“Hay que entender el valor que tiene la independencia del BCV. Puede ser el guardián de nuestra estabilidad si lo apoyamos”

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Ella no es una teórica que evitó las calles. Su vocación para trabajar dentro de la administración pública la llevó a patear la avenida Urdaneta en Caracas, y sentarse en la silla de la presidencia del Banco Central de Venezuela para convertirse en la primera mujer en dirigir esa institución. Ese carácter para ser pionera la condujo a abrir el camino a las mujeres en su país, al convertirse en la primera summa cum laude egresada en la escuela de Economía de la Universidad Central de Venezuela.

Por: Blanca Vera Azaf – Bitácora Económica

En esta entrevista Ruth de Krivoy revela sus reflexiones sobre el doloroso proceso económico que ha vivido la nación, pero se niega a quedarse en el tedioso diagnóstico. Se empeña en explicar, alertar e invitar a construir algo diferente. Muestra de manera gentil y humilde una profunda estructura de pensamiento y sus ideas desembocan en propuestas que encaminan este nuevo capítulo que vive Venezuela.

-Hay al menos cuatro tipos de cambio en la economía. La brecha entre el paralelo y el oficial se ha ido cerrando, pero con inyección de dólares. ¿Qué problema ve usted en esta metodología?

El sistema cambiario que tenemos ha sido diseñado buscando resolver un tema fiscal porque la tasa oficial es realmente una regla fiscal más que una regla cambiaria, ya que sirve para calcular la indexación de los bonos patria. Por lo tanto, el objetivo de la política cambiaria es mitigar la subida del tipo de cambio oficial para minimizar el impacto sobre las cuentas fiscales que están en déficit. Tal déficit se cubre en una parte con financiamiento monetario, lo que alimenta la circulación de bolívares, que a su vez alimenta la demanda de dólares.

Además, la tasa oficial sirve para determinar cómo fijan los precios las empresas que tienen que facturar a tipo de cambio oficial; por lo tanto, cuando la tasa oficial sube equivale a una luz verde para ajustar los precios, eso a su vez afecta la inflación. Por otro lado, los créditos bancarios están indexados a la tasa oficial. Asimismo, la contabilidad -para efectos de impuestos- se debe llevar a la tasa oficial.

El problema es que no se consiguen dólares a esa tasa; por lo tanto, no se trata solo del precio de la divisa, sino que es una regla fiscal. Esa tasa se ha ido sobrevaluando porque siempre va rezagada con respecto a la tasa de mercado, y esta -que por mucho tiempo fue ilegal y ahora no- está bajo la presión de una demanda de divisas muy fuerte. De allí que lo que se llama demanda de dinero, que es la disposición a mantener bolívares, es prácticamente cero porque cada bolívar que entra en la circulación termina yéndose al mercado cambiario a comprar dólares.

Entonces, se tiene una tasa que está subiendo cada vez que aumenta la circulación en bolívares y empuja la tasa al alza; mientras que la tasa oficial está rezagada. Ahora se tiene una brecha que ha bajado a punta de fuertes intervenciones. Sin embargo, existe resistencia a la baja, pues para lograrlo se tiene que reducir la tasa de mercado o subir la tasa oficial. Reducir la tasa de mercado es difícil y costoso y subir la tasa oficial es directamente inflacionario. Esto quiere decir que hay un problema de diseño de un sistema cambiario que evolucionó en el tiempo y es herencia del régimen de control de cambios y de las tasas múltiples que hemos tenido por más de dos décadas.

Adicionalmente, es un sistema cambiario basado en la percepción y las decisiones del Banco Central de Venezuela de subir la tasa oficial o bajarla, según lo que necesiten en el muy corto plazo. Por lo tanto, es un diseño del régimen cambiario que te impone horizontes de muy corto plazo en la toma de decisiones. Las empresas y las personas miran la tasa de hoy, la de mañana, la de esta semana, este mes, pero no hay un ancla que te diga a dónde apunta la economía, a dónde se dirige la política fiscal y monetaria.

En el fondo, la inestabilidad cambiaria tiene su raíz en el tema fiscal y en la política monetaria. El problema con el tema fiscal es que hay un déficit que termina estando entre 7% y 8% del producto interno bruto; eso es mucho y -además- pudiera subir en el próximo año a 16%, a la luz de las necesidades que nos imponen los terremotos. El precio del petróleo se va a «normalizar», entre comillas, en función de la guerra en Irán. Por los momentos tenemos una volatilidad muy grande, una incertidumbre muy alta, y una vulnerabilidad inmensa al precio del petróleo -que siempre hemos tenido- pero que ahora es mucho más.

-La eterna lucha del venezolano con el alza de los precios no ha cesado, disminuye un poco pero no desaparece. En su experiencia, ¿cuáles son las tres políticas antiinflacionarias que en el caso particular de Venezuela podrían aplicarse?

Lo primero es que se necesita un ajuste fiscal porque se tiene que llevar el déficit a lo que sea financiable. Sin embargo, no se puede pretender corregir el déficit de la noche a la mañana porque es un problema demasiado profundo, y las necesidades sociales y las necesidades de la reconstrucción son perentorias.

Si bien se tiene que ajustar la administración pública, al mismo tiempo se deben crear oportunidades en el área en la economía formal, petrolera, y no petrolera. Se debe ampliar la base de tributación y formalizar la economía. Entonces, el ajuste fiscal es una cosa y el financiamiento del déficit es otra.

Con respecto al financiamiento del déficit, se necesita que Venezuela regrese a los organismos multilaterales y a los mercados voluntarios en algún momento. Regresar a los multilaterales significa poner en orden nuestras relaciones con ellos y pasar por el Fondo Monetario Internacional (FMI) porque los informes que este organismo haga sobre la economía venezolana son los que van a terminar de abrir las puertas del resto de los multilaterales.

Además, para regresar a los mercados voluntarios necesitas una reestructuración de la deuda externa. El retorno a los mercados voluntarios no será inmediato, serán uno o dos años después que se concluya la reestructuración. Pero si tú no tienes cómo financiar el déficit y tienes que estarlo financiando con dinero del Banco Central impreso, lo que haces es alimentar la inflación.

En segundo lugar, como la política monetaria está arrinconada por lo que se llama la dominancia fiscal, que significa que las necesidades del fisco predominan sobre las decisiones de política monetaria, tienes a un Banco Central que por una parte financia el déficit y por otra parte restringe el crédito. Pero una economía no puede crecer sin crédito, y si la economía no crece tú no puedes ampliar la base de la tributación, porque el número de contribuyentes formales se encoge, la economía se vuelve informal, y los informales no pagan impuestos.

Entonces, ahogas a los que pagan impuestos. Hay que darle espacio a la política monetaria para que pueda darse ese espacio a fin de permitir la intermediación crediticia. Que los bancos presten y que la actividad económica se financie a través de un razonable crédito. Hoy en día el crédito es menos del 3% del producto interno bruto y no puede crecer más porque cada bolívar que va a la circulación se va al mercado.

En tercer lugar, está el tema de la inflación que, por un lado, tiene que ver con la política monetaria y, por el otro, con la política fiscal. Para ello, se debe diseñar un programa de estabilización. Tienes que generar las expectativas y la credibilidad de que el contexto no va a seguir impulsando a la inflación, ¿me explico? Es por ello, que se necesita ajustar las cuentas fiscales, ajustar la política monetaria, contar con un programa de estabilización y dentro de todo esto se debe racionalizar el régimen cambiario.

Tienes que sacudirte las tasas de cambio diferenciales y esa cultura de asignar divisas: «Esta semana asigno tanto a tales bancos o a tales otros para tales finalidades». Venezuela no se ha desprendido todavía de todos esos elementos de un régimen de control de cambios que son una distorsión, que no dan credibilidad y no dan tranquilidad.

Lea la entrevista completa siguiendo este enlace a Bitácora Económica

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