Morfema Press

Es lo que es

Benjamín Tripier

Por Benjamín Tripier

La situación venezolana es dura, pero no es absurda ni sin salida: es exactamente lo que es: Inflación muy alta, salarios formales casi simbólicos, servicios deteriorados y un país que depende de remesas para que millones puedan comer, conviven con alivios parciales de sanciones, interés creciente en la inversión petrolera y una sociedad que ha aprendido a sobrevivir con emprendimientos, dolarización de facto y redes locales.

Asumir sin maquillaje que “esto es lo que hay” no es derrotismo, sino que es el punto de partida de cualquier transición con pretensiones de seriedad. Solo desde esa honestidad se puede construir un mensaje de cambio cultural en el que el sacrificio tenga sentido. Que se deje de inflar promesas y se empiece a medir la mejora por indicadores concretos: horas de luz, disponibilidad de agua, inflación mensual, empleo formal.

El objetivo de este análisis es justamente ese: ordenar riesgos, actores y relatos de manera que el Plan Rubio (esquema de transición en tres fases: estabilización, recuperación, transición, articulado con EEUU) -o cualquier esquema de cambio- proteja a quienes siguen produciendo dentro del país, conecte con la diáspora y se ancle en una fuente interna de credibilidad como MCM, sin delegar la esperanza exclusivamente en Washington.

Como les decía… la situación venezolana es dura, pero contiene elementos reales para una transición positiva si se los mira sin autoengaño:

1. Punto de partida: aceptar la realidad completa

Al mismo tiempo de los datos de la introducción, encontramos que hay un alivio parcial de sanciones, interés de inversión petrolera y movimientos de emprendimiento, así como una parte de la diáspora que mira a Venezuela como una opción de futuro.

Las cifras duras ayudan a aterrizar la discusión. La producción petrolera ronda hoy 0,8 millón de barriles diarios, y los escenarios más serios la llevan a 1,1‑1,2 mbd a fines de 2026 y a un techo de 1,3‑1,4 mbd en 2027; frenada por la falta de inversión y por un sistema eléctrico colapsado.

Y si las condiciones institucionales y democráticas cambiaran y se fortalecieran, podría ser factible llegar a 1,8‑2,1 mbd en 2028, si se inyectan entre 8.000 y 10.000 millones de dólares anuales en rehabilitación de pozos, refinerías y servicios.

La diáspora también marca diferencias. De los más de 8 millones de venezolanos fuera del país, con un giro político claro podría traer de vuelta entre 15 y 22% (1,2‑1,7 millones) en tres años, que podría empujar el retorno hasta 18‑25% (1,4‑2,0 millones). No es solo un dato humano: es el volumen de talento y capital que define si la reconstrucción es marginal o profunda.

El cuello de botella eléctrico es otro factor que separa quejas de soluciones. Hoy el país arrastra un déficit de 3‑4 GW en horas pico, con apagones diarios de 4‑8 horas en muchas ciudades y de 10‑14 horas en zonas rurales.

Guri opera al 60‑65% de su capacidad, las termo eléctricas clave están semiparalizadas; y esto recorta cada mes entre 50.000 y 80.000 barriles diarios de producción petrolera por interrupciones en bombeo y refinación.

Y sin cambios de fondo no hay plan creíble para revertir este cuadro; porque los escenarios realistas con un cambio en la arquitectura del sistema hablan de reducir los cortes urbanos a menos de 2 horas diarias en el segundo semestre de 2026 y de eliminar apagones en las principales ciudades hacia fines de 2026; movilizando entre 3.000 y 4.000 millones de dólares en generación y transmisión de emergencia.

Ahora, desde el punto de vista político, las encuestas son inequívocas: 90,1% de los venezolanos no quiere a Delcy al frente de la transición, 88,1% quiere que toda la cúpula chavista abandone el poder y, en un escenario binario, 82,4% prefiere a María Corina Machado frente a un 4,8% de Delcy.

Al mismo tiempo, 68,2% espera que la economía mejore en los próximos seis meses, pero 80,3% reconoce que su situación no mejoró en los primeros dos meses del año, lo que revela una mezcla de esperanza y escepticismo aprendido.

Esa brecha entre lo que la gente sueña y lo que realmente vive define el momento: hay materia prima social para el cambio, pero también una conciencia clara de que el chavismo lleva 27 años prometiendo lo que no cumple.

Desde una mirada madura, el vaso de la situación venezolana no está “medio lleno” ni “medio vacío”: el vaso tiene exactamente el agua que tiene, con elementos de colapso y de reconfiguración coexistiendo. Y esa aceptación es clave para que el sacrificio que sigue haciendo el noble pueblo de Venezuela tenga sentido; porque de esa forma se dejan de subestimar los costos y se dejan de inflar las promesas.

2. Tres actores clave de la transición

  1. Población económicamente activa que sigue en Venezuela
  2. Soporta la inflación, la precariedad de servicios y la presión fiscal, pero también ha desarrollado capacidades de adaptación (emprendimientos, dolarización de facto, redes locales) que serán la base de la recuperación
  3. Si el “Plan Rubio” o cualquier esquema de transición no protege a este grupo (trabajadores, pymes, comercios, productores), la reforma pierde legitimidad social desde el día uno
  4. Diáspora
  5. Envía remesas que sostienen el consumo interno y actúa como “banco” informal de la reconstrucción futura. En 2025 significaron 6.000 millones de dólares que ingresaron informalmente en la economía
  6. También concentra capital humano, know-how y redes de inversión que pueden entrar en oleadas sucesivas si perciben reglas claras, seguridad jurídica mínima y un horizonte político creíble
  7. Fuente interna de credibilidad (MCM como símbolo)
  8. En un entorno donde la confianza en instituciones está muy dañada, una figura o núcleo político con reputación de coherencia se convierte en el ancla emocional muy necesaria para el éxito de la transición
  9. Esa credibilidad no puede sustituir el rol internacional (Trump, Rubio, Dogu), pero sí puede traducir la presión externa en un relato interno de sacrificio con sentido, de costos hoy, para beneficios mañana

3. Riesgos que pueden inhibir el “Plan Rubio” y cómo contenerlos

La transición no fracasa por falta de buenos PowerPoints, sino por cuatro riesgos muy concretos que ya se ven venir.

1. Fatiga social y cinismo

La sociedad ha visto demasiadas promesas fallidas; la esperanza es volátil y se retrae rápido ante el primer desencanto. Si se vende la transición como “solución rápida” o “todo cambiará en seis meses”, cualquier ajuste duro (tarifas, subsidios, corrección cambiaria) se convertirá en combustible contra el propio proceso.

La única vacuna es el realismo radical: hablar desde el inicio de una transición lenta y dolorosa, con metas por etapas (90 días, 1 año, 3 años) y con indicadores simples que la gente pueda verificar: horas de luz, agua disponible, inflación mensual, empleo formal. No importa si el vaso está medio lleno o vacío; importa que el nivel de agua suba, aunque al principio casi no se note.

2. Choque entre consumidores y empresarios

De un lado, consumidores que sienten que “todo es abuso”; del otro, empresas que se ven como blanco fiscal de un Estado que no ofrece garantías ni servicios. Si la transición solo habla de “confianza inversionista” sin hablar de salario real y protección al consumidor, se percibirá como un simple cambio de élites.

La salida es un pacto explícito: menos trabas y reglas claras a cambio de compromisos verificables del sector privado para formalizar empleo, invertir localmente y mejorar salarios reales a medida que la inflación baja. Y que existan observatorios mixtos (academia, gremios, sindicatos, sociedad civil) que monitoreen precios y márgenes con datos abiertos, para bajar la paranoia de ambos lados.

3. Dependencia excesiva de actores externos

Si el relato se centra solo en Washington, la sociedad queda en modo “que nos rescaten”. Cuando la gente siente que el cambio depende más de Trump‑Rubio‑Dogu que de lo que haga dentro del país, el compromiso con el sacrificio interno se debilita.

Los aliados externos deben presentarse como aceleradores y garantes, no como sustitutos de la voluntad interna. Cada concesión externa (alivio de sanciones, apoyo financiero) debería estar vinculada a cambios visibles puertas adentro: transparencia en la renta petrolera, fortalecimiento institucional, acuerdos políticos verificables.

4. Fragmentación opositora y captura del relato

Si a la única fuente interna de alta credibilidad no se le permite liderar e integrarse orgánicamente al relato de transición, la esperanza se licua en una competencia de narrativas cortoplacistas. El Plan Rubio corre el riesgo de ser percibido como un proyecto de élite externa, desconectado de las luchas previas.

La respuesta es integrar a MCM y a otros liderazgos legítimos como coprotagonistas del contrato de transición, no solo como voceros de ocasión. Alinear discurso significa compartir la misma lectura de “esto es lo que hay”, el mismo reconocimiento de dolores y los mismos hitos de mejora medible.

4. Elementos positivos ya en marcha desde el 3E

Desde el 3E se abrió una realidad distinta que, aunque sigue siendo dura, ofrece una ventana de transición política y económica que antes no existía. La sociedad venezolana ha comenzado a reconocer con más claridad “esto es lo que hay”: la fragilidad institucional y económica, pero también nuevas oportunidades de cambio que se derivan de este quiebre del status quo.

El debate público se ha movido, poco a poco, de la ilusión de soluciones mágicas hacia la conversación sobre reglas, instituciones, economía productiva y reconstrucción, y eso ya es un avance cultural importante.

En este nuevo contexto, el foco deja de ser discutir si el vaso está medio lleno o medio vacío y pasa a ser aceptar el nivel de agua real para concentrarse en cómo hacerlo subir, paso a paso, con responsabilidad compartida.

La gratitud por la apertura de esta oportunidad -aun cuando llegó de forma abrupta y dolorosa- se combina con la responsabilidad de no delegar el futuro exclusivamente en factores externos o élites, sino de asumir que la dirección de la transición dependerá, en buena medida, de lo que los propios venezolanos decidan hacer con este momento.

Por eso, sin exagerar los avances, hay que reconocer que sí hay cambios desde inicios de año, visibles en la conversación pública y en la conducta social

  • Mayor claridad sobre los costos del modelo actual: tarifas, apagones, inflación, salarios de hambre ya no son anécdotas, sino parte central del debate
  • Más gente hablando de transición institucional y no solo de “salida inmediata”, asumiendo que se requiere reforma de reglas, no solo cambio de caras
  • Un incipiente lenguaje de responsabilidad compartida: lo que hagan empresarios, trabajadores, jóvenes y diáspora empieza a percibirse como decisivo, no accesorio
  • Debate constitucional para echar luz sobre la pseudo legalidad que sustenta la posición de Delcy, y la necesidad de llamar a elecciones por la imposibilidad del retorno de Maduro

El desafío es transformar esa sensibilidad en hoja de ruta, y que el malestar deje de ser solo queja y empiece a convertirse en participación organizada.

5. Propuesta de marco narrativo para acompañar el sacrificio

Para que el sacrificio tenga sentido y soporte el plan Rubio, la narrativa podría apoyarse en cinco ejes:

  1. Realismo radical:
    “Esto es lo que hay”: salarios simbólicos, inflación alta, servicios quebrados, pero también una sociedad más consciente y una diáspora poderosa
  2. Dolor con propósito:
    Cada medida impopular debe traducirse en un beneficio concreto, medible y comunicable: menos colas, menos apagones, más horas de clase, más empleos formales, aunque sea en magnitud modesta al inicio
  3. Participación de todos los venezolanos, dentro y fuera:.

La gente en Venezuela como protagonista de la recuperación productiva, y la diáspora como inversor, mentor, puente comercial y, en algunos casos, retornante gradual.

  • Doble ancla de confianza: interna y externa:

Interna: liderazgo de alta credibilidad (MCM como símbolo de coherencia) que explique el sacrificio en términos de justicia intergeneracional y oportunidades futuras

Externa: aliados que garanticen que las reglas no se manipularán y que la apertura económica será real, no decorativa

  • Cambio de pregunta:
    De “¿cuánta agua hay en el vaso?” a “¿qué estamos haciendo hoy para que mañana haya más agua?”.
    El foco deja de ser evaluar el presente desde la frustración y pasa a ser aumentar, paso a paso, el nivel de agua, aceptando que al principio casi no se note.

6. Orientación propositiva de gestión de riesgos

Para que los riesgos no inhiban el plan, pueden trabajarse en tres capas:

  • Institucional: compromisos claros y verificables en materia de uso de renta petrolera, reforma tributaria pro-producción y protección de derechos de propiedad con restitución de los derechos conculcados y devolución de activos y derechos
  • Social: programas focalizados que protejan a los más vulnerables en la fase de ajustes (transferencias directas, subsidios temporales a energía y transporte, apoyo a pymes intensivas en empleo).
  • Narrativa: mensajes consistentes, sin triunfalismo, que traten al ciudadano como adulto; explicando que la transición será lenta, que el dolor no se puede evitar, pero que sí se puede administrar con justicia y sentido

En resumen, el reconocimiento de la realidad no es el final del camino, sino la primera condición para que el sacrificio deje de ser ciego. La población económicamente activa que sigue en Venezuela, la diáspora que funciona como banco de ahorro y talento, y una fuente interna de credibilidad como MCM son tres pilares que ya existen, y no hay que inventarlos: lo que falta es un marco de transición que los cuide, los convoque y los ordene.

Si el Plan Rubio combina realismo radical, dolor con propósito y participación de todos los venezolanos dentro y fuera del país, la frase deja de ser un consuelo y se convierte en una hoja de ruta: hoy el vaso tiene la cantidad de agua que tiene, pero cada decisión institucional, cada compromiso del sector privado y cada concesión externa condicionada puede hacer que mañana tenga un poco más.

El desafío es que ese aumento, por pequeño que sea al principio, sea verificable, compartido y explicado sin triunfalismos, tratando al ciudadano como adulto. Solo así la transición dejará de ser otro relato que decepciona y pasará a ser una tarea colectiva que, paso a paso, se sostiene.

Aceptar la realidad es la única forma de cambiarla.

Por Benjamín Tripier

Venezuela entra en una fase en la que las decisiones de la AN 2025 -que es al mismo tiempo pieza clave y eslabón débil- pueden seguir siendo simples maniobras de supervivencia del poder de facto o convertirse en el primer eslabón de un marco institucional mínimamente aceptable y asumir el costo político de empezar a construir el puente hacia un marco institucional mínimamente aceptable para inversores y para Washington; pese a que ni el Ejecutivo ni el Parlamento gozan hoy de reconocimiento pleno, cargando con el lastre de un reconocimiento internacional incompleto.

I. Objetivo y criterio de diseño

  • Objetivo central: pasar de “PowerPoint y licencias petroleras” a un entorno donde empresas grandes puedan justificar ante accionistas y auditores que el riesgo jurídico y político es manejable
  • Criterio: cada paso interno (ley o decisión de la AN) debe estar pensado desde el principio para ser revalidado o re-enmarcado internacionalmente en un segundo momento (vía acuerdos, referendos, nueva AN reconocida)

II. Paquete institucional mínimo que debe armar la AN 2020–2025

  1. Reforma judicial escalonada
    1. Aprobación de una “Ley de Emergencia de Justicia y Estado de Derecho” que:
      1. fije estándares mínimos (incompatibilidades, publicidad de sentencias, control disciplinario externo),
      2. cree una Comisión Mixta (AN + colegios de abogados + observadores internacionales) para evaluar y depurar magistrados clave en TSJ y jueces penales / contenciosos
    2. Meta política: mostrar que el chavismo acepta poner bajo escrutinio el instrumento central del “aguijón”, aunque lo haga de forma gradual y negociada
  • Reconfiguración del poder electoral
    • Ley de “Reinstitucionalización del CNE” que:
      • establece requisitos profesionales claros,
      • abre concurso público con veeduría internacional (OEA, UE, Centro Carter u otros que Washington tolere),
      • fija un calendario de renovación del CNE en 12–18 meses como parte de la hoja de ruta 2027–2028
    • Esta ley tiene que ser pensada desde ya para que una futura AN reconocida pueda ratificarla casi sin cambios, de modo que el trabajo de hoy no “caduca” con la transición
  • Marco económico y de gobernanza para inversiones
    Además de Hidrocarburos, la AN debería aprobar tres bloques:
    • Ley de estabilidad y transparencia contractual (fortalece arbitraje internacional, publicación obligatoria de contratos clave, límites a la ley antibloqueo)
    • Ley de responsabilidad fiscal y fondo de estabilización petrolera (reglas sobre deuda, déficit y uso de renta; condición necesaria para que dolarización y petróleo no se traduzcan solo en nueva orgía de gasto)
    • Ley marco de dolarización o, al menos, de “ancla monetaria dura”: reconoce al dólar como unidad de cuenta y medio de pago general, prepara la transición de contratos y redefine funciones del BCV

Estas tres piezas son las que permiten alinear, por primera vez, petróleo, estabilidad de precios (vía dólar) y bienestar interno, en lugar de usar el tipo de cambio solo como máquina de renta discrecional.

III. Cómo lidiar con la falta de reconocimiento internacional

El punto crítico es que, por sí solos, gobierno y AN actuales no “contagian” legitimidad a sus actos. Tres mecanismos para construir validez:

  1. Cláusulas de revisión y ratificación futura
    1. Incluir en cada ley clave un artículo explícito:
      1. su vigencia plena queda sujeta a ratificación, en todo o en parte, por una futura AN electa en un proceso reconocido internacionalmente;
      2. los contratos firmados bajo estas leyes podrán revalidarse sin rediscutir todo el negocio, salvo cláusulas manifiestamente contrarias al derecho internacional
    2. Esto permite a los departamentos jurídicos decir: “El marco actual es provisional pero diseñado para ser asumido por el próximo sistema”.
  • Vinculación a acuerdos y testimonios externos
    • Atar la implementación de estas leyes a:
      • licencias del Departamento del Tesoro (OFAC),
      • cartas de intención o MOUs con organismos multilaterales (BID, CAF, eventualmente FMI) que mencionen expresamente el marco legal interno.
    • Aunque no haya reconocimiento pleno, el hecho de que EE. UU. y multilaterales interactúen con ese marco le da “peso” ante auditores y accionistas
  • Participación de la otra parte del sistema político que representa al casi 90% de la sociedad
    • Crear comisiones especiales donde la AN invite formalmente a representantes del bloque democrático (MCM, otros) y a sociedad civil a co-diseñar leyes clave (justicia, CNE, dolarización, responsabilidad fiscal)
    • Aunque en la práctica la cooperación sea limitada, la simple existencia de estos espacios genera evidencia documental de que se buscó una arquitectura compartida, lo que ayuda a reducir la percepción de “normativa unilateral del escorpión”

IV.  Rol de EE. UU. y del dilema Delcy / MCM

  • EE. UU. hoy combina tres objetivos: petróleo, estabilidad mínima y relato democrático; de ahí el “doble mando” Cabello–Delcy y la tensión con el liderazgo social de MCM
  • El plan debería hablarle a Washington así:
    • cualquier esquema que dependa exclusivamente de Delcy/AN 2020–2025 sin integración estructurada de MCM y sin reformas judicial–electorales verificables solo produce un “chavismo 3.0 dolarizado”;
    • los pasos propuestos son precisamente la vía para que EEUU no tenga que “elegir” persona, sino un procedimiento: AN actual abre el juego, bloque democrático participa, nueva AN ratifica

En otras palabras, se trata de cambiar la pregunta de “¿Delcy o María Corina?” por “¿cuál es la secuencia institucional que hace que la elección de personas importe menos que las reglas?”.

V. Dolarización y “pruebas ácidas”

La dolarización entra como pieza crítica, pero su credibilidad depende de superar tres pruebas ácidas:

  1. Prueba fiscal
    1. ¿La AN aprueba una regla de disciplina fiscal exigible y un fondo petrolero transparente?
    2. ¿Se eliminan, de hecho, los mecanismos de financiamiento monetario del déficit?
  2. Prueba de gobernanza y justicia
    1. ¿Hay pasos verificables de depuración judicial y de reconstrucción del CNE con participación y observación?
    2. ¿La ley de amnistía se aplica de forma amplia y controlada, evitando el uso selectivo como puerta giratoria?
  3. Prueba de inclusión productiva
    1. ¿Los nuevos contratos petroleros incluyen cláusulas fuertes de empleo y capacitación de personal venezolano, repatriación de talento y encadenamientos locales, y no solo renta para la élite política?

Si estas pruebas no se superan, la dolarización se vuelve un decorado: baja algo la inflación, sube algo la producción, pero el país sigue sin ancla institucional y los departamentos jurídicos de las empresas tendrán razón en recomendar prudencia extrema.

En cambio, si AN 2020–2025 usa su “impacto interno” para iniciar este paquete de reformas, explícitamente orientado a ser ratificado por una futura institucionalidad reconocida, entonces sí puede decirse que está construyendo el embudo que convierte leyes precarias en instrumentos con validez internacional y, sobre todo, con sentido para la gente dentro del país.

Los tres escenarios siguen la lógica del tridente Trump–Rubio–Dogu, el chavismo (incluyendo alacranes) y MCM/oposición real:

Escenario A – Transición negociada con “desarme parcial del aguijón” (30–35%)

Transición pactada, con reforma petrolera y amnistía como “zanahoria”, y presión judicial internacional y nacional selectiva como “palo”.

  • El tridente ancla su estrategia en “petróleo a cambio de pasos verificables”: más licencias, flexibilización de sanciones y apoyo a la dolarización/ancla dura, condicionados a: aplicación real de la amnistía, reformas mínimas en justicia y CNE y cogobierno limitado con la oposición democrática
  • El chavismo (Cabello–Delcy + alacranes) acepta desmovilizar gradualmente parte del aparato represivo y de censura, preservando PSUV, cuotas en el Estado y garantías personales, pero cediendo espacios en gobierno y AN a MCM y aliados
  • MCM y la oposición real entran en la arquitectura de poder (vicepresidencia fuerte, ministerios clave, rol en diseño institucional), con horizonte electoral competitivo 2027–2028 y compromiso explícito de no revancha inmediata

Recomendaciones:

  • Tridente Trump–Rubio–Dogu
    • Amarrar cada barril extra y cada dólar de inversión a hitos concretos: liberaciones medibles, apertura mediática, reforma electoral con veeduría y avance hacia dolarización/estabilidad monetaria
    • Evitar personalizar en Delcy: construir canales directos con MCM y sociedad civil, para no quedar rehenes de la interna chavista
  • Chavismo en el poder (incluidos alacranes)
    • Convertir poder de facto en poder negociado, no en resistencia suicida: aceptar que reforma petrolera + amnistía son el inicio de un nuevo arreglo, no una pausa antes de volver a cerrar
    • Dar señales irreversibles: formalizar límites al uso de colectivos, cuerpos especiales y censura; permitir consolidar amnistía y apertura mediática sin represalias
  • MCM y verdadera oposición
    • Usar el petróleo y la dolarización como argumento democrático: explicar que la mejora (1,0–1,3 mbd) solo sirve a la mayoría si hay reglas, transparencia y ancla monetaria que impida el saqueo recurrente
    • Aceptar un rol de cogobierno de transición sin renunciar al horizonte de alternancia plena; organizar ex presos, diáspora técnica y redes ciudadanas para llenar de contenido las reformas institucionales

Escenario B – Reciclaje autoritario con mejora económica relativa (45–50% y escenario base hoy)

El chavismo usa la ventana de petróleo + amnistía para recomponer sus finanzas y legitimidad mínima, sin desmontar el núcleo autoritario; los alacranes y “oposición funcional” son parte del decorado

  • El tridente prioriza estabilidad y suministro energético sobre democracia de fondo; las sanciones se flexibilizan, los contratos avanzan y la presión sobre el régimen baja, a cambio de una narrativa de “apertura controlada”
  • Cabello–Delcy consolidan un chavismo 3.0: más negocios y menos escasez, pero mismo control del aparato judicial, electoral y represivo; la amnistía se usa como puerta giratoria para disciplinar líderes y medios
  • MCM y la oposición real quedan tolerados pero arrinconados: pueden hablar y competir, pero sin acceso a palancas decisivas; los alacranes ocupan el espacio “opositor” en instituciones

Recomendaciones:

  • Tridente Trump–Rubio–Dogu
    • No conformarse con “estabilidad con bandera democrática”: mantener opciones de sanciones individuales y causas judiciales contra figuras que bloqueen reformas profundas, no solo contra “maduristas”
    • Exigir mecanismos de monitoreo de la amnistía y de medios; no aceptar una democracia vitrificada donde todo está en papel, pero el aguijón sigue intacto
  • Chavismo + alacranes
    • Entender que un reciclaje sin cambios reales genera un nuevo ciclo de frustración y riesgo de estallido futuro; el “mejoramiento económico” sin inclusión política es pan para hoy y gasolina para mañana
  • MCM y verdadera oposición
    • Evitar ser solo “adorno legítimo”: documentar cada incumplimiento, cada uso selectivo de la amnistía y cada trampa electoral, y traducirlo en presión internacional articulada
    • Construir músculo organizativo y programático independiente del favor del tridente; prepararse para escenarios de apertura limitada o de ruptura

Escenario C – Ruptura de control y estallido híbrido (15–25%)

Se combinan hambre, tarifas, sensación de engaño y pérdida de miedo, y la calle supera los canales controlados; el esquema Cabello–Delcy se desborda.

  • El tridente se encuentra atrapado entre su apuesta por la “transición gestionada” y una escalada de conflicto que amenaza la estabilidad y la producción petrolera; la coordinación con Delcy se vuelve errática
  • El chavismo intenta reactivar todo el dispositivo represivo; la respuesta social y la presión externa pueden llevar a fracturas internas, sabotajes y caída de las proyecciones de 1,1–1,3 mbd
  • MCM y la oposición real pueden convertirse en conducción de una ruptura más profunda, o quedar sobrepasados por una dinámica más caótica, con riesgo de violencia y salidas de fuerza

Recomendaciones:

  • Tridente Trump–Rubio–Dogu
    • Preparar desde ya un “Plan C de contención democrática” para un escenario de estallido: apoyo explícito a salidas constitucionales, protección a líderes democráticos, líneas rojas nítidas sobre represión masiva
    • Evitar respuestas únicamente securitarias; vincular cualquier asistencia en seguridad a compromisos firmes de transición política y protección de derechos
  • Chavismo en el poder
    • Leer las señales de calle antes del punto de no retorno; un nuevo uso masivo del aguijón puede cerrar la puerta a cualquier transición negociada y abrir un ciclo de violencia prolongado
    • Considerar que pactar salidas con garantías limitadas hoy puede ser menos costoso que enfrentar una ruptura sin control mañana
  • MCM y verdadera oposición
    • Preparar estructuralmente la conducción de un auge de protesta: mensajes claros, objetivos concretos, canales de interlocución internacional, mecanismos de documentación de abusos
    • Evitar que la legítima rabia se traduzca en un vacío de poder que termine justificando una restauración autoritaria peor; insistir en una hoja de ruta institucional incluso en medio del conflicto

La lectura implícita es: hoy lo más probable sigue siendo algún tipo de chavismo 3.0 “ordenando” la economía con apoyo externo, pero con un espacio no menor para que la combinación de calle, presión internacional y fatiga del modelo empuje hacia A, y un riesgo no trivial de que todo descarrile hacia C si el aguijón vuelve a usarse sin límite.

En los tres escenarios, la clave del “realismo informado” -ni triunfalismo ni cinismo- es asumir que hay recursos y leyes para una salida más decente, pero que mientras el núcleo duro del poder siga intacto y el aguijón no esté desarticulado, cualquier avance puede ser reversible; las recomendaciones apuntan a reducir esa reversibilidad y a obligar a que cada barril, cada licencia y cada paso de apertura traiga consigo una porción de cambio institucional real.

En síntesis, el país ya tiene sobre la mesa la combinación más rara de las últimas dos décadas: recursos potenciales, reformas en curso y una correlación de fuerzas que hace posible una salida menos brutal.

Pero, insisto, mientras el núcleo duro del chavismo conserve intacto su aparato de miedo y la AN 2025 siga operando como simple extensión de ese poder y no como puente hacia reglas compartidas, todo avance será reversible. ​

La decisión de si esta fase será recordada como el inicio de una transición negociada o como el reciclaje exitoso de un régimen agotado no la tomarán los PowerPoint ni las licencias petroleras, sino tres actores concretos: el tridente Trump–Rubio–Dogu, que debe atar cada barril a reformas reales; el chavismo, que debe elegir entre poder negociado o resistencia suicida; y la oposición democrática, que tiene que transformar su mayoría social en arquitectura institucional. El resto es ruido.

Hoy al verdadero poder dentro de Venezuela lo sigue teniendo el chavismo; y lo otro, lo petrolero, por el momento lo siguen porque es funcional a la continuidad del chavismo… hasta de deje de serlo y ellos les digan a los gringos: “hasta aquí”… y se atengan a las consecuencia que nos lleven nuevamente a etapas que ya creíamos superadas.

Porque ya vimos que lo de Maduro del 3E no movió el amperímetro del poder; por lo que habría que ver si lo de Diosdado (si finamente termina ocurriendo) lo mueve, o tampoco lo hace.

Por Benjamín Tripier

El cuadro general sigue siendo de realismo informado: hay cambios reales desde el 3E (reforma petrolera, potencial de producción mayor, ley de amnistía, operaciones conjuntas Saab–Gorrín, pérdida de miedo social), pero el centro de poder de la revolución sigue en manos de Diosdado Cabello, que usa a Delcy como ejecutora dual (hacia Trump–Rubio–Dogu y hacia adentro) y mantiene intacto el aguijón del escorpión mientras ensaya un repliegue táctico.

La coexistencia de dos asambleas –una alineada con el poder de facto y otra con referencia democrática– refleja un país roto, pero también el hecho de que solo EEUU puede imponer una solución, lo que permite espacios de acción que de otra forma no podrían siquiera considerarse.

El dato nuevo y decisivo es que el tiempo importa tanto como el contenido: así como en el primer mes post 3E se hizo mucho en poco tiempo, el segundo mes debería servir para hacer mucho más y más rápido, con el objetivo claro de aceleración política y económica que no debería ir más allá del inicio de la campaña de medio término en Estados Unidos; porque después de ese punto la ventana internacional para empujar la transición se estrecha.

1. Nueva base de poder: petróleo, amnistía, doble mando y bienestar

La reforma parcial de la Ley de Hidrocarburos por parte de la AN chavista, abre el juego a más capital privado y mixto, permite a socios minoritarios comercializar directamente crudo, abrir cuentas en el exterior y gestionar operaciones, siempre bajo control formal del Estado; flexibiliza la estructura de empresas mixtas y contratos, facilita el arbitraje independiente y reconoce de facto contratos de la “ley antibloqueo”.

Lo cual significa que solo tiene efectos internos, y que si no se alcanza un marco de legitimidad que la convalide, será algo que no dará las garantías amplias que requiere la inversión extranjera nueva. Este cambio solo alcanza a empresas que ya están operando por estar asociadas al chavismo, como Chevron, ENI y Repsol que ahora podrán operar con más margen, manejar divisas y recuperar inversión, mientras el chavismo preserva el “dominio público” y la capacidad de veto; el escorpión comparte la renta, no el poder.

Hoy la producción ronda los 861 mil bpd y los expertos estiman que, con inversión y estabilidad política básica, podría subir a 1,0–1,1 mbd en 2026 y 1,1–1,3 mbd (máx. 1,4 mbd) en 2027, lo cual podrá alcanzarse solo en el marco de la confianza que da la institucionalidad democrática que hoy no existe; de otra manera será más de lo mismo, pero ahora sin sanciones.

Para Cabello–Delcy, la mejora petrolera es oxígeno político si logran presentarla como “normalización” sin cambio de fondo; para el proyecto de MCM, en cambio, el petróleo solo tiene sentido si se convierte en una palanca directa de bienestar ciudadano, empezando por salarios dignos y servicios mínimos en las zonas más castigadas.

Que debe convertirse rápidamente en servicios, salarios reales y empleo productivo, y no solo en oxígeno fiscal para el chavismo. Lo cual implica plazos y prioridades: en los próximos 3–6 meses la gente debe empezar a sentir mejoras visibles en electricidad, agua, transporte, alimentación y salud, aunque sea de forma desigual y progresiva; y a partir de allí, el incremento petrolero tendría que sostener aumentos reales de ingreso, estabilización de precios básicos y recuperación de inversión privada en sectores intensivos en empleo.


Si el impacto social de la renta se retrasa demasiado –por ejemplo, más allá del arranque de la campaña de medio término en EEUU– la narrativa de transición útil para la gente se vacía y el proyecto corre el riesgo de no avanzar: la impaciencia social puede transformarse en frustración o en estallido.

Por otra parte, la Ley de Amnistía, Reconciliación y Reencuentro Nacional, con impacto interno, limpia el terreno para liberar presos políticos, permitir regreso de exiliados y normalizar la oposición democrática; lo cual tiene un impacto directo en el tejido social con familias reunidas, profesionales que regresan, organizaciones que recuperan cuadros y experiencia.

No obstante, habría que ser precavidos porque el poder represivo sigue intacto, solo que transitoriamente replegado… Hasta que el repliegue no sea el desarmado total de las fuerzas del mal, nadie estará seguro en Venezuela.

En manos de Cabello–Delcy, sin embargo, la amnistía puede ser arma de doble filo (gesto de apertura o puerta giratoria), por lo que su legitimidad dependerá de que la gente perciba que no es solo un intercambio entre élites, sino una herramienta concreta para reconstruir confianza, organización social y canales de participación.

Desde el 28J24, el jefe real de la revolución es Diosdado Cabello; Delcy opera como ejecutora dual, respondiendo hacia afuera al triángulo Trump–Rubio–Dogu (estabilidad, petróleo, relato de triunfo democrático) y hacia adentro a Diosdado (supervivencia del núcleo duro sin entregar la revolución).

Operativamente, Delcy irá cumpliendo mandatos externos “un día a la vez”, hasta donde Cabello lo autorice, manteniendo siempre capacidad de reversa; el problema es que el bienestar de la gente no puede esperar el ritmo de esa doble lealtad, y de allí la importancia de fijar un objetivo de aceleración con fechas específicas donde se muestre un paquete mínimo de mejoras visibles y reglas básicas.

2. Riesgos y oportunidades: escorpión, rana, calle, dos asambleas y la vida diaria

EEUU ha permitido que el chavismo, vía Delcy, se suba sobre su espalda para cruzar el río de la transición, evidenciado en la cooperación Sebin–FBI–CIA en Saab/Gorrín, validación de Delcy como “interina” y apoyo a la reforma petrolera como plataforma para inversión.

La apuesta implícita es que el aparato represivo está bajo control y que la necesidad de inversión externa limita el uso del aguijón; pero la estructura de poder de Cabello sigue intacta, y solo replegada; el riesgo central es que, si la presión social se desordena o si las exigencias externas se perciben como inaceptables, el escorpión vuelva a picar con colectivos, tribunales, cuerpos de seguridad y censura.

La gente ya empezó a perder el miedo, salen más, protestan más, hablan más; Venevisión rompió simbólicamente el cerco mediático y otros medios, especialmente streamers, tantean el terreno.

Para Washington, esto es una condición necesaria para sostener que hay una transición apoyada por el pueblo, pero para las familias venezolanas lo fundamental no es solo poder protestar, sino que protestar tenga sentido porque se conectan las demandas con mejoras concretas en servicios, ingresos y oportunidades.

La ecuación sigue rota: Cabello–Delcy tienen el poder concreto (aparato, armas, renta), pero sin pueblo; MCM tiene al pueblo, pero no el poder.

El punto crítico será cuando la movilización popular deje de ser “ventana” y empiece a rozar el borde del alzamiento descontrolado; aunque sin conducción política clara, la frustración puede disparar una escalada que termine perjudicando justamente a quienes más sufren; con conducción orientada al bienestar, la presión social puede obligar a adelantar concesiones reales en materia de servicios, salarios, cronogramas y garantías.

Hay que reconocer que hay avances reales (reforma de hidrocarburos, ley de amnistía, detenciones impensables hace un año, apertura mediática incipiente, pérdida de miedo), pero el núcleo duro del poder no ha sido golpeado y el aparato de represión está intacto, aunque en modo espera.

Por eso la categoría adecuada no es “optimismo informado” sino “realismo informado”: reconocer oportunidades, anclar el análisis en la vida concreta de la gente y entender que la ventana de aceleración es corta; si en los próximos meses no se sienten mejoras tangibles y no se fijan reglas claras antes de que la política norteamericana se meta en su propio ciclo electoral, la transición puede entrar en arenas movedizas.

3. Escenarios: transición útil para la gente o reciclaje estéril

  • Escenario A: Transición negociada con desarme progresivo del aguijón y foco social

En este escenario, el bloque Trump–Rubio–Dogu usa la reforma de hidrocarburos y el potencial de producción como zanahoria, y la cooperación judicial (Saab, Gorrín, otros) como palo selectivo, vinculando explícitamente cada avance energético a pasos verificables en libertades, justicia y bienestar.

Cabello acepta desmovilizar gradualmente las estructuras represivas más visibles a cambio de preservar al PSUV como fuerza legal y de obtener garantías personales; la amnistía se aplica de forma amplia, con exclusiones claras para crímenes graves, permitiendo el regreso de líderes y cuadros técnicos que puedan aportar a la reconstrucción.

Se negocia un calendario de transición articulado con las etapas planteadas por MCM (100 horas / 100 días / 15 años) y las fases de Rubio (estabilización, recuperación, transición), pero ahora con una condición explícita: que desde el segundo mes post 3E se muestren resultados concretos en servicios, abastecimiento y seguridad cotidiana, y que antes del inicio de la campaña de medio término en EEUU exista un paquete básico de reformas y mejoras irreversibles.

MCM y su bloque entran a la arquitectura de poder de transición con un mandato claro: orientar la renta petrolera adicional a políticas visibles y rápidas en favor de la gente (salud, educación, redes de protección básica, salarios públicos prioritarios), evitando que toda la mejora se quede en licencias, balances y narrativas.

  • Escenario B: Reciclaje autoritario con mejora económica relativa pero sin bienestar compartido

Aquí la reforma de hidrocarburos y el repunte petrolero se utilizan principalmente para recomponer las finanzas del Estado bajo control de PSUV–AN–Cabello, con flexibilización de sanciones y cierta entrada de inversión, pero sin cambio político de fondo ni transformación del modelo de distribución de la renta.

La amnistía se convierte en herramienta de disciplinamiento selectivo y la dualidad de asambleas se normaliza como parte del decorado; la gente puede percibir alguna mejora en el abastecimiento o en la estabilidad de servicios, pero sin recuperación clara de salarios ni apertura sostenida de oportunidades, lo que mantiene la sensación de “mejoría arriba, estancamiento abajo”.

Si este escenario se prolonga más allá del giro de la política estadounidense hacia su ciclo electoral, la capacidad externa de incidir disminuye y la dinámica interna se rigidiza: la prioridad deja de ser el bienestar y vuelve a ser la supervivencia del sistema, con el riesgo de un nuevo ciclo de frustración y radicalización social.

  • Escenario C: Ruptura de control y estallido híbrido con alto costo social

En este caso, la combinación de hambre, tarifas, corrupción visible y sensación de engaño –sumada a la percepción de que las mejoras prometidas no llegan– detona un alzamiento híbrido, amplificado por medios más irreverentes y redes.

Cabello intenta reactivar al máximo el dispositivo represivo, Delcy queda atrapada entre mandatos internos y externos, la producción petrolera se resiente por conflictos y sabotajes, y la ventana para una transición ordenada se estrecha drásticamente, afectando directamente la vida diaria de la gente con más escasez, más incertidumbre y más violencia.

4. Recomendaciones ajustadas al bienestar y al tiempo

  • Para el trío Trump–Rubio–Dogu

La prioridad debería ser amarrar petróleo a democracia y bienestar: cada flexibilización de sanciones, cada licencia, cada contrato nuevo debería estar condicionada no solo a hitos institucionales (amnistía, garantías para medios, cronograma), sino también a indicadores mínimos de impacto social (mejoras medibles en servicios, abastecimiento y protección de los más vulnerables).

El mensaje clave: “Cada aumento de producción estable y cada dólar de inversión irá de la mano de pasos concretos en justicia, libertades, reglas del juego y mejoras visibles en la vida de la gente, especialmente antes del arranque de la campaña de medio término en EEUU”.

  • Para Cabello–Delcy

Convertir el poder de facto en poder negociado implica asumir que el tiempo del control total terminó y que la única forma de preservar parte de su influencia es vincularse a una transición que muestre resultados rápidos y tangibles para la población.

Dar señales inequívocas de desarme progresivo del aguijón y de uso social de la renta puede reducir el riesgo de estallidos descontrolados y mejorar su propio margen de negociación, siempre que esas señales se concreten en hechos visibles en los primeros meses, y no en promesas lejanas.

  • Para MCM y su proyecto

La tarea central es traducir el discurso de transición en un paquete claro de beneficios tempranos para la gente: vincular el aumento de producción petrolera y las reformas institucionales con metas concretas de bienestar en plazos cortos (100 horas, 100 días) y con un horizonte más largo (15 años), pero evitando que el énfasis en el diseño termine diluyendo la urgencia.

Además, debe insistir en que, si el proceso se demora más allá del punto de inflexión de la política estadounidense, la correlación de fuerzas puede dejar de ser favorable y el proyecto puede no avanzar; esto obliga a pedir más y más rápido en el segundo mes post 3E, que en el primero.

  • Para el pueblo llano de Venezuela

El realismo informado para la gente significa dos cosas al mismo tiempo: entender que hay una pelea en curso por quién capitaliza el repunte petrolero y la amnistía, y usar la pérdida de miedo para exigir no solo libertades, sino resultados concretos en la vida diaria.

Documentar abusos, apoyar medios que arriesgan y reclamar un cronograma de transición es importante, pero igual de importante es demandar que cualquier acuerdo se traduzca en mejoras visibles en servicios, ingresos y oportunidades para quienes han cargado con el costo de la crisis.

Y estar preparados para salir a la calle cuando las circunstancias lo indiquen.

5. Ventana corta, prioridad larga

Hay que acordar rápidamente una hoja de ruta institucional básica –con garantías para todos los actores– y un compromiso claro de impacto social de la renta; más allá de ese umbral, el margen de aceleración disminuye y crece el riesgo de que la transición se estanque o derive en reciclaje autoritario.

En términos simples: hay recursos, leyes nuevas, dos asambleas y una correlación de fuerzas que hacen posible una salida democrática útil para la gente, pero mientras el jefe real de la revolución siga intacto y el aguijón no esté desarticulado, todo avance será reversible.

La tarea de estos meses es lograr que el poder se acerque al pueblo que ya perdió el miedo, que la mejora petrolera se traduzca rápido en bienestar y que el liderazgo de MCM deje de ser solo social para convertirse también en institucional, antes de que la ventana internacional se estreche por el ciclo electoral estadounidense.

Cabe mencionar que a lo largo de este análisis no fue necesario apelar a la figura de Maduro, mostrando que su relevancia era meramente institucional, pues era el actor y vocero del verdadero jefe de la revolución. Y los que no lo creían así y operaban en consecuencia, ahora están pagando el precio de la purga impulsada por el chavismo y llevada a la práctica en los hechos por EEUU.

Por Benjamín Tripier

Como en cada entrega de esta columna a lo largo de 2025, hemos diseccionado el tablero venezolano no como un rompecabezas estático, sino como un juego dinámico donde cada movimiento tiene la capacidad de alterar el equilibrio de poder, ajustar tiempos y evaluar condiciones de entorno.

A lo largo del año hemos marcado una hoja de ruta sectorial, hemos advertido y aconsejado, y puesto en perspectiva dimensiones para interconectarlas y evitar que se conviertan en compartimentos estancos. Porque, en definitiva, está pensada y construida con criterio de recomendaciones positivas…

Además, porque está pensada y escrita por un consultor gerencial en estrategia y análisis de entorno; y eso es lo que un consultor hace: Orientar sobre el sentido de dirección, establecer un norte estratégico y un punto de llegada, y allanar el camino hacia el objetivo; señalando los factores que habilitan y los que inhiben u obstaculizan.

Desde enero del 2025, cuando el chavismo se atrincheró en su juramentación fraudulenta -convirtiéndose en un gobierno de facto- hasta estos días de 2025 marcados por la escalada internacional y la exfiltración estratégica de María Corina Machado, hemos insistido en que el cambio no es un evento aislado, sino un proceso acumulativo.

Esta serie semanal de Análisis de Entorno, ha servido de brújula para el lector común que busca claridad en el caos, para el analista político que necesita patrones de referencia, para el analista de inteligencia que rastrea vulnerabilidades, y para los militares –de cualquier bando– que entienden que el verdadero enemigo no es el adversario ideológico, sino la irrelevancia histórica.

Hoy, en esta última entrega del año, miramos atrás para evaluar la evolución de los hitos clave, medimos el presente como bisagra decisiva, y proyectamos el 2026 con realismo crudo, pero optimismo fundado.

Porque en Venezuela, como en toda nación bajo yugo, el análisis no es pasivo, sino que es una llamada a la acción. Mirando hacia atrás, 2025 ha sido un año de oscilaciones pendulares que, lejos de estabilizar, han acelerado la fractura interna del chavismo, y hasta la dinámica del péndulo que todo indica que ya se rompió.

El hito inicial, la juramentación de Nicolás Maduro el 10 de enero pasado, no fue solo un ritual burocrático, sino que representó un retroceso neto en el camino hacia la libertad. Fueron beneficiados el núcleo duro del chavismo, con Diosdado Cabello consolidando su rol como titiritero real, y los aliados externos como Rusia e Irán, que vieron en la continuidad una oportunidad para mantener flujos de petróleo y lavado.

Sin dejar por fuera a Cuba que siguió recibiendo, tal vez menos que antes, un flujo petrolero que no era utilizado en sus refinerías, sino que era vendido al sudeste asiático y repartiendo la cobranza con el cartel de los soles, que ya había incursionado desde hace tiempo en el mercado negro de petróleo, no solo vendiéndolo, sino también transportando droga en los súper tanqueros.

Claramente perjudicados fueron la oposición unificada bajo Machado, ya convertidos y reconocidos internacionalmente como el Gobierno Electo, que enfrentó una oleada de detenciones (más de 2.000 según Human Rights Watch), y la sociedad civil, que pagó con represión callejera salvaje, detenciones, desapariciones forzadas, tortura y muerte.

Este evento no avanzó nada, sino que estancó el momentum post-electoral de 2024 y retrasó cualquier transición, fortaleciendo la inercia autoritaria y, por eso, quedando por primera vez, expuestos como gobierno ilegítimo, como una banda narco terrorista, y perdiendo toda protección institucional, con la que habían “jugado” en el pasado.

En mayo, las elecciones regionales y legislativas –otro fraude orquestado– marcaron un estancamiento aparente: el PSUV retuvo control nominal, beneficiando a gobernadores leales como los de Zulia y Carabobo, pero perjudicando a la economía con mayor centralización, lo que exacerbó la inflación al casi 500% para la fecha de este informe.

Si bien fue un avance táctico para el gobierno de facto, también fue un retroceso estratégico al erosionar aún más la legitimidad interna, con abstención récord del 60%. Octubre trajo un giro con el Nobel de la Paz a Machado, que impulsó un avance claro hacia la libertad, beneficiando al gobierno electo al internacionalizar su causa y perjudicando al chavismo, que vio profundizarse su aislamiento internacional.

Noviembre y diciembre intensificaron la presión con la exfiltración de Machado –un reposicionamiento audaz, y no una huida– y las incautaciones de tanqueros por EEUU, retrocesos para Maduro al exponer vulnerabilidades financieras, beneficiando a Trump en su narrativa anti-socialista, pero perjudicando a la población venezolana con mayor escasez y deterioro económico.

En suma, 2025 evolucionó de estancamiento inicial a grandes y visibles avances opositores, pero sin poder derrocar la inercia chavista: fue un año de erosión acelerada, pero, al menos hasta el día de hoy, no de ruptura.

El presente, esta bisagra entre el ayer y el mañana, nos encuentra en diciembre de 2025 con Maduro aún en Miraflores y Cabello como su sombra omnipresente. Cuatro meses de «ablandamiento» –sanciones estructurales, aislamiento y protestas esporádicas– no han volteado la primera ficha del dominó regional, pero han creado grietas visibles: la economía colapsa con hiperinflación y migración masiva (más de 9 millones desde 2014), la sociedad hierve en silencio navideño, y lo internacional presiona con bloqueos que asfixian.

Esta bisagra no es estática; es el punto donde la inercia se encuentra con la aceleración opositora, y donde decisiones como la aparición de Machado en Oslo marcan que el gobierno de facto sobrevive, pero no gobierna… solo se concentra en la economía de la calle, en lo paramilitar y en lo mejor que saben hacer, que es el manejo de comunicación interna, y el movimiento de sobornos en el exterior, con funcionarios del gobierno de EEUU denunciados por el “pollo” Carvajal, que son los que retrasan las decisiones de acción militar directa y facilitan el escenario Inocuo de “sobrevivir un día a la vez”.

Proyectando 2026, el enfoque debe estar en lo pendiente:

  • Romper la inercia chavista, que solo cederá ante un movimiento masivo de calle (a costa de vidas, como en 2017) o
  • Intervención externa, justificada por la escalada trumpista y precedentes como Panamá 1989, Soleimani 2020, e Irán 2025

Políticamente, el 10 de enero de 2026 –aniversario de la juramentación– podría detonar protestas masivas si la oposición unifica comandos con una buena probabilidad de avance, dado el Nobel y exfiltración; y resta si Cabello reprime salvajemente como en el pasado cercano; aunque la posibilidad de arrestos masivos bajó en su probabilidad de ocurrencia, porque cuenta con menos apoyo en los grupos de represión.

Socialmente, urge un estallido generacional similar a Chile 2019, pero pendiente de la coordinación clandestina para evitar masacres; cualquier avance en la calle beneficiará principalmente a la juventud precarizada, perjudicando al chavismo en su legitimidad en esas bases populares que creen que aún siguen apoyándolos.

Porque si cae el chavismo, la gente saldrá masivamente a la calle, pero para festejar… No perder de vista el derrocamiento, por una revuelta popular, de Nicolae Ceaucescu en Rumania, que en un momento estaba de gala brindando con champagne francés, en la Navidad de 1989, y al siguiente, él y su esposa Elena, estaban siendo fusilados en plaza pública con transmisión internacional y con el pueblo festejando. Un medio reconocido dijo que “No hubo justicia para ellos, sino venganza: fueron condenados a muerte y ejecutados mientras las cámaras de la tevé filmaban minuto a minuto”.

Económicamente, la hiperinflación persistente, proyectada al 500% para este cierre de año, obliga a reformas defensivas que ya no admiten mucha capacidad de maniobra por el recorte dramático de ingresos petroleros, saturación de almacenamiento de crudo y productos, y posible cierre de la producción; por lo que solo quedarán bolívares para ser emitidos como un paliativo momentáneo, pero llevando a la inflación y la devaluación a comportarse en forma asintótica positiva, ya sin un techo a la vista, sino la extinción del valor de la moneda y la anarquía transaccional.

Porque excepto China (que difícilmente se involucre por muchas razones geopolíticas y de la desaceleración de su propia economía y reducción de inversiones), ya el gobierno de facto se quedó sin fuentes externas genuinas de liquidez. Y los otros aliados chavistas tienen sus propios problemas: Rusia atascada en Ucrania, e Irán en tensiones con Israel.

Los vecinos, como Petro en Colombia que ofrece asilo a Maduro, pero no tiene forma de facilitar una salida pacífica, y un avance para transición; porque no puede, y porque no le conviene.  Lula en Brasil advierte contra intervenciones, sin neutralidad, y se auto limita en el presente y compromete su futuro por sus intentos de bloquear la presión regional de Argentina, Ecuador, Chile y Bolivia. Sheinbaum en México, por su parte, urge una desescalada para la que solo cuenta con Lula y Petro… Porque en el Caribe ya, esa posición permisiva que ayudó al chavismo a sostenerse, no cuenta con apoyos relevantes.

Y Cuba, como pieza final del efecto dominó, depende de Venezuela: al caer Maduro, Cuba pierde petróleo acelerando, por primera vez en 70 años, el colapso cubano en 2026… Porque del período especial los salvó el chavismo (reemplazaron la URSS por Venezuela), pero ahora, no tienen quién los ayude… Todo indica que hasta aquí llegaron.

Por otra parte, y en sentido contrario, no hay que perder de vista la situación interna de Trump y sus políticas (internas y externas), que si bien no influyen en el corto plazo donde mantiene una autonomía relativamente importante, sí pueden llevarlo a un efecto negativo en las elecciones de medio término, que puedan afectar el sostenimiento del Plan Marshall para Venezuela, que se percibe aplicará Trump luego de la salida del chavismo.

Y esto de “un día a la vez” que he mencionado más arriba y en informes anteriores, tiene que ver con el lobbying interno en el gobierno de EEUU, por parte de la izquierda local representada por un ala en los demócratas, con el efecto Grenell, y el efecto Chevrón, todos ellos favorables a la continuidad del chavismo; más los ocultos, pero identificados por Carvajal, que retrasan la decisión de pasar del calentamiento al ataque real y concreto que finalmente acabe con el cartel.

Antes de concluir, quiero compartir la posibilidad de la aparición de escenarios disruptivos como cisnes negros, que pudieran cambiar drásticamente el sentido de las acciones que están en marcha. Claro que, por esencia existencial, no es posible identificarlos; pero pueden aparecer, y nunca se sabe si sus efectos, sumarán o restarán al camino de la libertad. Una muerte inesperada, un evento catastrófico o un error involuntario, son parte de los potenciales disparadores de cambios drásticos, para los cuales… por supuesto… nunca estaremos preparados.

En conclusión, 2025 nos deja lecciones duras pero esperanzadoras: el péndulo se rompió, y 2026 será, definitivamente, el año de la reconstrucción.

Pero seamos optimistas porque la libertad no se regala, sino que se conquista; también seamos proactivos porque cada lector –civil, analista, militar– tiene un rol en voltear la ficha venezolana que impulse el efecto dominó. Llamo a la acción: luchemos por la libertad cada día, reflexionemos en esta Navidad y ejecutemos en Año Nuevo. Venezuela no será nota al pie de página, sino que será el epicentro de un continente libre.

Actualización de escenarios

1. Escenario “Optimista” de rendición inteligente

En este escenario, se cumple lo de la fruta madura, y el chavismo asume que el costo de mantenerse en el poder supera el costo de negociar su salida; y opta por una rendición pactada que preserva vidas, patrimonio básico y garantías mínimas para su círculo duro, a cambio de una transición real. Claves del escenario:

  • Acumulación de presión interna (protestas sostenidas, fracturas dentro de la FANB, resistencia civil organizada) y externa (sanciones focalizadas, congelamiento de activos, amenaza creíble de intervención limitada)
  • Intermediación activa de actores como Brasil, México y Europa, que ofrecen una hoja de ruta de amnistía condicionada, garantías de no extradición inmediata y cronograma de pasos posteriores supervisados. Probabilidad de ocurrencia en 2026: menos del 30%.
  • Algunos ataques selectivos que aceleran la transición, reduce el costo en vidas y preserva capacidades del Estado para la reconstrucción

2. Escenario “Inocuo” de resistencia de baja intensidad

Aquí, el gobierno de facto mantiene el control mediante represión selectiva, propaganda y concesiones económicas parciales, evitando tanto la explosión social masiva como la intervención externa, pero sin poder desbloquear una transición real. Claves del escenario:

  • Continuidad del “ablandamiento” sin ruptura: sanciones que duelen pero no quiebran; protestas fragmentadas; diásporas que alivian presión interna mediante remesas
  • Aliados como Rusia, Irán y China siguen recortando su apoyo pero sin retirarse por completo, mientras Petro, Lula y Sheinbaum priorizan la “estabilidad” sobre la libertad y el terror, ofreciendo mediaciones que congelan, pero que no resuelven. Probabilidad de ocurrencia en 2026: 40% (“un día a la vez” … este escenario se extingue con cualquiera de los otros dos)
  • Prolonga la inercia, desgasta a la oposición y normaliza el autoritarismo, aunque sigue erosionando lentamente la base material del gobierno de facto

3. Escenario “Pesimista” de extracción quirúrgica y acciones sobre el terreno

En este escenario, la salida del chavismo no es negociada ni masiva, sino forzada por una operación limitada (externa, interna o mixta) que descabeza al régimen sin un consenso previo sobre la transición. Claves del escenario:

  • Puede adoptar la forma de:
    • Operación militar limitada con participación externa (EEUU, contratistas y aliados), con el argumento de crisis humanitaria o amenaza regional
    • Golpe interno de facciones de la FANB o del propio PSUV que “extraen” a Maduro y a un núcleo reducido, pero sin hoja de ruta institucional clara
  • Vacío de poder, luchas internas, criminalidad desatada y tentación de “nuevo chavismo sin Maduro”, especialmente si Cabello u otros cuadros intermedios logran reacomodarse. Probabilidad de ocurrencia en 2026: 75%.
  • Impacto en la salida del chavismo:
    • Suma con probabilidad 50% (si se traduce en apertura real y estabilidad institucional)
    • Resta con probabilidad 50% (si termina en una recomposición autoritaria o en un “chavismo 2.0” con nuevos rostros, pero la misma estructura)

Recomendaciones

Para el gobierno de facto (saliente)

  • Aceptar que la inercia actual no es sostenible: el costo acumulado en aislamiento, sanciones y pérdida de capacidades estatales acerca más al abismo que a la estabilidad; la rendición inteligente vale más que la caída caótica
  • Abrir puertas a una negociación creíble con garantías verificables: amnistías condicionadas, salida segura para un núcleo limitado y participación del sistema internacional como garante, antes de que el tablero se vuelva incontrolable ​
  • Reducir la represión indiscriminada y desmontar gradualmente estructuras paraestatales (colectivos, redes criminales), porque serán moneda de cambio ineludible en cualquier acuerdo que aspire a reconocimiento internacional

Para el gobierno electo (entrante)

  • Construir desde ya un comando político–técnico de transición, capaz de operar en paralelo al régimen y listo para asumir cuando se abra la ventana, con planes detallados en seguridad, economía, justicia transicional y servicios básicos
  • Definir una narrativa clara de “rendición inteligente” que ofrezca incentivos a civiles, militares y burócratas chavistas para cambiar de bando, separando responsabilidades penales mayores de la masa de funcionarios cooptados por necesidad
  • Blindar alianzas internacionales: articular un eje Washington–Bruselas–Bogotá–Brasilia–Ciudad de México que respalde la transición, condicione la ayuda financiera y evite que Rusia, Irán o China usen a Venezuela como ficha de negociación geopolítica
  • Crear desde ya, una figura extra ministerial con reporte directo a María Corina, que tenga la visión de conjunto y vaya midiendo la relación causa efecto de cada paso, considerando que será multisectorial, multifactorial y multidimensional… y que debe manejar simultáneamente todas las dimensiones con visión top down, mientras se realimenta bottom up

Para empresarios no cooptados

  • Preparar planes de inversión y recuperación sectorial listos para activarse en un escenario de apertura: cadenas de valor, generación de empleo rápido, reinserción de talento diáspora y mecanismos de financiamiento mixto, principalmente internación al, aunque podrían ser fondos privados con objetivos sectoriales en mercados con potencial
  • Mientras tanto, mantener una distancia estratégica del gobierno de facto, evitando cooptaciones irreversibles, pero construyendo redes discretas con actores de la futura transición que permitan acelerar la reconstrucción sin improvisación
  • Invertir en reputación y trazabilidad: documentar hoy los esfuerzos de cumplimiento, respeto a derechos laborales y rechazo a la corrupción para evitar quedar atrapados en futuras purgas o sanciones

Para países aliados que apoyan la libertad de Venezuela

  • Pasar de la denuncia simbólica a la ingeniería de transición: diseñar paquetes concretos de apoyo financiero, seguridad, energía y justicia transicional que puedan activarse apenas se produzca un quiebre. Por ejemplo, en el caso de Argentina, el sector agropecuario sería de gran ayuda, así como para el nuevo gobierno, el ejemplo de la motosierra institucional, pero esta vez solo como referencia objetivo, porque se estaría arrancando desde los escombros​
  • Coordinar sanciones inteligentes: menos medidas amplias que golpeen a la población y más sanciones personales, financieras y judiciales sobre los verdaderos nodos del poder (corrupción, narcotráfico, violaciones de DDHH)
  • Entender el efecto dominó regional: una Venezuela libre debilita a Cuba, reconfigura el entorno de Petro, Lula y Sheinbaum, y obliga a Rusia, Irán y China a recalibrar su presencia; invertir hoy en ese desenlace es una apuesta estratégica de alto retorno

Cierre: bisagra, horizonte y llamado a la libertad

El 10 de enero de 2025 simbolizó el péndulo roto: un régimen que volvió a juramentarse sin legitimidad y una oposición que aprendió, a golpes, que el tiempo no siempre juega a favor del más justo.

El 10 de enero de 2026 puede ser la bisagra: o consolida la inercia de baja intensidad, o marca el inicio de la rendición inteligente, del estallido coordinado o de la extracción quirúrgica que abra el camino de la transición.

Esta columna de cierre de año no es un epitafio ni una promesa vacía: es una hoja de ruta para el lector común, para el analista político, para el de inteligencia y para los militares de todos los bandos que entienden que no hacer nada también es una decisión.

La invitación es clara: en 2026 cada quien deberá decidir si estará entre los que suman o entre los que restan, entre los que protegen la inercia del chavismo o entre los que, con inteligencia y coraje, ayudan a voltear la primera ficha del dominó que ya tiembla desde Caracas hasta La Habana.

Porque la libertad no llega como regalo navideño; sino que se construye como una operación sostenida, día tras día, hasta que el chavismo deja de gobernar de facto y el país empieza, por fin, a vivir.

Por Benjamín Tripier

El despliegue militar estadounidense en Venezuela apunta a una operación de largo plazo, (dicen que se extendería hasta el 2028), con objetivos de neutralizar amenazas como el llamado Cartel de los Soles, Tren de Aragua, Hezbollá, ELN, FARC, Cartel de Sinaloa, y otros que o bien ya están actuando o bien comenzarán a operar como parte de los actuales represores no capturados y pasados a la clandestinidad, y garantizar la seguridad que permita la estabilización y reconstrucción del país.

El esquema institucional del nuevo gobierno encabezado por Edmundo González y por María Corina Machado deberá coexistir con esta presencia militar, que funciona más como una garante de estabilidad y acceso a asistencia internacional y mercados, que como una fuerza de ocupación, que de ninguna manera sería el caso.

  1. Punto de partida estratégico (2025–2028)

Venezuela entra en una fase de reconstrucción con tres vectores principales:

  • Un gobierno electo (Edmundo González/ María Corina Machado) con mandato claro de transición y reconstrucción
  • Presencia militar prolongada de Estados Unidos, diseñada para permanecer varios años en la región, con foco en seguridad externa, combate al narcoterrorismo y contención de actores irregulares
  • Una sociedad con más del 90% de rechazo al chavismo –incluida la diáspora– y fuerte consenso en torno a la salida del actual gobierno de facto y la reconstrucción de la República, sin polarización real sino un relato artificial construido por el castro‑chavismo

El dilema central ya no es si habrá transición, sino cómo se ordena institucionalmente esa transición, con qué velocidad y bajo qué marco jurídico y de seguridad se ejecuta la reconstrucción económica y social.

2. Lecciones históricas: éxito y fracaso con presencia militar extranjera

2.1 Casos de éxito: Alemania, Japón, Corea del Sur

En los tres ejemplos, el patrón común es: seguridad externa garantizada por una potencia aliada, reforma institucional profunda, economía abierta al capital y tecnología, y fuerzas armadas nacionales reorientadas a funciones defensivas y de orden interno, y no al control político.

  • Alemania Occidental: Ocupación aliada + Plan Marshall; desmilitarización política, reconstrucción industrial y anclaje en Occidente (OTAN, CECA/UE). En 15–20 años pasa de ruina absoluta a potencia industrial
  • Japón: Ocupación estadounidense, nueva Constitución pacifista, Fuerzas de Autodefensa limitadas, defensa externa garantizada por EEUU. Resultado: milagro económico exportador y liderazgo tecnológico en pocas décadas
  • Corea del Sur: Guerra devastadora, presencia militar estadounidense sostenida, reforma institucional y apertura gradual; ejército focalizado en frontera y amenazas externas. De economía pobre y dependiente de ayuda, a potencia tecnológica global en una generación

Claves extrapolables al caso venezolano:

  • Sin garantía de seguridad continuada, la ayuda económica y las reformas se diluyen
  • El acuerdo político interno debe asumir la presencia aliada como palanca de estabilidad, no como humillación
  • La legitimidad del nuevo contrato social nace tanto de elecciones libres como de resultados rápidos en seguridad y bienestar

2.2 Casos de fracaso: Afganistán e Irán

  • Afganistán: Intervención extensa sin construcción de un Estado funcional ni monopolio efectivo de la fuerza por parte de instituciones legítimas; persistencia de milicias y señores de la guerra. Salida abrupta de la fuerza extranjera llevando a un colapso institucional inmediato
  • Irak: La invasión de 2003 derrocó rápido al régimen de Saddam Hussein, pero la ocupación abrió un ciclo de inestabilidad profunda y fractura social. El desmantelamiento abrupto del ejército y del Estado alimentó la insurgencia, el sectarismo, la violencia civil y el auge de grupos terroristas como Al Qaeda y luego el Estado Islámico, dejando un país fragmentado, con altísimas cifras de muertos y desplazados, una reconstrucción incompleta y una crisis crónica de legitimidad institucional

Lecciones negativas para Venezuela:

  • Si se permite que las redes armadas irregulares y las facciones militares mantengan poder autónomo, la transición se volverá rehén de la violencia
  • Sin un rediseño constitucional creíble, la coexistencia de viejas estructuras con nueva élite política podría producir una regresión autoritaria

Venezuela tiene la oportunidad de parecerse más a Alemania/Japón/Corea si consolida una seguridad prolongada, sumándole una reforma institucional profunda. Y evitar el camino Afganistán/Irak si controla a los grupos armados y rediseña su Constitución.

3. Caso venezolano: fortalezas estructurales y amenazas híbridas

3.1 Consenso social y mito de la “polarización”

La narrativa oficial de la “polarización” ha servido al chavismo para disfrazar su aislamiento social creciente. En la práctica:

  • El rechazo al chavismo abarca alrededor del 90% de la población, incluyendo la diáspora profesional, la mayoría de trabajadores urbanos y una parte importante de bases populares que ya no creen en el relato revolucionario
  • La fragmentación que sí existe se ubica más en élites opositoras tradicionales y “alacranes” que en la ciudadanía, que se alinea en torno a tres ideas fuerza: salida del chavismo, reconstrucción económica y lucha contra la corrupción/saqueo

El uso instrumental de Gramsci, del neo‑marxismo y de un discurso pseudo‑revolucionario ha sido la coartada ideológica para una operación de saqueo sistemático del Estado, la renta petrolera y los derechos de propiedad.

Lo anterior implica que el principal riesgo político no es la polarización ciudadana, sino la manipulación institucional de minorías sin base social (‘alacranes’).

3.2 El sistema político: los “alacranes” y cascarones vacíos

  • Buena parte de los partidos “oficializados” por el chavismo (alacranes) son estructuras jurídicas sin base social, instrumentalizadas para simular pluralismo, fragmentar a la oposición real y negociar cuotas en el reparto de la renta y de la impunidad
  • En un esquema de transición seria, dichos cascarones deben ser reconocidos como lo que son: vehículos de cooptación, no actores representativos. Su rol en la etapa de reconstrucción debe reducirse a cero

Lo anterior implica: depuración del sistema de partidos, reglas claras de financiamiento, y un nuevo diseño de representación que incentive organizaciones con verdadera base social.

3.3 Amenaza híbrida: crimen, grupos irregulares y ex‑represores

La Venezuela post‑chavista enfrentará una constelación de actores armados:

  • Criminalidad y narcoterrorismo: cártel de los soles, tren de Aragua y otras redes transnacionales mencionadas más arriba
  • Grupos irregulares ideológico‑criminales: ELN, disidencias FARC / Segunda Marquetalia, enclaves de Hezbollah y estructuras asociadas, como podría ser Hamás
  • Nuevo grupo irregular (previsible): conformado por segmentos de las fuerzas de represión actuales (colectivos, FAES/PNB, componentes militares y policiales) que no sean capturados ni procesados y que busquen reciclarse en la clandestinidad

La guerra híbrida se librará en fronteras, corredores mineros, enclaves urbanos y rutas de narcotráfico. Si no se organiza una respuesta coordinada (fuerza nacional reorganizada + fuerza extranjera), el riesgo es una “afganistización” parcial del territorio.

4. Fuerza armada nacional: fin del monopolio impune de la fuerza letal

La Constitución vigente reconoce a la Fuerza Armada Nacional como detentora del monopolio de la fuerza letal del Estado. En la práctica, ese monopolio se utilizó:

  • Para proteger al chavismo y sus redes de corrupción
  • Para reprimir al propio pueblo, violando sistemáticamente derechos humanos y quebrando el principio de supremacía de la soberanía popular

Reformas imprescindibles:

  • Separar con claridad defensa externa (bajo paraguas conjunto con la fuerza aliada) de orden interno y seguridad ciudadana, donde los militares solo actúen en marcos excepcionales, regulados y controlados por poder civil
  • Revertir la “militarización del poder político y económico” iniciada de facto desde el 4F de 1992 y consolidada en el chavismo, que convirtió a sectores de la oficialidad en actores empresariales y criminales
  • Depuración, justicia transicional y nueva doctrina: subordinación al poder civil democrático, prohibición de participación partidista y régimen de incompatibilidades económico‑empresariales

5. Fuerza extranjera: apoyo, custodia y limpieza, no ocupación

El despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe y entorno venezolano ya muestra rasgos de operación prolongada y modular, con capacidad de:

  • Cerco logístico y naval al narcotráfico y redes asociadas al cártel de los soles y organizaciones terroristas
  • Golpes de precisión contra nodos de narcoterrorismo y protección de infraestructuras críticas (hidrocarburos, gas, puertos, telecomunicaciones)
  • Proveer un “paraguas de seguridad externa” que desincentive la intervención de potencias rivales y la expansión de grupos aliados del régimen (Irán, Rusia, etc.)

Esta presencia debe ser conceptualizada explícitamente como:

  • No ocupación, sino fuerza aliada de apoyo, custodia y limpieza, con reglas claras de operación, mandato temporal pero renovable, y coordinación con el gobierno electo
  • Instrumento para liberar recursos fiscales venezolanos de la defensa externa, de modo que el gasto se redirija a atender los problemas sociales de pobreza, reconstrucción de servicios, tejido productivo y capacidades institucionales

La experiencia de Alemania, Japón y Corea confirma que este tipo de “ancla de seguridad” acelera la confianza inversora y reduce la prima de riesgo país, lo cual multiplica el impacto de cualquier Plan Marshall o equivalente

6. Marco jurídico de transición: anulación, nuevo contrato social y reconstrucción del Estado

6.1 Anulación de actos y entramados jurídicos de la dictadura

Desde 2017 se consolidó una arquitectura jurídica hecha a la medida del autoritarismo: ANC fraudulenta, leyes “constituyentes” y ordinarias para criminalizar la disidencia, usurpación de competencias parlamentarias, pseudo‑reformas judiciales, etc

Las leyes de transición deben:

  • Declarar la nulidad de los principales actos y cuerpos normativos que sustentaron la barbarie jurídica a partir de hitos como 2017 (ANC, sentencias clave, leyes anti‑odio, pseudo‑reformas económicas y de seguridad que legalizan el saqueo)
  • Crear un marco de justicia transicional que combine:
    • Persecución penal selectiva de máximos responsables de crímenes de lesa humanidad y corrupción
    • Incentivos para desmovilización, colaboración y reinserción de cuadros medios y bajos
    • Mecanismos de reparación a víctimas y garantías de no repetición

6.2 Revisión constitucional y nuevo contrato social

La Constitución vigente fue vaciada en la práctica y deformada por la “ingeniería jurídica” del chavismo. Más importante aún:

  • Las partes que la “pactaron” de forma original ya no existen como tales ni comparten intereses básicos
  • La sociedad actual –marcada por diáspora masiva, empobrecimiento, trauma colectivo y rechazo casi unánime al chavismo– no se reconoce en ese contrato social

Elementos para una revisión constitucional:

  • Reequilibrio de poderes y blindaje de la independencia judicial, electoral y de control
  • Definición estricta del rol militar y límites al monopolio de la fuerza letal
  • Garantías fuertes a la propiedad, emprendimiento, libertad de expresión y asociación
  • Inclusión explícita de la diáspora como actor político y económico estructural

La meta no es un simple “parche” al texto actual, sino el diseño de un marco que acompañe el tránsito de un Estado depredador a un Estado de capacidades, orientado a bienes públicos y derechos, como plantean los diferentes análisis especializados sobre reconstrucción del Estado en Venezuela, tales como mi libro “Una Estrategia para Venezuela, del asistencialismo al mercado”.

Sin anulación jurídica integral desde 2017 y sin nuevo contrato social, cualquier transición será vulnerable a regresiones.

7. Economía real: límites del petróleo y prioridad gas, minería y nuevas tecnologías

7.1 Trayectoria realista de la producción petrolera

Punto de partida estimado de producción base con visos de realismo, cercana a 650.000 barriles diarios (bpd), considerando las restricciones de deterioro tecnológico (upgraders, refinerías, oleoductos), colapso de capacidades gerenciales y técnicas, y necesidad de tiempo para llegada y ejecución efectiva de nuevas inversiones.

Por eso, la expansión plausible de producción se ubica en el rango de 100.000 bpd por año como trayectoria “normal” bajo un plan serio de recuperación; hasta un escenario optimista de alrededor de 300.000 bpd por año utilizando técnicas de aceleración -las cuales siempre conllevan vulnerabilidades- con fuerte inversión externa, seguridad jurídica y operativa y apoyo tecnológico.

Sin duda el petróleo ayudará, pero no habrá milagro petrolero inmediato. El gran salto vendrá más por expectativas, renegociación de la deuda y debt equity swaps, crédito y revalorización de activos que por volúmenes físicos en los primeros 3–5 años.

7.2 Motores alternativos: gas, minería y economía del conocimiento

Dada la restricción petrolera, la transición debe apoyarse en:

  • Gas (no asociado): reservas relevantes, menor intensidad de capital por barril equivalente, y posibilidad de proyectos modulares (termoeléctricas, petroquímica, LNG regional, y acuerdos con Trinidad)
  • Minería responsable: oro, coltán, otros minerales críticos, pero bajo un esquema que desmonte el modelo criminal del Arco Minero y lo sustituya por concesiones transparentes, respeto ambiental y participación local
  • Nuevas tecnologías e IA:
    • Servicios digitales, backoffices regionales, centros de datos
    • Startups y hubs apoyados en talento de la diáspora y costo relativo de mano de obra calificada
    • Aplicación de IA a sectores clave (energía, logística, salud, educación), multiplicando productividad

Recursos fiscales y de crédito externos iniciales, no deben destinarse a construir otro “ejército libertador” hiper poderoso, sino a infraestructuras, educación, salud, conectividad y marcos regulatorios que permitan que la sociedad –no una casta armada– sea el motor del renacimiento.

8. Escenarios recalibrados

Las condiciones han ido cambiando y las categorías de escenarios han ido mutando en el sentido de las señales que van marcando un futuro más cercano a los benchmarks mencionados de Alemania, Japón y Corea, que a cualquier mantenimiento del estatus quo en casi ninguna de las aristas que conocemos y en base a las cuales tratamos de anticipar el futuro.

Ese futuro que surgirá después del colapso, seguramente no tendrá mucho que ver con lo que nuestro nivel de pensamiento actual nos puede hacer anticipar. Debemos prepararnos mentalmente para algo diferente pero exitoso… Porque todo indica que el crecimiento espiritual de nuestro pueblo, resultante del sufrimiento extremo al que nos sigue sometiendo el chavismo, nos dará la madurez para aceptar e internalizar que las cosas pueden ser mejores.

Por eso es que vamos probando con re categorizaciones de los escenarios hasta llegar a alguno que incorpore las características y atributos que nos hagan sentir cómodos con las decisiones que cada uno tiene que tomar usándolos como referencia.

Escenario  Prob. (*)Rasgos centralesImplicaciones claves
Pesimista – Guerra híbrida prolongada~70%Resistencia chavista; guerra híbrida con grupos irregulares; sabotaje institucional; avance lento en anulación jurídica y reformas; expansión petrolera en el tramo bajo (100k bpd/año)Transición larga, riesgos de “zonas marrones”; necesidad de alta resiliencia de la coalición democrática y coordinación estrecha con fuerza extranjera
Moderado – Transición trabajada (ex escenario Inocuo, porque ya nada es inocuo)~25%Rupturas internas en chavismo; aceptación tácita de presencia extranjera; leyes de transición avanzan; revisión constitucional por fases; petróleo avanza en rango medio; gas y minería arrancan fuerteReconstrucción visible en 3–5 años; riesgo de enclaves de violencia pero con consolidación gradual de Estado democrático
Optimista – Ruptura rápida y ordenada~5%Acuerdo de salida relativamente amplio; desmovilización y depuración exitosas; anulación jurídica integral desde 2017; presencia aliada bien integrada; inversiones aceleradas ⇒ expansión petrolera cercana al techo (300k bpd/año)“Plan Marshall venezolano” con crecimiento elevado, caída rápida de pobreza y consolidación democrática en menos de una década

(*) Probabilidades subjetivas, revisables cada 2–4 semanas según señales

Recomendaciones

Para el chavismo de salida:

  • Aceptar un acuerdo de desmovilización y desarme que minimice la formación de nuevos grupos irregulares a partir de ex‑represores
  • Negociar salidas personales y patrimoniales condicionadas a entrega de información, activos y cese de actividades ilícitas, dentro de un marco de justicia transicional
  • No sabotear la presencia aliada ni el nuevo marco constitucional si se aspira a preservar algún espacio político en el futuro

Para el gobierno electo (María Corina / Edmundo):

  • Definir con precisión el alcance de la fuerza extranjera (reglas de empeñamiento, coordinación con fuerzas locales, plazos y revisiones), reforzando la narrativa de apoyo y no ocupación
  • Impulsar de inmediato un paquete de leyes de transición: nulidades clave post‑2017, justicia transicional, depuración institucional (TSJ, CNE, Fiscalía, contralorías), y bases para la revisión constitucional
  • Reorganizar la Fuerza Armada:
    • Separar defensa externa (bajo paraguas aliado) y orden interno
    • Depuración de mandos ligados a crimen y violaciones graves
    • Nueva doctrina de subordinación al poder civil y retiro inmediato de roles empresariales
  • Diseñar y comunicar una estrategia económica 3D: Petróleo (realista), Gas (rápido), Datos/IA (futuro), con participación central de la diáspora

Para empresarios y sector productivo:

  • Prepararse para un entorno mixto: alza de demanda interna y externa, pero también alta conflictividad en la fase inicial
  • Reorientar estrategias de inversión hacia:
    • Gas, servicios asociados, logística energética
    • Minería regulada y cumplimiento ESG
    • Plataformas tecnológicas y servicios basados en conocimiento
  • Articularse en mesas público‑privadas para:
    • Diseño de marcos regulatorios post‑nulidades
    • Protección de cadenas de suministro frente a la guerra híbrida
    • Integración de talento de la diáspora y alianzas con capital internacional

Y como siempre les digo, la discusión es sencilla, se trata de una confrontación de modelos: El éxito de la asistencia externa por parte de EEUU, enfrentando a la coalición interna del chavismo y alacranes que buscan prolongar el colapso venezolano… que ellos mismos produjeron y que no tienen absolutamente ninguna manera (ni voluntad) de revertir.

Por Benjamín Tripier

La relación que tiene el gobierno de Venezuela con el Comando Vermelho (CV) de Río de Janeiro, a través del Tren de Aragua y el Cartel de los Soles puede describirse como una complicidad estructural o tolerancia activa que permite su accionar, como socios de negocios, por una parte, como facilitadores, al ser parte de las instituciones del estado, y como fuente sólida de lavado de fondos a través de esas mismas instituciones y empresas del estado, especialmente Pdvsa.

Son el socio necesario tanto de ellos, como de cuanta organización equivalente opera en la región, como las FARC, el ELN, el cartel de Sinaloa y Hezbollá, todas funcionando como satélites alrededor de la “nave nodriza” del estado venezolano.

Si comenzáramos por el Cartel de los Soles (el vínculo directo del gobierno), llegaríamos a la conclusión de que no es un cártel de drogas tradicional como los mexicanos, sino una red criminal compuesta por altos jerarcas de las fuerzas armadas y políticos chavistas venezolanos; cuyo nombre proviene, justamente, de los soles en las insignias de los generales venezolanos.

Donde su rol es el de utilizar su posición en el estado para facilitar el narcotráfico, ofreciendo protección, apagando radares, controlando puertos y fronteras, y permitiendo el tránsito de cocaína y fentanilo proveniente principalmente de Colombia, porque son el vínculo más directo, pero también de sembradíos, laboratorios y almacenes propios. Estados Unidos y otros países han acusado formalmente a Nicolás Maduro y a sus funcionarios más cercanos de liderar esta estructura que usa el aparato estatal para el tráfico de drogas

El otro actor local de exportación es el mencionado más arriba, Tren de Aragua, que opera como el brazo transnacional, que es una mega banda criminal que nació en la cárcel de Tocorón (Venezuela) y se ha expandido a nivel transnacional (EEUU, Colombia, Perú, Chile, Argentina, Brasil), mimetizado en, y aprovechando el éxodo migratorio venezolano.

Se especializa en extorsión, secuestro, trata de personas y sicariato, operando bajo el esquema de franquicias asociadas a las bandas más salvajes de cada país (por ejemplo, el CV en Brasil), aportando como marca distintiva de su participación, la extrema violencia y organización cuasi militar con la que operan (p. ej. decapitaciones)

Su crecimiento inicial dentro de Venezuela fue solo posible gracias al impulso que el gobierno de Chávez, a través de su sistema carcelario, le dio para operar como grupos de choque que pudieran reemplazar a los tristemente célebres círculos bolivarianos, quienes perdieron fuerza tras el fallecimiento de Lina Ron, su líder y jefe de operaciones. Reportes señalan que la banda operaba desde la mencionada más arriba, cárcel de Tocorón como su base de comando con la complicidad y tolerancia del Estado; el nacional, y el de la gobernación del estado Aragua. Además, hay reportes que indican que el Tren de Aragua ha actuado en ocasiones en conjunto con agentes del estado en la frontera.

La otra pata de esta historia, aunque no única, sino una más como los arriba mencionados FARC, ELN, Cartel de Sinaloa y Hezbollá, es el Comando Vermelho (CV), operando como uno de los socios regionales; que adquirió relevancia en estos días, porque, aunque actuaba con la tolerancia del gobierno nacional de Brasil, por sus relaciones con el partido del gobierno de Lula, no consiguió que el gobernador del Estado de Río de Janeiro lo secundara. Sino todo lo contrario, los atacó con toda la fuerza de la ley, alineándose con Trump en su lucha contra el narco terrorismo, y en contra de los deseos de Lula. Por cierto, como nota de color, este ataque al CV ocurría al mismo tiempo que Lula se reunía con Trump en Kuala Lumpur, capital de Malasia al margen de la cumbre de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático).

Cabe mencionar que el CV es una de las organizaciones criminales más grandes y antiguas de Brasil, con base en Río de Janeiro, y se dedica principalmente al narcotráfico, el tráfico de armas y el control territorial. Y, tanto ellos, como otras organizaciones brasileñas (como el PCC) mantienen alianzas o relaciones operativas con redes criminales venezolanas y colombianas para el tráfico de drogas y armas a través de la frontera porosa entre Venezuela y Brasil.

Si bien el Tren de Aragua y el CV han tenido disputas, también han explorado alianzas en la ruta del narcotráfico, beneficiándose indirectamente del control territorial laxo o corrupto que ejerce el Cártel de los Soles.

Y para resumir y poner a las tres organizaciones criminales y terroristas en el mismo escenario, el Cártel de los Soles es la red que usa el poder estatal para el narcotráfico; el Tren de Aragua es la banda violenta que el estado venezolano impulsó y que se volvió transnacional; y el Comando Vermelho es el socio regional brasileño que se beneficia de las rutas de droga y armas que circulan por Venezuela.

Por lo anterior es que el nuevo gobierno de Edmundo y María Corina, debe intensificar la documentación y denuncia internacional de complicidades entre el chavismo y redes criminales como método de presión diplomática y comercial. También debería preparar protocolos de autoprotección comunitaria para escenarios de escalada militar o ruptura institucional, con redes barriales de apoyo civil y comunicación segura; y fomentar la articulación de alianzas internacionales para un plan de ayuda humanitaria instantánea, para los primeros días de post-régimen, priorizando alimentos, medicinas y restablecimiento eléctrico básico.

Por eso puede ser necesaria la presencia dentro de las fronteras de Venezuela, de alguna fuerza internacional que mantenga el orden y la seguridad ciudadana, hasta que quede claro que las fuerzas propias, militares y policiales, con que cuenta el nuevo gobierno, no están infiltradas ni intentarán dar un golpe, o atentar contra la integridad de las nuevas autoridades.

Con la información de esta última semana, y después de las reuniones de Trump con Lula y con Xi, de Brasil y China, respectivamente, con el panorama más despejado, es que pueden revisarse y actualizarse los tres escenarios que estamos utilizando para caracterizar y hacer seguimiento a la situación de Venezuela, los cuales han tenido algunos cambios:

  • Optimista con transición democrática: El chavismo cede sin daños, facilitando una transición rápida y ordenada con apoyo internacional, especialmente de Estados Unidos. Su probabilidad sigue disminuyendo dramáticamente por la posición dura que asumió el chavismo, sin siquiera considerar públicamente la posibilidad de entregar el poder. Es posible que los ataques militares lleguen antes de cualquier ejercicio de entrega a la justicia, por lo que este escenario se encuentra por debajo del 40%. Aunque, en el último minuto, y después de haberse iniciado la ofensiva militar, ya sea de bombardeo, ya sea de incursiones terrestres, existe la posibilidad de lograr una rendición rápida que evite daños colaterales innecesarios. No hay que olvidar que ya ninguna negociación de este escenario contempla un exilio dorado, sino el sometimiento a juicio en EEUU
  • Inocuo de estancamiento político (actual): El chavismo sigue resistiendo día a día, perdiendo sostenibilidad, pero manteniendo el poder por la fuerza, con una supervivencia agonizante, que se mueve en el campo de lo mediático y comunicacional; y que ha incorporado el mensaje de respuesta armada convencional con misiles y defensas antiaéreas. No cabe duda que este escenario mantiene su vigencia porque, digan lo que digan, y amenacen lo que amenacen desde EEUU, ellos siguen en el poder y ejerciéndolo con fuerza y salvajismo; cada vez más solos y sin solución de continuidad. Porque mientras el grueso de la ofensiva se mantenga en el campo comunicacional e informativo, el chavismo se mantendrá en este escenario. Solo una ruptura del estatus quo con acciones concretas, podría hacer que este escenario migre, o bien hacia el escenario Optimista si se entregan, o bien hacia el Pesimista si deciden resistirse.

La pregunta que persiste es: ¿cuánto tiempo más seguirá este escenario? Porque es el escenario de la incertidumbre, la inacción … y el miedo en la población

  • Pesimista por conflicto o intervención: Con escalada de violencia y ruptura forzada para sacar al chavismo. La probabilidad de este escenario sigue aumentando y ya supera ampliamente el 60% desde las 10 lanchas hundidas con más de 40 bajas, la aprobación por parte del Congreso de EEUU de los ataques, y la orden de POTUS al almirante jefe del Task Force de proceder cuando lo crea militarmente conveniente; además de la orden del despliegue de la CIA en territorio de Venezuela con instrucciones de uso de la fuerza letal. Ahora hay que incorporar lo que he llamado el “efecto Petro”, que no estaba en el panorama. Que llevó a los americanos a revisar los planes e incorporar una fuerza militar mayor con el anunciado cambio de rumbo del portaviones Gerald Ford hacia el Caribe, cuya presencia indica la ampliación del conflicto, así como la profundidad y aumento del daño que podrían infligir. Porque ahora, en conjunto con Petro, los están percibiendo como una alianza, con una fuerza considerable colombo venezolana, de más de 10 mil hombres, de ambos ejércitos, concentrada en la frontera donde se encuentran los cultivos y los laboratorios principales de ambos lados, más el apoyo de las FARC y del ELN. Entonces, es posible que enfrentemos un conflicto de mayor envergadura y profundidad, donde el cambio de gobierno en Venezuela sea accesorio, y el foco sea regional y en contra del narco terrorismo. Lo de Río de Janeiro podría ser solo una muestra de lo que sería una incursión en Venezuela persiguiendo a los malos

Y como siempre comento, la opción que cualquier analista debe considerar siempre, es la de que el chavismo «se quede y no salga«; pero todo indica que probabilísticamente es muy pero muy baja… Porque se trata del escenario Inocuo continuando por tiempo indefinido, lo cual ya no parece posible.

Recomendaciones

  •  Para el gobierno chavista (de salida): Que reconsideren seriamente el enfoque de resistir de la manera en que lo están planteando, porque en realidad esa fuerza de ataque de la que llaman al pueblo a defenderse, no viene por el pueblo, sino que viene por los gobernantes que tienen cooptado el gobierno; y por haberse comportado de una manera reprochable (por decir lo menos) en el ejercicio de la noble tarea de gobernar que bastardizaron y convirtieron en una organización criminal… que es a la que quieren exterminar, justamente para salvar las instituciones y devolverle el poder al pueblo. Que les fue arrebatado el 28J24 cuando Edmundo y María Corina obtuvieron masivamente el favor de la gente
  •    Para el gobierno electo (liderado por Machado y González):
    • Activen foros abiertos digitales para recibir ideas innovadoras de la diáspora venezolana​
    • Asignen equipos móviles de reparación exprés para restablecer servicios de agua y saneamiento en hospitales prioritarios​
    • Inviten a jóvenes profesionales internacionales a un programa de intercambio intensivo para acelerar la modernización pública
  •  Para los empresarios honestos y trabajadores (ya no perderé más tiempo con la dirigencia cooptada por el chavismo):
    • Organicen ferias de empleo exprés en comunidades retornadas, enfocadas en habilidades digitales y sostenibles
    • Inicien campañas de microfinanciamiento colectivo para emprendimientos barriales con impacto social inmediato
    • Desarrollen alianzas rápidas con universidades locales para innovación en productos esenciales de bajo costo.

Instagram: @benjamintripier  

Twitter: @btripier

Por Benjamín Tripier

La técnica de tormenta de Ideas (brainstorming), se centra en generar la mayor cantidad de posibilidades, donde, en la fase inicial de generación de ideas, se prioriza la cantidad y variedad por sobre la calidad. El objetivo principal es estimular la creatividad y la colaboración en grupo para encontrar soluciones a un problema, o, en nuestro caso, tratar de identificar los puntos ciegos que nos lleven a entender cómo es que aun el chavismo sigue en el poder, cuando todos los indicadores muestran que ya deberían haber entregado.

Es fundamental abordar la situación desde múltiples dimensiones, en la consciencia de que, en nuestro caso, seguramente nos pasearemos por escenarios que ya hemos revisado una y otra vez, repitiéndonos y reconfirmándonos tanto las debilidades estructurales del país, como las estrategias del chavismo y la dinámica de la oposición y la comunidad internacional. Pero eso es parte del ejercicio, siempre buscando el ángulo que seguramente hemos pasado por alto.

El cual, seguramente, no será ni tan claro ni tan visible, porque de otra manera, ya lo habríamos identificado. De allí la importancia de la referencia a “puntos ciegos” (blindspots) que simulan al conductor de un vehículo quien, a través de su sistema de espejos retrovisores, no alcanza a cubrir todo el espectro de actividad que va ocurriendo detrás de él; los que no vemos son los espacios que llamamos puntos ciegos.

Que en nuestro caso venezolano pueden ser fuente de sorpresas, y, justamente de eso se trata la gerencia de situaciones: de evitarlas, y de aprovechar ese espacio para encontrar oportunidades que antes no habíamos visto… O que, si las habíamos visto, no las habíamos tomado en cuenta.

No hay que olvidar que las ventajas estratégicas no se encuentran en lo que todos vemos, sino en aquello que nosotros vemos, pero ellos no, y, lo más relevante, y la necesidad del ejercicio de brainstorming, que es trabajar en el espacio que ni ellos ni nosotros vemos… y, además, tratar de adivinar qué es lo que nosotros no vemos, pero ellos sí están viendo.

Para encarar un ejercicio de tormenta de ideas orientado a ampliar la variedad de explicaciones de por qué el chavismo se mantiene en el poder, a pesar de que «todos los indicadores dicen que ya deberían haber entregado», hay que identificar y analizar los factores multidimensionales que explican su permanencia, a pesar de la profunda crisis socioeconómica y política que atraviesa Venezuela.

Habrá que utilizar como guía y disparador de la “tormenta” preguntas tales: ¿cómo utiliza el gobierno el aparato estatal para mantener el control y suprimir la disidencia?, ¿qué papel juega la politización de sectores clave (como el eléctrico o Pdvsa) en la consolidación del poder?, ¿de qué manera las irregularidades electorales (renuncia masiva del CNE, nombramiento de nuevos rectores, inhabilitaciones, rechazo a la observación internacional) impiden una transferencia democrática del poder?, o ¿cómo afecta el comportamiento de las corporaciones sociales políticas, económicas y militares, como los alacranes, la dirigencia empresarial o la cúpula militar, respectivamente?

En esa línea, también hay que buscar explicaciones sobre cómo es que a «martillazos» avanzan, desde hace años, en temas que requieren el uso de «herramientas sofisticadas». El chavismo opera con un «martillo» para problemas que requieren unas «llaves especializadas», lo que implica una falta de capacidad técnica y de gestión para resolver la crisis de fondo, o una manera de hacer las cosas que no estamos apreciando en toda su dimensión.

Porque lo importante en este tipo de ejercicios es logar que las palabras, frases y conceptos que surgen sin darles estructura ni contexto, es posible que reflejen un fondo de inercias continuadas que al final nos ponen siempre en el mismo dilema dicotómico -o falsa dicotomía- como es un falso dilema que limita las opciones posibles, a menudo forzando a elegir entre dos extremos, cuando existen otras alternativas viables.

Porque uno debería preguntarse cómo es que logra el gobierno generar ingresos y distribuirlos para mantener un mínimo de estabilidad o control social; o cuál es el impacto real de los programas sociales (bonos, CLAP) en la lealtad o pasividad de la población, cómo administran las míseras «transferencias monetarias» y programas de distribución de alimentos. Porque no hay que olvidar que, en 2024, 76,6% de los hogares recibió al menos un bono temporal, con un valor promedio de 43,1 dólares al mes, y que la frecuencia de recepción de CLAP también aumentó… ¿estará allí la explicación de cómo es que siguen en el poder?

Sin embargo, estos bonos, que jamás han tenido como meta reducir la pobreza, son «regresivos», ya que los hogares no pobres reciben más que los pobres extremos, lo que en vez de ser una «política de remuneración» para la reducción de la pobreza, por el contrario, entre más pobre, más dependiente del bono y más obediente al gobierno.

La economía venezolana está «intrínsecamente destinada a alcanzar la grandeza», pero requiere una revitalización del sector eléctrico, porque como siempre les digo, el PIB de un país, es la generación eléctrica que tiene, o como en nuestro caso, la que no tiene.Pero, al mismo tiempo, también muestra unacapacidad de adaptación y búsqueda de mecanismos internos para manejar la actividad económica y lograr que el país se “mueva” aunque sea cada vez menos, y para cada vez menos gente.

O la pregunta de rigor de cómo maneja el gobierno las sanciones internacionales y la presión externa. ¿Son las alianzas con países como China, Rusia o Irán una estrategia efectiva para evadir o mitigar las sanciones? ¿Qué tan «impermeables» son las sanciones estadounidenses y qué impacto tienen realmente en la capacidad del gobierno para operar?

Es razonable pensar que ellos creen profundamente que se quedarán y por eso insisten en «renegociar la deuda, acceder a financiamiento, recibir inversiones» y «mostrar al mundo que todavía estamos allí», como el intento de acercamiento a China y los Brics+ para buscar financiamiento y un «contrapeso» a Estados Unidos.

Sin embargo, se señala que la relación con China «no funcionó» en el pasado, y ahora China necesita bajar su capacidad de compra de materias primas y no está «para darse el lujo de perder mercados» por violentar las sanciones a Venezuela. Porque hay que tener claridad en que las sanciones estadounidenses son «difíciles de levantar» y «podría ser, no solo muy lento, sino que hasta en términos concretos, nunca se lograra del todo».

Y los Brics+ no los dejaron entrar, con “bola negra” por parte de su otrora aliado Lula de Brasil. Hay que evaluar si al quedarse solos se debilitan o se fortalecen más… Corea del Norte, Cuba y Nicaragua son claros ejemplos de países aislados cuyos gobiernos se radicalizan y resisten desde esa esquina.

O cómo están tomando en el gobierno de facto la salida de empresas petroleras estadounidenses como Chevron, Halliburton, Schlumberger, Baker Hughes y Weatherford, que en la práctica significa una «pérdida de tecnología y experiencia especializada» y un «vacío técnico y operativo» que afectará la producción. Esto en un entorno en que las «soluciones de emergencia» con Irán, Rusia y China, que históricamente no han resultado en mejoras sustanciales, hoy ni siquiera están disponibles.

Y siguen apalancándose en la figura de Pdvsa cuya reputación se ha visto gravemente afectada por prácticas como «narcotráfico, lavado de dinero, tráfico de armas y vinculación con el terrorismo», además de mala gerencia y un endeudamiento gigantesco, lo que dificulta la búsqueda de socios internacionales legítimos. ¿Es que estamos asumiendo situaciones como esas con un sesgo conceptual que nos impide ver lo que no estamos viendo?

Y no solo se trata de lo que no vemos del lado de ellos, sino también de lo que no vemos del lado opositor. ¿Cuáles son las debilidades o divisiones dentro de la oposición que impiden una acción unificada y efectiva? o ¿cómo afecta la fatiga social y la emigración masiva la capacidad de la sociedad para ejercer presión por el cambio?

O preguntarnos si existe un mecanismo claro de la parte opositora para traducir el descontento popular en un cambio político. Porque la pobreza extrema afectó a «tres de cada cuatro venezolanos» en 2023, y la mayoría de la población sufre las consecuencias de una «gestión ineficiente y corrupta» del sector eléctrico. Hasta se podría decir que el crecimiento de la pobreza ha llegado a su «máximo posible» y se espera que regrese a 94% de pobres.

Porque la emigración ha sido masiva, generando preocupaciones y desafíos internacionales, dejando nuestra población en el orden de los 25 millones de habitantes, que es significativamente menor que las proyecciones de la ONU de 2015 (33,88 millones) … se nos fueron del país 9,1 millones de venezolanos.

También tenemos que procesar como un activo de primer orden el liderazgo de María Corina Machado que es varias veces superior al de Maduro, con un mínimo rechazo la primera, y con un rechazo cercano a 90%, el segundo. Bueno… y cómo estamos procesando ese tipo de información.

Por eso, con los resultados del ejercicio de brainstorming se recomienda a la dirigencia opositora hacer un análisis de escenarios y un modelo de riesgo y definir los límites del espacio opositor.

Lo anterior sin contar con la dirigencia empresarial que ya se ve que no será posible que hagan un «acto de constricción y entiendan que se están inmolando por una causa perdida». Habrá que pensar en nuevas organizaciones empresariales, porque, a menos que algo drástico ocurra, ya cayeron en manos del chavismo. Habrá que ver si ese es el enfoque, o si, debido al sesgo cultural, también allí hay algo que no estamos viendo.

La metáfora de «ver árboles y confundirse» en lugar de «el bosque en su conjunto» indica que pueden estar perdiendo la perspectiva de la inviabilidad económica y social general del país bajo el modelo actual, lo que afecta la formulación de estrategias efectivas.

Porque como en la corporación política y la militar, en la dirigencia empresarial, las cúpulas tienen un accionar y un pensamiento distinto al de las bases empresariales que siguen siendo la columna vertebral de la economía del país… Tanto las empresas formales, como las informales que representan la mitad de la actividad económica de Venezuela.

¿Quedó claro? Hay espacios que todavía la oposición tiene que identificar y conquistar para recién entonces comenzar a entender por qué es que, pese a todo, aún siguen ahí. Todo indica que no por mucho tiempo más, pero mientras tanto, y un día a la vez, pero siguen ahí.

Al analizar algunos de estos puntos en conjunto, la tormenta de ideas debería permitir una comprensión más profunda de la compleja interconexión de factores que explican la persistencia del chavismo, que va más allá de un simple análisis económico o político, que incluye elementos de control social, adaptabilidad interna, y la dinámica de las relaciones internacionales.

Ahora, para comprender los «puntos ciegos» que enfrenta la oposición y que, a pesar de los indicadores negativos, permiten que el chavismo siga en el poder, es fundamental revisar los supuestos y referencias críticas que ha ido manejando la oposición… La verdadera oposición, que es la liderada por María Corina Machado.

Hay que actualizar/fortalecer el uso de técnicas de análisis de escenarios y modelos de riesgo robustos para seguir enfrentando «con solidez» las «amenazas internas y externas» que se enfrentan todos los días de manera creciente. La represión brutal combinada con acciones de contrainteligencia, cambian todos los días y golpean física y emocionalmente a la gente.

Todo lo anterior se pone en evidencia cuando ciertos personajes que se autodenominan “opositores” actúan por fuera de las líneas emanadas del comando de María Corina Machado, y distraen del objetivo central con elecciones o cambios constitucionales, por el contrario, deben concentrar los esfuerzos en movimientos que los convenzan que tienen que irse. Y los ”opositores” que no están en esa línea, van quedando en descubierto, pero en el mientras tanto, son parte de las causas por las que aún siguen ahí, y no terminan de irse.

Se enfatiza que la oposición debe actuar «con o sin ayuda de los gringos», dando «pasos decisivos para recuperar la libertad» y sin «tibiezas». Esto puede indicar un punto ciego relacionado con la expectativa o sobreestimación de la capacidad de la presión internacional para forzar un cambio. Y allí es donde las sanciones estadounidenses cobran fuerza; porque no solo atacan al sistema de financiamiento de la represión, sino que persiguen en forma individual a los actores que mueven la maquinaria de la revolución.

Y allí es donde uno debe preguntarse si el manejo de la información sobre narcotráfico de estado, terrorismo y construcción de armas de destrucción masiva, se está enfocando desde el ángulo correcto y contando con la interlocución correcta; adentro y afuera de Venezuela.

Y también hay que revisar y actualizar en bases continuas la premisa de que la radicalización política «arrastrará a la radicalización económica» y «social», porque podríamos encontrarnos con un escenario de explosión social que forzaría a Edmundo González y María Corina Machado a asumir el gobierno para evitar una guerra civil.

Recomendaciones

  • Para el chavismo (que está de salida): debe reconocer que la realidad ya no se tapa con discursos; deben abrir la puerta a un acuerdo humanitario internacional, sin esperar nada a cambio, porque el tiempo de la negociación ya se agotó. Perdieron credibilidad, afuera y adentro; y si no tratan de salir por la puerta de la política, entregándole el gobierno a Edmundo González, lo hará la calle, porque la calle ya perdió el miedo.
  • Para el liderazgo opositor (bajo María Corina Machado): dejar de esperar que el poder caiga como fruta madura, e impulsar su salida desde abajo, con hechos y presencia en calle, sin obsesionarse ni con el voto ni con la foto. El tiempo del Twitter/X ya pasó, ahora toca hacer política real y ensuciarse las manos… Lo que no quiere decir que la gente debe salir a inmolarse a manos de los esbirros del chavismo.
  • Para la dirigencia empresarial (cooptada por el chavismo): la cortina de humo no paga nóminas; si siguen aplaudiendo para sobrevivir un día más, el tsunami les va a pasar igual por encima. Es hora de marcar la cancha y tomar distancia; dejar en claro que sin reglas nuevas no hay negocio que sobreviva ni socio que confíe … Y sí, les toca hablar en serio, aunque no guste en Miraflores. Con cuidado con las declaraciones que están haciendo en campaña y cambio de mando, que no hacen otra cosa que alejarlos de las bases… los “cuentos” explicativos de porqué se arrodillan al poder, ya no se los cree nadie

Por Benjamín Tripier

Que quede claro: la inevitabilidad del cambio y el inevitable colapso del modelo chavista siguen siendo la premisa fundamental

Esta semana propongo un ejercicio de análisis contra intuitivo, que llamo una “resistencia ilógica”, donde intentamos explorar las anclas que, paradójicamente, han permitido la prolongación del chavismo. A pesar de que todos nuestros indicadores señalan su inviabilidad terminal, es crucial entender cómo, desafiando la lógica de su propia autodestrucción, que están aplicando, le permiten resistir y prolongar su agonía.

Pero que quede claro: la inevitabilidad del cambio y el inevitable colapso del modelo chavista siguen siendo la premisa fundamental.

Después de 26 años en el poder, el chavismo ha tejido una red de control social omnipresente, micro-segmentando y condicionando el acceso a recursos básicos, a la lealtad política. Esta dependencia económica es la única subsistencia para amplios sectores, generando una parálisis por miedo, que desincentiva la acción colectiva. No hay que perder de vista que el chavismo basó su proyecto político en el uso de los pobres, forzando a convertir a Venezuela en una “fábrica de pobres”.

La destrucción productiva engendró una «nueva burguesía bolivariana» que se lucra del arbitraje de la escasez y de redes opacas. Esta corrupción, aunque drena recursos vitales, también genera una riqueza concentrada que asegura la lealtad de esta minoría. Sin embargo, y aquí reside la clave, esta «resiliencia» es, irónicamente, el talón de Aquiles que lo carcome desde dentro porque es el corazón de su inevitable colapso, y porque realmente está carcomido en sus cimientos.

A pesar de fisuras y descontento, la vasta estructura burocrática y militar exhibe una gran inercia, atada a privilegios y al miedo a la represión. Las pugnas internas, lejos de generar un colapso, han forzado una «supervivencia» mutua por temor a la aniquilación individual, manteniendo una fragmentación interna que evita, por ahora, una ruptura total.

Y, ante las sanciones, opera en la informalidad y el mercado negro, generando ingresos precarios; así como la retención de rehenes extranjeros les ha proporcionado una «moneda de cambio», y un escudo que disuade acciones contundentes. Pero estas no son señales de fortaleza, sino de una agonía prolongada.

La fatiga y apatía de la sociedad civil es palpable. La brecha entre las expectativas y la realidad ha generado frustración, una sensación de impotencia que es terreno fértil para el gobierno de facto. La oposición es vista, con razón, como «haciendo banco» a la espera de la intervención externa; y, además, la existencia de «falsos opositores» diluye la fuerza del frente democrático, generando confusión y fragilizando el mensaje.

La presión internacional, aunque implacable, no ha sido uniforme; en parte por la preocupación por un vacío de poder. La atención de EE UU, dispersa por conflictos globales, también podría reducir la presión sostenida. No obstante, esto no detendrá el inevitable colapso interno que se avecina.

Por otra parte, la «burbuja» del pensamiento de grupo en la cúpula chavista, con autocensura y temor a expresar verdades incómodas, crea una ilusión de fortaleza que les impide reconocer su propia inviabilidad. Esta desconexión con la realidad dificulta la toma de decisiones pragmáticas para buscar una salida.

La política venezolana, desde el 20 de enero pasado, depende inequívocamente de los intereses de Estados Unidos; la administración Trump ha retornado a un esquema de «máxima presión» implacable, buscando estrangular la principal fuente de ingresos del chavismo, que es el petróleo.

Operaciones de extracción como «Guacamaya» demuestran las claras vulnerabilidades del chavismo, y deben interpretarse como un «ensayo» y una «advertencia» para futuras acciones que «ponen a temblar a todo el mundo» dentro del chavismo. Por ejemplo:

  • Las sanciones y aranceles (ej. no renovación de Chevron, y nuevos aranceles a negocios petroleros con Venezuela) son una herramienta viva y contundente, condicionada a un cambio de gobierno. Las fuentes de financiamiento criminal se cierran.
  • Las acciones judiciales y policiales se intensifican, con denuncias por crímenes de lesa humanidad. La clasificación del Tren de Aragua como brazo del chavismo, con Maduro y Cabello a la cabeza, lo convierte en un actor del crimen organizado transnacional, exponiéndolo a una «persecución global» y abriendo la «temporada de cacerías en Venezuela», con advertencias de Guantánamo o El Salvador para los sospechosos.
  • Propuestas desde el congreso de EE UU para declarar a la Digecim y al cartel de los soles como organizaciones terroristas.
  • Advertencias de viaje del Departamento de Estado comparan Venezuela con Gaza, un preludio a que las cosas se van a poner aún más difíciles.

La confianza del chavismo en su «nueva burguesía» y la corrupción como motor de supervivencia es, paradójicamente, el mecanismo que lo destruye desde adentro, convirtiéndose en el eje del inevitable colapso del chavismo:

  • La corrupción es un drenaje rampante que desvía recursos vitales para servicios públicos (combustible, electricidad, agua, salud, educación), asegurando la insolvencia y la inviabilidad económica.
  • El modelo de negocio chavista, basado en el arbitraje de la escasez, ha destruido el aparato productivo, que es fundamentalmente insostenible sin una base real y un marco de seguridad jurídica. Las empresas cooptadas ya son advertidas sobre la «caducidad del modelo rentista».
  • La economía venezolana está en una fase de «raspado de olla», con agotamiento de recursos. La inflación crece y la economía decrece aún más.
  • El dilema para los «enchufados»: Su supervivencia dependerá de una relegitimación social y económica en un escenario de apertura. El «costo de oportunidad» de no alinearse con un cambio hacia una economía de mercado real podría significar el «colapso definitivo del sector productivo».

En resumen, el chavismo está colapsando por no haber entendido la evolución de la sociedad, a la cual sigue tratando como cuando contaban con el mandato popular que ya perdieron; su apuesta por redistribuir una riqueza en declive, sin generar nueva, lo condenó a una agonía prolongada hasta que las arcas estén completamente vacías.

Y visto desde afuera, los casos de Bashar al-Assad (Siria) y las «extrañas muertes» cercanas al Kremlin en Rusia son benchmarks crudos y directos para el gobierno de facto.

  • Assad: María Corina Machado ha señalado cómo su régimen «se derrumbó en cuestión de horas»; una «gran fragilidad» que es referencia para los que hoy sostienen a Maduro. La administración Trump ya contempló un exilio similar para él. El «impacto psicológico enorme» dentro de las propias fuerzas armadas venezolanas al ver la caída de un aliado como Assad, es un factor de erosión interna.
  • Kremlin: Las divisiones, traiciones y miedo dentro del chavismo son un espejo de las purgas rusas. El chavismo ha perdido la iniciativa, con su cúpula «atacándose los unos a los otros», generando un «pánico y terror» en funcionarios y empresarios cómplices. La «lista de aliados de Maduro se reduce peligrosamente».

El «bolivarianismo ha perdido fuelle en la región». Los gobiernos de Brasil (Lula) y Colombia (Petro), que solían ser cercanos, muestran ahora un claro distanciamiento, priorizando sus propios intereses.

Por otra parte, la diplomacia de la coerción de EE UU envía «mensajes claros y coordinados» a aliados pragmáticos como China y Rusia: su inversión en la inestabilidad venezolana será cada vez más costosa; y   no hay que perder de vista los factores geopolíticos y económicos globales, los cuales van generando márgenes de acción que influyen en sostener la “resistencia ilógica que mencionamos al principio; por ejemplo:

  • La necesidad global continua de hidrocarburos, la cual, a pesar de la narrativa de transición energética, el mundo sigue necesitando petróleo y gas. Venezuela, con sus fabulosas reservas de hidrocarburos y bajos costos de producción, podría seguir siendo atractiva para actores que operen fuera del marco de las sanciones occidentales, a través del comercio «en negro».
  • Los intereses pragmáticos de aliados no-occidentales, China y Rusia, y en cierta medida Irán, aunque tienen sus propios problemas internos y conflictos, operan bajo un pragmatismo que prioriza sus intereses económicos y estratégicos por encima de las afinidades ideológicas. Su postura, al no ser de apoyo incondicional, a veces genera una «ventana de tolerancia» para el chavismo, evitando una ruptura total que afecte sus inversiones o sus equilibrios geopolíticos.
  • La profunda destrucción del país, la gigantesca deuda externa y el riesgo de un colapso caótico podrían hacer que potencias externas prefieran evitar una intervención masiva o una «tutela de hecho» inmediata, esperando un momento de menor volatilidad o un agotamiento total del régimen.

En síntesis, aunque todas las señales apuntan a una inviabilidad terminal del chavismo, los factores mencionados podrían actuar como elementos que prolonguen su resistencia. Sin embargo, es crucial entender que estos no son signos de fortaleza ni sostenibilidad, sino más bien indicios de una agonía prolongada en un régimen que, como un animal herido y acorralado, aún representa un peligro significativo, pero carece de un futuro viable.

La inevitabilidad del cambio sigue siendo la premisa fundamental.

Recomendaciones contra intuitivas

  • Para el chavismo (que está de salida): en lugar de ocultar la devastación, divulguen las cifras reales de la destrucción económica y la condición crítica de infraestructuras clave. Esto gestionará las expectativas de la población sobre la dureza de la reconstrucción y podría diluir futuras culpas exclusivas. La inteligencia demanda franqueza.
  • Para el liderazgo opositor (bajo María Corina Machado): lideren la preparación emocional y práctica para la «hora más oscura» post-chavismo. Más allá de prometer un futuro luminoso, comuniquen con extrema honestidad los inevitables y profundos sacrificios iniciales. Propongan un «pacto nacional de austeridad y esfuerzo compartido» para los primeros 6-12 meses, transformando la resiliencia en un activo consciente y colectivo.
  • Para la dirigencia empresarial (cooptada por el chavismo): den un paso proactivo hacia la total transparencia. Impulsen, de forma colectiva y con validación externa, la adopción de estándares internacionales de gobernanza corporativa y lucha anticorrupción en sus propias estructuras. Documenten los mecanismos de extorsión a los que fueron sometidos por el régimen. Esto salvaguardará sus activos y sentará un precedente de «confianza» y «legitimidad» para la «Venezuela productiva» del futuro.

Por Benjamín Tripier

La Venezuela actual se define por una necesidad de cambio abrumadora y la clara inviabilidad de un régimen chavista en declive acelerado. En este contexto de profunda crisis económica y petrolera, y con extrema pobreza social, la oposición liderada por María Corina Machado se consolida como la única reserva de institucionalidad y moral, respaldada por una creciente presión internacional que acelera la inminente transición del país.

Reconocimiento de premisas y referencias clave:

• Necesidad y voluntad de cambio generalizadas: existe una creciente y profunda necesidad de cambio en la población venezolana, con un claro consenso de que «nadie quiere pasar la página» y una abrumadora mayoría (84,5%) que no aceptará que los resultados del 28 de julio de 2024 sean parte del pasado.

• Inviabilidad y declive del chavismo: el chavismo ya no es sustentable; ha perdido la iniciativa mediática, política y comunicacional, se ha quedado sin «amigos» a quienes recurrir y ya nadie les cree. Presenta profundas divisiones internas, carece de apoyo popular y militar, y sus ingresos están disminuyendo. Es un gobierno de facto, sin legalidad ni legitimidad, y en minoría. El tiempo juega en su contra, ya que sus actos violentos solo aumentan su toxicidad y aislamiento, generando cada vez más fracturas internas.

• Rol de la oposición y apoyo internacional: la oposición, liderada por María Corina Machado (con 73.9% de confianza popular) y Edmundo González Urrutia (con 52,9% de confianza) -y el rechazo a Nicolás Maduro de 88,1%- se percibe como una reserva de moral e institucionalidad que debe mantener el impulso interno y externo. Sin el apoyo de EEUU, no se espera una movilización masiva ni una disposición interna para una transición forzada. La política de Estados Unidos hacia Venezuela es clara: la perciben como una «amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior».

• Presión internacional creciente: los «amigos» del chavismo como China, Rusia e Irán, enfrentan sus propios problemas internos y geopolíticos, limitando su capacidad de apoyo sustancial a Venezuela. La relación de Venezuela con Irán ha generado preocupaciones en Washington sobre una posible plataforma de influencia iraní en la región.

• Crisis económica profunda y estructural: la economía venezolana está en una recesión que se profundiza, con una inflación creciente y escasez de dólares, impulsada por la depreciación descontrolada del tipo de cambio y el financiamiento monetario del gasto público. La salida de Chevron y otras empresas de servicios petroleros reducirá la producción a 500.000 barriles por día o menos para fines de 2025, lo que implica una pérdida de tecnología, experiencia especializada y eficiencia operativa, dejando el negocio petrolero en un virtual desierto. La dependencia de las materias primas ha impedido la diversificación económica y el modelo rentista ha colapsado sin un sustituto viable.

• Contexto social radicalizado y empobrecido: la situación se caracteriza por una radicalización política, económica y social. La pobreza multidimensional afecta a más del 88% de la población, con la pobreza extrema rondando el 50%, y la mayoría de los hogares están lejos de alcanzar la canasta básica. La creciente informalidad del empleo y la incapacidad del gobierno para desarrollar políticas sociales agravan la pobreza.

Si bien la oposición liderada por María Corina ha logrado victorias importantes, se percibe como en un punto de desgaste por el paso del tiempo sin que el cambio de gobierno se hubiera materializado. Las fuentes indican que la oposición ha estado «haciendo banco», actuando como una «reserva de institucionalidad y moral», con una influencia limitada para una transición sin el apoyo directo de Estados Unidos.

Para impulsar una nueva etapa que refresque las esperanzas, y basándose en referencias alcanzables, se pueden proponer las siguientes tres acciones de refrescamiento:

1. Lanzar un «plan de días cero» detallado y tangible, comunicado de forma sencilla y masiva. Aunque la oposición ya tiene un plan económico que apunta a una transformación radical y convertir a Venezuela en un «hub energético» más el “plan del trillón de dólares” y la posibilidad emanada desde esta columna de un “Plan Marshall para Venezuela”, la nueva etapa requiere traducir esta visión en acciones concretas y entendibles para el ciudadano de a pie.  La gente vive las consecuencias diarias de la mala gestión del chavismo y la pobreza, y busca mejoras tangibles en su calidad de vida. La acción fresca consistiría en:

◦ desarrollar y comunicar un «Plan de Días Cero» y «Primeros 100 Días» enfocado en la solución de problemas cotidianos más urgentes, como la disponibilidad de agua, electricidad, y alimentos, así como el acceso a servicios básicos y medicamentos;

◦ este plan debe ir más allá de las «líneas gruesas de posibilidades» y explicar el «cómo» se abordarán estas soluciones de manera muy práctica y con una línea de tiempo realista, incluso si las mejoras son progresivas. Por ejemplo, cómo se va a iniciar la recuperación de la infraestructura y cómo se garantizarán «bonos de equilibrio» o ayudas directas durante la transición para mitigar el impacto en los más vulnerables;

◦ la comunicación debe ser clara, optimista y sin agresividad, generando confianza y «esperanza informada», mostrando cómo las propuestas se traducirán en un «nivel de vida superior, equiparable al de sociedades del primer mundo en tiempos relativamente cortos».

2. Articular un «marco de Transición para la reconciliación nacional» con Incentivos diferenciados. Las fuentes resaltan las «profundas divisiones y fracturas internas» dentro del chavismo. Se ha mencionado que el chavismo «tiene que llevar a cabo un necesario proceso de limpieza interna que, aunque tarde, será su única garantía de supervivencia». La sugerencia previa para el chavismo es «gestionar una salida ordenada y lo menos traumática posible». La acción fresca implicaría:

◦ la oposición, apoyada por actores internacionales (Estados Unidos y Argentina, por ejemplo, que ya colaboran en operaciones como Guacamaya), debe proponer públicamente un marco formal para una transición gestionada que ofrezca «caminos de salida» claros para los actores chavistas de niveles intermedios y bajos (excluyendo a los «capos» con órdenes de captura internacional, cuyo destino es la «persecución global»);

◦ este marco debería diferenciar entre la cúpula criminal con pedidos de captura internacional y recompensa, y aquellos que, por presión o necesidad, han sido «cooptados» por el régimen, ofreciéndoles un camino hacia la reinserción en una Venezuela democrática que respete el estado de derecho y promueva la reconciliación. Esto busca aumentar las «fracturas» y la «desconfianza metida dentro» del gobierno de facto, acelerando las deserciones pacíficas;

◦ el mensaje clave sería que la prioridad es el bienestar de la nación y evitar un «descenso a los infiernos» o una «tierra arrasada», y que la cooperación en una salida negociada mitigaría el «juicio de la historia».

3.  Institucionalizar un programa de retorno y reintegración productiva de la dáspora y el capital humano. Venezuela cuenta con una diáspora de 8 millones de venezolanos lista para regresar en un porcentaje del orden de 50%, más o menos; y se reconoce la importancia del capital humano. El país necesita urgentemente «personal calificado y competente» para la reconstrucción, y se ha sugerido un plan «más robusto para incentivar el retorno». La acción fresca consistiría en:

◦ crear un programa estructurado y públicamente accesible para la diáspora, no solo incentivando su regreso, sino articulando cómo sus habilidades y capital pueden ser directamente integrados en la reconstrucción del país;

◦ esto podría incluir plataformas de mapeo de habilidades (especialmente en sectores clave como energía, tecnología, salud, educación), programas de capacitación o revalidación, y «centros de formación obligatorios» vinculados a los planes de desarrollo productivo y la generación de «empleos genuinos»;

◦ se deben establecer incentivos claros para la repatriación de capital y conocimiento, aprovechando la oportunidad de «saltar etapas e incorporar innovación de inmediato» debido al atraso tecnológico. Esto mostraría una esperanza concreta al vincular la diáspora directamente con la visión de «Venezuela de regreso al escenario energético mundial» y su transformación en un «hub energético de las Américas».

Las acciones anteriores, al centrarse en la comunicación proactiva de un plan tangible, la gestión estratégica de las fracturas internas del régimen, y la capitalización del talento de la diáspora, buscan generar una «inercia» que posicione a la oposición más allá de la mera «resistencia» y hacia una fase de preparación activa para la gobernanza y la reconstrucción.

Sin perder de vista la estrategia de preparación y ejecución intensiva para los primeros momentos y días inmediatamente posteriores al cambio de gobierno, tales como un bono masivo importante en dólares que haga que la gente realmente pueda “cuantificar” la esperanza. Es un concepto crítico en la planificación estratégica para transiciones de esta magnitud, especialmente en un país como Venezuela, que enfrenta desafíos tan profundos.

Un plan de acción unificado: tres ejes para acelerar el cambio

La confluencia de análisis estratégicos nos lleva a un consenso crucial sobre cómo operar en los meses venideros. No se trata solo de consolidar el rechazo al statu quo, sino de construir activamente el camino hacia la nueva República, gestionando expectativas y generando una conexión tangible con el ciudadano de a pie.

Eje 1: Apropiarse del campo comunicacional y gestionar expectativas con honestidad

Este es el pilar fundamental. Es imperativo que la voz que guía a Venezuela hacia su porvenir domine la narrativa, y lo haga con un rigor estratégico que hasta ahora ha sido disperso.

  • Coordenadas de tiempo: inmediato y sostenido (desde ahora hasta la consolidación del nuevo gobierno).
  • Acciones clave:
    • Unificación del mensaje: la directriz es construir una «sala situacional» de comunicación que amalgame la visión ambiciosa del futuro con la cruda realidad del presente. Esto implica un blindaje activo contra la desinformación y una «contrainteligencia comunicacional» que neutralice los ataques del régimen.
    • Comunicación de la dificultad inicial: es crucial abandonar la promesa de una mejora instantánea y adoptar una postura honesta sobre los desafíos. Se debe comunicar con claridad que los primeros años serán de «turbulencia» y un «descenso a los infiernos» en muchos aspectos, antes de ver la verdadera mejoría. Esta transparencia es vital para gestionar las expectativas de la población y construir resiliencia social. La credibilidad se gana reconociendo la magnitud del daño y preparando al ciudadano para el esfuerzo que se avecina.

Eje 2: Humanizar la visión del futuro abordando temas cotidianos

La gran visión de una Venezuela potencia debe traducirse en beneficios concretos y tangibles para el ciudadano común. Las aspiraciones macroeconómicas, por legítimas que sean, deben conectarse con el día a día.

  • Coordenadas de tiempo: Corto plazo (próximas semanas y meses, previo al cambio de gobierno).
  • Acciones clave:
    • Agenda de lo cotidiano: empezar a tratar y proponer soluciones para problemas que afectan directamente la vida de la gente, tal como hizo Edmundo González Urrutia con el tema de las lluvias. Esto incluye la crisis del agua, la electricidad, la salud, el transporte y la seguridad ciudadana (incluso en un contexto de control actual).
    • Detalle en la reconstrucción social: es vital especificar cómo la transición del asistencialismo al mercado se traducirá en empleos genuinos y cómo se reconstruirán los servicios básicos de manera progresiva. La gente necesita saber qué significa la «prosperidad» en su nevera, en su ambulatorio, en el aula de sus hijos. Cada detalle suma confianza.

Eje 3: Revelar el impacto Individual de los grandes planes de reconstrucción

La propuesta de transformar a Venezuela en un «hub energético de las Américas» y generar «trillones de dólares» en riqueza es poderosa a nivel estratégico y de inversión externa. Sin embargo, para el venezolano de a pie, esta visión puede resultar abstracta. Es indispensable que cada ciudadano pueda responder con facilidad a la pregunta: «¿Cómo quedo yo ahí?»

  • Coordenadas de tiempo: mediano plazo (Meses previos a la transición y durante la fase inicial de cambio).
  • Acciones clave:
    • Articulación de valor agregado individual: explicar cómo la privatización de la industria energética y la diversificación económica (turismo, agricultura, tecnología) se traducirán en nuevas industrias, empleos y oportunidades de emprendimiento a nivel local. Mostrar cómo el procesamiento de energía internamente generará puestos de alta calidad y bienestar en cada región.
    • Plan de retorno y reincorporación del talento: detallar un programa robusto para incentivar el regreso de la diáspora, no solo de profesionales de alto nivel, sino también de técnicos y trabajadores calificados. Es fundamental que estos planes especifiquen cómo se les reinsertará en un mercado laboral en expansión, cómo se reconocerán sus experiencias y cómo se les ofrecerán condiciones de seguridad y dignidad.
    • Transparencia como beneficio directo: subrayar cómo la lucha contra la corrupción, mediante mecanismos innovadores como la apertura de información pública y la desmaterialización de procesos, generará un ambiente de confianza que beneficiará a todos los ciudadanos, atrayendo inversión que se traducirá en bienestar colectivo y no solo en el enriquecimiento de unos pocos.

La implementación simultánea y coordinada de estos tres ejes no solo fortalecerá la credibilidad y la conexión emocional del pueblo venezolano con la visión de futuro, sino que, de manera crucial, servirá para acelerar el proceso de cambio de gobierno. Al mostrar una alternativa sólida, honesta y tangible, se incrementará la presión interna y externa, haciendo que la inviabilidad del régimen sea aún más evidente e insostenible.

El futuro de Venezuela no es un anhelo distante, es un proyecto claro, alcanzable y cada vez más inminente. Las señales indican que el «cuándo» podría estar mucho más cerca de lo que se cree, y este plan de acción busca asegurarse que el «cómo» sea lo más eficaz y venturoso posible para todos.

Recomendaciones

Para el gobierno chavista (que vive sus momentos finales): gestionar activamente el riesgo de implosión y disolución forzada mediante la desvinculación de actividades ilícitas y la mitigación de fracturas internas. Reconociendo las profundas divisiones y quiebres dentro del gobierno de facto al más alto nivel, el creciente descontento en sus propias bases y la pérdida de apoyo popular y militar, se les insta a comprender que el tiempo está en su contra y que sus actos de violencia solo aumentan su toxicidad y aislamiento.

Para el liderazgo opositor (bajo la conducción de María Corina Machado): consolidar la unidad y preparar la gobernanza; comunicar una visión de futuro clara y esperanzadora, y blindar el mensaje y fortalecer la contrainteligencia comunicacional. Es imperativo establecer un protocolo de comunicación unificado y centralizado para información sensible, creando una «célula de monitoreo de desinformación» con analistas de inteligencia para identificar, refutar y anticipar las campañas del chavismo. La transparencia y la verificación de fuentes deben ser las banderas de su comunicación. Se les recomienda no reaccionar a rumores y construir una narrativa sólida y constante sobre la visión de país.

Para la dirigencia empresarial (que ha estado cooptada por el chavismo): asumir un liderazgo pro-democrático: Deben asumir un verdadero liderazgo frente a la sociedad, anticipando el «tsunami» y proponiendo medidas concretas para que los empresarios y las personas protejan su patrimonio. Además, deben advertir que la única forma de salir de esta situación caótica es con una transición política y despolitizar las juntas directivas de las cámaras para preservar la esencia del empresario que hoy está socialmente desprestigiada.

Por Benjamín Tripier

El chavismo siempre tuvo como proyecto estratégico convertir a Venezuela en un país tan pobre y patético como Cuba. Quedó grabada para la historia aquella frase de Jorge Giordani, el “zar” económico de Hugo Chávez, al reconocer que la revolución necesitaba de los pobres para garantizarse como modelo político. También lo dijo, a su modo, el gobernador Héctor Rodríguez, cuando reveló que no iban a sacar a los pobres de su situación para que saltaran la talanquera y se volvieran opositores.

De manera que no son las sanciones, ni tampoco los aranceles: desde siempre, la destrucción de la economía y la multiplicación de la pobreza, han sido consustanciales al proyecto chavista y su vocación dictatorial. Que se manifestó desembozada y abiertamente con el take over que hizo Diosdado Cabello de la revolución bolivariana en la tarde del 28J, y que profundizó hasta acabar con cualquier duda, a partir del 10 de enero.

Que la estrategia del chavismo, local y latinoamericano, especialmente el chavismo argentino que ellos llaman kirchnerismo, es mantener aceitada la fábrica de pobres, porque, según ellos, son necesarios para su esquema de poder. En Venezuela, la fábrica, sigue funcionando como en sus mejores tiempos, aunque con el problema de que ahora los pobres sí se volvieron opositores sin necesidad de dejar de ser pobres (Giordani y Rodiguez dixit).

Esta ecuación se les dio vuelta y ahora la “fábrica de pobres” fabrica opositores, y ya, ellos no pueden detenerla, porque la única manera de que se frene y retrotraiga la pobreza es con el cambio de gobierno que se niegan a transitar.

En el ámbito político, en la Encuesta Cati Meganalisis Verdad Venezuela, levantada hasta finales de marzo de 2025, que circuló esta semana, mientras 73,9% de los venezolanos confía en María Corina Machado, y en Edmundo Gonzales Urrutia 52,9%, solo 6,4% confía en Manuel Rosales, y 5,6% lo hace en Henrique Capriles, quienes a su vez mantienen un nivel de rechazo de 74,8% y 77,9%, respectivamente.

Lo anterior muestra con claridad que estas declaraciones altisonantes de estos dos “opositores”, de llamar a votar, sabiendo que nadie los sigue, no son otra cosa que el apoyo que, por alguna siniestra razón, le prestan al chavismo salvaje post 28 de julio. Bueno, ellos sabrán porque lo hacen, porque en realidad se están inmolando por una causa perdida.

Del lado del chavismo, en la misma encuesta, Nicolás Maduro tiene un de rechazo de 88,1%, y solo 9,5% de aceptación. Los otros chavistas con mayores niveles de rechazo son Jorge Rodríguez con 90,2%, Diosdado Cabello con 91,3% y Delcy Rodríguez con el mayor de todos los rechazos, con 91,7%.

Esto refleja un deseo palpable de cambio y un desgaste del modelo actual. Sin embargo, como bien sabemos, la voluntad popular expresada en las elecciones y reafirmada en las encuestas sucesivas post 28 de julio, aun no pudieron traducirse en un cambio político inmediato. Porque se trata de un gobierno de facto que no entregará el poder por las buenas sino que lo hará solo como resultado de una presión intensa que debe hacer que les resulte mejor irse, que quedarse.

En ese mismo sentido, la encuesta también plantea una pregunta crucial: «¿Cree usted que el 28 de julio y sus resultados, ya son parte del pasado y el país debe pasar esa página para seguir adelante?». 84,5% respondió que no debe quedar en el pasado, y solo 10,4% respondió que sí, lo cual sugiere una tensión en la sociedad que esta vez no dará vuelta la página y no cederá hasta que el chavismo haya abandonado el poder.

Así ese 10,4% esté apoyado por grupos de represión que ya no son solo militares (cuya gran mayoría quisiera que el chavismo salga) sino por grupos de mercenarios como el ELN, sicarios del cartel de Sinaloa, Hezbolá, repatriados del tren de Aragua y la guardia pretoriana presidencial del grupo Wagner, más algunos cubanos que principalmente buscan mejorar sus vidas y usar Venezuela como trampolín a para algún lugar donde se viva mejor que en Cuba y que en Venezuela. Triste decirlo, pero más triste es que sea verdad.

Porque lo que se convierte en un atractivo para que nadie quiera pasar la página son las propuestas de María Corina Machado de privatización total, protección a la inversión, derecho de propiedad, licitaciones e incentivos fiscales, marcando una clara distancia del modelo asistencialista que he criticado tanto desde hace años. Porque es la única manera de reinsertar a Venezuela en el escenario económico mundial, además de ser un paso fundamental para la recuperación económica que he venido proponiendo.

No hay que perder de vista que existe una «radicalización política, económica y social», derivada de un chavismo aferrado al poder, aunque con profundas divisiones internas y una creciente falta de apoyo popular, militar y de ingresos petroleros., lo cual genera el riesgo de que cualquier intento de forzar una transición pueda derivar en violencia.

En el plano económico la situación sigue siendo precaria, y el informe del IIESUCAB de abril de 2025 liberado esta semana, nos recuerda la fragilidad de las finanzas públicas y la posibilidad de que recurran al financiamiento monetario del gasto público ante la caída significativa del negocio petrolero como consecuencia de las sanciones estadounidenses y la salida de Chevron.

Con una caída en la producción petrolera promedio que dejará la producción en alrededor de 500 mil bpd o menos. Este escenario, como he advertido, perpetúa la inflación y dificulta la expansión del consumo interno, afectando la actividad económica, cercana a la recesión.

Y ante la falta de dólares, se prevé un aumento en el uso del bolívar como moneda de transacción, con el consecuente riesgo de emisión inorgánica e incremento de la inflación, que podría cerrar el año con una inflación muy superior a 200% que habíamos anticipado hace una semana. Cuanto más se revisan los escenarios políticos, más empeoran los números económicos.

Si bien está claro que después del colapso que lleve a la salida del gobierno todo tenderá a mejorar, antes deberemos “descender a los infiernos” para poder comenzar el camino, esta vez sin retorno, al bienestar y la prosperidad. Porque cualquier intento de cambio estratégico en este momento se va a chocar con una realidad que ya no admite reformas parciales ni paños tibios, sino solo salidas heroicas que nos permitan, recién entonces, emprender la diversificación económica y la reforma del sector petrolero que he propuesto.

Bajo crisis cualquier decisión estratégica tenderá a ser equivocada. Porque la prioridad bajo crisis, es salir de la crisis. Y eso es todo.

La misma encuesta refuerza nuestras conclusiones previas de que 85% de los venezolanos cree que está bien que hayan deportado a Guantánamo y El Salvador a los venezolanos del tren de Aragua, y no creen que los estadounidenses se hayan equivocado al hacerlo.

Los estadounidenses son reconocidos por contar con una justicia muy superior a la que pudiéramos tener como referencia en Venezuela (ver los más de 1.000 presos políticos, muchos de los cuales figuran como desaparecidos), y allá solo “son eximidos” de esa justicia los invasores externos como las “brisas bolivarianas” que lanzó el chavismo por Latinoamérica y por Estados Unidos.

¿De dónde salieron? Pues al menos 40.000 salieron de Tocorón, de la mano de Iris Valera, y, al menos 200.000 fueron terroristas islámicos a los que, vía Tareck el Aissami, les entregaron pasaportes venezolanos.

Y a esa gente, cuando mediante información de inteligencia es capturada, no la juzga la justicia normal ni se les aplican derechos humanos, así como tampoco se les aplica la convención de Ginebra para prisioneros de guerra, sino que son procesados en forma sumaria, y dentro de poco, en vez de deportarlos, hasta se les podría aplicar la pena de muerte, como a cualquier terrorista extranjero actuando en suelo norteamericano.

Lo ideal sería que no nos los manden de regreso a Venezuela, porque pasan a ser parte de las fuerzas de represión.

Internamente la lectura general que surge de la mencionada encuesta nos muestra que la población masivamente ya no confía en el chavismo a quien considera responsable de todos los males que estamos sufriendo, y específicamente apuntan a la persona de Maduro.

Revisando los últimos datos sobre la coyuntura venezolana, y el informe del IIESUCAB de abril de 2025, Venezuela necesita una transformación profunda donde la transparencia y rendición de cuentas en la gestión de los recursos del Estado y su impacto real en la economía sean prioritarios. Con un marco legal claro, una administración eficiente y una economía dinámica que genere riqueza, apoyada en la actividad privada, quedando el estado como un árbitro no invasivo que asegure reglas de juego atractivas para la inversión.

Porque más allá de comenzar a andar el camino del equilibrio fiscal y la sobriedad monetaria y cambiaria, hay que tratar de partir de un balance sano con una deuda externa renegociada, con unas reservas reconstruidas vía un equivalente venezolano del Plan Marshall europeo, y con una cartera de inversiones privadas que, con sus Gantt de ejecución, le den un horizonte cierto a los proyectos eléctricos y petroleros, a la construcción de carreteras y puentes, de desarrollos ferroviarios, de rescate de la actividad agrícola, pecuaria y pesquera, así como en la construcción y reactivación de plantas industriales generadoras de empleo, y de bienestar sólido y sustentable para la Venezuela grande que construiremos hacia el futuro.

La información que nos brinda el IIESUCAB es un punto de partida. Sin embargo, la ruta hacia una Venezuela próspera requiere una visión estratégica integral, coherente y, sobre todo, una ejecución impecable, alejada de la improvisación y la opacidad, que es lo que tenemos ahora. ¡Un futuro próspero es posible, pero requiere planificación, transparencia y un compromiso firme con el cambio!

En resumen, el entorno venezolano se caracteriza por una fuerte aspiración de cambio político y económico, evidenciada en la alta popularidad de figuras opositoras y la presentación de propuestas concretas en escenarios internacionales. No obstante, persisten riesgos significativos derivados de la radicalización política, la fragilidad económica acentuada por las sanciones, y desafíos sociales que complican la situación tanto dentro como fuera del país.

Como he insistido, Venezuela necesita una visión estratégica clara y un plan de acción coherente para transitar desde el asistencialismo hacia un modelo de mercado productivo. Las propuestas económicas presentadas por María Corina son un paso en la dirección correcta, pero su implementación exitosa dependerá de un cambio profundo en el modelo político e institucional; así como de la capacidad para generar confianza a nivel nacional e internacional. La tarea no es sencilla, pero es imperativa para construir el futuro próspero que todos anhelamos.

Revisando la actividad internacional de Donald Trump surge con claridad su intención de producir la mayor cantidad de cambios posibles dentro de la ventana de tiempo de los primeros 90 días de gobierno, donde, según el “librito del gobernante pragmático” debe pasar todas las medidas antipáticas posibles. Y lo que no pueda lograr en ese tiempo, pues intentará de a poco ir haciéndolo en forma más suave, o simplemente abandonará su intento, según cada caso.

O sea que para finales de este mes de abril ya debe estar claro si Israel va a la guerra con Irán, si Rusia se mantiene como el enemigo formal de Estados Unidos, si Estados Unidos se queda en la OTAN, si se armonizan los aranceles con China, y cuáles son los países con los que se mantendrá la presión tarifaria, con un mensaje claro de que EEUU los quiere debilitar porque así le funciona para sus intereses.

De todos modos, ya mostró a todo el mundo que tiene una capacidad de daño impresionante sin aún haber usado en realidad su fuerza sino solo amenazas y medidas que aún no surten efectos. Queda claro entonces, que el nivel de destrucción que puede causar en gigantesco; así que atentos a lo que hacen y a lo que dicen.

Seguramente mantendrá una espada de Damocles en las cabezas de los gobiernos que no le respondan favorablemente, logrando que sus empresas se muevan en el sentido que Trump quiera que se muevan. Porque, si bien el comercio mundial es esencialmente privado, las reglas de juego las ponen los gobiernos de los países a los que esas empresas pertenecen. Privados sí, pero no tanto.

Los afectados a corto plazo seguramente serán los colombianos por los dichos de Gustavo Petro en la Celac, los chinos por haber decidido que seguirán hasta el final con la guerra de tarifas, los iraníes por el tema nuclear, y los venezolanos con el chavismo; porque ya se vio que la estrategia clara es que se vayan del poder y que María Corina Machado se haga cargo del negocio. Y todo indica que van a lograr cumplir con sus objetivos… porque tienen con qué hacerlos cumplir.

Recomendación

• Al gobierno: que no pierda de vista que si piensa sustituir ingresos externos por ingresos tributarios y emisión inorgánica, que piense que las dos medidas son contraproducentes en este momento de crisis y que más bien debería hacer todo lo contrario, y liberar al dólar como moneda de curso legal, y tratar de que vuelva a ser el gran equilibrador de la economía. Y que se sostenga en la restricción de créditos en bolívares, que mantenga altos niveles de encaje, y que restrinja la emisión inorgánica, pero que permita la compensación bancaria en dólares y que los créditos también sean en dólares. Porque los dólares que no entren por el petróleo, seguramente saldrán del “colchón” o de los “activos externos” de los venezolanos.

• A la dirigencia opositora: que comiencen a compartir con la sociedad venezolana los rasgos importantes del plan de gobierno de Edmundo González y María Corina Machado, de forma tal de consolidar los niveles de confianza en la sociedad que entusiasmen y generen tranquilidad y esperanza para el momento que se acerca cada vez más, en el que haya que salir a la calle a exigir que se vayan y que entreguen el poder como debieron haberlo hecho el 10 de enero pasado.

• A la dirigencia empresarial: que se cuiden de las medidas de excepción porque van a afectar primero a los que el gobierno tiene más cerca, que vienen a ser los “enchufados” a los que ellos conocen muy bien. Luego vendrán los demás, así que créanme cuando les digo que hay que desempolvar las estrategias defensivas para documentar y sostener la propiedad de lo que les vayan a quitar, y a cuidar el patrimonio sin prestar mucha atención al capital de trabajo porque ese puede reconstruirse, mientras que cuando se pierde el patrimonio… Los que se inmolaron por el proceso se van a arrepentir, porque ya no pueden despegarse.

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