Armando Esteban Quito

El régimen de Irán rechazó este miércoles las afirmaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre supuestas negociaciones entre Washington y Teherán y aseguró que no alcanzará ningún acuerdo, en medio de una escalada militar y tensiones en el mercado energético.

EFE

El Ejército iraní respondió a las declaraciones de Trump con un comunicado difundido por la agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria. El portavoz del Comando Unificado de Operaciones Khatam al-Anbiya sostuvo que las afirmaciones de la Casa Blanca sobre contactos con la República Islámica son falsas.

“No llames acuerdo a tu derrota. La era de tus promesas ha terminado. Hoy en día, hay dos frentes: la verdad y la mentira. Y ningún buscador de la verdad es seducido por tus olas mediáticas”, señaló el comunicado.

Trump afirmó el martes que Estados Unidos e Irán van a “alcanzar un acuerdo” en el marco de conversaciones que, según indicó, están en marcha con Teherán. También sostuvo que en Irán se produjo “un cambio en el régimen”.

El presidente estadounidense agregó que los representantes iraníes con los que Washington está dialogando “han acordado que nunca tendrán el arma nuclear” y que Teherán concedió un “regalo muy grande” relacionado con el estrecho de Ormuz.

Desde Teherán, en cambio, reconocieron algunos contactos indirectos con la Casa Blanca pero rechazaron cualquier tipo de negociación. El teniente coronel Ebrahim Zolfaghari, portavoz del Cuartel General Central Khatam Al-Anbiya, reforzó esa postura en una declaración en video difundida por la televisión estatal.

“¿Sus conflictos internos han llegado al punto de que están negociando con ustedes mismos?”, cuestionó. El vocero insistió en que la posición iraní no cambió desde el inicio. “Nuestra primera y última palabra ha sido la misma desde el primer día, y seguirá siendo así: alguien como nosotros nunca llegará a un acuerdo con alguien como ustedes. Ni ahora, ni nunca”, afirmó.

El Ejército iraní advirtió además sobre el impacto del conflicto en el mercado energético. Según el comunicado, los precios del petróleo no volverán a niveles anteriores hasta que Irán garantice la estabilidad regional.

“Ni sus inversiones en la región se materializarán, ni verán los precios de la energía y el petróleo de antes, hasta que entiendan que la estabilidad en la región es garantizada por la poderosa mano de nuestras fuerzas armadas”, indicó.

El comunicado también remarcó que, hasta que se cumpla su “voluntad”, ninguna situación volverá a ser la misma. “Nadie como nosotros llegará a un acuerdo con alguien como ustedes”, reiteró.

En paralelo, un portavoz militar iraní citado por Associated Press (AP) se burló de los intentos de Estados Unidos de alcanzar un acuerdo de alto el fuego, lo que plantea dudas sobre la viabilidad de un plan de 15 puntos propuesto por Washington.

Según una persona conocedora de la situación, ese plan fue presentado a Irán por intermediarios de Pakistán, que se ofrecieron a albergar nuevas negociaciones entre Washington y Teherán.

En el plano militar, el Pentágono está en proceso de desplegar dos unidades de marines que sumarán unos 5.000 efectivos y miles de marineros al contingente en la región. Una fuente citada por AP señaló que estas medidas buscan dar a Trump “la máxima flexibilidad” para sus próximos pasos.

Mientras tanto, ataques aéreos golpearon a Irán y misiles y drones iraníes apuntaron contra Israel y otros puntos en Medio Oriente, en una escalada que mantiene la tensión en la región.

Las recientes ofensivas de Irán contra infraestructuras críticas en los Estados del Golfo, incluida la utilización de misiles balísticos sobre el centro gasífero Ras Laffan en Qatar, han puesto a prueba la línea de tolerancia y la respuesta regional. A pesar de haber expulsado a los agregados militares de la embajada iraní, el gobierno catarí decidió mantener al embajador, lo que refleja la compleja dinámica diplomática y la cautela que predomina entre los aliados de Estados Unidos en la región, según el editorial del The Wall Street Journal.

Infobae

Esta situación ha reavivado la pregunta central: ¿qué circunstancias llevarían a los monarcas del Golfo a abandonar su tradicional estrategia de contención y tomar medidas más enérgicas contra Teherán? ¿Por qué no han respondido a las gravísimas agresiones iraníes?

El nivel de amenaza no es menor. Los ataques recientes de Irán han logrado paralizar el transporte de energía a través del estrecho de Ormuz, lo que supone un riesgo directo para el futuro económico de los países productores del golfo Pérsico, como advierte The Wall Street JournalArabia Saudita, cuyo gasto militar anual ronda los USD 80.000 millones, mantiene su arsenal preparado, pero hasta ahora ha optado por amenazar con represalias en vez de ejecutarlas, mientras las instalaciones clave siguen expuestas a nuevas agresiones.

En la primera semana de esta escalada regional, Emiratos Árabes Unidos evaluó congelar “miles de millones de dólares en activos iraníes” depositados en bancos de Dubái. El jueves, las autoridades emiratíes actuaron contra una red de lavado de dinero vinculada a Hezbollah, aunque el artículo subraya que aún tienen margen para ir más lejos: pueden embargar activos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés), elemento clave en el financiamiento de la política exterior iraní. ¿Por qué no actúan?

Incauten los activos financieros ilícitos del régimen en todo el Golfo. ¿Por qué debería permitirse a Teherán atacar ‘la idea de Dubái’ mientras utiliza el Emirato como el centro financiero de su red global de evasión de sanciones?“, dice el diario neoyorquino.

Este bloque también destaca una paradoja diplomática: Omán criticó la campaña militar de Estados Unidos e Israel y manifestó su respaldo a Mojtaba Khamenei como nuevo líder supremo tras la eliminación -el primer día de la guerra- del antiguo ayatollah Alí Khamenei. A pesar de ello, Irán atacó puertos omaníes con saldo de víctimas locales, hecho que no impidió que entidades financieras iraníes sancionadas continúen sus operaciones en suelo omaní.

Los países del Golfo evalúan cómo incidir económicamente

Las medidas financieras y diplomáticas aparecen como una primera línea de acción. Los Estados árabes del Golfo tienen la capacidad de presionar a clientes estratégicos como Japón, Corea del Sur e India para que se sumen a la coalición que busca garantizar la navegación en el estrecho de Ormuz. Al mismo tiempo, pueden emplear su influencia energética para persuadir a China de frenar los apoyos a Irán y evitar el rearme de la República Islámica tras el conflicto.

Existe consenso en que las respuestas estrictamente defensivas —interceptar drones y misiles iraníes con el apoyo de Washington— han demostrado ser insuficientes. Como recuerda el artículo, no existe una regla que obligue a los estados árabes a limitarse al rol de víctimas pasivas. “Veamos esos F-15 en acción”, plantea The Wall Street Journal, en referencia a la superioridad aérea de Arabia Saudita y el nivel técnico aún más avanzado de la Fuerza Aérea de Emiratos Árabes Unidos, equipada con F-16 y experiencia operacional, integrada además con el Comando Central de Estados Unidos y dotada de pilotos y pertrechos estadounidenses.

El jueves pasado, el ministro de Asuntos Exteriores saudita afirmó que “su país se reserva el derecho de actuar militarmente contra Irán” ante el Congreso sin precisarse si la respuesta se producirá sólo en caso de una acción iraní más devastadora, como el ataque a la infraestructura petrolera que conecta con el mar Rojo. A pesar de varias amenazas previas, Teherán ha continuado golpeando refinerías y campos petrolíferos sauditas sin enfrentar retaliaciones directas de Riad.

Presión internacional y opción militar ante la inestabilidad

La importancia global de la región se amplifica por la dependencia energética de países asiáticos y el rol de Dubái como centro financiero internacional que ha funcionado también como una red para la evasión de sanciones por parte de Irán. La nota enfatiza que existen instrumentos no militares todavía infrautilizados para aumentar el costo de la estrategia iraní, desde el cierre de circuitos bancarios hasta el embargo de activos del IRGC.

En términos militares, la actualidad sugiere que una intervención árabe cambiaría rápidamente el ritmo del conflicto y reforzaría la disuasión regional. La superioridad aérea del Golfo, sustentada por material y entrenamiento de Estados Unidos, constituye un potencial no desplegado plenamente hasta el momento. Irán y el IRGC, advierte el análisis, entenderían que no habrá retorno “a los negocios como siempre” mientras el régimen continúe su actual política exterior y régimen de sanciones.

El artículo concluye que ni Washington ni sus aliados demandan a los países árabes del Golfo la misma postura que Israel, sino que les basta con que “defiendan sus propios intereses” y dejen de apostar por todas las opciones posibles mientras persistan los ataques y la inestabilidad.

La Major League Baseball avanzará hacia la automatización de las decisiones arbitrales en la temporada 2026, instaurando un sistema de desafíos a partir del cual las jugadas podrán ser revisadas mediante tecnología de cámaras y algoritmos. Esta innovación, cuyo objetivo es incrementar la precisión y la transparencia en la definición de bolas y strikes, fue confirmada tras casi cinco años de ensayos intensivos que abarcaron ligas menores y exhibiciones, según ABC News.

Infobae

El sistema automático de bolas y strikes (ABS) será empleado en el más alto nivel del béisbol profesional bajo una modalidad donde el umpire humano emite la primera decisión y los equipos pueden impugnar hasta dos jugadas por partido.

Al solicitar el desafío, si el equipo acierta, conserva la opción; si no, la pierde, disponiendo de un desafío adicional solamente en entradas extra. Solo el bateador, el lanzador o el receptor pueden solicitarlo, señalizando la intención con un toque discreto en el casco o la gorra, sin asistencia del banquillo.

El margen para interponer la impugnación es de dos segundos, periodo tras el cual la imagen de la jugada aparece en el marcador y la transmisión televisiva, y el umpire actualiza el conteo. Este procedimiento ya se aplicó en 288 partidos durante el último entrenamiento primaveral, afirma ABC News.

Implementación del sistema automático

A través de cámaras dotadas de la tecnología Hawk-Eye, el ABS determina si un lanzamiento atraviesa la zona de strike, considerando la altura individual de cada bateador, la cual se mide entre las 10 de la mañana y el mediodía durante la pretemporada para conservar la uniformidad.

Las mediciones se realizan sin calzado, y los datos son verificados por el Southwest Research Institute, instituto independiente de investigación aplicada. ABC News indica que la calibración requiere menos de un minuto por jugador.

Las revisiones efectuadas durante el último entrenamiento primaveral demoraron en promedio 13,8 segundos, de acuerdo con ABC News.

Funcionamiento y tiempos del desafío

La estadística recogida en ligas menores muestra que los desafíos fueron exitosos en aproximadamente el 50 % de las ocasiones.

En Triple-A, la última temporada arrojó un 49,5% de aciertos, apenas por debajo del 50,6% del año anterior. Las defensivas, especialmente los receptores, se consolidaron en el uso estratégico de esta herramienta, alcanzando el 53,7% de sus revisiones frente al 45% logrado por los bateadores. Las tasas de desafío aumentan en situaciones críticas: solo el 1,6% de los primeros lanzamientos es impugnado, un porcentaje que sube hasta el 8,2 % en cuentas completas.

La zona de strike manejada por el ABS se ajusta estrictamente al reglamento, mostrando un rectángulo que contrasta con la forma ovalada tradicional aplicada por los umpires. La anchura se redujo en 2022 de 48,3 a 43,2 cm, igualando la medida de home y generando un incremento en las bases por bolas otorgadas, aunque solo con ligeras variaciones en los ponches. Desde 2022, la base de la zona se fija en el 27 % de la altura del bateador, mientras que el límite superior, tras ajustes sucesivos, llegó a 53,5 % en 2024 tras quejas de los lanzadores, como indica ABC News.

Estadísticas y efectividad de los desafíos

El ABS emite su veredicto en el punto medio de la base de home —21,59 centímetros desde el frente y el fondo—, en tanto que la normativa establece que la zona es un cubo por el cual cualquier parte de un lanzamiento la convierte en strike.

La precisión de los umpires humanos, según los registros de UmpScorecards, plataforma de análisis estadístico de decisiones arbitrales citada por ABC News, se sitúa en 94 %.

El análisis temporal indica que el porcentaje de impugnaciones pasó del 1,9% en las tres primeras entradas al 3,6% en la novena.

Historia y evolución de ABS en ligas menores

El proyecto ABS se inició en las ligas menores en 2019 y fue aplicado en el partido de estrellas de la Atlantic League ese mismo año, así como en la Arizona Fall League para prospectos destacados.

En 2021, el sistema se instaló en ocho de los nueve estadios de la Low-A Southeast League y luego se trasladó a Triple-A en 2022, donde primero coexistieron partidos con decisiones completamente automáticas y otros en los que solo se recurría al desafío. Desde el 26 de junio de 2024, en Triple-A se emplea exclusivamente la modalidad de desafíos.

Durante el último Juego de Estrellas de la MLB, cuatro de cinco desafíos presentados sobre las decisiones del umpire Dan Iassogna resultaron acertados.

La Asamblea Nacional de Venezuela aprobó la designación de Arianny Viviana Seijo Noguera como nueva procuradora general, en reemplazo de Reinaldo Muñoz Pedroza, quien renunció al cargo tras más de una década.

Infobae

La salida de Muñoz Pedroza, responsable de asesorar y defender los intereses patrimoniales del país dentro y fuera de sus fronteras, se hizo pública durante la sesión en la que el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, anunció la propuesta de Seijo Noguera.

Rodríguez explicó: “Hemos recibido la misiva de -la presidenta encargada- Delcy Rodríguez a los efectos de la renuncia del actual procurador de la República -para que- se considere el nombre de la ciudadana Arianny Viviana Seijo Noguera”. Muñoz ejercía el cargo desde 2015, tras su designación por el ex dictador Nicolás Maduro, y fue ratificado en 2020 por una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia.

La Constitución venezolana establece que la designación del procurador general corresponde al presidente o presidenta del país, con posterior autorización de la Asamblea Nacional.

La postulación de Seijo Noguera recibió la aprobación de una “mayoría evidente” del Parlamento, según se escucha a Rodríguez en el video publicado en su cuenta de la red social X.

La nueva procuradora es abogada egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV), con experiencia en bufetes privados y organismos públicos. Actualmente, se desempeñaba como consultora jurídica de Petróleos de Venezuela (PDVSA). Además, cursó estudios de derecho en el extranjero y cuenta con un doctorado en leyes obtenido en Reino Unido.

De acuerdo con la prensa venezolana, Seijo Noguera participó en la redacción de la ley de amnistía aprobada en febrero para casos de presos políticos desde 1999.

La comisión del Parlamento venezolano encargada de la amnistía recibió 123 solicitudes de venezolanos en el exterior para que la Justicia del país revise sus casos, según Rodríguez.

El diputado explicó que estos ciudadanos solicitaron por escrito a la comisión legislativa que se consideren sus casos, con el objetivo de regresar al país y “cumplir con su función política”. Rodríguez señaló que entre los solicitantes hay personas con registro policial, aunque la mayoría no posee antecedentes. No se ofrecieron más detalles sobre las identidades de los solicitantes.

El Parlamento venezolano autorizó también el nombramiento del ex ministro de Defensa Ramón Orlando Maniglia como embajador en Colombia y de Rubén Darío Molina en Nicaragua. Las designaciones fueron aprobadas por mayoría evidente, luego de que diputadas de la Comisión de Política Exterior, Soberanía e Integración presentaran un resumen de la trayectoria de ambos y de sus planes como nuevos jefes de las misiones diplomáticas en Bogotá y Managua.

El portaviones de propulsión nuclear USS Nimitz realizará este año maniobras militares junto a las armadas de diez países en su despliegue por mares de Norteamérica, Centroamérica y Suramérica.

Infobae

El grupo de ataque del USS Nimitz llevará a cabo ejercicios con las fuerzas navales de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, México, El Salvador, Guatemala y Uruguay, según informó el Comando Sur de Estados Unidos.

Las unidades circunnavegarán América como parte del despliegue Southern Seas 2026, con escalas previstas en puertos de Brasil, Chile, Panamá y Jamaica. Esta será la undécima edición de los ejercicios Southern Seas en la región desde 2007.

El grupo de ataque del USS Nimitz, que incluye al destructor clase Arleigh Burke USS Gridley, está conformado por el Ala Aérea Embarcada 17 y el Escuadrón de Destructores 9. Entre sus medios, se encuentran cazas F-18, aviones EA-18G (adaptados para guerra electrónica), helicópteros polivalentes MH-60 y aviones C-2 de apoyo logístico.

El Nimitz y el destructor de misiles guiados USS Gridley (DDG 101) realizarán ejercicios de paso y operaciones en el mar junto a fuerzas marítimas de naciones aliadas durante la circunnavegación del continente sudamericano.

El contralmirante Carlos Sardiello, comandante del Comando Sur de las Fuerzas Navales de EEUU/Cuarta Flota, afirmó: “El despliegue Southern Seas 2026 ofrece una oportunidad única para mejorar la interoperabilidad y aumentar la competencia con las fuerzas de nuestras naciones socias en todo el dominio marítimo. Despliegues como este demuestran nuestro compromiso inquebrantable para garantizar un hemisferio occidental seguro y estable”.

“Esta misión es un ejemplo brillante de nuestra dedicación a fortalecer las alianzas marítimas, generar confianza y trabajar juntos para contrarrestar las amenazas comunes”, agregó.

Por su parte, el contralmirante Cassidy Norman, comandante del Grupo de Ataque de Portaaviones 11, señaló: “Esperamos continuar el legado de trabajo en equipo de Nimitz al interactuar y entrenar junto a nuestros socios regionales”. El despliegue busca fomentar la buena voluntad, fortalecer alianzas marítimas y contrarrestar amenazas comunes.

Fuerzas militares de Ecuador y Estados Unidos iniciaron operaciones conjuntas contra organizaciones consideradas terroristas en territorio ecuatoriano desde hace varias semanas atrás, según informó el Comando Sur estadounidense (SOUTHCOM).

De acuerdo con el comunicado, estas acciones reflejan el compromiso de los socios en América Latina y el Caribe para combatir el narcoterrorismo. El general Francis L. Donovan, comandante de SOUTHCOM, declaró: “Juntos, estamos tomando medidas decisivas para enfrentar a los narcoterroristas que desde hace tiempo han infligido terror, violencia y corrupción a ciudadanos de todo el hemisferio”.

La Guardia Costera estadounidense y la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) también participa de los operativos con la Armada de Ecuador. El sábado pasado, en una misión conjunta, incautaron 2,9 toneladas de droga cerca de las islas Galápagos.

Por otra parte, Francis L. Donovan visitó Venezuela tras la operación exitosa del SOUTHCOM en Caracas, la cual finalizó con la captura del ex dictador Nicolás Maduro. El general estadounidense se reunió con Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, con quien estableció acuerdos para fortalecer la colaboración entre ambos países. Los compromisos alcanzados se centraron en la lucha contra el tráfico de drogas y la prevención de acciones terroristas en la región.

La política norteamericana llevada adelante por la administración del presidente Donald Trump se enmarca en la Operación Lanza Sur.

El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, afirmó que la misión “defiende nuestra patria, expulsa a los narcoterroristas de nuestro hemisferio y protege a nuestra patria de las drogas que están matando a nuestra gente”. Añadió: “El hemisferio occidental es la vecindad de Estados Unidos, y la protegeremos”.

Por su parte, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, declaró meses atrás a la prensa, tras una reunión del Grupo de los Siete en Canadá, que el foco operativo se concentra en frenar el tráfico de drogas hacia territorio estadounidense mediante el combate a “narcoterroristas organizados”. Rubio afirmó que esa es la directiva autorizada por el presidente Donald Trump y que “eso es lo que el ejército está haciendo” en la zona.

Existe una crítica recurrente hacia María Corina Machado: que es demasiado rígida, que no está particularmente interesada en adaptarse a las realidades diplomáticas que rodean la crisis política de Venezuela y que no se inclina especialmente hacia el compromiso.

Por: Pedro Garmendia – Caracas Chronicles

El argumento es sencillo. Se supone que momentos como este requieren flexibilidad, negociación y disposición para adaptarse. Desde esa perspectiva, su estilo puede parecer poco apropiado para la situación.

Pero esa interpretación es, en el mejor de los casos, incompleta. Presupone un nivel de intransigencia que no siempre se refleja en su actuación real, especialmente en sus relaciones con actores internacionales. Más importante aún, presupone que Venezuela está atravesando una transición política convencional, cuyo principal desafío es gestionar una redistribución ordenada del poder.

Eso no es exactamente lo que está sucediendo.

Porque en las crisis nacionales más profundas, la cuestión no radica solo en cómo cambia el poder de manos, sino en si el país aún se percibe a sí mismo como una comunidad política funcional. Y en esos momentos, la tensión no se da simplemente entre rigidez y pragmatismo, sino entre adaptación y el riesgo de dilución política.

Esta tensión no es nueva. Durante la Segunda Guerra Mundial, Charles de Gaulle era visto por sus aliados como arrogante, inflexible y prácticamente imposible de tratar. Franklin D. Roosevelt lo tachó de diva que «se creía Francia». Winston Churchill, con más reticencia, lo llamó «la cruz más pesada que tengo que cargar», y ambos lidiaron con lo que consideraban su negativa a comportarse como el líder de un país derrotado.

Preservar la idea de Francia como nación, incluso en la derrota, requería cierta obstinación política, que inevitablemente generaba fricciones con los aliados centrados en la gestión de la guerra.

Entre Churchill y Roosevelt, trazaron el retrato de un hombre demasiado rígido, demasiado orgulloso, demasiado autoproclamado para ser útil, y sin embargo demasiado indispensable simbólicamente como para ignorarlo.

Al fin y al cabo, De Gaulle no contaba con un ejército real al principio, ni con territorio, ni con un aparato estatal que lo respaldara. Sin embargo, insistía en hablar y actuar como si Francia aún existiera como una fuerza política soberana.

Desde fuera, esa postura a menudo parecía irrazonable, incluso contraproducente. Desde la perspectiva francesa, era otra cosa. De Gaulle comprendió que si el líder que decía representar a Francia comenzaba a comportarse principalmente como un actor dependiente, el propio país corría el riesgo de ser visto de esa manera. Preservar la idea de Francia como nación, incluso en la derrota, requería cierta tenacidad política, que inevitablemente generaba fricciones con los aliados centrados en la gestión de la guerra. Al mismo tiempo, De Gaulle se cuidaba de expresar gratitud por el apoyo del que dependía Francia, aun cuando se resistía a ser definido por él. El reto no era rechazar las alianzas, sino evitar ser políticamente reducido por ellas. Fue precisamente ese equilibrio, difícil y a menudo incómodo, lo que más tarde le permitió reaparecer no solo como figura política, sino como la encarnación del resurgimiento de Francia.

En la historia política existe una larga tradición de lo que los franceses denominan el «hombre providencial» : la idea de que, en momentos de grave crisis nacional, ciertas figuras llegan a encarnar algo más que un programa político. Se las considera, a veces con reticencia, imprescindibles para la resolución de la crisis. A Charles de Gaulle se le solía describir en esos términos, no porque buscara cultivar esa imagen, sino porque el colapso del Estado francés creó un vacío que solo una figura con ese tipo de autoridad simbólica podía llenar.

En un contexto muy diferente, el papel de María Corina Machado en este capítulo más reciente de la historia de Venezuela ha adquirido un tono similar. No como una líder política convencional, sino como una figura sobre la que se han proyectado expectativas más amplias respecto a la recuperación nacional. Esto no resuelve los desafíos prácticos del momento, pero sí complica la suposición de que simplemente se la puede tratar como un actor más dentro del proceso.

Más recientemente, Volodymyr Zelenskyy se ha enfrentado a una tensión similar. La supervivencia de Ucrania depende en gran medida del apoyo occidental, especialmente de Estados Unidos, pero su relación con Washington, sobre todo bajo el mandato de Donald Trump, ha estado marcada a menudo por una tensión visible. En ocasiones, Zelensky ha tenido que absorber las críticas públicas, ajustar su tono e incluso mostrarse deferente de maneras que, desde fuera, pueden resultar incómodas. Pero eso es solo una parte del panorama. También se ha esmerado en expresar constantemente su gratitud por el apoyo estadounidense, reconociendo que ha sido esencial para la defensa de Ucrania, incluso mientras sigue presionando para obtener más ayuda y afirmando el valor estratégico del país. El resultado no es una simple postura de desafío o sumisión, sino algo más complejo: una negociación constante entre dependencia y dignidad.

Machado opera dentro de esa misma tensión. La crisis política de Venezuela suele plantearse como un problema de negociación, susceptible de resolverse mediante concesiones calibradas, mediación internacional y una normalización gradual. Sin embargo, este planteamiento omite algo más fundamental. Para gran parte del país, la cuestión no radica simplemente en cómo se redistribuye el poder, sino en si el resultado refleja el mandato democrático ya expresado. En ese contexto, un estilo de liderazgo que desde fuera parece inflexible podría estar respondiendo, de hecho, a una limitación completamente distinta: la necesidad de mantener la idea de que Venezuela no ha aceptado su situación política como definitiva.

Los procesos políticos pueden negociarse, estructurarse e incluso recibir apoyo externo, pero no pueden estabilizarse por completo sin la sensación de que reflejan la voluntad de la sociedad que pretenden reordenar.

Si la trayectoria de De Gaulle nos deja alguna lección, no es simplemente que los líderes difíciles pueden resultar indispensables, sino que los sistemas políticos construidos en torno a figuras que carecen de legitimidad tienden a ser frágiles. Con el tiempo, los sistemas que intentan eludir a quienes encarnan el mandato político de un país suelen volver a ellos, no por preferencia, sino por necesidad.

Algo de esa dinámica comienza a manifestarse en Venezuela. Los acontecimientos de principios de enero generaron la sensación, aunque fugaz, de que finalmente podría abrirse paso una oportunidad política. Esa expectativa no se ha materializado de forma generalizada, y la brecha entre la anticipación y el resultado comienza a generar una frustración visible. En cambio, emerge una configuración más ambigua, una transición que apunta hacia el cambio sin convencer del todo de que este se haya producido.

En ese contexto, la cuestión no es si María Corina Machado se siente cómoda dentro del proceso, sino si un proceso que se desarrolle sin ella puede lograr un amplio respaldo social. La tendencia a verla principalmente como una fuerza desestabilizadora conlleva el riesgo de pasar por alto un punto más fundamental. En momentos como este, los líderes que gozan de legitimidad política suelen ser aquellos a quienes los sistemas tienen dificultades para integrar, incluso cuando resulta cada vez más difícil excluirlos. Winston Churchill, quien en su momento había encontrado a De Gaulle exasperante, lo reconocería más tarde: «Aquí había un hombre que, aunque no fue elegido, aunque ni siquiera fue aceptado por todos los franceses, representaba a Francia… Era el espíritu de Francia».

Esa puede ser la incómoda realidad de momentos como este. Los procesos políticos pueden negociarse, estructurarse e incluso recibir apoyo externo, pero no pueden estabilizarse por completo sin la sensación de que reflejan la voluntad de la sociedad que pretenden reordenar. La dificultad reside en que las figuras que encarnan esa voluntad rara vez son las más fáciles de integrar.

Son, en la mayoría de los casos, quienes insisten en hablar como si el país que representan aún no hubiera aceptado su situación como definitiva.

Las declaraciones de Donald Trump, en las que sugiere contactos extraoficiales con una figura dentro del gobierno iraní, han desatado un intenso debate político en Teherán.

Iran International

La controversia se intensificó después de que informes del Canal 11 de Israel y Politico sugirieran que el presidente del Parlamento, Mohammad-Bagher Ghalibaf, podría ser el «socio pragmático» que potencialmente entablaría conversaciones con la administración Trump.

Según el informe de Politico, «al menos algunos funcionarios de la Casa Blanca lo ven como alguien que podría liderar Irán y negociar en una próxima fase del conflicto con la administración Trump». Sin embargo, el informe añade que la Casa Blanca «aún no está dispuesta a apostar por una sola figura» y está explorando varias opciones.

La mera sugerencia de que un presidente del parlamento iraní en funciones pueda estar en contacto, formal o informalmente, con Washington, tiene importantes implicaciones dentro del sistema político de Irán, donde cualquier percepción de acercamiento diplomático independiente puede provocar una reacción adversa, especialmente durante períodos de alta tensión.

Los medios de comunicación vinculados a la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán han rechazado enérgicamente las afirmaciones sobre negociaciones secretas.

La agencia de noticias Fars describió los informes como una «operación psicológica», afirmando que la narrativa fue diseñada con tres objetivos: «difamación de Ghalibaf, incitación a posibles ataques físicos y sembrar la división en el país».

De manera similar, la agencia de noticias Tasnim calificó los informes como un «complejo plan del enemigo para crear la percepción de tensión interna», argumentando que su objetivo era distraer a las fuerzas políticas del conflicto en curso.

Incluso figuras políticas ajenas al círculo más cercano de Ghalibaf se han hecho eco de las preocupaciones sobre la guerra psicológica.

Mohammad-Javad Azari-Jahromi, ministro de telecomunicaciones del presidente Hassan Rouhani, escribió en X que las declaraciones contradictorias de Trump —y las insinuaciones de los medios de comunicación de que Ghalibaf podría estar llevando a cabo conversaciones secretas— tienen como objetivo «crear división dentro del gobierno y entre las fuerzas militares».

Hesameddin Ashena, exasesor de prensa de Rouhani, también advirtió sobre la «campaña de desprestigio», describiendo la amplificación de tales afirmaciones como una forma efectiva de «alinearse con el enemigo».

Funcionarios iraníes han reconocido comunicaciones indirectas con Washington a través de intermediarios. El ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, y el portavoz, Esmail Baghaei, afirmaron que países como Egipto, Turquía y Pakistán han intercambiado mensajes entre ambas partes en los últimos días, en un esfuerzo por reducir las tensiones.

Al mismo tiempo, los funcionarios iraníes recalcaron que las posiciones fundamentales de Teherán permanecen inalteradas.

Esto incluye su postura sobre el posible cierre del estrecho de Ormuz, una posición que ha contribuido a la escalada de la retórica, incluidas las amenazas de Trump de atacar la infraestructura energética de Irán e imponer un plazo breve.

Un funcionario iraní declaró a Al Jazeera que Washington se ha negado hasta ahora a cumplir las condiciones clave de Teherán para las negociaciones: «el pago de reparaciones de guerra y el reconocimiento de la agresión contra territorio iraní».

Mientras tanto, informes de Reuters y The Wall Street Journal sugieren que podrían celebrarse conversaciones para poner fin al conflicto en Pakistán o Turquía, con la posible participación de figuras como Steve Witkoff, Jared Kushner y el vicepresidente JD Vance en los próximos días.

A pesar de las negaciones oficiales, el tema ha cobrado fuerza en las redes sociales, especialmente entre los iraníes en el extranjero, dadas las severas restricciones de internet dentro de Irán desde que comenzó la guerra.

Miles de respuestas a la negación de Ghalibaf sobre las conversaciones secretas con Washington sobre el proyecto X plantearon la cuestión en términos de sospecha y supuesta traición.

Algunos usuarios señalaron su ausencia en ciertos eventos públicos recientes, mientras que otros observaron que su nombre no había aparecido en las listas de recompensas estadounidenses contra funcionarios iraníes, interpretando esto como sospechoso aunque sin pruebas.

Otros revivieron antiguas acusaciones de corrupción financiera y nepotismo formuladas por facciones de línea dura como el Frente Paydari y los partidarios de Saeed Jalili, afirmaciones que han circulado durante años en las rivalidades políticas de Irán.

Ningún lugar en la Tierra experimenta una mayor concentración de relámpagos que el lago de Maracaibo en Venezuela. Pero una mañana reciente, el ruido continuó mucho después de que las tormentas se hubieran disipado. Bajo el zumbido de los jets privados que transportaban a ejecutivos de petroleras, constantes golpes metálicos resonaban en las aguas mientras los trabajadores de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) golpeaban piezas de equipos que llevaban mucho tiempo inactivos. Unos días después, la francesa Maurel & Prom anunció que una plataforma petrolífera en el lago había vuelto a funcionar por primera vez en ocho años. En tierra firme, las arenas de la ciudad están teñidas de petróleo. El llamado a la acción —“¡Perfora, bebé, perfora!”— resuena por todas partes.

Por: Gustavo OCando Alex – Monocle

Maracaibo se ha caracterizado durante mucho tiempo por su lago inactivo, ya que la producción de petróleo se detuvo durante años, lo que provocó un éxodo masivo de la fuerza laboral de la ciudad a países vecinos , huyendo de los bajos ingresos, los tipos de cambio volátiles y los estantes vacíos de los supermercados. Tras años de abandono, la ofensiva militar de enero contra Caracas y la destitución del presidente Nicolás Maduro por las tropas estadounidenses, el petróleo vuelve a bombearse. El nuevo gobierno venezolano, integrado por antiguos aliados de Maduro, se ha convertido voluntariamente en el socio energético regional del presidente estadounidense Donald Trump y, posiblemente, en su as bajo la manga, mientras el prolongado conflicto con Irán estrangula las cadenas de suministro globales.

Los ataques militares de Israel y Estados Unidos contra Irán, los ataques de represalia contra aliados del Golfo y el cierre del Estrecho de Ormuz han disparado el precio del petróleo por encima de los 100 dólares (86 euros) por barril y han sacudido los mercados mundiales. A pesar de los numerosos desafíos que presentan sus yacimientos petrolíferos obsoletos, Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo (unos 300.000 millones de barriles, incluyendo una cantidad significativa del escaso crudo pesado) y parece ser un nuevo proveedor fiable tras la incursión estadounidense en Caracas en enero. Las nuevas autoridades venezolanas han reformado sus leyes sobre hidrocarburos, permitiendo que las empresas estadounidenses dominen las operaciones energéticas. A diferencia de lo ocurrido en Ormuz, los buques cisterna cargados de petróleo venezolano ahora zarpan de las aguas del lago de Maracaibo, con destino no a Cuba ni a China, sino a puertos estadounidenses.

Se están revisando unos 20 contratos de gas y petróleo, con una alta probabilidad de que muchos se reasignen a empresas estadounidenses con mayor experiencia y capital más sólido que las firmadas durante la administración de Maduro. Mientras tanto, la Casa Blanca está suavizando las sanciones y promoviendo los negocios enviando a altos funcionarios a Caracas y Maracaibo. Empresas como Chevron han prometido aumentar la producción de crudo en Venezuela en un 50%. Pero las familias de Maracaibo aún no han sentido el efecto de ese dinero del petróleo; la inflación de los productos básicos sigue reflejada en cada factura del supermercado. Según los analistas, se necesitarían al menos 100.000 millones de dólares (86.300 millones de euros) en una década para reactivar el período de máxima producción del país, de tres millones de barriles diarios. Hasta entonces, los camioneros, transportistas, expertos en logística y trabajadores de plataformas petrolíferas en Maracaibo seguirán viviendo con austeridad.

El secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, estuvo recientemente en Caracas para la firma de un contrato de petróleo y gas con la empresa británica Shell y la presidenta interina venezolana Delcy Rodríguez. Allí, ambos discutieron reformas a la ley minera y buscaron mayores oportunidades de negocio. Al pie del avión que lo llevaría de regreso a Washington, Burgum habló con la prensa sobre la necesidad de constituir un gobierno estable para que el capital y el petróleo puedan fluir. Si bien la Casa Blanca de Trump prometió elecciones, el secretario de Estado, Marco Rubio, explicó que el plan original de tres fases de Estados Unidos para Venezuela se mantiene vigente: estabilización, recuperación y transición .

¿Acaso alguien desea que Venezuela vuelva a ser grande? ¿O es el país simplemente una estación de servicio conveniente para un juego geopolítico más amplio? Quienes han esperado durante años de pobreza en Maracaibo esperan que la nación pueda aprovechar al máximo esta nueva puerta de entrada democrática y a la inversión. ¿Podrán los venezolanos lograr un éxito rotundo?

A continuación, traducción al español de las palabras de María Corina Machado en CERAWeek, en Houston. La transcripción original tiene algunos tropiezos propios de una intervención en vivo, pero he procurado trasladar su mensaje con la mayor claridad y fidelidad posibles.

Por: Elizabeth Sánchez Vegas

Es un honor estar con ustedes esta tarde. Gracias a Daniel Yergin y a Carlos Pascual por la invitación y por la oportunidad de presentar mi visión de una Venezuela libre, próspera, segura y favorable a la empresa.

Como saben, vengo de un país que ha soportado casi tres décadas de destrucción, mala gestión y aislamiento. Y estoy aquí para hablarles de nuestro futuro. Un futuro extraordinario. Y quiero que todos ustedes formen parte de él.

Ustedes conocen muy bien el potencial energético de Venezuela. Tenemos las mayores reservas probadas de petróleo del mundo: más de 300 mil millones de barriles. Contamos con la séptima mayor reserva de gas natural del planeta, en gran parte aún sin desarrollar. Poseemos, además, más de 30 de los 60 minerales críticos incluidos en la lista estratégica del gobierno de Estados Unidos. Y también tenemos un siglo de historia productiva que probablemente ningún otro país de este hemisferio puede igualar. Y, por supuesto, tenemos las playas más hermosas del mundo.

Todo eso está ubicado en el corazón de las Américas, a apenas cinco días por barco de Estados Unidos. Durante décadas, todo ese potencial permaneció bloqueado por la ideología y la corrupción. Ese tiempo está llegando a su fin.

Ya ha comenzado una nueva era, y su magnitud será completamente distinta. Hoy Venezuela produce aproximadamente un millón de barriles diarios, menos de un tercio de lo que producía hace 25 años, y apenas una fracción de lo que volveremos a alcanzar. Con el entorno adecuado para la inversión, Venezuela puede llegar de manera realista a producir mucho más de 5 millones de barriles por día. Alcanzar ese potencial requerirá, sin duda, enormes recursos, que estimamos en más de 150 mil millones de dólares durante los próximos diez años.

Ese es el tipo de compromiso de gran escala y de ciclo largo para el que fueron hechas las compañías que están en esta sala, siempre que existan las condiciones correctas. Y precisamente de eso quiero hablarles hoy: de cómo crear esas condiciones.

Desde el 3 de enero de 2026, se han dado seis pasos importantes para reactivar el sector petrolero y gasífero venezolano y comenzar a corregir años de deterioro institucional y corrupción. Reconocemos esos primeros esfuerzos y los agradecemos, así como la importancia de haber abierto este nuevo capítulo para nuestro país.

Pero lo que viene ahora debe ir más lejos. Debe ser, y será, plenamente transparente, institucionalmente sólido y diseñado para generar confianza de largo plazo, tanto para los inversionistas como para el pueblo venezolano.

Ustedes saben muy bien que la industria energética invierte cuando se cumplen tres condiciones. La primera: recursos abundantes. Y Venezuela, como saben, tiene un riesgo exploratorio muy bajo. Sabemos dónde están los recursos. La segunda: costos de producción altamente competitivos. Y la tercera: un marco institucional adecuado. Me refiero, por supuesto, a la arquitectura legal, fiscal y contractual que atrae y protege capital durante décadas.

Eso es lo que nosotros ponemos sobre la mesa: confianza de largo plazo para el inversionista. Trabajando junto a un equipo de expertos venezolanos en petróleo y gas, tanto dentro como fuera del país, así como con altos ejecutivos y especialistas técnicos de toda la industria energética global, hemos desarrollado un plan integral para el sector, diseñado pensando tanto en los inversionistas internacionales como en nuestro pueblo.

Y quiero ser muy directa sobre lo que ese marco institucional implica y representa.

En primer lugar, el papel del Estado. El Estado venezolano se apartará para abrir el camino y crear las condiciones necesarias para que el sector petrolero y gasífero en Venezuela pase a manos plenamente privadas. El papel del Estado será estrictamente regulador: crear incentivos para la inversión de largo plazo y velar porque la transparencia se mantenga en todo momento.

Por primera vez en la historia de Venezuela, habrá reglas claras y estables en el largo plazo. Habrá un gobierno que haga cumplir los contratos y garantice que esas condiciones se mantengan. Habrá una agencia de hidrocarburos independiente y autónoma, responsable de la supervisión y la regulación.

En segundo lugar, respecto a inversionistas y operadores: ustedes serán propietarios de la producción desde la boca del pozo. Podrán registrar reservas y contarán con contratos a 25 años, renovables por otros 25, con la visibilidad de largo plazo que exige el capital de gran escala en el sector upstream.

Tendrán plena protección de los derechos de propiedad privada, respaldada por arbitraje internacional y garantías jurídicas exigibles. Y si surge una controversia, se resolverá mediante arbitraje internacional. Ofreceremos estructuras contractuales flexibles, adaptadas a distintos proyectos, tecnologías y estrategias de inversión.

En tercer lugar, las condiciones fiscales. Las regalías se mantendrán en 20%. El impuesto sobre la renta comenzará en 34% y estará vinculado a los precios internacionales del petróleo.

Los términos fiscales quedarán fijados desde la firma, sin cambios retroactivos de ningún tipo, jamás. En conjunto, Venezuela ofrecerá la participación gubernamental más competitiva del hemisferio occidental.

En cuarto lugar, transparencia y cumplimiento. Esto es fundamental, porque ustedes operarán con total transparencia y con pleno apego a los más altos estándares internacionales.

En quinto lugar, el riesgo país. Todos sabemos que hoy invertir en Venezuela implica una prima de riesgo muy alta, cercana al 25%. A esos niveles, francamente, la mayoría de los proyectos de largo plazo simplemente no tienen sentido. Nosotros reduciremos ese riesgo hasta un punto en que invertir en Venezuela deje de ser una apuesta y pase a ser una decisión natural. Esas serán las condiciones en Venezuela.

Y, finalmente, en cuanto a las condiciones operativas, garantizaremos un suministro eléctrico confiable mediante inversiones eficientes en la infraestructura existente y la apertura del sector eléctrico a la participación privada. Contarán con servicios y logística de clase mundial, y con un sólido marco de seguridad para proteger a su personal y sus activos.

Todo esto será posible bajo nuestro gobierno democrático.

Sus empresas invierten con horizontes de 10, 20, 30 y 40 años. Y las condiciones que ustedes necesitan son simples: reglas claras, estabilidad y un gobierno democrático legítimo en el que puedan confiar.

El pueblo venezolano nos dio ese mandato en julio de 2024. El mundo lo vio. Y ahora, mediante una transición democrática alineada con la hoja de ruta de la administración del presidente Trump, ese mandato finalmente será honrado.

Venezuela celebrará elecciones libres.

La Asamblea Nacional de Venezuela aprobó este miércoles la creación del Grupo Parlamentario de Amistad Venezuela–Estados Unidos, una iniciativa propuesta por el diputado opositor Antonio Ecarri (Alianza del Lápiz / Nacional) con el objetivo de fortalecer el diálogo bilateral, recuperar la confianza internacional y posicionar al país como un proveedor energético confiable.

MFM

Ecarri, quien también integra la Comisión de Amnistía y forma parte de la Bancada Libertad, anunció la aprobación a través de su cuenta en X (Twitter): “Propusimos y fue aprobado por la Asamblea Nacional el Grupo Parlamentario de Amistad Venezuela–Estados Unidos.

Venezuela debe recuperar la confianza internacional y posicionarse como un proveedor energético confiable para el mundo. Más diálogo, más inversión, más oportunidades para los venezolanos”, escribió el parlamentario.

La propuesta fue presentada inicialmente el 13 de marzo de 2026, en el contexto del reciente restablecimiento de relaciones diplomáticas y consulares entre ambos países, ocurrido el 5 de marzo tras la ruptura en 2019. Ecarri enfatizó que esta instancia legislativa facilitará intercambios con parlamentarios estadounidenses y contribuirá a la reconstrucción institucional de las relaciones bilaterales.

Entre los objetivos principales del grupo destacan:

  • Restablecer la confianza mutua y promover la cooperación legislativa.
  • Abordar temas como la situación de los venezolanos en Estados Unidos, la protección de activos en el exterior y la eliminación progresiva de sanciones.
  • Impulsar la inversión extranjera y la recuperación económica en una etapa de estabilidad y reconciliación democrática.
  • Posicionar a Venezuela como socio energético global confiable.

El diputado señaló que, una vez conformado el grupo, se avanzará en reuniones con autoridades de la Asamblea Nacional y con la encargada de negocios de EE.UU. en Venezuela, Laura Dogu. Además, mencionó un reciente acercamiento con una delegación del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense.

Esta aprobación se enmarca en la instalación, desde enero de 2026, de 21 grupos de amistad parlamentaria por parte de la AN, que buscan reforzar la diplomacia legislativa con diversos países del mundo.

La medida ha sido recibida con optimismo por sectores que ven en ella un paso hacia la normalización de las relaciones bilaterales en un momento clave para la recuperación económica y política del país.

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Scroll to Top