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Simón Bolívar y el arte de la guerra de Sun Tzu

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Por Ángel Rafael Lombardi Boscán

Bolívar fue un exitoso militar en la guerra porqué la ganó y un pésimo político en la paz. Nos interesa lo primero. Además, su formación militar fue en la “calle” y no académica. Leyó algunos tratados militares clásicos de su tiempo más su gran perspicacia la obtuvo a través de la escuela de la adversidad. Bolívar fue mil veces derrotado y siempre se levantó desde el fango para seguir insistiendo en la victoria final, su victoria, ya que el celo propio de una ambición desmedida estaba en su genética y talló su voluntad.

No creemos que Bolívar haya leído a Sun Tzu y su tratado “El arte de la guerra” que pudo haber sido escrito en los muy remotos siglos V o VI a.c. de la ancestral civilización china. Aun así es evidente que muchas de sus sentencias y recomendaciones las puso en práctica en nuestra Guerra de Independencia entre los años 1810 y 1823.

“La victoria es el principal objetivo de la guerra. Si se pospone demasiado, las armas se embotan y la moral decae. Cuando las tropas ataquen a las ciudades estarán en el límite de sus fuerzas”. Bolívar hizo de la guerra el medio para alcanzar la “liberación nacional”. Ponemos esto entre comillas porqué es una afirmación nuestra anacrónica. Hoy decimos “liberación nacional” ante un poder colonizador aunque en su momento la guerra tuvo muchos significados diferentes, desde la guerra civil hasta la guerra popular; desde la guerra inter provincial hasta la guerra internacional.

“Si el ejército emprende campañas prolongadas, los recursos del Estado no alcanzarán”. Bolívar y sus partidarios entre 1810 y 1819 no tenía Estado y mucho menos recursos para sostener una guerra prolongada contra las fuerzas de la Monarquía hispánica en Venezuela. Sus ejércitos y recursos fueron obtenidos principalmente a través del saqueo de las propiedades de los realistas o de la ayuda obtenida de la Nueva Granada (1813) o Haití (1816). Más que ejércitos, en ésta fase del conflicto, Bolívar fue un jefe guerrillero y de guerrillas.

“Un ataque puede carecer de ingenio, pero es necesario que se realice con la velocidad del relámpago”. En esto Bolívar siempre destacó y quizás fue su principal marca de la casa. La Campaña Admirable del año 1813 fue admirable por la velocidad de sus operaciones y el gran éxito haciendo uso de la sorpresa y economía en los medios militares. Cuando a Bolívar le tocaba perder, siempre se rehacía. Y esto desconcertó siempre a sus enemigos. La ofensiva fue su principal línea de acción militar y el fundamento de su éxito.

“El general competente busca que sus tropas se alimenten del enemigo, porque un quintal de víveres arrebatado al enemigo equivale a veinte de los suyos, medio quintal de forraje del enemigo, a diez quintales del suyo”. Tanto realistas como republicanos se abastecieron del enemigo por carecer de recursos propios en abundancia. Razón por la cual el vandalismo, pillaje, secuestros y saqueos fueron la real Intendencia de unos y otros.

“Se saquea al enemigo porque se codician sus riquezas”. En nuestra Independencia la guerra fue un espacio para alcanzar el ascenso social a través de la violencia. En el año 1814 hubo una rebelión popular bajo el liderazgo de José Tomás Boves acaudillando a llaneros y pardos en contra del sector dirigente colonial blanco formado por los blancos criollos pudientes. Grupo social, por cierto, al que perteneció Simón Bolívar.

“Trata bien a los prisioneros y cuídalos. Todos los soldados hechos prisioneros deben ser cuidados con sincera magnanimidad, a fin de que puedan ser utilizados por nosotros”. El lado sombrío de la epopeya. Sin Academias militares en pie, los soldados, desde la más grande informalidad y apenas disciplina, desertaban a cada rato cuando su facción era derrotada. El dibujo de los “ejércitos” carecía de nacionalidades y los soldados no servían una causa ideológica sino el dictado de sus estómagos.

“Todo el arte de la guerra está basado en el engaño”. El famoso “Vuelvan Caras” de Páez en la escaramuza de “Queseras del Medio” en 1819 aplicó en un tipo de guerra blanca (lanzas, cuchillos, machetes y otros) dónde las armas de fuego, por la escasez de industria y dinero, apenas se utilizaron.

“Si empleas un general que haya retenido mi estrategia es seguro que vencerá. ¡Consérvalo! Si utilizas un general que se niega a prestar atención a mi estrategia es seguro que será vencido. ¡Destrúyelo!”. Páez fue díscolo e insubordinado contra Bolívar. En la ofensiva del año 1818 no le quiso acompañar y tampoco en el asalto a la Nueva Granada del año 1819. Bolívar triunfó e impuso su estrategia militar victoriosa a pesar de Páez. Y al no poder “destruirlo” terminó perdiendo en manos del llanero a partir del año 1826.

“Si está unido, divídelo”. La Torre, tenía un dispositivo militar en el centro del país muy sólido. Bolívar en el año 1821 decide dar el zarpazo final sobre Venezuela. Para ello ordenó a Bermúdez una diversión hacia la capital Caracas desde el Oriente. Este movimiento táctico y furtivo hizo dividir las tropas realistas que cayeron en el señuelo. La Batalla de Carabobo del 24 de junio de 1821 se ganó por éste ardid.

“Atácalo en dónde no esté preparado; avanza por dónde no se lo espere”. El hecho militar más decisivo en la carrera de Bolívar por hacer morder el polvo a los realistas de la Costa Firme ocurrió en el año 1819: el asalto inesperado e imposible sobre la Nueva Granada. Bolívar y sus oficiales condujeron un ejército entre 2500 y 3000 soldados por los vericuetos de las alturas del Páramo de Pisba y sus terribles 3800 metros sobre el nivel del mar. Bolívar quiso imitar a Aníbal, el ilustre general cartaginés, que remontando los Pirineos, sorprendió a Roma. La Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819, fue la batalla más determinante y exitosa, en la vertiginosa vida militar de Simón Bolívar.


Ángel Rafael Lombardi Boscán es Director del Centro de Estudios Históricos de la Universidad del Zulia

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