El hombre que cayó del cielo: la historia de la foto más censurada del 11 de septiembre, The Falling Man

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El 12 de septiembre de 2001, mientras las cenizas de las Torres Gemelas aún flotaban sobre Manhattan, millones de personas abrieron los periódicos y se encontraron con una imagen que congeló el aliento público. No mostraba aviones, ni explosiones, ni estructuras colapsando. Mostraba a un solo hombre, suspendido en el aire, cayendo perfectamente vertical, de cabeza, dividiendo la fachada geométrica de la Torre Norte.

MFM

La fotografía, bautizada mundialmente como The Falling Man (El hombre que cae), fue capturada por el experimentado fotorreportero Richard Drew de la agencia informativa Associated Press (AP) a las 9:41:15 a. m. del día anterior. En una fracción de segundo, la lente registró el destino de una de las aproximadamente 200 personas que se calcula se vieron obligadas a saltar al vacío para escapar del fuego, el humo y el calor insoportable de los pisos superiores.

El dilema ético y la censura inmediata

A pesar de ser una de las imágenes más gráficas y reales del horror del 11 de septiembre, la reacción de la sociedad estadounidense fue de inmediato rechazo y furia. Los lectores acusaron a los medios de comunicación de sensacionalismo, de violar la privacidad de un hombre en sus últimos segundos de vida y de explotar el morbo.

La presión social fue tan grande que la fotografía fue retirada de circulación y prácticamente borrada de las retrospectivas de los medios norteamericanos durante años. Mientras que las imágenes de los bomberos izando la bandera se convirtieron en el símbolo del heroísmo y la resiliencia, The Falling Man pasó a ser el símbolo de la vulnerabilidad y la desesperación que el país prefería no mirar.

La búsqueda de un nombre

Por años, la víctima fue catalogada simplemente como un «soldado desconocido» de una guerra invisible. El hecho de saltar de las torres fue erróneamente calificado por algunos sectores como «suicidio», un término que las familias de las víctimas rechazaron categóricamente, argumentando que no tuvieron opción; fueron expulsados por las condiciones inhumanas del edificio.

En 2003, una célebre investigación del periodista Tom Junod para la prestigiosa revista Esquire intentó devolverle la identidad al hombre de la foto. Tras analizar la vestimenta (una túnica blanca sobre una camiseta naranja, similar al uniforme de trabajo) se apuntó a que podría tratarse de Jonathan Briley, un técnico de sonido de 43 años que trabajaba en el restaurante Windows on the World, ubicado en los pisos 106 y 107 de la Torre Norte. Sin embargo, su familia nunca pudo confirmarlo al cien por ciento y, para la historia oficial, su identidad permanece en el misterio.

Un monumento a la verdad incómoda

A un cuarto de siglo del atentado, la perspectiva sobre la fotografía ha cambiado. Hoy en día es considerada por críticos de arte y periodistas como una obra maestra del fotorperiodismo y, sobre todo, como un monumento a la realidad más cruda de ese día.

El fotógrafo Richard Drew defendió su trabajo argumentando que no fotografió la muerte del hombre, sino una parte de su vida. The Falling Man ya no se ve como una imagen de rendición, sino como el registro histórico de la última decisión de un ser humano en medio de la peor de las tragedias.

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