España-Argentina, la final de todos los tiempos

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Vía El Mundo

Lamine y Messi lideran un partido con ingredientes para ser recordado siempre

El sábado por la mañana, en el hall de un hotel pegado al Madison Square Garden, un tipo argentino de unos 50 años hablaba por teléfono: «¿Cuánto me cuesta esa bandeja?», y cuando decía bandeja quería decir grada, una grada más alta o más baja en el MetLife para esta tarde (21.00 horas, La 1). «¿8.500? Dale», terminaba respondiendo a su interlocutor, y hablaba de dólares (unos 7.500 euros). Hay entradas para la final del Mundial todavía pululando por ahí con unos precios, eso sí, prohibitivos para la gente normal. Ocurre que, en el mundo, hay mucha gente con mucha pasta, y hoy habrá 82.500 que lo van a demostrar.

Es el precio a pagar por encontrar un asiento en el recinto más solicitado del mundo. Abajo, en la hierba, el partido de todos los tiempos. Con permiso de algunos (la final del 70, con PeléJairzinhoRivellinoTostao y Carlos Alberto sublimando el fútbol, la final también de hace cuatro años en Qatar, ese 3-3 entre argentinos y franceses, etc…) con permiso, pues, de otras opiniones, Nueva York, Nueva Jersey, asisten este 19 de julio al partido con el que todos los hinchas han soñado durante los últimos años. El campeón de América contra el campeón de Europa, de largo los dos mejores equipos que han pasado por un torneo tan especial como este.

La presencia de Leo Messi amplía la sensación de estar ante un acontecimiento histórico, algo que se revisará una y otra vez durante décadas. El mejor futbolista de siempre dice adiós a los Mundiales con su segunda final consecutiva después de haberse peleado con esta Copa durante una década y media. «España tiene grandísimos jugadores, despliega un gran juego, porque España no es sólo Lamine Yamal. Pero nosotros tenemos también nuestras armas», decía el 10 argentino el viernes, durante un esperpéntico acto al que Leo no quería acudir. FIFA y AFA tuvieron que emplear muchísimas horas y un helicóptero para convencerle de que apareciese durante al menos unos minutos.

La sensación en el otro lado, en la selección española, es que espera un día duro. Por varios motivos. Primero, por el rival. Argentina ha llegado con el gancho a esta final después de dos prórrogas (Cabo Verde en dieciseisavos y Suiza en cuartos), teniendo que remontar en todas las eliminatorias excepto contra los helvéticos. Remontó contra Cabo Verde, contra Egipto (perdía 0-2 a falta de 10 minutos) y contra Inglaterra en las semifinales. Segundo, por el juego que plantearán los de Lionel Scaloni. En su legítimo derecho están de hacerlo, cualquier equipo, de hecho, lo haría. Cuando uno se enfrenta a una selección futbolísticamente superior, o así se la percibe tras la fase eliminatoria, en el hotel de España intuyen un juego brusco, con muchas interrupciones, con recados en cada disputa, con patadas altisonantes si las cosas no les van bien.

De cara al exterior no lo reconocen, pero sí lo piensan. Luis de la Fuente, mucho más listo que todo eso, dijo el viernes exactamente lo contrario: «Es una selección brutal, dirigida por un amigo mío. Admiración, admiración y admiración es lo que siento por esta selección argentina», comentó el técnico riojano cuando le preguntaron si temía ese juego sucio.

Ni una palabra más alta

El caso es que España sigue con su cara de haber venido a rellenar el expediente de ser campeona del mundo. Ni una palabra más alta que otra, ni un gesto más grave que otro… Nada. Calma. Mikel Oyarzabal, por ejemplo, luce el mismo gesto que gastaría durante la 17ª jornada de Liga. Y, como él, sus compañeros, a las puertas de protagonizar el gran partido de las últimas décadas en un escenario icónico como Nueva York.

¡Ah! Y el calor. El partido, a las 15.00 horas, se jugará en el entorno de los 27ºC, y España lo hará por primera vez al aire libre excepción hecha del choque de Guadalajara, allá por el 26 de junio ante Uruguay. El descanso, finalmente, como anunció FIFA a los finalistas el jueves, no durará más de 17 minutos, aunque visto el cartel de los que cantan y bailan, cuesta pensar que se cumplirá.

La noche en España, la tarde aquí, se plantea también como un relevo en el universo de las estrellas, del que sale Leo Messi para dar paso a Lamine Yamal. «Es una referencia mundial», dijo el astro de Rosario del niño al que España le sigue pidiendo una gran aparición en este Mundial. «Ya solamente queda un partido, así que tiene que ser ahora», pronosticó De la Fuente, que ya había hecho lo mismo en todas las eliminatorias previas. Algún día tendrá que ser. Lo comprobará una audiencia de, según dicen, 1.600 millones de personas.

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