Armando Esteban Quito

Una avioneta de pequeño porte impactó este lunes contra un edificio residencial en el barrio brasileño de Silveira, en la zona nordeste de Belo Horizonte, poco después de despegar del aeropuerto de Pampulha.

Infobae

El accidente dejó dos muertos y tres heridos graves, que fueron trasladados de urgencia al hospital João XXIII. Ningún residente del inmueble resultó lesionado.

Según los primeros reportes del Cuerpo de Bomberos, la aeronave, un modelo EMB-721C “Sertanejo” fabricado en 1979, había despegado a las 12:16 con cinco personas a bordo. El piloto llegó a informar a la torre de control que experimentaba dificultades poco después del despegue.

La aeronave perdió altitud y colisionó con la caja de escaleras entre el tercer y cuarto piso de un edificio ubicado en la calle Ilacir Pereira Lima.

El teniente Raul, portavoz de los bomberos, detalló que el impacto se produjo en la estructura interna del inmueble y no en los laterales, lo que evitó consecuencias mayores para los vecinos.

La aeronave se incrustó en la caja de escalera. Si hubiera golpeado los apartamentos, habría habido más víctimas, pues estaban ocupados”, explicó el oficial. Inmediatamente después del choque, todos los habitantes fueron evacuados. La operación de rescate logró desalojar el edificio poco antes de las 14:00, hora local.

El accidente se produjo a tan solo seis kilómetros del punto de partida y a menos de cuatro kilómetros de la cabecera 31 del aeropuerto. La emergencia movilizó tres unidades de bomberos, ambulancias y equipos de la Defensa Civil municipal. Las tareas incluyeron la contención de un derrame de combustible en el estacionamiento del supermercado contiguo al edificio, riesgo que fue rápidamente controlado con espuma especial para evitar una explosión.

La aeronave, de matrícula PT-EYT y propiedad de una empresa de internet de Teófilo Otoni, estaba habilitada para operar y tenía capacidad para cinco pasajeros más el piloto. Sin embargo, no contaba con permiso para funcionar como taxi aéreo, por lo que no podía realizar vuelos comerciales de transporte de pasajeros o cargas mediante pago.

La Fuerza Aérea Brasileña (FAB) informó que funcionarios del Centro de Investigación y Prevención de Accidentes Aeronáuticos (CENIPA) se desplazaron al lugar para determinar las causas del siniestro. Equipos del Servicio Regional de Investigación y Prevención de Accidentes Aeronáuticos (SERIPA III) recolectaron pruebas y preservaron el área para facilitar el trabajo pericial. La Policía Civil de Minas Gerais también abrió una investigación y realizó los primeros peritajes en el sitio.

Testimonios de los residentes reflejaron el pánico vivido tras el impacto. “Oscureció todo, cayeron un montón de estillas y pensé que era el fin del mundo”, relató Avani Soares, habitante del edificio, quien recordó los gritos de auxilio en los pisos superiores.

Solo tomé mi celular y mis gafas, y bajé corriendo. Olía a combustible por todas partes”, añadió, describiendo el ambiente tras el choque.

Los cuerpos del piloto y de uno de los pasajeros fallecidos serán trasladados al Instituto Médico-Legal Dr. André Roquette para los exámenes de rigor. La situación de las otras tres personas heridas es crítica y permanecen internadas bajo observación.

Las investigaciones de las autoridades buscarán esclarecer si el siniestro obedeció a una falla mecánica, error humano o condiciones adversas al momento del despegue.

La primera vez que mi hija quedó al cuidado de suabuela fue para que yo pudiera ir a un recital de Caetano Veloso y Gilberto Gil en el Teatro Gran Rex. Ella tenía apenas 45 días. Hace unos meses me sorprendió con dos entradas. Volvía Caetano a Buenos Aires y ahora era ella la que me estaba invitando. Dos entradas y un mensaje: quién sabe cuántas veces más podemos volver a verlo juntas.

Por: Gabriela Cerruti – Infobae

Podía haber sido solo una pregunta sobre las giras de Caetano, sobre si a los 82 años seguirá viajando a Buenos Aires. Pero yo escuché otra cosa. Escuché la pregunta debajo de la pregunta: cuántas veces más vamos a poder sentarnos juntas en una platea oscura, en silencio, escuchando algo que a las dos nos importa. Cuántas veces más voy a poder ser su madre en ese sentido preciso —la que la llevó a un recital antes de que supiera caminar, la que la enseñó a escuchar esa música.

Hay una edad en la que esa intuición empieza a aparecer, sin dramatismo pero con una claridad nueva. No como certeza, sino como una sospecha que se filtra en escenas cotidianas: la idea de que algunas cosas pueden estar ocurriendo por última vez sin que nadie lo sepa. No hay anuncio, no hay despedida, no hay un gesto que marque el final. Pero algo cambia en la forma en que miramos esos momentos. Como si el tiempo, de golpe, dejara de ser infinito.

Ahí empieza otra forma de duelo. No el que conocemos —el que llega después de una muerte, con su ritual, sus palabras, su orden—, sino uno más difuso, más incómodo, que no tiene fecha ni ceremonia. El duelo por lo que todavía está, pero ya no es del todo. El duelo por lo que sigue ocurriendo, pero de otra manera.

Porque vivir más no es solo acumular años. Es acumular pérdidas. Algunas grandes, visibles, socialmente reconocidas. Pero muchas otras pequeñas, silenciosas, casi invisibles. Pérdidas que no interrumpen la vida, pero la van desplazando. Un cuerpo que deja de responder con la misma facilidad. Una casa que empieza a quedar grande. Un grupo de amigos que se achica sin que nadie lo nombre. Una conversación que ya no se puede seguir con la misma agilidad. Una ciudad que cambia de ritmo y de códigos hasta volverse, de a poco, ajena.

Pienso en una amiga que dejó de ir al cine sola. No hubo un día en que lo decidiera. Fue pasando: una vez no tenía ganas, otra vez no encontró con quién ir, otra vez la sala le quedó lejos. Hasta que un día se dio cuenta de que hacía meses que no entraba a una sala oscura por su propia cuenta. Una cosa pequeña. Una libertad que simplemente dejó de ejercerse. Nadie llamó para dar el pésame.

La sociología del envejecimiento empezó a hablar de “micro pérdidas acumulativas” para describir este fenómeno. No hay un evento único que lo explique. Es, más bien, una sucesión de pequeñas fracturas en la continuidad de la vida. Y eso es lo que vuelve difícil reconocerlas: no hay un momento en el que uno pueda decir “esto terminó”. Simplemente, deja de ser como era.

Joan Didion escribió en El año del pensamiento mágico que el duelo resulta ser un lugar que ninguno de nosotros conoce hasta que llega. Pero Didion hablaba del duelo después de la muerte —ese umbral claro, ese antes y después reconocible. La longevidad nos obliga a pensar en duelos que empiezan antes, que no tienen fecha, que no permiten decir “desde entonces”. Son más bien una serie de pequeñas escenas que se acumulan hasta que un día alguien entiende que lleva meses —o años— despidiéndose sin haberlo sabido.

Durante mucho tiempo, la muerte funcionó como un organizador del sentido. Marcaba un antes y un después. Permitía ordenar el dolor, compartirlo, darle un lugar. Hoy, en vidas que se estiran durante décadas, ese esquema empieza a romperse. El duelo ya no es un evento: es un proceso largo, fragmentado, muchas veces solitario. No se trata de una gran pérdida, sino de muchas pequeñas que se van acumulando.

Y sin embargo, no tenemos lenguaje para eso. Nadie llama para dar el pésame cuando una deja de ser quien era. Nadie acompaña formalmente a quien pierde su identidad laboral después de cuarenta años. Nadie nombra el momento en que una relación cambia de forma sin terminarse. No hay rituales para las últimas veces. Y, sin embargo, son esas últimas veces —las que no sabemos que lo son— las que empiezan a definir la experiencia emocional de la longevidad.

Recién ahí aparece una de las formas más extremas —y más visibles— de este fenómeno: la enfermedad. La psicóloga Pauline Boss llamó “pérdida ambigua” a ese duelo particular en el que alguien está físicamente presente pero psicológicamente ausente. En los casos de Alzheimer, la definición se vuelve literal. Pero reducirlo a la enfermedad sería quedarse en la superficie de algo mucho más amplio.

La pérdida que no tiene velorio

Hay una escena que no tiene la espectacularidad de la muerte y por eso casi nunca entra en las conversaciones importantes. Una mujer le alcanza un vaso de agua a su marido. Él lo recibe con educación, le agradece, quizás hasta sonríe, pero la mira como se mira a una desconocida amable. Ella no grita, no se derrumba, no llama a nadie para avisar que acaba de perder algo. Sigue lavando los platos. La vida, que es bastante desconsiderada con el dolor, continúa. El hombre está ahí. El marido, no del todo.

El cuerpo permanece, la voz permanece, a veces incluso permanece una forma de ternura. Pero se pierden la conversación, el chiste compartido, la memoria común, esa complicidad mínima que convierte a dos personas en una historia. No hay velorio para eso. No hay flores. No hay licencia laboral. No hay una frase socialmente aprendida para decir: hoy mi marido volvió a olvidarse de mí.

Iris Murdoch fue durante muchos años una de mis escritoras más queridas. Tiene un lugar muy especial en mi biblioteca —esos libros que uno no presta, no regala, no mueve de lugar. Vuelvo a The Sea, The Sea, cada verano. Cuando su marido, el crítico John Bayley, publicó Elegy for Iris, el libro en que narró el avance del Alzheimer en ella, sentí que estaba leyendo algo demasiado íntimo, demasiado expuesto. Años después entendí que Bayley escribió ese libro porque necesitaba un lugar donde poner lo que no tenía nombre. La mujer que amaba seguía sentada frente a él en el desayuno. Y al mismo tiempo, de algún modo, ya no estaba.

Lo que Mariana encontró del otro lado

Mi amiga Mariana viaja varias veces por año desde el frío norte de Europa hasta un pueblo de la provincia de Buenos Aires para ver a sus padres. Hace unos años su mamá empezó con Alzheimer. Hubo que aprender otra manera de hablar, de estar, de comunicarse. Mariana atravesó lo que atraviesan todos los que llegan a esa instancia: la confusión, el dolor, la sensación de perder a alguien que todavía está.

Pero hay algo más que ella me contó, y que no suelo escuchar en las conversaciones sobre demencia. Dijo: también encontré otra forma de comunicarme.

Su madre fue, como muchas madres de nuestra generación, una mujer fuerte y todopoderosa a la que era difícil entrarle desde el afecto. Esas madres que controlaban, que tenían expectativas, que querían que fueras la que ellas habían imaginado. La relación era compleja, como lo son muchas relaciones entre madres e hijas cuando hay demasiado amor mezclado con demasiada exigencia.

El Alzheimer se llevó esa capa. Lo que quedó fue solo el afecto puro: la caricia, la mirada, la sonrisa, el instante de reconocimiento. Y a quien reconoce en ese instante es a la que Mariana es —no a la que su madre quería que fuera, no a la que tiene obligaciones o debe cumplir expectativas. A la que ama. Dijo Mariana: en este camino encontré un punto de conexión que me llena de magia.

No lo digo para endulzar algo que es durísimo. Lo digo porque Mariana encontró en lo que parecía solo pérdida algo que no había podido encontrar antes. Y eso también es parte de la nueva longevidad: que sus duelos, a veces, tienen una vuelta inesperada.

Los números que sacan el tema del living familiar

Atul Gawande escribió en Being Mortal que muchos viejos no temen tanto a la muerte como a lo que ocurre antes: perder la audición, la memoria, los amigos, la forma de vida. La vejez, dice un personaje del libro, es una serie continua de pérdidas. La frase importa porque desplaza el centro de gravedad. Durante mucho tiempo pensamos la vejez desde el final. La vida larga nos obliga a mirar lo que pasa antes: esa zona intermedia donde no todo terminó, pero muchas cosas ya no están.

Y esa zona no es solo emocional. Es política. En 2021 había 57 millones de personas con demencia en el mundo, según la OMS, con casi 10 millones de casos nuevos por año. La Comisión Lancet 2024 advirtió que aunque en países de altos ingresos baja la incidencia por edad, el número total de personas con demencia sigue creciendo porque vivimos más. El World Alzheimer Report 2024 encuestó a más de 40.000 personas en 166 países: el 88% de quienes viven con demencia reportaron haber sufrido discriminación —más que en 2019. Y en Estados Unidos, la Alzheimer’s Association calculó que en 2025 casi 12 millones de cuidadores no remunerados dieron 19.200 millones de horas de cuidado a personas con Alzheimer u otras demencias.

Diecinueve mil millones de horas. La mayoría las pusieron mujeres. La mayoría de esas mujeres no aparecen en ninguna estadística de empleo, en ningún presupuesto, en ningún debate político. Son la economía invisible de la nueva longevidad.

El duelo que se escribe en público

Emma Heming Willis lleva varios años hablando de lo que significa cuidar a alguien que se va yendo sin irse. Desde que la familia informó primero la afasia y luego la demencia frontotemporal de Bruce Willis, ella eligió no guardar silencio. En una entrevista con AARP en septiembre de 2025 contó cómo reorganizaron la vida alrededor del diagnóstico. Y escribió algo que atraviesa la pantalla: el duelo no pertenece solo a la muerte. Pertenece al cambio y a la pérdida ambigua que los cuidadores conocen tan bien.

No es una frase terapéutica. Es una descripción precisa de algo que nuestra cultura todavía no sabe nombrar del todo. Cuando Gene Hackman murió —con Alzheimer avanzado, en circunstancias que dejaron preguntas sobre quién lo había cuidado en sus últimas semanas— Heming Willis salió a decir algo que fue más allá del caso particular: los cuidadores también necesitan cuidado. La pregunta política que queda flotando es simple y sin respuesta todavía: ¿quién está mirando?

Una pedagogía que nadie eligió

La cultura todavía ofrece rituales para la muerte, pero casi ninguno para las micro pérdidas de una vida larga. Nadie acompaña formalmente a una mujer que deja de manejar porque ya no ve bien de noche. Nadie manda comida cuando un hombre cierra su consultorio después de cuarenta años y descubre que el lunes no tiene adónde ir. Nadie pregunta demasiado por la tristeza de vender una casa, achicar una biblioteca, dejar de subir a una terraza, abandonar una mesa de amigas porque el oído ya no permite seguir la conversación. Son pérdidas menores solo para quien las mira desde afuera.

Louise Aronson, en Elderhood, advierte contra el error opuesto: reducir la vejez a pérdida es otra forma de no verla. Pero sí exige aprender a nombrar lo que se pierde —y nuestra cultura, que sabe bastante sobre cómo celebrar la vida larga, sabe muy poco sobre cómo acompañar lo que esa vida larga se lleva en el camino.

La nueva longevidad no es únicamente una promesa de años agregados. Es también una pedagogía brutal de la pérdida. Vivir más significa ganar tiempo, sí. Pero también significa atravesar más despedidas parciales, más identidades que se desprenden como capas, más últimas veces que no supimos que eran últimas.

Quién sabe cuántas veces más voy a poder ir a ver a Caetano con mi hija. Quizás muchas. Quizás la próxima vez que venga sea la última. No lo sé. Lo que sé es que la próxima vez que vayamos, voy a escucharlo de otra manera. Sabiendo que ese momento también es un regalo que se puede terminar. Y que estar ahí, juntas, ya es una respuesta a la pregunta que ella me hizo sin querer.

Gabriela Cerruti es escritora y periodista especializada en nueva longevidad. Autora de La Revolución de las Viejas.

Cuando los posibles proveedores y financiadores para la industria eléctrica de Venezuela, incluyendo Siemens Energy y GE Vernova En las reuniones que mantuvieron con funcionarios en Caracas en abril, la cuestión de cómo podrían recibir un pago por reforzar la deteriorada red eléctrica del país fue una de las principales preocupaciones, según dos fuentes involucradas en las conversaciones.

Por: Marianna Párraga , Mircely Guanipa y Mariela Nava – Reuters

Según las fuentes, esos ejecutivos se mostraron reticentes, mientras el país intenta impulsar un plan de reconstrucción de 100.000 millones de dólares promovido por Washington.

Garantizar un suministro eléctrico estable es una de las principales prioridades de la presidenta interina Delcy Rodríguez desde que reemplazó al depuesto presidente Nicolás Maduro en enero, pero el país, con graves problemas de liquidez, no ha logrado hasta ahora garantizar los pagos puntuales a los proveedores que ayudarían a recuperarse a sectores clave como el del petróleo y el gas.

«Regresé de Venezuela muy escéptico», dijo un ejecutivo de una empresa proveedora de equipos que trabajaba con el gobierno y la empresa estatal de energía PDVSA, quien asistió a una de las reuniones en Caracas. «Las centrales eléctricas no han recibido el mantenimiento adecuado en 10 años, por lo que las necesidades son prácticamente ilimitadas. Pero aún no tienen ni idea de cómo nos pagarían».

Actualmente, menos del 40% de la capacidad de generación de Venezuela está disponible, lo que provoca frecuentes cortes de energía y limita la capacidad manufacturera del país. Las centrales térmicas se ampliaron durante el mandato del fallecido presidente Hugo Chávez hasta 2013, pero los proyectos dejaron miles de millones de dólares en facturas impagas a los contratistas, a algunos de los cuales ahora se les está pidiendo que regresen.

Persiste la incertidumbre sobre qué proyectos tendrán prioridad y los suministros necesarios para reforzar las líneas de transmisión del país y reparar sus centrales térmicas e hidroeléctricas. Esto, sumado a las incertidumbres sobre los pagos y las autorizaciones requeridas de Washington y Caracas, retrasará la inversión, según las fuentes.

El Ministerio de Comunicaciones de Venezuela, la empresa estatal de servicios públicos Corpoelec y la petrolera estatal PDVSA no respondieron a las solicitudes de comentarios.

No se vislumbran soluciones de pago

Tras las reuniones de abril con ejecutivos extranjeros, el gobierno de Rodríguez se puso en contacto con empresas como Siemens Energy, GE Vernova y Mitsubishi Power para que repararan la red eléctrica.

Siemens Energy y GE Vernova confirmaron reuniones con funcionarios del gobierno. «Estamos comprometidos a brindar nuestro apoyo al pueblo de Venezuela», declaró un portavoz de GE Vernova. Mitsubishi Power no respondió a la solicitud de comentarios.

De los 36.000 megavatios (MW) de capacidad de generación instalada en Venezuela, actualmente están disponibles menos de 13.000 MW, principalmente debido al mal estado de sus centrales eléctricas de combustible, que solo contribuyen con unos 2.500 MW, o alrededor del 13% de su capacidad, según datos independientes.

Rodríguez no ha dado más detalles sobre sus planes, limitándose a decir que los esfuerzos iniciales se centran en reparar dos grandes centrales térmicas que llevan años con un rendimiento inferior al esperado.

«Las soluciones no llegarán de la noche a la mañana», dijo la semana pasada en un mitin en Valencia, una de las muchas ciudades afectadas por los frecuentes cortes de electricidad.

La experiencia de las multinacionales de la era Chávez ha generado recelo hacia el regreso a Venezuela. Varias empresas que no recibieron sus pagos recurrieron al arbitraje o a acciones legales en el extranjero tras aceptar pagarés que Venezuela les entregó en lugar de efectivo. Muchas de ellas los negociaron con grandes descuentos.

Ninguno de ellos realizó más trabajos en los años siguientes, en parte debido a las sanciones estadounidenses que ahora se están suavizando.
Según la fuente, el gobierno de Rodríguez rechazó recientemente una propuesta de un grupo de empresas extranjeras que solicitaban el pago por adelantado de las reparaciones iniciales y las piezas de repuesto, alegando obstáculos legales.

Algunos propusieron recibir pagos directos de cuentas supervisadas por el Tesoro estadounidense que recaudan los ingresos de la venta de petróleo del país, según declaró un ejecutivo de una posible entidad financiera.

Venezuela también tiene deudas pendientes con instituciones multilaterales y bancos, lo que supone otro obstáculo para la financiación, según las fuentes.

Los problemas de suministro eléctrico han paralizado el sector petrolero y gasístico de Venezuela, su industria más importante.

En la refinería de Paraguaná, una de las más grandes del mundo con una capacidad instalada de 955.000 barriles diarios, varios apagones este año han impedido que PDVSA reinicie las unidades de producción de gasolina. Esto ha retrasado la distribución, dejando largas filas de conductores esperando combustible.

PDVSA está evaluando sus necesidades de reparaciones y equipamiento, según una de las fuentes. Sin embargo, la empresa que representa «no repetirá los errores del pasado», añadió, refiriéndose a su postura sobre la concesión de créditos a Venezuela.

Se necesitan al menos 15 mil millones de dólares para reparar la red eléctrica mediante un plan de estabilización de tres años. Sin esa cantidad, solo se realizarán reparaciones menores, según el experto en energía Miguel Lara. «Es un problema muy complejo, un rompecabezas», afirmó. «No sé qué fuente de energía podrá sustentar la reactivación económica de la que hablan».

La demanda del año pasado fue de 14 700 MW, lo que dejó un déficit de al menos 1 500 MW, según Lara. La red sufrió 35 grandes apagones en el primer trimestre, en comparación con un promedio histórico de tres a cinco incidentes por año. El robo y el mal uso de repuestos también contribuyen a los problemas de infraestructura, agregó.

Bernerd Da Santos, vicepresidente ejecutivo de la empresa de servicios públicos estadounidense AES (AES.N), abre una nueva pestañaEn una conferencia virtual celebrada en marzo, advirtió sobre la urgente necesidad de reforzar las líneas de transmisión de Venezuela. Si el gobierno ajusta las tarifas para reducir los subsidios y brinda seguridad jurídica a los contratos, la inversión podría ser posible, afirmó.

Algunos productores de energía, entre ellos la española Repsol (REP.MC), abre una nueva pestañaRepsol ya ha lanzado convocatorias abiertas para la adquisición de sus propias centrales eléctricas y suministros relacionados, según un documento de la empresa al que tuvo acceso Reuters. Repsol no respondió a la solicitud de comentarios.

Mientras tanto, los residentes sufren cortes de electricidad cada vez más prolongados, a veces de hasta 10 horas al día.

En la ciudad occidental de Maracaibo, la segunda más importante de Venezuela después de Caracas, un grupo de jóvenes suele jugar al baloncesto en una vieja cancha iluminada únicamente por el faro de una motocicleta.

«Antes jugábamos aquí todos los días, pero el racionamiento está aumentando», dijo Fernando Urdaneta, un estudiante de 20 años. «Al menos así no dejamos de hacer ejercicio, no nos aburrimos y escapamos de casa, que se convierte en un horno».

En entrevista por #BuenosDíasVPItv, Ruben Chirino, presidente de Meganálisis, aseguró que el rechazo hacia Delcy Rodríguez como figura para la transición sigue siendo contundente.

VPItv

“La intención de voto hacia ella sigue siendo limitada. Las proporciones que se autodefinen contrarias al chavismo superan el 80%, y ese rechazo ya es estructural en los venezolanos, producto de las precariedades acumuladas en los últimos 20 años”, explicó.

El análisis refleja un panorama marcado por el desgaste político y una clara tendencia del electorado frente al régimen.

La transición hacia la electricidad limpia se está acelerando, pero no de manera uniforme en las mayores economías del mundo.

Visual Capitalist

Este gráfico clasifica cuánto ha aumentado cada país su cuota de energía limpia desde 2015, revelando claramente a los líderes y rezagados en la transición energética mundial.

Utilizando datos de Ember e IMF DataMapper , la visualización realiza un seguimiento de la electricidad generada a partir de energía nuclear, hidroeléctrica, eólica, solar y otras energías renovables en las 10 principales economías por PIB a enero de 2026.

Europa toma la delantera en el crecimiento de la energía limpia

Las economías europeas dominan la clasificación en cuanto a avances en energías limpias. El Reino Unido lidera entre las principales economías, incrementando su cuota de electricidad limpia en 19,5 puntos porcentuales desde 2015, seguido de cerca por Alemania.

Italia ha seguido un camino similar, sustituyendo el carbón por una combinación de energías renovables y gas natural. Mientras tanto, Francia mantuvo su posición como líder mundial, con más del 90 % de su electricidad procedente de fuentes limpias, debido en gran medida a su larga dependencia de la energía nuclear.

La brecha entre líderes y rezagados es ahora abismal. El Reino Unido y Japón han añadido más de 15 puntos porcentuales de electricidad limpia desde 2015, mientras que Rusia e India han añadido menos de 5, lo que pone de manifiesto lo desigual que sigue siendo la transición.

Avances desiguales en las mayores economías de Asia

Asia muestra un ritmo de cambio desigual. China ha logrado aumentos de dos dígitos en la cuota de electricidad limpia, pero la creciente demanda implica que el uso del carbón ha aumentado en términos absolutos.

La transición de la India ha sido más lenta, con un modesto aumento de la energía limpia hasta poco más del 22%. Japón, por otro lado, experimentó uno de los mayores incrementos en la cuota de energía limpia, lo que refleja una reactivación gradual de la energía nuclear junto con la expansión de las energías renovables tras el desastre de Fukushima.

Estados Unidos y otros países muestran tendencias divergentes

Estados Unidos se sitúa en la mitad de la tabla, con avances constantes pero menos espectaculares. El crecimiento de la energía eólica y solar ha aumentado su cuota de energías limpias, pero la continua dependencia del gas natural ha ralentizado el ritmo general de la transición en comparación con sus homólogos europeos.

Mientras tanto, Rusia mostró cambios mínimos, y su matriz energética se mantuvo relativamente estable durante la década.

El pasado jueves 30 abril la ciudad de Caracas quedó convulsionada en todas sus vías este-oeste y norte-sur. Cruzar la ciudad fue una odisea.

Por: Eduardo Martínez – East Web Side

Se consumieron litros de gasolina, sin ir a ninguna parte. Los vehículos se recalentaron. El transporte colectivo superficial fue escaso y lento. Y los caraqueños debieron resistir en sus vehículos en recorridos de hasta tres horas -de ida o vuelta del trabajo- cuando usualmente suele tomar algunas decenas de minutos.

Todo se desencadenó cuando los hermanos Rodríguez decidieron organizar un acto político, como fin de un recorrido desde el interior, que han llamado “la peregrinación”. Operación propagandística que tenía como meta la Autopista del Este en el sector del Parque Botánico. Lugar donde instalaron una tarima y partieron en 4 la ciudad de Caracas.

Si buscaban mejorar la imagen de la continuación del régimen chavista y su neo-lidereza Delcy, condimentado por los anuncios de insuficientes aumentos de salarios en la víspera del 1º de Mayo, el resultado logrado no pudo ser peor.

Ni los aumentos contentaron a los trabajadores, ni la convocatoria al acto -extendido hasta el día viernes- atrajo a las mayorías, en tanto la descomunal tranca no logró otra cosa que avivar las llamas del malestar ciudadano.

La verdad verdadera, es que el jueves hasta el presidente Donald Trump se quedó varado en la gran tranca peregrina.

El pasado fin de semana se celebró el Día Internacional del Trabajador. Con ocasión de esta fecha, tanto en su antesala como durante la conmemoración, la principal demanda de los trabajadores venezolanos ha estado centrada en la recuperación del salario. Con toda razón, los venezolanos aspiramos a volver a percibir ingresos que nos permitan acceder a los bienes materiales y espirituales básicos a los que toda persona tiene derecho. Sin embargo, la realidad es otra: vivimos sumidos en la miseria. La sociedad venezolana padece, en estos tiempos de la llamada “revolución bolivariana”, la tragedia humanitaria más dramática del último siglo de nuestra historia.

La destrucción causada por el saqueo, la ineptitud y la maldad convertida en poder no tiene parangón en el mundo contemporáneo. La pobreza se percibe a flor de piel. El salario y las pensiones han dejado de ser instrumentos de compensación por el trabajo realizado. “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, dice el Evangelio. En Venezuela, el sudor se agota hasta la extenuación —incluso hasta la muerte por mengua— sin que se logre asegurar el pan de cada día. Hoy, la mayoría de nuestros compatriotas accede a alimentos y medicinas gracias a las remesas enviadas por familiares en el exterior. Otros, además de su empleo formal, se ven obligados a realizar trabajos adicionales para poder sobrevivir, y aun así no logran cubrir sus necesidades básicas.

Esta dramática realidad es el resultado de una política desastrosa, de un modelo fracasado, de una camarilla que utilizó el poder para capturar el Estado, saquearlo, despilfarrar la riqueza nacional y enriquecerse junto a su entorno. Por ello, el problema del salario, aunque en apariencia económico, es en esencia político. Su destrucción responde a decisiones políticas y, en consecuencia, su solución pasa por la política: por la construcción de un Estado moderno, democrático, ético y eficiente.

Mientras persista el actual modelo de Estado socialista, ineficiente y depredador, no habrá posibilidad alguna de recuperar el salario. Con motivo del primero de mayo, los representantes de ese mismo Estado han anunciado ajustes en los ingresos de los trabajadores, presentándolos como incrementos responsables. Solo han producido una nueva frustración en nuestra ciudadanía. Pero la devastación causada por quienes han desgobernado durante más de dos décadas impide generar, hoy o mañana, los recursos necesarios para una verdadera recuperación salarial.

El hecho de que Nicolás Maduro no esté físicamente en Miraflores no implica un cambio de rumbo. Las modificaciones impulsadas bajo presión internacional resultan meramente cosméticas si no se transforma el modelo de Estado socialista consagrado en leyes y prácticas que asfixian la economía de mercado: y si continúan en funciones los mismos actores formados en la lógica del poder instaurado por Chávez y Maduro, no hay forma de lograr crecimiento económico.

Designaciones como la de Vladimir Padrino López para dirigir áreas como la agricultura, la pesca y la ganadería evidencian la continuidad del mismo esquema. Es la reiteración de políticas intervencionistas, ineficientes y profundamente corruptas. Pretender que quienes han contribuido al colapso de la economía sean ahora sus salvadores resulta, cuando menos, absurdo.

No hay recursos suficientes para salarios dignos, en parte por la falta de financiamiento, pero también por la persistencia de la corrupción en todos los niveles de la administración pública. Un ejemplo emblemático es el sistema Patria, convertido en un mecanismo opaco que facilita el desvío de recursos mediante nóminas infladas, pagos indebidos y programas que no se ejecutan. La recuperación pasa, necesariamente, por imponer orden, eliminar estructuras ineficientes y liquidar empresas públicas inviables.

Por supuesto, no habrá salarios dignos sin crecimiento económico. Y este solo será posible mediante una amplia y sostenida inversión privada en todos los sectores de la economía. Esa inversión no llegará mientras subsistan las actuales condiciones políticas e institucionales.

La reconstrucción del país requerirá, además, del concurso de millones de venezolanos dentro y fuera del territorio nacional. Como lo ha señalado la propia industria petrolera, será indispensable el retorno de miles de técnicos y profesionales hoy dispersos por el mundo. Para lograrlo, será necesario ofrecer condiciones laborales y salariales competitivas a nivel internacional. Nadie abandonará empleos estables en el exterior para regresar a esquemas como los de la “PDVSA roja rojita”.

En definitiva, no cabe duda de que la causa principal de la pulverización del salario y las pensiones es la mala política. Solo una nueva y buena política permitirá generar riqueza y, con ella, recuperar ingresos dignos. Allí radica el verdadero desafío.

El problema del salario es, en lo esencial, un problema político. Por ello, trabajadores, dirigentes sindicales y ciudadanos debemos abordarlo desde esa perspectiva. No se trata únicamente de una reivindicación laboral: es la lucha por transformar el sistema político, redefinir el modelo de Estado y abrir paso a una democracia moderna, eficiente y generadora de bienestar.

César Pérez Vivas

Hay noches en que un espacio de conversación se convierte en algo más. En que las palabras dejan de ser palabras y se transforman en oxígeno. Eso fue lo que ocurrió este domingo en Venezuela Late, cuando Humberto Villalobos, Beto para sus amigos, arquitecto de profesión y guardián del voto venezolano por vocación, tomó el micrófono y habló durante más de una hora con la serenidad de quien no solo conoce el camino, sino que lo está construyendo con sus propias manos. Lo que compartió esa noche fue un mapa.

Por: Elizabeth Sánchez Vegas – Venezuela Late

Antes de entender lo que Beto Villalobos hace hoy, hay que entender la noche que lo convirtió en quien es. Era 2004. El referéndum revocatorio. Venezuela entera contenía la respiración. Villalobos estuvo como testigo en un centro de votación en Las Minas de Baruta, un centro fuerte, con una presencia opositora tan sólida que él mismo lo describe así: «me sentía el rey del centro.» Todo el día, la energía era de victoria. Los números cuadraban. La gente estaba ahí. Y entonces llegó el resultado: empate. «Esto es totalmente imposible», dijo. Y tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida: hacer algo al respecto. Su esposa cuenta que se sentó frente a una computadora esa noche. Y que, en cierta forma, no se ha vuelto a parar.

De ese momento nació SDATA, Estudios de Datos, una organización no gubernamental dedicada al análisis electoral independiente, que durante años haría lo que el CNE nunca quiso que nadie hiciera: mirar el sistema con lupa. Publicó informes, documentó anomalías y planteó algo que para el régimen siempre ha sido peligrosísimo: que las elecciones en Venezuela deben ser libres, verificables y auditables, que el voto no es una concesión del poder y que los datos no mienten, aunque quienes los administren sí puedan hacerlo.

Si hay un tema que Humberto Villalobos domina como nadie, es el registro electoral venezolano. Y lo que sabe sobre él es perturbador, pero también revelador. «El registro electoral venezolano se está deformando desde el año 2000. Las modificaciones que han venido haciendo son acumulativas.» El mecanismo es diabólicamente simple: agarran un centro de votación, lo destruyen estadísticamente, insertan personas que no viven ahí, que en algunos casos no existen, y lo ubican en lugares difíciles de vigilar. En esos centros y solo en esos, es donde el régimen ganaba las elecciones. Elección tras elección. En silencio. Sin que casi nadie lo notara. Pero Beto lo notó. «Cuando tú empiezas a darte cuenta de cómo lo hacen, puedes generar las contras.» Y eso fue exactamente lo que hizo. Ese conocimiento profundo del sistema, sus debilidades, sus manipulaciones, sus patrones, fue el motor que diseñó la estrategia del Plan 600K para el 28 de julio de 2024. Un plan que prometía trabajo para 600.000 personas, que muchos dijeron era una locura, y que, para honra de todo un pueblo, llenó cada uno de sus puestos antes del día de la elección.

Villalobos fue honesto esa noche con una honestidad que pocas veces se escucha en el debate político venezolano. «El sistema no funcionó perfecto. El 15% de las actas no se pudieron obtener.» Ese 15% no fue accidental. Correspondía, casi en su totalidad, a centros completamente controlados por el oficialismo, donde ganan con porcentajes que desafían cualquier lógica demográfica porque han sido sistemáticamente manipulados durante años. ¿Y por qué ganaron de todas formas? Por dos razones que deben grabarse en la memoria colectiva venezolana. Primero, una candidata extraordinaria con el respaldo de María Corina Machado, que generó una diferencia de 4.000.000 de votos, ese margen fue el colchón que hizo posible la victoria a pesar del fraude estructural. Segundo, la ciudadanía: un pueblo organizado y disciplinado que salió a cuidar cada mesa, sacar cada acta, escanear cada resultado y montarlo en el espacio digital antes de que nadie pudiera borrarlo. Pero Beto fue claro: «Nada nos garantiza que esas condiciones se van a repetir.» Y esa es precisamente la razón de existir del plan que presentó esta semana.

La administración de los Estados Unidos, los actores internacionales, todos piden lo mismo antes de mover fichas. Un plan. Una hoja de ruta. Algo concreto. Vente Venezuela, con Villalobos como arquitecto electoral, lo tiene. Se llama el Plan de 40 Semanas y su punto de partida es implacablemente lógico: antes de hacer una elección, hay que saber quién puede votar. Hay 6.000.000 de venezolanos que deberían votar y no están inscritos en el registro. Hay no menos de 4.000.000 en el exterior que, si no se actúa ya, no tendrán tiempo de votar en ninguna elección próxima. Y dentro del registro actual, existen anomalías que, como se demostró el 28J, pueden ser contrarrestadas en condiciones extraordinarias, pero no garantizadas.

La respuesta es el empadronamiento ciudadano. Una operación masiva, silenciosa y sorprendentemente avanzada. En este momento existen 40.000 empadronadores activos en 18.000 puntos, dentro y fuera de Venezuela. De esos, unas 12.000 personas ya comenzaron a trabajar. En apenas 6 semanas de operación, se ha llegado a 1.500.000 venezolanos. El sistema arrancó sobre una base de datos de 31,6 millones de cedulados venezolanos, la más completa disponible, a la que se sumaron los datos del registro electoral del CNE de 2025. Con esa base es posible detectar fallecidos, reubicar personas según donde realmente viven hoy y construir un mapa real de la Venezuela de este momento. Los empadronadores no son agentes ciegos recolectando datos al azar. Son personas conocidas de quienes empadronan. No es phishing. No es una lista. Es un censo uno a uno, persona a persona, como contar palitos. Y como dijo Beto: «Cuando uno cuenta palitos, no hay apelación.»

Inevitablemente, alguien preguntó lo que muchos venezolanos piensan, pero no siempre se atreven a decir en voz alta: ¿y esto no se puede convertir en una nueva lista Tascón? La respuesta de Villalobos fue directa. No hay forma de que sea una lista Tascón porque está dirigida a todos los venezolanos sin excepción, azules, rojos, todos, y está montada sobre una base de 31,6 millones de cédulas ya identificadas, no sobre una selección ideológica. La información que se pide sirve para un estudio, no para perseguir a nadie. Y además, recordó, en las primarias y en el 28J se manejaron datos de más de 600.000 personas. Hasta hoy, nadie puede señalar una sola filtración. «No les puedo jurar que no va a pasar nada, porque el cero no existe, pero sí les puedo garantizar que lo estamos haciendo de la mejor manera posible.»

En las próximas cuatro a seis semanas, el sistema evolucionará para que cualquier venezolano pueda empadronarse desde su teléfono, mediante un esquema de verificación biométrica: una foto de su rostro comparada con su cédula o pasaporte. Sin intermediarios. Sin barreras. El objetivo final es llegar a más de 10 millones de venezolanos, un estudio tan exhaustivo y verificable de la realidad del registro electoral que haga políticamente imposible ignorarlo. Cuando tengamos ese conteo en la mano, dijo Villalobos, se podrá exigir con muchísima decisión cómo debe ser la modificación del registro y cómo debe hacerse la elección.

Con el empadronamiento completo viene la siguiente etapa: un CNE nuevo, ad hoc, diseñado exclusivamente para ejecutar una elección general. No el CNE actual. No sus sistemas. No su maquinaria opaca que lleva haciendo fraude desde el año 2000. Este CNE temporal trabajaría bajo un reglamento específico, aprobado para esta elección particular, y con una misión clara: actualizar el registro en aproximadamente tres meses y ejecutar el proceso. La actualización no partirá de cero: le van a entregar a ese CNE todo lo construido durante el empadronamiento, incluyendo los sistemas tecnológicos que lo hacen posible. Y la misma operación de identidad que registra a los venezolanos servirá simultáneamente para que cada ciudadano declare a qué partido o grupo de electores desea apoyar, en todos los ámbitos: municipal, estadal y nacional. La legislación venezolana contempla el concepto de grupos de electores, y ese mecanismo será la vía para validar a todas las organizaciones políticas participantes, sin burocracia innecesaria, con los mismos datos que ya se están recolectando.

Quizás uno de los momentos más reveladores de la noche fue cuando Villalobos defendió el voto manual frente a quienes aún confían en la automatización. Su argumento no es de nostalgia. Es de experiencia vivida. Lo vio en Colombia, en el centro de votación más grande del país, con 250.000 personas. Manual. A las 4 de la tarde cerraron. A los 5 minutos empezaron a contar papeletas. A las 7 de la noche el lugar estaba vacío y los resultados comenzaban a publicarse. «El problema de tiempo y de calidad no lo resuelve la máquina.» El sistema venezolano, en cambio, estaba programado para que si una máquina fallaba, ninguna otra mesa del centro podía cerrar. Por eso amanecían contando. Por eso el fraude tenía tiempo de organizarse. Voto manual no significa ausencia de tecnología: significa conteo en cada mesa con testigos presentes, actas escritas digitalmente y transmitidas en tiempo real desde cada centro, y acceso inmediato para el CNE, organizaciones internacionales, universidades y todos los partidos. Resultados esa misma noche para el grueso de los centros. «No va a haber ningún secreto. No va a haber escalera. Va a ser totalmente transparente lo que ocurrió en la mesa.» El 28J ya lo demostraron: con los QR tenían resultados esa noche, y con el 85% de las actas, 48 horas después. Y eso fue bajo condiciones adversas, con actas que había que sacar escondidas en motos y carros. Imaginen las condiciones con un sistema diseñado desde cero para la transparencia.

Por primera vez en este siglo, el plan contempla una solución real para los venezolanos fuera del país, sin depender de que el régimen abra embajadas ni consulados. El modelo son espacios habilitados en ciudades del mundo, como lo hacen la mayoría de los países que tienen grandes comunidades en el exterior. La condición para que una ciudad tenga su propio centro: al menos 5.000 venezolanos registrados en esa área. Ya están trabajando con 300 ciudades en el exterior, y ese número seguirá creciendo. El voto manual hace esto infinitamente más logístico: lo que hace falta para montar una mesa de votación manual es una fracción de lo que requiere una máquina automatizada.

Cuando le preguntaron qué puede hacer el venezolano de a pie, Beto respondió con la honestidad directa de siempre. Primero, apoyo económico si es posible: la tragedia de trabajar contra un régimen en el poder es que quienes ayudan económicamente quedan expuestos, y sin embargo, algunas cosas requieren recursos. Hasta ahora han hecho lo imposible con lo que tienen. Segundo, participar en el empadronamiento: dedicarle tiempo, pedir los datos de familiares y amigos, involucrarse. Tercero, convencer: a las fuerzas políticas, a la administración de los Estados Unidos, a quien sea necesario, de que este es el camino correcto. «No tengamos miedo a lo que va a venir. Hay que convencer a la gente de que es posible y tener un plan. Esa es la respuesta.»

Cuando Villalobos anunció el Plan 600K en enero de 2024, todo el mundo le dijo que estaba loco. Que era imposible llenar 600.000 puestos de trabajo voluntario para cuidar una elección. Antes del 28 de julio, todos los puestos estaban llenos. Cuando llegó la hora, había tantos voluntarios que hubo que decirles a algunos: «Ya no necesitamos más gente.» Esto lo contó sin alarde, casi como un dato técnico. Pero el dato contiene algo mucho más grande: una lección sobre lo que los venezolanos son capaces de hacer cuando se les convence de que es posible.

Hay algo que no puede olvidarse al escuchar todo esto: Humberto Villalobos pasó 412 días en la residencia de la embajada argentina en Caracas, después de que las órdenes de captura comenzaran a caer sobre él y sus compañeros en marzo de 2024. 412 días encerrado. Y siguió trabajando. Desde esas paredes ayudó a coordinar parte de la operación que defendió el voto del 28J. Salió de Venezuela el 6 de mayo de 2025 en la llamada Operación Guacamaya. Y desde Washington, sin pausa, continuó construyendo el plan que presentó esta semana. Cuando alguien que vivió eso te dice que hay un camino, que las estructuras están vivas y que el trabajo avanza, vale la pena escuchar.

Al final de la noche, cuando le preguntaron por Colombia y sus próximas elecciones, Beto dijo algo que resuena más allá de ese contexto: «Cada vez que vamos a un sitio, y es lo que dicen todos los venezolanos, decimos que venimos del futuro.» Es verdad. Venezuela lleva décadas viviendo lo que otros países apenas comienzan a reconocer como peligro. Y en esa oscuridad, han aprendido algo que nadie más sabe todavía: cómo pelear y ganar con las actas, con los datos, con la gente. Ese conocimiento no se improvisó. Se construyó palito a palito, centro por centro, registro por registro, desde 2004 hasta hoy.

Humberto Villalobos estudió arquitectura porque quería construir cosas. Diseñar espacios que moldearán la vida de las comunidades. Terminó construyendo algo más difícil y más necesario: la arquitectura de una democracia. No con ladrillos ni concreto, sino con datos, con actas, con empadronadores en 18.000 puntos, con sistemas biométricos, con 600.000 venezolanos que un día dijeron que sí cuando les preguntaron si podían cuidar una mesa. El plan existe. Las estructuras están vivas. El trabajo avanza. Y como diría María Corina Machado: Venezuela no es un sueño. Es una tarea.

Desde su residencia, lugar en el que permanece restringido de libertad y con un grillete electrónico, el asesor jurídico de la oposición, Perkins Rocha, decidió hablar acerca de su condición y la situación actual que atraviesa el país, todo bajo el amparo de presunción de inocencia que lo cubre.

En Venezuela, cuando anuncian aumentos, hay que oír con lupa y responder con calculadora. Así lo ha hecho claramente el economista Leonardo Vera para desnudar la burla del anuncio de Delcy, de él va lo esencial de lo que sigue.

Ha dicho la señora Interina: 50 dólares más para activos y jubilados, 11 para pensionados, que no es tal. Y lo promueve como producto de un Acuerdo, que algún empresario que cosecha buena sombra del régimen se ha empeñado en bendecirlo calificándolo de Tripartito, y que incluye entre sus firmantes a unos representantes de la CTV que dan pena ajena.

Veamos. El Banco Central vende dólares a 570,7 bolívares. Pero el gobierno paga el bono… a 489,55. ¿Ven la trampa? Paga menos. Mucho menos.

Por 50 dólares prometidos, le depositan 24.477 bolívares, en lugar de 28.435. Si usted va al mercado oficial, eso le da 42,8 dólares. Perdió 7,2 dólares sin salir de su casa.

¿Pensionado? Por 11 dólares prometidos, recibe 5.385 bolívares. Al cambio oficial: 9,44 dólares. Eso fue su aumento.

¿Y si no tiene acceso al mercado oficial? Como suele pasar con la gran mayoría de nosotros. Ahí el desastre es mayor. En el mercado paralelo, a 632 bolívares, sus 50 dólares se quedan en 38,7. El pensionado, en 8,5 dólares.

Entonces, ¿de qué aumento hablamos? De un espejismo. De humo financiero.

Pero eso no es todo. El comercio, para protegerse de esa tasa oficial irreal, sube los precios en dólares. Por cierto, sus representantes también suscribieron el pomposo Acuerdo. Resultado: su poder adquisitivo sigue en picada y e lo de ellos en ascenso.

Todo esto se sostiene sobre instructivos y memorándums que valen más que la Constitución. Y mientras tanto, el salario compartido —la parte de la torta que le corresponde al trabajo— sigue cayendo. La economía crece, dicen. Pero unos pocos comen más y muchos, cada vez menos.

Así que ya sabe: el verdadero aumento no es 50 ni 11. Es 42,8 para activos y jubilados, y 9,44 para pensionados. Si tiene suerte y accede al mercado oficial. Si no, mucho menos.

Usted decide: ¿eso es aumento… o es burla?

José Luis Farías

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