Editorial El Nacional
Perkins Rocha estuvo más de año y medio preso, desde que un día de agosto de 2024 fue detenido mientras realizaba la subversiva actividad de entrar en una farmacia en la avenida Río de Janeiro de Caracas para alguna compra puntual. Nadie supo quién se lo llevó, ni para dónde, ni por cuánto tiempo. Horas después, agentes del régimen sin identificación entraron en su casa sin presentar ninguna orden judicial y se apropiaron de electrodomésticos y libros. A Rocha lo llevaron para el Helicoide y se le imputó el menú delictivo que el fiscal de entonces puso de moda: terrorismo, traición a la patria, conspiración, asociación para delinquir e instigación al odio.
Para enfrentar tales acusaciones a Rocha se le impidió nombrar su defensa propia. El Estado le impuso un defensor público, que era también el patrón al uso, aunque el inefable Diosdado Cabello ahora se sorprenda de que fuera así. Los sucesos del 3 de enero resetearon el cerebro de los que mandan, a tal punto que ahora aborrecen las camisas y gorras rojas.
Lo peligroso de Rocha -aunque el régimen no lo admita- es que es miembro de Vente Venezuela, la organización creada por María Corina Machado. La dirigencia alta y media de Vente Venezuela fue de las más golpeadas, sino la más, luego de las elecciones del 28J de 2024 que Maduro y sus cómplices ordenaron desconocer e, inmediatamente, apresar a todos aquellos y aquellas que protestaron o que estaban vinculados con la campaña electoral opositora, o simplemente pasaban por ahí.
Desde hace 140 días, tras ser excarcelado, Perkins Rocha lleva un grillete en su tobillo derecho, tiene prohibición de salida de su casa y hay un dispositivo policial de vigilancia permanente en los alrededores de su domicilio. El régimen nombró una comisión para la convivencia que mira para otro lado. Nada, sin embargo, amilana a Rocha, como se aprecia en su reciente entrevista con Nícmer Evans, con quién compartió cárcel. Piensa, lee, escribe –sus artículos se publican en El Nacional– y habla.
Abogado especializado en derecho público, administrativo y procesal constitucional, profesor de pre y posgrado en la Universidad Católica Andrés Bello, Rocha cree que el país está en la misma situación que él: “preso en su casa, sin poder salir, con unos policías afuera y un grillete en el tobillo”. Aunque lo imputaron por instigación al odio, como miles más, su reflexión y la acción que realiza aún con la forzada limitación que le impusieron es a construir ciudadanía y conciencia política.
La imagen de Rocha, con un grillete en el tobillo, desnuda una vez más el rostro de un régimen empeñado en preservar el poder, en negar su ilegitimidad y en postergar que el pueblo venezolano se haga dueño de su destino


