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“Antes de Julio, o Nunca”: Vladimir Petit traza el mapa de la transición venezolana

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𝐍𝐨𝐭𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐞𝐜𝐭𝐮𝐫𝐚: Este artículo recoge una conversación de más de dos horas en Venezuela Late, con Vladimir Petit como invitado central y la participación de Lorent Saleh, Jesús Medina Ezaine, la doctora Corina Yoris, Orlando Avendaño, Nitú Pérez y decenas de venezolanos que fueron sumando preguntas, testimonios y claves. Es largo porque la conversación lo merecía: no fue una entrevista de frases sueltas, sino una radiografía de poder, de riesgos y de posibilidades. Aquí se cruzan Panamá, María Corina Machado, Trump, Zapatero, Delcy Rodríguez, la Fuerza Armada, los oficiales presos y una fecha que aparece como bisagra: julio de 2026. Léalo con calma.

Por: Elizabeth Sánchez Vegas – Venezuela Late

La fecha está marcada en el calendario. Julio de 2026. No es una predicción, es una necesidad matemática, estratégica y política. Vladimir Petit Medina lo explicó con la precisión de quien ha dedicado 34 años a enseñar liderazgo en tiempos de crisis: “El presidente Trump no puede llegar a noviembre en las condiciones en que está”. Y cuando un doctor en Ciencias Sociales, discípulo de Ronald Heifetz en Harvard, habla de inminencia, no está improvisando: está leyendo tiempos, presiones y consecuencias.

El domingo 24 de mayo, en Venezuela Late, Petit regresó a lo que las anfitrionas, Devorah, Carlota y Elizabeth, llaman “su casa”. Pero esta vez no llegaba solo como académico. Llegaba como testigo directo de algo que había visto apenas 24 horas antes en Panamá: el encuentro de María Corina Machado con la diáspora en la Avenida Cuba. Y llegaba también con un mensaje urgente sobre ventanas de oportunidad que se cierran rápido.

Panamá: magia en la calle, sombras en la imagen

“Fue hermosísimo”, comenzó, describiendo el acto panameño con una palabra que rara vez se asocia con eventos políticos: magia. La conexión de María Corina con la gente, explicó, alcanzó ese nivel donde lo tangible se vuelve atmósfera. “Es como una bruma que envuelve todo”, dijo, mientras detallaba lo que considera el mejor formato de la líder venezolana: el cara a cara. “Ella transmite mucho más con un abrazo que con cualquier discurso”.

Hubo lágrimas, muchas, de emoción, de sufrimiento, de esperanza de regresar. Los aplausos más fuertes, notó Petit, no fueron para las promesas de cambio, sino para las de reunificación: “Vamos a poder regresar”, “Los espero en Venezuela”. El pueblo en el exilio, explicó, ya no solo quiere libertad. Quiere su casa de vuelta.

Pero la magia tuvo su contraparte. La presencia de figuras políticas del pasado que muchos consideraban superadas generó controversia inmediata. Petit fue directo en su evaluación: “En la calle es un 10 sobre 10, inevitablemente. En imagen, lamentablemente, no puedo decir lo mismo”. Citando a Gary O’Ren, su profesor en la Escuela Kennedy, lanzó una advertencia envuelta en metáfora: “Si en la lucha volteas y estás rodeado de antiguos enemigos, algo está mal. Si reflexionando, te das cuenta que perdonaste el insulto, la deshonestidad y la traición mientras castigaste la disidencia más leal, algo está fundamentalmente mal”.

La sala guardó silencio. Luego, con la claridad que lo caracteriza, Petit trazó la línea entre crítica y lealtad: “Decir estas cosas no es traicionar una idea, ni mucho menos un liderazgo. Decirlo con este ánimo es reiterar un profundo amor por la causa, pero también el cuidado por la trayectoria que seguimos”.

Julio: cuatro razones por las que Trump debe actuar ya

Aquí es donde la conversación se transformó en clase magistral de geopolítica. Carlota planteó la pregunta que todos se hacen: ¿Estamos realmente en un punto acelerado de transición o es marketing de adaptación? La respuesta de Petit fue contundente: “Yo estoy absolutamente claro que antes del mes de julio, la administración del presidente Trump tiene que pasar a una velocidad más rápida y comenzar la fase de transición”.

¿Por qué julio? Porque Trump enfrenta cuatro problemas que no puede llevar al midterm de noviembre.

Primero, el petróleo. “El precio del petróleo tiene un componente de percepción y de expectativa increíble”, explicó Petit. La única manera de manejarlo sin grandes inversiones es “estableciendo un mecanismo de inversión rápida con la economía petrolera venezolana”. Trump necesita cambiar la narrativa sobre el acceso a inventarios petroleros y Venezuela es la pieza clave.

Segundo, la migración. Florida y Texas están en condiciones insostenibles.

Tercero, Cuba. Para reeditar el triunfo en esos estados, “tiene que entrarle a Cuba”. No es opcional, es imperativo político.

Y cuarto, el único éxito. En las encuestas estadounidenses, la operación de Venezuela es la única acción internacional de Trump que los americanos evalúan como exitosa. “Es impresentable para los electores americanos que se hizo una gran inversión para entrar, se hizo una gran inversión para actuar, y decidimos pactar con el cartel de los soles y dejarlo ahí”, advirtió.

La matemática electoral es implacable. Las elecciones de midterm son en noviembre. Retrocede cuatro meses, el tiempo mínimo que Trump necesita para estabilizar una tendencia positiva en la volátil opinión pública estadounidense, y llegas a julio. Devorah, desde Miami, agregó su propia fecha al calendario: el 4 de julio, el 250 aniversario de la fundación de Estados Unidos. “Para ese momento, el presidente Trump tiene que tener solucionado Irán, tiene que tener solucionado Cuba y Venezuela en una posición positiva”, dijo. La respuesta de Petit fue inmediata: “Menos mal que no sabes de política, absolutamente de acuerdo”.

Zapatero: el hilo que conecta toda la corrupción

Si hay un hilo conductor en la maraña de corrupción venezolana, ese hilo tiene nombre y apellido: José Luis Rodríguez Zapatero. Y ese hilo está a punto de cortarse. “Rodríguez Zapatero es el peor español del peor partido de España”, declaró Petit sin ambigüedades. “Y Rodríguez Zapatero es el mayor delincuente hispano que hasta ahora ha logrado evadir todo, pero le llegó la hora de rendir, de enfrentar la justicia”.

Los allanamientos a su oficina, explicó, no tienen precedente en la historia política española. Pero lo más revelador fue la conexión que estableció: cuando comiencen a aflorar las cosas en las que Zapatero ha estado metido, aparecen Delcy, el chavismo, el alto mando chavista y el alacranato.

En este momento del programa se sumó Lorent Saleh, activista de derechos humanos, expreso político y ganador del Premio Sajarov 2017, quien desde Europa ha estado en primera línea denunciando a Zapatero.

Las palabras de Petit hacia Saleh fueron emotivas: “Lorent Saleh es un poema de valentía que se escribió en medio de la oscuridad. Ese muchacho en mi casa es una referencia”. Saleh explicó la magnitud del caso: el auto de imputación contra Zapatero tiene 88 páginas, y el juez no “sospecha”, sino que “afirma la existencia de una estructura criminal transnacional”. Reveló además un dato estremecedor: para poder regresar a Venezuela, le pidieron que se sentara con Zapatero. Se negó.

La colaboración de Estados Unidos en el caso, según Saleh, ha sido fundamental. Y Petit confirmó: “Los americanos están ayudando mucho para que Zapatero termine en la cana”. Luego vino la sentencia que conecta todos los puntos: “Rodríguez Zapatero cae y cae automáticamente Delcy, en todo lo que Rodríguez Zapatero ha hecho”.

Las Fuerzas Armadas no son parte del problema: son EL problema

Y aquí llegó el momento más contundente de la noche. Un tema que, como señaló la doctora Corina Yoris, quien se sumó al programa tras su presentación en el Colegio de Ingenieros de Puerto Ordaz, “no se habla, es el tema que no se toca, es el tema que se le tiene miedo”.

Petit fue categórico: “Lo más polémico que yo he dicho en muchos años es que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana no es parte del problema, sino es EL problema, porque es el partido de gobierno, es el cartel de los soles, es la administración pública, es todo”.

Distinguió entre dos realidades: el “pueblo militar”, soldados, familias, administrativos, que en su gran mayoría votó por el cambio el 28 de julio, y el “liderazgo militar”, compuesto por 2.085 generales “cuya talla promedio en los uniformes es 2XL, que no han visto puestos de comando en mucho tiempo”. La cifra es reveladora: de esos 2.085 generales, solo 800 están dedicados a puestos de comando. Más de 1.200 están “diseminados en la administración pública”.

Las Fuerzas Armadas, explicó Petit, manejan 80 empresas. Ochenta. Desde minería hasta producción de muebles, pasando por una “agencia de festejo”.

«Estos no son militares, stricto sensu», sentenció.“Estos son políticos de uniforme que tienen un amor por el dinero y por el oficio de la creación de dinero inadmisible”. Hablar de ello es hablar de casi todo: de las empresas del Estado, de la administración pública, de los ministros, de diputados, del partido de gobierno, del cartel de los soles y de las coordinaciones con el Tren de Aragua.

Un ejército esperando en las cárceles: 121 oficiales listos para reconstruir

Pero Petit no llegó solo a diagnosticar. Llegó con una propuesta que dejó a todos en silencio. Contó que en enero de este año fue invitado al Pentágono junto con otros dos expertos para hablar sobre la reconstrucción de las Fuerzas Armadas venezolanas. La pregunta obvia surgió: ¿de dónde sacar oficiales confiables después de tantas purgas?

“Aquí tengo yo 121 nombres de oficiales de alto rango que están en las mazmorras del chavismo, de los cuales 72 fueron los mejores de su promoción y que están ahí por su negativa a asumir órdenes indebidas militares”, reveló Petit.

Habló de Igber Marín Chaparro, teniente coronel y comandante del Batallón Ayala. “Es el primer oficial, el número 1 en la historia militar de Venezuela. Desde que la Academia Militar de Venezuela comenzó bajo el mandato de Juan Vicente Gómez, ha sido el estudiante más destacado. Ese muchacho tiene 8 años preso”.

Mencionó al general Héctor Armando Hernández Da Costa, de la Guardia Nacional, general de división y excomandante del Rey de Capital. “Tiene 8 años preso”. Y lanzó la propuesta: “Esos tipos están en condiciones, porque yo he hablado con todos ellos por persona interpuesta. Y yo les he preguntado: ¿ustedes están dispuestos a regresar al servicio activo, con todo y la tortura y todo lo demás? Y me han dicho que sí”.

Hay 72 puestos clave en la Fuerza Armada, explicó. Con estos oficiales y el apoyo del convenio UNITAS, un acuerdo militar firmado con Estados Unidos que el chavismo nunca canceló ni denunció, Venezuela podría reconstruir su ejército en tiempo récord.

En este punto intervino Jesús Medina Ezaine, expreso político que estuvo detenido en Ramo Verde. “Estuve preso con Marín Chaparro”, confirmó. “Estuve preso con muchos militares de alto rango. Y lo que dice Vladimir es verdad: muchos se quieren volver a poner el uniforme, muchos quieren seguir en la Fuerza Armada y hacer un cambio”.

La propuesta más radical: ministros civiles y mujeres al mando

Pero Petit no se detuvo ahí. Propuso algo que, en sus palabras, lo hace objeto de persecución entre círculos militares: que el ministro de Defensa sea civil.

Cuando Magallanero, uno de los participantes, recordó el mal ejemplo de José Vicente Rangel como ministro civil, Petit respondió con claridad: “José Vicente no fue un ministro, fue un operador político puesto ahí para desmembrar lo que quedaba del profesionalismo de las Fuerzas Armadas”.

Explicó que los mejores países de la región tienen ministros civiles de Defensa: Colombia, Brasil, Argentina. Y a nivel mundial: Estados Unidos, Alemania, Japón, Francia.

Luego vino la bomba: “La Academia Militar tiene que estar en manos de un civil, y preferiblemente una mujer”. La reacción fue inmediata. “Muchacho, me persiguen a matarme”, río Petit. Pero insistió: “Tengo una persona en mente que está en capacidades y junto con equipos multidisciplinarios de diseño curricular que vengan de West Point y de la Academia Militar de Tel Aviv, podemos rehacer la Academia Militar venezolana y hacerla de referencia mundial”.

El mensaje es claro: el futuro de Venezuela requiere romper moldes, no acomodarse a ellos.

Los testimonios desde adentro: dignidad sobre negociación

A lo largo de la noche, voces que conocen el sistema desde dentro fueron confirmando cada punto de Petit. Jesús Medina Ezaine no solo corroboró la disposición de los oficiales presos, sino que reveló la mecánica de las negociaciones ocultas: “Desde que comenzó la amnistía, han estado contactándome”. Me mandan emisarios. Su respuesta ha sido siempre no. “Yo tengo dignidad”, declaró. “Prefiero morirme aquí afuera que darle a ellos la razón”.

Sobre Zapatero, fue contundente: “Hace unos meses, yo denuncié que había candidatos en Venezuela para las elecciones regionales y municipales que recibieron dinero de Zapatero”. Mencionó específicamente a Carlyana, del partido de Timoteo Zambrano, quien “recibió 400.000 euros por parte de Zapatero”.

Lorent Saleh añadió una capa más a la red: “Hay que agradecerle a los periodistas españoles que se han botado en esto. El 2 de junio vienen las declaraciones de Zapatero. Esta semana se van a descubrir cosas muy, muy importantes”.

La doctora Corina Yoris, desde Guayana, aportó la perspectiva del territorio: “Hay una fuerza y un deseo de seguir adelante extraordinario. El encuentro con los trabajadores ha sido una cosa extraordinaria”. También apareció Orlando Avendaño, cuya voz fue recibida con alegría por todos. Su presencia fue breve, pero significativa: un recordatorio de las redes de solidaridad que sostienen esta lucha.

Los Osprey en la embajada: una demostración imposible de ignorar

Cuando Voz de Fondo preguntó sobre la demostración militar en la embajada estadounidense, los aviones Osprey aterrizando “literalmente, como Pedro por su casa”, Petit no titubeó en su interpretación.

“Eso fue una demostración de músculo militar y la mejor demostración de que estamos en la inminencia de la siguiente fase”, explicó.

Los Osprey que aterrizaron venían del USS Iwo Jima. “Son aeronaves que tienen despegue vertical, como un helicóptero de alta maniobrabilidad. Están hechos para entrar muy bajo y aterrizar en terrenos muy intrincados”. Y cerró con el dato que conecta todo: “El Iwo Jima fue donde pasó Maduro cuando se lo llevaron. Así que esto fue una demostración de fuerza. Que sepan, que sepáis, pues”.

Elizabeth planteó la pregunta que muchos se hacen: ¿hasta dónde puede Venezuela confiar en que los intereses de Estados Unidos están alineados con los del pueblo venezolano?

Petit fue filosófico, pero realista: “Yo no idealizo los liderazgos. Mucho menos los liderazgos americanos”. Citó a su mentor, el presidente Caldera, quien les enseñaba que “los americanos son los fenicios modernos. Tienen un profundo amor por su dinero, por su comercio, por sus ganancias”.

Pero aquí está el punto crucial: el contexto presiona para que haya una decisión que favorezca la transición. “Si el presidente Trump no hace algo en estos frentes, perderá irremediable y catastróficamente el midterm. Y si alguien sabe lo que le va a pasar inmediatamente después, es él”.

Trump, recordó Petit, es el único presidente fichado, allanado y sometido a juicio por actos durante su ejercicio presidencial. “Él sabe que si pierde catastróficamente el midterm, no va a terminar el período. Le va a sobrevenir un impeachment y le van a cortar la cabeza, políticamente hablando”.

El dilema Delcy y el camino hacia la transición

Entonces, ¿qué pasa con Delcy? Petit fue claro: “La única manera que Delcy podría mantenerse hasta noviembre es que entregue a los [narcogenerales]. Si no los entrega en el mes de julio, la decisión es dramática”.

Porque aquí está la paradoja: Kurt Olsen, el comisionado especial de Trump para denunciar y castigar el fraude electoral, el mismo fraude que Trump sufrió en 2020, no puede presentar ante el electorado estadounidense que los padres de la trampa venezolana sean quienes convoquen las nuevas elecciones. “Los padres de la trampa son los Rodríguez”, sentenció Petit.

Cuando Luigi preguntó sobre la convocatoria rápida a elecciones, la respuesta de Petit sorprendió a muchos: “Yo no veo elecciones convocadas bajo el rodrigato”.

Explicó que la ruta más expedita es otra: que la Fuerza Armada le pida a Delcy que se vaya. Eso dejaría la república en “total vacuum of power”, vacío de poder. Delcy es cabeza del Ejecutivo; su hermano, del Legislativo. Si se les exige renuncia también a la cabeza del Tribunal Supremo, Venezuela quedaría acéfala. En ese momento, el poder ciudadano activaría los mecanismos constitucionales para formar una junta transitoria que convoque elecciones y dirija el país hasta el acto electoral.

“Esto no es un problema legal, es un problema político, y es un problema de facto”, aclaró Petit. “Pero la manera expedita de arreglarlo es la que les estoy diciendo, y además es la que salvaguarda los extremos”.

Y aquí viene la paradoja final: “El día que Trump quiera salir de los Rodríguez, la Fuerza Armada Nacional va a tener una oportunidad de lavarse la cara. Y esta vez, teniendo además la amenaza de los americanos, no van a tener el miedo que han tenido hasta ahora, y seguramente van a parecer más arriesgados que nadie”.

Dos legados que convergen y una predicción que se cumplió

José, uno de los participantes de la sala, resumió el sentimiento general: “Gracias por decirnos lo que nos ha dicho, gracias por hacer lo que está haciendo y gracias por tener tan claro lo que vamos a hacer, no lo que podríamos, lo que vamos a hacer, doctor Petit”.

Petit cerró recordando que existen razones para ser optimistas, pero también una obligación de seguir presionando. “Aquí es un problema de presionar con fe y tener paciencia. Pero ya el tiempo, la ventana de oportunidad está abierta hasta dentro de muy poco

Carlota encontró la conexión perfecta: dos legados convergentes. “Trump tiene el legado que tú acabas de explicar y María Corina tiene un legado de conciencia en los venezolanos, para que nosotros nunca más agachemos la cabeza a una tiranía. Es extraordinario cómo convergen dos enormes fuerzas políticas”.

Esa mención al legado abrió una zona más personal de la conversación. Petit asintió. Conociendo a María Corina desde hace más de 45 años, compartió algo íntimo: “En el fondo, fondo, fondo, ella tiene que estar muy arrecha, porque uno de sus grandes sueños era ser la primera mujer presidenta de Venezuela”. La frase tenía una carga evidente: no hablaba solo de una aspiración personal, sino de la amarga ironía de que el régimen haya colocado antes a Delcy Rodríguez en el centro del poder. Pero enseguida aclaró que en María Corina hay una idea de la historia aprendida en casa. Su padre, contó, siempre les decía: “La política sirve para hacer cosas que la gente recuerde por siempre, o si no, no es política, sino oportunismo”.

Hay un detalle que Petit compartió casi al final, y que pone todo en perspectiva. El 30 de diciembre del año pasado, cuando todos estaban desesperados pensando que “la flota no iba a entrar, que estaba todo perdido, que los americanos no iban a hacer nada”, Petit fue a un programa de televisión en Eco TV. La periodista Milagros Montalero le preguntó cuál era el curso de acción más probable según su estudio. “La acción más probable es una extracción, seguida de un momento de negociación para generar una implosión interna”, respondió. “¿Y cuánto tiempo cree usted que tome eso?”, preguntó ella. “Yo creo que eso es inminente”, contestó Petit.

Hay un detalle que Petit compartió casi al final, y que pone todo en perspectiva. El 30 de diciembre del año pasado, cuando todos estaban desesperados pensando que “la flota no iba a entrar, que estaba todo perdido, que los americanos no iban a hacer nada”, Petit fue a un programa de televisión en Eco TV. La periodista Milagros Montalero le preguntó cuál era el curso de acción más probable según su estudio. “La acción más probable es una extracción, seguida de un momento de negociación para generar una implosión interna”, respondió. “¿Y cuánto tiempo cree usted que tome eso?”, preguntó ella. “Yo creo que eso es inminente”, contestó Petit.

Eso salió al aire el 31 de diciembre. El 3 de enero, sucedió exactamente eso: la extracción de Maduro. “Desde entonces me estoy escondiendo de los canales de televisión de aquí”, bromeó, “porque creen que es que uno tiene una bola de cristal, y ninguna bola de cristal. Lo único es que ese día dije lo mismo que había dicho en octubre, que lo había repetido en noviembre, pero que finalmente pasó”.

Y ahora, con la misma metodología, con el mismo análisis de patrones y necesidades estratégicas, Vladimir Petit marca otra fecha en el calendario: julio de 2026.

“La administración del presidente Trump debe estar pronta a actuar nuevamente”, dijo antes de despedirse.

No es profecía. Es lectura de tablero. Y el tablero, advierte Petit, tiene las piezas alineadas para el jaque mate. Solo falta que se haga el movimiento.

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