Morfema Press

Es lo que es

DBuford

Por Victor Davis Hanson en The Signal

¿Cómo deberíamos caracterizar las primeras siete semanas de la administración Trump, dada la cantidad de información y desinformación que recibimos?

Casi no pasa un día sin que el Wall Street Journal prediga que nos dirigimos hacia una recesión, que nuestros aliados están furiosos con nosotros o que la economía está al borde del abismo.

Entonces, ¿qué vamos a pensar de todo esto? Creo que es hora de respirar hondo e imaginar las primeras siete semanas como algo así: el presidente Donald Trump está en una carrera. Está en una carrera para implementar un cambio fundamental y disruptivo, una contrarrevolución, y va a ser difícil por un tiempo, como él mismo señaló.

Pero lo que ya ha hecho tendrá, a corto o incluso a medio plazo, ventajas fundamentales para Estados Unidos. La pregunta es: ¿podrá transmitir el mensaje y explicar lo que está haciendo para que la gente lo espere? Porque la recompensa final será grande.

Ahora bien, ¿a qué me refiero? Hablamos de aranceles, aranceles y más aranceles, pero incluso la mera mención de aranceles para todos estos países que no han sido recíprocos y nos han impuesto aranceles de una manera que jamás pensaríamos en imponérselos, esa idea de que podríamos volver a la paridad, ha tenido un efecto enorme.

Se han anunciado unos 4 billones de dólares de inversión de europeos, saudíes, chinos, mexicanos e incluso canadienses. Esto creará cientos de miles de empleos. Y está en proceso de concretarse.

Cuando Donald Trump asumió el cargo en 2017, solo extraíamos unos 9 millones de barriles. Cuando se fue, extraíamos 12 millones. La administración Biden recortó la producción inmediatamente. Y luego, antes de las elecciones intermedias, decidió: «A los estadounidenses les gusta el petróleo asequible». Así que continuaron con el plan de Trump y llegaron a 12, casi 13 millones de barriles.

En tan solo siete semanas, hemos aumentado la producción diaria de petróleo en Estados Unidos en aproximadamente un tercio de millón de barriles. Y estamos en camino de alcanzar unos 14 millones de barriles para principios de año. Esto también está coordinado con un aumento de la producción en Oriente Medio.

Entonces, vamos a ver una moderación en los precios de la energía, lo que puede explicar ya por qué la tasa de inflación no fue tan alta como se predijo.

Si observamos la frontera, es asombroso. Nos dijeron que el problema fronterizo era irresoluble sin una reforma migratoria integral. Y había 10,000 personas acudiendo en masa cada día. Ni siquiera… con indiferencia, ya nadie habla de ello. Pero es un logro revolucionario. Nadie cruza la frontera ilegalmente, o al menos, es estadísticamente insignificante.

El gran problema en este momento es que la izquierda está seleccionando cuidadosamente a los jueces para evitar, no la deportación de alguien que está trabajando, que nunca ha sido arrestado, que ha estado aquí durante cinco o seis años, sino la de criminales y personas a las que ya se les ha ordenado salir del país o que son partidarios de Hamás y del terrorismo.

Pero lo que quiero decir es que lo que estamos haciendo ahora es la Fase Dos. La frontera está prácticamente resuelta, en cuanto a seguridad, y en siete semanas. Ahora, tenemos la difícil tarea de averiguar quiénes eran estos 12 millones de personas a quienes el expresidente Joe Biden permitió entrar al país deliberadamente y con malas intenciones.

Pero lo que quiero decir es que esto es un éxito increíble.

Hay un último punto que quiero mencionar. Se dice que Elon Musk no es auténticamente estadounidense. Es un nepo baby. Y se escucha a la representante Jasmine Crockett, demócrata por Texas, amenazarlo, junto con el senador Ted Cruz, republicano por Texas.

Todo este caos y nihilismo en torno a Elon Musk y lo que está haciendo, pero lo que está descubriendo, casi todos los días, en el Tesoro, en el IRS, en el Departamento de Energía, en las comunidades de inteligencia, es un enorme desvío no declarado de cientos de millones de dólares, si no miles de millones, a entidades favorables y en su mayoría de izquierda, tanto en el extranjero como aquí en los Estados Unidos.

Y ya ha mencionado áreas donde los funcionarios del Gabinete pueden recortar 200 mil millones de dólares. Eso es una quinta parte, solo después de siete semanas. Le queda una quinta parte del camino por recorrer. Cree que puede recortar un billón de dólares sin tocar los derechos sociales. No sé si podrá.

Pero permítanme resumir. Si Donald Trump logra cumplir esta promesa de compromiso de entidades extranjeras de invertir 4 billones de dólares —4 billones de dólares—, si logra recortar un billón de dólares en uno o dos años, si logra resolver la guerra de Ucrania y si logra una paz general en Oriente Medio, será la presidencia más importante —si no hace nada más— que hayamos visto en 50 años.

En resumen, todos, mantengan la calma. Hay acontecimientos en curso que, si se concretan, este país será un lugar radicalmente diferente y mucho mejor.

Por Julio Pérez

En Venezuela, el régimen autoritario, inspirado en el centralismo cubano, ha convertido la devaluación del bolívar en un instrumento deliberado de dominación económica. Lejos de ser un error fortuito o una simple incapacidad en el manejo de la economía, se trata de una estrategia premeditada para desmantelar la estructura productiva del país y consolidar el poder político. En lugar de asumir su responsabilidad, las autoridades recurren a la narrativa del «bloqueo imperialista» como cortina de humo para ocultar su objetivo y la opacidad en el manejo de los recursos nacionales. En palabras de Carlos Rangel, autor de Del buen salvaje al buen revolucionario, esta obsesión por culpar a enemigos externos es una constante histórica en América Latina: una evasión de la autocrítica que idealiza al «buen revolucionario» y exonera a los líderes de rendir cuentas por sus fracasos. La gestión de los ingresos petroleros ilustra esta opacidad: no existen registros públicos que revelen cuánto aportan las empresas extranjeras ni cómo se destinan esos fondos, sumiendo a la población en una indefensión informativa que perpetúa su subordinación.

Históricamente, los regímenes socialistas concentran el poder económico para sofocar la autonomía individual y generar una dependencia estructural del Estado. En Venezuela, esta lógica se materializó en un control cambiario que dio paso al dólar paralelo, un mercado negro que el gobierno demoniza, acusando a los empresarios de especulación, mientras reparte divisas de forma arbitraria entre sus aliados. Este no es un fenómeno accidental, sino un diseño deliberado para doblegar al sector privado y mantener a la ciudadanía en un estado de precariedad controlada. Sin embargo, esta estrategia comenzó a encontrar resistencia en la voluntad popular: el 28 de julio de 2024, la victoria electoral de Edmundo González Urrutia marcó un quiebre, reflejando un rechazo rotundo a este modelo y una demanda colectiva por transparencia, desarrollo y libertad.

A pesar de este mandato ciudadano, el régimen redobla su apuesta por el control. Nicolás Maduro ha amenazado a quienes operan con el dólar paralelo y ha promovido un «dólar de mercado» estatal junto al «Plan Nacional de Verificación de la Tasa Cambiaria» del Banco Central de Venezuela, desplegando fiscales de la Sundde para imponer una tasa oficial y recolectar denuncias contra el uso del dólar informal. Estas medidas, disfrazadas de protección socioeconómica, no corrigen las distorsiones que el propio sistema genera como la escasez de divisas o la inflación galopante, sino que castigan a quienes buscan sobrevivir en un entorno asfixiado por la intervención estatal. Friedrich Hayek lo explicó con claridad: la economía es un proceso espontáneo y amoral que, al ser obstruido por controles artificiales, encuentra su cauce en mercados negros y espirales inflacionarias. Así, los comerciantes, perseguidos por operar en un sistema distorsionado, y los ciudadanos, obligados a indexar precios al dólar paralelo para subsistir frente a una moneda sin valor, son víctimas de esta lógica. Lejos de atacar las raíces del problema, el régimen opta por sancionar sus consecuencias, avivando el espectro de políticas fallidas que históricamente han desencadenado escasez y colapso.

Esta exclusión estructural se hace evidente en la brecha entre una élite que se enriquece con los ingresos petroleros y una población forzada a llevar medicinas a hospitales desabastecidos o comida a cárceles abandonadas por el Estado. La devaluación, en este contexto, trasciende lo económico para convertirse en una herramienta de coerción que elimina la libertad individual y refuerza la hegemonía del régimen. Frente a esta realidad, el mandato expresado en las urnas abre una ventana hacia un modelo económico liberal: uno que restaure la estabilidad monetaria mediante la disciplina fiscal, fomente la inversión privada eliminando trabas burocráticas, proteja la propiedad privada como pilar del progreso y libere las fuerzas del mercado para impulsar el crecimiento. Este cambio exige instituciones robustas, ancladas en la división de poderes y el estado de derecho, que aseguren transparencia y rendición de cuentas en lugar del actual sistema empobrecedor.

Superar esta crisis requiere honrar esa demanda ciudadana y rechazar a quienes defienden el control socialista bajo excusas revolucionarias. La fiscalización de la Sundde no es una solución, sino una extensión del problema: un ataque a la iniciativa privada que ahoga la economía real y perpetúa la dependencia. La retórica de culpar al exterior, como bien desmontó Rangel, solo apuntala un régimen que se niega a enfrentar las consecuencias de su propio diseño. Solo un sistema que devuelva las libertades económicas e individuales, sustentado en el mercado libre, la competencia y la responsabilidad individual, podrá romper este ciclo de dictadura y devaluación, ofreciendo a Venezuela un horizonte de estabilidad y prosperidad.

Vía Olade

Trabajos de investigación recientes han encendido las alarmas sobre el alto consumo de energía eléctrica que demandan -y demandarán- los centros de procesamiento de datos para las aplicaciones de Inteligencia Artificial (IA), relacionado con el entrenamiento de los algoritmos, con la resolución de consultas y con los sistemas de enfriamiento de los servidores.

Se estima que a nivel mundial existen alrededor de 7.000 centros de procesamiento de datos para aplicaciones de IA, con un consumo anual de electricidad del orden de 350 TWh, lo que indica un consumo promedio anual de unos 50 GWh por cada centro de datos. Otros estudios indican que para el año 2030, el número de este tipo de centros crecerá en 165% respecto al 2023, lo que significa una tasa de crecimiento promedio anual de 15%.

Conociendo que en la región de América Latina y el Caribe (ALC) existen 455 centros de datos para aplicaciones de IA y considerando el consumo unitario promedio de energía estimado a nivel mundial, el 2023, el consumo de energía de la IA representó el 1,6% del consumo total de electricidad de la región; y tomando en cuenta las proyecciones del consumo de electricidad total de ALC y el incremento esperado en el número de centros de datos de IA al 2035, esta tecnología demandaría el 5% de toda la electricidad consumida en la región en dicho año, lo que significará poco más de 120 TWh.

Por Norberto Paredes en BBC Mundo

Soy venezolano y visité Colombia por primera vez a comienzos de este 2025. No estaba seguro de qué me encontraría. Me habían dicho muchas veces que éramos dos pueblos muy diferentes.

Que si los bogotanos son en general más conservadores, formales y desconfiados.

O que los caraqueños solemos ser más progresistas, frívolos y confianzudos.

Nací y crecí en Caracas escuchando que las capitales de ambos países eran un mundo aparte.

Por eso mi sorpresa al salir del aeropuerto de Bogotá.

Desde las interacciones con la señora sonriente que me vendió café y el taxista que me hablaba de la economía del país, hasta las montañas que rodean la ciudad y la salsa que sonaba en el taxi, todo me hizo sentir como en casa.

Sentado en un céntrico café, me pregunto cuán similares o diferentes somos realmente.

Mucho nos une: la lengua, la religión, los Andes, el Caribe, los Llanos, la Guajira o la gastronomía, aunque para algunos esto último sea también asunto de disputa.

Prueba a sacar el tema del origen de la arepa con un colombiano y un venezolano en la misma habitación. Tendrás asegurada una conversación efervescente.

Comparar a ambos países no es asunto sencillo. Entre otras cosas, porque las idiosincrasias internas de Colombia son muy diversas.

«Colombia es un país de regiones y sus diferencias culturales son mucho más marcadas que en Venezuela», me dice Tulio Hernández, sociólogo e historiador venezolano radicado en Bogotá.

Esto contrasta con la historia de Venezuela, un país «más homogéneo, con menos accidentes geográficos, donde hubo una unificación nacional a través de un sistema de redes de transporte», compara Hernández.

A pesar de ello, el también escritor afirma que «no existen dos países tan parecidos ni tan interconectados, dos naciones con tantas similitudes y una historia siempre entrelazada desde el nacimiento de ambas repúblicas independientes».

Los permanentes intercambios migratorios, económicos y culturales han incrementado dicha interconexión durante décadas.

No obstante, los sociólogos con los que hablé para esta reflexión concuerdan en que muchos colombianos y venezolanos se empeñan con frecuencia en resaltar más sus diferencias que sus similitudes.

El Caribe y los Andes

Similitudes hay muchas.

Luz Marina Rivas, profesora de Literatura e investigadora del Instituto Caro y Cuervo, afirma que las más marcadas se dan en el Caribe.

«Los caribeños en ambos países son muy abiertos. Es normal que un venezolano y un colombiano caribeño te cuenten su vida mientras hacen una fila, aunque no te digan su nombre», afirma la profesora colombo-venezolana, quien ha vivido décadas en ambas naciones.

«Si vas a Barranquilla casi que te sientes en Venezuela», añade.

Rivas asegura que, en contraste, el colombiano andino suele ser más reservado y menos confiado de entrada, aunque «es algo que cambia una vez que lo conoces mejor».

«Los andinos en ambos países también comparten muchas características, pero la gran diferencia radica en que la cultura andina prevalece en Colombia, mientras que Venezuela es un país más volcado hacia el Caribe, cerca de donde se encuentran la mayoría de sus centros poblados más importantes».

La lingüista y experta en culturas añade que incluso las ciudades andinas venezolanas tienen algo de caribeñas en comparación con las de Colombia.

«Una vez una amiga me dijo que Mérida (una ciudad en los Andes venezolanos a unos 1.600 metros sobre el nivel del mar) es el lugar más alto del Caribe y creo que estoy parcialmente de acuerdo», señala.

Por su parte, Tulio Hernández destaca las similitudes que cualquier visitante puede captar a primera vista, como me pasó a mí apenas llegué.

«La arquitectura tradicional de ambos países se parece mucho, sobre todo en las regiones que comparten. En algunos caminos coloniales, las iglesias, las casas y las edificaciones son muy parecidas», explica.

«El tercer país»

La frontera entre Colombia y Venezuela es una de las más porosas del continente.

Las regiones fronterizas comparten tanto en común que investigadores afirman que se da una especie de «tercer país» donde, según Rivas, las diferencias entre colombianos y venezolanos se difuminan.

No es de extrañar, dado que esta frontera de 2.219 kilómetros es relativamente reciente: dos tratados la demarcaron en 1891 y 1941.

Su última definición tiene menos de un siglo.

«No hay mayor diferencia cultural entre la gente de las ciudades fronterizas de Cúcuta (Colombia) y la de San Cristóbal (Venezuela)», ejemplifica.

«Lo mismo pasa en zonas como el Catatumbo, la Guajira o Los Llanos y en pueblos fronterizos en Norte de Santander, Táchira o Los Llanos, donde colombianos y venezolanos hacen vida, diligencias e incluso van a la escuela o trabajan a ambos lados de la frontera, cruzándola todos los días.

En algunas partes comen también hallacas, una variedad de tamal típico de Venezuela, y cantan el cumpleaños feliz venezolano «Ay, qué noche tan preciosa».

Y el vallenato colombiano se escucha no solamente en los pueblos fronterizos sino en toda Venezuela.

En estas zonas, los dos países también comparten poblaciones indígenas.

Los barís, los sáliba, los yukpa y los wayús o guajiros son algunos de los pueblos que viven a ambos lados de la frontera colombo-venezolana.

Varios de ellos ven la frontera como una creación arbitraria consecuencia de la colonización española.

«Para el pueblo wayuu y algunos otros no existe la frontera», afirma Rivas.

Los Llanos

Para muchos, los Llanos, una región dividida entre Colombia y Venezuela en la cuenca del río Orinoco, es donde la frontera se hace más difusa.

«Los llaneros colombianos y los venezolanos incluso se pelean el origen de ciertas canciones», explica Rivas.

«Pero es el mismo joropo, la misma copla, que se escucha a ambos lados».

Cuenta la historia de una prima colombiana que estaba de visita en Venezuela y siempre creyó que «El alma llanera», un joropo muy popular que fue compuesto por el venezolano Rafael Bolívar Coronado, era una canción colombiana.

«Lo dijo en voz alta frente a un gran grupo de venezolanos y todos estaban muy confundidos», recuerda riéndose.

Tulio Hernández concuerda en que es difícil diferenciar la música llanera venezolana de la llanera colombiana.

La política y jerarquía social

Si bien en este viaje a Colombia aprecié muchas similitudes con mi pueblo venezolano de las que no me hablaron o reconocían, es importante hablar claro de las diferencias.

Una de las más grandes se ve en la política.

La izquierda en Colombia ha tenido una base sólida y fiel desde mediados del siglo pasado, pero durante casi toda su historia dominaron los gobiernos de derecha hasta la victoria del izquierdista Gustavo Petro en 2022.

Mientras, en Venezuela la izquierda ganó la mayoría de las elecciones en el periodo posterior a la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958. Y en 1999 se instaló el chavismo con Hugo Chávez, al que admira Petro.

Hernández afirma que el venezolano suele ser más socialdemócrata y demócrata-cristiano que el colombiano.

«Yo a veces digo que el que se considera como derecha en Venezuela, como la democracia cristiana del difunto expresidente Rafael Caldera, en Colombia sería de centroizquierda», señala.

Rivas añade que las jerarquías sociales están mucho más marcadas en Colombia.

Según cifras del Banco Mundial publicadas el año pasado, Colombia es junto a Brasil el país más desigual de América Latina.

En Venezuela, si bien hoy vive una aguda crisis económica y humanitaria que disparó el éxodo de sus nacionales en los últimos años, fenómenos como la Guerra Federal entre 1859 y 1863 desembocaron en una mayor igualdad social, de acuerdo a Rivas.

«Desde entonces, las clases sociales han estado más matizadas, al igual que las interacciones entre las mismas, en las que suele haber un trato de igualdad», dice la socióloga.

«También hay una diferencia en cuanto a la movilidad social. En la Universidad Central de Venezuela encontrabas a gente de barrios populares que estudiaba y se mezclaba con gente de clase media alta y alta. Era normal. Eso no se ve tanto en Colombia», añade.

Enfoque en las diferencias

«No hay nada como Caracas», me dijo un vendedor ambulante venezolano en la plaza Bolívar de Bogotá.

La frase me hizo reflexionar. Como periodista, he tenido la oportunidad de cubrir varios temas vinculados a la migración y las fronteras en países como Alemania, Francia o Reino Unido.

Siempre me intrigó qué lleva a un ser humano a enfocarse, muchas veces, más en las diferencias entre pueblos o regiones que comparten lengua e historias comunes, como en este caso colombianos y venezolanos.

El vendedor ambulante confesó que extrañaba a sus amigos, sus vecinos y su barrio.

Pero tras unos minutos de conversación, concedió que la mayoría de las diferencias que siente entre su país de nacimiento y el que lo acogió surgen desde la melancolía.

Tuve una charla similar con una joven venezolana de Valencia que vendía arepas en una plaza en Cartagena, una ciudad bañada por el Caribe colombiano.

Rivas afirma que es natural que ambos pueblos traten de diferenciarse a través de sus particularidades para «defender la identidad nacional y proteger una cultura que ven como propia».

«Suele incluso expresarse en la cotidianidad, como que en un lugar se le dice banano y en el otro cambur», prosigue.

Yo añadiría el ejemplo de la cachapa venezolana y la arepa de choclo colombiana, que son en esencia la misma receta o, más controversial y debatible, que en Venezuela se le dice tequeño y en el otro palito de queso.

En la Caracas que crecí, los colombianos formaban parte del día a día de los caraqueños y jugaban un rol importante en la economía del país.

Hoy esos roles se han invertido, con cientos de miles de venezolanos asentados en Colombia y contribuyendo, según varios informes, al dinamismo de sus finanzas y desarrollo.

Debo admitir que después de varias semanas en Colombia y sobre todo Bogotá, mi primera impresión de la capital colombiana fue, quizá, algo apresurada.

Bogotá es una ciudad mucho más grande y también me pareció más ordenada que Caracas.

Su urbanismo es más amigable con el peatón, a diferencia de Caracas, cuyas imponentes avenidas y autopistas parecen complacer más a los automovilistas.

Hoy, a pesar del conflicto que dura décadas y la marcada desigualdad, Colombia parece avanzar y modernizarse a un ritmo acelerado, mientras que Venezuela está estancada en los años 70.

Pensé que, probablemente, si Venezuela estuviera en una mejor situación económica, política y social, se parecería muchísimo más a la Colombia actual.

Dudo si la crisis política venezolana hará que ambos países diverjan aún más o si los migrantes venezolanos en Colombia harán que las diferencias se sigan difuminando, como en «ese tercer país» que yo, por lo menos, ya siento que me llevo dentro.

Por Geoff Ramsey en Atlantic Council

¿Cómo se ve un enfoque de «Estados Unidos primero» para Venezuela? El mundo podría estar a punto de descubrirlo.

El 24 de marzo, el presidente estadounidense Donald Trump emitió una orden ejecutiva que faculta al secretario de Estado Marco Rubio a imponer un arancel del 25 % a los productos de cualquier país que importe petróleo y gas venezolanos, presentando la medida como una represalia por los altos niveles de migración desde Venezuela y la hostilidad del país hacia los intereses estadounidenses.

Como ocurre con cualquier anuncio arancelario reciente de Trump, la clave está en los detalles. Venezuela exporta actualmente petróleo y gas a diversos países, desde rivales estadounidenses como China y Rusia hasta aliados estadounidenses como India, España, Francia y varios pequeños países caribeños. ¿Está Trump interesado en imponer un arancel adicional del 25 % a los productos chinos vendidos en Estados Unidos, además de los aranceles actuales del 20 %? ¿Está dispuesto a imponer aranceles a sus aliados? ¿Y alguno de estos países está dispuesto a arriesgarse a pagar esos aranceles para seguir recibiendo petróleo y gas venezolanos? Todo esto sigue siendo incierto.

Lo que está claro es que, al mismo tiempo que Trump busca excluir a las empresas extranjeras, está preservando espacio para que las empresas estadounidenses operen en el sector petrolero de Venezuela. Apenas horas después de que el presidente anunciara el plan arancelario, el Departamento del Tesoro de EE. UU. anunció que había extendido el período de «desmantelamiento» que previamente le había dado a Chevron para retirarse de Venezuela. En lugar de la fecha límite original del 3 de abril , la principal petrolera estadounidense ahora tiene hasta el 27 de mayo para finalizar sus operaciones. Pero el hecho de que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Tesoro extendiera esta licencia, junto con la realidad de que las licencias OFAC anteriores que se han enmarcado como avisos de «desmantelamiento» (como la Licencia General 8 limitada) se han renovado constantemente desde 2019, sugiere que este desmantelamiento podría evolucionar hacia un acuerdo más permanente. Hasta ahora, esta licencia solo ha permitido actividades restringidas, pero hasta ahora se han mantenido vigentes otras licencias que permiten a las empresas europeas y de otras partes del mundo operar . Es demasiado pronto para estar seguros, pero existe la posibilidad de que se le permita a Chevron seguir operando en Venezuela, aunque con un control más estricto.

Este enfoque encajaría con la agenda de «Estados Unidos primero» de Trump. Hasta el momento, las sanciones estadounidenses al sector petrolero venezolano no han logrado desbancar al dictador venezolano Nicolás Maduro del palacio presidencial en Caracas y, de hecho, podrían haber empujado a Venezuela aún más hacia la órbita de los rivales globales de Estados Unidos. Hasta que Chevron recibió luz verde para profundizar sus operaciones en Venezuela en 2022, las sanciones petroleras crearon una oportunidad para que China e Irán emergieran como los principales socios comerciales de Venezuela. Los comerciantes iraníes recibían petróleo venezolano a cambio de condensado, que la petrolera estatal venezolana luego mezclaba con su crudo extrapesado para venderlo en el mercado global con grandes descuentos, principalmente a empresas chinas. Las empresas rusas, por su parte, han mantenido inversiones limitadas pero importantes en el sector petrolero del país, incluso frente a las sanciones secundarias. En esencia, las sanciones estadounidenses subsidiaban petróleo barato para China y preservaban una influencia indebida sobre los inversores rusos, todo en detrimento de los intereses estadounidenses.

En cuanto a los aliados y socios de EE. UU., como España, Francia, Italia e India, es probable que la administración no necesite intensificar la situación imponiendo aranceles. En cambio, la OFAC podría simplemente cancelar licencias específicas y cartas de confort, que brindan orientación específica para que ciertas empresas operen. Por supuesto, hacerlo podría agravar aún más el problema al crear una oportunidad para que los rivales de EE. UU. intervengan y ejerzan su influencia, especialmente si también se ordena a las empresas energéticas estadounidenses que se retiren de Venezuela. Si eso sucede, se espera un aumento de la influencia china, rusa e iraní sobre Caracas. China ha dejado claro que Venezuela es un » socio estratégico para todo clima » de Pekín y no se inmuta ante la amenaza de los aranceles. En lugar de indicar su cumplimiento de la nueva orden ejecutiva, el Ministerio de Relaciones Exteriores chino ha emitido un comunicado rechazando la influencia de EE. UU. en Venezuela y afirmando que los aranceles solo perjudicarían a los consumidores estadounidenses. Se espera que el petróleo venezolano continúe fluyendo hacia el mercado chino , incluso a pesar de la desaceleración actual causada por el clima incierto.

Trump y su gabinete son casi seguramente conscientes de este riesgo. Entienden que no conviene a Estados Unidos cruzarse de brazos y ver cómo Venezuela, el país con las mayores reservas de petróleo del planeta, se hunde cada vez más en los brazos del presidente ruso Vladimir Putin y el presidente chino Xi Jinping. Probablemente por eso, a pesar de la retórica reciente, la Casa Blanca envió al Enviado Presidencial para Misiones Especiales, Richard Grenell, a Caracas en febrero para iniciar conversaciones con el gobierno de Maduro. La labor de Grenell ha logrado hasta la fecha la liberación de seis rehenes estadounidenses y ha convencido a Maduro de aceptar vuelos de repatriación para los deportados venezolanos.

En última instancia, la Casa Blanca parece estar impulsando un enfoque que Trump conoce bien: llegar a un acuerdo. Con las conversaciones en curso y la puerta abierta para que Chevron y otras empresas estadounidenses sigan operando en Venezuela, incluso si las empresas extranjeras se ven obligadas a irse, la administración parece estar preservando el espacio para un acuerdo. Un acuerdo atractivo podría incluir concesiones en materia migratoria, como una aceleración de los vuelos de repatriación para que coincida con el interés de la administración en aumentar las deportaciones. También podría incluir algunas concesiones en materia petrolera, como la aprobación de reformas legales que permitan a las empresas estadounidenses asumir la propiedad mayoritaria de empresas conjuntas con la petrolera estatal. Pero también debería incluir concesiones que podrían llevar a Venezuela hacia una apertura democrática gradual. Después de todo, ofrecer un alivio de las sanciones para moldear los incentivos internos en el círculo íntimo de Maduro es precisamente lo que impulsó al gobierno a organizar, y finalmente a perder , las elecciones presidenciales de julio pasado.

Existe una pequeña, pero contraintuitiva, oportunidad en el hecho de que Maduro haya dicho que promoverá reformas a la Constitución venezolana de 1999. Por supuesto, es improbable que Maduro acepte algo que amenace su control en el corto plazo, y probablemente vea la reforma constitucional como una forma de afianzar aún más su poder. Pero si Washington está abierto a expandir su presencia en el sector energético venezolano, eso les da a los responsables políticos estadounidenses una influencia significativa mientras el partido gobernante debate cualquier reforma. Estados Unidos debería usar esta influencia para promover sus intereses petroleros y migratorios. Pero Washington también debería buscar avances verificables en puntos de referencia como la liberación de presos políticos, el fin de la persecución de activistas de la oposición, condiciones electorales competitivas y, quizás, una hoja de ruta hacia el reparto del poder y la restauración de las instituciones democráticas del país.


Geoff Ramsey es investigador senior del Centro para América Latina Adrienne Arsht.

La noticia fue confirmada por su pareja, Martin Rabbett. Su versatilidad lo llevó a interpretar una variedad de papeles, desde dramas románticos hasta aventuras épicas

“Nuestro querido Richard está ahora con los ángeles (…) Es libre y se eleva hacia aquellos seres queridos que nos precedieron. Qué bendecidos fuimos por haber conocido a un alma tan increíble y cariñosa. El amor nunca muere. Y nuestro amor está bajo sus alas elevándole hacia su próxima gran aventura”, dijo su pareja, Martin Rabbett, en un comunicado.

El actor murió en Waimanalo, Hawai, por complicaciones derivadas de un derrame cerebral, que por dos días no le han permitido cumplir 91 años.

Nacido el 31 de marzo de 1934 en Los Ángeles, California, Chamberlain creció en un entorno donde la actuación no parecía un destino inmediato, pero fue en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) donde comenzó a forjar su amor por las artes escénicas. Tras completar sus estudios, Chamberlain comenzó su carrera en el teatro y poco después hizo su debut en la televisión. Su rostro, que combinaba una mezcla de carisma, atractivo y vulnerabilidad, lo hizo destacar rápidamente.

El gran salto a la fama de Richard Chamberlain llegó en 1961, cuando asumió el papel principal de Dr. James Kildare en la serie de televisión “Dr. Kildare”, un drama médico que fue un gran éxito. Su interpretación de un joven y atractivo médico de la ciudad lo convirtió en un ídolo de la televisión y lo catapultó a la fama internacional. La serie estuvo al aire durante cinco años y, durante ese tiempo, Chamberlain se consolidó como uno de los galanes de la pantalla pequeña, convirtiéndose en un favorito del público, especialmente en la juventud estadounidense.

Aunque su fama televisiva fue inmensa, Chamberlain también se destacó en el cine. Su versatilidad lo llevó a interpretar una variedad de papeles, desde dramas románticos hasta aventuras épicas. En 1970, alcanzó un éxito notable con su papel en “El Coloso en llamas”, una de las películas más taquilleras de la década, donde compartió pantalla con estrellas como Paul Newman y Steve McQueen.

Sin embargo, uno de los papeles más emblemáticos de su carrera fue el del misionero en “Los Pilares de la Tierra” (1983), una miniserie que basaba en la famosa novela de Ken Follett. Este papel consolidó a Chamberlain como un actor maduro, capaz de interpretar personajes complejos, y fue un gran éxito en la televisión.

Teatro y trabajo posterior

A lo largo de su carrera, Chamberlain también encontró tiempo para el teatro, donde pudo mostrar su rango actoral en obras clásicas y contemporáneas. Sus interpretaciones fueron aclamadas tanto por críticos como por el público, consolidándose como un actor con una profundidad inusual para las estrellas de la televisión.

A lo largo de las décadas siguientes, Chamberlain continuó trabajando en televisión, cine y teatro, aunque sus apariciones fueron menos frecuentes. Su último gran papel fue en la serie de televisión “The Thorn Birds: The Missing Years” (1996), donde retomo su icónico papel de Ralph de Bricassart de la famosa miniserie “The Thorn Birds” de 1983.

Richard Chamberlain también fue conocido por su vida personal, que mantuvo en gran medida fuera del ojo público. A pesar de la fama que alcanzó en su juventud, fue un hombre que prefirió la privacidad, y solo en sus últimos años reveló públicamente su orientación sexual, una decisión que fue recibida con respeto y admiración. En su autobiografía, Chamberlain habló de los retos de su carrera y su vida personal, mostrando una vulnerabilidad que resonó profundamente con sus seguidores.

A lo largo de su carrera, Richard Chamberlain fue reconocido por su elegancia, talento y la sinceridad de sus interpretaciones. La calidad de su trabajo lo convirtió en una de las figuras más queridas de la televisión y el cine, y su legado perdurará en las generaciones que aún disfrutan de sus mejores actuaciones.

Hoy, a los 90 años, Richard Chamberlain deja atrás una carrera ejemplar, llena de logros artísticos, recuerdos inolvidables y un estilo que será recordado por siempre en la historia del entretenimiento.

Por Sebastiana Barráez en Infobae

En la Sala Generalísimo Francisco de Miranda, ubicada en la sede de la Comandancia General de la Armada, se llevará a cabo, el 20 de abril de 2025 a las 10 de la mañana, la audiencia oral para el Consejo de Investigación contra 46 oficiales, entre subalternos y superiores, que han sido citados públicamente por el comandante general de la Armada, Almirante Ashraf Hadi Abdel Suleimán Gutiérrez.

La audiencia, según el comandante general del componente, “guarda relación directa con los expedientes administrativos conformados por sus respectivas Unidades de adscripción” y el Consejo de Investigación ordenado por el ministro de la Defensa, GJ (Ej) Vladimir Padrino López.

El almirante Suleimán Gutiérrez insta a los oficiales, que han sido notificados, mediante tres convocatorias, una el 9 de diciembre 2024, 10 de febrero y 15 de febrero 2025, a comparecer personalmente “asistido de un abogado privado, o en su defecto le será asignado un Defensor Público Militar”.

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) es afectada por un alto número de deserciones entre oficiales y tropa profesional y alistada, principalmente por la politización de la institución castrense y las condiciones económicas que golpean a todos los componentes.

Estos son los oficiales

Los oficiales subalternos, 10 tenientes de Navío, 17 tenientes de Fragata y 17 tenientes de Corbeta, son:

10 tenientes de Navío (TN): Roger José León Pérez, Jhonny Alcides Padrón Aparicio, Roger Antonio Bracho Garia, José Francisco Machado García, Jonathan Enrique Meza Barrios, Ángel Luís Pinto Flores, Sergio Esteban Petit Zabala, y las femeninas Francelys Ariana Flores Sánchez, Yolimar Josefina Camejo De Romero, Luzgreidy Peña Contreras.

17 tenientes de Fragata: Ender Jesús Colmenares Medina, Mirquiades Misiael Romero León, Pablo Gamalier Olivares Zavarce, Harvey Santiago Buitrago Plata, Francisco Javier Rangel Martínez, Jesús Octavio José Moreno Figueroa, Wladimir José Acosta Chirino, Yovanny Gutiérrez Rodríguez, Wilfredo José Mosqueda González, Kelvin Santana Mendoza

Así como siete femeninas: Narly Yerolina Peña Escorche, Krisba Siolimar Rodríguez Adarfio, Oriana Jormari Mendoza Moreno, Yulecxi Carolina Muñoz Rojas, Marlys Del Valle Leonard Quijada, Saraid Maraisa Lozada García y Mayerlin Janeth Farias Aguilera.

17 tenientes de Corbeta: Enmanuel José Fernández Rodríguez, Luis Alberto Tarazona Coiman, Carlos Moisés Uzcátegui Martínez, Alfredo Alejandro Palencia Rojas, Diego Ernesto Silva Romero, Darwin José Suarez Braque, Kleiber Jesús Castellanos Mejías, Michell Del Valle Arias Hermán, Juan Jesús Carrero Chinchilla, Eduardo Simón Londón Belisario, Emirt Rafael Hernández Hernández, Aarón David Rondón Martínez.

Las cinco femeninas son: Katiuska Katherin Labastidas Aldana, Diana Eidanleth Rodríguez Peña, Mileidys Josefina Romero Rengel, Mayra Alejandra Gudino Mejía y Luz Mariela Pérez Abreu.

Aunque la citación no especifica la razón por la cual a cada uno de esos oficiales se les abrió una investigación administrativa, la Armada está caracterizada por el poder naval y es uno de los componentes con menos personal en comparación con otros como el Ejército y la Guardia Nacional que enfrentan miles de deserciones en su personal oficial o de tropa.

Vente Venezuela denunció este domingo la grave situación de salud de Juan Iriarte, su dirigente en Maiquetía, estado Vargas, quien está detenido arbitrariamente en El Helicoide y necesita atención médica urgente.

Por lapatilla.com 

A través de su cuenta en la red social X, Vente Venezuela alertó sobre el deterioro de la salud de Iriarte, quien sufre de varias enfermedades, incluyendo dengue. La organización expresó su preocupación con un mensaje contundente: “No podemos permitir que un hombre trabajador se nos muera en El Helicoide”.

El sábado 29 de marzo, Iriarte fue trasladado a un servicio médico debido a su delicado estado de salud. Sin embargo, desde entonces, no hay información sobre su condición actual. Sus familiares han denunciado que se le ha negado la atención médica especializada que necesita con urgencia.

Yesenia, esposa de Juan Iriarte, hizo un llamado desesperado por su vida. “Mi esposo está enfermo y necesita tratamiento urgente. No sabemos nada de él desde que lo llevaron a servicio médico”, expresó.

Iriarte fue operado del corazón y aún tiene el esternón abierto, lo que lo pone en una situación crítica. Su estado de salud demanda atención inmediata, pero hasta ahora, las autoridades han ignorado los reclamos de su familia y abogados.

Vente Venezuela responsabiliza al régimen por la integridad física de su dirigente y exige que se le brinde la atención médica especializada que requiere. “Alertamos a la comunidad nacional e internacional sobre esta grave situación. La vida de Juan Iriarte está en peligro”, advirtió la organización.

Desde Vente Venezuela exigen una respuesta inmediata de las autoridades para garantizar el derecho a la salud de Juan Iriarte y evitar una tragedia.

Por Eduardo Turrent Mena en Letras Libres

Los agentes de inteligencia artificial amenazan con sustituir a las personas en profesiones enteras. ¿Será necesario adaptarse a un mundo donde pensar ya no será una actividad exclusivamente humana?

Los agentes de inteligencia artificial amenazan con sustituir a las personas en profesiones enteras. ¿Será necesario adaptarse a un mundo donde pensar ya no será una actividad exclusivamente humana?

En el futuro, es posible que no leas esta columna en el sitio web de Letras Libres. En su lugar, tu propio agente de inteligencia artificial te la leerá como parte de un menú personalizado de contenido diario, recomendaciones, decisiones y acciones diseñadas para hacer tu vida más fácil y organizada.

Geoffrey Huntley, un desarrollador de software convertido en defensor de ingenieros jóvenes que intentan abrirse camino en una profesión que muchos consideran en peligro de extinción, lo dijo sin rodeos en una reciente carta abierta dirigida a estudiantes: “la inteligencia artificial ya está aquí… y estás en problemas, a menos que tomes acción”. La advertencia no es catastrofista, sino realista. A lo largo de su carrera, ha vivido en carne propia cómo la industria tecnológica ha atravesado por ciclos de transformación profunda.

Según Huntley, la historia es cíclica y se está repitiendo. Lo que vivimos hoy tiene ecos parecidos al estallido de la burbuja puntocom, cuando miles de recién graduados se quedaron sin empleo de la noche a la mañana. Hoy, la irrupción de la inteligencia artificial está provocando una disrupción similar, solo que más rápida, más profunda y con consecuencias más inciertas.

En medio de ese torbellino distópico, 2025 ha sido bautizado como el “año de los agentes de inteligencia artificial”: asistentes digitales finamente calibrados a los hábitos, gustos y rutinas de los usuarios. No solo seleccionan información relevante; también investigan por ellos, organizan sus días, toman decisiones y –lo más asombroso– empiezan a actuar antes de que el usuario siquiera sepa que es lo que necesita.

Estos agentes no son una realidad lejana. Ya están en fase de prueba, integrados en navegadores, sistemas operativos, entornos de desarrollo y herramientas de productividad. No son el futuro: son el presente en modo acelerado, y están redefiniendo no solo la forma en que se trabaja, sino también el significado mismo del trabajo.

Si esta tecnología alcanza este nivel de sofisticación pronto, no solo transformará la forma en que interactuamos en internet: podría trastocar por completo el modelo actual y amenazar a las empresas que hoy dominan el ecosistema digital.

Por poner un ejemplo realista, imaginemos a una persona que aterriza en San Francisco y necesita llegar del aeropuerto a una cita. ¿Realmente importa si toma un Uber, un Lyft, un taxi tradicional, un Waymo autónomo o cualquier otro servicio de transporte? Probablemente no. Lo que busca es el trayecto más rápido, cómodo y económico.

Ahora bien, ¿y si su agente de inteligencia artificial pudiera encargarse de todo: organizar el viaje, seleccionar el mejor servicio, anticipar retrasos, optimizar la ruta, pagar y confirmar, sin que el usuario tenga que hacer absolutamente nada? Eso no solo transforma la experiencia de movilidad: cambia de raíz la forma en que interactuamos con la información, con los servicios y con el mundo digital –y, como consecuencia, también con el mundo real.

Los más optimistas argumentan que estos agentes actuarán como “colegas digitales” que asumirán tareas repetitivas, procesarán grandes volúmenes de datos y ofrecerán recomendaciones estratégicas. Esto liberará tiempo para que las personas se concentren en actividades más importantes: pensamiento creativo, resolución de problemas complejos, inteligencia emocional y decisiones de alto nivel. Muchos analistas afirman que es probable que en el corto plazo haya disrupciones laborales, pero que el impacto económico a largo plazo podría ser “extraordinario”. Goldman Sachs estima que los agentes de IA podrían impulsar el Producto Interno Bruto global en siete billones de dólares durante la próxima década. Adicionalmente, un estudio de McKinsey proyecta que la inteligencia artificial podría añadir entre 2.6 y 4.4 billones de dólares al año a la economía global, al transformar radicalmente funciones como el servicio al cliente, la ingeniería de software y el marketing.

Estamos entrando en una nueva era de “productividad aumentada y exponenciada”:  cada empleado podría contar con un equipo de agentes que trabaje 24/7 para investigar, redactar, analizar, agendar y optimizar, llevando al individuo de la eficiencia a la capacidad “sobrehumana”. Sam Altman, creador de OpenAI y una de las voces más influyentes en la evolución de la inteligencia artificial, anticipa un punto de inflexión sin precedentes: “se acerca el día en que podremos pedirle a un modelo de IA que resuelva toda la física… y realmente podrá hacerlo”. Más allá del asombro, su afirmación encapsula una verdad inquietante: no estamos solo ante una herramienta poderosa, sino ante una tecnología con potencial para replantear los fundamentos mismos del conocimiento humano.

Pero si los agentes pueden ser asistentes, ¿por qué no también abogados, doctores, maestros o pilotos? ¿Qué ocurrirá cuando ya no sean solo herramientas de productividad, sino entidades capaces de diagnosticar enfermedades, defenderte en un juicio, explicarte álgebra o pilotear un avión con mayor precisión que cualquier humano? Incluso ya existen modelos en fase de entrenamiento que simulan vínculos emocionales. ¿Y si el próximo “mejor amigo” de un adolescente no es un compañero de clase, sino un agente digital que lo conoce mejor que sus propios padres? Ante ese escenario, la pregunta ya no es únicamente económica, sino profundamente humana: ¿qué haremos nosotros cuando los agentes puedan hacerlo todo?

Por lo pronto, las recomendaciones de Huntley para los estudiantes son tan concretas como urgentes. No se trata de volverse experto en cada nueva herramienta que aparece, sino de adoptar una mentalidad de adaptación constante. Recomienda construir proyectos propios –aunque sean simples–y de despliegue continuo, y sobre todo, no depender ciegamente de la inteligencia artificial, sino comprender cómo funciona por dentro. Huntley insiste: el verdadero diferencial no será saber usar IA, sino saber cuándo está equivocada y tener el criterio para corregirla. Además, aconseja desarrollar una presencia pública –un portafolio, un blog, un repositorio de trabajo–, porque en un mundo donde la IA puede escribir, programar y hasta diseñar, la única forma de destacar será demostrar con hechos que sabes pensar y eres creativo. En palabras de Ethan Mollick, académico de Wharton y uno de los principales estudiosos del impacto de la IA en el trabajo: no estás siendo reemplazado por una IA, estás siendo reemplazado por una persona que sabe usarla”.

El autor es fundador de News Sensei, un brief diario con todo lo que necesitas para empezar tu día. Engloba inteligencia geopolítica, trends bursátiles y futurología

Reuters informó el sábado que el gobierno de Estados Unidos notificó a los socios extranjeros de Pdvsa, entre los que se encuentra Eni

La compañía italiana Eni confirmó el domingo que las autoridades estadounidenses le notificaron que ya no se le permitirá recibir el reembolso por la producción de gas en Venezuela a través de suministros petroleros entregados por la estatal venezolana Pdvsa.

Reuters informó el sábado que el gobierno de Estados Unidos notificó a los socios extranjeros de Pdvsa, entre los que se encuentra Eni, la inminente cancelación de las autorizaciones que les permiten exportar petróleo y subproductos venezolanos.

«Eni continúa su compromiso transparente con las autoridades estadounidenses sobre el asunto para identificar opciones que garanticen que los suministros de gas no sancionados, esenciales para la población, puedan ser remunerados por Pdvsa«, dijo la compañía energética italiana en un comunicado.

«Eni siempre opera en pleno cumplimiento del marco de sanciones internacionales», añadió.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha criticado las sanciones, diciendo que equivalen a una «guerra económica».

Acerca de ENI en Venezuela

Eni, la empresa energética italiana, tiene presencia en Venezuela principalmente a través de sus participaciones en proyectos de exploración y producción de petróleo y gas. Su actividad en el país se centra en dos áreas clave:

Proyecto Corocoro: Eni tiene participación en el campo petrolero Corocoro, ubicado en el Golfo de Paria, a través de la empresa mixta Petrosucre, en la que la estatal PDVSA es el socio mayoritario.

Proyecto Perla (Gas Costa Afuera): Junto con la española Repsol, Eni desarrolla el megacampo Perla, ubicado en el Bloque Cardón IV del Golfo de Venezuela, considerado una de las mayores reservas de gas costa afuera de América Latina.

Situación Actual

En los últimos años, la operatividad de Eni en Venezuela se ha visto afectada por las sanciones de EE.UU. y las dificultades del sector energético venezolano.

En 2022, Eni y Repsol recibieron autorización del Departamento del Tesoro de EE.UU. para reanudar la exportación de gas condensado desde Venezuela a cambio de reducir la deuda de PDVSA con estas empresas.

La producción de gas del Bloque Cardón IV sigue en marcha, pero su potencial está limitado por la falta de infraestructura y acuerdos comerciales.

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