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Qué es el chemsex y por qué preocupa a los especialistas el aumento de esta práctica

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El chemsex hace referencia a la práctica de relaciones sexuales bajo el efecto de las drogas. El término es de origen británico y surgió de la fusión de las palabras chems (chemicals, en alusión a las drogas) y sex.

Por: Valeria Chavez – Infobae

Lo cierto es que en el último tiempo los especialistas ven con preocupación el aumento de este hábito, que se vale de determinadas drogas ilegales para facilitar, potenciar o prolongar el acto sexual.

Según el Ministerio de Sanidad español, uno de los países de Europa donde el fenómeno está más en auge, este consumo de drogas con fines sexuales da lugar a largas e intensas sesiones de sexo que pueden prolongarse durante horas e incluso días. La práctica de chemsex puede producirse entre dos personas (pareja sexual casual o estable), entre tres o más personas mediante el sexo grupal.

Los especialistas señalan que el chemsex es una práctica mayoritariamente propia del mundo gay, y que la edad promedio de los usuarios más activos ronda los 30 ó 35 años, aunque advierten de un aumento de pacientes cada vez más jóvenes.

Entre las sustancias que más se consumen en las sesiones de chemsex se encuentran GHB/GBL, mefedrona, cocaína, poppers, metanfetamina, ketamina, speed, éxtasis/MDMA y fármacos para favorecer la erección.

Consultado por Infobae, el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin (MN 74.794) opinó que “la explosión del desenfado sexual estimulado por químicos y ayudado por internet, que mediante el uso de las aplicaciones de citas lleva a las personas a localizar relaciones exprés o fiestas sexuales es una preocupación por el aumento de contagios de enfermedades como el VIH, virus de la Hepatitis B y C además, la adicción a estas sustancias usadas en forma recreativa”.

Y tras señalar que “la práctica del chemsex aumentó notoriamente entre los jóvenes de treinta años, homosexuales varones o heteroflexibles, que usan preferentemente aplicaciones específicas para conocer gente o saber de lugares donde se organizan fiestas sexuales”, el especialista sostuvo que “la movida comenzó en Londres y se extendió al resto de Europa, fundamentalmente España y Francia”. “En algunos casos, quienes lo practican ya son consumidores de drogas y en otros se inician con su uso en forma recreativa -apuntó-. Una de los aspectos del consumo es el uso frecuente para facilitar el encuentro, es decir, para vencer inhibiciones, ya sea por temor o por escasa experiencia erótica”.

El chemsex como puerta de entrada a las adicciones (y a las ETS)

La socióloga, sexóloga y experta en atención al chemsex española Alba Alonso destacó en este punto que “la consecuencia más evidente en la salud mental de los pacientes que practican chemsex, es el desarrollo de adicciones de todo tipo”.

Sobre eso, consideró que “las principales adicciones son a las sustancias que se consumen, al sexo o incluso la adicción cruzada al sexo y uso de sustancias”. Y amplió que “otra posible dependencia es la que genera el uso excesivo de las aplicaciones móviles relacionadas con encuentros y citas sexuales”, al tiempo que sumó: “Entre otras importantes consecuencias destacan la distorsión de la vida sexual que pasa a estar condicionada y determinada por la experiencia de consumo. También son frecuentes la generación de ansiedad, estrés, depresión o incluso trastornos psicóticos derivados del consumo de sustancias”.

Asimismo, la práctica de chemsex guarda una relación muy estrecha con casi todas las enfermedades de transmisión sexual (ETS), según advierten los especialistas. En España, el 59,8% de los atendidos por esta adicción tienen un diagnóstico de VIH positivo, y el 75,5% habían sufrido algún tipo de infección de transmisión sexual, según los datos extraídos del Sistema Unificado para Registro de Adicciones (SUPRA).

Para Ghedin, “el uso de drogas para amplificar las sensaciones eróticas no es nuevo. La movida contracultural de sexo, droga y rock and roll significó un gran cambio de apertura en la sexualidad del siglo XX, cuando ya no solo se esperaba una sexualidad más libre, sino que en paralelo surgieron nuevas sustancias para estimular los sentidos dormidos”.

“Desde el consumo de marihuana, cocaína, éxtasis, o el popper (muy usado en la década del 80); el fundamento del uso siempre fue profundizar la experiencia sensorial -analizó el sexólogo-. El chemsex le agrega la prolongación del acto con el uso de sustancias actuales que permiten prolongar el efecto por muchas horas, por eso se prefieren fiestas sexuales de larga duración y de recambio de cuerpos”.

En ese sentido, enfatizó que “el riesgo que trae aparejado el chemsex abarca desde la adicción hasta la transmisión de ETS”. “El efecto de las drogas provoca tal grado de desinhibición que se pierden los resguardos que hay que tener para tener sexo en forma responsable, lo que se traduce en no usar profilácticos, mala colocación (por escasa lucidez), optar por prácticas considerando que son menos riesgosas, como el sexo oral, por menciona algunos de los problemas que la falta de cuidado provoca”.

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