El plan del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para la recuperación económica de Venezuela está fracasando. Seis meses después de abrirse la industria petrolera a la inversión privada, no hay contratos vinculantes ni capital comprometido para aumentar la producción; solo existen memorandos de entendimiento y manifestaciones de intención. Aunque está llegando más crudo venezolano al mercado estadounidense, no ha comenzado la inversión para recuperar la capacidad productiva de los campos, la cual, en realidad, ha disminuido.
Por: Ramón Hernández – El Nacional
A contravía, Doug Burgum, secretario del Interior de Estados Unidos y presidente del National Energy Dominance Council, defendió el 5 de agosto la política petrolera de la administración estadounidense en Venezuela y afirmó que el nuevo esquema había quitado el petróleo venezolano a actores hostiles para devolverlo al mercado internacional. En julio, Venezuela envió a Estados Unidos unos 786.000 barriles diarios, el mayor volumen registrado desde comienzos de 2019. Sin embargo, el total exportado por el país cayó de 1,24 millones de barriles diarios en mayo a 1,16 millones de barriles diarios en julio.
Evanan Romero, quien participó en los años noventa del siglo pasado en la Apertura Petrolera junto con el entonces presidente de Petróleos de Venezuela, S.A. (Pdvsa), Luis Giusti, y el ministro de Minas e Hidrocarburos, Erwin Arrieta, ha alertado a la Casa Blanca en solitario.
—La directiva de Pdvsa está integrada por abogados, banqueros, administradores y financistas; los pocos ingenieros presentes no son gerentes petroleros…
—Tampoco son visionarios ni planificadores. Son intermediarios que entregaron contratos a empresas de papel sin que la República tuviera conocimiento de a quién le daban derechos de explotación sobre reservas petroleras valoradas en miles de millones de dólares.
—¿Qué propone?
—Los contratos que Delcy Rodríguez otorgó con su representante en Pdvsa, Jovanny Martínez, son un contrasentido legal. No solo entregaron millones de barriles de petróleo a empresas de papel, sino que las condiciones hacen imposible la explotación. En la primera Apertura Petrolera, Venezuela recibió 70.000 millones de dólares y pudimos desarrollar la Faja Petrolífera del Orinoco. Sin eso, nos habríamos quedado sin un barril de petróleo en 2010 debido a las decisiones de Hugo Chávez. En el lago de Maracaibo expropió las empresas de servicios, nacionalizó gabarras, taladros y lanchas; en el estado Monagas destruyó el campo El Furrial, que en 1998 producía un millón de barriles diarios de petróleo liviano y ahora no llega a 80.000. Estatizó las empresas de servicios que habían instalado compresores especiales para comprimir el gas asociado a más de 10.000 libras por pulgada cuadrada e reinyectarlo en los yacimientos. Decía que eso lo tenía que hacer Pdvsa, no un contratista. A las pocas semanas se detuvo la inyección y lanzaron a la atmósfera más de 300.000 barriles de crudo equivalente en energía de gas, dañando el último campo gigante que descubrió Venezuela: El Furrial, Carito, Pirital y Santa Bárbara, en el norte de Monagas. Lanzamos a la atmósfera un billón de dólares por una decisión militarista. Hay que reordenar la Apertura 2.0. Trump puso la industria petrolera venezolana en las manos equivocadas, personas que no escuchan y que se hacen partícipes de lo que les dice Delcy Rodríguez y los directivos que tiene en Pdvsa. Ahí están todos los ingredientes del fracaso y se aproximan las elecciones de noviembre en Estados Unidos.
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