Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

 El aclamado escritor estadounidense Paul Auster falleció este martes en su casa del neoyorquino barrio de Brooklyn, lugar que inspiró algunas de sus mejores historias, a los 77 años, como consecuencia de un cáncer de pulmón, dejando un prolífico legado literario pero también cinematográfico.

EFE

Tras graduarse de literatura inglesa en la Universidad de Columbia, publicó -bajo el seudónimo de Paul Benjamín- su primera novela policíaca ‘Squeeze Play’ (1982) y luego ‘La invención de la soledad’ (1990), ésta -de corte autobiográfico- supuso su primera gran creación.

Su definitivo despegue como escritor le llegó en 1985 con la novela ‘La ciudad de cristal’, primera de ‘La trilogía de Nueva York’ junto con ‘Fantasmas’ (1986) y ‘La habitación cerrada’ (1986), un fenómeno literario con gran difusión internacional traducido en decenas de idiomas.

En 1990 salió al mercado ‘Pista de despegue-Poemas y ensayos’ y ‘La música del azar’. Con éste último, fue nominado al premio Faulkner de obras de ficción y también llegó al cine en 1993 bajo un guion del propio Auster -que también actuó- en una película dirigida por Philip Haas.

Paul Auster, un autor con vínculos con el mundo audiovisual

‘El cuaderno rojo’ (1993) o ‘Mr. Vértigo’ (1994), ‘Dream days at the Hotel Existence’ (1998), ‘Tombuctu’ (1999), ‘Creí que mi padre era Dios’ (2001), ‘El libro de las ilusiones’ (2003), ‘Brooklyn Follies’ (2005), ‘Diario de invierno’ (2012) -una autobiografía en la que se observa a si mismo desde fuera- y ‘4 3 2 1’ (2017), entre otros títulos, siguieron avalando década tras década a un autor que también sentía gran atracción por el mundo audiovisual.

Escribió el guión para la película ‘Smoke’ (1995, Wayne Wang), también dirigió junto a Wang la cinta ‘Blue in the face’ (1995) y guionizó y dirigió -ya en solitario- el filme ‘Lulu on the bridge’ (1998).

Entre sus últimos ensayos están ‘La llama inmortal de Stephen Crane’ (2021) y ‘Un país bañado en sangre’ (2023), donde mezcla biografía, anécdotas históricas y un análisis desde el origen de EE.UU. hasta los conflictos armados de la actualidad por entonces.

Tras hacerse publicó que padecía cáncer de pulmón, Auster publicó ‘Baumgartner’ (2023), una historia sobre el amor, el deseo, la pérdida y la memoria.

El también doctor “honoris causa” de la Universidad Nacional de General San Martín (Argentina) y de la Universidad Autónoma de Madrid, ostenta igualmente el premio Príncipe de Asturias de las Letras desde 2006 y el título de Comandante de la Orden de las Artes y las Letras entregado por Francia en 1992.

Reacciones al fallecimiento

Parte del mundo editorial estadounidense, conmocionado aún por la noticia del fallecimiento que se divulgó a última hora del martes, despedía en redes sociales este miércoles por la mañana al autor.

“Estamos muy tristes y apenados por la noticia de la muerte de Paul Auster. Paul fue una figura destacada en la lista de Faber y uno de los verdaderamente grandes innovadores de la literatura del último medio siglo”, publicó en X la editorial Faber Books, con la que el autor trabajó durante 36 años.

Asimismo, Faber Books tuvo palabras de apoyo para la esposa de Auster, la también escritora Siri Hustvedt (madre de su hija Sophie, actriz y cantante): “Tenemos muchísimos recuerdos felices del tiempo que pasamos con Paul y su esposa Siri Hustvedt (…) Nuestros pensamientos están con Siri, su familia y amigos”.

Desde la cuenta en la misma red social del Premio Booker, uno de los galardones literarios más prestigiosos en habla inglesa, también mostraron su pesar con el deceso.

“Nos entristece mucho saber del fallecimiento del nominado al Premio Booker, Paul Auster, cuyo trabajo conmovió a lectores e influyó en escritores de todo el mundo, y cuya generosidad se sintió en otros tantos sectores. Extendemos nuestro más sentido pésame a su esposa Siri Hustvedt y a su familia”, reza su publicación en X.

1 de mayo, se conmemora el día internacional del trabajador, pero la verdad es que, en Venezuela, los últimos 25 años han sido fuerte contra la clase trabajadora. Entre Chávez y el presidente obrero, las reivindicaciones de los trabajadores quedaron realmente pulverizadas. Es que ninguno de los dos realmente hizo algo en función de los trabajadores, porque lo único que buscan es permanecer en el poder.

“La transición será producto de la reconciliación. Una transición en donde quepamos todos, una transición donde están todos los venezolanos, que no haya exclusiones de nadie. Esa es la transición que aspiramos”. Edmundo González

Por las muchas argucias y vías de hecho de las que se ha valido el régimen, así como por sus afirmaciones, no quieren hacerlo. No está en sus genes. Muy pronto se percató Chávez de que para sus fines debía corregir lo de los mandatos limitados -una verdadera camisa de fuerza para su ambición- y para ello lanzó a granel la reelección indefinida que por supuesto apoyaron con fruición los entonces gobernadores, diputados nacionales y regionales, así como alcaldes y concejales. Resultó ser una total incongruencia con el principio constitucional de la alternabilidad.

Además de esa tara genética, el otro factor predominante para no querer entregar el poder, es el pavor que le produce a quienes lo han ejercido en altos cargos con deshonestidad, vileza y crueldad, amparados en la impunidad que les brinda su omnipotencia. Basta referir, que estos expertos en trapisondas, obstruyeron con vallas de todo tipo la ruta electoral que la verdadera oposición se trazó, convirtiendo un simple proceso de postulación, que en cualquier país democrático constituiría una reafirmación de su esencia, en una experiencia kafkiana. Superamos esa valla. María Corina sin titubeos, les postuló a Edmundo.

Aún nos quedan una valla por salvar. El propio proceso electoral que medía entre esta fecha y el 28 de abril, en el que deliberadamente plantan la incertidumbre de otra posible inhabilitación o anulación, de tarjetas, partidos y hasta del candidato. Otra, de mayor entidad, sería la de suspender las elecciones para correr la arruga. Eustoquio Contreras, en una entrevista concedida a El Nacional, lanzó una alerta cuando expresó: «No descarto que bajo ese laberinto que presenta la no disposición de entregar el poder, la angustia de que los votos no le dan para ganar el 28 de julio, (el gobierno) podría sucumbir a la tentación de suspender las elecciones. Y eso sería una cuestión demasiado grave para la tranquilidad política en el país».

Coincidimos con él en que suspender la ruta electoral bajo cualquier pretexto, sería en la práctica darla por terminada, caer en un bucle siniestro. El madurismo se había hecho un traje a su medida adelantando el proceso porque creyó tener asegurada la no participación de María Corina y la oposición verdadera. Eso le garantizaba resolver con prontitud las elecciones presidenciales, con candidatos plegadizos a sus resultados “legítimos”, y la continuidad del alivio de las sanciones. Les salió el tiro por la culata.

Hoy no quieren contarse, se les va la vida, pero tendrán que hacerlo. Perderán, y es factible que no quieran entregar, pretendiendo gobernar de facto. Sería la última valla en esta carrera de obstáculos, tenemos que cobrar el triunfo electoral tal cual lo ha dicho con mucha firmeza Edmundo. Gobernar de facto ya no es una opción viable. El peso de la comunidad internacional y de los organismos que procesan estas graves situaciones no les asegura ningún futuro. Y aquí cabe tener presente aquellas célebres palabras que Talleyrand, ministro de Relaciones Exteriores de Napoleón, le dijo un día al emperador: «Señor, con las bayonetas se puede hacer cualquier cosa menos sentarse sobre ellas”.

Por Víctor A. Bolívar

Desbordado Coro para escuchar a María Corina . Falcón y toda Venezuela despertó.

Un grupo de choque del régimen de Maduro arremetió este miércoles contra la marcha de trabajadores —en el marco del Día Internacional del Trabajo— en Caracas. Organizaciones sindicales claman a la dictadura chavista mejoras salariales en un país donde el salario mínimo se mantiene en unos 30 dólares.

Infobae

“Esto no se puede estar permitiendo (…), ¿cómo es posible que bandas armadas golpeen a trabajadores? Nosotros lo que venimos a reclamar es un salario digno”, dijo a la prensa el dirigente sindical Mauro Zambrano durante la movilización en Caracas.

La ONG defensora de derechos humanos PROVEA cuestionó que policías y militares que tenían acordonada la zona a la que llegó la marcha, en la céntrica Plaza Venezuela, “no actuaron para impedir la agresión”.

Durante el incidente, una fotoperiodista fue agredida por estos motorizados, que la golpearon con sus cascos y le robaron su cámara.

Por su parte, varios opositores acusaron al chavismo este miércoles de “destruir” derechos laborales, cuya recuperación —señalaron— pasa por un “cambio político” en el país, que se prepara para celebrar las presidenciales el próximo 28 de julio.

Uno de ellos fue el ex gobernador Henrique Capriles, quien aseguró, a través de X, que los trabajadores venezolanos viven “tiempos muy duros” debido a la “destrucción sistemática de sueldos, salarios, jubilaciones, pensiones, beneficios laborales”.

Varias organizaciones sindicales convocaron para hoy a una protesta nacional contra la “política hambreadora del Gobierno” y para exigir un aumento del salario mínimo, base del resto de remuneraciones en el sector público.

Desde marzo de 2022, el salario mínimo y la pensión se mantienen en 130 bolívares al mes, que en ese entonces, al cambio oficial, eran unos 30 dólares, lo que significa que se han reducido un 88 % en su equivalente en la divisa estadounidense, usada como referencia para fijar precios en Venezuela.

Los sindicatos exigen un aumento del salario mínimo del 5.614 %, hasta los 200 dólares al mes, un monto “inicial de arranque de una política salarial que le devuelva al trabajo su valor”.

Que ningún venezolano se quede sin ver este vídeo. Sin duda es para demostrar el engaño de Maduro al simular que hay un mar de persona en Guatire y no hay casi nadie.

El trayecto por el estado Falcón se inició en Tucacas, municipio Silva, donde fue recibida por una multitud de personas que se congregaron en las calles para darle la bienvenida y escuchar atentamente su mensaje.

En el lugar, Machado exhortó a los presentes a sumarse a la causa, enfatizando la importancia de la organización y la unión en torno al candidato González Urrutia.

Es bueno recordar hoy 1 de Mayo el vídeo para los admiradores de Chávez y el comunismo. Chávez le exigía sus seguidores que debían trabajar gratis y hasta estar felices de llegar a la miseria porque cobrar por tú trabajo él lo veía como un vicio.

Acababa de comenzar la séptima vuelta, la segunda tras retirarse el auto de seguridad, la 2.931 en el liderato para el brasileño, afrontando el último de los 13.430 kilómetros en la primera posición de un Gran Premio.

Por: José Manuel Vinuesa – Motor

Una rápida mirada a la pizarra del muro: a poco más de medio segundo, Michael Schumacher. Como en Brasil, donde comandaba la carrera desde el inicio con la perenne presencia del alemán a rebufo. Hasta que llegaron los repostajes y el error siendo segundo. La presión. «No estoy diseñado para quedar segundo o tercero. Estoy diseñado para ganar».

Dos años antes ya había tenido que poner al jovencito en su lugar, cuando en Interlagos se pasaban y repasaban. Schumacher criticó el pilotaje errático de Senna, el brasileño le llamó «chico estúpido». Era su noveno Gran Premio frente al actual tricampeón del mundo. Pero la fricción seguiría al alza. El choque en Magny-Cours y la tensa conversación en la recta de meta, Ayrton vestido de calle, Michael listo para la resalida. Y los test una semana después en Hockenheim, otro roce y Ayrton teniendo que ser separado físicamente de Michael.

Había llegado su «alter ego», pero Ayrton tenía que ponerlo en su sitio, mantener el liderato del paddock. Se daba cuenta, pero no quería aceptarlo, que estaba llegando la sangre nueva que, como había hecho él con Prost, quería derrocarlo. Y ahí estaban los dos, pie a fondo ante la tribuna de Imola, lanzándose hacia el Tamburello, veinte puntos a cero para el alemán en el año que debía ser de Senna y Williams.

El Williams de Prost y el habitáculo estrecho. Y las ayudas prohibidas. Y un carro nervioso. Y los abandonos. La manzana envenenada de Alain sin saberlo. El gran rival que, ya retirado, volvía a ser alguien con quien reflexionar y confesarse.

Desde el podio de Australia de 1993 y el brazo en alto y subirlo al escalón más alto. Una sonrisa, una caricia esa mañana en el warm-up narrando una vuelta para la televisión francesa, donde comentaba el tetracampeón: «para empezar, buenos días a mi querido amigo Alain; te echamos de menos, Alain», y luego pie a fondo para lanzarse hacia el Tamburello.

Debían hablar de seguridad. Él, Alain, Niki, Michael, Gerhard, Michele. Esa que parecía tan avanzada y había demostrado ser tan precaria. Sí, Roland. El bulto en el habitáculo con la bandera rojiblanca en su honor. La necesidad de exigir medidas. Senna, que era tan duro como sensible.

Capaz de lanzarse contra Prost sin pensar en las consecuencias como de detenerse a un lado de la pista y cruzarla, poniendo en riesgo su vida, para salvar a Érik Comas en Spa-Francorchamps en 1992. Dicotomías. Las lógicas contradicciones de un ser humano, no un Dios. De saber discernir entre un piloto implacable y una persona de sonrisa cálida y luminosa.

A fondo. Siempre a fondo. La mirada más allá del horizonte en este día soleado en la Emilia Romagna. Qué hermoso día de primavera, y a la vez qué amargo, para correr entre pasionales italianos. Que tras Ferrari, lo amaban. «¿Ves esas tribunas? Cuando pilote para Ferrari, se vendrán abajo del entusiasmo», bromeaba con su amigo el fotógrafo Angelo Orsi. Un precontrato y un dejarse querer sin demasiada seriedad, también para incomodar a Prost. La reunión secreta con Luca di Montezemolo unos días antes del Gran Premio. Un hermoso parque, el de Imola, teñido ahora de muerte. El rostro serio, transpirando incomodidad en la parrilla.

A los 11 segundos tras pasar meta, el auto tocó fondo y lanzó chispas durante una milésima yendo a 307 kilómetros por hora. Imola. Tamburello. La velocidad siempre altísima. Allí estaba ya, la rápida de izquierdas a fondo. Siempre a fondo, considerada una recta entre los pilotos. El accidente de su amigo Gerhard Berger en 1989. La sonrisa cuando la grada se vino abajo al nombrarlo. Estaba tercero, allí detrás, un punto rojo en el retrovisor ocupado por el azul cielo del Benetton. «¿Qué hacemos con Tamburello, Gerhard?». Era 1990, en los test. Un paseo a la hora del almuerzo hasta allí. Nada, está el río Santerno, el muro no puede ir más allá. Y volvieron, dejando intacta la curva.

A los 11,2 segundos, 832 metros tras la línea de meta, el Williams patinó ligeramente hacia la derecha, a una velocidad de 310 kilómetros por hora con una fuerza G de 3,62. Algo no iba bien. Pero el pie en la tabla, «Acelera, Ayrton», líder de la carrera. Las manos de Senna ya habían demostrado ser sobradamente prodigiosas, en seco y en agua. También podían equivocarse, incluso clamorosamente. Que nadie diga Mónaco 1988, o Adelaida 1992. Errores humanos escasos. Ahora no era nada que no pudiera corregirse o minimizarse.

A los 11,3 segundos giró el volante a la derecha para compensar el derrapaje, con el acelerador levantado al 67% y una velocidad de 306 kilómetros por hora. Corrección subsiguiente. A los 11,4 segundos volvió a girar el volante a la izquierda para trazar la curva, el acelerador al 55%, la velocidad constante, las fuerzas G caídas a 0,33. Pero el monoplaza seguía recto. Algo había fallado irremediablemente. Las máquinas también fallan cuando son llevadas al límite de su resistencia. Y el límite de Ayrton siempre era un poco más. «En un día determinado, en una circunstancia determinada, crees que tienes un límite. Y luego buscas este límite, tocas este límite y piensas: «Está bien, este es el límite»».

Schumacher estaba al acecho del liderato. Un cero iba a pesar demasiado otra vez. Pero no sería la primera vez que su talento le devolvería a su lugar. Un accidente previsible, pero no se rendiría sin tratar de salvarlo. En México 1991 se hizo daño en la Peraltada, un gran susto. En Mónaco 1993, Santa Devota le devolvió una mano lesionada en los libres. Más peligroso fue el de Signes, en Paul Ricard, en 1986, rápida de derechas en la que ni la grava le detuvo. «El hecho de que crea en Dios y tenga fe en Él no significa que sea inmortal o inmune a los peligros, como alguien ha dicho. Tengo miedo de hacerme daño como cualquier otra persona, especialmente en la Fórmula Uno, donde el peligro es constante».

A los 11,6 segundos, la velocidad era de 299 kilómetros por hora, el pie del acelerador totalmente levantado. A los 11,7 segundos frenó a fondo y redujo dos marchas, dejando cuatro intensas marcas de neumático en el asfalto. Intensas como una vida a la que aferrarse. A los veranos en Angra dos Reis, y las motos de agua, y los karts con su sobrino Bruno. Y la samba en el Carnaval. Y por qué no nos vamos a pescar, Ayrton, del bueno de Sid Watkins. Y el amor de alguien que espera en Quinta do Lago, en el Algarve portugués. Portugal, donde la primera victoria bailando bajo la lluvia. Adriane, pese a las quejas familiares. Y Dios. Y hacer algo por la infancia. Y ser más rápido que el tiempo.

A los 12,2 segundos, abandonando ya la pista, con menos de 15 metros hasta el muro, seguía girando el volante, como demuestran los sensores. Pero los de la columna y la dirección están inactivos. El carro va recto. Ya no importará después, pero la justicia italiana, los informes, las evidencias, demostrarán que se había roto la columna de dirección por un trabajo mediocre del equipo campeón del mundo. El sueño de Williams, la pesadilla. La delicadeza de algunos conceptos extremos de Adrian Newey. Lo resolverán, serán campeones, pero ya no estará Ayrton.

Schumacher pasó por Tamburello mientras el líder se dirigía a los pies de un cartel publicitario con el eslógan ‘I Pilotissimi’ de Agip, un álbum de cromos en el que se recogían a los grandes pilotos de la historia, con los comentarios de Enzo Ferrari. Allí, a los pies de ‘los pilotísimos’, como en un altar. De una nube de polvo emergía un auto destrozado y sin gobierno. «Ya no conducía el carro de forma consciente. Lo conducía por instinto, sólo que estaba en una dimensión diferente. Estaba muy por encima del límite pero aún pude encontrar todavía más. Me asusté porque me di cuenta de que estaba mucho más allá de mi comprensión consciente». Pero eso era la maravillosa pole de Mónaco en 1988, no Tamburello.

Cuenta su hermana Viviane que aquella mañana Ayrton leyó un pasaje de la Biblia, como siempre. Ese día leyó que Dios le daría el mayor de todos los regalos. Que era Dios mismo. «Es muy difícil hablar de Dios, es muy difícil escucharlo. He tenido el privilegio de vivir esta experiencia. Sucedió en el Gran Premio de Japón, en la última vuelta de la carrera. La vuelta que finalmente me daría el campeonato. Empecé a agradecer, agradecer y sentí su presencia. Vi a Dios, fue algo especial en mi vida, una sensación enorme. Es un hecho que grabé en mi memoria y llevo dentro de mí. Creo que es un privilegio que pocos tienen o han tenido.»

Y desde entonces, como reza su epitafio, nada puede separarlo del amor de Dios. Pero el tiempo no se detuvo, siguió avanzando segundo a segundo hasta completar ya treinta años. Y parafraseando a Francis Scott Fitzgerald: así seguimos adelante, Ayrton, como botes contra la corriente, empujados incesantemente hacia el pasado.

El 1° de mayo, fecha histórica para los trabajadores venezolanos hoy representa un claro retroceso en sus derechos y reivindicaciones, ya no es una fecha de expectativas favorables, mejoras salariales y otros, lo han convertido en patraña de bonos sal y agua.

Venezuela tiene uno de los salarios más bajos del mundo, según el Banco Mundial el ingreso mínimo diario para no experimentar una situación de pobreza es de 2,15 dólares, es decir, 64,50 dólares mensuales; en la actualidad considerando el tipo de cambio oficial, es de 3,58 dólares mensuales, lo que implica un ingreso diario de 0,12 dólares sustancialmente inferior a la cifra indicada por el Banco Mundial.

Comunicado completo

En retrospectiva, es fácil describir el plan o proyecto inicial del chavismo. Amparado en una retórica redentora que invocaba las glorias de la gesta independentista y la necesidad de acabar con quienes, supuestamente, habían traicionado ese legado, Chávez se dispuso a desmantelar las instituciones de la democracia liberal. Su “revolución bolivariana” se aderezó en el camino con categorías de la mitología comunista que proponían acabar con las reglas de juego que habían impedido al pueblo el disfrute “justo” de la riqueza. Para ello, había que destruir, como fuese, a las fuerzas internas y externas que sostenían tal oprobio. El fin justifica los medios. Condujo, como sabemos, a la conculcación de libertades y derechos, al cierre de medios de comunicación libres, el acorralamiento de la economía de mercado, la confiscación de empresas, la discriminación política y a la transformación del Estado en un instrumento de dominio excluyente de una nueva oligarquía militar y civil, bajo su égida. Con ello, asumieron ser los dueños del país. En ausencia de controles y de la rendición de cuentas, devino en un régimen de expoliación que fue destruyendo a la economía. Añádase el ejercicio de la violencia contra opositores y tenemos al fascismo del siglo XXI. En resumen, su plan “A”, el único hasta la muerte de Chávez.

Humberto García Larralde

El problema, como sabemos, es que, desaparecido Chávez con su carisma, así como la dispendiosa renta petrolera de que disfrutó, se desnudó el empobrecimiento masivo que trajo el modelo. La represión abierta fue la respuesta a la protesta de su sucesor designado, Nicolás Maduro. Procedió a montar una institucionalidad paralela a la de la constitución, bajo su control directo, y a trampear las elecciones en 2018 para hacerse reelegir. Invitó, así, la imposición de sanciones en su contra, aislándose en lo internacional y reduciendo su margen de acción progresivamente. Accedió, por tanto, a un plan “B”.

Ese plan “B” se inició en el plano económico, liberalizando los controles de precio y de tipo de cambio, y permitiendo el uso de la divisa. Ante las enormes distorsiones dejados por el “socialismo del siglo XXI”, que provocó uno de los episodios más agudos de hiperinflación conocidos en América Latina, instrumentó un severo ajuste neoliberal, recortando lo que quedaba de la capacidad operativa del Estado, arruinando los servicios públicos y reduciendo la remuneración de sus empleados a la miseria. Pero no fue suficiente. Había que complementarlo en el plano político. Convino, entonces, en celebrar elecciones confiables en 2024, a cambio del levantamiento de sanciones en su contra. Buscaba ser relegitimado a nivel internacional y que ello le fuese retribuido en financiamientos y posibles aliados.

El riesgo de tal compromiso aparentaba ser bajo. La oposición, debilitada, se la pasaba peleando entre sí. El truco, en todo caso, sería provocar la abstención de los sectores más radicales con la inhabilitación de algunas candidaturas, como con otros abusos, pero sin superar el umbral de la condena internacional.

Lo que se le vino encima a partir de la primaria del 22 de octubre y el fracaso de su movilización patriotera en torno al territorio Esequibo, no estaba, definitivamente, en sus cálculos. Menos todavía, la ascendencia creciente de la candidatura de María Corina Machado, aún con su inhabilitación tramposa, y la creciente unificación de las fuerzas democráticas detrás de su liderazgo. Ahora el Plan B amenazaba con la pérdida del poder. El chavo-madurismo, entonces, buscó intimidar, apresando a opositores con las más estúpidas acusaciones. Pero, peor aún para Maduro, las fuerzas democráticas mostraron estar por encima de la intriga y la provocación, comprometiéndose con forjar una candidatura unitaria, así como con la salida electoral, a pesar de todos los chanchullos con que intentó impedir que cuajara.

Como confesión de que pateaba la mesa, el fascismo lanzó a Nicolás Maduro para ser reelecto. No hay forma que candidatura tan mala triunfase bajo los acuerdos firmados en Barbados. Por tanto, las trampas pasaron al orden del día, su plan A de siempre. Si bien otros candidatos sacarían más votos –Lacava, Héctor Rodríguez- Maduro era quien sostenía el tinglado de alianzas entre los grupos mafiosos y acataba sin remilgos los consejos de la inteligencia cubana y rusa. Se persistió, así, con triquiñuelas para evitar que el liderazgo de MCM quedara representado por una candidatura aclamada por todos. La escogencia de Edmundo González Urrutia, embajador reconocido por su capacidad, experiencia y solvencia profesional y ética, y su aceptación unánime por el liderazgo reunido en la Plataforma Unitaria, terminó de dispararles las alarmas. El núcleo duro decidió, por tanto, sabotear su nueva estrategia (su plan B), incitando al restablecimiento de sanciones y al distanciamiento de quienes han sido sus aliados.

El chavo-madurismo se encuentra actualmente en 3 y 2, como se diría en jerga beisbolera. Sopesa los costos de revertir su proceder al de siempre, represivo, atropellador de derechos (su plan A), pero evitando con ello la derrota electoral, o continuar con el plan B, minimizando sus daños y cosechando sus potenciales beneficios: ser readmitido en el concierto internacional, con las oportunidades que ello pudiera proveer. Por ejemplo, Bloomberg trae como noticia el interés de Maduro en explorar vías para renegociar la deuda pública externa, requisito para romper con su aislamiento financiero. Ahora se torna imposible con la reimposición de sanciones. Su empeño en acentuar la represión hace que los reales para contratar con Rothschild la aclaratoria de cuánto debe y a quiénes, sean a saco perdido.

Empero, con la complicidad de un tsj obsecuente y de una cúpula militar que traicionó sus compromisos con la patria, Maduro puede asegurar su permanencia en el poder. Podrá trampear el proceso electoral, cometer un fraude masivo o, simplemente, posponer los comicios. ¿Pero a qué costo? El mundo está pendiente, ansiosos muchos países de la región de que sea resuelta la situación y así poder librarse del “problema Venezuela”, amparo de bandas criminales y del tráfico de drogas, y fuente interminable de migrantes que ansían una vida más digna, pero que aumentan –en algunos casos, significativamente—la responsabilidad de proveer servicios públicos adecuados. Y, en lo interno, cada atropello, cada trampa para torcer la voluntad popular en las venideras elecciones, consigue aumentar el hastío de los venezolanos con el régimen y fortalecer su convicción sobre el imperativo de un cambio político.

Cobra sentido, en tal contexto, la iniciativa atribuida al presidente Petro, secundada por Lula, de realizar un plebiscito el mismo 28 de julio, día de las elecciones, buscando la aprobación de los venezolanos de que quienes resultasen derrotados no fuesen perseguidos por su posición política. Implícitamente, se aconseja al chavo-madurismo prepararse para su derrota, pero asegurando condiciones que reduzcan al mínimo sus costos de salida. Y es que el prontuario de quienes se han apoderado de la nación es, sencillamente, horroroso. Así lo atestiguan los voluminosos expedientes recopilados por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la CPI, la CIDH y por numerosas ONG especializadas en la defensa de derechos humanos. Y luego está el expolio y robo abierto de recursos. Pero, para negociar los convenientes olvidos, el fascismo tendrá todavía el sartén agarrado por el mango, aun perdiendo el 28 de julio. Dispondrá hasta el cambio de gobierno (seis meses), del control del tsj, la cúpula militar, la Asamblea oficialista, numerosas gobernaciones y alcaldías, así como de otras instancias del poder público. Y, como sabemos, no tendrá escrúpulo alguno para desbarrancar el cambio decidido.

De ser cierto que, ante los consejos de Petro y Lula, el chavo-madurismo ha empezado a poner su mira más allá del 28J, no por ello podemos confiarnos en que jugará limpio. No hay garantía alguna de que respete la candidatura unitaria de EGU hasta el final. Fiel a su naturaleza, ha continuado con sus atropellos, apresando dirigentes populares democráticos, inhabilitando arbitraria e ilegalmente a quienes podrán derrotar a sus candidatos en los comicios regionales y locales de 2025, y confiscando Primero Justicia. Sin duda que, para este trance, contar con Edmundo González, negociador versado, representa, junto a Gerardo Blyde, un valioso activo. Pero siempre contando con la fuerza que da el apoyo mayoritario de los venezolanos, movilizados y vigilantes en la defensa de su conquista. El liderazgo de MCM y el apoyo internacional a una transición pacífica serán decisivos en este empeño. Es demasiado lo que está en juego para no asegurar que la negociación sea desde una posición de fuerza.

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