Armando Esteban Quito

Arturo Arenas, ingeniero electricista con más de 40 años de trayectoria, informó sobre el diagnóstico preliminar de multinacionales como Siemens Energy y General Electric en el país.

Unión Radio

El estudio estima que la recuperación del sector eléctrico requiere una inversión de entre 15 mil y 40 mil millones de dólares. Este proceso de mejora integral para alcanzar un servicio confiable tomaría un periodo de entre 5 a 15 años.

El financiamiento de la CAF para estos proyectos avanza de forma lenta, pero el sector mantiene altas expectativas sobre la llegada de los recursos. Actualmente, el sistema presenta baja confiabilidad y racionamientos intensos debido al equinoccio de verano y al aumento de la demanda por el calor.

«Hay que recuperar plantas térmicas hidroeléctricas que están en un mal estado», afirmó el experto sobre las prioridades de generación en entrevista concedida a Román Lozinski para el Circuito Éxitos.

Arenas instó a la población a sumarse a iniciativas de eficiencia energética ante la crisis actual. La demanda eléctrica nacional subió a 14.800 MW, por lo que un ahorro ciudadano del 5% permitiría liberar 600 MW de carga. El Ministerio de Energía prevé una mejoría ligera para finales de abril, aunque la solución definitiva depende de la inversión en redes de transmisión, distribución y subestaciones.

Más tarde, el juicio de Slobodan Milošević ante un tribunal internacional mostró otra variante: la justicia como escenario global, donde el banquillo adquiere valor simbólico más allá de la condena

ORLANDO VIERA-BLANCO 31/03/2026

En el banquillo no se sienta únicamente un hombre, sino una época, una nueva era en el orden público internacional, de la justicia penal, de la historia de la humanidad.

El proceso contra Nicolás Maduro en Nueva York irrumpe en la escena internacional como una de esas raras coyunturas donde el derecho penal deja de ser técnica y se convierte en relato histórico, trepidante, desafiante. Como advirtió Hannah Arendt, “el poder y la violencia no son lo mismo, pero cuando el poder se erosiona, la violencia emerge” y podríamos añadir, cuando el poder se desploma, el derecho aparece como mecanismo de cierre, de transición o de disputa. Y cambia todo lo que lucía imbatible.

El paralelismo con Manuel Noriega es inevitable. Su captura tras la invasión de Panamá [1989] inauguró una lógica que hoy se consolida: la posibilidad que EEUU ejerza jurisdicción penal sobre figuras estatales extranjeras mediante una combinación de fuerza y legalidad. Y de ahí un salto a poder político concedido por la justicia, es un capitulo a entender y redimir.

Más tarde, el juicio de Slobodan Milošević ante un tribunal internacional mostró otra variante: la justicia como escenario global, donde el banquillo adquiere valor simbólico más allá de la condena. Y el caso de Alberto Fujimori que ofrece un tercer modelo: el juicio interno como mecanismo de reconstrucción institucional.

No incluimos el juicio a CAP porque ya la historia juzgó que no fue un juicio real, sino un linchamiento político.

El proceso de Maduro parece condensar estos tres arquetipos, pero con un matiz decisivo: la extraterritorialidad como herramienta central. No se trata de juzgar, sino de capturar, trasladar y procesar bajo un marco jurídico que—formalmente válido en el derecho estadounidense—tensiona principios clásicos del derecho internacional. Como señalaba Carl Schmitt, “soberano es quien decide sobre el estado de excepción”. En este caso, la excepción parece haberse normalizado en nombre de la lucha contra amenazas transnacionales, que ya lo alertaban los tratados TIAR [Tratado Internacional de Asistencia Reciproca]; PALERMO [Tratado contra en crimen organizado] o la propia Carta de las Naciones Unidas, y la supremacía de los DDHH sobre la soberanía. Excepción por cierto, enmarcada en la legitima defensa internacional, cuyo concepto no puede ser atrapado por condiciones regladas sujetas a vetos [Consejo de Seguridad] o restricciones a estados ‘de guerra’, cuando el crimen organizado o el terrorismo han sido tanto o más erosivos que una confrontación armada.

El uso del tipo penal de narcoterrorismo refuerza esta ambición

No se juzga únicamente una conducta delictiva, sino una supuesta fusión entre crimen organizado y estrategia estatal. Una construcción jurídica que exige probar intencionalidad política, coordinación con actores armados y un propósito que trascienda el lucro. En términos probatorios es un edificio complejo, sostenido en gran medida por testigos cooperantes, figuras que—como ha advertido la criminología contemporánea—operan entre la verdad y la negociación. Y ahí está el peso testimonial de El pollo et al.

Pero más allá del resultado judicial, el verdadero impacto del caso se despliega en la esfera de la diplomacia internacional. La captura y procesamiento de un ex jefe de Estado redefine los límites de la soberanía. Como sugiere Anne-Marie Slaughter: “el mundo contemporáneo no se organiza sólo en Estados, sino en redes de autoridad donde tribunales, agencias y actores transnacionales ejercen poder más allá de fronteras formales”.

El caso Maduro encarna esa transición: el paso de un orden westfaliano de soberanías inquebrantables, a uno global donde la jurisdicción se proyecta como instrumento de poder no estrictamente territorial.

El precedente no es menor. Para los llamados “Estados paria” o sistemas híbridos donde el poder político se entrelaza con economías ilícitas—capitales sucios [Tainted Capitals/No clean assets]—el mensaje es doble. Por un lado, existe la posibilidad real de rendición de cuentas más allá de las fronteras nacionales, considerando que la actividad ilícita afecta la seguridad de otros estados. Por otro, esa rendición de cuentas puede tener un carácter geopolítico. Como advertía Michel Foucault “el poder no se posee, se ejerce”; y el derecho penal global se ha convertido en una de sus formas más sofisticadas de ejercicio.

Estamos cabalgando por un proceso profundo de revisión histórica del concepto de soberanía. La justicia no debe percibirse como instrumento político pero la impunidad no otorga legitimidad al modelo totalitario. Aquí emerge la relevancia de un juicio justo que reivindique la historia…

La eficacia frente a la legitimidad

Es aquí donde el análisis subraya una tensión central. La extraterritorialidad permite actuar donde los sistemas internos fallan, pero al hacerlo erosiona principios que sostienen el orden internacional. Y esa erosión no es neutra. Puede abrir la puerta a un nuevo paradigma de justicia global, pero también a un uso selectivo del derecho como factor de poder [Foucault]. Lo bueno o malo de esa percepcion será la correcta aplicacion de la justicia y del debido proceso.

En términos de Ciencia Política, el caso habilita un mecanismo de transición indirecta. Al desplazar a Maduro al ámbito judicial externo se reconfigura el campo político interno venezolano. Se despersonaliza el conflicto, se facilita la recomposición de élites y se abre un espacio para negociaciones que de otro modo eran inviables. Como observó Guillermo O’Donnell en sus estudios sobre transiciones, los procesos de salida de regímenes autoritarios rara vez siguen un guion lineal; suelen combinar elementos de ruptura, negociación y, en ocasiones, justicia diferida.

Sin embargo, el desenlace sigue abierto. Y con él, la pregunta fundamental: ¿Estamos ante una evolución del Derecho Penal global o ante una sofisticación de la política por otros medios?¿Una inevitable combinación de política y justicia?. A fin de cuentas en ese banquillo no sólo se juzga a un hombre, sino se ensaya un modelo de orden internacional, en el que el derecho alcanza al poder en un espacio donde el dictador se creía intocable. Entonces el poder se redefine por los límites del derecho cuando la soberanía [a lo interno] aun solicitado, no lo permitía.

En esa tensión—irreductible, persistente—se juega algo más que un caso: se juega el sentido, alcance y prelación de la justicia sobre el poder en la era global.

En definitiva el proceso contra Nicolás Maduro en un tribunal federal de Nueva York no puede leerse como un expediente penal más. Es una escena donde confluyen—y colisionan—derecho, geopolítica, legitimidad y transición. En estos momentos excepcionales, el derecho deja de ser una gramática técnica para convertirse en un lenguaje político [sic] donde—decíamos—el poder se descompone y lo que emerge es un ajuste, una redefinición del orden público internacional donde los conceptos y reconocimientos de la soberanía y no intervención quedan subordinados a la seguridad de los estados en un mundo global, los DDHH y la supremacía de la justicia sobre el poder político ilegítimo.

Extraterritorialidad: soberanía, intencionalidad e inmunidad

Desde la perspectiva del derecho estadounidense, la captura extraterritorial es una práctica de base consolidada. La doctrina deriva de casos como Noriega o el de Humberto Álvarez-Machain que establecen que la jurisdicción no se ve afectada por la ilegalidad de la captura. El principio es pragmático: una vez que el acusado está ante el tribunal, el proceso puede seguir su curso.

El tipo penal de narcoterrorismo como construcción estratégica, es un precedente que refuerza la aplicabilidad de normas penales supranacionales. El corazón jurídico del caso reside en la imputación de narcoterrorismo. Esta figura no sólo criminaliza el tráfico de drogas, sino que lo vincula a una estrategia política orientada a afectar la seguridad nacional de EEUU […] Se trata de una construcción ambiciosa que eleva el caso desde el ámbito del crimen organizado al de la seguridad internacional.

En términos probatorios, esto implica demostrar: i.-Coordinación con actores armados (como las FARC); ii.-Conocimiento y control de las operaciones y una finalidad política específica de daño.

La inmunidad es otro alegato en disputa. Históricamente, la inmunidad soberana ha protegido a los jefes de Estado frente a jurisdicciones extranjeras. Sin embargo, este principio ha sido progresivamente revisado y ajustado[…]El caso de Augusto Pinochet en Londres marcó un punto de inflexión. Aunque finalmente no fue juzgado en el Reino Unido, su detención estableció que ciertos crímenes no pueden quedar amparados por la inmunidad.

En el caso de Maduro la situación es aún más compleja: EEUU no lo reconoce como jefe de Estado legítimo, ha sido desplazado de facto del poder y los cargos se refieren a conductas criminales, no a actos oficiales. Esto debilita significativamente cualquier alegato de inmunidad. Más aún, refuerza una tendencia global: la progresiva subordinación de la inmunidad a la gravedad de los delitos.

Diplomacia judicial y efectos sistémicos

Más allá del plano jurídico, hemos comentado que el caso tiene implicaciones profundas para la diplomacia internacional. La captura y procesamiento de un ex jefe de estado extranjero redefine las reglas del juego. Como ha señalado Robert Keohane, “las instituciones internacionales no sólo regulan conductas, sino que moldean expectativas”. El caso Maduro puede establecer un precedente que altere el cálculo de otros líderes en contextos similares. Un Estado que no cumple con las expectativas institucionales y que queda atrapado por una proceso sistemático de reformas criminales y el desahucio de la ley, no conserva un estatus jurídico de soberanía, integridad territorial, ciudadania y legitimidad.

Es la implementación de un orden supranacional coercitivo que redime y rescata a un estado ausente e indefenso.

Para los llamados “Estados paria”, el mensaje es claro e inexpugnable. Si la justicia se aplica de manera desigual [Estado cooptado por autoritarismo], el poder legítimo se erosiona. Sin Ley no hay justicia, sin justicia no hay paz y sin paz no hay libertad. Esta ecuación rompe la fundamentación de la soberanía que reside en el pueblo Si el pueblo no ejerce su ciudadania de manera libre, justa y en sana paz entonces la soberanía no existe. Como advertía Max Weber, la autoridad depende en última instancia de la creencia en su legitimidad. Sin esa creencia, incluso la coerción más efectiva pierde estabilidad. Por el contrario, si la defensa es legítima-por la prevalencia del derecho contra un Estado ausente y cooptado por la violencia y el autoritarismo-la justicia internacional se convierte en una herramienta válida y necesaria de poder. Es la diplomacia judicial.

El juicio como herramienta de transición

El proceso contra Maduro no ocurre en el vacío. Coincide con un momento de reconfiguración política en Venezuela. En este caso, el juicio podría facilitar acuerdos entre facciones internas y legitimar cambios ante la comunidad internacional. El juicio—aun no siendo su misión-es una herramienta de balance entre poder, libertad, justicia y rendicion de cuentas.

Sin embargo es sano advertir que el uso instrumental del derecho plantea riesgos. Como advierte Jürgen Habermas, la legitimidad democrática depende de la percepción de justicia procedimental. En el campo estricto de la justicia norteamericana la defensa ha apelado al argumento del derecho a la defensa […] En este plano es preciso no confundir el Derecho a la Defensa [que supone una defensa efectiva, adecuada y oportuna] con “el derecho” a tener una defensa pagada u onerosa. El valor protegido o tutelado por la ley, es el derecho al debido proceso [due process of law, 5ta. Enmienda de la Constitución Norteamericana]. Por su parte, la Sexta Enmienda [ejusdem] garantiza el Derecho a un juicio rápido y público; el derecho a un jurado imparcial; derecho a conocer los cargos; derecho a confrontar testigos; derecho a obtener testigos a favor y el Derecho a la asistencia efectiva de un abogado.

Con relación al punto crítico: “assistance of counsel” la Corte Suprema de EEUU ha interpretado esto como que no basta tener un abogado. En casos complejos criminales (p. ej., Strickland v. Washingtondisen) la jurisprudencia establece que la defensa debe ser competente, adecuadamente preparada y con recursos razonables para enfrentar a la fiscalía debe ser una defensa real, efectiva y adecuada. Ello no desdice de una defensoria pública con auxiliares y expertos. De dónde provienen esos recursos? Un punto igualmente crítico son “los recursos de Maduro” vs. los recursos del Estado Venezolano. Maduro ha sido sancionado por la OFAC y tiene elevadas cantidades de dinero y patrimonios congelados por ser capitales de procedencia ilegal. En otro sentido no es reconocido cómo Jefe de Estado por lo cual no goza ni de inmunidad [ver up supra] ni el Estado Venezolano obligación de pagar sus defensa.

Conclusión: Un juicio dentro del juicio

Maduro está en el banquillo, pero no está solo. A su lado se sientan conceptos, doctrinas y tensiones que definirán no sólo su futuro sino también del derecho internacional, la extraterritorialidad, la revisión del concepto de inmunidad, soberanía, no-intervención, la autodeterminación frente a Estados parias o gobiernos que penetran la majestad del Estado-Nación; y en fin, la relación entre justicia y poder, esto es, el papel del Derecho Internacional en las transiciones políticas globales por inherencia legitima de la justicia internacional penal.

El tribunal decidirá sobre hechos y normas. Pero la historia evaluará algo más profundo: si este proceso fortaleció la idea de justicia global, enalteció el ideal real de los DDHH sobre las pretendidas soberanías territoriales, privilegió el derecho internacional a la defensa no condicionada de los DDHH, de la seguridad de los estados, del orden contra las mafias internacionales y el terrorismo.

El gran debate es: qué sucede cuando un interés político extranjero se alinea con la defensa de un estado cooptado por la criminalidad? La respuesta luce innegable.

Como escribió Raymond Aron, “la historia es trágica porque los hombres hacen lo que pueden y no lo que quieren”. En este caso, el derecho limita, alcanza y contiene al poder allí donde este se creía intocable

Desde un punto de vista evolutivo, pagar el costo de la duda, es bueno. Porque duda, es pasión…pasión que es búsqueda de la verdad, vardad que es justicia, y justicia que es paz, que es misión.

Así cuando el poder cae por fuerza de la justicia, el banquillo no es sólo un lugar físico. Es un símbolo. Un símbolo de rendición de cuentas, que es la reivindicación de la ley, que es justicia, que es liberación, que es paz. Ese es el verdadero alcance y trascendencia del concepto de soberanía: paz ciudadana, democratización y orden público [interno y externo] conceptos que junto a Maduro, también están sentados en el banquillo de la historia.

[*] @ovierablanco
vierablanco@gmail.com
Abogado. Exembajador de Venezuela en Canadá

Elliott Abrams, el responsable de la política hacia Venezuela e Irán en el primer mandato de Trump, cree que Caracas intenta ganar tiempo hasta debilitar políticamente a la Casa Blanca

Por: David Alandete – ABC

Elliott Abrams (Nueva York, 1948) ha ocupado cargos de gran peso en la política exterior de Estados Unidos durante décadas. Fue una de las voces más influyentes en América Latina y Oriente Próximo bajo presidentes republicanos y, durante el primer mandato de Donald Trump, ejerció como enviado especial para Venezuela y también para Irán. Conoce de primera mano cómo se comenzó a fraguar la campaña de máxima presión contra Nicolás Maduro y observa ahora, desde Washington, un giro que considera evidente. La prioridad ya no parece ser la democratización de Venezuela, sino una combinación imprecisa de interés energético, cálculo geopolítico y presión personal de Trump. En conversación con ABC, Abrams sostiene que el régimen chavista quiere alargar la situación todo lo posible, duda de la solidez de los argumentos que hoy se dan en Washington para justificar la nueva política y propone como solución una negociación real entre el chavismo y la oposición que desemboque en elecciones.

—¿Cómo ve la situación actual de la Administración Trump con Venezuela y este acercamiento con Delcy Rodríguez? ¿Cuánto tiempo puede durar?

—Creo que puede durar mucho tiempo. Mi impresión es que el régimen quiere que esto se alargue, primero hasta noviembre, porque piensa que entonces Trump puede perder la Cámara de Representantes y quizá también el Senado, y por tanto quedar más debilitado. Y creo que, en el fondo, lo que querrían es estirarlo durante tres años, hasta el final del mandato. Quieren arrastrarlo todo, demorarlo todo, posponerlo todo. Ahora bien, no sé si van a poder hacerlo, porque no estoy seguro de que esa sea la visión de Marco Rubio [el secretario de Estado]. A mí me parece que Rubio sí cree que debe haber elecciones, quizá no este año, pero desde luego el año próximo, y que tiene que haber avances reales hacia la democracia. El problema es que hay muchas cosas que podrían haberse hecho ya y no se ha hecho ninguna. Ni siquiera han liberado a todos los presos políticos: han soltado a aproximadamente la mitad, nada más. Así que creo que el régimen va a intentar aferrarse al poder y hacer el menor número posible de reformas y concesiones.

—¿Ve una diferencia de estrategia entre lo que pretendía la primera Administración Trump, cuando usted estaba en el Departamento de Estado, y lo que se busca ahora? ¿Ha cambiado el objetivo final?

—Sí, en un sentido sí. En el primer mandato estaba muy claro para todos nosotros que queríamos deshacernos del régimen y sustituirlo por una democracia. Ese era el objetivo. No había demasiada ambigüedad sobre eso. En este segundo mandato, en cambio, Trump parece personalmente mucho más interesado en el petróleo que en el cambio político. Esa es la diferencia principal que yo veo. Antes el fin era político y estructural: queríamos una transición democrática. Ahora no tengo tan claro que ese siga siendo el fin.

—En aquel primer mandato usted me explicó que, en la práctica, la Administración republicana había aplicado algo muy parecido a un embargo total sobre el petróleo venezolano. ¿Qué ha cambiado? ¿Ha cambiado Trump?

—La verdad es que no sé responder directamente a esa pregunta. Pero quizá hay que plantearla de otra forma: ¿por qué hizo Trump esto? ¿Por qué capturó a Maduro y lo metió en prisión? ¿Cuál era el objetivo? Hay gente que diría que la respuesta es drogas, migración y petróleo. A mí me parecen respuestas muy extrañas. Trump habla mucho del fentanilo, pero el fentanilo no viene de Venezuela. Habla de la migración, pero ya no hay migración desde Venezuela hacia Estados Unidos. La frontera sur está cerrada. Ese era un problema de Biden, no de ahora. Y luego está el petróleo. Primero, cuando se hizo esto en enero, todavía no existía la guerra con Irán. Así que la pregunta es: ¿quién necesitaba entonces el petróleo venezolano? ¿Y por qué cree Trump que hay tanto petróleo disponible allí? Eso también me sorprende.
«Trump ha cambiado: antes quería democracia, ahora mira al petróleo»

—¿No es tan rica Venezuela en petróleo como se dice?

—Venezuela había caído a unos 900.000 barriles diarios, quizá un poco menos o un poco más, pero por ahí. Y les llevaría dos años, es decir, hasta 2028, aumentar esa producción un 50% como mucho. La compañía en mejor posición para aumentar producción es Chevron. Chevron produce unos 250.000 barriles diarios y dice que en dos años podría incrementarlos un 50%. Eso significa pasar de 250.000 a 375.000. Francamente, eso no es nada en el mercado mundial del petróleo. Incluso si en dos años Venezuela pasara de un millón de barriles diarios a un millón y medio, ¿y qué? Sería bueno tener ese volumen ahora, en medio de la guerra con Irán, pero no lo tenemos y no lo vamos a tener. Así que esas tres explicaciones —migración, drogas, petróleo— me parecen muy débiles.

—Entonces, ¿Cuál cree que es la verdadera explicación?

—Quizá la explicación está en la estrategia de seguridad nacional y en la estrategia de defensa. Tal vez la idea de Trump sea: este es nuestro continente, pertenece a Estados Unidos, y no se van a tolerar gobiernos hostiles. Eso podría ser una explicación. Lo curioso es que, en el primer mandato, esa lógica llevaba a intentar acabar con el régimen. En el segundo parece llevar a otra cosa: quitar a Maduro y poner a alguien más amistoso, alguien que haga lo que Trump le diga. Yo no creo que eso pueda funcionar realmente, porque hay demasiada gente que quiere un cambio más profundo. Una de esas personas es Rubio, creo yo, pero más importante aún son los propios venezolanos.

—Los venezolano-estadounidenses también cuentan mucho políticamente y son muchos. Si dentro de esta Administración hay personas que sí quieren un cambio democrático, ¿cuál sería para usted una hoja de ruta razonable desde ahora hasta unas elecciones?

—Creo que lo primero es que la Administración debería estar exigiendo ya una serie de cosas. La primera, la liberación de todos los presos políticos. Me parece increíble que Trump no haya insistido en eso. Han pasado tres meses. La segunda, que Estados Unidos intente propiciar una negociación entre el régimen y la oposición democrática. Evidentemente, del lado del régimen sería Jorge Rodríguez. Del lado de la oposición, no sé exactamente quién, pero tendría que ser alguien con capacidad y legitimidad. Y tendrían que empezar a negociar cuestiones concretas: el Consejo Nacional Electoral, la justicia transicional, la devolución de los partidos políticos a sus verdaderas direcciones, la fecha de unas elecciones. No digo que las elecciones tengan que celebrarse necesariamente este año, pero la fecha sí debería fijarse este año en esa negociación. Si uno piensa en Brasil, Argentina, Uruguay, Chile o Perú, había situaciones distintas, porque muchas veces se trataba de dictaduras militares, pero siempre hubo negociaciones sobre este tipo de asuntos. Siempre hubo una conversación política seria sobre cómo se transitaba. Y eso es exactamente lo que, en mi opinión, debería estar organizando la Administración Trump.

—La oposición venezolana aquí en Washington, y también María Corina Machado, a quien muchos consideran la verdadera ganadora moral y política del último proceso electoral, está pasando por un momento difícil. ¿Qué consejo les daría?

—Creo que deben seguir hablando con la Administración. María Corina habla con el presidente y con Rubio, y otras personas hablan en otros niveles de la Administración. Eso hay que mantenerlo. Pero también creo que tienen una situación difícil, porque no quieren enfrentarse a la Administración. Y, sin embargo, necesitan aclarar cuál es la situación. Yo diría que deberían ser un poco más públicos en ciertos asuntos, por ejemplo el de los presos políticos, porque es el más sencillo de explicar y defender. Y también deberían explicar a la Administración todas las complicaciones que se derivan del pleno reconocimiento del régimen. No me refiero sólo a problemas para la oposición, sino a cuestiones legales y prácticas relacionadas con Citgo, PDVSA o la ley de hidrocarburos.

—¿No hay confianza en el sector petrolero?

—Es que ninguna gran petrolera va a invertir miles de millones de dólares basándose en una ley de hidrocarburos ilegítima, aprobada por este régimen y que puede ser modificada en cuanto vuelva la democracia. Lo que sería realmente útil, si de verdad se quiere reactivar la economía, es que el régimen hablara con la oposición y todos pudieran acordar una ley de hidrocarburos. Así habría seguridad de que esa ley es estable y no cambiará con un futuro gobierno democrático. Lo mismo ocurre con la llamada ley de amnistía, que en realidad es una amnistía para el régimen. Necesitan una ley real, que siga vigente después del cambio.

—Mi última pregunta. Delcy Rodríguez intenta lograr reconocimiento internacional invitando a José Luis Rodríguez Zapatero, y él está reivindicando públicamente que gracias a su intervención han salido muchos presos. ¿Cuál es su lectura? ¿Qué está haciendo allí y por qué dice eso?

—Zapatero es, en este caso, una persona sin sentido moral. Fue un defensor de Maduro. Fue un defensor de las peores cosas que hizo el régimen. No representa la democracia ni la libertad. Nada de lo que está haciendo supone una contribución positiva. Debería mantenerse al margen. Si España, o cualquiera en España, quiere ayudar de verdad a la democratización de Venezuela, tendrá que hacerlo a través de verdaderos demócratas, no de personas comprometidas por su implicación con el régimen.

El régimen iraní no enfrenta una crisis puntual, sino una acumulación de tensiones estructurales que afectan simultáneamente su proyección externa, su estabilidad interna y su viabilidad económica. Su modelo de poder —construido sobre la expansión indirecta y la confrontación permanente— empieza a mostrar signos claros de agotamiento.

Por: Gabriel Ben Tasgal – Infobae

Durante décadas, Irán desarrolló una estrategia conocida como “defensa adelantada”: trasladar el conflicto fuera de sus fronteras mediante una red de proxies en Líbano, Siria, Irak y Yemen. Esta arquitectura le permitió evitar enfrentamientos directos con potencias superiores, compensando su debilidad militar convencional mediante guerra asimétrica. Hezbollah, Hamás y las milicias chiitas funcionaron como extensiones operativas de Teherán, otorgándole capacidad de presión regional sin asumir costos directos.

Sin embargo, ese esquema tenía una condición: estabilidad del sistema. Y hoy esa condición ya no existe.

La guerra regional iniciada tras el 7 de octubre de 2023 alteró ese equilibrio. Hezbollah, que llegó a acumular más de 150.000 cohetes, sufrió una degradación significativa de su capacidad operativa. La caída del régimen sirio en 2024 quebró el corredor terrestre que conectaba Irán con el Mediterráneo, debilitando su profundidad estratégica. Los hutíes, aunque activos, no logran compensar la pérdida de ese eje central. El resultado es una red más fragmentada, más costosa y menos eficaz.

A esto se suma un cambio cualitativo: Irán fue forzado a abandonar parcialmente su lógica de guerra indirecta. En abril de 2024 lanzó más de 300 drones y misiles desde su propio territorio, y posteriormente 181 misiles balísticos en respuesta a ataques israelíes. Este tipo de acciones, lejos de consolidar su poder, expuso sus limitaciones. La mayoría de esos proyectiles fueron interceptados, evidenciando que su capacidad ofensiva no resulta decisiva frente a sistemas defensivos avanzados.

En paralelo, el frente interno muestra signos aún más críticos. La represión de protestas en enero de 2026 dejó entre 30.000 y 50.000 muertos, un indicador extremo del nivel de conflictividad social. A esto se suma una inflación cercana al 48,6%, una moneda fuertemente devaluada y una economía afectada por sanciones, corrupción y mala gestión. Las pérdidas económicas derivadas del conflicto se estiman entre 130.000 y 250.000 millones de dólares, afectando infraestructura, producción energética y capacidad fiscal.

Además, el régimen enfrenta problemas estructurales de largo plazo: aumento del consumo de drogas, caída de la natalidad y tensiones étnicas en un país que dista de ser homogéneo. Persas, kurdos, baluches, árabes y azeríes conviven bajo un sistema que depende de la coerción para sostener su unidad.

El elemento central es la convergencia de estas crisis. Irán necesita proyectar poder para sostener su modelo, pero esa proyección hoy acelera su desgaste. Depende de sus proxies, pero estos se debilitan. Requiere estabilidad interna, pero recurre cada vez más a la represión. Necesita recursos, pero su economía se contrae.

No se trata de un colapso inmediato, sino de un proceso. El régimen puede resistir en el corto plazo, pero no puede resolver simultáneamente estas tensiones.

Y en geopolítica, cuando un sistema ya no puede corregir sus propias contradicciones, el problema deja de ser cuánto puede durar.

Pasa a ser si tiene alguna posibilidad real de sostenerse en el tiempo.

El presidente Trump dijo a sus asesores que está dispuesto a poner fin a la campaña militar estadounidense contra Irán incluso si el estrecho de Ormuz permanece en gran parte cerrado, según informaron funcionarios del gobierno, lo que probablemente extenderá el firme control de Teherán sobre la vía marítima y dejará para una fecha posterior una operación compleja para reabrirla.

The Wall Street Journal

En los últimos días, Trump y sus asesores evaluaron que una misión para abrir el estrecho prolongaría el conflicto más allá de su plazo previsto de cuatro a seis semanas. Decidió que Estados Unidos debía alcanzar sus objetivos principales: debilitar la armada iraní y sus arsenales de misiles, así como reducir las hostilidades actuales, al tiempo que presionaba diplomáticamente a Teherán para que reanudara el libre flujo comercial. Si esto fracasaba, Washington presionaría a sus aliados en Europa y el Golfo para que lideraran la reapertura del estrecho, según informaron los funcionarios.

También existen opciones militares que el presidente podría considerar, pero no son su prioridad inmediata, dijeron.

Durante el último mes, Trump ha expresado públicamente diversas opiniones sobre cómo abordar la situación del estrecho, lo que forma parte de un patrón más amplio de presentar objetivos contradictorios en el marco de la guerra. En ocasiones, ha amenazado con bombardear la infraestructura energética civil si el estrecho no se reabre antes de una fecha determinada. En otras, ha restado importancia al estrecho para Estados Unidos y ha afirmado que su cierre es un problema que deben resolver otras naciones.

Cuanto más tiempo permanezca cerrado el estrecho, mayor será la conmoción en la economía mundial y el aumento de los precios del gas. Numerosos países, incluidos aliados de Estados Unidos, están sufriendo las consecuencias de la disminución del suministro energético que antes fluía libremente por este punto estratégico. Las industrias que dependen de productos como fertilizantes para cultivar alimentos o helio para fabricar chips informáticos están padeciendo escasez.

Según los analistas, si no se restablecen rápidamente los pasos seguros, Teherán seguirá amenazando el comercio mundial hasta que Estados Unidos y sus socios negocien un acuerdo o pongan fin a la crisis por la fuerza.

Suzanne Maloney , experta en Irán y vicepresidenta de la Brookings Institution en Washington, calificó de «increíblemente irresponsable» el hecho de poner fin a las operaciones militares antes de que se abra el estrecho.

Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra juntos y no pueden eludir sus consecuencias, afirmó Maloney. “Los mercados energéticos son inherentemente globales, y no hay posibilidad de proteger a Estados Unidos del daño económico que ya se está produciendo y que empeorará exponencialmente si continúa el cierre del estrecho”.

El deseo de Trump de poner fin a la guerra rápidamente contrasta con otras medidas que planea tomar. Este fin de semana, el USS Tripoli y la 31.ª Unidad Expedicionaria de Marines entraron en la región. Trump también ordenó el despliegue de elementos de la 82.ª División Aerotransportada y está considerando enviar otros 10.000 soldados de infantería a Oriente Medio, según informó The Wall Street Journal. Mientras tanto, se ha referido a la guerra como «una excursión» y «una estancia agradable», pero también está sopesando una misión compleja y arriesgada para apoderarse del uranio del régimen , informó el Journal.

El lunes, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, declaró a los periodistas que Estados Unidos estaba «trabajando para» normalizar las operaciones en el estrecho, pero no lo incluyó entre los principales objetivos militares de atacar la armada, los misiles, la industria de defensa y la capacidad de fabricar armas nucleares de Irán.

El secretario de Estado , Marco Rubio , declaró el lunes a Al Jazeera que la actual campaña para completar los objetivos militares estadounidenses finalizará en cuestión de semanas.

“Entonces nos enfrentaremos al problema del estrecho de Ormuz, y le corresponderá a Irán decidir”, dijo Rubio, quien también es asesor de seguridad nacional de Trump, “o una coalición de naciones de todo el mundo y de la región, con la participación de Estados Unidos, nos aseguraremos de que esté abierto, de una forma u otra”.

La administración Trump había previsto la posibilidad de que Irán cerrara el estrecho tras el lanzamiento de las primeras bombas. Pero una vez que Irán colocó minas en el agua y amenazó con atacar a los petroleros, el tráfico marítimo se redujo drásticamente.

Altos funcionarios restaron importancia al problema en repetidas ocasiones, mientras aumentaba la presión sobre Washington para que abordara la situación. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró a la prensa el 13 de marzo que las acciones de Irán eran una señal de «pura desesperación» y que era «algo con lo que estamos lidiando, lo hemos estado lidiando y no tenemos por qué preocuparnos».

Para sortear el problema, Trump instó cada vez más a las navieras a correr el riesgo de navegar por la vía marítima. Cuando esto no funcionó, pasó a lanzar amenazas directas a Teherán. La semana pasada, Trump interpretó la decisión del gobierno iraní de permitir el paso de algunos barcos como una concesión, dando inicio a la última ronda de diplomacia con la que espera poner fin a la guerra.

Pero después de afirmar el lunes en las redes sociales que Irán ahora está dirigido por un régimen «más razonable», amenazó con atacar las centrales eléctricas y los yacimientos petrolíferos del país, incluida la isla de Kharg, centro de exportación de petróleo , «si el estrecho de Ormuz no se abre inmediatamente a los negocios».

“El presidente Trump seguirá adelante sin detenerse y espera que el régimen iraní llegue a un acuerdo con la administración”, dijo Leavitt a los periodistas.

Funcionarios actuales y anteriores afirman creer que la capacidad de Irán para controlar el paso se verá mermada a medida que disminuyan sus recursos militares.

«Una vez alcanzados esos objetivos estratégicos, todo se deduce naturalmente», afirmó Rich Goldberg, exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional de Trump y actualmente miembro de la Fundación para la Defensa de las Democracias, un centro de estudios con sede en Washington. «Es entonces cuando uno se centraría en el Estrecho de Ormuz, porque habría infligido un daño considerable a su amenaza externa y habría reasignado sus recursos militares a esa misión».

A pesar de sus amenazas de reabrir el estrecho, Trump y su equipo afirman que este importa mucho más a los países de Europa, Oriente Medio y Asia que a Estados Unidos, insistiendo en que no es vital para las necesidades energéticas estadounidenses. Sus principales asesores en Washington han pasado semanas pidiendo a aliados y socios que planifiquen negociaciones u operaciones para garantizar que una quinta parte del petróleo y el gas del mundo pueda transitar por el estrecho.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, sugirió el lunes en una entrevista con Fox News que Estados Unidos o un grupo multinacional podrían escoltar a los petroleros. Sus comentarios no indicaron ninguna urgencia por reabrir el estrecho de inmediato.

«El mercado está bien abastecido y cada día vemos más barcos transitando por el estrecho, a medida que algunos países llegan a acuerdos con el régimen iraní por el momento», declaró Bessent. «Pero con el tiempo, Estados Unidos retomará el control del estrecho y habrá libertad de navegación, ya sea mediante escoltas estadounidenses o multinacionales».

Este mes, casi 40 países, entre ellos el Reino Unido, Francia y Canadá, se comprometieron a «contribuir a los esfuerzos necesarios para garantizar el paso seguro por el estrecho».

Alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo se transporta a través del estrecho, y en 2024, el 84% del petróleo crudo y el 83% del gas natural licuado transportados a través del estrecho tenían como destino los mercados asiáticos, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.

El control que ejerce Irán sobre el estrecho provocó que el precio de referencia del petróleo estadounidense cerrara el lunes por encima de los 100 dólares por barril por primera vez desde 2022, y algunos analistas financieros prevén que podría dispararse hasta los 200 dólares por barril si la guerra provoca una interrupción sostenida de la vía marítima.

El secretario de Estado estadounidense Marco Rubio ofreció este lunes 30 de marzo un balance optimista sobre la situación actual de Venezuela a casi tres meses de la captura de Nicolás Maduro, asegurando que el país sudamericano transita por un buen camino tras los esfuerzos enfocados en su estabilización y la prevención de crisis mayores.

La Patilla

Durante una entrevista concedida a la cadena de noticias Al Jazeera, el alto funcionario norteamericano destacó los objetivos principales de la política de su país hacia la nación caribeña. «Venezuela avanza muy bien. Nuestra esperanza era estabilizar el país», afirmó Rubio, subrayando que la prioridad de la comunidad internacional siempre ha sido encauzar una transición pacífica.

Así mismo, el jefe de la diplomacia norteamericana detalló los escenarios catastróficos que lograron eludirse gracias a la ruta tomada en los últimos meses. «No queríamos ver una guerra civil. No queríamos ver un colapso sistémico. No queríamos ver un evento de migración masiva», explicó, enumerando los peores temores que se albergaban respecto a la profunda crisis venezolana.

Del mismo modo, Rubio celebró los resultados obtenidos hasta la fecha y la aparente contención de la emergencia institucional y humanitaria, sentenciando con firmeza el éxito de las medidas aplicadas para mantener el orden. «No han visto ninguna de estas cosas», remató en su declaración, evidenciando su satisfacción por el curso estable que ha tomado el país

«Para que Venezuela alcance su máximo potencial económico, necesita un gobierno democrático estable que motive a la población a invertir en la economía, pues sabrá que contará con la protección de las leyes y la legitimidad. Estamos bien encaminados para lograrlo», puntualizó.

El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, presentó este fin de semana la estrategia de “Greater North America”, que en español se llamaría “La Gran Norteamérica” ??bajo el mandato de Donald Trump, que amplía el enfoque de seguridad a todo el hemisferio norte e insta a las naciones del sur a compartir responsabilidades de defensa.

Versión Final

En su intervención en la sede del Comando Sur de Estados Unidos en Doral (Florida), Hegseth afirmó que la visión estratégica de la administración Trump se extiende “desde Groenlandia hasta el Golfo de América (Golfo de México) y el Canal de Panamá”, abarcando todos los países y territorios soberanos al norte del ecuador dentro de su “perímetro de seguridad inmediato”.

“Cada nación y territorio soberano al norte del Ecuador, desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana, no forma parte del Sur Global. Constituye un perímetro de seguridad inmediato en esta gran vecindad en la que todos vivimos”, declaró Hegseth durante una conferencia de homólogos de defensa del hemisferio occidental.

Hizo hincapié en que la geografía sustenta la doctrina, señalando barreras naturales como la Amazonía y la cordillera de los Andes, que, según argumentó, separan las responsabilidades estratégicas del norte y del sur.

Según Hegseth, Estados Unidos reforzará su postura y presencia militar en todo el hemisferio norte en coordinación con sus socios regionales.

“Se trata de un perímetro de seguridad inmediato en esta gran región en la que todos vivimos. Cada uno de estos países limita con el Atlántico Norte o el Pacífico Norte. Cada uno de estos países se sitúa al norte de las dos barreras geográficas básicas que existen en esta región: la Amazonía y la cordillera de los Andes”, afirmó.

Al mismo tiempo, Hegseth indicó un cambio en las expectativas para los países al sur del ecuador, pidiendo un mayor “reparto de la carga” para garantizar la seguridad de las regiones del Atlántico Sur y el Pacífico Sur, así como de la infraestructura y los recursos críticos.

“En el sur, es decir, al sur del Ecuador, al otro lado de esta gran vecindad, fortaleceremos las alianzas mediante una mayor distribución de la carga. Esto les permitirá desempeñar un papel más importante en la defensa del Atlántico Sur y el Pacífico Sur, así como garantizar la seguridad de la infraestructura y los recursos esenciales en colaboración con nosotros y otras naciones occidentales”, declaró Hegseth.

El secretario de Guerra estableció paralelismos con la Segunda Guerra Mundial e invocó un resurgimiento del enfoque de “Defensa de la Cuarta Esfera”.

“Esto es lo que hicimos en la Segunda Guerra Mundial. Al igual que hundimos barcos con torpedos en la Segunda Guerra Mundial, en el Departamento de Guerra lo llamamos Defensa de la Esfera Cuarta. Y lo volveremos a hacer”, dijo.

Un día antes de la elección del 8 de marzo me preguntaba si estaríamos a tiempo para salvar la democracia colombiana. Los resultados mostraron que sí lo estamos. La votación de la Gran Consulta y la conformación de la dupla Paloma/Oviedo han traído consigo un renacer de la esperanza. Ahora toca salvar el futuro.

Por: Carlos Caballero Argáez – El Tiempo

El desenlace de la Gran Consulta señaló con claridad que es posible unir a personas que piensan diferente, sin ceder en sus valores, para construir civilizadamente un futuro para los colombianos, sin exclusiones, en libertad y en democracia.

En las conversaciones de la semana anterior ocurrió algo que pocas veces en la historia colombiana ha sucedido. Dos líderes jóvenes, mujer y hombre, con visiones distintas, se sentaron en búsqueda de lo que los unía, sin pedirle al otro que dejara de ser lo que es. Mostraron que no estamos condenados a la polarización. Que es posible salir de los extremos ideológicos y dar paso a una nueva generación que enfrente los enormes cambios de toda índole registrados por el país a lo largo del siglo XXI.

Juanita León, la fundadora y directora de La Silla Vacía, decía con razón en estos días que muchos colombianos tienen que hacer un duelo. Como me comentaba una colega y buena amiga, los uribistas deben dejar de lado sus causas del pasado y hacer parte de una coalición con quienes apoyamos el Acuerdo de Paz, lo mismo que los derechos de las mujeres y de la población LGTBIQ+. Los antiuribistas, reconocer que después de diez años hay criticas válidas al mismo Acuerdo, que las cosas no salieron como se esperaba, pero, sobre todo, que hay una democracia por salvar y que urge construir consensos políticos alrededor de la Colombia del futuro. Y quienes hemos sido antipetristas, comprender que la izquierda llegó para quedarse y se ha convertido en una fuerza organizada y con vocación de poder.

Están las condiciones para construir la coalición y conformar un poderoso equipo de gobierno.

De la Gran Consulta hay que transitar a la ‘gran coalición’. El desafío es grande. Quienes se sometieron a la consulta y se despojaron de sus egos, al igual de quienes trabajaron en la sombra para promoverla, tienen las condiciones para construir la coalición y conformar un poderoso equipo de gobierno. Un ‘equipo de rivales’, como el del gabinete de ministros que conformó Abraham Lincoln con sus competidores por la candidatura del Partido Republicano en Estados Unidos en 1860 cuando ganó la nominación. Con la suma de muchos colombianos de las nuevas generaciones, ávidos de contribuir con honestidad a enrumbar en mejor forma al país, a corregir las desigualdades y a generar bienestar para todos.

La salvación del futuro va a implicar muchos sacrificios para todos los colombianos. En el corto plazo habrá que enfrentar problemas gigantescos y al mismo tiempo sentar las bases para que Colombia salga de su rezago y del estancamiento actual. Habrá que reestablecer los equilibrios fundamentales: el orden público, la macroeconomía, la salud, la energía y la educación.

La población urbana –clase media votante de la Gran Consulta– requiere que la seguridad impere en las calles y acceso a la salud y a los medicamentos. La mayor aspiración de los jóvenes colombianos –votantes de Juan Daniel Oviedo– es la educación; dan prioridad al crecimiento económico y son aversos al autoritarismo. Y habrá que llegar a las dos costas sobre el mar y a las fronteras con soluciones viables para sus pobladores, que merecen salir del abandono. Todo lo cual requerirá, además de trabajo, un consenso político y un firme mandato electoral.

Con todo, numerosos colombianos han vuelto a sentir ilusión sobre el futuro. Una ilusión que no debería esfumarse, sino fortalecerse con el paso de los días.

El Día Mundial Contra el Cáncer de Colon se celebra el 31 de marzo y tiene como objetivo sensibilizar a toda la población sobre las necesidades que tienen todos los pacientes que son diagnosticados con esta enfermedad.

Día Internacional de

Así mismo, buscar salidas para una detección temprana que permita salvar vidas y prevenir el diagnóstico a través de hábitos de vida mucho más saludables.

¿Qué es el Cáncer de Colon?

El cáncer de colon es una patología que se da por un crecimiento anómalo de las células del colon y la zona rectal.

Todo comienza con un crecimiento de pólipos, que pueden transformarse, con el paso de los años en cáncer, sin embargo, hay casos de pacientes donde esto no ocurre.

Este tipo de cáncer, es bastante común en todo el mundo, pero con una evaluación a tiempo, puede ser fácilmente detectado y tratado, con resultados muy favorables para los pacientes, ya que pueden salvar sus vidas.

Factores de riesgo para la enfermedad

Entre los factores de riesgo más comunes para contraer el cáncer de colon están los antecedentes familiares, la edad del paciente y haber sufrido de algunas patologías como la colitis ulcerosa, la llamada enfermedad de Crohn o enfermedades inflamatorias del sistema digestivo.

También están los factores de riesgo externos relacionados con la alimentación y el consumo de sustancias tóxicas como el cigarrillo, el alcohol o las drogas.

Cuando la dieta es baja en fibra y nutrientes y además de ello, se usan sustancias nocivas, es bastante probable que las personas puedan presentar este tipo de enfermedad.

De ahí la importancia de cuidar los hábitos alimenticios para vivir una vida sana y más longeva.

Pruebas de cribado para la detección temprana del cáncer de colon

Son unas pruebas especiales, que se realizan para detectar sangre oculta en las heces de las personas que puedan ser propensas a contraer la enfermedad y, de esta forma, realizar un diagnóstico temprano para evitar la aparición del cáncer de colon y asegurar la supervivencia de los pacientes.

Con este programa, se busca que menos personas se vean afectadas por este mal, que, detectado a tiempo, puede tener una cura altamente efectiva, pero que lamentablemente no se recurre a ellas porque el cáncer de colon suele ser asintomático en los primeros estadios de la enfermedad.

Además, la realización de este tipo de estudio, no es accesible a todas las personas por el alto coste que representa y que sólo pueden practicarse los que tienen los medios económicos para pagarlas.

Un cambio en el estilo de vida para evitar la aparición de cáncer de colon

Hoy más que nunca, urge un cambio en el estilo de vida que llevan las personas para poder vivir de manera más sana y el mayor número de años posible.

Lo primero que se necesita cambiar es la dieta alimentaria, donde los individuos ingieran más frutas, vegetales, y alimentos ricos en fibra como los cereales integrales, en lugar de alimentos procesados, grasas saturadas y comida chatarra.

Con todos estos cambios, el cuerpo podrá expulsar de manera fácil las toxinas que quedan atrapadas en el organismo. Asimismo, es vital tomar abundantes líquidos y agua durante el día para una mayor y mejor purificación de los todos los órganos, en especial de los intestinos.

No existe un escudo infalible frente al cáncer de colon, que hoy celebra su Día Mundial, pero sí diferentes herramientas que pueden actuar de parapeto, como el estilo de vida y la alimentación, dos de los factores que más declinan la balanza y que están en nuestra mano. «El cáncer colorrectal es el primero en incidencia en nuestro país, teniendo en cuenta a hombres y mujeres, y el segundo en mortalidad, y lo más alarmante es que sigue aumentando en personas cada vez más jóvenes, lo que apunta a que el estilo de vida actual juega en contra», explica Pilar García Alfonso, miembro de la Comisión Permanente de la Fundación ECO, especializada en tumores colorrectales.

La Razón

La relación entre dieta y cáncer es clara, hasta el punto de que «se estima que la alimentación tiene un impacto del 30% en el desarrollo del cáncer y sabemos que en el caso del tumor colorrectal hay una relación directa con la obesidad y el sedentarismo, pues provocan un ambiente proinflamatorio que aumenta la carcinogénesis», detalla la doctora García Alfonso.

Factores de riesgo

En concreto, «existe una sólida evidencia científica que vincula la alimentación con el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal. Varios estudios han identificado patrones dietéticos y componentes específicos que pueden aumentar el riesgo. Es el caso de las dietas ricas en carnes rojas y procesadas; la cocción a altas temperaturas y el alto consumo de grasas saturadas y trans, pues se ha sugerido que puede promover la inflamación y la resistencia a la insulina», detalla Fiorella Palmas, miembro del comité gestor del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). Sin embargo, según aclara García Alfonso, «las carnes rojas son necesarias en nuestra dieta, pero no deben consumirse más de tres veces por semana, alternándose con pescado o huevo».

La aparición de cáncer de colon está asociada al estreñimiento, «por el daño que los tóxicos producen al tener un tiempo más prolongado de exposición, mientras que dietas ricas en azúcares ultraprocesados se han relacionado con inflamación crónica y alteraciones metabólicas que pueden favorecer el desarrollo tumoral. Sin olvidar que el alcohol se metaboliza en acetaldehído, un compuesto con potencial para crear mutaciones, mientras que bajos niveles de calcio, vitamina D y antioxidantes (como las vitaminas C y E) contribuyen a ese riesgo», advierte Palmas.

Dieta protectora

Por el contrario, la alimentación también juega un papel protector frente al cáncer colorrectal y eso pasa por «llevar una alimentación variada, rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales con alto contenido en fibra y grasas saludables, como el aceite de oliva virgen o algunos pescados», aconseja García Alfonso. «La fibra dietética (presente en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales) tiene un efecto protector, ya que aumenta el volumen fecal, reduce el tiempo de tránsito intestinal y favorece una microbiota saludable, mientras que los alimentos fermentados como yogur, kéfir y alimentos ricos en fibra prebiótica pueden mejorar la salud del microbioma intestinal y reducir la inflamación», explica Palmas, quien hace hincapié en que «el patrón mediterráneo, basado en el consumo de vegetales, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva y pescado, ha demostrado ser protector frente al cáncer colorrectal».

Abordaje nutricional

Si la dieta marca la diferencia en la prevención de este tumor, también juega un papel clave en el tratamiento, la recuperación y la calidad de vida del paciente. «Aunque no existe una dieta única, los especialistas en nutrición oncológica suelen recomendar pautas adaptadas a cada etapa de la enfermedad y tratamiento. En general, se recomienda una dieta mediterránea dado que es equilibrada. Según si el paciente ha sido sometido a una cirugía, precisará ajustes en cuanto a fibra y otros nutrientes. En estos casos, o si el paciente pierde peso o debe continuar con tratamiento, es aconsejable ponerse en manos de un experto en nutrición», recomienda el miembro de la SEEN. Una idea que defiende García Alfonso, quien insiste en que «una dieta saludable reduce el riesgo de recaídas y de otras patologías».

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