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Venerock: Volvimos a escuchar las “Sílabas Eidéticas” de Trance Nuance y nos volvió a gustar… como siempre

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Rockeros y criollos como somos en Morfema Press, presentamos esta reseña de Coleccionistas de Rock Venezolano de un espectacular disco que escuchábamos cuando no teníamos canas… por allá a mediados de los 90.

Trance Nuance

Banda caraqueña surgida a principio de la década de los 90s forma parte de la camada de bandas que tomaron el testigo dejado por Sentimiento Muerto, El Enano De La Catedral o La Seguridad Nacional, conformada por Jesús Piñango (voz), Ivan Gozón (guitarra/Sitar), Oswaldo Grillet (bajo/voz) y Guillermo García (batería) dieron a luz una gran obra de arte donde el indie rock, la música hindú, el rap, el dark e incluso la psicodelia tienen cabida.

Sin que por ello pueda definirse donde comienza o donde terminan los esquemas, el elemento hinduista representa un factor determinante en la concepción del álbum que se inicia con «gita» (canción» en el lenguaje sánscrito) abre el velo de una poesía musical que no necesita más palabras que las melodías producidas por el Sitar en un viaje surreal a tierras sagradas para luego caer en «morir soñando» donde el rock y el rap se fusionan de forma homogénea y con si se quiere una altísima influencia de Los Gusanos sobre todo de la etapa del «ritual del vacilón», con «uno diferente» y «lleno de ansiedad» se despejan las dudas y se percibe la personalidad de la banda con un sonido compacto y (pese a los múltiples elementos) bien definido , con la anexión de «el rap de la ciudad» el matiz grandilocuente del disco se pierde para dar paso a el ritmo festivo del dance/rock aunque es con «el ego falso» que la banda tocaría definitivamente su mejor momento a nivel compositivo tema este que adiciona sonidos sampleados, elementos psicodélicos y el persistente rapeo introspectivo como lo es también el arte gráfico que corrió a cargo del propio Oswaldo Grillet y Hector Castillo (ex-Sentimiento Muerto y Dermis Tatu).

Grabado en «Gopinatha Studio» durante mayo del 96, este representa un enorme clásico del rock nacional, oculto quizás, una joya aún por descubrir en la vasta discografía nacional donde lo espiritual y lo pagano se unen imperceptiblemente sin pedir permiso ni perdón.

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