Armando Esteban Quito

Con motivo al Día la Lengua Española, que se celebra el 23 de abril en todo el mundo, un grupo de expertos lingüistas elaboró un glosario con algunos de los errores ortográficos y gramaticales más comunes a la hora de escribir en esta lengua, como por ejemplo la palabra “yendo”, gerundio del verbo ir que es muchas veces confundida por “llendo”, una palabra que no existe.

Por: La Voz de Argentina

La celebración, instaurada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), tiene el objetivo de fomentar el mutuo entendimiento entre las personas y dar a conocer la historia, la cultura y el uso del español como idioma oficial, es por eso que lingüistas de la app Babbel elaboraron una breve guía sobre los errores de ortografía más comunes arremetidos contra la lengua de Miguel de Cervantes.

A la cabeza de la lista de los errores se ubica el uso incorrecto de palabras homófonas, aquellas que suenan igual al pronunciarse pero que se escriben diferente, como por ejemplo “halla”, del verbo encontrar, “haya”, del verbo haber, y “allá”, como un adverbio de lugar.

Otro error habitual es el uso de mayúsculas innecesarias: solo se escribe con mayúscula inicial los nombres propios, los títulos y luego de algún signo de puntuación que lo amerite, ya sea después del cierre de los signos de interrogación y de exclamación o de un punto seguido, detallan los expertos.

Otra equivocación frecuente tiene que ver con la confusión entre “valla”, que se refiere a una cerca y “vaya”, que corresponde al verbo ir, mientras que “echo” se deriva del verbo echar -despedir, arrojar, aplicar- y la palabra “hecho” únicamente hace referencia a un suceso o acontecimiento.

Tilde diacrítica

Los lingüistas hacen referencia también a la tilde diacrítica, aquella que se utiliza para distinguir palabras escritas de igual forma, las cuales suelen ser monosílabos que tienen diferente significado: como por ejemplo “aún”, adverbio de tiempo y “aun”, refiriéndose a incluso; “quien”, pronombre relativo y “quién”, cuando es interrogativo y exclamativo; lo mismo ocurre con “té”, para la bebida o “te” como pronombre.

Otro error común, señala el glosario, es caer en redundancias, es decir, el uso de términos similares tales como “deambular sin rumbo”, “accidente fortuito”, “puños cerrados”, “subir arriba” o “salir afuera”.

Uno de los asesinos en serie más prolíficos de España se encuentra recluido en un centro penitenciario femenino tras haber comenzado a identificarse como transgénero durante su estancia en prisión. Joan Vila Dilmé, también conocido como el asesino de la residencia de ancianos de Olot, ahora se hace llamar «Aida».

Por: Anna Slatz – Reduxx

Vila, de 60 años, fue condenado en 2013 a 127 años de prisión por el asesinato de 11 ancianos residentes en la residencia de ancianos donde trabajaba.

Vila, apodado «el ángel de la muerte» por los medios españoles, fue arrestado tras el fallecimiento de una residente de 85 años en la residencia de ancianos La Caritat, en la localidad catalana de Olot, al noreste del país. El personal médico determinó que la mujer había fallecido tras ingerir una sustancia corrosiva, lo que llevó a las autoridades a catalogar el caso como sospechoso.

La policía identificó rápidamente a Vila, cuidador del centro, como persona de interés tras comprobar que había estado presente en el momento de la muerte de la mujer. Durante el interrogatorio, confesó el homicidio y admitió haberla obligado a beber una sustancia corrosiva.

Aunque Vila inicialmente confesó solo tres asesinatos, una investigación posterior reveló un patrón de abusos mucho más extenso. Las autoridades finalmente lo vincularon con al menos 11 muertes en la residencia de ancianos: nueve mujeres y dos hombres. Las víctimas, todas ellas de entre 80 y 90 años de edad, fueron identificadas como:

  • Rosa Barbures Pujol
  • Francisca Matilde Fiol
  • Teresa Puig Boixadera
  • Isidra García Aseijas
  • Carme Vilanova Viñolas
  • Lluís Salleras Claret
  • Juan Canal Julià
  • Montserrat Canalias Muntada
  • Sabina Masllorens y Sala
  • Montserrat Guillamet Bartolich
  • Paquita Gironès i Quintana

Los asesinatos se cometieron entre agosto de 2009 y octubre de 2010.

Los investigadores determinaron que Vila había eludido la detección durante un largo período empleando inicialmente métodos difíciles de rastrear. En los primeros casos, administraba cócteles de barbitúricos y otros fármacos mezclados con agua, o inyectaba altas dosis de insulina por vía intravenosa a pacientes diabéticos. Estos métodos a menudo llevaban a que las muertes se clasificaran erróneamente como naturales o de origen médico.

En septiembre de 2010, sus compañeros comenzaron a notar un cambio significativo en el comportamiento de Vila. Según los informes, se volvió cada vez más agresivo y expresó su frustración por el cuidado de los residentes ancianos, afirmando que quería dejar su trabajo. Tras uno de sus últimos asesinatos, presuntamente obligó a un compañero a permanecer en la habitación de la víctima y vigilar el cadáver.

La última serie de asesinatos tuvo lugar en un lapso de cinco días, entre el 12 y el 17 de octubre de 2010. Durante este período, Vila asesinó a Sabina Masllorens i Sala, Montserrat Guillamet Bartolich y Paquita Gironès i Quintana. En estos casos, abandonó los métodos anteriores y, en su lugar, obligó a las víctimas a ingerir lejía o les inyectó sustancias corrosivas directamente en la boca.

Estas sustancias, incluido el hipoclorito de sodio, causaron graves lesiones internas, quemando el esófago, las membranas mucosas y los pulmones, y provocando un dolor extremo.

Su última víctima, Paquita Gironès i Quintana, era una viuda que sufría episodios de demencia. Llevaba varios años viviendo en La Caritat y había desarrollado una relación hostil con Vila. En las semanas previas a su muerte, al parecer intentó alertar al personal y a sus familiares sobre los supuestos abusos, alegando que él la había abofeteado. Sin embargo, sus quejas fueron ignoradas.

Los investigadores, tras revisar las grabaciones de las cámaras de seguridad, determinaron que Vila había trasladado a Gironès i Quintana en silla de ruedas a una sala sin videovigilancia. Posteriormente, la encontraron con heridas en la cara y los pechos. La noche del 17 de octubre, Vila, quien admitió haber bebido vino durante su turno, la revisó tras oírla toser. Al observar que estaba desorientada y con dificultades para respirar, sacó una jeringa, la llenó con detergente y se la introdujo a la fuerza en la garganta. A pesar de haber sido trasladada a urgencias, falleció a causa de las heridas.

Vila el día que asesinó a Paquita Gironès I Quintana.

Vila fue finalmente declarado culpable y condenado a 127 años de prisión. Sin embargo, según la ley española, el tiempo máximo efectivo de condena está limitado a 40 años, lo que significa que podría optar a la libertad condicional en 2053 si sigue con vida.

El asesino, que cumple su condena en la prisión de Puig de les Basses en Figueres desde su detención en 2010, ha adoptado ahora un nuevo nombre femenino , y diferentes medios de comunicación afirman que se hace llamar «Aida» o «Aura». 

En su reportaje, el periódico español de gran tirada se refirió a Vila en femenino e intentó minimizar cualquier acusación de que esto se hubiera hecho para obtener un trato especial, argumentando que «su transición no conlleva ningún beneficio relacionado con su condena».

Además, señalan que Vila supuestamente había dicho que se sentía como «una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre» durante la investigación inicial y el juicio.

Hasta el momento, no se ha sometido a ninguna intervención quirúrgica, pero al parecer tiene previsto hacerlo. Sus cirugías estéticas de afirmación de género serán financiadas por el sistema público de salud español.

La líder de la democracia de Venezuela y Premio Nobel de Paz, María Corina Machado, continúa con su visita a Europa en donde adelanta encuentros de alto nivel con líderes internacionales de ese continente.

NTN24

Tras su paso por España, Machado arribó este miércoles 22 de abril a Portugal para un encuentro con el primer ministro Luis Montenegro en el Palacio de São Bento.

Así lo confirmó mediante un mensaje en X, la Vocería Oficial de Venezuela: «María Corina Machado arribó al Palacio de São Bento, residencia oficial del primer ministro de Portugal, Luis Montenegro, para un encuentro de alto nivel».

De acuerdo con lo reportado, la líder democrática venezolana fue recibida a su llegada a territorio portugués por el ministro de Relaciones Exteriores, Paulo Rangel.

Tras el encuentro oficial, Montenegro compartió un mensaje en su cuenta de X con el que describió a Machado como un «símbolo de coraje y determinación».

«Convergimos en la importancia de un proceso de transición democrática en Venezuela, inclusivo y transparente, conforme a las aspiraciones de los venezolanos», escribió.

Y añadió: «Los lazos que unen a nuestros dos países, la comunidad portuguesa que tanto contribuye al desarrollo del país y la esperanza que todos tenemos en la paz y en la prosperidad del pueblo venezolano son aspectos esenciales para Portugal».

Por su parte, la líder de las fuerzas democráticas de Venezuela manifestó su «profundo agradecimiento a Montenegro por la excelente y productiva conversación».

«La gran comunidad luso venezolana, en Portugal y en Venezuela, ha contribuido enormemente, por generaciones, al desarrollo de nuestro país. La mayoría de los que han tenido que partir quieren volver a una nación democrática, como hoy me lo expresaron en las calles de Lisboa. Gracias, Montenegro, por su apoyo firme a la causa por la Libertad y a la transición democrática en Venezuela!», escribió en X.

Machado también se reunió con miembros del Comando Con Venezuela en el país luso.

El acercamiento entre Venezuela y Estados Unidos tras la inédita operación militar que Washington lanzó el pasado 3 de enero contra el país suramericano —una acción que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores— ya no se limita a los sectores petrolero y minero, sino que comienza a extenderse también al ámbito policial y judicial.

BBC

Prueba de ello es la extradición a Panamá de Ali Zaki Hage Jalil, a quien las autoridades panameñas y estadounidenses acusan de haber colaborado en la voladura de un avión comercial en 1994, un hecho en el que murieron 21 personas —entre ellas doce miembros de la comunidad judía local y tres ciudadanos estadounidenses— y que es considerado el peor atentado terrorista en la historia del país centroamericano.

EE.UU. e Israel sostienen que Hage Jalil es miembro del grupo militante chiita Hezbolá, con sede en Líbano y al que EE.UU., la Unión Europea (UE) e Israel califican como terrorista.

La entrega de Hage Jalil se produjo este lunes, bajo un fuerte operativo de seguridad, según informó la Organización de Policía Criminal Internacional (Interpol) y confirmó la embajada de EE.UU. en Panamá.

«Esta extradición envía un mensaje definitivo: la administración (de Donald) Trump tiene una memoria larga y un alcance aún más largo», declaró el embajador Kevin Marino Cabrera en un comunicado de prensa.

Entre tres países y con dos pasaportes

El extraditado fue capturado en Venezuela, específicamente en la turística isla de Margarita, en el oriente del país, el 5 de noviembre de 2025.

La detención se produjo sin incidentes, de acuerdo con los reportes judiciales a los que BBC Mundo tuvo acceso.

«(Hage Jalil) portaba camisa color azul, short tipo bermuda color negro, cholas (sandalias) color negro», se lee en el reporte redactado por los agentes que aprehendieron a Hage Jalil y cuyo extracto figura en la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que en marzo pasado autorizó su entrega a Panamá.

Aunque el sujeto tiene nacionalidad venezolana, la misma fue obtenida en 2005. Hage Jalil nació en realidad en Maicao (Colombia) el 25 de octubre de 1968, según la información aportada por la policía panameña a la justicia venezolana.

A mediados de la década de 1970, sus padres —Zaki Mohamed Hage Ahmed y Amina Jalil de Hage, de origen libanés— se trasladaron a la isla Margarita, donde existe una importante comunidad libanesa y siria.

Posteriormente se trasladó a Caracas, donde estudió administración de empresas, según reportó el Centro para una Sociedad Libre y Segura de EE.UU. (SFS, por sus siglas en inglés), un centro dedicado a temas de seguridad y defensa.

En la década de 1990, Hage Jalil volvió a mudarse y se instaló en la Zona Libre de Colón (Panamá), donde era director de una empresa. Permaneció en el país centroamericano hasta meses después del atentado del que es señalado, momento en el que regresó nuevamente a Venezuela, agregó el SFS.

Las sospechas

El 19 de julio de 1994, el vuelo 901 de la aerolínea Alas Chiricanas despegó del aeropuerto de France Field de Colón para un corto vuelo nacional con destino a la Ciudad de Panamá. Sin embargo, minutos después del despegue, al sobrevolar el Cerro de Santa Rita, la aeronave estalló en pleno vuelo.

Entre las 21 víctimas, doce eran miembros de la comunidad judía local, tres ciudadanos estadounidenses y cuatro israelíes.

El cadáver de una de las víctimas que no fue reclamado y que fue identificado como Lya Jamal o Ali Hawa Jamal comenzó a apuntar hacia el hoy extraditado, quien para la época tenía una empresa en el país centroamericano.

Jamal, quien iba en el asiento número 6 del avión siniestrado, portaba un maletín cargado de explosivos que fue activado con un radio. Según las autoridades panameñas, Hagel junto a Jalil alquilaron dos vehículos con identidades falsas, se lee en la solicitud de extradición a Venezuela.

Otro elemento que apuntó al ciudadano colombo-venezolano es que, días después del atentado, fue detenido por la policía panameña mientras conducía una camioneta en la que le llevaba diez subametralladoras, municiones y otros elementos de uso militar.

Horas después, en otro allanamiento en un recinto en la Ciudad de Panamá con el que tenía conexión, las autoridades encontraron más armas y dólares en efectivo.

«Los fiscales panameños alegan que Hage Jalil coordinó los aspectos logísticos de la operación (del atentado)», afirmó el SFS.

No obstante, pese a estos indicios, las autoridades del país centroamericano no lo procesaron y pudo regresar a Venezuela.

«Nadie se imaginaba en lo que estaba»

De vuelta en Margarita, Hage Jalil incursionó en el negocio de la hostelería y abrió un restaurante llamado Beach Bar, en la localidad de Pampatar.

«El establecimiento inició como un sitio de comidas ligeras con varios ambientes, pero luego varió a un sitio eminentemente de diversión, estilo discoteca», declaró a BBC Mundo un habitante de la isla que lo conocía y quien pidió reservar su identidad por razones de seguridad.

«No tenía buena comida ni bellas instalaciones. Su atractivo era que estaba en su ubicación privilegiada, bajo un risco y frente a la bahía de Pampatar», agregó.

La captura de Hage Jalil sorprendió a más de uno en la isla turística.

«Gozaba de cierta reputación empresarial. Tenía muy buenas relaciones y era apreciado en el medio gastronómico y del entretenimiento. Nadie imaginaba en lo que estaba metido», agregó nuestro entrevistado, quien es un conocedor del mundo gastronómico insular.

Pese a que las autoridades panameñas lo llegaron a tener en su radar, Hage Jalil siguió viajando al país centroamericano. Su último viaje fue en 2019 para un evento de paracaidismo, según figura en el expediente que reposa en el TSJ de Venezuela.

Las sospechas sobre el colombo-venezolano se reavivaron en 2017, cuando la inteligencia israelí entregó al gobierno panameño, entonces liderado por Juan Carlos Varela (2014-2018), información que sostenía que Hezbolá estaba detrás del atentado contra el vuelo 901 de Alas Chiricanas y mencionaba al hoy extraditado.

El hecho de que este suceso ocurriera un día después del ataque terrorista que sufrió la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires, en el que murieron 85 personas y que sigue impune, ha reforzado las sospechas sobre la participación del grupo militante.

En 2024, una persona que conoció al sospechoso declaró a la fiscalía panameña que este le admitió en 2017 que conocía al suicida que «lo había ayudado como guía y chófer».

El mismo testigo aseveró a los investigadores que Hage Jalil le confesó que «tenía entrenamiento militar», se lee en la sentencia de extradición del TSJ de Venezuela.

«La inteligencia financiera y el mapeo de redes, basados ​​en datos del Tesoro de EE. UU., sitúan a Hage Jalil dentro de una red vinculada a Hezbolá en Venezuela», aseguró el SFS, el cual indicó que su restaurante era parte de esa red de financiamiento.

El extraditado deberá enfrentar cargos por por delitos contra la vida y la integridad personal, homicidio doloso y delitos contra la seguridad colectiva, contra los medios de transporte y comunicación.

El FBI llegó a ofrecer US$5 millones como recompensa por cualquier información que pudiera ayudar a dar con Hage Jalil.

Las estrechas relaciones que los gobiernos del fallecido Hugo Chávez y de su sucesor, Nicolás Maduro, mantuvieron con Irán —principal financista de Hezbolá— fueron uno de los principales motivos por los que desde EE.UU. se denunció la posible presencia del grupo en Venezuela.

Las sospechas fueron reforzadas por los señalamientos formulados por exfuncionarios venezolanos como Misael López, exconsejero de la embajada venezolana en Irak, quien en 2017 denunció que pasaportes y visas venezolanas eran vendidas sin control a ciudadanos de Medio Oriente.

Sin embargo, estas acusaciones han sido desestimadas desde el oficialismo y calificadas como «campañas desestabilizadoras».

«Lo quieren vincular a Hezbolá, yo conozco bien a Tareck (El Aissami), lo conozco muy bien, nunca en su vida, jamás, ha tenido contacto con nadie de Hezbolá», aseguró Maduro en 2019 cuando surgieron acusaciones contra quien fuera su vicepresidente.

El congresista de Estados Unidos, Carlos Giménez, dijo este miércoles que «los líderes del régimen de Cuba» podrían llegar a encontrarse con Nicolás Maduro «en una cárcel de Nueva York, si tienen suerte».

NTN24

Las declaraciones de Giménez, representante a la Cámara de los Estados Unidos por el distrito 26 de Florida, se dieron en medio de una entrevista con el medio de comunicación de ese país, Fox News.

Cuando la periodista le consultó al congresista sobre cuánto tiempo tendría el régimen de Cuba para llegar a algún tipo de acuerdo con la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, Giménez respondió con la advertencia.

«El presidente Trump está hablando más y más de Cuba. Hasta estamos involucrados en un conflicto en Irán, pero siempre, casi siempre menciona a Cuba», aseguró Giménez.

El legislador añadió que, pese a que Estados Unidos ha estado enfocado en la situación de Medio Oriente, «hay mucho, demasiado tiempo para el régimen» y sugirió a la dictadura cubana decidir correctamente ante unas eventuales negociaciones.

«Es mejor que para el régimen, por favor, si hay negociaciones, lo hagan de una manera seria. Saben que sus días ya están contados. Es mejor a la buena que a la mala», alertó.

Giménez, quien anticipó también en repetidas ocasiones con mensajes que inducían a una operación militar en Caracas contra Maduro —que terminó ocurriendo el pasado 3 de enero—, hizo referencia a dicha captura en medio de sus declaraciones sobre el régimen cubano.

«Mira lo que le pasó a Nicolás Maduro. El presidente Trump le dio opciones, él no tomó esas opciones. Ahora está sentado en una cárcel en Nueva York», expuso.

«Lo mismo le puede pasar a los líderes de este régimen (de Cuba). Puede ser que se lo van a encontrar en una cárcel en Nueva York, si tienen suerte», apuntó el congresista.

Las palabras del congresista se conocen después de que el medio de Estados Unidos USA Today asegurara a inicios de semana citando fuentes familiarizadas que la administración Trump le había dado un plazo de dos semanas al régimen de Cuba para liberar a presos políticos de alto perfil.

Ese mismo medio también había informado la semana pasada que tenía conocimiento acerca de que el Pentágono de Estados Unidos estaba intensificando la planificación de posibles operaciones militares en Cuba en caso de que el presidente Tump ordene una intervención en la isla.

Cuando las fuerzas estadounidenses irrumpieron en Caracas en enero para capturar al presidente Nicolás Maduro, muchos venezolanos, tanto dentro como fuera del país, celebraron. El derrocamiento de Maduro parecía anunciar el fin inminente de un régimen que durante años había oprimido y empobrecido a su pueblo. Gracias a la audaz acción estadounidense, un gobierno que había irritado a sus vecinos y sembrado inestabilidad en la región parecía ahora destinado a caer.

Por: Javier Corrales – Foreign Affairs

Pero ocurrió algo peculiar. Inusual en la larga historia de la intervención estadounidense en América Latina , Estados Unidos derrocó al dictador, pero mantuvo la dictadura. En el pasado, cuando Washington decidía intervenir militarmente para derrocar un régimen, lo lograba. Salvo quizás la fallida invasión de Bahía de Cochinos en Cuba en 1961, las acciones militares estadounidenses en América Latina catalizaron el cambio, deponiendo regímenes o derrotando a adversarios en la República Dominicana, Granada, Guatemala, Nicaragua, Panamá y otros lugares. La democracia no siempre llegó, pero Estados Unidos sí eliminó a sus adversarios. En Venezuela, sin embargo, Estados Unidos se deshizo de Maduro, pero dejó en el poder a su partido y aliados. La vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, se convirtió en la presidenta del país. La oposición venezolana, que lleva mucho tiempo sufriendo, ahora tiene motivos para temer que Washington haga poco por impulsar una transición política significativa en el país.

El presidente estadounidense Donald Trump no tiene prisa por derrocar el viejo orden ahora que Venezuela, bajo el mandato de Rodríguez, se adapta a los intereses económicos de Washington. Las compañías petroleras estadounidenses han recibido licencias para reanudar sus operaciones en el país rico en recursos, y según la Casa Blanca, Estados Unidos ya ha recibido decenas de millones de barriles de petróleo venezolano. «Tenemos una situación excelente allí, con una presidenta maravillosa… Delcy», dijo Trump en marzo. «Y está haciendo un gran trabajo, y todos están haciendo un buen trabajo». Ese mismo mes, también recibió en la Casa Blanca a la líder de la oposición venezolana María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2025. Ella había acudido para buscar claridad sobre los planes de Trump para la democratización y la transición política en Venezuela; en enero, le había entregado a Trump su medalla Nobel, un premio que él había anhelado públicamente durante años. Pero en marzo, Trump y el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio le ofrecieron a Machado pocas garantías, aconsejándole que no regresara a Venezuela por el momento.

Es muy probable que la democratización no esté en el horizonte. La administración Trump no prioriza una transición política en Venezuela . El régimen de Caracas insiste en que gobierna una democracia. Al designar oficialmente a Rodríguez simplemente como un «presidente interino», el régimen elude el requisito constitucional de celebrar elecciones rápidamente para encontrar un sucesor para Maduro. No ha ofrecido ningún calendario para futuras elecciones. Los venezolanos podrían concluir, con razón, que si bien la relación de su país con Estados Unidos ha cambiado, la relación de su gobierno con su pueblo probablemente seguirá siendo la misma.

Pero la liberalización política aún es posible. La destitución de Maduro significa el tan esperado fin de los gobernantes originales del régimen: los fundadores de la dictadura, Hugo Chávez y Maduro, han desaparecido definitivamente. Chávez murió en 2013, y Maduro se encuentra ahora en una cárcel estadounidense a la espera de juicio por cargos relacionados con el narcotráfico. Las probabilidades de democratización de un país tienden a aumentar cuando desaparecen los fundadores de su dictadura. Los herederos del régimen terminan enfrentando formas de agitación interna e incentivos imprevistos que pueden precipitar el cambio político. La propia historia de Venezuela ofrece ejemplos de este proceso: las transiciones democráticas finalmente ocurrieron después de la muerte del general Juan Vicente Gómez, quien gobernó durante mucho tiempo, en 1935, y después de la deposición del dictador Marcos Pérez Jiménez, en 1958.

A pesar de las circunstancias desfavorables actuales, Venezuela aún podría regresar a la democracia. Sería un proceso lento y traumático, y muy probablemente como resultado de fisuras en la dictadura y la continua ingeniosidad y tenacidad de la oposición. El problema es que quienes buscan mayor democracia y libertad en Venezuela ahora enfrentan otro desafío que sus predecesores no tuvieron: probablemente recibirán poca ayuda de Estados Unidos.

PERESTROIKA SIN GLASNOST

Cuando las fuerzas estadounidenses extrajeron a Maduro , lograron lo que una década de presión económica y diplomática no había podido: la destitución de un autócrata brutal. La operación fue, en cierto modo, un reconocimiento del fracaso de la política de «máxima presión» mediante sanciones económicas. Solo un secuestro espectacular logró derrocar a Maduro.

La operación se ejecutó a la perfección. En cuestión de horas, las fuerzas estadounidenses localizaron, capturaron y se llevaron a Maduro y a su esposa sin sufrir bajas estadounidenses. Estados Unidos eludió los sistemas de defensa militar de Venezuela, y los funcionarios venezolanos prácticamente solo observaron el desarrollo de la incursión, incapaces o reacios a responder. Fue la primera operación militar abierta de Estados Unidos contra un gobernante en América Latina desde la invasión de Panamá en 1989, y probablemente la operación más limpia de su tipo hasta la fecha.

Sin embargo, el resultado de la operación fue mucho más turbio. La oposición democrática no logró irrumpir en el poder. Washington mantuvo la dictadura en el poder, desmintiendo la idea de que la principal motivación para actuar en Venezuela fuera provocar un cambio de régimen. Rodríguez, la número dos de Maduro, se ha convertido en la persona de confianza de Trump en Caracas. Como nueva presidenta de Venezuela, reconocida por Estados Unidos, ha conservado todas las instituciones que heredó de Maduro y a muchos miembros de línea dura del partido gobernante. En lugar de un cambio de régimen, se trata de la preservación del régimen. En lugar de desmantelar el aparato coercitivo que Maduro construyó, Estados Unidos ha permitido que perdure.

Este resultado es muy extraño. Todos los presidentes estadounidenses desde George W. Bush han denunciado las atrocidades cometidas por los gobernantes de Caracas. Trump fue probablemente el crítico más vehemente, y su crítica estaba justificada. Venezuela tiene el peor historial de derechos humanos de América Latina: cerca de 20.000 detenciones por motivos políticos desde 2014, según organizaciones no gubernamentales; el uso generalizado de la tortura; la dependencia de grupos paramilitares violentos para reprimir a los manifestantes y saquear barrios; y profundos vínculos con narcotraficantes, bandas criminales, contrabandistas de oro, empresas fantasma e incluso guerrilleros extranjeros. Bajo el mandato de Rodríguez, el régimen ha liberado a algunos presos políticos en los últimos meses y ha reemplazado a algunos leales a Maduro en el gabinete, pero el aparato represivo del Estado sigue sin reformarse.

En enero, la administración Trump anunció un plan de tres etapas para Venezuela que consistía en estabilizar primero el país, luego impulsar la recuperación económica y, solo después, fomentar una transición política. Esta secuencia propuesta es inusual. Trump invirtió el orden habitual de prioridades en las transiciones de régimen. La mayoría de los venezolanos ajenos al partido gobernante deseaban que el país abrazara primero la democratización y luego se dedicara a la reforma económica. Trump se ha centrado por completo en asuntos económicos y casi exclusivamente en relación con las industrias extractivas, lo que ha permitido que la democratización quede relegada, o incluso descartada por completo, de la agenda.

El contenido del plan también resulta inquietante. La primera etapa, la estabilización, parece particularmente perversa. El régimen de Maduro ya ofrecía una forma de estabilidad mediante la represión sistemática, la violencia paramilitar y el control de presos políticos. Para la élite chavista, escuchar un llamado a la “estabilidad” desde Washington podría interpretarse fácilmente como una autorización para seguir actuando como siempre.

La segunda etapa, la recuperación económica, se alinea perfectamente con lo que la dictadura ha buscado durante mucho tiempo: un respiro de su difícil situación económica mediante una importante inversión en su sector petrolero. El problema de priorizar la recuperación sobre la transición es que la recuperación podría proporcionar a la dictadura los recursos necesarios para sobrevivir. El régimen de Maduro sumió a Venezuela en un colapso económico sin precedentes: algunas estimaciones sugieren que durante su mandato la economía venezolana se contrajo en más del 70 por ciento. Esta implosión fue el resultado de políticas económicas desastrosas, la mala gestión del sector petrolero y, a partir de 2019, las amplias sanciones petroleras impuestas por Estados Unidos. Desde principios de la década de 2020, el régimen había estado buscando desesperadamente una salida a la crisis y al yugo de las sanciones estadounidenses.

Ahora, la administración Trump le ha proporcionado al régimen una hoja de ruta económica: un plan detallado para reconstruir su economía petrolera, vender petróleo a Estados Unidos y atraer inversión extranjera. Según informes, funcionarios estadounidenses, junto con ejecutivos de compañías petroleras estadounidenses, incluso participaron en el diseño de la nueva ley de hidrocarburos de Venezuela, la reforma económica más importante introducida desde la destitución de Maduro. La ley, que otorga a las empresas privadas un acceso mucho mayor al sector petrolero venezolano, es sumamente favorable para los inversionistas extranjeros, en parte porque refleja sus aportaciones. Probablemente impulsará la mayor ola de inversión que Venezuela ha visto en su industria petrolera desde el auge de principios de la década de 2010. Esto podría conducir a un mayor consumo, pero esta inyección de capital en la economía por sí sola no allanará el camino hacia un desarrollo real. Al priorizar la extracción de petróleo y minerales, dejando intactas todas las demás instituciones económicas, Estados Unidos refuerza un modelo económico en el que las élites extranjeras y locales se lucran con la exportación de recursos naturales, pero no canalizan las ganancias hacia otras actividades productivas, no fomentan una mayor eficiencia económica, no incentivan la innovación, no abordan las desigualdades ni rinden cuentas. Incluso bajo la guía del Departamento de Estado de EE. UU., este modelo económico solo beneficiará a algunos venezolanos.

El régimen posterior a Maduro hubiera preferido no hacer tantas concesiones económicas a Estados Unidos, pero sus líderes son conscientes de que tienen mucho que ganar al complacer a los estadounidenses: Washington está, en la práctica, rescatando a Caracas. Por eso, la Asamblea Nacional venezolana aprobó la ley rápidamente, menos de un mes después de que Rodríguez asumiera el poder, y sin mayores protestas.

Si bien la segunda etapa del plan estadounidense —el intento de reactivar la economía venezolana— ha venido acompañada de condiciones detalladas impuestas por Estados Unidos, la tercera etapa —una transición política— carece de detalles. Los funcionarios estadounidenses han hablado de una transición política, pero rara vez mencionan la democratización. Han mencionado vagamente la posibilidad de celebrar elecciones en una fecha lejana, pero ni siquiera han abordado negociaciones sobre plazos o, lo que es más alarmante, las reformas institucionales necesarias para garantizar que las futuras elecciones sean libres y justas.

Dichas reformas deberían incluir medidas para crear una junta electoral independiente, organizar primarias de los partidos, derogar las leyes que reprimen la actividad política, legalizar los partidos políticos prohibidos, desmantelar el aparato coercitivo del Estado, prohibir la tortura, abolir la policía secreta, restablecer la libertad de expresión y la libertad de prensa, e invitar a observadores internacionales a supervisar las elecciones. A menos que se resuelvan estos detalles, cualquier elección futura podría otorgar injustamente al partido gobernante una victoria aparente en las urnas y ofrecer solo el espejismo de la democratización.

El acuerdo actual entre Washington y Caracas implica la liberalización de la economía exclusivamente para los sectores petrolero y minero, posponiendo cualquier reforma política significativa. Esto podría denominarse una perestroika parcial y una glasnost tardía, tomando prestados los términos rusos de la era soviética para la reestructuración económica y la reforma política, respectivamente.

Esta perestroika parcial ha sido claramente diseñada pensando en las compañías petroleras estadounidenses. Muchos ejecutivos petroleros han apoyado las candidaturas electorales de Trump en la última década. El Tesoro estadounidense ha emitido licencias que permiten a las empresas estadounidenses comerciar con petróleo venezolano, realizar inversiones en la industria petrolera del país y entablar negociaciones contractuales con el gobierno venezolano. Sin duda, la industria petrolera estadounidense no está del todo convencida del resultado actual en Venezuela. Para que las grandes petroleras estadounidenses obtengan beneficios reales, primero necesitan realizar enormes inversiones en Venezuela para reparar la deteriorada infraestructura petrolera; pero, por el momento, no parecen dispuestas a hacerlo. Además, la nueva ley venezolana aún estipula que la petrolera estatal debe participar en todas las operaciones petroleras, una gran victoria para Rodríguez, pero una condición que podría conducir a una corrupción generalizada en beneficio del régimen. Es comprensible que muchos inversores estadounidenses se muestren recelosos de involucrarse en Venezuela. Sin sus inversiones, podría pasar mucho tiempo antes de que las empresas estadounidenses disfruten de las posibles ganancias petroleras de la estrategia de Trump en Venezuela.

La tardía glasnost, por supuesto, beneficia al partido gobernante en Venezuela. El régimen ha tenido que sacrificar parte de su dignidad al hacer concesiones a Estados Unidos que considera ideológicamente inaceptables, como otorgar a la Casa Blanca el control sobre los ingresos por exportaciones de petróleo. Pero también ha obtenido victorias importantes. Rodríguez fue ascendida; ahora es presidenta. Y la petrolera estatal sigue siendo un actor clave en la industria petrolera, lo que le permite extender su influencia a cualquier nuevo negocio que surja entre Washington y Caracas. También se ganó un gran aliado legitimador en Estados Unidos, que, a pesar de la imprevisibilidad del gobierno de Trump, es ahora un importante garante de la estabilidad en Venezuela. Rodríguez también se aseguró una posible salida de la crisis económica. Puede vender petróleo a Estados Unidos a precios de mercado, acceder a crédito internacional y supervisar una recuperación económica que espera permita a su partido recuperarse políticamente. Y el gobierno estadounidense parece haber aceptado la demanda más importante del régimen: la exclusión de la oposición de cualquier reparto del poder.

Los grandes perjudicados, por supuesto, son las fuerzas democráticas de Venezuela. Además de Machado, los grupos de oposición de todo el espectro político han quedado relegados a meros espectadores. Han sido excluidos de las negociaciones entre el régimen y los funcionarios estadounidenses y no se les ha proporcionado un calendario claro para la transición prometida.

A Trump le gusta decir que Washington tiene el control absoluto de Caracas. Pero en realidad, Estados Unidos se enfrenta a un importante problema de agencia en sus relaciones con Venezuela. Para usar una analogía empresarial, Trump ha contratado a Rodríguez para que actúe como su agente en Venezuela, pero los intereses y métodos de este agente —mantenerse en el cargo, negociar secretamente con organizaciones mafiosas, conservar vínculos secretos con otras potencias y recurrir al engaño y la represión— son asuntos que Estados Unidos no puede controlar fácilmente. Si el gobierno venezolano no reforma su sistema de justicia penal y su aparato represivo, Estados Unidos no podrá fomentar la protección de los derechos humanos en el país. Si Caracas no logra una mayor transparencia en sus procesos electorales, Washington no podrá garantizar unas elecciones libres y justas en el futuro. Y si la petrolera estatal venezolana no se reforma, los funcionarios estadounidenses tendrán poco control sobre cómo el régimen gestiona la recuperación económica.

GRADUALMENTE, NO DE REPENTE

Funcionarios estadounidenses han manifestado su intención de impulsar reformas políticas en Venezuela. Rubio mencionó poco después de la destitución de Maduro que Venezuela podría imitar la transición democrática de España tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, pero el régimen de Rodríguez ha dado pocos pasos para replicar ese modelo. En esa transición, los herederos del régimen legalizaron de inmediato a todos los partidos y sindicatos de oposición, firmaron pactos de reparto de poder y tolerancia mutua con los principales partidos políticos y diseñaron una nueva constitución democrática. Cuatro meses después de la muerte de Franco, sus herederos propusieron disolver la antigua legislatura, controlada por sus partidarios. Se celebraron elecciones menos de un año después de la muerte de Franco. Fue una democratización radical, una versión intensificada de la glasnost. Pero Estados Unidos y su socio en el régimen venezolano parecen decididos a avanzar mucho más lentamente.

Ante esta falta de urgencia, lo mejor que pueden esperar los defensores de la democracia en Venezuela es una democratización gradual. En lugar de una reforma radical, el régimen podría aceptar reformas más limitadas, como compartir los ingresos petroleros con la oposición, desmantelar el aparato coercitivo, abolir algunas de las leyes más represivas y reformar algunas instituciones gubernamentales. Esta apertura podría brindar a la oposición nuevas oportunidades para ejercer mayor presión sobre el régimen y lograr más reformas.

México se liberalizó de forma gradual en la década de 1990 y principios de la de 2000. Hace tres décadas, cuando enfrentaba una grave crisis de deuda, el gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) optó por medidas paulatinas. Primero, se centró en sanear la economía mediante la privatización y la formalización de la apertura comercial con Estados Unidos en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), de manera similar a lo que Venezuela podría verse obligada a hacer bajo el mandato de Trump. Posteriormente, aceptó reformas políticas y electorales menores que, en un principio, no parecían representar una gran amenaza para el régimen. Estas reformas incluían la profesionalización de la Junta de Supervisión Electoral, el fortalecimiento de la independencia judicial y una mayor financiación para diversos partidos políticos. Dichas reformas institucionales resultaron trascendentales: dificultaron la manipulación de las reglas electorales por parte del PRI, permitieron a sus líderes sentirse cómodos con la posibilidad de ceder el poder e incentivaron aún más a los partidos de oposición a presionar al régimen en las urnas.

Sin duda, estas reformas mexicanas se produjeron en un momento en que actores internacionales —Estados Unidos, Canadá, socios europeos e incluso democracias recién establecidas en Sudamérica— presionaban a México para que adoptara la democratización. Tras el fin de la Guerra Fría, muchos regímenes se sintieron obligados a democratizarse. Hoy, en cambio, el retroceso democrático y el populismo iliberal son más comunes. Pocos actores internacionales están dispuestos a invertir capital político para fomentar la democratización.

Pero el caso mexicano no se limita a los beneficios de la presión externa. Las fuerzas internas desempeñaron un papel crucial. Los grupos de oposición denunciaron la corrupción, exigieron mayor transparencia electoral y compitieron (en lugar de abstenerse) en todas las oportunidades electorales posibles. En este sentido, Venezuela cuenta con una enorme ventaja. A diferencia de otras dictaduras como Cuba y Nicaragua, las fuerzas democráticas en Venezuela nunca fueron completamente derrotadas. Durante la administración Biden, la oposición democrática venezolana se recuperó sustancialmente bajo el liderazgo de Machado. Y, lo que es más importante, Machado y su equipo han demostrado saber cómo movilizar a los votantes. Su nuevo reto es persuadir al partido gobernante de que, si perdiera las elecciones, no lo perdería todo. Esto podría requerir que la oposición muestre su disposición a participar en algún tipo de reparto de poder con el partido gobernante, por muy éticamente reprobable que resulte hacer concesiones al régimen que tanto sufrimiento ha infligido al pueblo venezolano.

La presión para la liberalización también podría provenir del interior del régimen. A pesar de su supervivencia bajo el mandato de Rodríguez, el régimen sigue siendo precario y algo errático, centrado principalmente en garantizar su permanencia. Ninguna dictadura es un bloque monolítico. En el pasado, algunas facciones dentro del régimen han intentado adoptar una postura más conciliadora en diversos temas, especialmente al tratar con la disidencia. A menudo, el régimen reprimió severamente a estos moderados, lo que llevó al encarcelamiento de varios oficiales militares y líderes del partido gobernante o a su deserción a la oposición. Ahora que los lazos de seguridad de Venezuela con Cuba , que en el pasado ayudaron al régimen a vigilar y controlar a sus propios miembros, se han debilitado, el gobierno podría tener menos capacidad para reprimir a los moderados. Estos podrían reorganizarse y persuadir a Rodríguez de que la mejor opción para la supervivencia del régimen es alejarse de la represión.

La historia de Venezuela, y no solo la de otros países, ofrece lecciones importantes. Durante el gobierno de Pérez Jiménez en la década de 1950, la negativa de los autoritarios gobernantes a liberalizar el país condujo a su derrocamiento. La facción de Pérez Jiménez se volvió irrelevante tras su expulsión del poder. En contraste, la oposición socialista de la época, conocida como Acción Democrática, accedió a moderar sus políticas y firmó un pacto de reparto de poder con sus oponentes, el llamado Pacto Punto Fijo de 1958. Esta medida permitió a Acción Democrática, que ganó las elecciones de 1958, gobernar con notable estabilidad, sin grandes insurrecciones ni golpes de Estado. Los chavistas podían resignarse a la irrelevancia de la facción de Pérez Jiménez, o bien reconocer que, ante la baja popularidad, una estrategia inteligente era negociar con la oposición y, en caso de derrota electoral, establecer las condiciones para su supervivencia como fuerza opositora.

Obviamente, las probabilidades de un cambio de este tipo siguen siendo escasas. Venezuela no está a punto de convertirse en el México de los años noventa ni en la Venezuela de finales de los años cincuenta y sesenta. Sus puntos de partida son muy diferentes. Pequeños pasos acercaron a México, un país que en los años noventa podría describirse como una semiautocracia, al gobierno democrático. Esos pequeños pasos no serán suficientes en la Venezuela actual, que bien puede describirse como una autocracia férrea.

Un proceso gradual también será difícil de implementar. Los regímenes de México y Venezuela en épocas pasadas no fueron tan brutalmente coercitivos ni estuvieron tan profundamente vinculados a organizaciones criminales como el actual Estado venezolano. El régimen está tratando de ganar tiempo, no de elaborar estrategias para sobrevivir y recuperarse como fuerza de oposición. Además, el odio de la población hacia la clase dirigente actual hace que una transición gradual y controlada sea muy difícil de tolerar para muchos venezolanos. Y, por supuesto, en el caso de México, un actor externo crucial presionó al PRI para que aceptara la reforma democrática: Estados Unidos.

PENSAMIENTO MÁGICO

Una de las obras más significativas sobre Venezuela a finales del siglo XX es El Estado Mágico, del antropólogo venezolano Fernando Coronil. El libro sostiene que la riqueza petrolera de Venezuela siempre genera en sus gobernantes la ilusión de prosperidad, convenciéndolos de que todo puede solucionarse con las ganancias del petróleo. Este engaño distorsionó las evaluaciones realistas de las condiciones y necesidades del país.

Esa ilusión mágica ha entrado en una nueva fase, extendiéndose mucho más allá de las fronteras de Venezuela. Muchos estadounidenses, sobre todo dentro de la base de seguidores de Trump, creen que el problema venezolano está resuelto. Trump tiene la impresión de que él controla Venezuela. El régimen que aún ostenta el poder en Caracas también actúa bajo la premisa de que un simple cambio en su política exterior —mostrar una postura más amistosa hacia Estados Unidos— basta para apaciguar a sus críticos.

Mientras Washington abre los grifos del petróleo, el sistema político permanece paralizado. Todo el aparato estatal está en ruinas y el partido gobernante está desmoralizado. Sus líderes son sumamente impopulares y considerados ilegítimos en el país, incluso a pesar de que actualmente gozan del apoyo de Washington. Las fuerzas de la oposición, así como las facciones dentro del régimen, perciben estas debilidades y podrían encontrar la manera de presionar al régimen para que implemente cambios significativos o, alternativamente, desestabilizarlo desde dentro.

Además de luchar contra la dictadura, la oposición ahora debe presionar a Estados Unidos para que la ayude a conseguir un lugar en la mesa de negociaciones. Pero también sabe que la dictadura ha sufrido un duro golpe con la destitución de Maduro y que la ciudadanía está menos convencida de la fortaleza del régimen. Las fuerzas democráticas aún pueden desafiar al régimen, incluso en condiciones desfavorables.

La oposición lo logró en 2024 al derrotar al régimen, que había intentado manipular las elecciones. Si bien el aparato estatal reprimió e ignoró el resultado electoral, el episodio sirvió para recordar la popularidad de la oposición y la fragilidad del régimen. Aunque Washington no apoye la reforma de las reglas políticas en Caracas, la oposición podría encontrar maneras de burlar al gobierno. El régimen nunca logró abolir las elecciones. Las manipuló, sin duda, pero nunca las eliminó. En algún momento, tendrá que convocar elecciones, que no serán libres ni justas. Sin embargo, la oposición podría repetir algunas de las estrategias que le funcionaron en 2024: participar en las elecciones (aunque parezcan fraudulentas), fomentar la unidad electoral (aunque la oposición sea ideológicamente diversa y fragmentada), desalentar la abstención (aunque la gente esté cansada de votar) y trabajar para supervisar los comicios (aunque esto provoque la brutalidad del Estado). Mediante estas acciones, la oposición puede impulsar a Venezuela hacia la democracia.

Estados Unidos desea que Venezuela sea un petroestado estable que, con el tiempo, se convierta en una fuente de ingresos para las empresas estadounidenses. La dictadura venezolana se ha dado cuenta de que puede lograr precisamente eso, impidiendo que Estados Unidos exija cambios más significativos. Este acuerdo podría permitirle mantenerse en el poder durante años. Ahora, las fuerzas de la oposición deben encontrar la manera de presionar tanto a Estados Unidos como al régimen. Nadie más acudirá en su ayuda.

Javier Corrales es profesor titular de Ciencias Políticas (Cátedra Dwight W. Morrow 1895) en Amherst College y autor de 
Autocracy Rising: How Venezuela Transitioned to Authoritarianism (El ascenso de la autocracia: Cómo Venezuela transitó hacia el autoritarismo) .

Un grupo de 18 organizaciones de derechos humanos, medios independientes y colectivos de la sociedad civil venezolana publicaron un pronunciamiento conjunto en el que exigen la convocatoria urgente de elecciones presidenciales y parlamentarias como condición indispensable para canalizar pacíficamente la aspiración de cambio del pueblo venezolano y avanzar hacia una transición democrática real.

Monitoreamos

«Es urgente colocar en el horizonte posible la realización de un proceso electoral presidencial y parlamentario. La prolongación de la incertidumbre política solo profundiza la frustración social. Por el contrario, una elección creíble puede y debe convertirse en una válvula de escape democrática que permita canalizar pacíficamente la aspiración de cambio del pueblo venezolano e iniciar un proceso de reinstitucionalización de los poderes públicos», señala el documento.

Las organizaciones firmantes parten de un diagnóstico contundente: Venezuela atraviesa «una ruptura constitucional y una profunda erosión de la institucionalidad democrática», agravada por el fraude electoral del 28 de julio de 2024, las simulaciones electorales de 2025 y la captura del dictador Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, quien se mantenía en el poder «mediante la represión, el control institucional y la restricción sistemática de derechos».

El pronunciamiento reafirma que las elecciones libres, competitivas y verificables «no constituyen un evento aislado, sino el mecanismo fundamental para armonizar las fases de estabilización, recuperación y transición que hoy demanda el país», y que representan «la vía más legítima para reconstruir la confianza ciudadana, restituir la soberanía popular y dotar de legitimidad a las instituciones públicas».

Las ONG fueron categóricas en señalar que la renovación integral del Consejo Nacional Electoral (CNE) es «el primer y más importante paso de la ruta electoral» y una «condición indispensable para cualquier proceso electoral creíble». Su recomposición, exigen, debe realizarse «bajo criterios transparentes e integrales, evitando esquemas de reparto político y asegurando la idoneidad de sus integrantes en todos los niveles».

El documento también enumera las condiciones fundamentales que debe cumplir cualquier proceso electoral auténtico: independencia plena de la autoridad electoral, garantías efectivas de pluralismo político, Registro Electoral confiable con garantía del voto en el exterior, auditorías integrales e independientes al sistema automatizado, observación electoral nacional e internacional calificada, y acceso equitativo a medios de comunicación independientes.

Las organizaciones hacen además un llamado expreso a la comunidad internacional para que acompañe «de manera decidida al pueblo venezolano en su aspiración de reconstruir la democracia, contribuyendo a generar condiciones, incentivos y garantías para una transición pacífica y efectiva».

Las 18 organizaciones firmantes son: ASOVEDRA, Caleidoscopio Humano, Centro de Justicia y Paz (CEPAZ), Coalición por Venezuela, Ideas por la Democracia, INVESP, La República TV, La TV Calle, Laboratorio de Paz, Lateral Lab, Nosotras por Todas, Observatorio Global de Comunicación y Democracia, Provea, Red-Apejuvex, Red Electoral Ciudadana (REC), Transparencia Electoral, Transparencia Venezuela y Voto Joven.

Aquí no fue que el jinete se cayó del caballo sino al revés. El equino se desbarrancó cuando apareció una nueva amazona. Después de muchos rumores y denuncias de corrupción, la encargada, Delcy Rodríguez, removió de la jefatura del Instituto Nacional de Hipódromos (INH) a Antonio Álvarez.

Infobae

Álvarez es un antiguo beisbolista profesional y cantante que recibe el apodo de “El Potro”. Su ascenso meteórico en la política y burocracia chavista fue posible gracias a su cercanía con Nicolás Maduro, capturado en Caracas el 3 de enero junto con su esposa Cilia Flores por fuerzas especiales de Estados Unidos.

Tan estrechos eran sus lazos con Maduro que no solo lo acompañaba y musicalizaba varios de sus mítines políticos, sino que en diciembre de 2025, cuando la administración de Donald Trump aumentaba sus amenazas y despliegue militar en el Caribe, lanzó una canción titulada Paz Forever, mezcla de reguetón y pop urbano que ensalzaba la imagen del líder chavista.

Bajo el ala de su mentor, también asumió los cargos de superintendente nacional de Actividades Hípicas y jefe de la Comisión Nacional de Lotería. Pero la suerte de “El Potro” trocó en desgracia cuando Delcy Rodríguez tomó las riendas de la República.

Extorsión

El medio digital El Pitazo publicó una serie de denuncias que acusan a Álvarez de “liderar un presunto esquema de cobros irregulares”, que llegó a “exigir hasta 2,5 millones de dólares a grupos de empresarios como un peaje obligatorio para permitirles operar legalmente en el país”.

“La trama escaló con una ola de arrestos arbitrarios. Investigaciones periodísticas revelaron que al menos siete empresarios y programadores del sector tecnológico fueron detenidos bajo órdenes directas de Álvarez, en un intento por controlar las plataformas de apuestas y sistemas de datos”, reportó la página web.

Las fuentes consultadas por El Pitazo señalan a Álvarez por supuestamente “manipular las inscripciones hípicas”, obligando a “inscribir caballos enfermos o no preparados -las llamadas ‘carreras de relleno’- solo para completar los lotes”.

La caída de “El Potro” estuvo precedida por la detención de un empresario de su confianza, que manejaba una compañía muy influyente en el hipismo venezolano por controlar 36 licencias de apuestas, “algunas registradas en paraísos fiscales”. Dicha entidad era la “encargada de transmitir, presuntamente de manera ilegal, las señales de hipódromos internacionales en más de 200 centros hípicos del país”, afirma El Pitazo.

De acuerdo con la investigación periodística, Álvarez extorsionaba a empresas del sector de las loterías para que pudieran funcionar y, además, habría dirigido una “unidad de apoyo” compuesta por funcionarios policiales para cobrar las coimas.

Parado en seco

Se han tejido muchas especulaciones sobre la situación personal de “El Potro”, incluida la posibilidad de que haya sido detenido durante unas horas para ser “entrevistado” por el Sebin, temible policía política del régimen chavista.

El domingo 19 de abril, el Instituto Nacional de Hipódromos suspendió su programa de carreras, argumentando que desde las 11 de la mañana de ese día había sufrido “ataques informáticos masivos, dirigidos a los servidores principales”.

“Un daño a la familia venezolana, a tantas y tantas personas, a tantos y tantos trabajadores cuyos empleos se ven afectados por esta campaña contra el hipismo venezolano”, reaccionó el organismo, que siempre trató de victimizarse relacionando las denuncias con un supuesto complot “de gente indolente y que va en contra de una gran industria que ha devuelto la esperanza, confianza y credibilidad al hipismo nacional”.

Hasta que la flamante jinete de la República Bolivariana, Delcy Rodríguez, tiró de la brida y sacó de la pista a “El Potro”, querido ejemplar de Maduro.

El primer ministro de Portugal, Luís Montenegro (centroderecha), recibió este miércoles a la líder opositora venezolana y premio nobel de la paz de 2025 María Corina Machado, con la mirada puesta en el futuro de Venezuela y con un espíritu de gran esperanza.

EFE

Este futuro «debe pasar por una solución democrática y libre, en la que los venezolanos puedan decidir su futuro», aseguró Montenegro al finalizar el encuentro, que tuvo lugar en la residencia oficial del primer ministro y duró algo más de media hora.

El primer ministro portugués transmitió a la líder opositora venezolana el deseo de su gobierno de que, «dadas las circunstancias que atraviesa el país, pueda ser un momento de transición democrática y que, en el menor tiempo posible, las personas que se encuentran en el exilio puedan regresar al país, como es su caso».

«Y que se pueda celebrar un proceso electoral en el que, de forma absolutamente libre, el pueblo venezolano pueda elegir su futuro y su pueblo pueda disfrutar de todas las oportunidades que ofrece el país», concluyó Montenegro.

Machado no ofreció declaraciones

Machado salió de la residencia sin ofrecer declaraciones a la prensa. Previamente, también se reunió con el ministro de Exteriores luso, Paulo Rangel.

Ante la situación en Venezuela, el gobierno portugués ha mantenido una postura de cautela, alineada con los socios de la Unión Europea (UE), y ha defendido una solución de diálogo, democracia y estabilidad para el país.

A principios de abril, el secretario de Comunidades Portuguesas, Emídio Sousa, visitó Venezuela y se reunió con representantes del gobierno venezolano y con sectores de la oposición, y afirmó que Portugal está dispuesto a mantener un trabajo diplomático con Caracas.

Machado finalizó esta semana una visita a España, donde se reunió con líderes del PP y de Vox, aunque con ningún representante del gobierno español, lo que ha causado polémica en el país, pues la líder opositora venezolana, al parecer, rechazó reunirse con el presidente del Ejecutivo, el socialista Pedro Sánchez.

 Lucas, un joven venezolano que llegó a Estados Unidos con apenas un año de edad, fue reconocido como miembro de la National Junior Honor Society, distinción que resalta su excelencia académica, disciplina y valores.

Venezuela Awareness

‎‎A lo largo de los años ha destacado por su constancia y compromiso con la educación, manteniendo el orgullo por sus raíces caraqueñas.‎

Su madre, Grey, explicó que ha crecido con el mensaje de sentirse orgulloso de su origen venezolano y de comprender la realidad del país, en medio de lo que califican como una situación difícil en Venezuela. En ese sentido, lo han motivado a enfocarse en el estudio, el respeto y la formación como herramientas de superación.‎‎

Grey informó la noticia y expresó su orgullo por el logro de su hijo, a quien describió como un ejemplo de esfuerzo y superación.‎

Desde Raíces Venezolanas Miami, estamos orgullosos de este logro y también le agradecemos a la madre del joven por su apoyo mediante donaciones de productos destinados a ayudar a los migrantes venezolanos recién llegados a Estados Unidos.

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