Recostado bocarriba sobre la delgada almohada, con sus lagrimosos ojos, Maduro veía posado en el techo de su celda a un pequeño insecto que desafiaba la gravedad. Se preguntaba a sí mismo porqué si ese pequeño animal podía asirse y no caer, no pudo él hacerlo cuando a troche y moche desafió y venció todos los obstáculos que se le presentaron luego de haber perdido unas elecciones que descaradamente se robó el 28J. Se reprochaba que aún manteniéndose indemne por algún tiempo, finalmente cayó el 3E. En los pocos meses que han transcurrido desde su ingreso a Brooklyn, ha tratado de nuevo desafiar a la gravedad, pero en este caso ante un poder judicial ajeno a las tratativas y complicidades de las pestilentes instituciones electorales y judiciales que en comandita fraguaron el choreo.
Gritar a todo pulmón que aun es presidente de Venezuela y que fue víctima de secuestro por el gobierno estadounidense, han sido vanos esfuerzos que ya hacen mella en su estado mental y físico; pero sobretodo en su estado de ánimo, cuando se reprende a sí mismo, en su conciencia, y se flagela gritándose porqué carajo se las robó. Sobreviene un debate en su yo interior: a preguntarse, contestarse y repreguntarse en un recurrente bucle que le atormenta cada minuto de su desgraciada existencia. Reflexiona sobre cuán distintas fuesen las cosas si hubiese reconocido el triunfo de Edmundo, lavaba así todos sus pecados, dejaba vivo a su tinglado y se empinaba por encima de sus pares. Terminó cediendo no solo porque sobredimensionó su poder en un arrebato antihistórico y se le fueron los tapones, lo hizo porque igual le temió a la mafia, salirse de ella era tanto como una sentencia de muerte. Paradójico que esa misma mafia lo entregó y ahora mandan como premio por esa traición.
El reproche de Clilita hace que el martirio sea mayor. Solo pensarlo le dio impulso para sentarse en la cama de cemento y cavilar: “¿Porqué no le hice caso, cuando terció por la propuesta de Trump? Me lo dijo la misma noche cuando me entrevistó el aprovechado de Ramonet, a pocas horas del aciago momento. Pareciera que sigue en ese afán, ella está rara en las audiencias”. La llegada a esos predios de su compinche, Alex Saab, no augura nada bueno. Si su entrega fue convenida, puede alzarse con “el santo y la limosna”, en un redondo trato de su pana con los gringos y el “diosrodrigato”. Para colmo lo peor. se conduele por su vástago que poco aguantó la solidaridad en su penuria.
Se levantó de su cama y mientras daba dos pasos en su estrecha jaula, al ver salir del recinto a la cucaracha, se preguntó por sus opciones ante tanta desventura, ya sin nada qué perder: “¿Qué tal si los madrugo?; ¿Que tal si tomo la delantera y los encochino a todos y por lo menos me salvo de la perpetua? Aun puedo retar a la gravedad y salir como la cucaracha”.
Víctor A. Bolívar
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