no sea el mismo pero en continuidad”, indicó a la prensa el purpurado argentino Ángel Sixto Rossi, de 66 años.

“Es difícil decir cómo imaginamos el perfil del nuevo papa”, señaló el cardenal italiano Giuseppe Versaldi, de 83 años, sin derecho a voto. Tiene que haber “continuidad pero también avanzar al frente, no solo repetir el pasado”.

El cardenal español José Cobo dijo a El País que no será “nada predecible”.

¿Como en la película?

El cónclave ha despertado fascinación desde hace siglos.

La reciente película homónima de Edwar Berger, que se alzó en marzo con el Óscar a mejor guión adaptado, lo popularizó aún más.

“Más de la mitad de nosotros viviremos nuestro primer cónclave. Es una oportunidad de mostrar al mundo que películas como ‘Cónclave’ y otras parecidas no son la realidad”, dijo el cardenal español Cristóbal López Romero al medio oficial Vatican News.

La película se desarrolla durante el proceso de elección de un nuevo papa, en reuniones a puerta cerrada. El relato ficticio juega con las tensiones entre facciones del Vaticano.

Pero las divisiones en el seno de la Iglesia no son una ficción. Las reformas impulsadas por Francisco y su estilo sencillo despertaron críticas entre los sectores más conservadores, que apuestan por un cambio más enfocado en la doctrina.

“Hoy necesitamos unirnos, no dividirnos”, advirtió el domingo el cardenal de Malí Jean Zerbo, de 81 años, tras un rezo de los purpurados ante la tumba de Francisco.

Las apuestas

El cardenal alemán Reinhard Marx espera un cónclave de apenas “unos días”.

Pero Roberto Regoli, profesor de la Universidad Pontificia Gregoriana, cree que no será rápido. “Estamos en un período en el que el catolicismo está experimentando varias polarizaciones” y los cardenales deberán “encontrar a alguien que sepa forjar una mayor unidad”, dijo.

Con los conflictos y las crisis diplomáticas extendiéndose por el mundo, el italiano Pietro Parolin aparece como uno de los “papables” favoritos. Este cardenal ejerció como Secretario de Estado con Francisco tras ser nuncio en Venezuela.

La casa de apuestas británicas William Hill lo pone por delante del filipino Luis Antonio Tagle, seguido del cardenal ghanés Peter Turkson y del también italiano Matteo Zuppi.

El apagón masivo que afecta este lunes a más de media España también está teniendo efectos en otros países europeos como Francia y Portugal, fronterizos con el territorio español, pero también en Reino Unido e Italia, debido a las interconexiones en la red, según han explicado algunos usuarios.

20 Minutos / Euronews

En todas esas zonas se han reportado también fallos en la electricidad y en las redes públicas, aunque en menor medida que en el caso español.

De momento, miles de usuarios reportan falta de electricidad. Los usuarios están reportando en redes sociales que el apagón afecta a diferentes ciudades españolas, entre ellas Madrid, Barcelona y Valencia. Desde Red Eléctrica acaban de informar de que se encuentran «activados planes de reposición del suministro eléctrico en colaboración con las empresas del sector tras el cero ocurrido en el sistema peninsular».

Las mismas fuentes agregan que «están analizando las causas y se están dedicando todos los recursos para solventarlo». Mientras, se han reportado fallos en Países Bajos y en Finlandia, aunque también más puntuales, al igual que en Grecia, Irlanda o Alemania, tal como han explicado algunos ciudadanos. Lugares como el aeropuerto de Lisboa se han visto afectados por la situación.

Causa del apagón: El CNI apunta a un ciberataque

El Centro Criptológico Nacional (CCN), que depende del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), ha detectado motivos para que el apagón eléctrico producido en España podría ser consecuencia de un ciberataque.

Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, ha confirmado la posibilidad de un ciberataque, según le informa el Centro Criptológico de Andalucía, como causa de la interrupción del sistema eléctrico peninsular y ha pedido prudencia a la ciudadanía.

Los equipos de emergencia iraníes continúan tratando de apagar el incendio provocado por una explosión que causó 40 muertos hace casi 48 horas en un puerto del sur de Irán y que hasta ahora ha sido extinguido en un 70 %.

EFE

“El incendio ha sido extinguido entre 70 o 80% y continúan las labores para sofocar las llamas”, dijo a la televisión estatal Mehrdad Hasanzadeh, director general de la Gestión de Crisis de Hormozgan, donde ocurrió el siniestro.

La fuente indicó que están utilizando “todas las capacidades y esperamos apagar el fuego por completo en las próximas horas”.

El pasado sábado a medio día, hora local, se produjo una potente explosión en el puerto de Shahid Rajai, en la ciudad Bandar Abás, después de que se incendiaran varios contenedores con supuesto material químico en uno de los muelles.

La explosión mató a 40 personas e hirió a unas 1.200.

Las agencias de noticias Tasnim y Mehr informaron ayer por la tarde que el viento dificultaba las labores de los bomberos y que se habían producido nuevas y pequeñas explosiones en algunos contenedores en el puerto.

Rusia, aliado de Irán, envió ayer tres aviones para “para ayudar a sofocar el incendio” y dos de ellos llegaron esta madrugada, según informó la embajada rusa en Teherán.

El líder supremo de Irán, Ali Jameneí, pidió anoche investigar “exhaustivamente” las causas de la explosión en un puerto del sur del país que causó 40 muertos e “identificar cualquier negligencia o intencionalidad” en el siniestro.

El Ministerio de Defensa de Irán negó ayer la existencia de cualquier cargamento para el uso militar en el puerto, después de que se produjesen especulaciones sobre ello.

Gobierno de Irán declara luto por explosión en el puerto

El gobierno declaró este lunes día de luto nacional por el siniestro, informó la portavoz del Gobierno iraní, Fatemeh Mohajerani, quien trasladó el pésame a las familias de las víctimas.

El puerto de Shahid Rajai, situado en el estratégico estrecho de Ormuz, es de vital importancia para Irán ya que maneja más del 55 % de las exportaciones e importaciones del país, el 70 % de su tránsito portuario y más del 80 % del tráfico de contenedores.

Los efectos de los aranceles estadounidenses empiezan a pasar factura a las industrias de China, con reducciones en la producción, despidos e incluso el abandono a medio camino de contenedores que ya navegaban hacia el país norteamericano.

EFE

La guerra comercial iniciada por la Administración de Donald Trump ha resultado en tasas del 145 % e incluso superiores sobre los productos chinos que llegan a Estados Unidos, lo que ha obligado a los fabricantes y exportadores a reajustar o incluso frenar su actividad ante la caída o directamente cancelación de los pedidos desde ese país.

El caso más extremo es el del abandono de cargas que ya habían sido fletadas con destino a EE. UU. y que las compañías están regalando a las navieras o empresas de transporte para no hacer frente a los impuestos que tendrían que pagar para introducirlas en territorio estadounidense.

Contenedores a la baja

“Nos estamos preparando para lo peor”, afirmó en declaraciones al diario hongkonés South China Morning Post un empleado de una compañía de transporte naviero que pidió el anonimato.

Según la misma fuente, los envíos diarios de contenedores desde China hacia EE. UU. que gestionaba la empresa han caído desde 40 o 50 a entre tres y seis, por lo que han decidido dejar de fletar hasta que la situación se estabilice o haya mercados alternativos asegurados.

La diversificación de los mercados es precisamente uno de los posibles salvavidas de los productores chinos, pero no a corto plazo, y no ha evitado que por el momento hayan tenido que echar el freno.

“Solía trabajar hasta medianoche y ahora acabo sobre las seis de la tarde”, declaró a medios locales Wu, trabajador de una fábrica de pantalones vaqueros en la ciudad industrial de Cantón (sur) y quien ahora teme perder su empleo.

Y es que aunque la empresa en la que trabaja Wu de momento solo ha congelado las contrataciones y reducido los turnos de trabajo, otras han enviado a los empleados a casa hasta nueva orden, aunque por el momento no existen cifras oficiales de despidos motivados por el impacto de los aranceles estadounidenses.

“He perdido mi trabajo”

Como Wu, millones de trabajadores chinos trabajan en la producción de exportaciones y cobran por hora, por lo que los recortes de jornada impactan de lleno en su salario.

A falta de estadísticas, testimonios recopilados por EFE en las redes sociales chinas permiten hacerse una idea. “He perdido mi trabajo”, escribe un internauta, al que otros dos usuarios responden: “yo en breve”, “y yo”.

Los relatos sobre despidos o cancelaciones de ofertas de trabajo en empresas exportadoras se suceden en populares plataformas como Weibo -equivalente a X, censurado en China-, donde los trabajadores también lamentan la cancelación de pedidos y la parálisis de inventarios que antes se movían a la velocidad del rayo.

Aversión al mercado interno

Para tratar de paliar los daños y estabilizar la situación, las autoridades chinas están animando con intensidad a los exportadores a buscar nuevos clientes dentro de China, una campaña que hasta ahora las empresas han recibido con reticencia, a lo que se suma que el consumo interno ha ido a la baja en el país tras la pandemia, que afectó con fuerza al bolsillo y la confianza de los compradores.

Menores márgenes de beneficio, porcentajes altos de devolución de los productos y una guerra encarnizada de precios bajos disuaden de momento a muchas compañías, que prefieren capear la tormenta a la espera de que se concreten negociaciones entre Pekín y Washington que pongan fin a la locura arancelaria o al menos la reduzcan.

Aunque tibios, comienza a haber indicios de una desescalada en la guerra comercial, con posibles exenciones y suspensiones de aranceles chinos a productos estadounidenses, según medios locales e internacionales, y alusiones a supuestas conversaciones con China por parte del presidente estadounidense, Donald Trump, pero desmentidas por Pekín.

En tanto, la cúpula del Partido Comunista Chino (PCCh, gobernante) avanzó este viernes medidas para estabilizar la economía y respaldar a las empresas y trabajadores afectados por la disputa comercial, eufemísticamente definida por los dirigentes como “aumento del impacto de choques externos”.

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