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Es lo que es

DBuford

El presidente interino de Perú, José Jerí, afirmó este viernes que la incursión estadounidense en Venezuela era necesaria, pese a que esta medida rompiera el derecho internacional, y afirmó que la transición democrática en el país caribeño debe darse pronto.

En una entrevista con el periodista del canal CNN Andrés Oppenheimer, el mandatario peruano expresó su apoyo al operativo realizado por Estados Unidos hace una semana en el que capturaron al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

«En principio plenamente de acuerdo con lo que se ha hecho, era una medida necesaria, que si bien es cierto, rompe el derecho internacional temporalmente, hay cosas que tienen que hacerse y más cuando también la implicancia es fuera del país», dijo Jerí.

Agregó que debe iniciarse pronto una transición democrática en Venezuela para que la población de dicho país sea quien elija a sus propias autoridades.

«En este caso hay un presidente que ha sido electo en 2024 que debería en principio continuar con esa labor, pero es autonomía de los venezolanos ver cuál es el mejor camino», sostuvo en referencia al líder opositor venezolano Edmundo González Urrutia.

En este sentido, destacó que al Gobierno peruano le preocupa que «se retorne rápidamente a un proceso democrático en Venezuela» y apuntó que se tienen que determinar mecanismos para establecer plazos.

«No solamente es un problema de Venezuela, es un problema continental (…) la dictadura que hubo en Venezuela y que todavía tiene sus rezagos en la actualidad ha provocado una migración en todos los demás países, entonces que Venezuela esté bien va a implicar que nuestros países también van a estar bien», añadió Jerí desde Palacio de Gobierno.

El mandatario peruano mantuvo este miércoles una conversación telefónica González Urrutia, al que le reiteró el apoyo del Gobierno peruano para que asuma el mando presidencial al reconocerle como presidente electo de los comicios celebrados en julio de 2024.

Jerí manifestó a González Urrutia «su decidido apoyo para que el proceso de transición, hacia la institucionalidad democrática en su país, culmine con el respeto de la voluntad popular venezolana, manifestada en julio de 2024», según informó la Presidencia de Perú a través de las redes sociales.

El Gobierno de Perú mantiene su postura de reconocer a González Urrutia como presidente electo de Venezuela y desconoce los resultados oficiales de un proceso en el cual no se publicaron las actas pese a la demanda internacional de transparencia, lo que le permitió a Maduro asumir un tercer mandato hasta 2030. 

EFE

Vía El Impulso

Las recientes excarcelaciones de ciudadanos detenidos por motivos políticos han generado expectativa, pero también confusión y angustia entre familiares y organizaciones defensoras de derechos humanos en Venezuela.

Alfredo Ramos, dirigente político de Causa R, y un activista de derechos humanos del estado Lara, quien solicitó resguardar su identidad, coincidieron en que el país requiere un proceso transparente, verificable y orientado a la libertad plena, sin condiciones ni medidas restrictivas posteriores.

Alfredo Ramos sostuvo que la principal exigencia de la ciudadanía es la liberación total de todas las personas privadas de libertad por razones políticas, tanto civiles como militares. Aseguró que no se trata de procesos parciales o escalonados, sino de una demanda nacional por la libertad plena y sin condicionamientos.

“El país entero espera la libertad de todos los presos políticos. No por la vía graneada de ir soltando a algunos. La exigencia es que se libere a la totalidad”, afirmó Ramos, al subrayar que, a su juicio, ninguno de los detenidos ha cometido delitos y que muchos han sido separados de sus familias durante largos períodos.

Ramos también señaló que, aunque se han anunciado liberaciones en número significativo, en la práctica solo se han podido constatar algunos casos específicos, entre ellos ciudadanos con doble nacionalidad y dirigentes políticos de reconocida trayectoria. Aun así, saludó estas excarcelaciones y expresó la expectativa de que el proceso se amplíe en los próximos días.

Anuncios oficiales y falta de información verificable

Desde la perspectiva del defensor de derechos humanos del estado Lara, el anuncio público sobre posibles excarcelaciones generó esperanzas, pero careció de información precisa. Según explicó, se comenzó a hablar de la liberación de aproximadamente 400 personas a nivel nacional, sin que hasta ahora exista un listado oficial que permita verificar nombres, cantidades y condiciones.

Indicó que, hasta el momento, solo se han confirmado alrededor de 11 excarcelaciones mediante información directa de familiares. Esta ausencia de datos oficiales, advirtió, provoca un estado de angustia colectiva, ya que muchas familias esperan noticias sin saber si sus parientes están incluidos en el proceso.

Cambios en los mecanismos de excarcelación generan incertidumbre

El activista también alertó sobre modificaciones en la forma en que se están ejecutando las excarcelaciones. A diferencia de procesos anteriores, denunció que algunas personas no están siendo liberadas directamente en los centros de reclusión ni notificadas formalmente a sus familiares.

De acuerdo con los reportes recibidos, los detenidos estarían siendo trasladados en unidades de seguridad a lugares no especificados, donde posteriormente son liberados, y solo después se notifica a sus familiares. Esta práctica, señaló, incrementa la desorientación y deja a las personas recién excarceladas sin acompañamiento inmediato, en condiciones de vulnerabilidad.

Salud deteriorada y retrasos en las liberaciones

Otro factor que estaría influyendo en el proceso es el estado de salud de muchos detenidos. El defensor explicó que existen casos con pérdida significativa de peso y afectaciones físicas evidentes, lo que habría ralentizado algunas liberaciones.

Además de las condiciones de salud, mencionó retrasos administrativos vinculados a la emisión de boletas de excarcelación por parte de los tribunales competentes, lo que prolonga la espera de familias que llevan meses o años aguardando el reencuentro.

Presos políticos, causas abiertas y el impacto en las familias

Las organizaciones de derechos humanos estiman que, al cierre del último proceso de excarcelaciones a comienzos de 2026, el país registraba más de mil personas privadas de libertad por motivos políticos, además de miles de ciudadanos con causas abiertas o sometidos a medidas restrictivas.

Tanto Ramos como el defensor coincidieron en que la libertad no puede estar condicionada a regímenes de presentación, arresto domiciliario u otras medidas cautelares. “Eso no es libertad plena”, insistieron, al remarcar que la verdadera reconciliación pasa por el reencuentro familiar y el restablecimiento de derechos.

Vía Infobae

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, manifestó su entusiasmo por el nuevo paso que ha dado el régimen venezolano a cargo de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, hacia una transición política coordinada bilateralmente entre ambos países.

“Las gestiones con ellos están yendo muy bien. Creo que han sido muy inteligentes en la forma en que han actuado con nosotros, francamente, porque todo ese lugar podría haber sido arrasado con un solo ataque más, y no queríamos hacer eso”, indicó durante una reunión en la Casa Blanca con representantes del sector petrolero durante la tarde del viernes.

Horas más tarde, frente al micrófono de Fox News, ahondó en su mirada sobre el desarrollo de las acciones conjuntas y expresó un recordatorio de forma indirecta a la captura del dictador Nicolás Maduro, hace tan solo una semana atrás.

Todos van a estar felices en Sudamérica. Algunas personas dirían que es un milagro lo que hemos hecho, en realidad. Venezuela está feliz, creo que todos van a estar felices”, declaró el mandatario estadounidense.

El comentario ocurrió minutos antes de que Venezuela informara que, como parte de una operación conjunta con Estados Unidos, el buque petrolero Olina, que había salido del país “sin pago ni autorización de las autoridades” y fue incautado por el Comando Sur estadounidense, está regresando a aguas venezolanas.

El presidente norteamericano insistió en que la Casa Blanca respaldará una transición política en Venezuela, la cual será supervisada directamente por la administración republicana. Según declaraciones de Donald Trump, este proceso podría prolongarse durante más de un año, dependiendo de la evolución de la situación interna en el país sudamericano.

Todo comenzó como parte de la estrategia aplicada sobre el régimen venezolano, en la cual el gobierno de Trump ejecutó una operación directa que culminó con la captura de Nicolás Maduro por parte del Ejército estadounidense el pasado 3 de enero. Esta intervención incluyó bombardeos en Caracas y en tres estados fronterizos, lo que provocó un fuerte remezón en la estructura de poder local.

Luego de llevar a Maduro a los tribunales de Nueva York, Trump hizo pública una advertencia sobre la posibilidad de lanzar un segundo ataque militar, condicionado al comportamiento del régimen liderado por Delcy Rodríguez, quien asumió funciones tras la detención del dictador. La amenaza se mantuvo activa hasta que las autoridades venezolanas anunciaron la liberación de los presos políticos.

El mandatario estadounidense consideró la liberación de los detenidos como un gesto decisivo y anunció la suspensión de cualquier acción militar adicional. La dinámica entre las presiones internacionales y las decisiones del nuevo gobierno venezolano se convirtió en un factor clave para la evolución del proceso de transición.

Sin embargo, en medio de una segunda noche de vigilia, los familiares de los presos políticos aguardan por más excarcelaciones, ya que solo nueve detenidos fueron oficialmente confirmados como liberados por los organismos de derechos humanos locales.

Según la ONG Foro Penal, aún quedan por liberar 811 presos políticos en Venezuela. “Dentro de los 87 presos políticos de nacionalidad extranjera en Venezuela se mantienen 2 ciudadanos estadounidenses. También hay un ciudadano cubano con residencia americana”, detalló el presidente de la instituación.

En paralelo, Donald Trump confirmó que mantendrá una reunión en Washington con la líder opositora venezolana María Corina Machado para analizar su posible papel en el futuro político de Venezuela al igual que lo hará en febrero con el presidente de Colombia, Gustavo Petro.

El republicano indicó que dialogará con Machado sobre su disposición a colaborar y sobre las expectativas existentes respecto a su influencia dentro de la sociedad venezolana. Trump afirmó que considera relevante conversar con ella y valoró su iniciativa de viajar a Estados Unidos.

La política, como la historia, tiene momentos de expansión y repliegue. No todos los actores saben distinguirlos, y menos aún asumirlos. Están los que ascienden como operadores y terminan convertidos en símbolos. No por virtud, sino por saturación. Delcy es hoy una de ellas. No es una simple funcionaria de alto rango. Es, en la práctica, una figura de síntesis. No gobierna un ministerio, vicepresidencia, o parcela administrativa del Estado. Administra el desgaste del poder, gestiona el final sin ser futuro. Y eso, en regímenes autoritarios, es de las tareas más ingratas.

A la fría ecuación de la negociación política se suma la dimensión social, quizás la más inexorable.  Existe un “país real”, que no habita en los informes de inteligencia ni en los discursos diplomáticos, que percibe a Delcy Rodríguez no como una llave para la transición, sino como parte indivisible del problema. El deterioro prolongado de una nación tiene memoria, y esa retentiva es implacable. El ciudadano común, de a pie, que ha sobrevivido a la devastación, no distingue responsabilidades técnicas, matices discursivos o “alas pragmáticas”. Para la mayoría de los sectores de la sociedad, ella no representa una gestión, sino la continuidad de la asfixia y opresión. 

No importa cuántas veces modifique de tono, traje o guion; la permanencia en el poder, cuando se asocia al desgaste estructural, se convierte en un lastre de plomo, se vuelve una carga. Ninguna retórica, por refinada o conciliadora que pretenda ser ahora logra borrar esa percepción grabada en la psique colectiva. La memoria del sufrimiento no concede amnistías retoricas ni olvida los rostros que justificaron la crisis. La remembranza no concede absoluciones.

En ese tablero, Delcy enfrenta un dilema político como existencial; la necesidad de sobrevivir siendo útil. La utilidad de lo imperdonable. Es el destino habitual de quienes administran la fase tardía de los proyectos absolutistas, terminan siendo más necesarios que queridos, más visibles que protegidos. La lógica del poder autoritario es cruel pero predecible; cuando la estructura se siente amenazada, no protege a sus mejores escuderos, los utiliza como parapetos. No cuida a sus piezas, los coloca en la línea de fuego. Hoy se les exige diciplina absoluta y eficacia en la contención; mañana, se convertirán en los sacrificios ejemplarizantes necesarios para salvar al resto del cuerpo o pactar una salida.

Su situación es, en esencia, una tragedia política. No porque sea una víctima, lejos está de serlo, sino porque es consciente de su precariedad. Sabe que no representa una promesa de futuro ni para el chavismo de base ni para la oposición, sino simplemente la contención momentánea del colapso. Sabe que no administra esperanza, ni gestiona expectativas de renovación, sino que administra tiempo. Y en política, como advertía Churchill con crudeza serena, puede ser un aliado formidable, pero se convierte en el juez más severo cuando se agota.

En última instancia, a lo que Rodríguez se enfrenta no es solo a un adversario político concreto, sino a una verdad histórica recurrente, llega a un punto de inflexión en que el poder ya no se ejerce para transformar la realidad, sino únicamente para retrasar lo inevitable, intentando no perderlo todo en la caída. En ese instante crepuscular, los rostros visibles del régimen dejan de ser activos estratégicos para convertirse en recordatorios incomodos de todo lo que salió mal. 

La historia rara vez es indulgente, por el contrario, suele ser implacable con quienes confunden la permanencia en el cargo con la fortaleza real. Y es aún más dura con quienes creen que el silencio externo y la obediencia interna bastan para garantizar la supervivencia política más allá del derrumbe. La historia casi nunca protege a quienes, creyendo servir al poder hasta el final, terminan personificándolo justo cuando este comienza a resquebrajarse irreversiblemente. 

El poder tiene capacidad de resistencia, sí. Pero muy poca gratitud. Y Delcy, hoy, en la soledad de su utilidad, lo sabe mejor que nadie. 

@ArmandoMartini

Por Nancy Arellano

La situación venezolana escapa a todo precedente contemporáneo: es la evidencia viva del riesgo que representa un Estado híbrido, ese Frankenstein geopolítico en el que las instituciones formales se fusionan con redes de crimen organizado transnacional. Como un pulpo de múltiples tentáculos, diluye la soberanía clásica en un mapa de poder multiactor.

El 3 de enero de 2026, la extracción y detención de Nicolás Maduro por cargos de narcoterrorismo y tráfico de armas y drogas marca un punto de ruptura. No es un suceso político, sino un hecho penal internacional con claros efectos soberanos. El evento inaugura el dilema de fondo que define esta nueva etapa:

¿Debe la comunidad internacional respetar la “autodeterminación” de un Estado capturado por redes criminales, o priorizar la defensa de los derechos humanos y la seguridad hemisférica? ¿Hay realmente un esquema donde se prioriza la autoritas de facto, así sea en perjuicio de las mayorías populares y con impacto regional?

Responderlo con sensatez implica no solo reconocer que Venezuela no puede vivir una transición política normal, porque ya no es —hace años— un Estado-nación ordinario, sino un nodo criminal transnacional en proceso de desmontaje. Y también implica considerar el impacto que estos hechos imponen en un reordenamiento y actualización del sistema internacional.

Entre soberanía y jurisdicción internacional

El derecho internacional contemporáneo vive en tensión entre los principios de soberanía y de responsabilidad de protección. La detención de Maduro imprime a Venezuela un carácter sui generis: es un Estado sometido a procesamiento penal internacional mientras intenta reconstruirse políticamente.

Nada similar ocurrió en Chile tras Pinochet ni en Irak tras Sadam. En esos casos, ambos regímenes cayeron con estructuras estatales distinguibles del crimen transnacional. Tampoco es asimilable a la historia venezolana de la salida de Pérez Jiménez, en 1958. La Venezuela chavista, por el contrario, desdibuja la frontera entre el poder público y la economía ilícita.

La Misión Internacional Independiente de la ONU verificó desde 2014 que el aparato de seguridad venezolano (SEBIN, DGCIM, GNB) cometió crímenes de lesa humanidad: ejecuciones, torturas, desapariciones y violencia sexual. La diferencia hoy es que esa maquinaria coactiva —que garantizó el control interno— estaba financiada por circuitos ilícitos: narcotráfico, contrabando de oro y lavado internacional. Un Leviatán sostenido por dinero sucio y represión sistemática.
Según indictment DOJ (revisado 2026), el “Cártel de los Soles” es un sistema de clientelismo corrupto —no organización formal— que enriquece élites vía narcotráfico, con flujos estimados > 8.000 millones USD anuales (Transparency 2024). La minería ilegal del Arco Minero generaba ~4.800 millones USD (67 toneladas de oro), ligada a ELN/FARC disidentes y militares.

Estos flujos consolidaron un modelo de economía criminal dependiente, articulada con actores de poder extranjeros —Cuba, Irán, Rusia, China, Turquía— que, amparados en “cooperación energética o militar”, fungieron en la práctica como usufructuarios del esquema de explotación paraestatal de recursos y generaron mutaciones que apoyaron el establecimiento de un orden paralelo.

La ruta del poder: del oligopolio coactivo al monopolio legítimo

A diferencia de las transiciones posautoritarias clásicas —basadas en pactos entre élites civiles o militares—, Venezuela enfrenta una transición poscriminal, donde el poder está concentrado en un oligopolio armado.

Las Regiones Estratégicas de Defensa Integral (REDI), los colectivos urbanos, los pranatos, las células del Tren de Aragua y los agentes cubanos del G2 conforman nodos del poder interno sin obediencia institucional centralizada. Estas estructuras administran las rentas ilícitas, la seguridad local y el control social. Ninguna transición puede consolidarse sin un proceso de desmantelamiento quirúrgico, coordinado internacionalmente, que neutralice su poder operativo y financiero.

El EH + EC + GAO = PSH (Estado híbrido + Economía criminal + Geopolítica de afrenta a Occidente = Problema de Seguridad Hemisférica) sintetiza esta realidad. Venezuela no es hoy solo un país en crisis; es una amenaza estructurada a la seguridad regional que dialoga con la realidad de países como Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.

La transición venezolana post-3E debe articular tres ejes simultáneos: 1) Neutralización del PSH mediante colaboración coordinada (DEA, Interpol, OEA, gobiernos andinos) para clausurar redes criminales, extraditar mandos y congelar activos ilícitos, aplicando jurisdicción internacional sin injerencia; 2) Reconfiguración del tablero de soberanías, reformando la FANB en fronteras/minas, reactivando PDVSA bajo control técnico internacional temporal con empresas mixtas y convocando elecciones supervisadas por OEA/ONU para legitimidad popular, reconstruyendo el Estado weberiano vía cooperación con sociedad civil y restitución de los partidos políticos a sus dirigencias legítimas; 3) Legitimidad constitucional mediante Asamblea Constituyente avalada por OEA/ONU/Comunidad Internacional, abordando temas como la descentralización, justicia transicional y revisión extractivista, exigiendo testimonio operativo —no amnistía— de actores del régimen para desmontar el monopolio ilegítimo de la fuerza.

La economía del control y la nueva “soberanía útil”

Mientras tanto, los capitales exploran Caracas como si fuese un territorio en venta. Delegaciones de fondos buitre y firmas de inversión —Canaima Capital, Altana Wealth— sondean terreno por la reestructuración de más de 200.000 millones USD en deuda soberana y corporativa.

El petróleo, con 17 % de las reservas mundiales, reaparece como palanca estratégica. El riesgo es claro: la transición venezolana puede convertirse en un nuevo protectorado financiero de facto, donde actores extranjeros sustituyan al viejo rentismo estatal sin transformar su lógica extractiva. Por eso la pregunta real del poder no es entonces “quién gobierna” Venezuela, sino quién la administra y con qué legitimidad. Y aquí la respuesta conecta con el derecho internacional: ante un Estado híbrido, colapsado por cooptación mafiosa, la noción de soberanía se redefine en clave funcional, orientada a proteger la vida y los derechos más que las fronteras. Es una soberanía útil, de supervivencia cívica, que resignifique la doctrina del R2P (Responsabilidad de Proteger).

Epílogo: la colaboración eficaz como tabla de transición

La “caja negra” del poder chavista —esa zona donde convergen inteligencia, negocios, coerción y diplomacia paralela— no se abre con discursos, sino con cooperación penal, inteligencia compartida y colaboración eficaz.

Los Rodríguez —Delcy, al frente del Ejecutivo interino, y Jorge, de la Asamblea Nacional— podrían actuar como bisagras transicionales para desmantelar desde dentro la arquitectura criminal, garantizando al mismo tiempo la supervivencia de un chavismo repolitizado, aunque esto implique costos en sus bases y aliados y diste del ideal de la democracia liberal. Representan el escenario mínimo necesario para una transición sostenible que retorne gradualmente al país a la normalidad jurídica y al constitucionalismo democrático, conteniendo los riesgos de retroceso o caos que un enfrentamiento abierto podría desatar, como advierte la CIA (según el WSJ) ante posible descontrol de la FANB. No se trata de impunidad, sino de un esquema que debe operar con supervisión internacional, como una herramienta de inteligencia operativa que garantice las restituciones esenciales: que arranca con la liberación de los presos políticos y la retoma del monopolio del poder coactivo.

Es este el escenario en el que, en segunda fase y controlado el escenario de dispersión del poder coactivo, entra la soberanía popular a escena y ahí, indubitablemente, los resultados del 28J cumplen la función cristalizadora: Edmundo González y María Corina Machado como el liderazgo con legitimidad popular nacional y reconocimiento internacional.

La restauración del principio de autodeterminación del pueblo venezolano pasa por recobrar su expresión en todos los niveles y la legitimación del poder político, la única garantía de Estado de derecho que viabilice las inversiones necesarias y asegure la recomposición económica y productiva.

Venezuela, como la URSS de 1991 pero con un twist mafioso, enfrenta la doble cura del cuerpo estatal y del capital ilícito que lo parasitó. Su desenlace no se juega solo en Caracas, sino en la capacidad del sistema internacional de admitir que la soberanía no puede proteger al crimen y que la apertura de una sociedad poshíbrida pasa indispensablemente por redirigir la fuerza hacia la ley y la cooperación con base en el mandato popular que opera en los resultados del voto directo, universal y secreto. Sin legitimidad popular, no hay confianza para la inversión; sin confianza, la economía criminal puede seguir latiendo.

El Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, sostuvo en el día de hoy una llamada telefónica con Su Eminencia, el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, con el objetivo de fortalecer los lazos diplomáticos y coordinar acciones ante las crisis globales actuales.

Durante el encuentro, ambos líderes subrayaron la importancia de la relación bilateral entre los Estados Unidos y la Santa Sede como un motor para la estabilidad internacional. La conversación se centró en los siguientes puntos clave:

  • Crisis Humanitaria en Venezuela: Se discutieron de manera prioritaria los esfuerzos conjuntos para aliviar la situación humanitaria en Venezuela, reafirmando el compromiso de ambas partes con el bienestar del pueblo venezolano.
  • Paz y Seguridad Global: Ambos secretarios intercambiaron visiones sobre la promoción de la paz en regiones en conflicto, destacando la necesidad de soluciones diplomáticas duraderas.
  • Libertad Religiosa: Se reafirmó la defensa de la libertad religiosa a nivel mundial como un derecho humano fundamental y un pilar esencial para la convivencia pacífica.

El Secretario Rubio y el Cardenal Parolin concluyeron la llamada reafirmando su voluntad de profundizar la cooperación estratégica. Esta interlocución subraya la prioridad que la administración otorga a la colaboración con la Santa Sede para abordar desafíos éticos y geopolíticos de escala global.

«Estados Unidos y la Santa Sede comparten el compromiso inquebrantable de proteger la dignidad humana y fomentar la libertad en cada rincón del mundo», señala el comunicado de la Oficina del Portavoz.

Por Mariate Arnal

Ha pasado un año desde que el país habló con claridad y, sin embargo, la pregunta que más me llega —en mensajes, en llamadas, en susurros— es la misma: “¿Qué está pasando realmente en Venezuela… y a quién le creemos?”

Antes de entrar en interpretaciones, pongo una línea al inicio para no engañarnos: no tengo información privilegiada. No estoy en una sala de mando ni tengo acceso a acuerdos reservados. Lo que sí tengo es contexto, conversaciones y oído. Lo que veo —y lo que escucho de mi gente en Venezuela— y lo que puedo decir con honestidad como opinión.

También es importante separar lo oficial de lo especulativo. La posición pública de María Corina está donde tiene que estar: medida, cuidada, estratégica. Porque ella entiende que en un tablero así cada palabra cuesta. Y porque, si algo ha demostrado, es que sabe jugar esto con una disciplina que a veces desespera… pero casi siempre protege. Así que repito lo obvio: tenemos que confiar en lo que hará hacia el futuro. Nadie dijo que esto se resolvería con una declaración perfecta.

Ahora sí: hablemos de lo que está haciendo ruido: los medios.

Hay que ser muy cautelosas con lo que dicen, porque honestamente me parece que muchos medios se han ido a la m***** con Venezuela. No lo voy a endulzar. El New York Times, la BBC y CNN se han ido a la m***** con toda esta situación. Y del otro lado, también: Trump se ha ido a la m*****. El problema no es solo “la narrativa”; es el péndulo.

Las cosas no son ni blancas ni negras, aunque algunos medios progresistas las pongan negras y otros —como Fox News— las pinten blancas. Y cuando el debate se vuelve caricatura, quien pierde no es el analista desde su estudio: pierde el pueblo que está viviendo la realidad.

El punto que no se puede perder —y que me preocupa que se diluya— es éste: el camino hacia la libertad de Venezuela no empieza ni termina con Trump. No empieza con un presidente gringo ni con una frase incendiaria. Empieza con una decisión del pueblo venezolano. Ese “regime change” no es un invento de Washington: es una petición de Venezuela.

La ruta hacia la libertad no es “sacar a Maduro” como si fuera una pieza y listo. Venezuela no es libre hoy, aunque mañana cambie de nombre. Lo que comenzó fue un camino. Y ese camino se inició con las primarias de octubre de 2023. Incluso cuando no dejaron participar a María Corina, el país habló. Edmundo González se volvió el candidato viable gracias al trabajo de ella y Venezuela pidió —clarísimo— un cambio de régimen. El pueblo venezolano ya habló hace un año y medio y dijo que quería salir de Maduro. Entonces, cuando alguien reduce esto a “una carta intervencionista de Trump”, lo que hace —sin querer o queriendo— es desempoderar al pueblo.

¿Que Trump es un loco? Sí. ¿Que Estados Unidos ha sido intervencionista? También. Aquí hay claroscuros. Pero una cosa no cancela la otra: que haya intereses geopolíticos no borra la voluntad popular. Y no reconocer esa voluntad es jugarle el juego al régimen, que vive de reducir todo a propaganda.

Y es que, seamos brutalmente honestos: Venezuela ha estado secuestrada por una estructura criminal. Esto no es una “administración” con matices democráticos; es una red que funciona como sistema de control. Y dentro de esa red, Maduro es más marioneta que mastermind. Los verdaderos operadores, los que coordinan, sostienen y calculan el aparato, son otros: Delcy, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello. Ellos son los que mueven piezas. Delcy ya habló de colaboración con Estados Unidos, si se descarrilla, Trump la va a acomodar. 

Además, esto no ocurre en un vacío. Hay estructuras montadas y sostenidas por actores externos: Hezbolá, Irán, Rusia y Cuba. Eso no se desmonta con un discurso ni con una elección. Eso es una operación de desmantelamiento, compleja, larga y peligrosa. (Y por eso es tan desesperante cuando los medios lo venden como si fuera un pleito simplón de “izquierda vs derecha”.)

Aquí viene una parte que a mucha gente le cuesta, porque suena contraintuitiva: poner a María Corina a desmontar esa estructura es mandarla al matadero. No porque no pueda —de hecho, porque sí puede—, sino porque quemarla en el proceso sería un error estratégico. Es más inteligente que esa estructura se desmonte, en buena parte, desde adentro. Que la desarmen los mismos que hoy la sostienen, a cambio de una salida.

Por eso se negocia con Delcy. Porque si ella ayuda a cambio de una salida, se puede evitar una guerra civil. Y cuando lo que está en juego es evitar que un país se rompa en violencia abierta, el purismo moral deja de ser un lujo y se vuelve un riesgo.

Aquí es donde entra Estados Unidos con toda su complejidad. Estados Unidos no puede permitirse otro Irák o Afganistán. Trump, por su base política y por la narrativa de “éxito”, necesita que esto salga bien. Va a jugar cartas que quizá no entendamos, como pactar con piezas del régimen. Y sí, eso indigna, confunde, provoca rechazo. Pero recordemos: el ajedrez se juega en silencio.

La mejor manera de desmantelar un régimen así es usar a los mismos del régimen que ya están en la lona. Hoy los militares ya no tienen cómo operar como antes; quedan las milicias y los colectivos que aterrorizan a la gente. Y cuando el músculo real es el terror, lo que está en juego es evitar el derramamiento masivo. No hay romanticismo posible.

Trump le está dando la oportunidad de hacer algo que favorezca la transición a cambio de algún leniency – alguna negociación para que no acabe igual que Maduro. Veremos si ella la toma o no y si no la toma pues correrá con la misma suerte que Maduro y Cilia o peor. A Trump no le va a temblar la mano y ya se lo dijo. Veremos cómo se escribe esta historia.

En todo esto, el liderazgo de María Corina vuelve a ser el centro. Porque ella está playing the long game. Y porque, a diferencia de Trump, no se mueve desde el ego. Ella no busca el poder por el poder; busca la libertad de Venezuela. Eso cambia todo: la manera en que negocia, la manera en que calla, la manera en que aguanta que la subestimen.

No debemos subestimarla cuando Trump dice que “no está lista”, ni comprar el comentario fácil. Hay que elevarse a 30,000 pies para entender la jugada. Su fortaleza ha sido la claridad y la congruencia incluso cuando el panorama se llena de ruido, incluso cuando algunas movidas parecen “raras” desde abajo.

Y sí: hablemos del tema que siempre sale, porque es inevitable: el petróleo.

Mucha gente dice “los americanos se lo van a quedar”. Pero el petróleo venezolano ya lo tienen —de facto— otros intereses: chinos, rusos, cubanos… y hasta México. Entonces, en un mundo real, no ideal, es preferible que parte de ese tablero lo tenga Estados Unidos mientras Venezuela se recupera, si eso acelera el desmontaje del aparato criminal y abre espacio para reconstruir.

Nada es gratis. Venezuela va a necesitar ayuda internacional y talento para reconstruir el país, porque internamente no hay capacidad instalada suficiente después de décadas de destrucción, fuga de cerebros y miedo. Pensar que Estados Unidos no tiene intereses es ingenuo. Pero también es ingenuo pensar que el status quo es “neutral”. No lo es. El status quo es la peor versión de los intereses ajenos: los que hoy sostienen el secuestro.

Así que vuelvo al inicio: cuidado con los medios, cuidado con los extremos, cuidado con las simplificaciones. Hay cosas que no vamos a entender en tiempo real. Y no es porque seamos tontas; es porque esto es guerra psicológica, propaganda y estrategia al mismo tiempo.

Cuando me preguntan “¿qué sigue?”, lo único que puedo decir con honestidad es esto: hay un plan. El pueblo ya habló. Y María Corina está jugando una partida que no se gana con aplausos instantáneos, sino con paciencia, firmeza y visión.

El ajedrez se juega en silencio. Y esto es #HastaElFinal.

El presidente dijo a The Atlantic que Delcy Rodríguez debe cumplir con los deseos de EE. UU., o de lo contrario se atendrá a las consecuencias. Por Michael Scherer


En una entrevista telefónica esta mañana, el presidente Donald Trump lanzó una amenaza poco velada contra la nueva líder venezolana, Delcy Rodríguez, afirmando que “si ella no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente más alto que el de Maduro”, refiriéndose a Nicolás Maduro, quien ahora se encuentra en una celda en una cárcel de la ciudad de Nueva York. Trump dejó claro que no tolerará lo que describió como el rechazo desafiante de Rodríguez a la intervención armada estadounidense que resultó en la captura de Maduro.

Durante nuestra llamada, Trump, quien acababa de llegar a su club de golf en West Palm Beach, se mostró de evidente buen humor y me reafirmó que Venezuela podría no ser el último país sujeto a una intervención estadounidense. “Necesitamos Groenlandia, absolutamente”, dijo, describiendo la isla —parte de Dinamarca, un aliado de la OTAN— como “rodeada de barcos rusos y chinos”. Y al discutir el futuro de Venezuela, señaló un giro claro respecto a su anterior aversión al cambio de régimen y la construcción de naciones (nation building), rechazando las preocupaciones de muchos en su base MAGA. “Saben, reconstruir allí y el cambio de régimen, como quieran llamarlo, es mejor que lo que tienen ahora. No puede ser peor”, afirmó.

El tono severo que adoptó con Rodríguez contrastó con los elogios que le dedicó ayer, horas después de que las fuerzas militares estadounidenses atacaran Caracas y capturaran a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, para su procesamiento penal. Trump dijo en una conferencia de prensa tras el ataque que Rodríguez había indicado en privado su voluntad de colaborar con Estados Unidos, país que, según declaró Trump, “dirigiría” temporalmente a la nación sudamericana.

“Ella está esencialmente dispuesta a hacer lo que consideremos necesario para que Venezuela vuelva a ser grande”, dijo ayer.

Rodríguez rechazó esa sugerencia momentos después, declarando que el país está “listo para defender nuestros recursos naturales” y que el consejo de defensa de la nación sigue preparado para llevar a cabo las políticas de Maduro, cuya devolución exigió. “Nunca más volveremos a ser una colonia”, afirmó. La posibilidad de que el gobierno de Maduro continúe resistiéndose a EE. UU. aumentó el riesgo de una lucha prolongada por el control de Venezuela que requeriría una mayor implicación militar estadounidense e incluso una ocupación. Trump señaló ayer su disposición a ordenar una segunda oleada de acciones militares en Venezuela, si lo considera necesario.

“La reconstrucción no es algo malo en el caso de Venezuela”, dijo. “El país se ha ido al infierno. Es un país fallido. Es un país totalmente fallido. Es un país que es un desastre en todos los sentidos”.

En un discurso en diciembre de 2016, Trump declaró como presidente electo que EE. UU. “dejaría de apresurarse a derrocar regímenes extranjeros de los que no sabemos nada”. Aquel año hizo campaña oponiéndose a la “construcción de naciones”, argumentando que el país debía centrarse en la reconstrucción interna en lugar de en naciones como Irak y Afganistán.

Cuando le pregunté esta mañana por qué la construcción de una nación y el cambio de régimen en Venezuela serían diferentes de los esfuerzos similares a los que se opuso anteriormente en Irak, Trump sugirió plantearle la pregunta al expresidente George W. Bush.

“Yo no hice lo de Irak. Eso fue Bush. Tendrán que hacerle esa pregunta a Bush, porque nunca debimos haber entrado en Irak. Eso inició el desastre en el Medio Oriente”, dijo Trump.

Leer: Incluso los aliados cercanos se preguntan por qué Trump quiere dirigir Venezuela

Trump ha dicho que cree que Estados Unidos necesita mantener el control sobre el Hemisferio Occidental, invocando su propia versión de la Doctrina Monroe del siglo XIX, que rechazaba el colonialismo europeo en el hemisferio. Él llama a su enfoque la “Doctrina Donroe”. Pero en la entrevista, dijo que la decisión de secuestrar al presidente venezolano no se tomó simplemente por geografía.

“No es el hemisferio. Es el país. Son países individuales”, dijo en la llamada telefónica.

Le pregunté si el ataque a Venezuela podría indicar una voluntad de emprender acciones militares para hacerse con el control de Groenlandia, un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, que ha rechazado las reclamaciones territoriales estadounidenses. El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo ayer que el mundo debería tomar nota tras la operación en Venezuela. “Cuando él te dice que va a hacer algo, cuando te dice que va a abordar un problema, lo dice en serio”, dijo Rubio. Trump ha dicho repetidamente que EE. UU. “necesita” controlar Groenlandia.

Trump dijo que correspondía a otros decidir qué significa la acción militar estadounidense en Venezuela para Groenlandia. “Van a tener que verlo ellos mismos. Realmente no lo sé. Él fue muy generoso conmigo ayer, Marco”, dijo Trump. “Saben, no me refería a Groenlandia en ese momento. Pero necesitamos Groenlandia, absolutamente. La necesitamos para la defensa”.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, celebró este domingo que «muchos países» de América Latina «están volviendo al eje estadounidense», después de que ayer Estados Unidos atacara distintos puntos estratégicos de Venezuela y capturara en Caracas al presidente Nicolás Maduro.

«Debo decir que en América Latina en general, estamos presenciando una transformación, y muchos países están volviendo al eje estadounidense y, como era de esperar, también a la relación con el Estado de Israel», expresó Netanyahu en un comunicado difundido por su oficina.

Asimismo, volvió a felicitar por la operación al presidente Donald Trump, encargado de ordenar los ataques y la captura de Maduro. Este último ya se encuentra en un centro de detención de Nueva York para enfrentar a la justicia estadounidense a partir de mañana.

«Quiero expresar el apoyo de todo el gobierno (israelí) a la firme decisión y acción de Estados Unidos para restaurar la libertad y la justicia también en esta región del mundo (…) Felicitamos al presidente Trump por su decisión y también aplaudimos a las fuerzas militares estadounidenses que llevaron a cabo una operación impecable», concluyó Netanyahu.

Las palabras del primer ministro israelí van en la misma línea de los elogios que ayer mismo tanto él como el ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, le trasladaron públicamente a Trump.

Al igual que había venido sosteniendo Trump en estos últimos meses cuando comenzó a atacar lanchas en el Caribe, Saar acusó ayer a Maduro de haber estado liderando «una red de narcotráfico y terrorismo» y deseó que, «con el retorno de la democracia al país», Israel y Venezuela puedan restablecer «relaciones amistosas».

El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela ordenó que Delcy Rodríguez asuma como presidenta encargada del país, después de que ayer Trump apuntara a que sería ella quien tomaría las riendas de manera temporal.

Desde que el difunto Hugo Chávez rompiera relaciones diplomáticas con Israel en 2009, en el marco de la ‘Operación Plomo Fundido’ en Gaza (2008-2009), Venezuela se convirtió en uno de los países con críticas más severas con las políticas israelíes hacia los palestinos y en materia exterior dentro de la región de Oriente Medio.

Mientras que la líder opositora venezolana María Corina Machado, que aguarda con incertidumbre el devenir político de su país y los planes de Trump para el mismo, se ha pronunciado repetidamente a favor de la ofensiva israelí en Gaza tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, mencionando incluso su intención de establecer una embajada en Jerusalén si alcanzara el poder.

EFE

Por Benjamin Tripier

El chavismo, ya desde hace tiempo, dejó de ser un proyecto histórico viable; lo que administra hoy es tan solo la inercia de sus propios escombros, que mis análisis de principios de 2025 identificaron correctamente como el agotamiento terminal de su capacidad política

El fin del relato

El chavismo, ya desde hace tiempo, dejó de ser un proyecto histórico viable; lo que administra hoy es tan solo la inercia de sus propios escombros, que mis análisis de principios de 2025 identificaron correctamente como el agotamiento terminal de su capacidad política.

Lo que no se pudo anticipar en toda su magnitud fue la decisión del chavismo gobernante de canjear una década de futuro productivo -mediante, por ejemplo, el cierre masivo de pozos en la Faja del Orinoco- por 90 días adicionales de control diferido sobre Miraflores. Eso no es resistencia: es canibalismo de activos.

El gobierno de facto comenzó a perder coherencia ideológica el día que borró la palabra «muerte» de su lema revolucionario, reemplazando «Patria, socialismo o muerte» por consignas vacías sin costo ni compromiso. Y eso se fue notando en que la mayoría de los cuadros chavistas activos fueron desertando ideológicamente desde hace años, y lo que hoy persiste es una red de pura dependencia material, miedo administrativo y costumbre de supervivencia diaria.

Hoy están atrapados entre dos lógicas contradictorias: el sueño narcisista de «me quedo para siempre, no importa qué» de Cabello, y la realidad táctica de «resisto un día a la vez» de los cuadros de poder e influencia del resto de la organización de ese estado fallido en el que se ha convertido la otrora “mediáticamente altiva” revolución bolivariana. Esa contradicción los hace predecibles, frágiles e irreversiblemente vulnerables.

En la actualidad no existe en el chavismo un solo personaje o sector que esté dispuesto a morir por la revolución. Los muy comprometidos con la pérdida de su libertad personal y de su propia vida son las excepciones que confirman la regla, por aquello de “perdido por perdido…”.

La amenaza de represión sigue operando, pero cada día con menos convicción y con menores recursos efectivos. El chavismo administra miedos residuales en una población que ya no espera salvadores externos, sino que se organiza desde abajo en forma clandestina para defenderse de un estado salvaje y represor.

En este contexto, el análisis de entorno debe desplazarse desde la pregunta «¿cuándo cae el chavismo?» -que es ya una conclusión consumada en términos históricos- hacia dos preguntas más productivas: primero, qué condiciones estructurales (político-militares, económicas, sociales) están dadas o no para que Edmundo González y María Corina Machado asuman la conducción de un país exhausto; segundo, cómo construye el ciudadano común su propia libertad, ocupando físicamente los espacios que se vayan quedando libres de represión, consolidándolos y nunca devolviéndolos.

Poder político: de la «negociación» al asedio irreversible

Washington ha cerrado el capítulo de la «salida negociada» tradicional. Lo que opera hoy es «Máxima Presión 2.0», con un régimen de asfixia selectiva donde cada decisión de la Casa Blanca marca un ajuste de presión, y no, como tratan de hacer ver, una apertura de diálogo o negociación.

Venezuela permanece como un Estado paria tanto en el ámbito político, como en los mercados financieros internacionales. Mientras no haya una transición institucional verificable -cambio de gobierno, reformas en defensa y seguridad, apertura judicial- el país seguirá expulsado del sistema multilateral. Esto ata completamente las manos de la élite gobernante, que no pueden reconstruir sin divisas, no pueden obtener divisas sin transición, y una transición es exactamente lo que su lógica de poder rechaza.

El chavismo ya no funciona como proyecto ideológico sino como un holding de protección patrimonial y penal para una cúpula acorralada. La «revolución» terminó cuando perdió su promesa de futuro. Hoy es solo un dispositivo administrativo para dilatar una rendición que ya es inevitable.

Para Edmundo y María Corina, la agenda con Estados Unidos no será de concesiones simbólicas o de «reconocimiento» gradual, sino de alineamiento observable en tres ejes: seguridad (reestructuración de fuerzas de orden), energía (rehabilitación de producción) y gobernanza (reforma judicial y transparencia). La presencia norteamericana será de acompañamiento permanente para asegurarse que nos convirtamos en una Alemania, Japón, Singapur, Corea del Sur, o Taiwán.

Debemos tener la claridad de aceptar que la reinserción de Venezuela en la economía global depende de una asociación -asimétrica- con Washington, que ha decidido que Latinoamérica en General, y Venezuela en particular deben integrarse frontalmente a una economía de bienestar, progreso y desarrollo sostenido que nos lleve a crecer, año tras año, en forma positiva y sustentable.

Fuerzas Armadas: la erosión interna como reloj de arena

En 2026, la pregunta correcta no es «¿son chavistas los militares?» sino «¿qué precio paga cada oficial por prolongar un sistema sin renta, sin futuro y sin legitimidad?» Y la respuesta será la que determine la evolución de los acontecimientos y el desarrollo de los diferentes escenarios.

La erosión interna es silenciosa pero irreversible: pérdida de privilegios reales (salarios licuados, imposibilidad de mantener familias con ingresos nominales), desgaste moral en los rangos medios y bajos que cumplen represión sin convicción, y la erosión permanente del relato épico que alguna vez los vinculó con los hechos heroicos de la independencia, y que sirvió de “excusa” para justificar las acciones que terminaron por echar por tierra un pasado de gloria y convertirlo en un lodazal donde se mezcla lo malo con lo peor.

Hoy el cuartel ya no es más un lugar donde se construye un proyecto de país, desde el punto de vista de la defensa nacional y de las instituciones, sino que se convirtió en un sitio donde se mezcla lo politico del PSUV, lo comunal fabricado artificialmente y con oscuras intenciones, lo civil de las autoridades locales y regionales, y también el tráfico de drogas organizado. Hoy es un sitio desde donde se administra el terror, la represión y la escasez y que será difícil cambiar de un momento para otro, cuando las circunstancias cambien.

Sobre eso se suma un cerco externo de inteligencia, donde servicios occidentales monitorean activos, rutas financieras y opciones de salida para oficiales clave. Muchos entienden -sin admitirlo públicamente- que el costo de proteger a un sistema sin futuro es incomparablemente mayor que el beneficio de la lealtad. El monopolio de la violencia que ejercen hoy es un monopolio sobre ruinas.

La consecuencia estructural es clara: la Fuerza Armada, tal como existe hoy -con su doctrina chavista, sus redes de corrupción y su cadena de mando interna- difícilmente sobrevivirá a la transición sin un rediseño profundo.

Será necesario un nuevo modelo de seguridad que distribuya poder y responsabilidades, y que impida que cualquier grupo se apropie del monopolio discrecional sobre las armas. Esto incluye nuevas doctrinas, nuevos mandos civiles, verificación internacional y, probablemente, una disolución parcial de estructuras actuales.

Edmundo y María Corina deben entender que no pueden negociar «la supervivencia de la institución militar» como tal; pueden, en cambio, ofrecer a cuadros técnicos y a mandos medios una oportunidad de servir a la República bajo otras reglas, con supervisión, pero con seguridad personal verificable.

Seguridad y narcoterrorismo: el cerco que se cierra

La estrategia de EEUU de la «Fruta Madura» está en su fase de recolección, y haciendo posible que el cerco sobre los capos narco-terroristas se haya ido cerrando mediante inteligencia de señales, rastreo de movimientos financieros y coordinación internacional. Cada semana hay menos espacios seguros en el Caribe para la élite criminal vinculada al poder.

El sistema de identificación, persecución y destrucción, se ha ido trasladando desde el oriente, hacia el occidente… Desde el estado Sucre al estado Zulia… Desde el despacho de lanchas rápidas hacia las plantaciones y laboratorios en la frontera con Colombia.

Lo que antes era un «santuario seguro» para el Cártel de los Soles ya no existe, y las opciones realistas no son ya de un «exilio dorado», sino salidas negociadas bajo supervisión internacional o capturas selectivas.

Lo mencionado erosiona uno de los pilares no confesados del chavismo, que es su capacidad de ofrecer protección territorial y logística a redes criminales -hezbollá, ELN, Farc, Cartel de Sinaloa- a cambio de apoyo político y financiero. Al romperse esa ecuación, el chavismo pierde un atractivo crucial y se acelera su fragmentación interna.

Economía y petróleo: muerte biológica sin retorno

La industria petrolera venezolana está en lo que técnicamente se llama «muerte biológica»: producción por debajo de 500.000 barriles diarios, tanques de almacenamiento llenos sin capacidad de venta, cierre masivo de pozos (shut-in) en la Faja del Orinoco y una capacidad de recuperación que no se mide ya en meses, sino en ciclos de inversión de una década.

El gobierno de facto tomó una decisión calculada: matar el subsuelo para mantener encendidas las luces de Miraflores un trimestre más. Lo que vimos a fines de 2025 no fue resistencia; fue rigor mortis institucional. El poder político sobrevivió a 2025 únicamente porque decidió sacrificar el futuro productivo.

Porque el tema Chevrón es solo un salvavidas transitorio que pretende mostrar una cara profesional que la industria nacional ya perdió hace tiempo… comenzó a sacrificarla con la expulsión/ despido, por parte de Chávez, de los 18.000 trabajadores de PDVSA en 2003talentos que eran la base de conocimiento que la sostenía en los niveles de excelencia que supo mantener desde la nacionalización petrolera… hasta la llegada del chavismo.

Paralelamente, el bolívar ha colapsado, con el dólar paralelo superando los Bs 500 por USD y sigue cayendo; el poder adquisitivo de la mayoría es inexistente; la economía se ha reducido a una burbuja de servicios para una élite mínima rodeada de un país que vive de remesas, trueque y subsistencia.

El estado no tiene ya la arquitectura fiscal y administrativa mínima para sostenerse. Esto abre una ventana extraordinaria para un gobierno que asuma la realidad sin autoengaños y proponga un rediseño radical: dolarización funcional, reducción drástica del estado, eliminación de la renta petrolera como mecanismo de control político.

Sociedad: el ciudadano como constructor

Más del 80% de la población vive en pobreza extrema. Eso no es estadística; es anatomía de un colapso social. La ficción del «pueblo empoderado» se ha disuelto, y lo que queda es un cuerpo social exhausto, pero -y esto es crucial- un cuerpo social que dejó de esperar salvadores externos.

La inmensa mayoría de los chavistas activos desertó ideológicamente hace años, y lo que los mantiene en el aparato es dependencia material y miedo administrativo. Pero ese miedo se erosiona cada día conforme ven que el sistema no tiene futuro, y están convirtiendo, muy lentamente, su deseo de deserción en abandono efectivo y acción concreta. Es un proceso de desgranamiento silencioso.

Adentro, en las comunidades, está ocurriendo algo que no figura en los reportes de seguridad que es la auto-organización progresiva. Vecinos que coordinan vigilancia barrial, madres que se organizan para conseguir medicinas, y empresarios locales que coordinan servicios sin permiso del estado. Es un estado que, por ausencia, cede espacio a la organización popular clandestina, que es el verdadero poder que está naciendo.

Y para aumentar las dosis de realismo, tenemos que estar claros en que no habrá retorno masivo de la diáspora en 2026. Quienes emigraron observan desde afuera la falta de servicios básicos, la inseguridad jurídica y el riesgo permanente de arbitrariedad; solo regresarán ante garantías tangibles: propiedad segura, sistema judicial predecible, estado de derecho. Pero esa diáspora seguirá siendo un activo estratégico, una red de contactos internacionales y de recursos que el nuevo gobierno necesitará para reconstruir.

Arquitectura política: María Corina, Edmundo y la construcción desde adentro

María Corina Machado se ha consolidado como la arquitecta de una voluntad popular que no solo sobrevivió a la represión, sino que la transformó en presión institucional verificable. Ha mantenido unida la plataforma interna mientras gestiona una relación con Estados Unidos que, siendo de alianza, mantiene márgenes de autonomía estratégica. Ha demostrado que el cambio tiene motor propio, que no depende exclusivamente de sanciones o de señales externas.

Edmundo González encarna la pieza complementaria; es la figura institucional responsable de traducir esa energía en gobierno efectivo, en reinserción financiera internacional, en acceso a crédito multilateral. Es el puente entre la energía social y la administración estatal.

El foco del análisis debe desplazarse hacia qué condiciones mínimas se necesitan para gobernar, tales como continuidad administrativa, canales de comunicación con mandos medios militares y civiles que estén dispuestos a servir a la República, y un entorno internacional alineado con estabilización rápida, y no con exigencias de milagros inmediatos.

Las variables que mutaron: prospectiva de 2025

En términos de análisis prospectivo, 2025 no fue un año de «predicción fallida» sino un año donde el régimen ejecutó un canibalismo de activos más agresivo de lo anticipado. El colapso técnico de la industria ocurrió exactamente como se predijo, pero su traducción política llegó con un retardo inercial.

Ese retardo fue amplificado por una mutación geopolítica crucial: Rusia e Irán duplicaron su apuesta sobre Venezuela, no por afinidad ideológica sino para usar al país como ficha de negociación en otros conflictos (Ucrania, Medio Oriente). El régimen dejó de ser un actor autónomo para convertirse en un peón sacrificable del ajedrez global.

Simultáneamente, la doctrina de presión internacional pasó de buscar un «quiebre de calle» a través de sanciones masivas, a una «disección quirúrgica» mediante nuevas capacidades de inteligencia. Es más lenta, pero irreversible. El impacto político se prolonga, pero la irreversibilidad aumenta.

El resultado es un aparato gobernante sin proyecto, sin renta, sin relato épico y sin cohesión ideológica. Lo sostiene solamente la administración de miedos residuales y la costumbre de «sobrevivir un día a la vez».

Escenarios 2026

Escenario 1: «Optimista con Transición Ordenada»

La cúpula reconoce el agotamiento total y negocia una salida pactada: garantías personales limitadas pero verificables, transferencia ordenada de poder a Edmundo y María Corina, control sobre PDVSA y fuerzas de seguridad. Se establece un marco de justicia transicional que distingue crímenes no negociables (asociación con terrorismo, crímenes de lesa humanidad) de responsabilidades administrativas graduables.

Este escenario requiere que Washington y actores internacionales comuniquen claramente que no habrá «exilio dorado» pero sí un proceso estructurado. Tiene baja probabilidad de ocurrencia, aunque es posible que después de algunos ataques violentos fuertes y algunas detenciones, terminen aceptándolo y su probabilidad aumente dramáticamente… Pero, por el momento, no aceptan la “transición ordenada”.

Escenario 2: «Inocuo con Colapso Silencioso»

El gobierno de facto intenta sostener su lógica defensiva/ reactiva de «un día a la vez» sin plan estratégico y sin capacidad de reconstrucción, generando un limbo institucional donde el poder formal permanece en manos del aparato, pero el poder efectivo se fragmenta entre actores locales, comunidades y estructuras vinculadas a la oposición.

La transición ocurre más por pérdida de relevancia del aparato oficial que por un evento único, mientras Edmundo y María Corina construyen gobernabilidad desde la periferia hacia el centro, apoyándose en la auto-organización comunitaria que ya está ocurriendo. Este escenario es el que estamos viviendo, y durará tanto como EEUU se los permita… No depende del chavismo, sino de cálculos estratégicos de los americanos, tratando de preservar vidas, de venezolanos y de norteamericanos.

Escenario 3: «Pesimista con Extracción Selectiva»

Los núcleos más comprometidos con la pérdida de su libertad rechazan cualquier salida pactada. Se disparan operaciones de extracción selectiva -judiciales, policiales, mixtas- sobre figuras clave. Hay episodios de violencia localizada. La transición ocurre bajo alta tensión, con necesidad de desplegar rápidamente una arquitectura de seguridad nueva y capaz, con apoyo internacional verificable. El riesgo es que los vacíos de poder sean ocupados por estructuras criminales residuales. Este es el escenario de más alta probabilidad, que comenzará a operar cuando se agote el “inocuo con colapso silencioso”, y dé pie, o bien a la profundización de la acción violenta, o bien a la migración al escenario “optimista con transición ordenada”.

Recomendaciones

  • Para la cúpula saliente: Aceptar que el chavismo, como proyecto ideológico, ya terminó. Las únicas decisiones racionales son sobre la forma de salida, no sobre su reversión. Negociar una transferencia controlada: cooperación en seguridad, preservación de ciertos cuadros técnicos civiles, retirada de redes ilícitas a cambio de justicia transicional estructurada.

Blindar su propia supervivencia acelerando rupturas internas controladas: documentar órdenes ilegales, deslindarse de operaciones de sangre y preservar evidencias que permitan negociar trato diferenciado. Facilitar desde ya el traspaso operativo de información crítica (mapas de riesgos, contratos, inventarios petroleros y militares) a cuadros técnicos neutrales, reduciendo el costo de una transición desordenada.

  • Para Edmundo y María Corina: Priorizar tres anclajes inmediatos: estabilización macroeconómica mínima (dólar funcional, presupuesto de emergencia), red de protección social de choque para evitar caída social acelerada, y rediseño de la arquitectura de seguridad bajo control civil y supervisión internacional. Construir puentes explícitos con mandos medios militares, separando claramente a quienes están dispuestos a servir a la República de quienes solo protegen su impunidad.

Instalar de inmediato un “cuarto de mando de transición” con tres tableros diarios: flujo de caja del Estado, disponibilidad energética y estado de orden público por municipio, para decisiones tácticas en tiempo real. Activar una red de delegados civiles en territorio (parroquia por parroquia) encargados de: recibir los espacios que se vayan liberando de represión, organizar comités de orden y servicios básicos, y reportar incidentes a un centro único de coordinación.

Crear desde ya, una figura extra ministerial con reporte directo a María Corina, que tenga la visión de conjunto y vaya midiendo la relación causa efecto de cada paso, considerando que será multisectorial, multifactorial y multidimensional… y que debe manejar simultáneamente todas las dimensiones con visión top down, mientras se realimenta bottom up

  • Para empresarios no cooptados: Preparar planes de inversión escalonados, vinculados a hitos verificables de transición, en sectores clave: energía, logística, agroindustria. Mantener liquidez y flexibilidad jurídica. La ventana de reconstrucción será corta y tumultuosa; no pueden quedar atrapados en acuerdos opacos.

Mapear desde ya proveedores, clientes y comunidades con las que pueden articular alianzas locales (empleo, seguridad perimetral, servicios) en aquellas zonas donde se retraiga primero la presencia del Estado.

Diseñar protocolos internos de continuidad operativa ante cambios bruscos (cortes de rutas, cambios de autoridades locales, variaciones regulatorias) para poder seguir produciendo mientras el marco institucional se reconfigura

  • Para aliados internacionales: Alinear sanciones e incentivos con una hoja de ruta clara de transición. Diseñar con anticipación paquetes de asistencia financiera y técnica condicionados a reformas verificables en justicia, defensa, energía. Comunicar que el apoyo es real pero condicionado; que la reconstrucción es posible, pero requiere cambios institucionales tangibles.

Establecer equipos de enlace permanentes con la futura administración para coordinar, desde el día uno, seguridad de infraestructuras críticas (refinerías, puertos, hubs eléctricos) y corredores humanitarios.

Definir claramente qué hitos concretos de transición (liberación de presos, apertura de registros, desarme parcial, restitución de competencias a municipios) activan cada tramo de apoyo financiero, logístico y técnico, evitando mensajes ambiguos

La hora del ciudadano

El chavismo como proyecto histórico, está muerto. Lo que vemos hoy es su cadáver en movimiento, atrapado entre el sueño de eternidad y la táctica cotidiana de supervivencia. Esta contradicción lo hace predecible, vulnerable y, cada vez más, irrelevante. Pero aquí es donde el verdadero cambio debe comenzar. No el cambio chavista que ofrecieron en 1.999, que fue una farsa, sino el cambio luminoso y verdadero hacia la libertad.

Cada espacio que cedan las fuerzas del mal -una calle donde baje la represión, un barrio donde la seguridad estatal se retire, un mercado local donde el control se relaje- debe ser inmediatamente ocupado por las fuerzas del bien impulsadas y organizadas clandestinamente por María Corina.

No solo para asumir el gobierno que electoralmente ya consiguieron, sino para construir poder real: bases de vigilancia comunitaria que protegen el barrio, ONG´s locales que proveen servicios que el estado no da, asambleas vecinales que toman decisiones sin pedir permiso, pequeños negocios que operan sin miedo, y redes de cuidado que protegen a los vulnerables.

Cada espacio conquistado debe ser consolidado y nunca devuelto. No debe haber retroceso. Cuando caiga el chavismo -y caerá, pues es ya una cuestión de tiempo- esos espacios serán ya territorios de la República, no vacíos esperando a que un nuevo aparato central llene. El nuevo gobierno heredará un país donde la organización que arrancó con los “comanditos” ya está descentralizada, donde las comunidades ya funcionan, y donde la libertad ya se ejerce desde abajo.

Esto es irreversible porque el ciudadano común ya aprendió que no puede esperar. Ya descubrió que puede organizarse sin permiso, y eso no se olvida.

El chavismo fue un proyecto de concentración de poder, y su caída debe ser el inicio de una desconcentración del poder que llegue a cada ciudadano, a cada familia, a cada barrio. Esa es la verdadera libertad, y esa no la puede otorgar ningún gobierno; solo la pueden construir los ciudadanos, día a día, espacio por espacio, consolidando cada territorio que se abra y protegiéndolo como propio.

Edmundo y María Corina gobernarán un país que ya habrá comenzado a gobernarse a sí mismo. Eso es lo que debe ocurrir.

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