Por David Morán Bohórquez
Escribo estas líneas cuando han transcurrido algo más de seis meses ( exactamente 201 días) desde la captura en territorio nacional de Nicolás Maduro —sobre quien el Departamento de Justicia de EE. UU. mantenía una recompensa de 50 millones de dólares.
El evento reconfiguró el tablero geopolítico nacional y regional, pero la inercia posterior ha abierto un compás de espera cargado de incertidumbre. Para comprender el verdadero alcance de este momento y las fuerzas en pugna, me he propuesto examinar la coyuntura en tres dimensiones fundamentales:
– El presente: La dinámica del tutelaje estadounidense y las señales evidentes del estancamiento táctico.
– El futuro previsible: El cálculo político de la administración Trump, ajustado al reloj de los midterms en Washington.
– El hilo histórico: El paralelismo inexorable entre la demonización de Rómulo Betancourt en 1958 y la que hoy enfrenta María Corina Machado.
1- El presente, tras seis meses de tutelaje
El 7 de enero Marco Rubio, Secretario de Estado y Directo de Consejo de Seguridad Nacional, (una doble condición que sólo tiene un precedente en EEUU en la figura de Henry Kissinger entre 1969-1975) anunció que EEUU desplegaría en Venezuela un plan de tres fases: Estabilización, Recuperación y Transición). El plan, para los estudiosos, estaba basado en los desarrollos sobre el tema del tanque de pensamiento Rand Corporation.
En la doctrina Rand y en los propios documentos del ahora Departamento de Guerra de EEUU se establece que la meta en sus operaciones en suelos extranjeros es el restablecimiento asap (as soon as posible) de la legitimidad arrebatada.
La llegada de Laura Dogu como encargada de negocios de EEUU para reabrir la embajada en Caracas (una impresionante instalación, quizás la mejor de EEUU en Suramérica) marcaba el retorno de la presencia de funcionarios estadounidenses luego de 6 años de ruptura diplomática. Dogu no es precisamente una “diplomática” tradicional, ya que tiene un perfil de inteligencia ligada al Pentágono. y cumplió su misión con eficiencia: Calibró los mitos de guerra civil, de colectivos causando destrozos, del chavismo radical atentando contra el interinato tutelado, del estado interno de la FAN luego de la derrota militar y se fue con una recomendación clara: la fase de estabilización había sido superada,
Con la llegada de sus sustituto, el tutelaje de EEUU entró en una etapa de ambigüedad estratégica y las dos fases restantes se borraron en el tiempo, los resultados concretos como el monto y uso de recursos tutelados, inversiones en las “aperturas petroleras”, mineras y otras, cayeron en el manto de la opacidad y la propaganda. Para mayo la popularidad del presidente Trump en el país se había desplomado, de un 92,2% en enero a un 47,08% en abril.(Meganálisis)
Conscientes de ello, idearon un mecanismo fusible, el Kozak-Figuera-Rodríguez KFR, Los mecanismos fusibles, muy del agrado del presidente Trump, consistente en el involucramiento en el objetivo de manera semi oficiosa, sin la participación de los más altos niveles de su administración, con una lógica muy simple; Su funciona el mérito es del jefe, sin fracasa la culpa es de alguien de tercer nivel.
Pero el doble terremoto del 24 de junio lo cambió todo. Algunos lo califican de un Cisne Negro.
Obligó a EEUU a abandonar la ambigüedad estratégica y colocar el mecanismo KFR como el centro de la política estadounidense en Venezuela.
Para entender la psicología colectiva y la efectividad del tutelaje de EE. UU., hay que mapear la Curva del Ánimo Social que ha atravesado el país a lo largo de este semestre.

La gráfica del ánimo social refleja con claridad este tránsito:
El Valle Anímico y la Confusión (Junio – Julio): Tras el sacudón del 24 de junio y la coyuntura del 3 al 5 de julio, la sociedad venezolana cayó en un punto mínimo de tensión y expectativa. La ambivalencia de Washington amenazó con empujar al país hacia el abandono de la contraloría social y el desdibujamiento del mandato popular del 28J.
La bifurcación del Mecanismo KFR (A partir del 1° de Agosto): La elevación del mecanismo KFR a estrategia central crea dos posibilidades de bifurcación crítica para el segundo semestre:
- La posibilidad ascendente (Franja Verde – Recuperación de la iniciativa): Si el mecanismo KFR es utilizado inteligentemente para alinearse con las demandas populares, el ánimo social experimentará un rebote sostenible hacia el último trimestre del año (noviembre-diciembre). En este camino, el tutelaje deja de ser una administración de la inercia y se convierte en una palanca efectiva para la legitimidad.
- La posibilidad descendente (Franja Gris – El colapso por desconexión y prepotencia): Por el contrario, si el mecanismo KFR se repliega sobre sí mismo, opera en la opacidad o intenta aplastar la voluntad popular para imponer acuerdos tutelados al margen de la gente, la curva se derrumba. El resultado será la apatía colectiva y la pérdida irreversible del capital político que Washington intentaba administrar.
En síntesis, la gráfica demuestra que el mecanismo KFR no es un fin en sí mismo, sino un instrumento cuyo éxito o fracaso rotundo depende exclusivamente de su capacidad para alinearse con el mandato y las aspiraciones de la sociedad venezolana.
2- El futuro previsible: La ventana de decisión y el reloj político de Washington
Para entender la prisa, las fricciones y la urgencia de la política exterior estadounidense hacia Venezuela, es necesario mirar la arquitectura de poder en Washington. La efectividad del tutelaje no depende de buenas intenciones ni de retórica diplomática, sino de una variable implacable: la curva del poder real de la Casa Blanca.

La Ventana Crítica: Mayo a Octubre de 2026
Actualmente nos encontramos en la fase de máxima oportunidad estratégica. En este tramo del año previo a las elecciones de mitad de período (midterms), el Ejecutivo estadounidense opera con las mayorías heredadas en el Congreso.
Para la administración Trump, existe un incentivo electoral masivo e inmediato: mostrar resultados drásticos, tangibles y de éxito inequívoco en política exterior antes de noviembre. Resolver la ecuación venezolana de forma definitiva le permite a la Casa Blanca proyectar fuerza y efectividad operativa ante el electorado conservador y moderado.
El hito del 3 de noviembre de 2026: La reconfiguración legislativa
El 3 de noviembre marca la frontera del poder real. Las elecciones de mitad de período definirán si el Ejecutivo mantiene el control del aparato doméstico o si se enfrenta a un Congreso dividido.
- Escenario Verde (Conserva el Congreso): Mantiene el margen de maniobra legislativo y presupuestario, permitiendo sostener compromisos de largo plazo en la reconstrucción y transición venezolana.
- Escenario Rojo (Pierde alguna Cámara): A partir del 3 de noviembre, la capacidad de acción de la Casa Blanca se contrae bruscamente. En enero de 2027, con la instalación del 120.º Congreso de EE. UU., se inicia una fase de fricción institucional. Las investigaciones legislativas, el control presupuestario y la fiscalización severa de la política exterior reducirán radicalmente el margen para «aventuras» o financiamientos de fuerza internacionales.
La parálisis del Lame Duck (2027 – 2029)
A partir de 2027, el reloj de Washington impondrá un veto invisible pero infranqueable sobre la política exterior. Con el inicio formal del ciclo de primarias presidenciales (Iowa, New Hampshire) y la apertura de la disputa abierta por el relevo en la Casa Blanca, la administración Trump ingresará de lleno en la fase de lame duck (pato cojo), perdiendo tracción ejecutiva, capacidad de financiamiento y capital político para sostener operaciones de envergadura en el exterior. (En el argot político y socio-jurídico de Estados Unidos, un lame duck (literalmente «pato cojo») hace referencia a un funcionario electo —o una administración— cuyo mandato está por terminar y que ya no puede reelegirse o que ha perdido las elecciones para un nuevo período)
Durante este bienio de parálisis institucional que se extenderá hasta el 20 de enero de 2029, la estrategia de Washington quedará congelada en la inercia; una ventana de vulnerabilidad que las fuerzas adversas sabrán explotar operando bajo la lógica del desgaste, postergando cualquier compromiso sustancial a la espera del próximo inquilino de la Casa Blanca. Si la transición en Venezuela no se concreta y consolida en la ventana crítica de 2026, el dossier venezolano quedará atrapado en el limbo de la burocracia electoral estadounidense, transformando lo que pudo ser un éxito pragmático en un conflicto estancado e indeseable.
3- El Pasado — El paralelismo histórico entre Rómulo Betancourt y María Corina Machado
Para entender el momento que atraviesa Venezuela y la miopía de quienes pretenden vetar o «desarmar» el liderazgo popular de María Corina Machado, no hay que mirar hacia transiciones extranjeras incomparables, sino hacia nuestro propio pasado. Como ha argumentado con maestría el historiador Pedro Benítez, la campaña de demonización y resistencia de las élites e instituciones de poder contra María Corina solo tiene un precedente real en nuestra historia: Rómulo Betancourt en 1958. (Pueden leer el artículo original de Benítez “La campaña hacia los cuarteles contra María Corina tiene un solo precedente en Venezuela: Rómulo Betancourt” publicado el 27 de junio de 2024 en El Navío
Benítez recuerda que, tras la caída de Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958, el establecimiento militar, los sectores conservadores y la élite empresarial veían a Betancourt como la «encarnación del mal» o la «bestia negra». Se le acusaba de radical, de pretender destruir a las Fuerzas Armadas y de ser una figura cuya sola presencia en la Presidencia constituía una «provocación». En aquel momento, la Junta Militar con el apoyo de EEUU (Dwight D. Eisenhower era el presidente, con Richard Nixon como su vicepresidente) y buena parte de la opinión influyente consideraban que Betancourt era la persona menos indicada para asumir el mando.
Hoy, la narrativa del régimen —y de ciertos sectores internacionales o corporativos acomodados al status quo— replica de forma casi idéntica esa táctica de estigmatización contra María Corina Machado. Se le califica de inviable, intransigente o radical con el único fin de justificar vetos, pactos de baja intensidad o soluciones tuteladas al margen de las urnas.

Tanto en 1958 como en lo que va de 2026 las élites en el poder se equivocaron. En 1958 la Junta Militar de Gobierno y la diplomacia estadounidense no querían a Betancourt al frente del país tal como el 2026 el interinato tutelado y la diplomacia diplomacia estadounidense no quieren a María Corina ejerciendo su liderazgo en Venezuela, tanto que fue explícitamente excluida del mecanismo KFR
Sin embargo, el cálculo de las élites choca contra la realidad del terreno. Betancourt no pidió permiso ni esperó el plácet diplomático: regresó, movilizó a la sociedad, hizo valer su legitimidad de base y, en cuestión de meses, ganó las elecciones y construyó la arquitectura democrática que duró cuatro décadas.
María Corina regresará, organizará como nunca sus bases sociales para que en una elección presidencial obtenga tanta legitimidad, que podrá hacer las transformaciones profundas que demanda la nación venezolana entera.
Lo que se tiene y no se hereda: Liderazgo con legitimidad
La legitimidad política no se delega por decreto, no se transfiere por tutelaje diplomático ni se hereda por designación de cúpulas. Tanto Rómulo Betancourt en 1958 como María Corina Machado en la actualidad demuestran una verdad fundamental de la ciencia política: el verdadero liderazgo surge de la conexión directa con el tejido social y se valida en las urnas, no en las cancillerías.
Betancourt no esperó el plácet de Washington ni el visto bueno del estamento militar para construir su viabilidad; se la ganó a pulso movilizando al país, recorriendo cada rincón y transformando el rechazo de las élites en una mayoría electoral incuestionable. De la misma manera, la autoridad política de María Corina no proviene de concesiones del régimen ni de cálculos de terceros, sino del respaldo explícito y soberano del pueblo venezolano. Labrado a pulso.
Pretender sustituir o empaquetar un liderazgo de esa magnitud mediante fórmulas tuteladas es desconocer la naturaleza del poder real. Cuando las élites intentan fabricar consensos de laboratorio al margen de las mayorías, solo producen fragilidad institucional. Como ocurrió en 1958, la verdadera estabilidad de la Venezuela que viene no se negociará a espaldas de la gente; se apoyará en la única fuerza capaz de sostener las transformaciones estructurales que exige la nación: un liderazgo con legitimidad de origen, ganado en la calle y ratificado por el voto.
P.S.: El mensaje de Cayetana Álvarez de Toledo a Marco Rubio
Como advierte agudamente la diputada española Cayetana Álvarez de Toledo, la política exterior no puede ser un ejercicio de contabilidad mercantil ni de pragmatismo miope. En este dilema de tres tiempos, la administración estadounidense y Marco Rubio necesitan más a María Corina Machado de lo que ella los necesita a ellos.
Mientras Washington enfrenta una ventana de oportunidad que se le agota implacablemente antes de que la dinámica interna estadounidense congele las decisiones estratégicas, el liderazgo de María Corina ostenta la moneda más valiosa y escasa de la política: la legitimidad de origen y el respaldo ineludible de la sociedad venezolana.
Ignorar la lección de 1958 y pretender sustituir el mandato popular por un tutelaje indefinido no traerá la ansiada estabilidad, sino un nuevo fiasco geopolítico para Estados Unidos. Ahí radica el dilema para la superpotencia: María Corina regresará y triunfará. Ojalá en Washington aprendan de nuestra historia y escuchen a Cayetana para cerrar con broche de oro lo que iniciaron con buen pie el pasado 3 de enero de 2026.
Es todo
En X: @morandavid


