Según ‘The New York Times’, ‘el plan supone más una alteración del régimen que un cambio de régimen’.
La Administración Trump habría incrementado su búsqueda de «un funcionario cubano, actual o anterior, que pudiera ser persuadido para asumir el Gobierno en La Habana, mientras EEUU intensifica su campaña de presión», sostuvo The New York Times tras conversar con altos funcionarios estadounidenses.
No obstante, el citado medio resaltó que «el plan supone más una alteración del régimen que un cambio de régimen», siguiendo el modelo de Delcy Rodríguez en Venezuela. En tal sentido, los representantes de EEUU consultados por The New York Times creen que «un líder igualmente pragmático puede encontrarse en Cuba».
Sin embargo, a pesar de que esas sean las intenciones, informes de inteligencia apuntarían a que «Cuba se parece menos a Venezuela y más a Irán», toda vez que «pocos funcionarios pragmáticos estarían dispuestos a tomar el poder si las fuerzas estadounidenses capturaran a Raúl Castro», indicaron dichos funcionarios.
En tal sentido, analistas de inteligencia de EEUU advirtieron que, «si de alguna manera lograran derrocar al actual liderazgo», «los funcionarios que esperan entre bastidores en Cuba, al igual que sus homólogos iraníes, representan a las facciones más intransigentes».
«Dada la escasez de pragmáticos, no está claro a quién podría preferir la Casa Blanca como líder alternativo», sostuvo The New York Times, y precisó que, según un funcionario de la Administración Trump, «EEUU está dispuesto a iniciar una nueva etapa con Cuba, pero el Gobierno de La Habana obstaculiza un futuro mejor».
En la búsqueda de dicho «líder pragmático», resuena el nombre de Óscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel Castro y actual vice primer ministro, quien ha sido aupado por el régimen en los últimos meses, pero que, según apuntó el citado medio, «sería casi con toda seguridad inaceptable para EEUU», aunque no detalló las razones.
Otros dos nombres que pudieran resultar «aceptables para los funcionarios estadounidenses» son Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, conocido como «El Cangrejo», y Lázaro Alberto Álvarez Casas, actual ministro del Interior. Ambos han ocupado durante años puestos de relevancia en la jerarquía del poder real del régimen y han mantenido contactos públicos y secretos con altos cargos de EEUU, como el director de la CIA, John Ratcliffe, en meses recientes.
Al propio tiempo, mientras busca un «líder pragmático» y crea un grupo especial para generar «fisuras entre la élite política cubana», EEUU habría presentado una «lista de exigencias» a La Habana en las últimas semanas, «ofreciendo incentivos si Cuba lograba avances».
The New York Times subrayó que «la Administración Trump quiere que Cuba liberalice su economía, se abra a las empresas estadounidenses, compre petróleo a EEUU y expulse a los agentes de inteligencia rusos y chinos».
«Se conocen pocos detalles sobre los incentivos que ha ofrecido EEUU, pero algunos incluyen proporcionar más ayuda humanitaria y suavizar las sanciones estadounidenses impuestas a la economía cubana», agregó.
No obstante, mientras el colapso de la Isla es cada día más evidente, «el actual Gobierno cubano no parece dispuesto, al menos por ahora, a hacer ese tipo de concesiones, lo que da urgencia a los esfuerzos por identificar líderes alternativos», resaltó el citado medio.
Con este panorama, The New York Times dejó una frase para animar la polémica que lleva meses extendiéndose: «No está claro hasta dónde podría llegar la Administración Trump para forzar un cambio de liderazgo en Cuba».
En este contexto, mientras los ojos de la inteligencia de EEUU se cierran sobre Cuba, el secretario de Estado, Marco Rubio, dijo este viernes a Axios que el objetivo inmediato de Washington es enseñarles a las autoridades cubanas que «no hay escapatoria».
«No pueden esperar a que nos rindamos«, enfatizó el político cubanoamericano, y llamó la atención sobre la estrategia del régimen de ganar tiempo «simulando reformas mientras busca maneras de evadir las sanciones».
No obstante, «cada vez que crean un nuevo mecanismo para intentar escapar de la soga, simplemente se lo cerramos», destacó Rubio y defendió que la estrategia de la Administración Trump respecto al régimen cubano es la de la «paciencia y perseverancia».
«Mi nivel de confianza es que, cuando esta Administración termine, como mínimo, Cuba estará en una senda irreversible hacia un futuro diferente«, dijo, pero la estrategia para llegar a ello sigue sin ser del todo evidente.


