Morfema Press

Es lo que es

DBuford

Vía Banca y Negocios

Venezuela podría facturar alrededor de 2.000 millones de dólares por exportaciones petroleras en marzo, debido a que las ventas externas de crudo podrían acercarse a los 800.000 barriles por día (bpd) con un precio promedio de 86 dólares por barril, el más elevado en los últimos años, debido a la crisis del Oriente Medio.

Estos datos corresponden a estimaciones realizadas por los expertos petroleros Juan Szabo y Luis Pacheco en su más reciente Reporte de Análisis Energético, quienes indicaron que el nivel de exportaciones petroleras de Venezuela en marzo supera las metas planificadas.

Sin embargo, los analistas subrayan que «el actual esquema de flujo de ingresos y la fragmentación en la entrega de divisas a través de las subastas programadas por el BCV no han permitido controlar eficazmente el mercado cambiario».

En consecuencia, dejan claro que, en estas circunstancias, un incremento de la factura petrolera no necesariamente incide directa y eficazmente en la dinámica del tipo de cambio, donde persiste una brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo muy elevada.

El gobierno tiene la expectativa de recibir un mayor flujo de fondos adicionales al cierre de marzo, «habida cuenta de que los 500 millones de dólares ya habían sido subastados y los ingresos por ventas se estimaban ser muy superiores a los de los meses anteriores», añadieron los expertos en su reporte energético semanal.

Se espera, además, ver cuál será el impacto que tendrá la Licencia N° 52, emitida por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), que es «una suerte de flexibilización de sanciones que permitiría, solo a compañías domiciliadas en los EE. UU., firmar contratos con PDVSA, bajo ciertas limitaciones en el flujo de los fondos generados».

«Chevron y otras compañías no utilizarían las mesas de dinero de los bancos para pagar los montos correspondientes a regalías y requerimientos operativos. Bajo el nuevo esquema, todo tiene que pasar por las cuentas controladas por el Tesoro norteamericano», añaden los expertos en el área energética.

La data que manejan Juan Szabo y Luis Pacheco apunta que la producción petrolera venezolana sigue en promedios semanales inferiores al millón de barriles por día, en un contexto en el cual se espera un incremento progresivo durante los próximos meses.

Sin embargo, el volumen de inversiones que se necesita para hacer factible una recuperación sostenida del bombeo petrolero nacional ha sido estimada en alrededor de 100.000 millones de dólares, que es la cifra global que maneja el gobierno de Estados Unidos.

Por Guillermo García

En los países dolarizados, los movimientos de la RILD reflejan únicamente una parte de las transacciones externas, pues el sector privado ya no realiza (o no debería realizar) sus transacciones con la intermediación del BRP

En artículos recientes en éste diario, me referí a que en Venezuela sí es viable el establecimiento de un esquema de dolarización plena de su economía y que el Estado contaba con los activos para ello, y presentaba una posible guía y cronograma a seguir.

Igualmente planteaba que dentro de la implementación del nuevo esquema de dolarización plena se puede contemplar el nuevo rol y funciones que debería ocupar y desempeñar el nuevo Banco Central de Venezuela (BCV) bajo el esquema de dolarización.

Funciones y nuevo rol del Banco de la Reserva Patrimonial (BRP)

– Transformar el Banco Central de Venezuela en el Banco de la Reserva Patrimonial de la República, que tendrá como tarea principal administrar un fondo de estabilización monetaria; la regulación de las tasas de interés interna; y encaje legal y el control de la liquidez monetaria a través de un fondo de liquidez.

– Aquellas funciones útiles que desempeña el banco central, como la administración de las reservas, la compensación de pagos y transferencias, la compilación de estadísticas y registros de inflación y la elaboración de análisis económicos serán responsabilidad del nuevo BRP.

– Servir de asesor financiero y de inversión al Ministerio de Finanzas en la reestructuración de deuda externa venezolana con los fondos de inversión y banca internacional tenedores de títulos valores, así como con el FMI, BM, CAF y BID.

– Assset Allocation y manejo del portafolio de inversión de las reservas y patrimonio del BRP

– Servir de asesor financiero y de inversión en los procesos de privatización de activos en poder del Estado.

– Encargado del manejo de recursos del Fondo de Recuperación de Activos producto de la corrupción

– Establecimiento de la Reserva Internacional de Libre Disponibilidad (RILD) En la RILD se registran todos los activos internacionales del Banco de la Reserva Patrimonial (BRP)que tienen la característica de poder convertirse rápidamente en activos líquidos, sin mayores costos o castigos. Este indicador no incluye pasivos, pues constituye la contrapartida de todos los pasivos del BRP, internos y externos.

– En los países dolarizados, los movimientos de la RILD reflejan únicamente una parte de las transacciones externas, pues el sector privado ya no realiza (o no debería realizar) sus transacciones con la intermediación del BRP. (No se convierten bolívares por dólares para transacciones)

– Un primer paso para determinar la cotización de canje de la moneda nacional consiste en calcular este nuevo indicador (RILD), para luego dividir su valor entre todos los pasivos del Banco Central que potencialmente pueden presentarse al canje. Estos pasivos son principalmente: Monedas y billetes emitidos, Depósitos de las entidades financieras (reservas bancarias) Depósitos del sector público, Títulos emitidos por el BCV.

– Establecimiento de una Ley o Resolución sobre Desagio: Descuento sobre el valor nominal de un instrumento financiero o depreciación del tipo de cambio de moneda extranjera. Tasa de interés de títulos valores o de instrumentos de crédito y del mercado monetario.

– Estructurar en conjunto con entes multilaterales la capitalización del sistema financiero nacional para llevarlo a los niveles patrimoniales de la banca latinoamericana.

– Promover que el país se convierta en un centro financiero internacional, incentivando que se establezcan sucursales de los mayores bancos del mundo. Bajo este esquema, el prestamista de última instancia de cada banco sería su propia casa matriz del exterior, conforme ocurre en Panamá.

– La otra alternativa constituye fortalecer la regulación bancaria en base a las mejores prácticas internacionales y, simultáneamente, establecer y asegurar la rápida capitalización de sendos fondos de liquidez y de garantía de depósitos. Para que esta segunda alternativa funcione adecuadamente es necesario cumplir dos requisitos:

– Que la regulación bancaria se encuentre en permanente actualización. (Superintendencia de Bancos Sudeban)

– Que se establezca un adecuado sistema de gobernanza corporativa en la administración de los fondos para asegurar que siempre operen con independencia y solamente buscando el interés de todos los depositantes.

Reitero, en Venezuela es totalmente viable el establecimiento de la dolarización plena con los cambios que se recomiendan. Insistir en establecer los mismos esquemas de estabilización económica y programas de estabilización económica como se han establecido en el pasado en Venezuela y en otros países con crisis, el riesgo de fracaso y tiempo requerido para ver resultados positivos son altos, y no se compaginan con la magnitud de desestabilización de variables inflacionaria y cambiaria, pérdida del poder de compra y deterioro de las estructuras de costo y producción empresariales y crecimiento de la economía vistas en Venezuela.

(*) Asesor Financiero
@asesorfinaciero
titularizadora.tvz@gmail.com
emprendemasoficial1@gmail.com

Vía Wall Streey Journal

Cuando agentes de la DEA trasladaron a Nicolás Maduro a Nueva York en enero para enfrentar cargos de narcoterrorismo, su esposa, Cilia Flores, lo acompañaba.

Con las manos atadas con bridas de plástico, la mujer de 69 años cruzó el helipuerto de Wall Street bajo la atenta mirada de guardias fuertemente armados y francotiradores apostados en las azoteas. Cuando un juez le pidió que se identificara en la corte, Flores respondió: «Soy la primera dama de la República de Venezuela».

De hecho, Flores era presuntamente una jefa del crimen, perseguida durante años por unidades de la DEA supervisadas por fiscales federales en Nueva York y Florida. Una acusación federal, revelada el día en que comandos estadounidenses sacaron a Flores y Maduro de su habitación en Caracas, la acusaba de conspirar con altos funcionarios venezolanos para introducir de contrabando cientos de toneladas de cocaína en Estados Unidos, aceptar sobornos para permitir vuelos de narcotráfico y ordenar asesinatos.

La acusación ofrecía pocos detalles sobre Flores. Sin embargo, una serie de casos anteriores que involucran a sus familiares, junto con entrevistas a investigadores y antiguos colaboradores, dibujan la imagen de una política sumamente ambiciosa que, operando en gran medida fuera del ojo público, ascendió desde un barrio pobre hasta convertirse en una de las principales artífices del control del poder que su esposo ejerció durante 13 años.

Allí, cultivó una organización criminal familiar conocida en Venezuela como “El Jardín de Flores”, un juego de palabras con su apellido. Según los registros judiciales y antiguos socios, recompensó a una red de familiares con rutas de narcotráfico, contratos estatales e impunidad. Su nombre le abrió las puertas a lucrativos negocios con la petrolera estatal venezolana y permitió a sus familiares transportar cargamentos de droga desde el hangar presidencial del aeropuerto internacional de Caracas. Pocos se atrevían a desafiarla.

En una comparecencia ante un tribunal federal de Nueva York el 5 de enero, Flores se declaró inocente y afirmó ser “completamente inocente”. Su abogado estadounidense, Mark Donnelly, declaró: “Esperamos revisar y refutar las pruebas que tiene el gobierno”.

El gobierno estadounidense ha sancionado a una docena de sus familiares a lo largo de los años por presunta corrupción y narcotráfico, incluyendo a su hermana, tres hijos de un matrimonio anterior y un sobrino considerado el cerebro financiero de la familia. Agentes de la DEA detuvieron a otros dos sobrinos en Haití en 2015 durante un intento de transacción de cocaína que, según ellos, tenía como objetivo financiar la campaña política de Flores. Su propio hermano ayudó a gestionar el envío, según informó un informante a la DEA.

Funcionarios del gobierno venezolano y miembros de la familia Flores no respondieron a las solicitudes de comentarios o no fue posible contactarlos.

Abogada de profesión, Flores fue una de las primeras seguidoras del Movimiento Revolucionario Bolivariano socialista de Hugo Chávez, a quien defendió cuando fue encarcelado tras el intento de golpe de Estado de 1992. Ascendió rápidamente una vez que Chávez tomó el poder, presidiendo el parlamento y desempeñándose como fiscal general hasta la muerte de Chávez en 2013 y la llegada de Maduro al poder.

Mientras su esposo supervisaba el colapso económico del país, el sistema de clientelismo familiar de Flores floreció.

Tras su captura, la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, ocupó su puesto vacante con la aprobación del gobierno de Trump. Rodríguez ha intentado congraciarse con Trump aceptando abrir las enormes reservas petroleras de Venezuela a inversionistas estadounidenses, pero el sistema que Flores ayudó a construir permanece prácticamente intacto.

Sistema de impunidad

Hija de un vendedor ambulante, Flores creció en la modestia de las colinas de bloques de cemento de Catia, un barrio humilde del oeste de Caracas.

«Eran personas muy, muy, muy humildes», dijo Andrés Izarra, ministro durante el gobierno de Chávez, en una entrevista.

En ese mismo barrio, Flores crió a tres hijos con su primer esposo, Walter Gavidia, un detective de policía. Su casa estaba llena de otros familiares. Entre ellos se encontraban dos sobrinos que la DEA detendría más tarde: Efraín Campo Flores y Franqui Flores de Freitas, ambos criados por Flores tras la muerte de una de sus hermanas.

«El amor a la familia», dijo Flores en un podcast, «es lo más importante».

Flores ha afirmado que descubrió su «vocación revolucionaria» durante los disturbios de Caracas de 1989. Tras el fallido golpe de Estado de Chávez, Flores pasó horas con él en la prisión de Yare, un complejo penitenciario superpoblado a las afueras de la capital, elaborando planes para Venezuela en el nuevo siglo. Cuando Chávez recibió el indulto presidencial, se convirtió en una de sus asesoras más cercanas.

En una de esas visitas a la prisión, Maduro, un líder sindical que asesoraba a Chávez, le guiñó un ojo. Surgió un romance.

Tras la aplastante victoria de Chávez en las elecciones presidenciales de 1998, Flores contribuyó a la reforma constitucional y formó parte de la nueva Asamblea Nacional. Fue la única de sus colaboradores que lo llamaba Hugo, o simplemente el «tú» informal.

Esta cercanía se tradujo en un poder real. Había comenzado su carrera como taquígrafa en el equivalente venezolano del FBI, donde forjó estrechos lazos con fiscales y abogados y adquirió un profundo conocimiento de las bandas de narcotraficantes, según Zair Mundaray, exfiscal venezolano con larga trayectoria. Su nombramiento como presidenta de la Asamblea Nacional en 2006 le otorgó un papel central en la selección de jueces, especialmente magistrados del Tribunal Supremo.

Estos cargos la situaron en el centro del surgimiento de Venezuela como importante centro de narcotráfico, parte de una estrategia de Chávez para desafiar a su rival político, George W. Bush, inundando Estados Unidos con cocaína, según una declaración jurada de la DEA.

Mientras otros autodenominados revolucionarios del gobierno de Chávez se enriquecían a costa del derroche de gasto público, Flores encontró su propio nicho de mercado: influir en las investigaciones criminales, según personas que trabajaron con ella.

Se convirtió en «la artífice de un sistema de impunidad» en torno al narcotráfico, declaró Mundaray a The Wall Street Journal. «Esta sensación de seguridad, la posibilidad de traficar y operar sin consecuencias legales, se debe a Cilia Flores».

Según la acusación estadounidense, Flores aceptó cientos de miles de dólares en sobornos para facilitar una reunión en 2007 entre un importante narcotraficante y el director de la oficina antidrogas de Venezuela. El narcotraficante supuestamente acordó un pago mensual al director, más 100.000 dólares por cada vuelo de droga, una parte de los cuales iba a parar a Flores.

La corrupción llegó a las calles, donde las fuerzas policiales que Flores ayudó a dirigir operaban como bandas de narcotraficantes, según Martín Rodil, un venezolano que trabajó como contratista de la DEA. Cuando los agentes capturaban a narcotraficantes ajenos a su alianza, Rodil y exfuncionarios venezolanos afirmaron que les confiscaban la droga y la vendían.

«Porque es un Flores»

Flores comenzó a sembrar su propio jardín a medida que ganaba poder.

Repartió más de una docena de cargos parlamentarios entre hermanos, primos, cuñados e incluso su exmarido Gavidia, según informó en su momento el sindicato de la Asamblea. Su hermano Bladimir Flores fue nombrado jefe de seguridad del Parlamento antes de convertirse en inspector general del FBI venezolano. Otro sobrino, Carlos Malpica Flores, administraba las finanzas de la Asamblea, un primer paso para hacerse cargo de las finanzas familiares.

En 2008, el diario venezolano El Nacional publicó una carta escrita por trabajadores parlamentarios que instaban a Chávez a «combatir la corrupción» que Flores estaba fomentando. “La Asamblea Nacional cambió de nombre. Ahora se llama ‘El Jardín de las Flores’”, decía la carta. El apodo se popularizó.

Flores defendió los nombramientos de sus familiares, declarando a la prensa: “Me enorgullece que sean mi familia”.

Fuera del Parlamento, sus tres hijos, Walter, Yosser y Yoswal, conocidos como “Los Chamos” —término coloquial para referirse a los jóvenes—, comenzaron a recibir sobornos ayudando a empresarios a obtener contratos gubernamentales, según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que posteriormente los sancionó. El mayor, Walter, era juez en Caracas, siguiendo los pasos de su madre en la abogacía.

Los hijos organizaban fiestas ostentosas en mansiones frente al mar y a bordo de yates, utilizaban aviones del gobierno para viajar al extranjero y transportaban cajas de billetes de dólares entre sus casas en jeeps militares, según personas cercanas a la familia. Flores impidió que se investigaran sus actividades, añadieron estas personas.

Cuando Maduro reemplazó a Chávez en 2013, Flores se autoproclamó su «Primera Combatiente». Renunció a su cargo de fiscal general, pero acumuló aún mayor influencia como mano derecha de Maduro, con la capacidad de dirigir políticas y distribuir favores sin restricciones.

Su sobrino Malpica fue ascendido a los cargos de tesorero nacional y director financiero de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela (PdVSA), lo que le otorgó el control de una vasta cartera de gasto público. Circularon fotos de Malpica brindando por sus nombramientos con botellas de Dom Pérignon en una discoteca de la lujosa isla caribeña de San Bartolomé.

A mediados de 2015, los otros sobrinos de Flores, Efraín Campo y Franqui Flores, de 28 y 30 años respectivamente, intentaron unirse a su primo mayor en el mundo de los grandes negocios. Ambos ya eran cómplices, intercambiando historias del hampa caraqueña por WhatsApp. Según las transcripciones presentadas posteriormente por la fiscalía, hablaron del desmembramiento de un conocido, la compra de una subametralladora Uzi y un atentado con bomba en una gasolinera, que, según Campo, enfureció a su tío Bladimir, inspector general de policía.

Ambos le propusieron a Malpica un plan para que aprobara pagos a empresas a las que PdVSA les debía dinero a cambio de comisiones. El plan dependía de la influencia de Malpica dentro de la petrolera. En agosto de ese año, Campo le envió un mensaje a un socio comercial para decirle a un cliente potencial que Malpica era «actualmente la máxima autoridad allí. Porque es un Flores».

Pero Malpica se negó a colaborar. Así que Campo y Franqui Flores recurrieron a otro negocio familiar: el narcotráfico.

Por Jorge Pérez

Sobre las informaciones que han estado circulando recientemente en las redes sociales y en algunos medios como Red Digital Noticias acerca del sistema eléctrico venezolano, es importante aclarar dos puntos que son completamente falsos o, en el mejor de los casos, producto del desconocimiento.

En primer lugar, es incorrecto que una supuesta delegación de Siemens o GE haya visitado la Central Hidroeléctrica de Guri con instrucciones externas para evaluar la recuperación de las centrales hidroeléctricas. Estas empresas no estuvieron en Guri. Las visitas que se han realizado recientemente están relacionadas con la revisión de centrales termoeléctricas ubicadas en zonas petroleras del Zulia y del Oriente del país (Monagas y Anzoátegui), donde históricamente la mayoría de las unidades de generación instaladas son precisamente de tecnología Siemens y GE.

En el caso específico de las centrales hidroeléctricas del bajo Caroní, la realidad tecnológica es distinta. Las principales unidades generadoras fueron fabricadas por diversas empresas: en Guri (Simón Bolívar) predominan equipos Hitachi (Japón); en Macagua I, Voith (Alemania); en Macagua II y III, Hitachi Mitsubishi Hydro; en Caruachi, GE Hydro; y en Tocoma, IMPSA (Argentina). Además, es importante destacar que la antigua división GE Hydro ya no pertenece a GE, ya que fue adquirida hace años por ANDRITZ, una empresa europea líder en el sector hidroeléctrico. Por lo tanto, no tiene sentido técnico afirmar que GE tendría algún rol directo actual en Guri.

Estas recientes interacciones con Siemens y GE responden más bien a un proceso de acercamiento para atender deudas acumuladas por el Estado venezolano desde aproximadamente 2014, cuando durante la gestión de Jesse Chacón se rompieron las relaciones con estas compañías. Esta ruptura, sumada a la alta dependencia tecnológica del sistema eléctrico nacional sin transferencia de conocimiento, fue un factor que contribuyó significativamente al deterioro operativo del sistema.

En segundo lugar, también es falsa la afirmación de que “los chinos fueron sacados de Guri”. La realidad es que desde 2018 no hay presencia de empresas chinas en esa central. Su participación correspondía a un contrato para la rehabilitación de las unidades 1 a 6 de Casa de Máquinas I, pero dicho proyecto se paralizó debido a la suspensión de pagos desde 2016.
Es importante aclarar que estas empresas chinas no llegaron a intervenir directamente las unidades. A diferencia de otros contratistas como el Consorcio Eurobras y Alstom, que sí dejaron unidades intervenidas pero inconclusas y fuera de servicio, los chinos solo avanzaron en la fabricación de componentes para las unidades 1 y 2. Dichos equipos nunca fueron entregados y permanecen almacenados en China debido al incumplimiento de pagos por parte del gobierno nacional.

Asimismo, dejaron en Guri infraestructura asociada al proyecto —como campamentos, oficinas, almacenes, viviendas y comedores— que quedaron a medio terminar.

En conclusión, ambas informaciones que están circulando carecen de sustento técnico y factual. Lo que realmente está ocurriendo responde a dinámicas mucho más complejas vinculadas a deudas acumuladas, dependencia tecnológica y la necesidad de reestablecer relaciones con fabricantes clave para cualquier eventual proceso de recuperación del sistema eléctrico nacional.

Vía BBC

En 1776, el escocés Adam Smith publicó «Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones» que no sólo explicó la economía, sino que la transformó.

Fue un éxito instantáneo, cambió la forma en que entendemos la prosperidad, y se convirtió en la piedra angular de la literatura económica moderna.

Abreviado a «La riqueza de las naciones», el libro desató debates que aún siguen acalorados, y moldean desde el comercio global hasta cuánto ganas.

Políticos de todas las tendencias han reivindicado partes del legado de Smith.

La ex primera ministra Margaret Thatcher, ícono de la derecha británica, supuestamente llevaba un ejemplar de la obra en su bolso. Más tarde, el primer ministro laborista Gordon Brown también lo elogió.

Los miembros de la administración republicana de Ronald Reagan en Estados Unidos se ponían corbatas con la imagen de Adam Smith como una declaración de principios.

Años después, el demócrata Barack Obama lo citó.

«Fue Adam Smith, el padre de la economía de libre mercado, quien dijo en una ocasión: ‘Quienes alimentan, visten y dan alojamiento a toda la sociedad deberían recibir una parte del fruto de su propio trabajo que les permita estar razonablemente bien alimentados, vestidos y alojados’.

«Y para quienes no están familiarizados con ese inglés antiguo [sic], permítanme traducirlo: significa que, si trabajas duro, deberías poder vivir decentemente».

Quizás esa sea la marca de un clásico: una obra que sigue siendo fértil para quienes la invocan a lo largo de las épocas, a pesar de las diferencias de perspectivas y entornos.

Dos siglos y medio después, «La riqueza de las naciones» no ha sido relegado a los estantes de Historia: se sigue leyendo, citando y, sobre todo, disputando.

La pregunta es por qué.

«La riqueza de las naciones» es uno de esos clásicos que muchos conocen o citan, pero no tantos han leído.

Sin embargo, en sus páginas Adam Smith introdujo conceptos que no sólo suenan familiares sino que siguen marcando la economía moderna.

Empieza, por ejemplo, con la división del trabajo, algo que ilustra famosamente con «una manufactura muy insignificante», dice: «el oficio de fabricante de alfileres».

Había observado que «un obrero no educado en este oficio (…) difícilmente podría, quizás, con su máxima diligencia, hacer un alfiler en un día».

«Pero en la forma en que se lleva a cabo este negocio ahora (…) la importante tarea de fabricar un alfiler se divide en unas 18 operaciones distintas» y, según cuenta, había visto fábricas en las que aunque sólo trabajaban 10 personas e incluso si la maquinaria era deficiente, podían fabricar «entre todas más de 48.000 alfileres al día».

Y nota algo valioso: «Una gran parte de las máquinas utilizadas en aquellas industrias donde el trabajo está más subdividido, fueron originalmente inventos de obreros comunes».

La innovación surge a menudo de la creatividad de la gente que está directamente en contacto con el problema.

Smith lo ilustra con un ejemplo que parece sacado de un cuento: con las primeras máquinas de vapor, un niño era empleado para abrir y cerrar constantemente la válvula que conectaba la caldera con el cilindro; su única tarea, todo el día.

Aburrido, ató una cuerda a la válvula para que se abriera y cerrara sola, y se fue a jugar con sus amigos. Smith lo llamó uno de los mayores avances de la máquina desde su invención.

La división del trabajo no es la única idea que aún resuena: el líbro habla también de la importancia del libre comercio, aunque con límites para proteger la equidad.

Smith no inventó literalmente la expresión «libre comercio», pero sí fue uno de los primeros en sistematizar la teoría económica que la sustenta.

La frase como política concreta y término general se popularizaría después, especialmente en el siglo XIX, con los debates sobre aranceles en Reino Unido y Estados Unidos.

Sin embargo, en su libro, defendió la eliminación de restricciones comerciales y el beneficio del comercio entre naciones, para permitir que cada nación produzca lo que mejor sabe hacer y acceda a lo que no produce.

También advirtió sobre los peligros de la concentración de riqueza y los monopolios.

Y dejó esa imagen que cautivó a generaciones: ‘la mano invisible’, la idea de que quien busca su propio beneficio puede, sin proponérselo, contribuir al bien común.

Curiosamente, aunque esa metáfora se ha mencionado innumerables veces en los últimos dos siglos y medio, Smith la usó una sola vez, y su contexto original era mucho más matizado que el de hoy.

Argumenta que los comerciantes, al preferir invertir cerca de casa, benefician a su país sin pretenderlo. Y, en ese mismo pasaje, deja ver su escepticismo hacia quienes invocan el bien común como justificación: «Nunca he sabido que quienes dicen comerciar por el bien público hayan hecho mucho bien».

Fue el siglo XX quien tomó esa metáfora modesta y la convirtió en una ley.

Por supuesto, dice mucho más. La épica de casi mil páginas de Smith no es fácil de resumir, pero sus ideas clave siguen resonando hoy en día.

Pero no podemos dejar fuera una que puede parecer simple pero es radical: para él, la riqueza de una nación no residía en el oro que tiene en sus arcas, ni en la fortuna de unos pocos privilegiados, sino en el nivel de vida de su población.

Era 1776, y ya articulaba lo que el mundo tardaría un siglo en intentar construir: el bienestar social.

Radical

«Creo que sus ideas son radicales para la época, y creo que él estaba consciente de ello», declaró Craig Smith, profesor de Historia del Pensamiento Político en la Universidad de Glasgow, la misma universidad que Adam Smith dirigió.

Desde ese edificio que lleva el nombre del famoso escocés, Smith el moderno lleva décadas estudiando a Smith el clásico.

«Calificó el libro como un ataque muy violento a todo el sistema comercial británico. Y si lo piensas, eso es más o menos lo que hizo», añadió, en conversación con Rob Young en el programa de la BBC Business Daily.

La obra, explica, criticaba a las grandes corporaciones comerciales, como la Compañía de las Indias Orientales, por ser perjudiciales para Reino Unido.

Cuestionaba la expansión imperial y las colonias cuando venían acompañadas de monopolios comerciales. Arremetía contra la Iglesia, contra las universidades, contra prácticamente cada elemento del orden establecido en su época.

¿Por qué entonces no se le recuerda como un pensador radical?

«Parece haber logrado algo bastante raro en la historia de las ideas: presentar una serie de argumentos muy radicales de una manera tan cuidadosa y respaldada por evidencia empírica, que no le parece al lector tan radical como realmente es».

Una vez publicado el libro, se volvió famoso de inmediato, y muchos políticos empezaron a citarlo y a declararse seguidores de Smith.

Pero, señaló el historiador, las políticas respecto a muchas de las cosas que Smith criticaba con dureza simplemente continuaron como antes.

«Fue solo entrado el siglo XIX cuando el libre comercio comenzó a ganar terreno como agenda política concreta».

A Adam Smith a menudo se le llama el padre de la economía o el padre del capitalismo pero, ¿se le puede asignar la responsabilidad por la economía globalizada de hoy en día?

«Es una pregunta difícil», respondió Craig Smith.

Lo que Smith hizo, aclaró, fue proveer herramientas analíticas para entender cómo funciona una sociedad comercial.

«Una vez que tienes esas herramientas, puedes desarrollar mejor los tipos de estrategias para las empresas y las diferentes políticas para los gobiernos.

«Pero no creo que viera ‘La riqueza de las naciones’ como una especie de plan para el capitalismo global».

De hecho, el término «capitalismo» tardaría décadas en aparecer y sólo se popularizaría a principios del siglo XX.

«Creo que Smith esperaba que su libro proporcionara una comprensión más clara, una comprensión científica de cómo funciona la economía política y que, como resultado, la gente no fuera sujeta a teorías falsas ni se dejara persuadir por los argumentos interesados de ciertos actores económicos poderosos», señaló el profesor.

Esa esperanza sigue siendo, en gran medida, una aspiración.

«Disfrutarás leyéndolo»

Adam Smith se autodescribía como un filósofo moral.

Su obra, aunque escrita para un público interesado, no era para uno especializado: no tiene jerga incomprensible sino relatos de lo que observó y constancia de lo que pensó y analizó sobre el mundo que le rodeaba.

Ese mundo estaba en plena ebullición.

Como señala el economista Robert Reich, el antiguo orden de la Iglesia y la prerrogativa real estaba cediendo terreno a una idea completamente nueva: que las sociedades existían para las personas que las integraban.

No es casualidad que el libro apareciera en 1776, el mismo año en que los estadounidenses se declararon independientes con derecho natural a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Los grandes pensadores de la Ilustración daban por sentado que los individuos se esforzarían por mejorar sus vidas, no por egoísmo, sino porque esa es la motivación fundamental de todo ser humano. Una buena sociedad, entonces, era aquella que lo permitía.

Las ideas de Smith encajaban a la perfección con esa nueva concepción.

Lo que él observó fue un capitalismo industrial apenas naciente. No podía prever la magnitud de la transformación que ese sistema experimentaría en los siglos siguientes.

El tiempo, sin embargo, no lo ha archivado.

En 2023, la economista Gita Gopinath -entonces subdirectora del FMI (Fondo Monetario Internacional), hoy de regreso en Harvard- dio una conferencia en la Universidad de Glasgow comparando la inteligencia artificial con la Revolución Industrial que Smith presenció en vida.

Resaltó que la IA «podría cambiar nuestras vidas de maneras espectaculares, y posiblemente existenciales. Podría incluso redefinir lo que significa ser humano».

Añadió que Smith, dado su interés en una economía que beneficiara a todos, probablemente también habría tenido sus reservas: «La mano invisible sola puede no ser suficiente para garantizar beneficios amplios para la sociedad».

Apropiadamente, Gopinath tituló su conferencia «El poder y los peligros de la mano artificial».

Un hombre del siglo XVIII que nunca usó la palabra capitalismo, que se consideraba filósofo y no economista, que escribió sobre fabricantes de alfileres y un niño aburrido junto a una máquina de vapor, sigue siendo la referencia obligada cuando la humanidad enfrenta sus mayores transformaciones.

Esa, quizás, es la mejor definición de un clásico.

Así que probablemente vale la pena seguir el consejo que Craig Smith dio en un video de la Universidad de Glasgow con motivo del 250 aniversario del libro:

«Toma ese ejemplar polvoriento de ‘La riqueza de las naciones’ que ha estado en tu estante desde que eras estudiante universitario… léelo… disfrutarás leyéndolo».

El crucial oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, que evita el Estrecho de Ormuz, está bombeando petróleo a su capacidad máxima de 7 millones de barriles diarios, según una persona familiarizada con el asunto.

Este hito técnico representa la culminación del plan de contingencia de larga data del reino para mantener el flujo de crudo tras el cierre efectivo de su principal ruta de exportación. Flotillas de petroleros han sido redirigidas al puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, para recoger el combustible, proporcionando un salvavidas vital para el suministro global.

Cifras clave del flujo energético

  • Exportaciones de crudo vía Yanbu: ~5 millones de barriles diarios.
  • Productos refinados: Entre 700,000 y 900,000 barriles diarios.
  • Uso interno: De los 7 millones que pasan por el oleoducto, 2 millones se destinan a refinerías saudíes.

Aunque la ruta de Yanbu compensa parcialmente el impacto del cierre de Ormuz —por donde pasaban unos 15 millones de barriles diarios antes de la guerra—, el bypass es una de las razones por las que los precios del petróleo no han alcanzado los máximos de crisis vistos en choques de suministro anteriores.

Nuevas amenazas en el horizonte

Con el anuncio de los hutíes de Yemen sobre su entrada en la guerra, la preocupación del mercado es que el Mar Rojo se convierta en un nuevo frente de conflicto. Si bien no han indicado ataques directos contra petroleros que transitan por el estrecho de Bab El-Mandeb, anteriormente han amenazado la navegación en la zona con drones y misiles.

Arabia Saudita, que históricamente ha sido el proveedor de última instancia y cultiva una reputación de confiabilidad, se preparó durante décadas para el peor escenario: el cierre de Ormuz. El reino puso en marcha su plan de contingencia a pocas horas de los primeros ataques de EE. UU. e Israel contra Irán, y desde entonces ha incrementado los envíos de este a oeste.


Dato histórico: El oleoducto recorre más de 1,000 kilómetros a través de la Península Arábiga. Es un subproducto de la guerra entre Irán e Irak en los años 80, aunque aquel conflicto no alcanzó el nivel del cierre casi total que se vive actualmente.

El dirigente político Juan Pablo Guanipa envió un mensaje al presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), Elvis Amoroso, donde lo calificó de «sinvergüenza». El ex preso político destacó la urgencia que hay en el país de cambiar a los rectores del órgano electoral.

«No podemos ir a una elección con ese sinvergüenza allí. Hermano Amoroso, vos sos un sinvergüenza. Si me estáis viendo: Vos sois un sinvergüenza, te prestaste para robarte las elecciones del 28 de julio de 2024», sentenció.

Durante un mitin de Primero Justicia en el estado Nueva Esparta, insistió: «Necesitamos cambiar el Consejo Nacional Electoral. Amoroso, vais pa’ fuera».

Mensaje de Guanipa a Amoroso

Amoroso es señalado como uno de los responsables del fraude electoral ejecutado tras las elecciones presidenciales de 2024. Ante esto, Guanipa lo calificó de «sinvergüenza» y aseguró que no tendrá espacio en una Venezuela democrática.

«¿Y saben por qué se va? Por inmoral, por sinvergüenza, por eso se va», sentenció el político zuliano. Asimismo, agregó: «(Amoroso) Se va porque se prestó a presentarle al país un resultado electoral falso».

Es de recordar que por el momento no hay indicios de que la expulsión de Amoroso y otras autoridades del CNE se produzca pronto. Además, aunque la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, admitió que deben celebrarse elecciones presidenciales, aún no se tiene una fecha establecida.

Vía El Pregón

Copei protestó al este de Caracas por «un CNE transparente» y que permita verificar los resultados de las elecciones. Freddy Superlano, dirigente nacional de Voluntad Popular, afirmó que «sería una grosería ir por una elección, una estupidez del tamaño que usted se imagine, con (Elvis) Amoroso como presidente del CNE». Desde Proyecto Venezuela “La Fuerza que une”, hay que hablar de elecciones al tener seguridad de un CNE creíble y no tramposo.

Los partidos Voluntad Popular, Proyecto Venezuela y Copei ODCA exigieron el nombramiento de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), que sea producto de un gran y serio acuerdo y que «sirva a todos los venezolanos».

En una protesta en la urbanización El Marqués, (municipio Sucre, estado Miranda), militantes de Copei recordaron que el CNE «es la piedra angular de la democracia», por lo que debe ser un «árbitro» que «genere confianza, que sea transparente».

«Un CNE que sirva a todos los venezolanos dentro y fuera del país, para que todos puedan ejercer su derecho al sufragio sin ningún tipo de impedimentos», enfatizó Wilman Villegas, miembro de la dirección nacional de Copei ODCA.

Villegas señaló que los resultados de las elecciones deben poder ser comprobados «papeleta por papeleta y mostrar las actas electorales una vez terminado el comicio. No puede pasar lo que pasó el 28 de julio de 2024 que nunca se publicaron las actas».

La oposición agrupada bajo la Plataforma Unitaria, a la cual pertenecen Copei, Proyecto Venezuela, La Causa R, Convergencia, Acción Democrática, Encuentro Ciudadano, La Causa R y Voluntad Popular, desconoce los resultados de las presidenciales de 2024 tras asegurar que, con base en las actas recogidas, la victoria total fue de Edmundo González con más del 74% de los votos.

Freddy Superlano, dirigente nacional de VP, señaló que nadie puede ir a una elección «con los mismos que publicaron un resultado que a ellos les dio la gana el día de la elección. Sería una grosería ir por una elección, una estupidez del tamaño que usted se imagine, con (Elvis) Amoroso como presidente del CNE».

En una actividad en Barinas, calificó de «sinvergüenzas» a los rectores del CNE y, por tanto, insistió en que deben ser cambiados al igual que fiscales del Ministerio Público, jueces y otros funcionarios.

También increpó la defensa que hace el oficialismo sobre Nicolás Maduro, capturado el pasado 3 de enero junto a su esposa durante un ataque militar estadounidense. «Mientras metía gente presa y habían familias sufriendo afuera de las cárceles porque le habían metido preso a su hijo por pasar por un sitio, por ser testigo electoral… metían a la gente presa y salían a bailar a las plazas públicas del país a decir que dormían como bebecitos. Vamos a ver cómo c*** están durmiendo ahorita en las mazmorras de Estados Unidos».

Por Salvador Bracho en DDC

Delcy Rodríguez enfrenta un escenario que revela las limitaciones estructurales heredadas de la larga permanencia del chavismo en el poder.

A 12 semanas de la captura y extracción de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, el Gobierno encabezado por la presidenta interina Delcy Rodríguez enfrenta un escenario que revela las limitaciones estructurales heredadas de la larga permanencia del chavismo en el poder. La realidad tercamente se impone sobre expectativas y anuncios.

Pese al respaldo explícito de la Administración Trump a Delcy Rodríguez como jefa de Estado y la promesa de la Casa Blanca de que se movilizarían hasta 100.000 millones de dólares para reactivar la industria petrolera, en la práctica entre las grandes petroleras estadounidenses ha terminado por imperar la cautela.

En paralelo, los venezolanos parecen haberse sacudido el miedo, y esto se manifiesta con un malestar social que se intensifica: un salario mínimo irrisorio congelado desde hace cuatro años, protestas crecientes de trabajadores y jubilados, y el anuncio de un plan de racionamiento eléctrico que confirma el retorno de los apagones prolongados y diarios.

Sin inversiones que revivan un sector petrolero devastado por décadas de control político, estatizaciones forzadas y corrupción endémica, el Ejecutivo carece del músculo financiero para atender las demandas más urgentes de la población. Una vez más, la realidad se impone sobre las expectativas de que, aunque sin elecciones, habría algo de prosperidad en Venezuela.

El sector hidrocarburos, que históricamente representó más del 90% de los ingresos fiscales y divisas del país, sigue en ruinas. Venezuela posee las mayores reservas probadas del mundo, pero su producción se encuentra muy por debajo de los 3,1 millones de barriles diarios que registraba antes de la llegada de Hugo Chávez en 1999.

La infraestructura está obsoleta o destruida y los analistas coinciden en que se requiere una inversión de al menos 100.000 millones. Aunque la líder opositora María Corina Machado sostuvo que, en verdad, serían 150.000 millones de dólares en diez años, con lo cual podría haber un rebote a cinco millones diarios de barriles de crudo desde la cifra actual: un millón.

Venezuela fue tema central esta semana en una conferencia energética celebrada en Houston, a la que asistió María Corina Machado y en la que los principales ejecutivos de las petroleras estadounidenses hicieron públicas sus aprehensiones sobre el escenario de un regreso masivo de  inversiones a Venezuela.

Las señales de las grandes compañías no son alentadorasChevron, la única petrolera occidental que mantuvo operaciones limitadas incluso bajo las sanciones, fue clara. Su presidente ejecutivo, Mike Wirth, reconoció «signos de progreso» en las primeras semanas del año, pero advirtió que la flamante reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos resulta insuficiente.

«Para realizar grandes inversiones se necesitan más cambios en las leyes», sentenció. Y exigió mayor seguridad jurídica, acceso pleno al arbitraje internacional y garantías a largo plazo que reduzcan la discrecionalidad estatal.

Un día después, en la misma conferencia, ConocoPhillips endureció el tono. Su presidente ejecutivo, Ryan Lance, calificó la reforma como «lamentablemente insuficiente». La empresa, expropiada por el chavismo en 2007 cuando Hugo Chávez era presidente, exige el pago previo de una deuda de unos 12.000 millones de dólares antes de considerar nuevas inversiones de exploración y perforación.

«Sin cambios profundos en el marco tributario y legal, resulta poco atractivo para las grandes empresas considerar nuevos proyectos», afirmó Lance. ExxonMobil, por su parte, fue aún más rotundo: su CEO Darren Woods declaró que Venezuela «es un país donde no se puede invertir», aunque un equipo evalúa la situación sobre el terreno.

Este escepticismo no surge en el vacío. Es el saldo de más de dos décadas de políticas chavistas: estatizaciones arbitrarias, control político sobre PDVSA, corrupción sistémica y falta de mantenimiento que convirtieron a la joya de la economía de Venezuela en un esqueleto.

En tanto, analistas advierten que acuerdos firmados por el Gobierno interino podrían ser cuestionados por futuras administraciones, dado que la legitimidad de Delcy Rodríguez no está dada por una votación popular.

Sin ese flujo de inversiones, el Gobierno interino no tendrá recursos para responder al creciente malestar social. El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) registró en febrero 599 protestas, un aumento del 252% respecto al mismo mes del año anterior. Un promedio de 20 manifestaciones diarias. El 71% de ellas respondió a demandas civiles y políticas —liberación de presos y garantías de libertades—, pero el 29% se centró en derechos económicos y sociales: salarios dignos, condiciones laborales y servicios básicos como electricidad y agua.

El salario mínimo, congelado desde marzo de 2022 en 130 bolívares —equivalentes a unos 28 centavos de dólar—, se ha convertido en un «sueldo de hambre», según denuncian trabajadores y jubilados. El pasado 23 de marzo hubo manifestaciones de protesta, coordinadas, en Caracas y en 21 de las 23 capitales provinciales de Venezuela.

A este descontento se sumó el anuncio, el 22 de marzo, de un plan de racionamiento eléctrico por parte de Delcy Rodríguez. El retorno de los apagones prolongados y diarios (herencia de la destrucción del sistema eléctrico bajo el chavismo, con fallas crónicas en la generación termoeléctrica y la red de transmisión) ha obligado al Ejecutivo a reconocer la crisis. Sin embargo, el plan oficial ha generado desconcierto: no incluye un cronograma claro ni mecanismos para que la población se prepare, lo que agrava la incertidumbre en hogares y comercios ya golpeados por la falta de servicios básicos.

A 12 semanas del cambio de poder en Caracas, el balance es claro: el respaldo de Trump y el optimismo inicial de los mercados chocan contra la inercia de un modelo que destruyó las bases productivas del país. El chavismo legó, no solo ruinas físicas, sino una cultura de discrecionalidad estatal, desconfianza contractual y clientelismo que hoy obstaculiza la recuperación.

Sin seguridad jurídica creíble, sin pago de deudas pendientes y sin un marco que convenza a los inversores de que los acuerdos serán respetados más allá de un Gobierno interino, las grandes petroleras prefieren esperar. Y mientras esperan, la población paga el costo: salarios de miseria, protestas crecientes y un racionamiento eléctrico que recuerda los peores momentos de la crisis.

El Gobierno de Delcy Rodríguez topó con la realidad.

Por Benjamín Tripier

La situación venezolana es dura, pero no es absurda ni sin salida: es exactamente lo que es: Inflación muy alta, salarios formales casi simbólicos, servicios deteriorados y un país que depende de remesas para que millones puedan comer, conviven con alivios parciales de sanciones, interés creciente en la inversión petrolera y una sociedad que ha aprendido a sobrevivir con emprendimientos, dolarización de facto y redes locales.

Asumir sin maquillaje que “esto es lo que hay” no es derrotismo, sino que es el punto de partida de cualquier transición con pretensiones de seriedad. Solo desde esa honestidad se puede construir un mensaje de cambio cultural en el que el sacrificio tenga sentido. Que se deje de inflar promesas y se empiece a medir la mejora por indicadores concretos: horas de luz, disponibilidad de agua, inflación mensual, empleo formal.

El objetivo de este análisis es justamente ese: ordenar riesgos, actores y relatos de manera que el Plan Rubio (esquema de transición en tres fases: estabilización, recuperación, transición, articulado con EEUU) -o cualquier esquema de cambio- proteja a quienes siguen produciendo dentro del país, conecte con la diáspora y se ancle en una fuente interna de credibilidad como MCM, sin delegar la esperanza exclusivamente en Washington.

Como les decía… la situación venezolana es dura, pero contiene elementos reales para una transición positiva si se los mira sin autoengaño:

1. Punto de partida: aceptar la realidad completa

Al mismo tiempo de los datos de la introducción, encontramos que hay un alivio parcial de sanciones, interés de inversión petrolera y movimientos de emprendimiento, así como una parte de la diáspora que mira a Venezuela como una opción de futuro.

Las cifras duras ayudan a aterrizar la discusión. La producción petrolera ronda hoy 0,8 millón de barriles diarios, y los escenarios más serios la llevan a 1,1‑1,2 mbd a fines de 2026 y a un techo de 1,3‑1,4 mbd en 2027; frenada por la falta de inversión y por un sistema eléctrico colapsado.

Y si las condiciones institucionales y democráticas cambiaran y se fortalecieran, podría ser factible llegar a 1,8‑2,1 mbd en 2028, si se inyectan entre 8.000 y 10.000 millones de dólares anuales en rehabilitación de pozos, refinerías y servicios.

La diáspora también marca diferencias. De los más de 8 millones de venezolanos fuera del país, con un giro político claro podría traer de vuelta entre 15 y 22% (1,2‑1,7 millones) en tres años, que podría empujar el retorno hasta 18‑25% (1,4‑2,0 millones). No es solo un dato humano: es el volumen de talento y capital que define si la reconstrucción es marginal o profunda.

El cuello de botella eléctrico es otro factor que separa quejas de soluciones. Hoy el país arrastra un déficit de 3‑4 GW en horas pico, con apagones diarios de 4‑8 horas en muchas ciudades y de 10‑14 horas en zonas rurales.

Guri opera al 60‑65% de su capacidad, las termo eléctricas clave están semiparalizadas; y esto recorta cada mes entre 50.000 y 80.000 barriles diarios de producción petrolera por interrupciones en bombeo y refinación.

Y sin cambios de fondo no hay plan creíble para revertir este cuadro; porque los escenarios realistas con un cambio en la arquitectura del sistema hablan de reducir los cortes urbanos a menos de 2 horas diarias en el segundo semestre de 2026 y de eliminar apagones en las principales ciudades hacia fines de 2026; movilizando entre 3.000 y 4.000 millones de dólares en generación y transmisión de emergencia.

Ahora, desde el punto de vista político, las encuestas son inequívocas: 90,1% de los venezolanos no quiere a Delcy al frente de la transición, 88,1% quiere que toda la cúpula chavista abandone el poder y, en un escenario binario, 82,4% prefiere a María Corina Machado frente a un 4,8% de Delcy.

Al mismo tiempo, 68,2% espera que la economía mejore en los próximos seis meses, pero 80,3% reconoce que su situación no mejoró en los primeros dos meses del año, lo que revela una mezcla de esperanza y escepticismo aprendido.

Esa brecha entre lo que la gente sueña y lo que realmente vive define el momento: hay materia prima social para el cambio, pero también una conciencia clara de que el chavismo lleva 27 años prometiendo lo que no cumple.

Desde una mirada madura, el vaso de la situación venezolana no está “medio lleno” ni “medio vacío”: el vaso tiene exactamente el agua que tiene, con elementos de colapso y de reconfiguración coexistiendo. Y esa aceptación es clave para que el sacrificio que sigue haciendo el noble pueblo de Venezuela tenga sentido; porque de esa forma se dejan de subestimar los costos y se dejan de inflar las promesas.

2. Tres actores clave de la transición

  1. Población económicamente activa que sigue en Venezuela
  2. Soporta la inflación, la precariedad de servicios y la presión fiscal, pero también ha desarrollado capacidades de adaptación (emprendimientos, dolarización de facto, redes locales) que serán la base de la recuperación
  3. Si el “Plan Rubio” o cualquier esquema de transición no protege a este grupo (trabajadores, pymes, comercios, productores), la reforma pierde legitimidad social desde el día uno
  4. Diáspora
  5. Envía remesas que sostienen el consumo interno y actúa como “banco” informal de la reconstrucción futura. En 2025 significaron 6.000 millones de dólares que ingresaron informalmente en la economía
  6. También concentra capital humano, know-how y redes de inversión que pueden entrar en oleadas sucesivas si perciben reglas claras, seguridad jurídica mínima y un horizonte político creíble
  7. Fuente interna de credibilidad (MCM como símbolo)
  8. En un entorno donde la confianza en instituciones está muy dañada, una figura o núcleo político con reputación de coherencia se convierte en el ancla emocional muy necesaria para el éxito de la transición
  9. Esa credibilidad no puede sustituir el rol internacional (Trump, Rubio, Dogu), pero sí puede traducir la presión externa en un relato interno de sacrificio con sentido, de costos hoy, para beneficios mañana

3. Riesgos que pueden inhibir el “Plan Rubio” y cómo contenerlos

La transición no fracasa por falta de buenos PowerPoints, sino por cuatro riesgos muy concretos que ya se ven venir.

1. Fatiga social y cinismo

La sociedad ha visto demasiadas promesas fallidas; la esperanza es volátil y se retrae rápido ante el primer desencanto. Si se vende la transición como “solución rápida” o “todo cambiará en seis meses”, cualquier ajuste duro (tarifas, subsidios, corrección cambiaria) se convertirá en combustible contra el propio proceso.

La única vacuna es el realismo radical: hablar desde el inicio de una transición lenta y dolorosa, con metas por etapas (90 días, 1 año, 3 años) y con indicadores simples que la gente pueda verificar: horas de luz, agua disponible, inflación mensual, empleo formal. No importa si el vaso está medio lleno o vacío; importa que el nivel de agua suba, aunque al principio casi no se note.

2. Choque entre consumidores y empresarios

De un lado, consumidores que sienten que “todo es abuso”; del otro, empresas que se ven como blanco fiscal de un Estado que no ofrece garantías ni servicios. Si la transición solo habla de “confianza inversionista” sin hablar de salario real y protección al consumidor, se percibirá como un simple cambio de élites.

La salida es un pacto explícito: menos trabas y reglas claras a cambio de compromisos verificables del sector privado para formalizar empleo, invertir localmente y mejorar salarios reales a medida que la inflación baja. Y que existan observatorios mixtos (academia, gremios, sindicatos, sociedad civil) que monitoreen precios y márgenes con datos abiertos, para bajar la paranoia de ambos lados.

3. Dependencia excesiva de actores externos

Si el relato se centra solo en Washington, la sociedad queda en modo “que nos rescaten”. Cuando la gente siente que el cambio depende más de Trump‑Rubio‑Dogu que de lo que haga dentro del país, el compromiso con el sacrificio interno se debilita.

Los aliados externos deben presentarse como aceleradores y garantes, no como sustitutos de la voluntad interna. Cada concesión externa (alivio de sanciones, apoyo financiero) debería estar vinculada a cambios visibles puertas adentro: transparencia en la renta petrolera, fortalecimiento institucional, acuerdos políticos verificables.

4. Fragmentación opositora y captura del relato

Si a la única fuente interna de alta credibilidad no se le permite liderar e integrarse orgánicamente al relato de transición, la esperanza se licua en una competencia de narrativas cortoplacistas. El Plan Rubio corre el riesgo de ser percibido como un proyecto de élite externa, desconectado de las luchas previas.

La respuesta es integrar a MCM y a otros liderazgos legítimos como coprotagonistas del contrato de transición, no solo como voceros de ocasión. Alinear discurso significa compartir la misma lectura de “esto es lo que hay”, el mismo reconocimiento de dolores y los mismos hitos de mejora medible.

4. Elementos positivos ya en marcha desde el 3E

Desde el 3E se abrió una realidad distinta que, aunque sigue siendo dura, ofrece una ventana de transición política y económica que antes no existía. La sociedad venezolana ha comenzado a reconocer con más claridad “esto es lo que hay”: la fragilidad institucional y económica, pero también nuevas oportunidades de cambio que se derivan de este quiebre del status quo.

El debate público se ha movido, poco a poco, de la ilusión de soluciones mágicas hacia la conversación sobre reglas, instituciones, economía productiva y reconstrucción, y eso ya es un avance cultural importante.

En este nuevo contexto, el foco deja de ser discutir si el vaso está medio lleno o medio vacío y pasa a ser aceptar el nivel de agua real para concentrarse en cómo hacerlo subir, paso a paso, con responsabilidad compartida.

La gratitud por la apertura de esta oportunidad -aun cuando llegó de forma abrupta y dolorosa- se combina con la responsabilidad de no delegar el futuro exclusivamente en factores externos o élites, sino de asumir que la dirección de la transición dependerá, en buena medida, de lo que los propios venezolanos decidan hacer con este momento.

Por eso, sin exagerar los avances, hay que reconocer que sí hay cambios desde inicios de año, visibles en la conversación pública y en la conducta social

  • Mayor claridad sobre los costos del modelo actual: tarifas, apagones, inflación, salarios de hambre ya no son anécdotas, sino parte central del debate
  • Más gente hablando de transición institucional y no solo de “salida inmediata”, asumiendo que se requiere reforma de reglas, no solo cambio de caras
  • Un incipiente lenguaje de responsabilidad compartida: lo que hagan empresarios, trabajadores, jóvenes y diáspora empieza a percibirse como decisivo, no accesorio
  • Debate constitucional para echar luz sobre la pseudo legalidad que sustenta la posición de Delcy, y la necesidad de llamar a elecciones por la imposibilidad del retorno de Maduro

El desafío es transformar esa sensibilidad en hoja de ruta, y que el malestar deje de ser solo queja y empiece a convertirse en participación organizada.

5. Propuesta de marco narrativo para acompañar el sacrificio

Para que el sacrificio tenga sentido y soporte el plan Rubio, la narrativa podría apoyarse en cinco ejes:

  1. Realismo radical:
    “Esto es lo que hay”: salarios simbólicos, inflación alta, servicios quebrados, pero también una sociedad más consciente y una diáspora poderosa
  2. Dolor con propósito:
    Cada medida impopular debe traducirse en un beneficio concreto, medible y comunicable: menos colas, menos apagones, más horas de clase, más empleos formales, aunque sea en magnitud modesta al inicio
  3. Participación de todos los venezolanos, dentro y fuera:.

La gente en Venezuela como protagonista de la recuperación productiva, y la diáspora como inversor, mentor, puente comercial y, en algunos casos, retornante gradual.

  • Doble ancla de confianza: interna y externa:

Interna: liderazgo de alta credibilidad (MCM como símbolo de coherencia) que explique el sacrificio en términos de justicia intergeneracional y oportunidades futuras

Externa: aliados que garanticen que las reglas no se manipularán y que la apertura económica será real, no decorativa

  • Cambio de pregunta:
    De “¿cuánta agua hay en el vaso?” a “¿qué estamos haciendo hoy para que mañana haya más agua?”.
    El foco deja de ser evaluar el presente desde la frustración y pasa a ser aumentar, paso a paso, el nivel de agua, aceptando que al principio casi no se note.

6. Orientación propositiva de gestión de riesgos

Para que los riesgos no inhiban el plan, pueden trabajarse en tres capas:

  • Institucional: compromisos claros y verificables en materia de uso de renta petrolera, reforma tributaria pro-producción y protección de derechos de propiedad con restitución de los derechos conculcados y devolución de activos y derechos
  • Social: programas focalizados que protejan a los más vulnerables en la fase de ajustes (transferencias directas, subsidios temporales a energía y transporte, apoyo a pymes intensivas en empleo).
  • Narrativa: mensajes consistentes, sin triunfalismo, que traten al ciudadano como adulto; explicando que la transición será lenta, que el dolor no se puede evitar, pero que sí se puede administrar con justicia y sentido

En resumen, el reconocimiento de la realidad no es el final del camino, sino la primera condición para que el sacrificio deje de ser ciego. La población económicamente activa que sigue en Venezuela, la diáspora que funciona como banco de ahorro y talento, y una fuente interna de credibilidad como MCM son tres pilares que ya existen, y no hay que inventarlos: lo que falta es un marco de transición que los cuide, los convoque y los ordene.

Si el Plan Rubio combina realismo radical, dolor con propósito y participación de todos los venezolanos dentro y fuera del país, la frase deja de ser un consuelo y se convierte en una hoja de ruta: hoy el vaso tiene la cantidad de agua que tiene, pero cada decisión institucional, cada compromiso del sector privado y cada concesión externa condicionada puede hacer que mañana tenga un poco más.

El desafío es que ese aumento, por pequeño que sea al principio, sea verificable, compartido y explicado sin triunfalismos, tratando al ciudadano como adulto. Solo así la transición dejará de ser otro relato que decepciona y pasará a ser una tarea colectiva que, paso a paso, se sostiene.

Aceptar la realidad es la única forma de cambiarla.

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