Hay algo extraordinario en un GPS. Tú eliges un destino y comienzas a conducir. Pero si tomas una calle equivocada, pasas una salida o encuentras una vía cerrada, el GPS no te juzga. No te grita, no te dice que fracasaste ni que el viaje terminó. Simplemente vuelve a calcular. Busca otra ruta y continúa guiándote hacia el destino que elegiste.
Llevamos demasiado tiempo transitando por caminos que no nos han llevado al país que merecemos. Hemos vivido apagones, problemas de agua, servicios deteriorados, salarios que pierden poder de compra y una economía donde la distancia entre el bolívar y el dólar se convierte en una preocupación cotidiana. Hemos aprendido a sobrevivir, pero existe un peligro todavía mayor: comenzar a creer que sobrevivir es nuestro destino.
La psicología nos enseña que una persona sometida durante demasiado tiempo a incertidumbre y frustración puede dejar de intentar cambiar aquello que siente fuera de su control. Ya no piensa en construir el futuro, sino en resolver el día. Y una sociedad también puede caer en esa trampa., Por eso necesitamos recalcular.
Recalcular no significa negar los errores. Significa reconocerlos, aprender y buscar una nueva ruta. El GPS no cambia el destino cuando encuentra un obstáculo; cambia el camino. Y esa puede ser una de las grandes lecciones para Venezuela: podemos cambiar de ruta sin renunciar al destino.
Tenemos que recuperar la electricidad, el agua, los servicios, la producción, la estabilidad económica y las oportunidades. Pero también necesitamos reconstruir algo menos visible: la confianza de una sociedad que durante demasiado tiempo ha recibido señales que le hacen pensar que su esfuerzo no siempre tiene recompensa.
La neurociencia nos recuerda que podemos aprender y adaptarnos. Las experiencias difíciles dejan huellas, pero no tienen que convertirse en nuestro destino. Venezuela también puede aprender de sus errores, organizarse mejor, recuperar la cultura del trabajo y construir instituciones capaces de responder a las necesidades de su gente., Eso es recalcular.
Y allí aparece el liderazgo. Un verdadero líder no promete una carretera sin obstáculos. Cuando encuentra una vía cerrada, mira el mapa, entiende el problema y busca la alternativa. No pierde el rumbo porque cambió la carretera.
Eso es precisamente lo que Venezuela necesita: dirección, estrategia, organización y capacidad de ejecución.
También nosotros debemos aprender a tratarnos como ese GPS. Cuando fallamos, no debemos convertir una equivocación en una condena. Hay que reconocer dónde estamos, aprender de lo ocurrido y volver a buscar el camino. Porque un error puede ser información para corregir, no una sentencia sobre nuestro futuro.
Venezuela ha tomado caminos equivocados. Hemos perdido tiempo y hemos cometido errores. Negarlo sería absurdo. Pero sería todavía más absurdo pensar que esos errores determinarán para siempre nuestro destino.
Podemos reconstruir. Podemos recuperar nuestros servicios, nuestra economía, nuestras instituciones y, sobre todo, la confianza en nosotros mismos. No será fácil ni inmediato. Pero la esperanza verdadera no consiste en creer que el camino será sencillo; consiste en saber que todavía existe un camino.
Y quizá Dios sea nuestro copiloto en este viaje, dándonos fortaleza cuando el camino se hace difícil y sabiduría para reconocer cuándo debemos cambiar de dirección.
Hoy Venezuela no está donde quiere estar. Pero nuestra ubicación actual no tiene por qué convertirse en nuestro destino final.
Y aquí está quizás lo más importante: no estamos condenados a seguir buscando a ciegas. Hay venezolanos que han dedicado años a estudiar el mapa, entender cada obstáculo, organizar equipos y construir una ruta concreta para recuperar la libertad. Una ruta que no nace de la improvisación ni de la resignación, sino de una visión clara de país, de organización, de ciudadanía y de futuro.
Hay un equipo que conoce esa ruta y que ha demostrado que sabe hacia dónde conducirnos.
El GPS está encendido.
El destino es una Venezuela libre. La ruta está trazada. Ahora toca recorrerla, con determinación, organización, fe y sin desviarnos del destino.
Porque después de tantos años, Venezuela no necesita otro camino improvisado.
Necesita seguir la ruta que nos lleva, finalmente, a la libertad.
Vamos por más…
José Ignacio Gerbasi
@jgerbasi


