En la lluviosa noche del 25 de mayo de 2025, el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela montó un espectáculo en el centro de Caracas que parecía sacado de un circo surrealista. Banderas tricolores ondeaban al viento, retratos de Chávez y Maduro vigilaban desde lo alto, y un letrero luminoso gritaba: “¡Democracia Inquebrantable!”.
Por: Rosa de Meltronco – Espacial MFM
Nicolás Maduro, con su característica chaqueta roja y una sonrisa que desafiaba la gravedad, encabezaba el evento, acompañado por un coro de aplausos pregrabados que resonaban en un país donde los centros de votación habían estado más vacíos que un mercado venezolano un lunes por la mañana.
El encargado de anunciar los resultados fue el presidente del CNE, Elvis Amoroso, quien subió al podio con la confianza de un vendedor de lotería que sabe que el premio ya está asignado. Frente a las cámaras de VTV, Amoroso comenzó su discurso, pero algo extraño ocurrió: tartamudeaba como si las palabras se le atoraran en la garganta. “E-e-e-el pueblo venezolano ha hablado”, balbuceó, mientras, para asombro de los pocos televidentes que aún sintonizaban, su nariz comenzó a crecer en vivo, como si Pinocchio hubiera decidido hacer una aparición especial en la política bolivariana. “P-p-participación histórica del 80% del padrón electoral!”, exclamó, mientras su nariz alcanzaba proporciones caricaturescas, amenazando con derribar el micrófono.
Maduro, imperturbable, tomó la palabra con un brillo triunfal en los ojos. “¡Pueblo heroico!”, proclamó. “Hoy demostramos que nuestra revolución es imbatible. ¡Casi todos los venezolanos votaron! ¡Hasta las palmeras y los pericos dieron su voto al chavismo!”. Las imágenes de los centros electorales, emitidas en bucle, mostraban filas sospechosamente uniformes, como si hubieran contratado extras de una telenovela de bajo presupuesto. En las redes sociales, rápidamente censuradas, los venezolanos compartían fotos de mesas electorales desiertas, con máquinas de votación que parecían más ocupadas en minar criptomonedas que en registrar sufragios.
Amoroso, con su nariz ahora rozando el atril, insistió: “Cada voto fue contado con precisión bolivariana!”. Sostuvo una pila de papeles que parecían sacados de una impresora con tinta diluida en agua. “¿Las acusaciones de María Corina Machado y su títere Edmundo González? ¡Pura mentira imperialista! En 2024 quisieron engañarnos con actas falsas, pero nosotros, con nuestra tecnología de punta, garantizamos la verdad”. Mientras hablaba, su nariz creció tanto que un camarógrafo tuvo que esquivarla para no perder el enfoque.
En las redes, los usuarios, conectados a través de VPNs y señales piratas, no daban crédito. “ArepaRebelde69” tuiteó: “Amoroso dice que votó el 80%, pero su nariz está más larga que las colas para comprar harina. ¿Votaron los fantasmas también?”. Otro usuario compartió un meme de Pinocchio con la cara de Amoroso, titulado: “Cuando el CNE cuenta los votos y tu nariz cuenta la verdad”.
El régimen, ajeno a la burla, organizó un desfile triunfal en Caracas, con autobuses llenos de “votantes felices” que agitaban banderitas bajo la mirada de colectivos armados. Maduro proclamó: “¡El imperio yanqui está derrotado! La oposición dijo que nadie votaría, pero hasta los difuntos vinieron a apoyar la revolución. ¡Hemos enviado las actas al espacio, a nuestra Estación Espacial Bolivariana, para que las verifique el cosmos!”.
En un momento de inspiración, el ministro de Comunicación añadió que el sistema electoral ahora registraba “votos espirituales” de los ancestros venezolanos. “Simón Bolívar me mandó un mensaje por Telegram para confirmar su voto por el PSUV”, aseguró, mostrando un celular con la pantalla rota. Mientras tanto, Amoroso, cuya nariz ya obstruía la mitad del escenario, tartamudeó: “E-e-el pueblo ha hablado… ¡y nosotros somos su voz!”.
En las calles, los venezolanos, agotados pero con un humor afilado por años de resistencia, murmuraban: “Si el 80% votó, el 20% que sobra debe ser el único que no se fue del país”. Y así, con la nariz de Amoroso creciendo hasta eclipsar el sol, la farsa electoral de 2025 se sumó al libro de cuentos bolivarianos, donde la verdad es solo un estorbo y la sátira, la última arma del pueblo.


