Morfema Press

Es lo que es

DBuford

Lo que en tiempos soviéticos fue un día de celebración patriótica y despliegue de poder militar, hoy se ha convertido en una jornada de paranoia preventiva. Moscú amaneció este 9 de mayo en una suerte de “estado de excepción no declarado”, con el acceso a Internet móvil restringido, tiendas cerradas, estaciones de metro clausuradas y la ciudad parcialmente paralizada, todo en nombre de la seguridad del desfile del Día de la Victoria.

Desde hace varios días, la capital rusa ha experimentado cortes intermitentes de conectividad, afectando no solo a redes sociales, sino también a servicios esenciales como bancos, aplicaciones de transporte y portales gubernamentales, según reporta Meduza

La amenaza de ataques con drones —insinuada repetidamente por funcionarios ucranianos— ha llevado al Kremlin a tomar medidas extremas que rozan el bloqueo interno.

La población lo sufre en silencio. Los servicios de entrega están limitados, los taxis escasean y sus tarifas se han disparado. Incluso los patinetes eléctricos, símbolo de modernidad urbana, han sido restringidos. Las alteraciones no son menores: entre el 7 y el 8 de mayo, los cuatro aeropuertos principales de Moscú suspendieron temporalmente sus operaciones, causando retrasos y cancelaciones que afectaron a cientos de miles de pasajeros. La situación fue tan crítica que el presidente serbio Aleksandar Vučić tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia en Bakú.

Para el 9 de mayo, las restricciones se intensificaron: cafés y comercios a lo largo de la ruta del desfile permanecieron cerrados, el acceso a estaciones centrales de metro fue limitado, y el bloqueo total del internet móvil y potencialmente del servicio telefónico duró la mañana.

Desde el Kremlin, el portavoz Dmitri Peskov pidió comprensión a los ciudadanos. “No se trata de un fallo técnico, sino de restricciones deliberadas al internet móvil por razones obvias. Debemos tener en cuenta los peligros que representan nuestros vecinos”, declaró, apelando a un discurso de amenaza externa que se ha convertido en rutina para justificar medidas excepcionales.

Lo que no se dice abiertamente es que este tipo de despliegue represivo anticipado revela más temor que fuerza. En lugar de proyectar seguridad, el desfile del Día de la Victoria de este año ilustra un país atrincherado, donde el poder necesita apagar la vida cotidiana para mostrar músculo.

La paradoja es evidente: para “celebrar” la victoria contra el fascismo, las autoridades rusas imponen un control total digno de los regímenes que dicen haber derrotado.

En el marco de los actos por los 80 años de la victoria del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial, el presidente Nicolás Maduro aprovechó su visita a Moscú para reafirmar su alineamiento con las potencias autoritarias del mundo, asegurando al presidente chino Xi Jinping que “tiene en Venezuela amigos leales”. La declaración, transmitida por el canal estatal VTV, ocurre en un momento de creciente repudio ciudadano al régimen y de aislamiento político regional.

Maduro, acompañado por el ministro de Defensa Vladimir Padrino López y otros altos funcionarios, se presentó ante Xi no como líder de una nación libre, sino como operador de una geopolítica subordinada, agradeciendo el “apoyo” de China para la construcción de lo que describió como una “patria eminentemente popular y absolutamente soberana”. Una afirmación desconectada de la realidad venezolana, donde el 90 % de la población vive en pobreza y el país se ha vuelto dependiente de acuerdos opacos con gobiernos como los de Pekín, Ankara y Teherán.

El mandatario también se refirió a los “grandes resultados” del acuerdo estratégico firmado con China en 2023, aunque no ofreció cifras ni ejemplos concretos. La opacidad de estos convenios, usualmente blindados bajo cláusulas de confidencialidad, ha sido ampliamente denunciada por organizaciones nacionales e internacionales por su potencial para alimentar redes de corrupción y endeudamiento externo a espaldas del Parlamento y la ciudadanía.

Maduro, cuya reelección en 2024 fue ampliamente cuestionada por la comunidad internacional, intenta reforzar su imagen global con gestos diplomáticos que poco tienen que ver con las urgencias de los venezolanos. Mientras en Moscú declara lealtad al “hermano mayor” chino, en Caracas se mantiene congelado el salario mínimo desde hace más de dos años y se criminaliza a trabajadores, gremios y periodistas que denuncian la situación.

Por su parte, Xi Jinping respondió con cortesía protocolar, calificando a Maduro como un “viejo amigo” y reiterando su disposición a “impulsar la cooperación práctica”, sin referirse directamente al drama humanitario ni a la represión interna que caracteriza al régimen venezolano.

En el contexto internacional actual, el acercamiento entre Caracas, Moscú y Pekín se presenta como parte de una estrategia de consolidación de un eje autoritario que busca desafiar el orden democrático y los valores de derechos humanos. Lejos de representar una Venezuela soberana, las palabras de Maduro exhiben la realidad de un país hipotecado, cuyo gobierno busca legitimidad externa mientras reprime a su propio pueblo.

El senador estadounidense Rick Scott condenó este viernes el violento allanamiento perpetrado por agentes del régimen de Nicolás Maduro en la vivienda de la madre de la dirigente opositora Magalli Meda, y anunció que se está investigando si los responsables del hecho poseen visas estadounidenses o tienen familiares residenciados en EE. UU.

El incidente, ocurrido en la Urbanización Miranda de Caracas, ha sido calificado como un acto de represalia política, y generó inmediata reacción tanto dentro como fuera de Venezuela. Meda, exjefa de campaña de María Corina Machado, denunció públicamente la irrupción, que considera un nuevo intento del régimen por intimidar a su entorno.

En una declaración oficial en su cuenta X, el senador republicano por Florida expresó:

Los informes de entradas ilegales y robos en las casas de los líderes de la oposición venezolana por parte del régimen ilegítimo de Maduro son despreciables y solo muestran el miedo del régimen al pueblo venezolano que se niega a renunciar a los derechos humanos que Dios le dio, algo que ningún régimen corrupto puede dar o quitar”.

Acto seguido, Scott lanzó una advertencia directa sobre posibles consecuencias:

Estamos verificando si alguno de estos matones tiene visas estadounidenses o tiene familiares viviendo la buena vida en los EE. UU.”.

Las declaraciones del senador abren la puerta a nuevas sanciones individuales contra funcionarios del régimen chavista y sus allegados. En años recientes, EE. UU. ha utilizado herramientas migratorias para presionar a regímenes autoritarios, revocando visas a violadores de derechos humanos y congelando activos vinculados.

El hecho se produce apenas días después de que Meda y otros cuatro opositores fueran rescatados de la embajada argentina en Caracas y trasladados a Estados Unidos. El operativo ha generado una ofensiva del régimen contra familiares y colaboradores cercanos a los dirigentes opositores, como parte de un patrón más amplio de represión política.

María Corina Machado, aliada de Meda, también condenó el allanamiento y advirtió que el régimen de Maduro está intensificando su campaña de persecución tras su derrota electoral en las primarias de 2024 y el ascenso de Edmundo González Urrutia como candidato presidencial unitario.

Scott, uno de los más firmes defensores de la democracia venezolana en el Congreso, cerró su declaración con un mensaje claro: “El mundo debe entender que Maduro actúa con impunidad mientras se le permita. Es hora de tomar medidas contundentes”.

Ver también:

El presidente colombiano, Gustavo Petro, acusó este viernes al excanciller Álvaro Leyva de contactar al Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Venezuela, donde el Gobierno y esa guerrilla negociaban la paz, para ver la manera de sacarlo del cargo.

«Leyva también habló con ELN y habló en Caracas con otros no para ver cómo hacemos la paz, sino para ver cómo tumba al presidente porque tiene rabia de oligarca», expresó Petro en un discurso en el municipio de Tibú, en la convulsa región del Catatumbo, fronteriza con Venezuela.

Esta es la segunda declaración del mandatario contra Leyva tras responder el martes a las nuevas acusaciones que hizo el excanciller, quien le pidió a Petro «revisar su permanencia en el cargo» por sus supuestos problemas de drogadicción.

Petro aseguró que las nuevas acusaciones de Leyva, que fue el primer canciller de su Gobierno entre agosto de 2022 y febrero de 2024, hace parte del «complot» que «no es de colombianos, aunque haya colombianos,» y «por lo tanto es peligrosísimo porque es un atentado a la soberanía nacional de Colombia, a la democracia y a la libertad de los colombianos».

«¿Quién le da las órdenes? Ahí está Leyva escribiendo infundios», afirmó el mandatario, que agregó: «No es la locura de un viejo loco, decrépito, que está sacando (sic) la herida de que no pudo seguir siendo canciller (…) y debe saberse porque la culpa no la tiene el viejo, lo que ha salido en el día de hoy no es un chisme, es un complot».

El presidente también acusó el martes al congresista estadounidense Mario Diaz-Balart, miembro de la Cámara de Representantes por el Partido Republicano, de dirigir reuniones con las que buscan sacarlo del cargo.

Leyva, un político del Partido Conservador con buenos contactos en las guerrillas que participó en numerosos procesos de paz en Colombia, tenía 80 años cuando Petro lo nombró como su primer ministro de Relaciones Exteriores.

El funcionario salió del Gobierno al ser suspendido por la Procuraduría (Ministerio Público) debido a problemas con un contrato para la emisión de pasaportes durante su gestión como canciller y en los últimos meses ha redoblado sus críticas a Petro. 

EFE

Por George Friedman en GPF

Europa se ha convertido últimamente en un blanco fácil para Estados Unidos, sobre todo en lo que respecta a su deseo de dejar de garantizar la seguridad europea. Se ha puesto de moda preguntar cómo responderá Europa ante tal o cual acontecimiento mundial. Pero esos mismos acontecimientos plantean una pregunta importante: ¿Qué es Europa?

Fundamentalmente, Europa no es un país. Es un continente que contiene, según las Naciones Unidas, unos 44 países. Tienen diferentes idiomas, culturas e historias, que incluyen guerras con sus vecinos y odio mutuo. Nací en Hungría y me trajeron a Estados Unidos de pequeño. Mi primera lengua fue el húngaro, que era lo único que se hablaba en casa. Aprendí inglés más tarde. No hablo ni una palabra de polaco, ruso, eslovaco ni rumano, todos idiomas que se hablan en los países vecinos de Hungría. (Hablo algo de alemán, aunque mal). Mis padres desconfiaban de los vecinos de Hungría. Mi madre aún lamentaba el Pacto de Trianón, el tratado posterior a la Primera Guerra Mundial que cedió Transilvania a Rumanía. Cuando un primo se casó con una rumana, el rencor de Trianón nos siguió hasta el Bronx.

La definición de Europa que da la ONU abarca desde Islandia hasta Rusia, desde el Atlántico hasta los Urales, desde el océano Ártico hasta el mar Mediterráneo. Pero cuando hablamos de Europa hoy, nos referimos a la parte de la península que sobresale del continente europeo y a los países miembros de las estructuras políticas y económicas desarrolladas tras la Segunda Guerra Mundial, a saber, la OTAN y la Unión Europea. Hasta el colapso de la Unión Soviética, esa parte de Europa constituía la línea divisoria entre el ejército soviético y los ejércitos angloamericanos: el primero ocupaba el este y el segundo el oeste. Con la caída de la Unión Soviética, también se derrumbó la línea divisoria, y los países previamente ocupados por Rusia pasaron a formar parte de lo que yo llamaría la zona estadounidense.

Las zonas ocupadas por Estados Unidos habían sido el centro del sistema global desde el siglo XVIII, con la Europa atlántica conquistando gran parte del mundo exterior. Los países atlánticos-mediterráneos conquistaron el hemisferio occidental, gran parte del continente africano y vastas zonas de Asia. Incluso un país pequeño como los Países Bajos poseía vastos imperios. Italia, Francia y Gran Bretaña se repartieron África. España y Portugal reclamaron gran parte de Sudamérica, mientras que Gran Bretaña y Francia se disputaron Norteamérica. Sin embargo, fue Gran Bretaña —técnicamente parte de Europa, pero separada del resto por el Canal de la Mancha— la que creó el imperio más impresionante, con la India como su joya.

La línea divisoria entre Europa Oriental y Occidental existía, pues, mucho antes de la Guerra Fría. Europa Occidental tenía acceso a los océanos globales; Europa Oriental, no. Los Estados de Alemania, aún no unidos, constituían la barrera entre Oriente y Occidente. Europa Occidental era mucho más rica y poderosa que Europa Oriental, que se encontraba en gran medida excluida de las aventuras imperialistas.

Esto cambió, en cierta medida, tras la consolidación de Alemania en 1871. Su unificación fue en parte una reacción a la Francia napoleónica y en parte al Imperio austríaco, una entidad con sede en Alemania. La distinción entre Alemania y Austria se debía en parte a la religión —Austria era generalmente católica, Alemania, protestante—, pero también a una cuestión dinástica, con una rama representada por los Hohenzollern alemanes y otra por los Habsburgo austriacos. En resumen, la aparición de un poderoso Estado-nación alemán creó una nueva dinámica geopolítica.

La unificación de Alemania también generó una crisis geopolítica. Limitaba con tres países (Polonia, Austria y Francia) y era a la vez poderosa e insegura. Alemania cortejaba a Austria, tenía la mirada puesta en Polonia y temía a Francia. Para un gobierno recién consolidado, el peor escenario posible era una alianza tripartita destinada a devolver a Alemania a su anterior estado fragmentado. El resultado de este temor e intriga mutuos fue una guerra de 30 años que comenzó en 1914 y terminó en 1945, interrumpida por una tregua temporal. El resultado de la guerra fue la redivisión de Alemania, con sus partes oriental y occidental dominadas por la Unión Soviética y Estados Unidos, respectivamente.

Ahora, con Rusia en declive y Estados Unidos completamente indiferente, la pregunta fundamental es si las antiguas fallas geopolíticas europeas resurgirán y, de ser así, qué hará Europa. La realidad europea sigue siendo la misma. No puede hablar con una sola voz porque no habla un solo idioma ni comparte una tradición cultural o histórica singular. La ficción de Europa —que solo nos referimos a Europa Occidental cuando hablamos del continente y que Europa Occidental es una entidad unida— es una idea impuesta al continente por los estadounidenses. Cuando surgen pequeñas tensiones entre Alemania y Francia o entre Alemania y Polonia, son simplemente recuerdos de viejas pesadillas. Lo cierto es que Europa no existe; es simplemente un lugar donde los países pequeños tienen malos recuerdos unos de otros.

Así pues, cualquier pregunta sobre qué hará Europa en respuesta a tal o cual acontecimiento presupone la existencia de una Europa. Esta es una suposición errónea, basada en una invención estadounidense. Quizás la pregunta más importante hoy, entonces, sea si Europa seguirá siendo lo que Estados Unidos inventó —una región con muchos idiomas pero intereses comunes— o si volverá a su condición más tradicional y natural: pequeñas naciones que solo tienen en común el temor mutuo. Hace ochenta años, el mundo se estremeció ante esta pregunta. Pero Europa ya no es un imperio global dividido. Es simplemente una región como cualquier otra, y el imperativo imperial de la guerra ha desaparecido. La forma en que Europa decida abordar sus antiguos rencores y animosidades contribuirá en gran medida a responder a la pregunta de qué hará Europa en el futuro.

Debemos comprender qué es Europa hoy. Europa Occidental y Oriental siguen siendo lugares muy diferentes, y ahora es Europa Oriental, no Alemania, la que divide al continente. La guerra en Ucrania, por muy divisiva que sea, ha demostrado a Europa que, por ahora, no tiene por qué temer a Rusia. Pero Rusia puede recuperarse y retomar sus designios revanchistas. Por lo tanto, Europa Oriental, no Alemania, es ahora el eje de la historia europea.

Europa del Este, a pesar de su desconfianza hacia sí misma y hacia sus antiguos ocupantes, Rusia y Alemania, debe tomar una decisión que definirá el continente. ¿Permanecerá unida o se mantendrá separada? Es cierto que es más pobre que Europa Occidental, pero unida, podría convertirse rápidamente en el ancla geopolítica del continente. Sus poblaciones son tan educadas y sofisticadas como cualquier otra. Su mayor debilidad es una profunda creencia en su inferioridad y, por ende, en su inevitable victimización. Lo único que une a las naciones de Europa del Este es la enfermedad europea de lenguas, culturas e historias mutuamente incompatibles e incomprensibles. Lo único que les queda es el miedo, generalmente activado por las manipulaciones europeas, rusas o, en ocasiones, estadounidenses.

Si Europa del Este logra unirse, puede redefinir la historia del siglo pasado. Si no puede, temo que la dinámica que definió los años entre 1871 y 1945 resurgirá. No confío en la eficacia de la OTAN ni de las Naciones Unidas. Europa sigue siendo clave para el mundo, pero siempre ha sido un lugar imprudente y descuidado que se hace pasar por una civilización. Estados Unidos ha pasado el último siglo enviando a sus jóvenes a guerras europeas o haciendo guardia en sus bases. Ahora, un cambio de rumbo es posible. Como estadounidense, personalmente agradecería que Europa del Este nos aligerara la carga.

George Friedman es un pronosticador geopolítico y estratega en asuntos internacionales reconocido internacionalmente y fundador y presidente de Geopolitical Futures.

Vía WSJ

EE.UU. ayuda a rescatar a cuatro demócratas del cautiverio de Maduro.

Si busca buenas noticias en el mundo hoy en día —¿y quién no?—, considere el rescate coordinado por Estados Unidos esta semana de cuatro rehenes retenidos por el dictador venezolano Nicolás Maduro . Es una vergüenza para el régimen y una victoria para la administración Trump, que asumió riesgos que Joe Biden evitó.

Cinco miembros de la oposición democrática venezolana —Magalli Meda , Omar González , Pedro Urruchurtu , Claudia Macero y Humberto Villalobos— habían estado trabajando para la campaña presidencial de la líder opositora María Corina Machado el año pasado cuando el régimen intentó arrestarlos. El 20 de marzo de 2024, se refugiaron en la embajada argentina y solicitaron un salvoconducto para salir del país amparándose en el derecho internacional. El régimen se negó.

La Sra. Machado ganó las elecciones presidenciales del 28 de julio de forma aplastante. Cuando el presidente argentino, Javier Milei, se negó a declarar la candidatura de la dictadura militar, Venezuela expulsó a los diplomáticos argentinos. Brasil aceptó hacerse cargo del edificio como conserje, pero más tarde ese mismo año, a sus diplomáticos se les prohibió la entrada.

El régimen sitió la embajada, cortó el suministro eléctrico y obligó a sus ocupantes a racionar comida y agua. El edificio se convirtió en el lugar más vigilado del país, después del palacio presidencial. Patrullas armadas patrullaban las calles frente a la embajada. Uno de los cinco logró escapar antes de esta semana de forma desconocida.

El Departamento de Estado se negó a hablar sobre la operación de rescate, pero nuestras fuentes afirman que Estados Unidos tuvo un papel importante. Es probable que los guardias de la embajada, y quizás otros, fueran persuadidos a hacerse de la vista gorda. Parece que no hubo tiroteo.

El principal ejecutor del régimen, Diosdado Cabello, debe estar furioso porque sus fichas de negociación humanas escaparon. Tras la fuga, sus matones allanaron la casa de la Sra. Meda. El Sr. Cabello también afirma que el régimen liberó a los rehenes como parte de un pacto político. Pero entonces, ¿por qué saquearon la casa de la Sra. Meda?

Brasil declaró en un comunicado que no estaba involucrado en ningún acuerdo, tras haber intentado durante meses negociar un salvoconducto para los cinco. La Sra. Machado nos informó desde Caracas el jueves que no hubo «absolutamente ninguna negociación». La calificó de «operación precisa, compleja y perfectamente ejecutada».

El secretario de Estado, Marco Rubio, elogió la misión en X.com el martes, añadiendo que «el régimen ilegítimo de Maduro ha socavado las instituciones venezolanas, violado los derechos humanos y puesto en peligro nuestra seguridad regional». El Departamento de Estado añadió el viernes: «La vulnerabilidad y la debilidad interna del régimen de Maduro en su propio país son evidentes».

Eso puede hacer que el dictador duerma con un ojo abierto.

Vía Diario Las Américas

Un grupo bipartidista de congresistas de Florida introdujo este jueves en la Cámara de Representantes el proyecto de ley “Venezuela TPS Act of 2025”, una iniciativa legislativa que busca restablecer el Estatus de Protección Temporal (TPS) para ciudadanos venezolanos en Estados Unidos, tras la decisión del gobierno federal de no extender la protección actualmente vigente.

La propuesta fue presentada por el congresista demócrata Darren Soto, con el respaldo de la demócrata Debbie Wasserman Schultz y la republicana María Elvira Salazar. Surge como respuesta directa a la medida anunciada por la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, quien el pasado 5 de febrero informó sobre el fin del TPS para venezolanos, originalmente otorgado en 2021 bajo la administración Biden.

El TPS ha permitido que más de 200.000 venezolanos residan y trabajen legalmente en EE.UU., amparados por las condiciones extraordinarias que persisten en su país de origen, como la crisis humanitaria, política y económica. La eliminación del programa ha generado inquietud entre las comunidades migrantes, especialmente en estados como Florida con una alta concentración de venezolanos.

La nueva propuesta legislativa designa oficialmente a Venezuela como país elegible bajo la sección 244 de la Ley de Inmigración y Nacionalidad, otorgando un nuevo periodo de protección de 18 meses a partir de su promulgación. Para acogerse al beneficio, los solicitantes deberán demostrar presencia física en EE.UU. desde la entrada en vigor de la ley, ser admisibles como inmigrantes y registrarse formalmente ante el Departamento de Seguridad Nacional (DHS). También se contempla una tarifa de 360 dólares, con opción de exención para quienes no puedan cubrir el costo.

“Ante la amenaza de deportaciones masivas, este proyecto ofrece una solución inmediata y humanitaria para los venezolanos que han buscado refugio en nuestro país”, declaró el congresista Soto.

Wasserman Schultz enfatizó que “no se puede castigar a quienes huyen de una dictadura brutal”, mientras que Salazar afirmó: “La opresión del régimen de Maduro y el fracaso del socialismo del siglo XXI han creado condiciones peligrosas en Venezuela. Me enorgullece coliderar este proyecto para que los venezolanos puedan permanecer aquí hasta que su país sea libre y seguro nuevamente.”

El proyecto deberá ser evaluado en el Comité Judicial de la Cámara antes de avanzar a votación. Organizaciones de derechos humanos y asociaciones venezolanas en el exilio ya han comenzado a expresar su respaldo a la iniciativa.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos dejó expirar este jueves la Licencia General No. 8O, una autorización clave que permitía a varias compañías del sector energético mantener operaciones limitadas en Venezuela a pesar de las sanciones impuestas contra Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA).

Emitida por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), la licencia permitía a empresas como Halliburton, Schlumberger Limited, Baker Hughes Holdings LLC y Weatherford International llevar a cabo transacciones necesarias para garantizar la seguridad del personal, preservar activos o realizar el cierre ordenado de operaciones existentes. Esta autorización estaba restringida exclusivamente a actividades vinculadas a contratos vigentes antes del 26 de julio de 2019.

Según el comunicado oficial de OFAC, la autorización expiró a las 12:01 a.m. del 9 de mayo de 2025, hora del este de EE.UU., y no fue renovada. A partir de ese momento, todas las transacciones anteriormente permitidas quedaron prohibidas, dejando a las empresas sin marco legal para continuar sus actividades en el país caribeño.

Esta decisión marca un nuevo endurecimiento en la política de sanciones de Washington hacia el régimen de Nicolás Maduro, y se produce en un contexto de creciente presión internacional tras el desconocimiento de los resultados electorales del 28 de julio de 2024 por parte del oficialismo venezolano.

Vía DDC

La medida incluye notificar con antelación recorridos por los gobiernos estatales, locales y municipales, escuelas, centros de investigación, entre otros.

El Departamento de Estado de los EEUU exigirá a los diplomáticos el régimen de Cuba la presentación de una «notificación previa» antes de realizar algunas visitas o viajes dentro de Estados Unidos, en especial a instituciones estatales y de importancia económica, informó la entidad federal.

Según una notificación hecha oficial en el Registro Federal de los EEUU el miércoles 7 de mayo, la medida se adopta «en virtud de la Ley de Misiones Extranjeras» y dispone que los representantes oficiales de La Habana en ese país tendrán que solicitar permisos antes de visitar «los gobiernos estatales, locales y municipales de los Estados Unidos y sus territorios; instituciones educativas en los Estados Unidos y sus territorios; e instalaciones de investigación, incluidos laboratorios nacionales e instalaciones agrícolas, en los Estados Unidos y sus territorios».

La decisión, tomada por el secretario de Estado de EEUU, el cubanoestadounidense Marco Rubio, señala además que el permiso «está sujeto a los términos y condiciones modificados o adicionales que puedan ser aprobados por el director o el director adjunto de la Oficina de Misiones Extranjeras» estadounidense. 

El régimen de Cuba ha lanzado una campaña contra el encargado de negocios y jefe de misión de la Embajada de EEUU en La Habana, Mike Hammer, quien tiene una activa agenda de reuniones con representantes de la sociedad civil cubana, opositores, familiares de presos políticos, víctimas de la represión del régimen y figuras de la Iglesia Católica.

Por su parte, Washington ha estado tomando medidas más estrictas con los movimientos de embarcaciones procedentes de la Isla, a las que en marzo pasado impuso nuevas condiciones de entrada a ese país.

De acuerdo con una normativa oficial, «las condiciones de entrada tienen como objetivo proteger a los Estados Unidos de embarcaciones que llegan de puertos o países extranjeros que tienen medidas antiterroristas deficientes».

La decisión, que se corresponde con directivas vigentes derivadas de la Ley de Seguridad del Transporte Marítimo y del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) de EEUU, «establece que el DHS considerará que cualquier puerto bajo la jurisdicción de un Gobierno extranjero que sea un Estado patrocinador del terrorismo no tiene medidas antiterroristas efectivas».

La medida ajusta las normas vigentes a la redesignación en enero último de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo, listado que emite el Departamento de Estado de EEUU anualmente.

De acuerdo con las normas de operación de la Guardia Costera de EEUU, el objetivo de su Programa Internacional de Seguridad Portuaria (IPS) es «mitigar el riesgo de importar terrorismo a través del comercio exterior informando al control estatal del puerto de EEUU, advirtiendo al público y mejorando la seguridad de los puertos extranjeros a través de asistencia técnica específica y el desarrollo de capacidades».

Entre las medidas que aplicaría esa fuerza a los barcos de países señalados como de alto riesgo estaría «la realización de abordajes de seguridad» y «evaluaciones de seguridad portuaria extranjera».

A pesar de los estrechos vínculos retóricos con Rusia, el mandatario venezolano fue ubicado en uno de los extremos de la foto oficial, lejos de Putin y Xi Jinping.

La simbología política de los actos oficiales rara vez es casual. El pasado 9 de mayo, en el marco del 80.º aniversario del Día de la Victoria sobre la Alemania nazi, Moscú fue escenario de una fastuosa ceremonia que reunió a 29 líderes internacionales. Sin embargo, una imagen captada durante el acto revela una jerarquía no declarada pero evidente: Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, aparece ubicado en uno de los extremos del retrato oficial, a varios metros de Vladímir Putin y de su invitado de honor, Xi Jinping.

Foto APT | (La foto es la toma a la izquiera de Putin. A su derecha había una cantidad de líderes equivalente)

Mientras Putin se encontraba en el centro de la escena, flanqueado por el líder chino y otras figuras clave del círculo euroasiático, Maduro compartía espacio con mandatarios africanos y delegaciones de menor peso geopolítico. Más llamativo aún fue que Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, también fue situado lejos del núcleo central, confirmando una tendencia que reduce el rol de los aliados latinoamericanos a meros actores de reparto en la narrativa rusa.

Este tipo de ubicación es cuidadosamente coreografiada y suele interpretarse como una señal del grado de cercanía o importancia que el Kremlin otorga a cada líder. La lejanía de Maduro y Díaz-Canel indica que, aunque son aliados, no están en el círculo más estrecho de prioridades de Moscú en este momento.

Esta disposición no sólo refleja distancias físicas, sino también simbólicas. Aunque el régimen venezolano ha mostrado lealtad discursiva hacia Moscú, su capacidad de incidencia real en la agenda del Kremlin parece limitada. La fotografía se convierte así en un retrato diplomático: Maduro, presente pero periférico.

La escena deja entrever que, para Rusia, las alianzas estratégicas reales se concentran en Asia y en Europa del Este, mientras América Latina continúa siendo una pieza secundaria en el tablero global. Incluso en los desfiles, la geopolítica se escribe en centímetros.

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