Morfema Press

Es lo que es

DBuford

El reciente anuncio de Delcy Rodríguez sobre el ajuste del «ingreso mínimo integral» no es más que la ratificación de una política de desprecio hacia la clase trabajadora venezolana.

En un país donde la inflación revienta la economía familiar día a día, presentar «bonificaciones» que no tienen incidencia salarial como una victoria social es, en el mejor de los casos, un ejercicio de cinismo y, en el peor, una estafa institucionalizada ideada por el Miraflores del madurismo y a la que se le da continuidad hoy.

El salario en Venezuela ha dejado de ser un instrumento de progreso para convertirse en una herramienta de control y sometimiento. Congelado en 130 desde 2022 no llega hoy ni siquiera a un dólar.

La premisa es clara: el trabajo honra y dignifica, pero esa dignidad es imposible cuando el salario no garantiza una calidad de vida básica.

Lo que hemos presenciado con el anunció poco claro de la presidenta temporal Delcy Rodríguez no fue un aumento, sino un engaño, aunque lo quiera maquillar.

Mientras la vocería oficialista acomoda cifras sumando bonos que no computan para vacaciones, aguinaldos ni prestaciones, el venezolano de a pie sabe que su capacidad de compra, incluso de alimentos, se esfumó hace mucho tiempo.

El esfuerzo de toda una vida se ha convertido en sal y agua debido a una política económica que evade sistemáticamente sus responsabilidades legales.
Estamos ante un Estado estafador. Se retiene un componente importante del valor del trabajo bajo la falsa promesa de seguridad social, pero la realidad golpea: el IVSS es hoy una «letra muerta».

Es una carga burocrática que no ofrece soluciones, ni medicinas, ni protección real.

¿Dónde está el dinero de la política habitacional?

¿Dónde están los fondos destinados a las pensiones que deberían estar produciendo dividendos para asegurar una vejez tranquila?

La respuesta parece esconderse en la opacidad de una gestión apostó siempre más por el control social antes que el bienestar ciudadano.

La justicia social no se decreta en alocuciones televisadas cargadas de retórica; se ejerce permitiendo que el sueldo sea suficiente para comer, vestirse y prosperar. Cuando el Estado venezolano ignora la realidad del mercado y condena a sus jubilados y trabajadores a una sobrevivencia precaria, está renunciando a su razón de ser. El salario tiene valor, y mientras ese valor sea pisoteado por intereses partidistas, seguirá siendo el epicentro de la lucha política en el país.

Venezuela exige un cambio de paradigma.

Los venezolanos no pueden seguir aceptando migajas mientras la cúpula en el poder disfruta de privilegios ajenos a la miseria que han sembrado.

La reconstrucción de la nación pasa, obligatoriamente, por devolverle al trabajo su valor real.

El salario tiene valor y, hoy más que nunca, es un tema de urgencia política.

Carlos Alaimo
Presidente-editor

Por Carmen Rengel en Huffingtonpost

Las elecciones «se celebrarán cuando tengan que celebrarse». Con esa críptica frase, el ministro del Interior, Diosdado Cabello, trata de echar balones fuera ante una de las preguntas que más se le hacen hoy al Gobierno de Venezuela. Va a hacer cinco meses que el presidente Nicolás Maduro fue depuesto por una operación militar de Estados Unidos y que su hasta entonces segunda, Delcy Rodríguez, ocupó su lugar como «encargada». Se enjugó lágrimas que nadie vio, siguió en el poder -con la mayor parte el equipo chavista- y empezó a hacer negocios con Washington y a ceder. 

Su administración interina ha implementado reformas de calado en sectores como el petrolero y minero y ha aprobado una amnistía incompleta, pero aún no ha fijado un calendario para la celebración de nuevos comicios. Las elecciones no lo son todo en democracia, pero sí son imprescindibles. Su gabinete ha dicho que tiene intención de convocarlas en menos de 15 meses, lo que nos pone posiblemente en 2027. Es la misma fecha que ha barajado en público la Casa Blanca. 

Aunque ir a las urnas sea un deseo lógico, tras décadas de oscurantismo y falta de garantías -la oposición insiste, por ejemplo, en que ganó las elecciones en julio de 2024 y el presidente legítimo debería ser Edmundo González Urrutia-, no queda por delante un proceso fácil. Hoy el país caribeño no está inmerso en una transición democrática, como esperaba la disidencia, sino sino que avanza hacia una normalización económica sin condiciones políticas profundas. Rodríguez ha calado muy bien la situación y su supervivencia es el mejor ejemplo. 

Así están las cosas

El analista político venezolano Benigno Alarcón Deza expone a las claras que «el mayor riesgo» para su país «no es la ausencia de una transición política, sino la simulación de la misma». Es, dice, la estrategia de la presidenta que, por ahora, le renta. El exdirector del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) de Caracas habla en Americas Quarterly (AQ) de un «plan coherente» por parte del oficialismo restante: hacer cambios, sin cambiar lo sustancial. 

Cita alguno de los pasos que ha dado Rodríguez, esos que han ahondado en lo que ella llama «cooperación» con quien se llevó a su predecesor a la fuerza y que le han granjeado los aplausos del presidente de EEUU, Donald Trump, que dice de ella que es «una persona estupenda» con la que se trabaja «muy bien». Por ejemplo, destaca un nuevo acuerdo con la petrolera norteamericana Chevron en la Faja Petrolífera del Orinoco, pero acompañado de medidas para «consolidar el poder bajo nuevas condiciones» como el nombramiento de sus aliados Larry Devoe como fiscal general y Eglée González Lobato como defensora del pueblo. No es sólo gobernar, dice. 

El Grupo Insikt, perteneciente a Recorded Future, una división de investigación de amenazas, ha publicado un informe titulado Comprender y anticipar las acciones del Gobierno venezolano, que va exactamente por el mismo camino: ve probable que la presidenta interina esté priorizando la gobernabilidad a corto plazo, la cohesión interna del su propio Partido Socialista Unido y la estabilización económica, por encima de cualquier reforma significativa que pudiera poner en peligro la cohesión de la élite o el control político.

Frente a los pasos que sí se han dado, Rodríguez ha encontrado cierta resistencia por parte de los opositores, pero no ha habido ni levantamientos en el interior ni ferocidad desde el exterior. Lógico, teniendo en cuenta la volatilidad del momento. María Corina Machado, líder de la disidencia venezolana, sigue fuera tras su salida clandestina para recibir el Nobel de la Paz. Sus visitas a diversos países europeos y americanos demuestran que «aún conserva un importante apoyo internacional». También en EEUU, pese al rechazo inicial de Trump a tenerla en cuenta en los nuevos tiempos. 

«El mayor riesgo para Venezuela no es la ausencia de una transición política, sino la simulación de la misma»

Benigno Alarcón Deza, analista venezolano

La recepción que Michael Kozak, subsecretario interino de Asuntos del Hemisferio Occidental de EEUU, ofreció el 22 de abril en Washington a Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional venezolana, «demuestra que la Administración Trump sigue recibiendo a figuras de la oposición a pesar de su relación positiva con Rodríguez». Figuera fue una figura legislativa clave que ayudó al presidente interino Juan Guaidó a intentar derrocar a Maduro, recuerda el experto. 

«Pero ninguno de estos esfuerzos altera la variable central: si la normalización económica estará ligada a condiciones políticas significativas. Hasta ahora, no lo ha estado», recuerda. Los líderes europeos siguen hablando de una «transición democrática pacífica»- Se ha pedido esta misma semana, de nuevo, en el Europarlamento. Kozak también se refirió a una «transición estable, ordenada y consolidada». Sin embargo, estas fórmulas «no son más que mera retórica diplomática, no criterios vinculantes». «El levantamiento de las sanciones y la apertura económica no se han vinculado claramente a logros electorales verificables, reformas institucionales ni a la liberación de los presos políticos que aún permanecen en el poder», expone Alarcón Deza. Y «esa ambigüedad podría estar jugando a favor de Rodríguez». 

El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, habló en su momento de tres fases para «recuperar» Venezuela: «estabilización», «recuperación» y «transición». Con ellas se ha comprometido el nuevo encargado de negocios de EEUU en el país, John Barrett, hoy por hoy máxima representación norteamericana, mientras se reactivan unas plenas relaciones diplomáticas. Sustituye a Laura Dogu, que lideró la reapertura de la sede diplomática estadounidense tras un cierre de siete años. Fue temporal. Ahora llega quien tiene que pilotar todo. «El problema es que la tercera fase sigue sin estar definida», asume el analista caraqueño.

Washington reconoce que los opositores «deben poder regresar a Venezuela», que las elecciones son la culminación de todo y que celebrarlas con seguridad requeriría al menos nueve o diez meses, una vez que se inicie un esfuerzo «coordinado». En el mejor de los casos, esto situaría las elecciones a mediados del año que viene, después de las elecciones de mitad de mandato estadounidenses de noviembre, en las que se espera que el Partido Republicano pierda la mayoría que tiene hoy en alguna de las dos cámaras, la de Representantes o el Senado. ¿Y si cambian las tornas? ¿Y si Trump pierde su rodillo? ¿Seguirá estando Venezuela entre sus planes? ¿Y con qué calendario? No es la primera vez que el magnate se mete en harina para luego olvidar la materia pero posiblemente no sea este el caso porque, como le gusta decir, «allá tienen mucho petróleo». 

«Esta es la variable que la oposición tiende a subestimar: el tiempo favorece al Gobierno. Cada semana que avanza la normalización económica sin condiciones políticas, Rodríguez se fortalece y la influencia de Washington disminuye», sostiene el profesor. Mientras, la presidenta se pertrecha, colocando aliados donde le conviene. «Si se produce un cambio, instituciones como la fiscalía general y el defensor del pueblo determinarán quién es investigado, qué bienes se recuperan y cómo se exige rendición de cuentas», avisa. O mueve ficha, pero no del todo, como con la Ley de Amnistía, declaró terminada el 23 de abril, a pesar de que la ley no contiene ninguna cláusula de vencimiento. Se han logrado 8.616 liberaciones en este tiempo, pero la ONG Foro Penal afirma que solo 186 eran verdaderos presos políticos. «La represión selectiva sigue estando disponible». 

Busca su propio futuro porque, por mucho que su llegada al poder se vendiera como temporal, ya se ha registrado como candidata presidencial, lo que «formaliza ante Estados Unidos lo que ya se infería: no se trata de una gestión temporal, sino de una plataforma electoral que busca el reconocimiento estadounidense».

Teme Alarcón que esta tendencia acabe en «unas elecciones no competitivas en 2027, con Rodríguez ya normalizado internacionalmente, la fiscalía y el defensor del pueblo alineados con el Gobierno, el calendario electoral impuesto unilateralmente y con la presión internacional agotada por las concesiones económicas anteriores». No se podría hablar, entonces, de transición como tal, aunque nadie sabe si convendría a EEUU y la daría por buena, para desesperación de los críticos. 

«Para evitar este escenario, es necesario vincular las concesiones económicas a objetivos políticos medibles», reclama. Y cita tres medidas urgentes en esa dirección: condicionar el levantamiento de futuras sanciones al nombramiento de una autoridad electoral independiente y a la liberación total de los presos políticos; aprovechar la llegada de Barrett a Caracas para establecer condiciones públicas claras para un mayor diálogo; y cuestionar formalmente el cierre unilateral de la Ley de Amnistía antes de que se pierda esta oportunidad de ejercer presión.

Tela por cortar

Christopher Sabatini, investigador principal para América Latina en Chatham House, ha dedicado un policy paper precisamente a desgranar todo lo que hace falta para celebrar elecciones en Venezuela. Comparte con su colega caribeño el marco, pero va más allá, bajo la premisa de que los comicios «no se producirán de la noche a la mañana», como anhelan los opositores. 

Afirma una verdad evidente, pese al caos reinante, y es que el fin de Maduro abre «la mejor oportunidad en más de una década» para que Venezuela recupere la democracia, los derechos humanos y la estabilidad económica. Sin embargo, el autor advierte que esa ventana histórica puede cerrarse rápidamente si no se adoptan decisiones políticas claras y coordinadas. De nuevo, el enfoque de que lo económico y comercial no basta.  Cualquier expectativa de cambios inmediatos ignora la profundidad del deterioro institucional acumulado tras más de 20 años de autoritarismo.

Sabatini subraya que el impulso inicial generado por la salida de Maduro ya muestra signos de desgaste, debido a que tanto el Gobierno interino local como la Administración Trump han evitado comprometerse con un calendario electoral concreto. La muletilla de Cabello es el mejor ejemplo. Esa ambigüedad amenaza con perpetuar estructuras represivas aún vigentes y con frustrar las expectativas de una población exhausta.

Uno de los ejes del documento es la tensión entre la demanda social de elecciones rápidas y la necesidad de prepararlas adecuadamente. El que fuera director del tanque de pensamiento Global Americans rechaza dos enfoques extremos: posponer indefinidamente los comicios hasta que la economía esté completamente estabilizada o celebrar elecciones precipitadas, sin garantías mínimas. «Si las elecciones se celebran con demasiada rapidez, existe el riesgo de que un ejercicio potencialmente democrático se convierta en algo meramente simbólico», expone. 

«Si las elecciones se celebran con demasiada rapidez, existe el riesgo de que un ejercicio potencialmente democrático se convierta en algo meramente simbólico»

Christopher Sabatini, investigador en Chatham House

Sin reformas institucionales, una elección podría producir un cambio formal de liderazgo, pero dejar intactos los mecanismos de control del poder, generando inestabilidad o el colapso temprano de un eventual gobierno electo.

Los datos de opinión pública refuerzan el sentido de urgencia. Según una encuesta de Gold Glove Consulting (difundida en febrero de este año), el 68 % de los venezolanos quiere elecciones en 2026. Apenas el 14 % prefiere esperar hasta 2030, fecha en que concluiría el mandato formal del chavismo. Una mayoría expresa satisfacción por la salida de Maduro del poder, además. Estos datos revelan una ciudadanía claramente inclinada hacia una transición democrática rápida, pero no necesariamente consciente de los condicionantes técnicos e institucionales que implica organizar elecciones creíbles. 

La legitimidad democrática, expone el documento del think tank londinense, no depende solo del acto electoral, sino de un conjunto de condiciones previas, que van desde la inclusión política plena, sin inhabilitaciones arbitrarias, a la restauración de libertades fundamentales, como las de expresión, reunión y organización. Añade como esencial la claridad institucional sobre las competencias electorales y judiciales, las garantías legales y de seguridad para candidatos, partidos y sociedad civil, y la integridad técnica del sistema electoral.

El texto recuerda que, bajo el chavismo, el Estado venezolano se convirtió en un instrumento partidista, denunciado reiteradamente por Naciones Unidas u organizaciones en defensa de los derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Drante las presidencias de Hugo Chávez y Maduro se produjo «un deterioro constante de la independencia del sector judicial y de seguridad», con el uso sistemático del aparato judicial y coercitivo para reprimir la disidencia. Y esos restos siguen ahí. 

Uno de los obstáculos más graves para una transición electoral es, insiste, el control político del aparato de seguridad y justicia. Dibuja un escenario en el que sigue presente la politización de las Fuerzas Armadas (históricamente muy leales al régimen), la influencia del poderoso Diosdado Cabello y su control de milicias irregulares (los llamados colectivos), y hasta la presencia del ELN colombiano, una guerrilla que ejerce control territorial y actividades ilícitas con tolerancia estatal. Mientras, el Tribunal Supremo y la Asamblea Nacional siguen dominados por el PSUV, como si Maduro siguiera en el Palacio de Miraflores. 

En este contexto, Sabatini advierte que una victoria opositora sin reformas previas podría dejar al nuevo gabinete atrapado por un «Estado profundo» hostil.

¿Qué se puede hacer, entonces, para ir abordando esta necesidad sin prisa pero sin pausa y, sobre todo, con garantías? El analista lo tiene claro: derogar leyes represivas que criminalizan la disidencia y limitan a la sociedad civil; pactar un acuerdo político electoral que incluya reglas, árbitros y garantías; reformar profundamente el Consejo Nacional Electoral (ese que no mostró las actas de las últimas elecciones, favorables a la oposición según sus datos); establecer mecanismos creíbles de resolución de disputas; actualizar el registro electoral, incluyendo a millones de venezolanos en el exterior (cerca de 7,9 millones de personas han salido de Venezuela buscando protección y una vida mejor, dice el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados); garantizar observación electoral internacional y nacional exhaustiva; publicar los resultados desagregados por mesa para asegurar transparencia y, al fin, revisar el rol de las Fuerzas Armadas.

El desafío consiste en encontrar «el umbral mínimo para un acuerdo político sobre las reformas institucionales y legales necesarias para garantizar elecciones creíbles, seguras y exigibles sin incitar a la inestabilidad». Porque, si se les deja actuar por su cuenta, Delcy y Jorge Rodríguez, su hermano y presidente de la Asamblea, no celebrarán elecciones ni un día antes de lo necesario.

El papel esencial de EEUU…

En todo esto, es clave lo que haga EEUU para evitar todos estos problemas. Aunque Rodríguez trata de desmarcarse de la imagen seguidista, esta vez las apariencias no engañan. De ahí que en estos meses hayan surgido comentarios sobre el colaboracionismo supuesto de la presidenta y de pesos pesados de su entorno a la hora de diseñar el arresto de Maduro y el control del país posterior. 

La Casa Blanca tiene capacidad económica, diplomática y coercitiva para hacer lo que desee, pero también hay que tener cuidado ante una imposición externa sin consensos internos, que podría derivar en caos o violencia, como ya anticipaban ejercicios de simulación del propio Gobierno estadounidense, esos informes de la CIA que se han ido filtrando a la prensa norteamericana. 

Henry Ziemer, investigador para las Américas en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), sostiene que «probablemente el factor más decisivo que explica por qué Venezuela parece estar ralentizando las reformas electorales es la falta de presión de EEUU». Con el Gobierno estadounidense dividido entre el conflicto en curso en Oriente Medio, y enredado también por las negociaciones con Cuba, parece que Trump ha priorizado mantener a Caracas relativamente estable, sin desestabilizar demasiado el panorama impulsando cambios políticos agresivos. 

Sin embargo, la falta de progreso externo «no significa necesariamente» que haya abandonado la causa de una transición democrática en Venezuela, afina el analista. «En cambio, podría ser que algunos de los cambios en el gabinete de Delcy Rodríguez, especialmente el reemplazo del Ministro de Defensa Vladimir Padrino López, estén sirviendo para eliminar elementos de las fuerzas militares y de seguridad que se resistirían a una futura transición política», dice con cierto optimismo, aunque reconoce que hay «falta de compromisos públicos para celebrar elecciones», en concreto. Teme que la dependencia de lo que haga Rodríguez sea excesiva y, a la postre, insuficiente, y que eso ralentice los planes de EEUU. 

«Si bien los continuos temores a una acción militar y la gestión estadounidense de las ventas de petróleo venezolano significan que la influencia de Washington sobre Caracas está en su punto álgido hoy, los acontecimientos políticos internos o la escalada de crisis en otras regiones podrían dar al círculo íntimo chavista restante mayor margen de maniobra en uno o dos años», indica Ziemer en un análisis para su laboratorio de ideas, con sede en Washington.

María Puerta Riera, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de Colorado (EEUU), es tajante con lo que ve en el Despacho Oval. «Las elecciones no son una prioridad para la Administración Trump», constata. La Casa Blanca ha enfatizado que su enfoque es la estabilización económica y eso explicaría la celeridad en la aprobación de reformas petroleras y mineras para acelerar las negociaciones en curso y lograr rentables inversiones en el país. «Las elecciones no son una prioridad para Trump»

«Más que una reforma electoral, el gobierno interino debería cumplir con la constitución y, después de 90 días de ausencia de Maduro, finalmente convocar elecciones. Esto desencadenaría la tan necesaria reforma del Consejo Nacional Electoral con nuevas autoridades que tendrían que ser elegidas siguiendo la ley bajo un proceso más transparente que el que hemos visto hasta ahora en el gobierno actual», recuerda. Pero «Delcy Rodríguez ha sido muy eficaz», ha seguido las indicaciones de la Administración Trump y lo ha convencido de su valía y sus planes, dice en The Dialogue: Leadership for the Americas (o Diálogo Interamericano), otro tanque de pensamiento de la capital de EEUU. 

Por más que Washington sea indispensable, los autores enfatizan que también América Latina, Europa, Canadá y los organismos multilaterales deben actuar ante esta crisis como garantes y facilitadores, ofreciendo incentivos concretos a Caracas, como el levantamiento gradual de las sanciones internacionales, el acceso a financiamiento internacional y el desbloqueo de activos venezolanos en el exterior. La idea es que todos remen en la dirección de una transición justa, pronta y limpia. 

… y el limbo de Machado

En todo este debate, casi parece estar en un plano secundario la oposición, aquellas formaciones que quieren acabar con el chavismo, que llevan años peleándolo, que hasta se han unido bajo siglas cuyo único programa político era ese. En las elecciones de 2024, Maduro y su maquinaria les tumbaron dos candidatas: María Corina Machado y Corina Yoris-Villasana. Quedó el tercero, González Urrutia, vencedor según los suyos y reconocido como legítimo mandatario por buena parte de los países occidentales. 

Quien lleva la voz cantante es Machado, que trata de mantener el tipo, después de que Trump optase por dar el golpe contra Maduro, el 3 de enero pasado, sin coordinarlo con ella y sin darle espacio para el retorno y la asunción del poder. Todo han sido largas y reuniones de bajo perfil en la Casa Blanca. Machado va por los países recopilando premios y aplausos y planeando un regreso que nadie sabe cuándo llegará. 

Vanessa Neumann, exembajadora venezolana en el Reino Unido por orden de Guaidó, habla de un «momento extraño» para la disidencia. Se reflejó, dice, durante la visita de Machado a Madrid, hace dos semanas. «En el histórico mitin de la Puerta del Sol, su capacidad para movilizar el apoyo popular quedó patente: Machado es adorada por los venezolanos», reconoce. Sin embargo, un desayuno con líderes empresariales «dejó entrever problemas para la transición venezolana». Al preguntarle si los acuerdos alcanzados con Delcy serían respetados por una futura presidenta Machado, la respuesta fue, «en esencia, ‘no'». 

Esto no gusta en Washington, porque Trump considera que esa postura obstaculiza su éxito al impulsar el «desarrollo» de Venezuela y establecer cadenas de suministro seguras y cercanas para la energía (petróleo, gas y uranio) y los minerales críticos que Venezuela posee en abundancia. «Su extracción en beneficio de la economía estadounidense requiere certeza para los inversionistas», asume la ahora CEO de Asymmetrica, una firma de tecnología financiera digital.

«Mientras Machado habla de certeza después de las elecciones, los inversionistas y Trump la exigen desde ahora hasta las elecciones. Esto explica por qué, incluso a pesar de las reformas a las leyes de hidrocarburos y minería, la inversión extranjera no llega tan rápido como desearían ni el pueblo venezolano ni Trump», estima para The Dialogue. 

Esta brecha con la Casa Blanca representa una vulnerabilidad para la líder opositora. «Desafortunadamente, sabemos por experiencia que el apoyo europeo no será suficiente para la democracia venezolana. Para que se celebren nuevas elecciones, necesitamos una comisión electoral completamente nueva, nuevas máquinas de votación, una prensa libre, el fin de la represión y un fuerte impulso de Washington. Nada de esto se está gestando», concluye.

Por Nelson Hernández

El LCOE (Levelized Cost of Electricity) o Costo Nivelado de la Electricidad es una medida fundamental para comparar la competitividad económica de diferentes tecnologías de generación eléctrica (solar, eólica, gas, nuclear, etc.) a lo largo de su vida útil.

En términos sencillos, representa el precio promedio mínimo al que se debería vender cada unidad de energía (MWh o kWh) generada por una planta para cubrir todos los costos de inversión, operación y mantenimiento, devolviendo además un rendimiento razonable a los inversionistas.

La Organización Lazards, es uno de los entes que publican información anual sobre la evolución del LCOE a nivel mundial. La grafica a continuación corresponde a los valores del 2025 para diferentes tecnologías de generación eléctrica.

Del gráfico se pueden obtener las siguientes inferencias:

1- Claras Ventajas de Costo de las Energías Renovables

La energía solar y eólica se han consolidado como la opción más económica para nueva generación eléctrica en la mayoría del mundo. Informes de 2024 y 2025 de instituciones como IRENA, Wood Mackenzie y Lazard confirman esta realidad.

  • Récords Globales: A nivel mundial, la energía solar fotovoltaica y la eólica terrestre son las fuentes de generación más baratas. Por ejemplo, el costo nivelado de la electricidad (LCOE) para nuevos proyectos de energía eólica terrestre fue, en promedio, aproximadamente un 27 % más barato que la alternativa de combustibles fósiles más económica que es el ciclo combinado a gas (Gas CC)
  • Costos Regionales Extremadamente Bajos: La competitividad es especialmente notoria a nivel regional y en algunos países.
    • Oriente Medio y África: La región alcanza los costos más bajos del mundo para solar con seguidor de un solo eje, con un LCOE de 37 $/ MWh.
    • China: Se posiciona como el país con el costo solar a escala de servicios públicos más bajo, con un LCOE de solo 27 $/MWh.
    • India, Vietnam y Brasil: Otros países donde el costo de nuevas instalaciones solares o eólicas se encuentra entre los más reducidos del planeta, por debajo de los 30 $/MWh.

Estos datos demuestran que el cambio global hacia las renovables está sólidamente respaldado por una economía inmejorable.

2- Tendencias Clave: Solar a la Cabeza, Almacenamiento en Auge

Para la próxima década, las proyecciones indican que la carrera por la reducción de costos continuará, con dinámicas particulares para cada tecnología.

  • Liderazgo Solar: La energía solar fotovoltaica se perfila para mantener su posición como la fuente de generación más competitiva en costos a nivel mundial.
  • Almacenamiento en Baterías (BESS): Los sistemas de almacenamiento están experimentando las caídas de costos más pronunciadas. En 2025, se alcanzo una disminución 11 % en su LCOE, lo que acelera su despliegue y viabilidad económica.

3- El Contexto de los Combustibles Fósiles: Un Panorama Mixto

Si bien las renovables ganan en nueva capacidad, el análisis de costos existentes y nuevos proyectos pinta un cuadro más complejo para los combustibles fósiles.

  • Nuevos Proyectos: La construcción de nuevas plantas de carbón o gas natural es hoy significativamente menos competitiva que las nuevas plantas renovables. Por ejemplo, construir una nueva planta de carbón puede costar entre 71 $/MWh y 173 $/MWh, mientras que la energía eólica o solar nueva se ubica muy por debajo de ese rango.
  • Plantas Existentes: La realidad es distinta para las plantas de gas ya construidas. Mientras estén operativas, pueden generar electricidad de manera más económica que muchas nuevas instalaciones renovables en el corto plazo. Su LCOE se ubica entre 24 a 39 $/MWh, lo que representa una presión competitiva para las energías limpias en el mercado eléctrico actual.

4- Un Desafío Creciente: La Integración al Sistema Eléctrico

La principal dificultad ya no es solo el costo de generar electricidad (LCOE), sino cómo integrar de manera fiable y económica la creciente participación de energías renovables variables (solar y eólica) en la red eléctrica.

  • El Costo del Sistema: El enfoque en costos de generación aislada es insuficiente. Se requiere un análisis de sistema que incluya los costos de respaldo, almacenamiento y gestión de la red para asegurar el suministro en todo momento.
  • La Creciente Importancia del Almacenamiento: Por esta razón, los sistemas de baterías (BESS) y las configuraciones híbridas (solar + almacenamiento…o eólica  + almacenamiento) cobran una relevancia crítica. Su rápido abaratamiento es una pieza fundamental para que la transición energética sea técnica y económicamente viable a gran escala.

5- El Impacto de los Combustibles (Dinero Quemado)

El costo del combustible es un gasto puramente operativo y volátil: A diferencia de una planta solar o eólica, donde el «combustible» (sol, viento) es gratis una vez instalada la planta, en los combustibles fósiles, el costo del carbón, gas o petróleo representa entre el 35 % y el 50 % del LCOE total de una planta térmica.

Por otra parte, ese dinero “desaparece literalmente en la combustión”, al convertirse en calor, luego en electricidad, pero el recurso fósil se agota. No queda ningún activo.  Además, los precios son altamente volátiles por geopolítica, guerras, cuotas de producción, etc.

Decir que el costo del combustible fósil es “dinero quemado” es exacto, porque:

  • Es un gasto recurrente que no crea activo.
  • Desaparece en forma de calor, CO? y emisiones.
  • Esta atado a una volatilidad geopolítica que las renovables no tienen.
  • Por eso, cada dólar invertido en nueva capacidad de combustibles fósiles es, a largo plazo, una apuesta económica perdedora.

En Resumen: La gráfica es parte de una sólida evidencia que muestra que la transición energética global ya no se basa en una promesa futura, sino en una realidad económica presente. La energía más barata para el mundo proviene, en su gran mayoría, del sol y del viento, que no están atadas a los vaivenes del precio de los combustibles fósiles

Nelson Hernández es ingeniero energista @XXIEnergia Académico de la Academia de Ingeniería y Hábitat de Vemezuela

Bajo el liderazgo de María Corina Machado y el comando de campaña Con Vzla, se ha lanzado un llamado urgente a la comunidad internacional y a los venezolanos en el mundo para este próximo domingo 3 de mayo.

Bajo la consigna de una sola voz unida, la convocatoria busca visibilizar la situación de los presos políticos en el país y exigir su liberación inmediata. Hasta el momento, más de 120 ciudades alrededor del mundo han confirmado puntos de concentración, convirtiendo esta jornada en una de las mayores manifestaciones de solidaridad global por la democracia venezolana.

«Este 3 de mayo, el mundo entero se levanta por quienes hoy están tras las rejas por defender la libertad. No los dejamos solos», destaca el mensaje difundido por las plataformas oficiales del movimiento.

Por Ramón Cardozo Álvarez en DW

En medio de las tensiones bélicas entre Estados Unidos, Israel e Irán, con el estrecho de Ormuz —por donde transita alrededor del 20 por ciento del crudo mundial— como uno de los principales focos de riesgo, surge una noticia que añade nueva incertidumbre al mercado petrolero global: Emiratos Árabes Unidos (EAU) ha anunciado su retiro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Con una cuota asignada de 3,2 millones de barriles diarios (mbd), EAU figura como el tercer productor de la OPEP y entre los diez mayores del mundo. Analistas internacionales han señalado que la decisión de Abu Dabi estaría asociada a la fricción creciente entre sus planes de alcanzar los 5 mbd para finales de 2027 y el sistema restrictivo de cuotas de la organización.

Más allá de su impacto en los precios, el retiro de EAU reabre interrogantes sobre la cohesión interna de la OPEP y sobre su vigencia. Para Venezuela, miembro fundador de la organización, estas discusiones revisten especial importancia.

Venezuela fue uno de los cinco países fundadores de la OPEP en 1960, y el venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo, entonces ministro de Minas e Hidrocarburos, fue una de las figuras clave de ese proceso. En aquel momento, los países fundadores concentraban cerca del 38 por ciento de la producción mundial de crudo, y Venezuela —con 2,5 mbd— era el mayor productor del grupo y el tercero del mundo.

Ese escenario fundacional contrasta de forma marcada con la Venezuela petrolera actual, hoy ubicada dentro de los menores productores de la OPEP. Con una producción que no alcanza un tercio de los 3,45 mbd registrados en 1998 —año en que llegó Hugo Chávez al poder—, la industria nacional atraviesa una situación muy compleja, marcada por una crítica necesidad de inversión y personal capacitado, así como por una política petrolera de escasa autonomía, filtrada por licencias, condicionalidades financieras y destinos de exportación supervisados por Estados Unidos.

En este contexto, en conversación con la experta petrolera Dolores Dobarro —exviceministra de Energía y Minas y exconsultora jurídica de la OPEP—, se analiza cómo podría incidir sobre Venezuela, en el corto y mediano plazo, la salida de EAU de la organización.

Limitado impacto inmediato sobre Venezuela

La retirada de Emiratos Árabes Unidos representa, ante todo, un fuerte golpe político para la OPEP. El anuncio de la salida de un productor tan relevante transmite señales de tensión interna y pone en entredicho la disciplina colectiva que sostiene la capacidad de la organización para influir sobre la oferta global. Este tipo de señales añade incertidumbre al mercado y puede alimentar la volatilidad de los precios.

Sin embargo, Dolores Dobarro distingue entre el golpe político a la OPEP y su efecto inmediato sobre los precios. A su juicio, el impacto inicial del anuncio no ha sido determinante en la cotización del crudo. El alza observada parece responder más a la crisis del estrecho de Ormuz y al riesgo geopolítico en Medio Oriente que a la salida misma de Abu Dabi.

En ese sentido y respecto a sus efectos sobre Venezuela, la experta advierte que los bajos niveles de producción de la industria petrolera nacional limitan su capacidad para capitalizar la actual subida de precios: «Venezuela se está beneficiando de unos precios altos, pero no se puede beneficiar más porque no ha aumentado producción. O sea, no tiene más barriles para cobrar a esos precios altos».

En materia de cuotas, la salida de Emiratos tampoco tiene un impacto inmediato favorable para Venezuela. La cuota que deja Abu Dabi no se reparte automáticamente entre los demás miembros y, aun si el tema llegara a plantearse en el corto plazo, Venezuela no estaría en condiciones de aprovecharlo de manera significativa.

A ello se suma un matiz jurídico importante. Dobarro recuerda que «el estatuto de la OPEP dice que, cuando un miembro se retira, notifica a la conferencia y el retiro se hace efectivo el primero de enero del año siguiente a esa comunicación». Esto significa que, aunque el anuncio político impacta de inmediato en la percepción del mercado, la materialización formal del retiro emiratí ocurriría en enero de 2027.

Los impactos aparecen cuando la industria avance hacia su recuperación

De allí que los principales efectos para Venezuela no surjan en lo inmediato, sino en el horizonte de una posible recuperación de su capacidad productiva. Dolores Dobarro estima que, en un escenario optimista de estabilización institucional y con un flujo suficiente de inversión financiera y técnica, el país podría situar su producción en un rango entre 1,8 y 2 mbd. Hasta alcanzar esos volúmenes, el sistema de cuotas de la OPEP no debería representar una restricción operativa directa.

A este respecto, la experta recuerda que la última cuota asignada a Venezuela fue de 1,92 mbd en el período 2018-2019, justo antes de las sanciones estadounidenses impuestas a su industria petrolera en enero de 2019. «Hasta situarnos allí, en la organización ni siquiera se va a discutir la producción de Venezuela. Mucho menos si se está aumentando poco a poco y en ese momento el mundo necesita más crudo», sostiene.

El desafío para Venezuela radica en que esa recuperación podría producirse en un mercado mucho más complejo. Si Emiratos, operando al margen de la coordinación de la organización, logra colocar una parte significativa de su producción adicional —cercana a los 2 mbd—, Venezuela podría enfrentarse a un escenario de oferta más fragmentado, con menor disciplina colectiva y mayor volatilidad en los precios. Para un país que busca atraer capital de largo plazo y rehabilitar su infraestructura, un entorno de incertidumbre no sería propicio para consolidar la recuperación de su industria petrolera.

La paradoja de la OPEP para Venezuela

Como advierte Dolores Dobarro, la recuperación de la industria petrolera venezolana requiere un mercado signado por la estabilidad, no por la volatilidad. Proyectos de alto costo y largo ciclo, como los de la Faja Petrolífera del Orinoco, dependen de bandas de precios sostenibles en el tiempo que justifiquen la inversión. «Si son abruptos los cambios… en una situación de precios muy bajos no hay inversiones y entonces volvemos otra vez a la montaña rusa», señala. En lograr esa predictibilidad juega un papel muy importante la coordinación de la OPEP.

Sin embargo, si Venezuela lograra superar los 2 mbd y transitara nuevamente hacia los 3 mbd —meta que demanda al menos una década, entre 120.000 y 150.000 millones de dólares estadounidenses, y garantías jurídicas sólidas—, el sistema de cuotas de la OPEP podría comenzar a limitar una expansión de ese tipo y Caracas tendría que discutir su espacio dentro de la organización.

Aquí aparece una paradoja. Una OPEP que se siga debilitando expone a Venezuela a una guerra de producción y precios que terminaría comprometiendo sus planes de expansión. Pero una OPEP demasiado rígida o fracturada por intereses particulares también podría convertirse en un límite severo para la recuperación de la industria petrolera venezolana.

Frente a esta disyuntiva, Dobarro rescata la importancia que sigue teniendo la OPEP para Venezuela, siempre y cuando —advierte— la organización actúe conforme al propósito para el cual fue creada. A este respecto, Dobarro evoca a Erwin Arrieta, exministro de Energía y Minas, quien afirmaba, a finales de los años noventa, que si la OPEP fracasaba, habría que reinventarla y darle el propósito para el que fue creada: balancear el mercado, no manipularlo a favor de uno u otro.

Esa visión coincidía con el pensamiento del expresidente Rafael Caldera, quien en esas mismas fechas sostenía que la OPEP debía evitar la competencia destructiva entre productores, defender precios justos y promover entendimientos más amplios con productores no OPEP y países consumidores. Ese objetivo sigue vigente y define el verdadero valor de la organización para Venezuela.

Vía DDC

Pese a ello, el Departamento de Estado de EEUU sigue advirtiendo a los estadounidenses que eviten viajar a Venezuela

American Airlines restableció el jueves 30 de abril los vuelos comerciales directos a Venezuela, marcando un hito como la primera aerolínea de EEUU en hacerlo tras una suspensión de siete años por razones de seguridad. Este acontecimiento se produjo casi ocho semanas después de la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Caracas y Washington.

El vuelo, procedente de Miami, aterrizó en el aeropuerto internacional Simón Bolívar. La aerolínea había anunciado su intención de reanudar el servicio en enero, coincidiendo con la orden de Donald Trump al Departamento de Transporte para abrir el espacio aéreo comercial sobre la nación suramericana.

Entre los pasajeros del vuelo se encontraba Jarrod Agen, director del Consejo Nacional de Dominio Energético de Estados Unidos, quien tiene previsto reunirse con funcionarios venezolanos y ejecutivos de los sectores de energía y minas como parte de los esfuerzos de Washington para facilitar que empresas estadounidenses inicien operaciones en el país, informó el Gobierno venezolano.

Las autoridades venezolanas y trabajadores de American Airlines dieron la bienvenida a los pasajeros con decorados que incluyeron un arco formado con globos rojos, blancos y azules, los de la bandera estadounidense, ubicados a la entrada del mostrador de chequeo de boletos y equipaje.

Estados Unidos y Venezuela acordaron en marzo reanudar las relaciones diplomáticas tras el acercamiento que siguió a la operación militar estadounidense en Caracas el 3 de enero, en la que fue capturado Nicolás Maduro, trasladado junto a su esposa a Nueva York para enfrentar cargos federales.

Pese a que el Departamento de Estado sigue advirtiendo a los estadounidenses que eviten viajar a Venezuela, el Gobierno autorizó a American Airlines a comenzar a programar vuelos a ese país.

Tras la suspensión de los vuelos directos, los viajeros se vieron obligados a realizar una o más escalas para llegar a Estados Unidos, lo que generaba un incremento sustancial en los costos y el tiempo de viaje, que en ocasiones superaba las 12 horas.

Miami, uno de los destinos favoritos de los venezolanos, está para los venezolanos a unas cuatro horas de vuelo.

Caracas y Washington rompieron relaciones en febrero de 2019 por decisión de Maduro y cerraron sus embajadas luego de que Trump, en su primer mandato, apoyó al líder opositor Juan Guaidó, quien se había declarado presidente interino de Venezuela.

En mayo de 2019 Estados Unidos ordenó la suspensión de todos los vuelos comerciales y de carga hacia Venezuela por considerar que la agitación social y la tensión política en el país representaban un riesgo. Sin embargo, esto solo afectó a un pequeño número de vuelos entre ambas naciones, debido a que las aerolíneas estadounidenses, incluida American Airlines, ya no viajaban a Venezuela.

Delta y United Airlines se habían retirado en 2017 en medio de la crisis política venezolana y las masivas protestas antigubernamentales en las que murieron 120 personas.

El retorno de los vuelos directos podría facilitar el intercambio comercial y familiar entre la comunidad venezolana en Estados Unidos y su país de origen. La novedad ha sido inequívocamente interpretada como un nuevo gesto de EEUU en momentos que avanzan los negocios en inversiones en el sector petrolero y se espera un proceso similar en la minería y las tierras raras.

La presidenta encargada Delcy Rodríguez está por cumplir su cuarto mes al frente del Ejecutivo. Una reciente encuesta de la consultora brasileña Atlas Intel realizada para el portal Bloomberg dio cuenta de que su imagen positiva bajó del 35% en marzo al 31% en abril. 

El retroceso reflejaría el malestar interno por la situación económica. Los venezolanos enfrentan altos niveles de inflación, tienen salarios muy bajos y no se han resuelto las dificultades para acceder a alimentos, medicinas y servicios básicos. Rodríguez ha pedido paciencia.

 El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que «tomará el control» de Cuba «casi de inmediato» y añadió que primero terminará con el «trabajo» en Irán, durante su intervención como orador principal en una cena privada del Forum Club en West Palm Beach, Florida. 

Trump añadió que al terminar en Irán podría hacer que el portaavioones USS Abraham Lincoln, el más grande del mundo, viaje al Caribe y «se detenga a unos 100 metros de la costa» de Cuba, desde donde los isleños, según su discurso, dirían «muchas gracias, nos rendimos».

La intervención del republicano se produjo en una cena política y empresarial organizada por el Forum Club, un espacio habitual de encuentro en Florida entre líderes políticos, empresarios y figuras públicas, donde Trump fue invitado principal en un acto cerrado con asistentes seleccionados.

Bloqueo a la isla

Este mismo viernes, la Administración Trump redobló las sanciones contra la isla, unas medidas que apuntan a los pilares de la economía cubana, especialmente los sectores de energía, defensa, minería y servicios financieros.

Según la orden ejecutiva firmada hoy, a cualquier persona o empresa que opere en ellos o haga negocios con el Gobierno de La Habana se le aplicará el bloqueo total de sus activos en EE.UU.

También esta semana, el secretario de Estado, Marco Rubio, acusó a Cuba de facilitar la presencia de servicios de inteligencia de «los adversarios» de Estados Unidos a 90 millas de su territorio y aseguró que la Administración del presidente, Donald Trump, no lo tolerará.

El Senado rechazó este martes una propuesta demócrata para limitar las posibles operaciones militares que Trump pueda ordenar sobre La Habana.

Desde enero, la Administración Trump ha intensificado la presión sobre La Habana con un bloqueo petrolero y el presidente ha sugerido en diversas ocasiones la necesidad de un cambio de régimen en la isla.

Vía El Pitazo

 La duda de los venezolanos sobre cuándo se celebrarán elecciones presidenciales continúa sin una respuesta clara. Este viernes, 1 de mayo, Delcy Rodríguez aseguró que no tiene conocimiento de cuándo se llevarán a cabo los comicios.

«No sé, algún día», fue lo que contestó Rodríguez cuando la prensa le preguntó cuando se celebrarán elecciones presidenciales en el país.

Rodríguez se encuentra al frente del Ejecutivo desde el 3 de enero, luego de la captura de Nicolás Maduro en un operativo militar de Estados Unidos. Desde entonces, acumula más de 100 días en el cargo sin que se haya anunciado un cronograma electoral ni una ruta concreta hacia nuevos comicios.

En este período, su administración no ha ofrecido detalles sobre la posible convocatoria a elecciones presidenciales, lo que mantiene la incertidumbre política en el país. En intervenciones previas, Rodríguez ha señalado que Venezuela avanza hacia una “nueva etapa” centrada en la estabilización económica y la apertura a inversiones, aunque sin precisar fechas electorales.

En contraste, la líder opositora María Corina Machado ha reiterado la necesidad de convocar elecciones para avanzar hacia una transición democrática. El pasado 12 de abril afirmó que los venezolanos están listos para participar en unos comicios y aseguró que regresará al país “muy pronto”, sin dar detalles sobre cuándo.

Por su parte, la Plataforma Unitaria Democrática presentó una propuesta de ruta que incluye la renovación del Consejo Nacional Electoral y la realización de elecciones libres como parte de un proceso de transición política.

El Colegio Nacional de Periodistas (CNP), junto a la Alianza por la Libertad de Expresión, presentó este 1° de mayo el documento titulado “Decálogo de Acción Inmediata 2026”, en el que solicita a las autoridades venezolanas la restitución de condiciones básicas para el ejercicio del periodismo en el país.

A través de un comunicado difundido en redes sociales, el gremio destacó que la recuperación democrática pasa por garantizar plenamente los derechos vinculados a la libertad de expresión, información y prensa.

Entre las principales exigencias del decálogo se encuentra el cese de los procesos judiciales contra periodistas, activistas y ciudadanos que ejercen labores informativas, así como la liberación inmediata de quienes permanecen detenidos por estas razones.

Asimismo, el CNP planteó la necesidad de anular causas consideradas arbitrarias y restablecer un entorno que permita el ejercicio libre y seguro de la actividad periodística.

La organización subrayó que estas medidas son fundamentales para avanzar hacia un sistema institucional que respete los derechos fundamentales y fortalezca la participación ciudadana.

Vía LaPatilla

La Coalición Sindical Nacional de Trabajadores anunció la noche de este viernes 1 de mayo, una nueva jornada de movilización en Caracas para el próximo 7 de mayo, con destino a la Embajada de Estados Unidos, en medio del creciente malestar laboral en Venezuela por el anuncio de Delcy Rodríguez sobre un nuevo incremento de bonos, en lugar del salario mínimo que sigue congelado en 130 bolívares desde marzo 2022.

A través de su cuenta oficial en X, la organización hizo un llamado directo a los trabajadores del país: “¡Atención Venezuela! Nos movilizamos este 7 de mayo hacia la Embajada de los EEUU”.

Uno de los mayores objetivos de la movilización es presionar al Gobierno estadounidense para concretarse lo más pronto posible una “transición real” en el país.

El dirigente sindical José Patines, líder de la coalición, explicó en un video difundido en redes sociales que la concentración tendrá lugar en la Plaza Alfredo Sadel, en Las Mercedes, desde donde partirá la movilización hacia la sede diplomática estadounidense.

Patines aseguró que la protesta busca obtener respuesta a la comunicación entregada el pasado 16 de abril de 2026, cuando representantes sindicales acudieron a la embajada para exponer la crisis laboral y social del país.

En esa ocasión, trabajadores exigieron mejoras salariales, liberación de presos políticos y avances en la transición democrática .

Durante su mensaje, el dirigente también denunció la persecución chavista contra líderes gremiales, haciendo referencia al caso del representante del magisterio, Víctor Renéa, después de culminar una protesta en Barinas para exigir salarios dignos.

“Esto no puede seguir pasando”, afirmó Patines, quien además cuestionó que los cambios políticos prometidos no se estén concretando.

“La transición de la que tanto se habla no se está cumpliendo”, agregó.

La convocatoria ocurre en un contexto de creciente conflictividad laboral en Venezuela. En las últimas semanas, sindicatos han protagonizado múltiples protestas para exigir salarios dignos y mejores condiciones de trabajo, muchas de ellas obstaculizadas por fuerzas de seguridad .

Asimismo, el reclamo por ingresos suficientes ha cobrado fuerza luego de que recientes anuncios oficiales se basaran en bonificaciones y no en un aumento real del salario mínimo, lo que ha generado rechazo entre trabajadores .

Con esta movilización del 7 de mayo, la Coalición Sindical busca mantener la presión tanto a nivel nacional como internacional, reiterando su llamado a que se atiendan las demandas de los trabajadores venezolanos y se concreten cambios políticos en el país, después de que Nicolás Maduro terminara capturado en operativo militar de EEUU, la madrugada del 3 de enero.

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