Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostuvo este domingo que el régimen iraní “está cruzando una línea” en medio de la brutal represión contra los manifestantes.

Infobae

“Irán está empezando a cruzar (mi línea roja). Parece que hay personas que murieron y que no debían haber muerto. Nos estamos tomando esto muy, muy en serio, el ejército lo está examinando y estamos considerando algunas opciones muy contundentes”, expresó el mandatario a bordo del Air Force One.

Además, afirmó que los líderes del régimen iraní quieren “negociar”, luego de que el mandatario estadounidense advirtiera con acciones militares.

“Los líderes de Irán llamaron” ayer, dijo Trump a periodistas a bordo del Air Force One, y añadió que “se está organizando una reunión (…) Quieren negociar”. Sin embargo, el presidente advirtió que “podríamos tener que actuar antes de una reunión”, en referencia a una posible intervención militar.

Las declaraciones del mandatario estadounidense se produjeron en un contexto de protestas en contra de régimen de los ayatolás que comenzaron hace dos semanas. En un primer momento, las manifestaciones se desarrollaron en rechazo al aumento del costo de vida, pero con el paso de los días se transformaron en un movimiento contra el régimen teocrático que gobierna Irán desde la revolución de 1979.

Según la ONG Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, al menos 500 personas murieron durante las protestas, consideradas las más multitudinarias en Irán desde hace tres años. Esta organización, que ha resultado fiable en episodios similares de los últimos años, obtiene información a través de simpatizantes en Irán que verifican los datos de manera cruzada. El informe detalla que entre los fallecidos hay 490 manifestantes y 48 miembros de las fuerzas de seguridad.

En ese marco, Trump sostuvo el domingo que su gobierno evalúa una posible acción militar contra Irán. “Estamos considerando opciones muy fuertes”, dijo el presidente estadounidense al referirse a los reportes sobre la represión de las protestas.

Cuenta la leyenda que cuando Alejandro Magno llegó a la ciudad de Gordio, los habitantes le mostraron, desafiantes, un carro atado con un nudo muy intrincado. Una antigua profecía sostenía que quien deshiciera el nudo gordiano se apoderaría de toda Asia. Como Alejandro estaba dispuesto a conquistar el mundo, fue seducido por el reto del nudo pero no se inclinó por desatarlo. En cambio, desenvainó su espada y cortó el nudo de un tajo. Desde entonces, la historia sirve como metáfora de la resolución de un asunto complejo mediante un atajo implementado por la fuerza o producto del pensamiento lateral o de una inteligencia que supera a la media. O todas estas cosas juntas.

Por: Karina Mariani – La Gaceta de la Iberosfera

Durante décadas, Occidente eligió esquivar los nudos gordianos relativos a la política internacional. Las razones podrían ser muchas, pereza, cobardía, complicidad o simplemente la mismísima imbecilidad que tan a menudo se manifiesta en ámbitos diplomáticos. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, las naciones triunfantes establecieron instituciones destinadas a garantizar un futuro de paz, justicia y decencia que impidiera una nueva barbarie. Alrededor de esas instituciones se configuró «el orden internacional basado en reglas», sostenido en una serie de acuerdos entre las naciones que funcionó parcialmente, pero que a su vez, permitió el desarrollo de otra feroz guerra, la conocida como «fría» que fue una trampa al solitario que se hicieron las grandes potencias, fingiendo respetar el orden basado en reglas, mientras proseguían sangrientas disputas en sus patios traseros a la espera de ver cómo se desarrollaba la carrera nuclear que podría haber asegurado la destrucción mutua.

Fue gracias a esta segunda variable, la eventual destrucción mutua, que se mantuvo el statu quo, y no tanto por la convicción mundial del orden basado en reglas. Pero, gracias a ese statu quo, se produjo el ascenso del Eje antioccidental formado por China, Rusia e Irán y sus satélites. Durante los primeros años, las instituciones de la posguerra lograron resistir los embates totalitarios, pero en los últimos años este Eje las ha pervertido y la corrupción, la manipulación y la arbitrariedad manifiestas han generado un colapso económico, funcional y de credibilidad de las mismas.

Actualmente, en los organismos internacionales que regentean el «derecho internacional» los líderes elegidos democráticamente están igualados jurídicamente y en desventaja numérica frente a dictadores, muchos de los cuales manejan diestramente tribunales internacionales, las instancias de investigación, la redacción de informes y otros resortes de la burocracia que debía custodiar el «orden basado en reglas» y el «derecho internacional». Así, frente a Estados fallidos ocupados por el terrorismo islamita (como Somalia que en estos momentos preside el Consejo de Seguridad de ONU), frente a países con elecciones fraudulentas, frente a dictaduras que masacran a sus pueblos, etc, estas instituciones resultaron totalmente impotentes.

Su arquitectura legal está rota y obsoleta. Mientras China reescribe los derechos humanos desde dentro del propio Consejo de la ONU y bloquea a las ONG críticas, el purismo jurídico occidental llega al absurdo de calificar como «ilegal» una operación quirúrgica contra terroristas de Hezbolá (el caso de los beepers), pero es incapaz de frenar a gobiernos que financian el terror, lapidan mujeres o avalan el matrimonio infantil. Hoy, el derecho internacional no es un faro civilizatorio, sino el aparato burocrático y legal del Eje antioccidental.

Al igual que los habitantes de Gordio hicieron con Alejandro, a Donald Trump la diplomacia nacional e internacional le planteó el sinnúmero de impedimentos para actuar frente a lo que su Administración considera malo o contrario a sus intereses. Dado que las consecuencias de cualquier acción eran todas malas, mejor no hacer nada…y disimular poniendo algunas sanciones. Así actuó el conglomerado de mandatarios occidentales durante mucho tiempo, hecho que anabolizó al Eje antioccidental que creció exponencialmente en todos los continentes y en el interior de todas las sociedades.

Entonces Trump optó por otro camino. Desoyendo a los predicadores del inmovilismo, el aislacionismo y el alarmismo, atacó letalmente al programa nuclear de Irán sin bajas propias, rápidamente y sin meterse en una guerra. Luego realizó la extracción quirúrgica de Nicolás Maduro en minutos, también sin bajas y sin guerra. En ambos casos cortó el nudo gordiano y salió ganando.

Con estas dos acciones cambió en instantes la realidad del planeta y ridiculizó los «prudentes» cuyas advertencias ya son papel mojado, porque describen un mundo que no existe más, afortunadamente. Tras la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, el mundo debe afrontar la verdad sobre una dictadura que por duración y crueldad representa uno de los mayores escándalos de depravación de la historia. Ya nadie puede negar que existían los presos políticos torturados, la absoluta infiltración de la dictadura cubana, el robo descomunal del patrimonio de los venezolanos depositado en multimillonarias cuentas en Suiza. Gracias a Trump, quienes miraban las atrocidades del régimen chavista y se encogían de hombros se transformaron en auténticos enemigos de una sociedad justa y están reaccionando como fieras enjauladas, defendiendo lo indefendible.

A pesar de que los supuestos «imparciales» sostienen que los cargos contra el tirano Maduro son pocos y livianos, las denuncias son abrumadoras. Según las confesiones del exjefe de inteligencia del régimen “El Pollo” Carvajal y a diversas demandas presentadas en EEUU y en el mundo, la dictadura venezolana era una corporación criminal transnacional dedicada al narcotráfico global y al espionaje contra Occidente, en alianza con Rusia, China y Cuba. A este entramado se incluiría la denunciada de manipulación electoral global mediante la empresa Smartmatic y la infiltración de agentes en suelo norteamericano. Pero pronto se hablará de la acusación más atroz: la ejecución de crímenes de lesa humanidad centrados en la detención, tortura sistemática y abuso sexual de niños y adolescentes tras el fraude de 2024. Quienes sostienen que no hay denuncias por cargos de lesa humanidad, simplemente mienten.

Los «iluminados» nos alertan acerca de que la política de Trump hacia Venezuela tiene poco que ver con las drogas o los DDHH y más con intereses petroleros y de influencia regional. Una combinación de todas estas cosas no quita ni un ápice de beneficios a la extracción de Maduro. Los venezolanos no son ingenuos: saben que no hay rescates gratuitos, pero eso no les impide festejar la caída del tirano y esperanzarse con el fin del chavismo. Todas las tiranías al desmoronarse producen caos e incertidumbre, pero siempre es preferible a las 3 décadas de opresión criminal; minimizar esto es de un paternalismo repugnante. Lo que esconden quienes están resentidos con las “formas” que llevaron a la detención de Maduro es que el sistema internacional que defendían fue incapaz de conseguir resultados y que no tienen ni idea de como solucionarlo ni pueden brindar alternativas.

Luego la, mil veces repetida, narrativa de que el combate a una cruenta dictadura no justifica que se viole el derecho internacional porque esto habilita al imperialismo y la ley del más fuerte, desconoce que esa habilitación estaba de facto, y la ley del más fuerte es justamente lo que describe a una dictadura. Hacerse el distraído con este principio no es ingenuo, es vil.

Con la fetichización del Derecho Internacional pasa algo similar que con el Estado de Bienestar, se presenta como una entidad animada abstracta cuya sola existencia garantiza el triunfo del bien y la bondad, independientemente de quién sea el administrador del mismo y de sus intereses. La remanida invocación de la ONU como si fuera un árbitro justo, cuando está conformada por una nutrida cantidad de países regidos por la ley del más fuerte es también absurda. Al trastocar los cimientos éticos de nuestra civilización, el progresismo ha erigido el derecho internacional como un nuevo dogma: un instrumento de poder absoluto legitimado para evadir la oposición.

La condena a la captura de Maduro bajo el pretexto de defender el “orden global basado en normas” es una falacia cínica. La impunidad de Putin, Xi Jinping, Kim Jong-un o Jamenei demuestra que el derecho internacional ha dejado de ser un dique contra la barbarie para convertirse en el escudo de su perpetuación. Lejos de contener a los tiranos, el sistema actual garantiza su supervivencia: una ONU secuestrada donde Rusia y China paralizan el Consejo de Seguridad y donde una Asamblea dominada por Estados fallidos ignoró en 2025 las masacres de la insurrección iraní y los crímenes en Cuba o Venezuela.

El ataque relámpago que terminó con Maduro preso ha tenido otro efecto, ha generado inquietud en Moscú y Pekín, valedores del tirano sudamericano. Después de todo, a ningún dictador le gusta ver a un socio capturado, para colmo con tanta facilidad. Si Trump busca reafirmar su versión de la Doctrina Monroe, la bautizada “Doctrina Donroe”, la advertencia a las otras potencias para que se mantengan fuera de sus áreas de interés ha sido contundente.

Luego, grandes sectores de la política y de la intelectualidad internacional denuncian cualquier acción tendiente a un “cambio de régimen” como si la implementación de regímenes autoritarios no fueran un cambio de régimen en sí. El cambio de régimen es un objetivo tabú desde experiencias como Irak y Afganistán y del sórdido recuerdo de Vietnam. Pero denunciar la intervención como la antesala del peligro imperial es ocultar que el Eje antioccidental ya viene funcionando así y, si bien es cierto que no es bueno comerse al caníbal, peor es servir a los propios de cena para que el caníbal no se ofenda.

Poner ejemplos traumáticos cuidadosamente seleccionados es una vieja táctica de la izquierda: mezclar peras con merluzas citando fracasos pasados mientras se ignoran los aciertos históricos. Por eso invocan selectivamente los citados fantasmas mientras ocultan deliberadamente los éxitos de reconstrucción como Alemania o Japón, utilizando el miedo al futuro como la coartada perfecta para tolerar la barbarie presente.

Ocurre que Trump ha enfurecido a sus críticos al llevar a cabo una demostración de fuerza que sólo pueden permitirse las grandes potencias, con la que ha mejorado al mundo. Ha burlado al nudo, demostrando que el orden basado en normas era una ilusión y recordándoles que han vivido equivocados, ya que para lo único que había servido en estos años fue para limitar la capacidad de las víctimas de defenderse o de ser defendidas.

Si la liberación de los presos políticos venezolanos es producto de una previa “violación del derecho internacional”, flaco favor le hacen al concepto mismo del “derecho internacional”, demostrando la nefasta herramienta en que se ha convertido. Culpar a Trump de esta degradación es miopía pura. Esa falsa equivalencia moral entre Washington y Caracas, sumada al miedo a la acción decisiva, es lo que convierte a estos defensores del status quo en los mejores aliados de la tiranía. La supuesta defensa de la legalidad internacional no puede servir de guardia pretoriana de los dictadores.

No existe música más sublime que el estruendo de un cerrojo que se abre para devolver la libertad. Cada vez que un ser humano logra salir de prisión, el alma se ensancha; pero ese festejo es mucho más hondo y trepidante cuando se trata de alguien que padeció un encierro injusto, de esos que Nicolás Maduro ordenó con sevicia contra quienes nos atrevimos a disentir de sus arbitrariedades.

Aquel 16 de noviembre de 2017, mientras emprendía mi fuga hacia lo desconocido, mascullaba en silencio las palabras que Don Quijote dirigió a Sancho Panza: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre”. Esa máxima no era para mí literatura: era el oxígeno que necesitaba para dejar atrás los muros de la opresión.

Mi relación con el submundo carcelario venezolano no comenzó con mi persecución, sino con mi vocación de servicio. En marzo de 1984, al asumir mi curul como diputado al Congreso Nacional, fui designado presidente de la Comisión Permanente de Asuntos Penitenciarios. Desde esa responsabilidad me propuse conocer la realidad cara a cara: visité cada centro de reclusión, desde el hoy demolido Retén de Catia, en el oeste de Caracas, hasta la Cárcel de Santa Ana, en el Táchira.

En aquel entonces, junto a mentes brillantes y expertos en la materia como Elio Gómez Grillo, Lolita Aniyar de Castro y José Luis Vethencourt, organizamos debates profundos y enjundiosos. Diagnosticamos el colapso del sistema penitenciario venezolano: cárceles comunes sumidas en graves problemas estructurales que derivaban en condiciones de vida infrahumanas. Confirmamos un hacinamiento que excedía con creces la capacidad de las instalaciones, favoreciendo la propagación de enfermedades y dificultando la provisión de atención médica adecuada. La desnutrición era otro flagelo persistente. A ello se sumaba la lentitud de los procesos judiciales, el cuestionado retardo procesal que condenaba a miles de personas a largos períodos de prisión preventiva sin sentencia definitiva.

Quién iba a decirme que, treinta y un años después, regresaría a esos recintos no como legislador, sino como una víctima más de una dictadura y de ese mismo sistema traumatizado que intenté reformar. Viví en carne propia lo que hoy padecen miles de ciudadanos: la detención arbitraria. Mi calvario superó los mil días de encierro, transitando por las celdas del Helicoide, los muros de la Cárcel Militar de Ramo Verde y la asfixia del arresto domiciliario. En todo ese tiempo, solo se me permitió asistir a una audiencia. Para suspender las demás, el régimen recurría a excusas tan absurdas como recurrentes: “no hay unidades”, “no hay gasolina”, “el juez está enfermo”. Fue esa burla sistemática a la justicia la que me llevó a organizar mi propia autoliberación, una travesía que me condujo hasta Cúcuta y, finalmente, a Madrid.

Hoy, cuando se habla de excarcelar a centenares de hombres y mujeres que jamás debieron pisar ese infierno, no puedo sino pensar en el reencuentro largamente anhelado. Porque del otro lado de las rejas, las familias también cumplen condenas injustas, consumiéndose entre la espera y la incertidumbre.

Cuando imaginamos la reconstrucción de nuestra nación devastada, solemos concentrarnos en las finanzas, la economía, la superación de la pobreza y el colapso de los servicios públicos. Sin duda, son urgencias impostergables. Pero la verdadera reconstrucción debe ser moral: debemos jurar que nunca más se encarcelará a un inocente por sus ideas. El compromiso ineludible es clausurar para siempre las prácticas de desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales y la tortura. Ese pasado debe quedar sellado bajo el peso de la justicia.

Estas excarcelaciones —y la recuperación definitiva de la libertad plena en Venezuela— constituyen el mejor homenaje póstumo a nuestros mártires. Es el tributo a los millones que ofrendaron su vida en las calles; a quienes marcharon enarbolando banderas; a los que gritaron “con mis hijos no te metas”; a los que lo arriesgaron todo en huelgas de hambre, revocatorios, plebiscitos, vigilias y procesos electorales.

La libertad no es solo la ausencia de cadenas: es la garantía de que ningún venezolano vuelva a transitar el calvario de la persecución. Por ellos, por nosotros y por los que vendrán, la lucha continúa hasta que el último cerrojo de la tiranía sea definitivamente destruido.

AntonioLedezma.net

No podemos permitir que la costumbre, el ruido informativo o la ansiedad propia de los procesos históricos nos hagan perder de vista lo esencial.

Solo ha pasado una semana desde la operación ejecutada por Estados Unidos en Venezuela y el régimen ya no luce como un poder sólido, sino como lo que realmente es, una estructura frágil, sostenida por la intimidación y el control criminal del Estado.

En apenas siete días, la narrativa oficial se ha resquebrajado. El régimen ha quedado expuesto. Ha sido desnudado ante el país y ante el mundo. Sus voceros ya no transmiten seguridad, sino nerviosismo; sus decisiones ya no expresan autoridad, sino improvisación; y sus movimientos internos revelan una realidad inocultable, están bajo una presión interna y externa insostenible.

Lo que hoy se impone es una verdad política que por años algunos buscaron relativizar, la transición no ocurre por concesiones espontáneas de una dictadura, sino cuando la correlación de fuerzas la obliga.

Durante demasiado tiempo, los venezolanos exigimos firmeza ante un poder que se alimentaba del chantaje, la represión y la impunidad.

Esa fuerza —negada, pospuesta o satanizada por sectores cómodos— es precisamente lo que ha empezado a abrir un cauce real para una salida.

Este hecho no debe ser interpretado como un evento aislado, sino como el inicio de un nuevo capítulo: uno en el que el régimen, debilitado y fracturado, se ve obligado a evaluar escenarios que antes rechazaba por arrogancia o por cálculo criminal.

Facilitar una transición ya no es una opción lejana; es una presión inmediata que crece con cada hora que pasa.

El país tiene derecho a comprender la magnitud de lo ocurrido, porque cuando el miedo cambia de bando, la historia cambia de ritmo.

Y hoy Venezuela está viviendo ese cambio. La tarea de la dirigencia democrática —y del ciudadano común— es clara: no bajar la guardia, no caer en distracciones y no permitir atajos que rescaten a los responsables.

Una transición verdadera no puede significar reciclaje de culpables ni borrón y cuenta nueva. Debe significar justicia, liberación de los presos políticos, cese de la persecución y reconstrucción institucional.

No olvidemos el dato central: solo ha pasado una semana. Y el régimen ya no impone condiciones: las recibe. Esa es la señal más nítida de que el fin del ciclo de terror ha comenzado.

Omar González Moreno

Durante décadas, y salvo por honrosas excepciones, la tragedia venezolana fue analizada como un pleito doméstico o, a lo sumo, como una reminiscencia ideológica tardía de la Guerra Fría. El impacto de lo que se gestaba fue menospreciado abiertamente, cuando no, desvirtuado u ocultado de forma cómplice. Sin embargo, las acciones del pasado 3 de enero, evidencian su calibre y alcance. 

Para comprender este sismo político, conviene utilizar la metáfora del Problema de los Tres Cuerpos, un concepto de la física con una aplicabilidad escalofriante a la geopolítica actual, popularizado por Cixin Liu y que Niall Ferguson emplea en su obra Doom: The Politics of Catastrophe

En la física clásica, la interacción entre dos cuerpos es predecible. Políticamente, esto se traduciría en la Doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD), que mantenía un equilibrio tenso pero previsible durante la Guerra Fría, tras la Segunda Guerra Mundial. De igual manera, la larga relación Venezuela-EEUU: petróleo por dólares, una dependencia mutua que, aunque con fricciones en este siglo, mantenía una órbita estable. Pero el chavismo, en su naturaleza autoritaria, decidió invitar a otros gigantes al baile. El sistema se volvió tripolar y, por definición, inherentemente caótico.

Así las cosas, Venezuela no es un conflicto aislado; es un nodo donde colisionan tres masas gravitacionales de fuerzas políticas, económicas, militares, tecnológicas y culturales de alcance global:

  1. Cuerpo 1 (Eje Liberal-Democrático): EEUU y la red de democracias liberales cuya fuerza es la presión económica y el imperativo de la restauración institucional.
  2. Cuerpo 2 (Eje Panóptico-Autoritario): China, Rusia y otro conjunto de gobiernos autoritarios, proveedores del andamiaje financiero, tecno-militar y mediático, para el control y la vigilancia.
  3. Cuerpo 3 (Eje Ilicitud): redes de ilegalidad como el Cártel de los Soles o el Tren de Aragua, grupos guerrilleros y terroristas (ELN, Hezbolá, Hamas), mafias de corrupción y economías negras (tráfico de oro/narcóticos/armas/personas), con sus correspondientes entes de lavado y legitimación de capitales.

La acción ordenada por el Presidente Trump el 3 de enero no fue solo una operación de captura policial; resulta en una colisión geopolítica que extrae a Venezuela de la órbita de los Cuerpos 2 y 3.

La transición no es un interruptor

A pesar del inocultable impacto, el sistema no sana automáticamente con la remoción de la cabeza. Persiste el caos. La designación de figuras del sistema para estabilizar la transición -como D. Rodríguez- no debe leerse como un pacto de impunidad, sino como una estrategia de desmantelamiento desde lo interno: ‘cuña del propio palo’. El objetivo es claro: desactivar los nodos de inteligencia cubana y rusa antes de que el sistema intente un reacomodo gatopardiano.

Sin embargo, el tiempo es el recurso más escaso y el arma favorita de quienes apuestan al fracaso. Por ello, la prioridad absoluta hoy no es la retórica electoral, sino la Seguridad. No habrá democracia donde las redes de la ilicitud sigan controlando el territorio.

La prioridad: Seguridad 

La estrategia que guía esta transición es clara: la democracia no es el punto de partida, es el premio de salida. En un sistema de tres cuerpos, si la «masa» de la ilicitud (el Cuerpo 3) no es neutralizada, cualquier intento de reorganización institucional será devorado por el caos. Por lo tanto, hay al menos 3 ejes a considerar:

  • Seguridad física y control territorial: La prioridad absoluta es recuperar el Monopolio de la Fuerza por parte del Estado y desarticular las redes horizontales de ilicitud que convirtieron al país en un santuario del crimen. Estas redes son más resistentes que las jerarquías verticales, por lo que la estrategia incluiría el aseguramiento fronterizo, así como la protección de instalaciones críticas: Guri, pozos, refinerías, puertos, aeropuertos, telecomunicaciones, etc.
  • Ciberseguridad: El control del ciberespacio es el campo de batalla donde se protege la data del Estado y se neutraliza la influencia extranjera. El aseguramiento de la Bóveda de Cristal, fusión masiva de bases de datos (SAIME, banca pública, Sistema Patria) es crucial. Su control permite realizar transferencias monetarias directas a la población -quebrando el control social del régimen- y asfixiar financieramente a los nodos criminales. En manos indebidas, esta información permitiría la persecución biopolítica (listas de objetivos) y el sabotaje quirúrgico de la infraestructura nacional, financiando una insurgencia prolongada para minar la transición a la democracia.
  • Paz social y liderazgo: La transición enfrenta una estabilidad precaria que puede ser saboteada por los mismos actores que causaron la crisis, instrumentalizando el malestar social. La existencia de un liderazgo nacional reconocido, personificado por María Corina Machado, es el elemento fundamental para bajar las tensiones internas. Su liderazgo proporciona la confianza necesaria para que la sociedad resista las presiones de los actores del antiguo régimen que intentarán aprovechar la destrucción multidimensional generada por el socialismo del siglo XXI para descarrilar la transición.

Gestión Económica de Transición. 

Resulta desaconsejable que los fondos de la reconstrucción se canalicen por las ‘cajas negras’ de PDVSA o el BCV. Se debería crear un fideicomiso de transición, como instancia técnica, mediante una cuenta de custodia internacional (Escrow) en un banco de los EEUU, que opere con transparencia radical, mostrando en tiempo real cada transacción petrolera. Para avalar su transparencia, este flujo ha de ser auditado por una estructura, que podría ser tripartita, combinando profesionales venezolanos (de confianza de Machado, que desarrollaron el programa Venezuela Tierra de Gracia, para definir la canalización de gasto), la supervisión de organismos multilaterales y una contraloría ciudadana activa.

El destino de estos fondos se priorizaría para estabilizar la economía y quebrar el control social del antiguo régimen y los recursos se concentrarían en al menos áreas críticas: transferencias monetarias directas a la población vulnerable para eliminar el control sociopolítico, gasto corriente para mantener el funcionamiento de la administración pública y un fondo para las importaciones y la recuperación de la infraestructura básica. De este modo, el ingreso del periodo de transición se convierte en motor de la estabilización orbital del país.

El liderazgo de la esperanza

En medio de esta física de fuerzas brutales, queda la variable humana, el eje alrededor del cual giran el rescate e impulso a futuro de la sociedad venezolana. Ahí, el liderazgo de Machado se posiciona como elemento central para contener las tensiones de una sociedad herida. 

La ruptura ya ocurrió. Ahora toca asegurar que el aterrizaje sea el inicio de nuestra propia ley de gravedad: la de la justicia y la libertad.

Sary Levy-Carciente

El número de fallecidos bajo la custodia del Estado venezolano ascendió este sábado a 26 tras la muerte del policía del estado Portuguesa, Edison José Torres Fernández, de 52 años de edad, quien se encontraba detenido desde el pasado mes de diciembre.

El Nacional

El Comité por la Libertad de los Luchadores Sociales afirmó en sus redes sociales que son 26 los presos por razones políticas que han muerto bajo custodia del Estado desde 2015.

“La gran mayoría ha fallecido producto de las condiciones de prisión, falta de atención a su salud o torturas. Al día de hoy, 11 de enero, suman 26 estos Crímenes de Estado”, señaló la organización.

El Ministerio Público confirmó este domingo la muerte bajo custodia del Estado de Edison José Torres Fernández. En un comunicado, la entidad indicó que Torres Fernández «presentó una descompensación súbita de salud, por lo que fue trasladado de manera inmediata al centro asistencial, ingresando con signos vitales y siendo atendido oportunamente por personal médico».

«No obstante, sufrió un evento cerebrovascular seguido de un paro cardíaco, que ocasionó su fallecimiento» en el hospital Dr. Domingo Luciani, en el este de Caracas, agregó el MP. 

Torres Fernández era funcionario de la Policía del estado Portuguesa, a unos 400 kilómetros de Caracas, con más de 20 años de servicio, según el Comité de Familiares por la Libertad de los Presos Políticos (Clipp).

Esta organización detalló que Torres Fernández fue detenido el 9 de diciembre de 2025 por compartir mensajes críticos contra el régimen y el gobernador del estado».

Indicó que «se le imputaron delitos de traición a la patria y asociación para delinquir».

¿Quiénes son los presos muertos bajo custodia del Estado venezolano?

A continuación, la lista de las 26 personas presas por razones políticas que, según el Comité por la Libertad de los Luchadores Sociales, han muerto bajo custodia del Estado venezolano desde 2015:

  1. Rodolfo Pedro González (murió el 12/03/2015 en El Helicoide)
  2. Carlos Andrés García (murió el 17/09/2017 en El Helicoide)
  3. Rafael Arreaza (murió el 30/11/2017 en Ramo Verde)
  4. Fernando Albán (murió el 8/10/2018 en el Sebin)
  5. Nelson Martínez (murió el 12/12/2018 en la Ggcim)
  6. Virgilio Jiménez Urbina (murió el 5/02/2019 en la cárcel de Uribana-Lara)
  7. Ángel Javier Sequera Romero (murió el 9/03/2019 en los calabozos del Cicpc-Bolívar)
  8. Elwin Mendoza (murió el 24/03/2019 en el Destacamento 113 de la GNB-Zulia)
  9. Rafael Acosta Arévalo (murió el 19/06/2019 en la Dgcim)
  10. Wilfredo José Heredia Rodríguez (murió el 9/02/2020 en la Dgcim)
  11. Luis Armando Monsalve Estaba (murió el 31/05/2020 en la Dgcim)
  12. Pedro Pablo Santana (murió el 14/08/2020; tenía arresto domiciliario)
  13. Salvador Franco (murió el 03/01/2021 en el Internado Judicial Rodeo II)
  14. Gabriel Andrés Medina Díaz (murió el 29/08/2021 en el Centro de Formación Hombre Nuevo Nelson Mandela de La Pica-Monagas)
  15. Raúl Isaías Baduel (murió el 12/10/2021 en El Helicoide)
  16. Armando Flores Piñango (murió el 23/08/2022 en Ramo Verde)
  17. Leoner Azuaje Urrea (murió el 21/04/2023 en El Helicoide)
  18. Juan Manuel Almeida Morgado (murió el 16/05/2023; tenía arresto domiciliario)
  19. Marino Lugo Aguilar (murió el 17/04/2024 en la Dgcim)
  20. Jesús Manuel Martínez Medina (murió el 14/11/2024 en el Hospital Luis Razetti de Barcelona-Anzoátegui; estaba bajo custodia de la PNB)
  21. Jesús Rafael Álvarez (murió el 12/12/2024 en el Internado Judicial de Tocuyito-Carabobo)
  22. Osgual Alexander González Pérez (murió el 16/12/2024 en el Internado Judicial de Tocuyito-Carabobo)
  23. Reinaldo Araujo (murió el 24/02/2025 en los calabozos de la Policía de Trujillo)
  24. Lindomar Jesús Amaro Bustamante (murió el 03/05/2025 en el Centro Penitenciario de Aragua, Tocorón)
  25. Alfredo Javier Díaz Figueroa (murió el 06/12/2025 en El Helicoide)
  26. Edison José Torres Fernández (murió el 10/01/2026 en hospital Dr. Domingo Luciani, Caracas)

Liberación de presos políticos

El pasado jueves, las autoridades anunciaran la liberación de un «número importante» de estos detenidos, un proceso que organizaciones no gubernamentales y la oposición mayoritaria denuncian que avanza a cuentagotas.

Alfredo Romero, director de la ONG Foro Penal, publicó este domingo un balance actualizado sobre el proceso de excarcelaciones en el país y aseguró que desde el pasado 8 de enero, solo se han registrado 17 excarcelaciones.

“803 presos político se mantienen encarcelados”, expresó en un mensaje publicado en X.

Los soldados rusos combaten en Ucrania desde hace 1.418 días, los mismos que el Ejército Rojo en la Gran Guerra Patria (1941-45), la mejor demostración de que lo que comenzó hace casi cuatro años como una operación militar especial (SVO, según sus siglas en ruso) se ha convertido en una guerra de desgaste, de incierto final y catastróficas consecuencias para el Kremlin.

EFE

La conocida ya para los anales de la historia como la Guerra de Ucrania comenzó en la madrugada del 24 de febrero de 2022 y, aunque el pasado año ambos bandos volvieron a la mesa de negociaciones, ni rusos ni ucranianos ven aún la luz al final del túnel.

Los soldados soviéticos combatieron en el marco de la Segunda Guerra Mundial -los dos primeros años la URSS no fue un país beligerante, ya que firmó un pacto de no agresión con Alemania- desde la invasión nazi de la Unión Soviética el 22 de junio de 1941 hasta la toma del Reichtag en Berlín el 9 de mayo de 1945.

El Ejército Rojo perdió más de 8 millones de hombres en la contienda mundial, a los que hay que sumar unos 18 millones de civiles, según fuentes oficiales.

Mientras, las Fuerzas Armadas rusas habrían sufrido en Ucrania, según fuentes independientes, más de un millón de bajas en sus filas, de ellos entre 200.000 y 300.000 muertos (más de un 13 % de los movilizados). Moscú sólo reconoce 5.937 fallecidos, la última cifra que Defensa publicó en septiembre de 2022.

La “blitzkrieg” que se convirtió en una guerra

Lo que debía ser una guerra relámpago (blitzkrieg) se ha vuelto una agotadora campaña militar en la que el Kremlin ha gastado ingentes cantidades de dinero (un 7 % del PIB en 2025) y pagado un alto costo en vidas humanas, debido a la feroz resistencia ucraniana.

El presidente ruso, Vladimir Putin, que comparó desde un principio “la noble causa” que persigue la ‘operación militar especial’ con los objetivos de la Gran Guerra Patria, aseguró en la misa de Navidad que la SVO es una guerra “santa”.

“A menudo llamamos a Dios el Salvador, ya que vino a la Tierra para salvar a todos los hombres. Pues los soldados, los soldados rusos, cumplen siempre, como por orden del Señor, la misión de defender la patria y a su pueblo. La salvación de la patria”, comentó.

Le secundó el patriarca ortodoxo Kiril, quien llamó “traidores a la patria” a aquellos que no apoyan la guerra de Putin. Y es que la ‘Victoria’ en Ucrania es la nueva utopía, el credo que profesa el Kremlin y sus más estrechos aliados como la Iglesia.

Poco importa que en la II Guerra Mundial fueran las tropas hitlerianas las que invadieran territorio soviético en 1941, mientras en la actual contienda es justamente al revés. Rusia es, a ojos de la gran mayoría de la comunidad internacional, el invasor y ocupante.

Fue el diario Pravda el que acuñó el nombre de Gran Guerra Patria en el artículo publicado el 23 de junio de 1941, un día después de la invasión nazi. La actual es conocida como SVO, acrónimo de Operación Militar Especial, pero los rusos la conocen simple y llanamente como “la guerra”.

Kiev en tres días, Maduro en tres horas

“Kiev en tres días”, era la frase más repetida por los propagandistas del Kremlin en las primeras horas de la campaña militar. No obstante, la fallida operación de asalto del aeródromo de Gostómel echó por tierra los planes de tomar la capital ucraniana.

Le seguirían casi cuatro años de hostilidades, en las que los rusos ni siquiera han sido capaces de conquistar el territorio de las cuatro regiones ucranianas que el Kremlin se anexionó sobre el papel de la Constitución rusa en septiembre de 2022.

“¡Podemos repetir! ¡Vamos a Berlín!”, decían también entonces los ultranacionalistas, los mismos que ahora se rasgan las vestiduras en las redes sociales con la captura a manos de EE.UU. del líder venezolano, Nicolás Maduro, “en apenas tres horas”.

Mientras, el líder ucraniano, Volodímir Zelensky, considerado por Moscú el líder de un régimen ‘neonazi’, sigue en Kiev y se niega a capitular.

En 1.418 días los soviéticos expulsaron a las tropas hitlerianas de su territorio, liberaron las principales ciudades de Europa Oriental y tomaron la capital del III Reich.

Mientras, los rusos han conquistado en la última semana cinco pequeñas localidades ucranianas después de tomar entre 5.000 y 6.000 kilómetros cuadrados en 2025, muy lejos de lo previsto por el Estado Mayor.

En total, los rusos han conquistado aproximadamente unos 94.000 kilómetros cuadrados (la superficie de Hungría), una quinta parte del territorio ucraniano -el 7 % ya estaba bajo control prorruso en 2022-. El ejército ruso llegó a controlar casi el 40 % del territorio ucraniano en los primeros meses de los combates.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó la noche del domingo 11 de enero, a bordo del Air Force One, que recibirá en los próximos días a la líder opositora venezolana y ganadora del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado.

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En sus declaraciones a la prensa, Trump precisó que el encuentro está programado para el martes o miércoles (14 o 15 de enero).

«Recibiré a María Corina Machado el martes o miércoles», afirmó el mandatario republicano, generando gran expectativa en Venezuela y la comunidad internacional.

Este sería el primer encuentro cara a cara entre Trump y Machado, en un contexto marcado por la captura de Nicolás Maduro a inicios de enero de 2026 y el establecimiento de Delcy Rodríguez como presidenta interina del régimen chavista.

Donald Trump había mencionado por primera vez la posibilidad de reunirse con María Corina Machado el jueves 8 de enero, durante una entrevista en el programa Hannity de Fox News con el presentador Sean Hannity.

En esa ocasión, el presidente indicó que Machado viajaría a Washington «la próxima semana» y expresó que esperaba «saludarla», al tiempo que calificó como «un gran honor» la oferta de Machado de compartir o entregarle su Premio Nobel de la Paz 2025, que ella dedicó públicamente a Trump por su «apoyo decisivo» a la causa venezolana.

La confirmación del domingo 11 desde el Air Force One refuerza el interés de la administración Trump en dialogar directamente con la figura opositora más reconocida internacionalmente, en medio de debates sobre el futuro político de Venezuela, la transición democrática y posibles inversiones estadounidenses en el sector petrolero.

El Foro Penal, organización venezolana de derechos humanos, confirmó la liberación de 24 presos políticos en la madrugada de este lunes en Venezuela, según un mensaje publicado a través de su cuenta en la red social X. Entre los excarcelados figuran tanto ciudadanos venezolanos como extranjeros, quienes permanecían detenidos en los centros penitenciarios La Crisálida y El Rodeo 1.

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De acuerdo con la información difundida por el Foro Penal, en el centro La Crisálida se produjo la excarcelación de nueve personas: Yuli Marcano Rojas, Beverly Polo, Deisy Hugles González, Raymar Nohely Pérez Alvarado, Rosa Carolina Chirinos Zambrano, Sonia Josefina González Jiménez (madre de Deisy), Yerussa Cardoso Vega, Jhexica Isabel Aponte Figueroa y Yoli Becerra.

En el penal El Rodeo 1 fueron liberados quince detenidos, entre ellos Gilberto Rafael Polo, Amilkar Manolo Herrera, Alan Nilson Correia Solorzano, Andrés Eloy Hugles, Helio Alexis Sánchez, Rafael Alberto Sánchez López, William Rafael Brito Brito, Renzo Alexander Lara Reyes, Yosbel José Espinoza Salazar, Humberto José Prieto, Alexis Antonio Rivero Mendoza, José Luis Agrimon Alejandrina, Alberto Trentini (de nacionalidad italiana), Mario Burló (también italiano) y Alejandro González de Canales Plaza.

El Foro Penal indicó que está “verificando otras excarcelaciones de venezolanos y extranjeros que también habrían tenido lugar esta madrugada”, según el mensaje difundido en la plataforma X.

La Plataforma Unitaria emitió un fuerte pronunciamiento este domingo tras confirmarse la muerte del preso político Edinson José Torres Fernández, quien falleció bajo custodia del Estado en la sede de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) Zona 7 en Boleíta, Caracas.

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En su mensaje publicado en la red social X, el bloque opositor calificó el fallecimiento de Torres Fernández, de 52 años, como un hecho sumamente grave que se suma a las permanentes violaciones de derechos humanos que enfrentan las personas privadas de libertad en Venezuela.

Torres Fernández, funcionario de la Policía del estado Portuguesa con más de 20 años de servicio, fue detenido el 9 de diciembre de 2025, tras compartir mensajes críticos contra el régimen y las autoridades locales, y fue recluido en la Zona 7 de la PNB, donde murió el 10 de enero de 2026, apenas días después de los anuncios oficiales de excarcelaciones de presos políticos.

La Plataforma Unitaria exigió una investigación inmediata, independiente e imparcial sobre su muerte, así como sobre todas las que han ocurrido bajo la responsabilidad y complicidad del régimen chavista, y recordó que el Estado está obligado a garantizar la vida y la integridad física de todas las personas privadas de libertad, tal como lo establece la Constitución nacional.

El pronunciamiento también incluyó un mensaje de solidaridad con la familia de Torres Fernández, expresando las “más sinceras condolencias” a su esposa, a sus dos hijos adolescentes, así como a sus familiares y allegados, y deseándoles fortaleza ante tan dolorosa pérdida.

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