Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

Moralistas de doble moral y progresistas a tiempo parcial, no forman parte de la solución, pero sin ninguna duda, forman parte del problema

Por: Pilar Rahola

Elijo el nombre de Javier Bardem, y no es al azar. Podría haber dirigido esta carta simbólica a Angelina Jolie, o a Billie Eilish, o a esa encarnación del antisemitismo más ruin que es Roger Waters. Y más allá del mundo rutilante del famoseo, la lista de dirigentes políticos que podrían merecerla pululan por todos los rincones de la demagogia. Ahí están los Pedro Sánchez, los Petro, los Mélenchon, los Iglesias…, todos esos ruidosos justicieros que escupen su propaganda desde el atrio de su soberbia moral. Muchos…, tantos…, tan presentes y estridentes hace poco tiempo, y ahora tan ausentes y callados.

Pero de todos ellos, escojo a Javier Bardem porque nadie encarna con tanta precisión la indecencia de una izquierda caviar que solo alza el puño, con impostada indignación, cuando la causa cuadra con su obsesión ideológica. Ese Bardem enfundado en el Free Palestine que cumple con todos los requisitos del activismo sectario. “Un actor comprometido”, dicen los titulares rutilantes, pero se olvidan del verbo que lo acompaña: Comprometido, depende… Depende de si Israel tiene algo que ver, o los estadounidenses, o el colonialismo capitalista, o Trump, o las derechas pérfidas… Es el prototipo del “no jews, no news”, de manera que si no hay judíos o yankees de por medio, no hay causa, no hay pancarta y no hay indignación. Son los progresistas de nuestro tiempo, tipos de grito en la manifestación y verbo acusador que deciden qué causas son dignas, y quiénes son víctimas y quiénes verdugos. Nunca, en la historia de la lucha por los derechos humanos, hubo tanta hipocresía arrogante y rastrera como ahora.

¿Dónde están? ¿Dónde estuvieron? Nunca los oímos cuando Hamas convertía Gaza en una cárcel de dos millones de personas, a las que saqueaba, empobrecía, reprimía y condenaba a un ciclo permanente de violencia. Nunca los oímos cuando el Yemen languidecía en años de guerra atroz, sacudida por la locura chiíta. Nunca, cuando Irán fabricaba su círculo de fuego, aupando al dictador sirio, financiando las peores organizaciones yihadistas y destruyendo el Líbano, mientras amenazaba con destruir a Israel. Tampoco los oímos cuando miles de israelíes sufrieron el terror del 7 de octubre: bebés en sus cunas, familias enteras, ancianos, jóvenes cantando en un festival, muertos, heridos, secuestrados. Su silencio, cuando las mujeres nos explicaban el horror de sus cuerpos violados. Su silencio cuando los bebés eran ahogados… Nunca hubo flotillas para ellos.

Y otros, tantos silencios. Nunca los oímos cuando Afganistán se convertía en un terrible infierno para las mujeres, las niñas sin escuelas, las jóvenes sin rostro, el aliento detrás de una cárcel de tela. Nunca en el horror de Sudán, nunca en el dolor cristiano en Nigeria, nunca en ningún lugar, porque si los malos no son los que ellos homologan ideológicamente, no existen víctimas, ni existen causas.

Por eso nunca les oímos hablar del dolor de los iraníes. A pesar de que el terrible régimen de los ayatollahs hubiera convertido la libertad en un crimen penal, y sustentara su poder en la represión y la muerte, nunca oímos a los Bardem. Al contrario, fueron esas izquierdas moralistas y doctrinarias las que antaño iban a visitar al “libertador de los persas”, un tal Khomeini y aplaudieron su “revolución social”. Durante décadas, nunca les preocupó la represión contra los ciudadanos iraníes, directores de cine encarcelados, opositores condenados a muerte, estudiantes torturados, nunca, nada… Al contrario: algunos de esos gurús de la izquierda irredenta se convirtieron en periodistas de los canales iraníes que intentaban vender su veneno a través de Hispan TV. Ahí están los Pablo Iglesias.

Y por eso ahora, cuando Irán arde por todos sus costados, con un pueblo extraordinariamente valiente que se enfrenta directamente a la muerte, y con miles de ellos siendo asesinados, todos estos actores, periodistas, políticos “comprometidos” no están, no hablan, no gritan, no levantan pancartas, no montan excursiones en flotillas, nada. Quizás alguna Irene Montero se despista y dice algo pero solo para avisar que Trump es muy malo y que Israel tiene la culpa de lo que ocurre en Irán.

Esta es la miseria de una izquierda tuerta y dogmática que ha ideologizado tanto las causas universales, que acaba siendo cómplice de los verdugos. Su obsesión antioccidental y su paternalismo arrogante hacia el Islam los ha convertido en incapaces para la causa de la libertad. Hablan mucho de ella, pero retuercen su significado hasta dejarla hueca.

Ese es el activismo de los Bardem de turno: un grito vacío. Moralistas de doble moral y progresistas a tiempo parcial, no forman parte de la solución, pero sin ninguna duda, forman parte del problema.

X: @RaholaOficial

Un ruido extraño despertó a Yaacob Harary dentro de su celda en la cárcel El Rodeo I de Venezuela. Cuando el argentino-israelí de 72 años abrió los ojos, vio a su socio y compañero de cautiverio, Douglas Javier Ochoa, con el cuello cortado. Intentaba suicidarse. Ya había perdido mucha sangre. Empezó a gritar para que se acercaran los guardias y logró que recibiera atención médica. Tras una intervención quirúrgica y transfusiones, Ochoa se salvó.

Por: Pedro Gianello – Clarín

La escena fue en la misma prisión donde está detenido el gendarme argentino Nahuel Agustín Gallo. Ocurrió apenas tres días antes de que el régimen chavista liberara a Harary, nacido en Argentina y con ciudadanía israelí, y quien ya está en Tel Aviv.

La hijastra de Yaacob Eliahu Harary habló con Clarín y contó parte de las charlas telefónicas con su padrastro. Aseguró que se comunicó tanto el lunes como el martes.

«Acabo de salir del infierno», fue lo primero que le dijo a su hijastra y está muy preocupado por su socio. Maltratos, vejámenes -en especial a los presos venezolanos- y medicación psiquiátrica sin que los detenidos la necesiten, son algunas de las atrocidades que contó.

Mientras estuvo confinado, su pareja murió y nunca se lo comunicaron. Estuvo 15 meses incomunicado. Pero además, su espeluznante historia terminó frente a frente con el propio Diosdado Cabello, número dos del régimen, esta semana. El actual ministro de Interior y hombre fuerte del chavismo llevó a Harary desde El Rodeo I hasta donde se reúne la comunidad judía de Caracas.

Yaacob es arquitecto de profesión, pero tiene otra pasión. «Ama producir alimentos y ese tipo de cosas con animales», cuenta Emma a Clarín.

Nacido en San Juan, vivió en varios países como Panamá, Israel o Ecuador, donde hoy vive su hijastra. En 2017, Yaacob trabajaba en Panamá y conoció a Gloria, una mujer venezolana con quien inició una relación. Convivió con ella, y también con sus dos hijos. Ese año, los cuatro se mudaron a Ecuador.

Después de varios años, en 2023, Yaacob viajó a Israel y tiempo después su esposa lo siguió. Pero en un momento de 2024, Gloria viajó a Ecuador por un tema familiar y Yaacob decidió ir a Panamá a buscar unas máquinas que había dejado para emprender su sueño de hacer quesos en Venezuela.

Para ese entonces se asoció con Douglas Javier Ochoa, un venezolano que es cercano a la familia del marido de Emma. Los presentaron, se hicieron amigos y empezaron a trabajar juntos. «Durante un año y medio planearon lo que iban a hacer con la fábrica de quesos. Yaacob compró parcelas y hasta animales», reveló Emma.

Pese a haber comprado terrenos en Venezuela, Yaacob tenía temor de llegar en avión a Caracas por su ciudadanía israelí. El régimen rompió relaciones diplomáticas con Israel hace más de una década. Entonces decidió ir a Colombia y de ahí cruzar la frontera terrestre a Venezuela, donde lo esperaba Javier.

Los dos fueron capturados por la dictadura venezolana el 9 de septiembre de 2024. Personal de la Dirección General de Contra Inteligencia Militar (DGCIM) lo detuvo junto a Ochoa en la frontera. Según el relato que Yaacob le hizo a su hijastra, los dos fueron trasladados a El Helicoide y de ahí a El Rodeo I. Pero antes pasaron por los cuarteles del DGCIM.

La dictadura chavista lo acusó de conspirar «para destruir la forma política republicana del Estado». Desde entonces, pasó 490 días detenido, la mayoría en El Rodeo I, sin comunicación con su familia.

El infierno, según Yaacob

«Me contó que fueron inhumanos, lo trataron demasiado mal. Pero no hay comparación con cómo tratan a los presos venezolanos», remarcó Emma cuando Clarín preguntó por las condiciones de encierro en El Rodeo I.

Y agregó: «Inclusive me dijo que con Javier, que estaba encerrado en su misma celda, era demasiado notable la diferencia de maltrato».

Emma destacó que Yaacob tuvo muchas operaciones y que tomaba varios medicamentos. Según contó en las primeras comunicaciones telefónicas, al argentino-israelí de 72 años le dieron sus medicinas. «No sé si le habrán dado todos los remedios porque Yaacob es una persona de salud bastante delicada», dijo Emma.

Al quedar libre se mostró muy preocupado por su socio. Más allá del episodio de intento de suicidio, Yaacob contó que los guardiacárceles distribuían medicamentos psiquiátricos sin que los presos los necesitaran: los usan como sedantes.

«Contó que muchas veces les daban pastillas que les caían mal. Y que a varios presos políticos extranjeros los tienen con medicación psiquiátrica. También les dan Losartán y este tipo de medicamentos», detalló Emma, hijastra de Yaacob.

La familia cree que el exceso de esos medicamentos tiene a algunos presos alterados. Por eso, muchas veces le dio sus pastillas para dormir a Javier, su socio y compañero de celda.

Al igual que el colombiano Iván Colmenares, compañero de celda de Gallo, contó a Clarín, Yaacob debía escuchar una vez por semana el programa de Diosdado Cabello por los parlantes. Los guardias también ponían TikToks de Nicolás Maduro y emisiones de «Sin truco ni mañas», otro show de Cabello.

Por otro lado, en El Rodeo I, Yaacob vio a Gallo bien de salud. Y se supo que hay un día de la semana que el gendarme argentino corre en la cancha de básquet.

El cara a cara con Diosdado Cabello

Yaacob Eliahu Harary fue liberado junto con una tanda de 33 presos políticos en la madrugada del lunes.

Pero según contó desde Israel, tuvo un cara a cara con el número dos del régimen, que de manera formal ocupa el cargo de ministro del Poder Popular de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela.

«El mismo Diosdado (Cabello) lo sacó de la cárcel y lo entregó a la comunidad judía de Venezuela«, soltó Emma con asombro. Y añadió: «Inclusive con el descaro de darle la mano, un como Aquí no ha pasado nada«.

Pero además. cuando fue liberado el lunes, después de más un año encerrado y sin contacto con su familiar, le enviaron la foto de su nieta recién nacida, de su hija biológica de Israel, y se la dejaron tener solo dos minutos y nunca más se la devolvieron.

Recién este miércoles se enteró que su pareja murió hace seis meses. Gloria falleció a los 54 años de un aneurisma y el régimen jamás le dio la información.

El recibimiento en Tel Aviv

Al llegar a Israel previa escala en Roma, fue saludado por Benjamín Netanyahu. El primer ministro de Israel agradeció mediante un comunicado al “Ministerio de Asuntos Exteriores, al Mossad, y a los gobiernos de Estados Unidos, Alemania, Austria e Italia”.

Harary estuvo recluido «en condiciones extremadamente duras, sin el debido proceso legal ni acceso a tratamiento médico, junto con presos locales y extranjeros», indicó el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel en otro comunicado.

Como Venezuela e Israel no tienen relaciones diplomáticas, el Ministerio de Exteriores israelí, a través de la Embajada de Israel en Colombia, colaboró «con embajadas y agentes diplomáticos extranjeros en varios países para facilitar las visitas a la prisión, mantener el contacto con Harary y brindarle asistencia durante su encarcelamiento», explicaron en Israel.

Y añadieron: «Entre otras medidas, se le enviaron fotografías de su nieto a través de estos canales diplomáticos para preservar la conexión humana y brindarle apoyo moral».

La desalarización que denuncian maestros y profesores de todos los niveles educativos no es simplemente ganar poco, sino una ruptura precisa y destructiva entre el trabajo profesional y su reconocimiento material. El salario deja de cumplir su función básica –permitir vivir del oficio– y se convierte en una referencia simbólica, incapaz de sostener una carrera, una vida o una institución.

El Nacional

Un docente desalarizado no es solo un trabajador empobrecido. Es un profesional al que el Estado ha dejado de reconocer como tal. Su ingreso ya no organiza su tiempo, no estructura su dedicación, no permite continuidad ni especialización. La enseñanza deja de ordenar el sistema y la institución empieza a disolverse. Es lo que ha ocurrido en el sistema educativo de Venezuela. En esa situación, Venezuela celebra el Día del Maestro.

La desalarización es la cara más visible del derrumbe, pero no su origen. Es el resultado final de un proceso largo, acumulativo, que antecede al colapso político-económico del siglo XXI. La educación venezolana no se derrumbó de un día para otro. Llegó debilitada. Arrastraba fracturas institucionales, pérdida de interlocución política, deterioro material progresivo y una erosión lenta de su autoridad social.

Los bajísimos sueldos no explican el colapso, lo consolidan. Marcan el punto en el que el daño se vuelve irreversible por inercia institucional. Escuelas, liceos y universidades siguen abiertas, pero lo que transmiten ya no es educación en sentido pleno. Ha perdido su función, no educa ni crea conocimiento.

Ingreso simbólico y simulación administrativa

La precariedad salarial del sistema educativo venezolano constituye una decisión institucional con consecuencias estructurales, no es un problema gremial ni una disputa sindical mal resuelta. Mientras se interprete como un conflicto laboral o como una restricción presupuestaria, se discutirá el síntoma y no el mecanismo que hizo posible el colapso: la ruptura del contrato básico entre el Estado y la profesión educativa.

El salario docente no es la causa histórica de la crisis educativa venezolana, pero explica si el punto más inmediato y eficaz desde el cual puede revertirse. Sin salario profesional, la educación deja de funcionar como sistema y lo que permanece es un simulacro operativo: escuelas abiertas sin capacidad real de enseñar, liceos que certifican sin formar, universidades que sobreviven sin investigar ni producir conocimiento.

Un docente con ingreso simbólico es un profesional que el Estado declaró irrelevante. En esas condiciones, el propio Estado pierde toda capacidad real de exigir calidad, especialización, continuidad o responsabilidad. Lo que queda es improvisación, rotación permanente y simulación administrativa.

Cuando la precariedad captura también el lenguaje de la demanda

La desalarización del docente venezolano no solo sigue siendo interpretada desde el ángulo equivocado por el Estado. También sigue siendo pensada —y reclamada— desde ese mismo ángulo por una parte de quienes la padecen. Ese es uno de los efectos más profundos del colapso: la precariedad no se limita a empobrecer ingresos, termina estrechando el marco intelectual desde el cual se formula la demanda.

El enfoque humanitario permitió visibilizar el daño, pero no ofreció una salida. Ver a los profesores como víctimas produjo compasión, solidaridad y denuncias legítimas, pero dejó intacta la estructura que los convirtió en prescindibles. La educación no se reconstruye protegiendo individuos aislados, sino restituyendo las condiciones que permiten que una profesión exista como tal.

Un sistema educativo no se recompone con gestos de alivio ni con ayudas puntuales. Se recompone cuando el Estado vuelve a pagar salarios que reconozcan autoridad profesional y, a partir de allí, recupera la capacidad de exigir calidad, continuidad y responsabilidad. Mientras el problema se formule como emergencia humanitaria, la respuesta seguirá siendo asistencial. Y el asistencialismo no construye instituciones.

Hoy, el debate salarial en la educación universitaria continúa dominado por una lógica sindical compensatoria. Se discute la pérdida de valor de bonos, se solicitan ajustes parciales, se recalculan beneficios accesorios, se pide “mejorar la calidad de vida”. Todo eso describe correctamente el daño. Nada de eso aborda el problema central. El salario aparece como referencia residual, no como el eje del contrato profesional entre el Estado y la educación.

Cuando una asociación de profesores universitarios —el sector con mayor formación del país— plantea que el bono vacacional debe recalcularse sobre una base simbólica para mitigar su pérdida de valor, no está proponiendo una reconstrucción salarial. Está aceptando, aunque no lo declare, que el salario dejó de ser el centro del sistema. Está negociando dentro del mismo marco que convirtió a los docentes en sujetos asistidos y no en profesionales reconocidos.

Aquí no se trata de humillación personal ni de miseria moral. Se trata de algo más preocupante: una derrota conceptual. La lógica del bono, del paliativo y de la compensación ha colonizado incluso el lenguaje del reclamo. El horizonte deja de ser la restitución de la profesión y pasa a ser la administración del daño.

Ese desplazamiento tiene consecuencias institucionales muy claras. Un Estado que discute bonos no discute carrera docente. Un Estado que negocia compensaciones no se compromete con estándares profesionales. Un Estado que administra ayudas no recupera autoridad para exigir calidad, continuidad ni responsabilidad. Y un gremio que acepta ese marco termina reforzando la idea de que el salario es accesorio, negociable o sustituible.

Por eso la pregunta incómoda no es si los profesores están pidiendo limosnas. La pregunta es cómo el sistema logró que incluso los sectores más preparados del país formularan su relación con el Estado en términos asistenciales y no contractuales. No es una falla individual, es el resultado de años de desinstitucionalización.

Mientras la desalarización siga siendo tratada como un problema sindical y no como un problema institucional, la educación seguirá atrapada en el simulacro. Y mientras las demandas se formulen en clave compensatoria, el Estado no tendrá incentivos reales para restituir aquello que perdió: la posibilidad de gobernar la educación como sistema profesional y no como dispositivo de supervivencia.

La reconstrucción educativa no comienza con mejores bonos ni con cálculos más generosos sobre ingresos inexistentes. Comienza cuando el salario vuelve a ser salario, cuando la profesión vuelve a ser profesión y cuando el reclamo deja de pedir alivio para empezar a exigir institución.

La cuña institucional

Aumentar los sueldos de los docentes a niveles comparables con los de Colombia, Chile o República Dominicana no requiere una gran reforma del Estado o reescribir la Constitución. Tampoco una nueva ley orgánica, ni una transformación curricular, mucho menos una reingeniería ministerial. Basta una decisión política concreta e inmediata: ajustar los salarios. Puede hacerse con decreto presidencial con menos de 50 palabras. Una señal de que el Estado reconoce que educar es una profesión estratégica.

El argumento de que no hay de dinero es falso de toda falsedad. El Estado ha demostrado capacidad de gasto sostenido en bonos, incentivos discrecionales y transferencias paralelas. Reorientar esos recursos a salarios dignos es posible y económicamente racional. El impacto sería inmediato, local y multiplicador.

Los bonos cumplen una función en los sectores vulnerables. Pero la educación es un sector estratégico. A los sectores estratégicos no se les subsidia. Se les invierte. Se les paga bien y se les exige mucho.

Restituir salarios profesionales permitiría que el Estado reconstruya la autoridad institucional del sistema educativo; exigir concursos, evaluación, formación continua y resultados. La restitución del salario no corrige el deterioro curricular ni la pérdida de autonomía, pero vuelve viable cualquier intento de abordarlos. Sin salario no hay carrera y sin salario la enseñanza es ficción administrativa. Un salario se corrige, la pérdida de la función institucional puede ser irreversible.

Lea la nota completa siguiendo este enlace a El Nacional

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, almorzarán este jueves en la Casa Blanca para abordar la situación en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro.

EFE

Según la agenda oficial del mandatario estadounidense, el almuerzo se celebrará a las 12:30 hora de Washington (17:30 GMT) en un comedor privado de la Casa Blanca y se desarrollará a puerta cerrada, sin acceso para la prensa.

El encuentro, el primero entre ambos, se producirá menos de dos semanas después de que Estados Unidos depusiera a Maduro durante un ataque en Venezuela el 3 de enero en el que fueron capturados el líder chavista y su esposa, Cilia Flores, y trasladados a Nueva York para ser juzgados por narcotráfico.

La reunión se celebrará un día después de que Trump y Delcy Rodríguez mantuvieran una conversación telefónica en la que abordaron asuntos relacionados con petróleo, minerales, comercio y seguridad.

Trump sostiene que Estados Unidos mantiene una tutela sobre el régimen venezolano y ha anunciado acuerdos para recibir millones de barriles de crudo venezolano.

La recién nombrada jefa del régimen de Venezuela, Delcy Rodríguez, declaró este miércoles que el país está entrando en “un nuevo momento político” tras la captura del dictador Nicolás Maduro y el inicio de una serie de excarcelaciones de opositores y críticos de su gestión.

Infobae

“El mensaje es, una Venezuela que se abre a un nuevo momento político que permite el entendimiento desde la divergencia y la diversidad ideológica”, afirmó Rodríguez en un breve encuentro con la prensa en Miraflores, acompañada por su hermano Jorge Rodríguez, titular del Parlamento chavista, y del ministro de Interior, Diosdado Cabello.

“Los mensajes de odio, intolerancia y las acciones de violencia no serán permitidas”, afirmó.

“El cumplimiento de la ley será estricto. Esta oportunidad es para que Venezuela pueda ver reflejado un nuevo momento”, añadió la funcionaria chavista.

La Masacre de El Junquito tuvo lugar el 15 de enero de 2018 en la Parroquia El Junquito del Distrito Capital de Venezuela.

Por: Morfema Press, vía Wikipedia

La operación impulsada por el régimen de Nicolás Maduro resultó en la desarticulación del grupo rebelde liderado por el policía e inspector sublevado del CICPC Óscar Pérez, en el marco del recrudecimiento de la crisis institucional, económica, política y social de Venezuela.

El gobierno venezolano catalogó al grupo como una «célula terrorista» por tener en sus filas a diversos militantes que participaron en el ataque al Tribunal Supremo de Justicia en el 2017 y posteriormente en la sustracción de armas en el asalto al Fuerte de Paramacay.

En la madrugada del mencionado día, funcionarios del CONAS, SEBIN, DGCIM, GNB, FAES, PNB y Policaracas​ tomaron por asalto dicho sector en búsqueda del líder del grupo subversivo, Oscar Pérez, funcionario sublevado del CICPC, quien meses antes había tenido participación en acciones comandos contra instituciones del gobierno.

En el operativo resultaron muertas diez personas: siete miembros del grupo opositor, dos oficiales del Cuerpo de Policía Nacional Bolivariana y un líder de la células terroristas institucionales conocidas como colectivos.

Como resultado diversos movimientos y organizaciones nacionales e internacionales favorables o no a la oposición política del país catalogaron la acción de «masacre»​ y/o «ejecución extrajudicial» por la muerte de los líderes opositores.

Por otra parte, varios adeptos al chavismo y el mismo presidente Maduro felicitaron a las comisiones encargadas en el operativo e instaron todo el reconocimiento.

En 2019 el periódico español ABC publicó fotografías de los cadáveres de los rebeldes que sugerían heridas de bala a quemarropa y ejecuciones extrajudiciales.

Las fuerzas de seguridad tuvieron un control precario sobre la operación y el operativo fue desorganizado. Los videos grabados por los servicios de seguridad durante el ataque muestran a los oficiales riéndose y descargando sus armas en dirección al escondite.

En las comunicaciones interceptadas entre las fuerzas de seguridad los oficiales gritaban repetidamente en sus radios cese de fuego o que moviesen los vehículos que bloqueaban el paso de otros contingentes, a menudo sin éxito; las conversaciones también muestran que una de las granadas propulsadas por lanzacohetes (RPG) disparadas por los funcionarios falló su blanco y casi impacta contra otro grupo de oficiales.

Fuera del lugar donde ocurrieron los hechos se reportó que actuaron más de 600 efectivos, quienes trataban de controlar los grupos de civiles que se encontraban manifestando a favor de Pérez.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reveló que durante la conversación telefónica que tuvo este miércoles con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, hablaron sobre petróleo, minerales, comercio y seguridad.

El Nacional

«Esta mañana tuve una muy buena llamada con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez. Estamos logrando un progreso tremendo, a medida que ayudamos a Venezuela a estabilizarse y recuperarse», escribió el republicano en su red, Truth Social.

Según Trump, se discutieron «muchos temas, incluyendo petróleo, minerales, comercio y, por supuesto, seguridad nacional».

«Esta asociación entre los Estados Unidos de América y Venezuela será espectacular para todos. Venezuela pronto volverá a ser grande y próspera, ¡quizás más que nunca!», agregó.

Previamente, el republicano había explicado a la prensa en el Despacho Oval de la Casa Blanca que tuvo una «larga» llamada con Delcy Rodríguez, a quien describió como una «persona fantástica».

Rodríguez confirmó la llamada y dijo que abordaron «asuntos pendientes» entre ambos gobiernos, aunque no detalló los temas tratados.

«El día de hoy sostuve una larga, productiva y cortés conversación telefónica con el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, desarrollada en un marco de respeto mutuo», dijo la mandataria encargada en un breve mensaje en Telegram.

Trump habló con Delcy Rodríguez un día antes de recibir en la Casa Blanca a la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, quien de momento ha sido excluida por Estados Unidos de la transición en Venezuela.

Delcy Rodríguez asumió el cargo después de que las fuerzas especiales estadounidenses capturaran a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, el 3 de enero en Caracas, y los llevaran a Nueva York para juzgarlos por narcotráfico.

Trump sostiene que Estados Unidos mantiene una tutela sobre el gobierno venezolano y ha anunciado acuerdos para recibir millones de barriles de crudo venezolano.

Delcy Rodríguez, describió el miércoles como «productiva y cortés» la «larga» llamada que sostuvo con su par estadounidense Donald Trump, que antes la calificó como una «persona formidable».

El Nacional

«Sostuve una larga, productiva y cortés conversación telefónica con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, desarrollada en un marco de respeto mutuo», escribió Rodríguez en su cuenta en Telegram.

«Abordamos una agenda de trabajo bilateral en beneficio de nuestros pueblos, así como de asuntos pendientes en la relación entre nuestros gobiernos», agregó.

Rodríguez asumió el poder tras la captura y el derrocamiento de Nicolás Maduro el 3 de enero durante un bombardeo estadounidense en Caracas. La gobernante interina no mencionó en su mensaje lo que antes denunció como el «secuestro» de su antecesor.

La ONG Foro Penal, dedicada a la defensa de presos políticos en Venezuela, informó este miércoles haber verificado 72 excarcelaciones desde el jueves. Esta ola de liberaciones se produce días después de que el gobierno anunciara un proceso para liberar a un “número importante” de detenidos.

El Nacional

A través de su cuenta en X, el director de la organización, Alfredo Romero, precisó que hasta las 1:50 pm se contabilizaban 72 liberaciones. Entre los excarcelados figuran más de una docena de periodistas que recuperaron su libertad este miércoles.

El balance de Delcy Rodríguez

Frente al recuento de la ONG, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ofreció una cifra oficial muy superior. Declaró este miércoles que 406 presos políticos han sido excarcelados hasta la fecha, un proceso que, afirmó, “se mantiene abierto” con el objetivo de “abrir un nuevo capítulo” de entendimiento político.

Este anuncio amplía lo expresado días antes por su hermano, Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento y jefe negociador oficial, quien había sido el primero en anunciar la liberación masiva.

Exigen conocer los nombres de los excarcelados

A pesar de las declaraciones oficiales, persiste la opacidad. El martes, Jorge Rodríguez afirmó haber puesto a disposición las “listas” de excarcelados, pero estas no se han hecho públicas, generando reclamos de ONG, activistas, familiares y partidos políticos que exigen conocer los nombres y el alcance total del proceso.

La ONG Provea denunció el martes que “continúan las dilaciones indebidas y los abusos autoritarios”, lo cual, a su juicio, está impidiendo que las liberaciones anunciadas se materialicen por completo.

La primera venta de petróleo venezolano realizada por la administración Trump está valorada en 500 millones de dólares, dijo un funcionario de la administración a Semafor.

Semafor

La venta marca un hito inicial en la gestión de Venezuela por parte de la administración tras el derrocamiento de Nicolás Maduro hace 11 días. El presidente Donald Trump ha indicado que Estados Unidos gobernaría Venezuela por un tiempo indeterminado y tomaría el control de hasta 50 millones de barriles de su petróleo, comercializándolo y vendiéndolo, mientras que las ganancias se distribuirían a Venezuela en un acuerdo sin precedentes.

Trump firmó una orden ejecutiva el viernes que detalló cómo Estados Unidos planea impedir que tribunales o acreedores accedan a los ingresos provenientes de esas ventas de petróleo. Venezuela adeuda a tenedores de bonos internacionales, compañías petroleras y otros hasta 170.000 millones de dólares, una de las razones por las que las empresas estadounidenses se han mostrado reticentes a ayudar a reconstruir la infraestructura del país.

La semana pasada, Trump le dijo al director ejecutivo de ConocoPhillips, Ryan Lance, que Estados Unidos “no va a mirar lo que la gente perdió en el pasado, porque fue su culpa”.

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