Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

Delcy Rodríguez, la recién posesionada presidenta encargada de Venezuela, aseguró que no hay “agente externo” que gobierne en el país.

Las palabras llegan después de que la líder chavista se mostrara abierta a cooperar con Donald Trump, quien la amenazó con que terminaría peor que Nicolás Maduro si no hace lo “correcto”.

«El gobierno de Venezuela rige en nuestro país, más nadie, no hay agente externo que gobierne a Venezuela. Es Venezuela, es su gobierno constitucional», dijo.

La líder opositora venezolana María Corina Machado volvió a poner en el centro del debate político la situación de los presos políticos y aseguró que su liberación constituye “el primer paso” para una transición genuina hacia la democracia en Venezuela. El pronunciamiento fue difundido a través de un mensaje público dirigido a los familiares de los detenidos, en el que reivindicó el sacrificio de quienes se enfrentaron al poder y permanecen encarcelados.

Por: Felicitas Urroz Baeza – Infobae

“Tu papá es un héroe y un ejemplo para Venezuela”, expresó Machado en un mensaje dedicado a Ramón, hijo de uno de los presos políticos, al que definió como parte de una generación de venezolanos que “arriesgaron todo” para construir un país donde se pueda vivir con dignidad. La dirigente destacó que ese esfuerzo no fue individual, sino colectivo, y lo vinculó con el reclamo histórico de la oposición por libertades políticas y derechos fundamentales.

En su mensaje, Machado describió el país que, según planteó, debe surgir tras el cambio político: uno con educación de calidad, con protección para los adultos mayores, con condiciones seguras para la inversión y con un modelo que permita desplegar el ingenio y la innovación. También hizo referencia a uno de los puntos más sensibles de la crisis venezolana: el exilio forzado de millones de ciudadanos. “Para que nuestros hijos regresen a casa y nuestras familias estén unidas”, sostuvo.

La dirigente remarcó que la situación de los presos políticos no es un tema marginal sino estructural, y aseguró que la lucha por su liberación es permanente. “Por él, por cada uno de los que hoy están en prisión, luchamos día y noche”, afirmó, en un pasaje que refuerza el tono personal y emocional del mensaje, pero que al mismo tiempo busca instalar una definición política concreta.

Según Machado, no puede haber una transición democrática real sin la liberación de todas las personas detenidas por motivos políticos. En ese sentido, sostuvo que ese gesto sería la señal inicial de un cambio de rumbo institucional en Venezuela, tras años de denuncias por persecución, detenciones arbitrarias y violaciones a los derechos humanos.

Organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos han advertido en reiteradas ocasiones sobre la existencia de presos políticos en Venezuela, una situación que se agravó en distintos momentos de tensión política y electoral. El reclamo por su liberación se mantiene como una de las principales banderas de la oposición y como una condición central para cualquier proceso de normalización democrática.

Los presos

Los números que maneja el Foro Penal, la organización no gubernamental venezolana especializada en documentar presos políticos, son abrumadores. Al 29 de diciembre de 2025, había 863 presos políticos en Venezuela. De ellos, 755 son hombres, 106 mujeres y 1 adolescente; 687 son civiles y 176 mlitares. Otro grupo considerable es el de los extranjeros, en el cual hay 86 secuestrados. Los más reconocidos entre ellos son Nahuel Gallo (Argentina), Rocío San Miguel (España) y Alberto Trentini (Italia), entre otros.

Entre los venezolanos de mayor renombre figuran: Emirlendris Benítez, quien al momento de su cautiverio estaba embarazada y producto de las torturas abortóNélida Sánchez, defensora de derechos humanos. Fue quien formó a los fiscales electorales para defender los votos en 2024 y lograr demostrar la derrota de MaduroEnrique Márquez, excandidato presidencial de la izquierda disidenteMaría Oropeza, importante dirigente de Vente Venezuela que transmitió en vivo su detención. Freddy Superlano, cuyo video al momento de su secuestro dio la vuelta al mundo.

El periodista nicaragüense Miguel Mendoza asegura que ha recibido información de “al menos 15 ciudadanos arrestados en Chontales (su provincia de origen) señalándolos de celebrar la captura del Maduro”.

Por: Carlos Gutiérrez – Infobae

Asimismo, Mendoza publicó en X que “la policía sandinista capturó al conocido periodista Oswaldo Rocha, bajo la acusación de comentar sobre la caída del ex dictador Nicolás Maduro Moros”.

La plataforma 100% Noticias también reportó que “en ese período, se han reportado secuestros de varias personas que realizaron publicaciones en redes sociales relacionadas con la captura de Maduro, en una nueva escalada represiva dirigida a silenciar cualquier manifestación de opinión o respaldo simbólico a los acontecimientos en Venezuela”.

La captura de Nicolás Maduro ocurrió el 3 de enero en Caracas durante una operación militar ejecutada por Estados Unidos. Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron llevados a territorio estadounidense para enfrentar cargos federales, incluidos narcotráfico y conspiración, y comparecieron este lunes ante un tribunal en Manhattan.

La reacción oficial de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo fue tardía y cautelosa. Tras casi 14 horas tras conocerse la detención de Maduro, el régimen emitió una comunicación que evitó las habituales retóricas agresivas contra Estados Unidos.

En su primer pronunciamiento oficial, el régimen dijo: “Acompañamos de corazón… y exigimos la liberación inmediata del Presidente, compañero Nicolás Maduro y de la compañera Cilia Flores”, sin anuncios de acciones diplomáticas concretas.

Por otra parte, sin embargo, el diario La Prensa informó sobre órdenes del régimen para que los trabajadores estatales divulguen en sus redes sociales mensajes de apoyo a Nicolás Maduro y al régimen chavista, so pena de ser considerados traidores.

“El silencio en redes sociales… es un síntoma del traidor”, rezan algunos de los mensajes que circulan entre trabajadores estatales y redes sociales.

Páginas oficialistas divulgaron advertencias para aquellos que no compartan publicaciones favorables, quienes serán considerados “traidores”, en momentos que “dudar es traición”.

La campaña incluye la publicación de imágenes de Maduro difundidas por redes oficialistas y estados de WhatsApp de docentes, empleados públicos y funcionarios municipales que replican consignas de lealtad al chavismo.

Una publicación que firman la Juventud Sandinista y la Red de Comunicadores (propagandistas oficialistas) ataca a quienes celebraron la extracción de Maduro.

“A todos los que dicen que ´ahora le toca a Nicaragua´, son los mismos que estudian en las escuelas y universidades públicas; los mismos que reciben los bonos para bachilleres y las becas universitarias; los mismos que, de una u otra forma, se benefician de los programas y políticas del Gobierno Sandinista. Son quienes critican y maldicen, pero no dudan en aprovechar los beneficios. Porque, al final, reniegan de la vaca, pero bien que se toman la leche”, señala el panfleto.

Tras los acontecimientos en Venezuela, la dictadura reforzó el control del territorio y la vigilancia.

La plataforma 100% Noticias reportó que desde la noche del 4 de enero y durante el 5 de enero se activaron patrullajes policiales y militares conjuntos en barrios e instituciones estatales. “Se ordenó reforzar el patrullaje de la Fuerza Naval en las costas del Caribe y del Pacífico, así como el despliegue de unidades de radar por parte de la Fuerza Aérea”, dice.

La presencia militar se ha observado también en zonas urbanas de Managua y otras ciudades con efectivos vestidos de campaña y de civil y operativos conjuntos con la Policía Nacional.

Oficiales de inteligencia y contrainteligencia han sido desplegados en labores de vigilancia, y se ha reportado movimiento constante de estructuras del partido gobernante en casas y sedes municipales.

El régimen mantiene además activa su estructura de espionaje político en barrios, instituciones públicas y dentro de la militancia sandinista, con instrucciones de vigilar comentarios, movimientos y conductas de ciudadanos críticos, según reportes locales, señala el medio nicaragüense que opera desde el exilio.

“Durante el día de hoy, se logró verificar que las orientaciones emitidas desde El Carmen (residencia de los Ortega Murillo) para activar de emergencia a los CPC, CLS y UVE en barrios, comunidades e instituciones del Estado ya están siendo ejecutadas en el territorio”, señala.

El próximo 10 de enero, el régimen Ortega-Murillo cumple 19 años continuos en el poder, y Rosario Murillo, copresidenta, anunció una jornada de marchas para celebrar la fecha.

Melchor, Gaspar y Baltasar, los tres Reyes Magos que la noche de este viernes volverán a repetir alegría entre pequeños y mayores, no siempre fueron como los conocemos ahora.

La Razón

¿Ancianos? Posiblemente siempre lo fueron gracias a un pacto que hace que nunca pase el tiempo por ellos. Magos, por supuesto, también, entendida la magia en el más extenso sentido de la palabra. Pero lo que no fueron, o eso parece, es de razas diferentes.

Y eso porque Baltasar cambió de color hace entre cinco y siete siglos por una decisión que contribuyó a que aumentaran aún más su popularidad.

La versión del Evangelio

La tradición de los Reyes Magos se remonta a los relatos bíblicos del Evangelio de San Mateo, donde ya se hacía mención a unos sabios llegados de Oriente que fueron a visitar al recién nacido Jesús y ofrecerle regalos de oro, incienso y mirra.

Sin embargo, el texto sagrado no especifica sus nombres ni sus orígenes étnicos, ni tan siquiera queda claro cuántos eran. Lo importante, por supuesto, es el mensaje del que eran portadores.

Según fue transcurriendo la Edad Media, los Reyes Magos fueron adquiriendo propiedades. La primera, el nombre: Melchor, Gaspar y Baltasar. Después, su aspecto de anciano y sus características físicas, cada vez más representados con sus prominentes barbas.

El último atributo fue el de su origen y, con ello, su raza. Y ahí se vio la necesidad, especialmente tras las expediciones de conquista primero a África y luego a América, de conseguir que representaran la diversidad de la humanidad y la universalidad del mensaje de Cristo.

Por ello, se comenzó a representar a Melchor como un anciano blanco de origen europeo, a Gaspar como un sabio procedente de Asia y, finalmente, a Baltasar como alguien de raza negra, una semejanza que no empieza a ser evidente hasta el Renacimiento. Y de ahí a nuestros días.

De hecho, la representación de Baltasar como negro se asoció a medida que Europa establecía contactos comerciales y culturales con África y ha perdurado hasta hoy. Los portugueses, los pioneros de la conquista de la inexplorada África, tuvieron un importante papel en ello.

Pero durante al menos 15 siglos Baltasar fue blanco como los otros dos reyes, como se puede apreciar en las pinturas anteriores al año 1.500 en las que se representa esta escena.

Al margen de cuál fuera su raza, no parece que haya dudas en los presentes que regalaron a Jesús. El significado del oro no parece necesitar explicación. El incienso alude al carácter divino del hijo de Dios, pero ¿y la mirra?

¿Qué es la mirra?

Esta sustancia es una resina que se extraía de determinados arboles del norte de África y Oriente Medio y que se utilizaba para embalsamar a los muertos. Los historiadores creen que es una alusión al carácter mortal de Jesús pero, a la vez, a su mensaje de que algún día resucitará.

Sea oro, incienso o mirra, y sus portadores blancos o negros, lo cierto es que el mensaje de los Reyes Magos volverá este 5 de enero a estar por encima de cualquier consideración. Es la magia de la Navidad, que no tiene edad ni tiempo.

La Unión Europea (UE) afirmó este martes que mantendrá los contactos con Delcy Rodríguez, como venía haciendo con unas autoridades venezolanas que no consideraba legítimas, con el objetivo de “salvaguardar sus intereses y defender sus principios”.

EFE

“Lo que haremos en este caso es lo que hemos hecho hasta ahora, aunque no hayamos reconocido la legitimidad de Maduro, y lo mismo en el caso de Delcy Rodríguez”, ahora la nueva presidenta encargada de Venezuela, indicó la portavoz comunitaria Anitta Hipper durante la rueda de prensa diaria de la Comisión Europea.

La portavoz de la jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas, destacó que el bloque mantendrá “un compromiso específico con las autoridades venezolanas para salvaguardar nuestros propios intereses y defender nuestros propios principios”.

Recordó que, para la UE, las autoridades de Venezuela “derivan su mandato de un proceso electoral que no respetó la voluntad del pueblo en favor del cambio democrático” en las elecciones del 28 de julio de 2024.

En ese sentido, insistió en que “el futuro de Venezuela debe configurarse precisamente a través de un diálogo inclusivo que conduzca a una transición democrática y, por lo tanto, incluya a todos los actores comprometidos con la democracia, entre ellos las figuras de los líderes de la oposición elegidos democráticamente”.

Preguntada por si la UE piensa revisar las medidas restrictivas que impuso contra Rodríguez, que incluyen la prohibición de entrar en territorio comunitario, Hipper dijo que “en lo que respecta a las sanciones, todas las decisiones se toman por unanimidad entre nuestros Estados miembros, y no puedo anticiparme ni prejuzgar nada de este trabajo”.

El domingo, Kallas publicó una declaración en nombre de 26 de los 27 Estados miembros (todos menos Hungría), en la que llamó a “la calma y moderación de todos los actores, con el fin de evitar una escalada y garantizar una solución pacífica a la crisis”.

También pidió respetar los principios del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.

“Los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tienen la responsabilidad especial de defender esos principios, como pilar de la arquitectura de seguridad internacional”, añadió sin mencionar a Estados Unidos.

Kallas se refirió igualmente en esa declaración a que Maduro “carece de la legitimidad de un presidente elegido democráticamente” y recordó que la UE ha abogado por una “transición pacífica hacia la democracia en el país, liderada por Venezuela y respetuosa con su soberanía”, de manera que se respete “el derecho del pueblo venezolano a decidir su futuro”.

Delcy Rodríguez abrió el lunes un nuevo capítulo político en los casi 26 años de historia del chavismo al convertirse, por orden del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), en la primera mujer en la historia de Venezuela en encabezar el Ejecutivo dos días después del ataque militar estadounidense a Venezuela para prender a Maduro.

Maduro, capturado en Caracas por fuerzas especiales de Estados Unidos, compareció el lunes junto a su esposa, Cilia Flores, ante un tribunal federal de Nueva York y ambos se declararon inocentes de todos los cargos de narcotráfico con los que la Administración de Donald Trump pretende justificar los bombardeos, su captura y posterior traslado a EEUU.

Cuando Delcy Rodríguez tenía siete años ocurrió un suceso trágico que condicionó toda su vida y la de su hermano, Jorge, que entonces tenía once. A partir de ese momento, su madre les fue inoculando un rencor y un resentimiento que, 50 años después, explica su odio a la oposición, a todo el que piensa diferente a ellos.

Por: Almudena Martínez-Fornés – El Debate

El 25 de julio de 1976 su padre, Jorge Antonio Rodríguez, murió a los 34 años tras ser sometido a torturas en los sótanos de la DISIP (Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención) de Caracas. En aquel momento el socialista Carlos Andrés Pérez gobernaba Venezuela y aquella muerte, que fue denunciada por el fiscal general de la República, conmocionó a los venezolanos por los excesos cometidos.

El secuestro más largo de la historia

El padre de Delcy era un guerrillero radical de extrema izquierda –fue uno de los fundadores de la Liga Socialista, una organización marxista-leninista–, pero no fue detenido por sus ideas, sino por haber participado en el secuestro del empresario estadounidense William Frank Niehous, a quien mantuvieron retenido durante tres años y cuatro meses, y ya nunca volvió a ser el mismo de siempre. Aquel fue el secuestro más largo de la historia de Venezuela.

Niehous era el gerente de la empresa procesadora de vidrios Owens Illinois en Venezuela, pero los revolucionarios de la izquierda radical, le señalaron como agente de la CIA y decían que había estado involucrado en la caída de Salvador Allende. En febrero de 1976 le drogaron y le secuestraron en su casa, cerca de Caracas, en presencia de su mujer y sus tres hijos y, después, según algunas fuentes, pidieron 3,5 millones de dólares de rescate.

Cinco meses después del secuestro, la Policía detuvo al padre de Delcy Rodríguez, a quien le sobrevino la muerte dos días después de haber sido sometido a torturas: la autopsia reveló hemorragias internas, el hígado estallado, siete costillas rotas, quemaduras… Jorge Antonio Rodríguez dejó dos niños huérfanos y una viuda, Delcy Gómez, que inculcó en sus hijos el mandato de buscar el poder para vengar la muerte de su padre. Por esa razón, Delcy hija estudió Derecho: «Tomé una decisión de hacer justicia con el caso de mi papá», afirmó ella misma después.

La muerte del padre no impidió que sus hijos pudieran estudiar sus carreras en la Universidad pública de Venezuela. Delcy completó sus estudios en Londres y París, pero nunca se adaptó a la vida en la capital francesa porque, según ella, había «mucho rechazo a los migrantes» y «en el metro quemaban a los árabes vivos».

Cuando Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela, y Delcy y su hermano Jorge asumieron sus primeros cargos políticos, los dos hermanos se ocuparon de blanquear el recuerdo de su padre. Le convirtieron en un mártir revolucionario, al que cada 25 de julio se le rinde homenaje en el Cementerio General del Sur en Caracas.

Lea la nota completa siguiendo este enlace a El Debate

La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, sostuvo una entrevista el pasado lunes en la que lanzó advertencias contra Diosdado Cabello y Nicolás Ernesto Maduro Guerra, alias «Nicolasito», hijo del líder chavista recientemente capturado en Fuerte Tiuna, Caracas, por órdenes del presidente Donald Trump.

La Patilla

«Esto estaba dentro de las facultades del presidente según el artículo 2. Era una función policial arrestar a las personas acusadas en Venezuela. Nuestras fuerzas armadas llevaron a cabo una ejecución impecable, sin fallos, fue increíble. Estados Unidos y el hemisferio occidental están más seguros esta noche», justificó Bondi durante su diálogo con el presentador Sean Hannity para Fox News.

«Maduro y su esposa están acusados de dirigir, y por ahora solo es una acusación formal, están acusados de dirigir los asesinatos, secuestros y agresiones de cualquiera que se interpusiera en su camino, y también de cualquiera que intentara detener su negocio de drogas. También se les acusa de introducir toneladas de drogas en este país. Nicolás Maduro está acusado de introducir cientos y cientos de toneladas de cocaína en nuestro país, y se le acusa de colaborar no solo con el Tren de Aragua (TDA), sino también con (el cartel de) Sinaloa, todos los cárteles de México, Colombia y Venezuela», comentó la fiscal general sobre los cargos contra Nicolás Maduro Moros y Cilia Flores.

«Y lo que eso significa es que sabemos que este monstruo liberó a innumerables acusados, desde prisiones y manicomios, en nuestro país. No se trata solo de drogas. El presidente ha salvado esta noche miles de vidas, innumerables vidas relacionadas con el tráfico de drogas, pero también ha protegido a los estadounidenses de los miembros de la TDA que Maduro ha dejado entrar en nuestro país», apuntó Bondi.

Sobre futuras operaciones en Venezuela, Bondi aseguró que «todo lo demás sigue sobre la mesa. No solo con ellos, sino también con otros acusados. Hemos hecho pública una acusación formal en la que se les imputan los cargos que he mencionado».

«El hijo de Nicolás Maduro está acusado. (Diosdado) Cabello está acusado. Otras personas están acusadas», subrayó en referencia al «indicment» que los señala.

Por último, sentenció que el futuro judicial de Maduro y su esposa está sellado.

«Ellos dos están ahora mismo en Nueva York para enfrentarse a la justicia. Pero podrían enfrentarse a cargos en otros lugares. Nada, nada está descartado. Estas personas deben permanecer entre rejas. Son responsables de la pérdida de tantas vidas. Y no se trata de traficantes de droga callejeros, son narcotraficantes».

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este lunes que la jefa del régimen de Venezuela, Delcy Rodríguez, está procediendo al cierre de un centro de torturas en el corazón de Caracas, tras la caída de Nicolás Maduro.

Durante un acto de su partido, Trump aseguró que el chavismo en Venezuela “tenían una cámara de tortura en medio de Caracas, que ahora está siendo clausurada”, en referencia a las instalaciones en las que son detenidos los presos políticos de ese país, aunque no hizo mención directa al Helicoide.

Según Trump, la decisión de clausurar el mencionado centro estaría a cargo de Delcy Rodríguez, actual presidenta encargada del país tras la detención de Maduro el fin de semana.

El mandatario estadounidense se refirió a Maduro como “un tipo violento” y sostuvo que “ha matado a millones de personas” y ha dirigido torturas desde el poder.

“Ha torturado. Tienen una cámara de tortura en medio de Caracas que están cerrando. Pero ha torturado gente”, subrayó.

La primera reacción fue de euforia y de celebración espontánea. Los venezolanos por fin veían al tirano que los había encarcelado, reprimido, empobrecido y expatriado en manos de la fuerza Delta de Estados Unidos, vendado, esposado, rumbo a un tribunal donde se vería obligado a rendir cuentas por su carrera delictiva. No sólo era una sorpresa, era la recompensa postergada a tanto sufrimiento y a tanto derroche de energía. Porque los venezolanos no se quedaron nunca cruzados de brazos. En los pasados veinticinco años lo intentaron todo, desde la movilización ciudadana y la protesta, hasta las elecciones y las mesas de negociación (incluso una torpísima intentona golpista), y el resultado siempre fue el mismo: el atropello, la trampa, el cinismo y la vulgar celebración pública de la viveza de sus opresores.

Por: Carlos Granés – ABC

Ver la debilidad del régimen, la impostura de sus bravuconadas, el pasmo con el que las autoridades observaban cómo salía volando su mandamás para no volver nunca a Venezuela, fue catártico. Quien no se alegrara con esa noticia no había entendido nada o veía con buenos ojos el infierno que tuvieron que soportar los venezolanos. La legalidad internacional que se violó con la intervención no había evitado que Maduro cometiera ejecuciones extrajudiciales, torturas y persecución política, crímenes de lesa humanidad y escupitajos que lanzaba el tirano sobre cualquier norma impresa en el Estatuto de Roma, la Carta de la ONU o la Convención Interamericana de Derechos Humanos. Ya habíamos entendido cómo los populistas desmoronaban las democracias, pero lo que seguíamos sin saber, porque lo que solía funcionar ya no servía de nada, era qué debían hacer los demócratas para acabar con una dictadura. La falta de respuestas acabó invocando los misiles de Trump.

Hubo euforia, pues, pero tras la celebración hemos tenido que apretar los dientes, rebajar el entusiasmo y enfrentar lo que se viene, que tampoco se ajusta a lo deseado. La mayor preocupación que se percibe es la ausencia de una palabra que todo el mundo quería escuchar, democracia, obliterada por completo y a conciencia del discurso público de Trump. No ha aparecido en su Estrategia de Seguridad Nacional ni en las justificaciones de la intervención en Caracas, y parece ya no figurar en el acervo lingüístico de los funcionarios de la Casa Blanca. Nadie habla de transición ni de normalización de la vida institucional, ni siquiera de los presos políticos, porque esa no es la prioridad del Gobierno estadounidense. Si algo cambió en estos años es que Estados Unidos dejó de defender sus valores democráticos dentro de sus fronteras y de exportarlos fuera de ellas. Con Trump llegó el ocaso del idealismo estadounidense y el comienzo de un siglo XXI marcado por el ejercicio rudo del poder y la búsqueda de beneficios comerciales. ‘America First’, esas dos palabras que sí hemos oído repetir hasta la náusea, significan eso: el hemisferio occidental va a tener que alinearse con los intereses de Estados Unidos. Quien lo haga saldrá beneficiado, o al menos no le irá tan mal, y quien se resista pagará las consecuencias.

En Venezuela, esto significa lo que ya se ha hecho explícito. El interés inmediato de Trump es beneficiar a Estados Unidos. Esto supone controlar los recursos petroleros, y no tanto para suplir su demanda interna como para impedir que China y Rusia se beneficien e intervengan en los asuntos regionales. Este objetivo, al menos de manera inmediata, no demanda una transición democrática. A Trump le basta con someter a la cúpula madurista que se queda en el poder, y forzarla a que sean ellos mismos quienes controlen al Ejército, desmantelen los colectivos armados, cesen toda colaboración con las bandas narcoterroristas colombianas (que ya regresan a su país de origen, según parece), gestionen la vida cotidiana del Gobierno y, en resumidas cuentas, eviten experiencias caóticas como las de Irak o Siria. Trump y Marco Rubio, sobre todo este último, se juegan mucho con esta operación, y lo que menos les interesa es que haya brotes de anarquía que obliguen a una ocupación de largo aliento.

Digámoslo de una vez: con el descabezamiento del régimen y la sumisión de Delcy Rodriguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino se abre una verdadera opción para que Venezuela recupere su democracia, pero no fue para eso que Trump secuestró a Maduro. Seamos aún más realistas, incluso malpensados: puede que finalmente haya democracia en Venezuela, pero sólo si a Trump le conviene que la haya. Y acabemos siendo del todo crudos: es más fácil negociar con delincuentes arrepentidos y asustados, sin ninguna legitimidad ni otra opción que obedecer para seguir los pasos de Maduro, que con una mujer que tiene el apoyo de los venezolanos y un premio Nobel. Eso puede explicar que ni Edmundo González ni María Corina Machado hayan aparecido aún en la ecuación que maneja Trump para Venezuela. Mientras no haya garantía de estabilidad que permita a las compañías estadounidenses controlar el petróleo y asegurar la millonaria inversión que tendrán que hacer para reactivar un sector en bancarrota, los vencedores en las pasadas elecciones permanecerán en un segundo plano.

Pero esto no significa que el escenario sea del todo apocalíptico o que se ajuste a la caricatura distópica que se dibuja en la mente de los más pesimistas. Hay que tener en cuenta una variable que ha pasado desapercibida. Por ahora todo el mundo está en sus casas, a la espera de cómo se desarrollan los acontecimientos, pero los venezolanos ya han sentido el cambio de aire, la imagen de la libertad ha quedado sembrada en sus cabezas y muchos fantasean con volver a su país. Es poco probable que se vayan a resignar a vivir bajo un ‘madurismo 2.0’ de baja intensidad. Puede que ahora Delcy Rodriguez garantice la calma y el equilibrio, pero a largo plazo su liderazgo es inviable. Si el pueblo se vuelve a levantar y protesta masivamente como en 2017, ¿un gobierno tutelado por Estados Unidos se va a atrever a usar la violencia para reprimirlo? No logro imaginarlo. Lejos de beneficiar a Estados Unidos, la perpetuación de una dictadura descafeinada puede ser la causa de desestabilización que intenta conjurar.

En definitiva, todo irá más lento, habrá mucho escollos, una cuenta muy cara que pagar y muchos condicionantes que van a socavar, y no solo en Venezuela, en toda la región, la soberanía nacional. Pero al final, no por ética democrática sino por simple pragmatismo, lo sensato para Trump, y sobre todo para Rubio, que se juega una posible nominación presidencial, es que quienes ganaron las elecciones del 28 de julio de 2024 entren en escena para encauzar una transición o participar en unas nuevas elecciones. Ya no hay finales felices en este nuevo orden mundial, pero dentro de lo que cabe, rebajado todo idealismo y sumidos en el realismo sucio del trumpismo, este no estaría del todo mal.

La expresión “run de country’ [gobernar el país] no significa una tutela de dominio e intervención. Es una condición de coparticipación en la toma de decisiones tradicionales, que aseguren estabilidad y recuperación

ORLANDO VIERA-BLANCO 06/01/2026

Venezuela ante el quiebre del Estado cooptado y la oportunidad de una transición democrática, entra en una etapa de sensibles desafíos. No es un falso dilema entre el uso o la continuidad de la fuerza y la restauración inmediata del estado de derecho. Es la implementación de un plan político complejo, ordenado y vigilado, para acometer una restitución que no sólo es institucional sino es profundamente ética, cultural y social.

Uno de los errores recurrentes en el debate sobre Venezuela ha sido reducir cualquier acción internacional contundente a una dicotomía simplista: intervención militar o inacción diplomática. La historia del derecho internacional y de la seguridad estratégica demuestra que existe una tercera vía, el enforcement internacional

Una modalidad excepcional, limitada y jurídicamente defendible de uso de la fuerza-distinta de la guerra-orientada a hacer cumplir normas fundamentales frente a amenazas criminales transnacionales.

Bajo esta lógica, el uso de la fuerza es persuasivo, selectivo y puntual. Logrado objetivos de captura o cese de actividades criminales, la transición de un estado devastado por un modelo de poder totalitario y violento, comporta progresividad, decantamiento, orden y pragmatismo.

Venezuela no plantea hoy un problema clásico de soberanía, sino uno más complejo y peligroso: la captura del Estado por criminales con proyección internacional, dedicados al narcotráfico, al financiamiento ilícito y a la cooperación con actores terroristas [fundamentos legales de la acusación formulada por la Fiscalía de EEUU]. En este contexto, la pregunta es hasta dónde llega el uso de la fuerza [cómo, contra quién y con qué límites] y donde comienza la racionalidad política, la estrategia restitutiva y la construcción de un pacto de gobernabilidad transicional, conductor del restablecimiento definitivo de la constitucionalidad, la democracia y las libertades públicas.

Legítima defensa y crimen transnacional: el marco jurídico olvidado

El artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas reconoce el derecho inherente a la legítima defensa, no sólo frente a ejércitos regulares, sino ante amenazas reales, continuas y atribuibles. Desde los atentados de Sep-11-2001, la doctrina internacional ha evolucionado hacia el estándar de los Estados “unwilling or unable”: cuando un Estado no quiere o no puede impedir que su territorio sea usado como plataforma de agresión criminal, la comunidad internacional—o el Estado directamente afectado—puede actuar de forma proporcional y limitada.

Autores como Michael Schmitt y Harold Koh han explicado cómo esta doctrina se aplica a amenazas asimétricas, especialmente cuando existe colusión entre el poder político y redes criminales. Venezuela encaja con precisión en esta categoría: no se trata de fallas institucionales aisladas, sino de una simbiosis muy peligrosa por inabordable e inasible, entre estado y delito. El narcotráfico, el terrorismo y la pérdida del control de la legalidad, generan un perverso sistema de inmunidad en funcionarios convertidos en facilitadores y perpetradores crímenes de lesa humanidad y delitos internacionales. En este terreno la autodefensa y el deber de proteger merecen una visión evolutiva de su concepto, dimensión y aplicación.

El narcotráfico, como señalan Phil Williams y Moisés Naím, no es sólo un delito económico, sino un sistema de poder capaz de erosionar Estados y desestabilizar regiones. Cuando altos funcionarios convierten al aparato estatal en instrumento del crimen, ganan inmunidad funcional en el derecho interno y la pierden en el derecho internacional […] El precedente más citado es Manuel Noriega en Panamá (1989). La operación estadounidense [Causa Justa] no fue declarada una guerra contra Panamá, sino una acción de enforcement contra un jefe de Estado que había devenido en un capo criminal, acusado por tribunales federales. El caso Noriega ilustra un principio clave: la soberanía no es un escudo para el crimen organizado.

Pero la historia no es idéntica. El caso Venezolano es más complejo y global. La extensión y presencia de la actividad criminal en el corazón del estado y el epicentro del poder, más sus capacidades para conseguir aliados y cooperantes internacionales, redimensiona las acciones de enforcement, sin desnaturalizarlas. Aquí subyace la diferencia entre considerar lo sucedido el 3 de enero 2026 como un acto de guerra [que no lo es] vs. un acto puntual, selectivo, de captura y quiebre.

Enforcement vs. guerra: una distinción esencial

Siguiendo a Thomas Schelling, la coerción moderna no busca destruir al adversario, sino modificar conductas específicas. Un acto de guerra persigue la derrota total del Estado enemigo; un acto de enforcement tiene objetivos individualizados: captura, neutralización, restitución del orden. Es un evento temporalmente acotado que evita la ocupación territorial y se rige por la proporcionalidad y la progresividad restauradora de la legalidad.

En este marco, la acción dirigida contra el vértice del poder en Venezuela no fue una invasión, sino una operación de cumplimiento del derecho penal internacional ampliado, similar—aunque más compleja—a capturas extraterritoriales de grandes jefes criminales.

El régimen de Caracas no es ideológico ni institucional. Es como diría Douglass North, un “orden de acceso limitado” basado en lealtades transaccionales. La cohesión del sistema depende de un pacto central: protección a cambio de obediencia. En consecuencia la captura del núcleo dirigente produce ruptura del pacto de impunidad, quiebre latente en las FFAA [cuya lealtad no es doctrinaria sino instrumental] y fragmentación de las élites económicas y políticas, que buscan sobrevivir negociando.

A diferencia de regímenes dictatoriales clásicos, no existe un mecanismo de sucesión estable. El colapso-aunque súbito- supone un manejo ‘de crisis’ prudencial y controlado, cuyos desenlaces definitivos deberán agotar fases de reforma, reordenamiento y relegitimación. Esta es la dificultad de una transición política desde un estado capturado. No es un salto inmediato de entrada de la coalición democrática. Puede sugerir un modelo híbrido de poder, sostenible.

Es la transición de la transición. En este terreno inédito- difuso, difícil y movedizo-el agente de enforcement ha sido cuidadoso y prudente en no generar revueltas ni enfrentamientos civiles, capaces de frustrar el objetivo final: la concreción de una transición ordenada y pacífica camino a una nueva democracia real.

Después del quiebre: transición, no vacío. Una finta necesaria

Aquí reside el punto crucial: el enforcement no crea democracia ipso facto, pero elimina el principal obstáculo estructural para que esta sea posible. La transición sostenible exige liderazgo civil legítimo, reglas claras y acompañamiento internacional. Por lo pronto aplica lo último. El liderazgo civil y las reglas claras sugieren una espera, una entrada estratégica.

María Corina Machado encarna los elementos esenciales para una transición: i.-Legitimidad popular verificable; ii.-Claridad moral; iii.-Coherencia estratégica. […] Su liderazgo no es el de una caudilla, sino el de una figura bisagra capaz de articular a la sociedad civil, la diáspora y la comunidad internacional.

El factor coercitivo comporta un desafío que es la reinstitucionalización de las FFAA. La sostenibilidad de una transición a la democracia no puede depender del agente externo, aun siendo necesario en fase inicial. Maria Corina debe entender el liderazgo y la estrategia de EEUU en esta fase. Pero EEUU deberá respetar el liderazgo de Maria Corina y de cualquier actor relevante en la fase de restauración democrática (que así lo ha expresado su Secretario del Departamento de Estado).

El apoyo vigilante de la administración Trump es un factor fundamental de sostenibilidad transicional. Sin duda no es incondicional. Tampoco es ideal porque los tiempos no son los que anhelamos, sino los necesarios. La experiencia demuestra que el apoyo estadounidense efectivo combina costo-beneficio, seguridad nacional y hemisférica, dividendo político y económico. La expresión “run de country’ [gobernar el país] no significa una tutela de dominio e intervención. Es una condición de coparticipación en la toma de decisiones tradicionales, que aseguren estabilidad y recuperación, a fin de cuentas, intereses y beneficios compartidos [Dixit Marco Rubio Sec. del Departamento de Estado, EEUU].

El proceso de quiebre no es absoluto. La grieta se convirtió en una zanja imposible de librar. Tampoco luce un período largo [Carlos Giménez. Representante [R] Congreso EEUU]. Nuevos actos de represión podrían catalizar el quiebre definitivo. Negociación? Si, pero igualmente condicionada y sujeta al menú que el agente de enforcement imponga. La finta de la administración Trump, es estratégica. La respuesta: un guión necesario. Pero la última palabra la tiene la Casa Blanca.

Una oportunidad excepcional. A modo conclusivo

Venezuela se encuentra ante una coyuntura histórica en la que enforcement, derecho internacional y transición democrática convergen. No se trata de imponer un régimen desde afuera, sino de desbloquear un sistema secuestrado.

Si el quiebre ocurre y se gestiona con liderazgo civil legítimo, reglas claras y apoyo internacional vigilante, Venezuela podría iniciar—por primera vez en décadas—una transición real, sostenible, ordenada, pacífica y democrática. Nuevas elecciones lucen inevitables. Un proceso constituyente, aconsejable.

La historia demuestra que los Estados no renacen por la fuerza. Sólo la fuerza del derecho logra finalmente imponerse […] Como hemos sostenido, el caso venezolano no encaja en las categorías clásicas del derecho internacional público, porque el poder político dejó de ser un fin en sí mismo y pasó a ser un instrumento operativo del crimen organizado, por lo cual no será una transición como otras. Será única, inédita, sin precedentes…como inédita fue la ocupación criminal del país. No se trata de un “Estado fallido” en sentido clásico [Dictadura convencional confiscatoria del Estado de derecho], sino de un Estado deliberadamente capturado, funcional al narcotráfico, al contrabando de oro, a la corrupción sistémica y a redes de protección transnacional.

Desde esta perspectiva, la soberanía deja de ser un escudo y se convierte en una fachada, una idea que conecta con la doctrina desarrollada tras los juicios de Núremberg y, más recientemente, con la erosión del principio de inmunidad en casos de crímenes internacionales complejos.

Hemos insistido en que la amenaza venezolana debe leerse en clave hemisférica, no doméstica, por lo que prohibido olvidar, la cadena de despojos, desplazamientos, dolor y sufrimiento infringido a los venezolanos e incluso a países vecinos. No cabe hablar de agresores externos ni de un estado-víctima de una soberanía ultrajada, sino de agresores internos contra una soberanía popular profanada, donde las verdaderas víctimas ha sido el pueblo venezolano.

Calificar cualquier acción contundente como “guerra” distorsiona la realidad. Victimiza al agresor, oculta su naturaleza e invita a una evaluación política y jurídicamente incorrecta.

Es la negación sistemática de la necesidad de redimensionamiento de la responsabilidad de prevenir y proteger consagrada en la Carta de las Naciones Unidas y en los Tratados Internacionales contra el crimen y las mafias transnacionales. Esta idea se alinea con la noción de “autoridad internacional de última ratio”, desarrollada por autores como Antonio Cassese, cuando el orden jurídico es incapaz de hacerse cumplir por vías ordinarias.

Transición: restitución institucional, no refundación caótica

La transición venezolana no debe confundirse con una tabula rasa. La sostenibilidad democrática exige restituir la Constitución, reordenar el Estado de derecho y separar justicia de revancha. Aquí converge con la idea de una justicia transicional inteligente, que combine rendición de cuentas, incentivos claros para la desmovilización del aparato represor, garantías mínimas para evitar el colapso administrativo y agotamiento de un proceso impostergable e histórico de redención socio-política. En el medio están los ciudadanos que deben mantener la calma sin dejar de organizarse y comprender una dinámica compleja pero resolutoria.

Lo anterior explica la posición asumida por la Casa Blanca. No se trata de respetar hilos constitucionales, acatar “sentencias de continuidad administrativa” o simular un abandono forzado de cargo. Tampoco interpretar ‘como deseos reales’ los expresados por la Casa Blanca, sino realpolitik. Son factores [si acaso concesiones] circunstanciales y condicionales a un salto definitivo hacia la transición democrática real .

No es una refundación caótica. Tiempos para ordenar, tiempos para organizarse, tiempos de reunificarnos y prepararnos al milagro venezolano. Es la racionalidad necesaria para pasar de un estado-capturado a un estado democrático moderno y liberal. La alegría viene de la mano de un proceso de restitución institucional, sostenible. La democracia plena llegará en el momento apropiado. La política decanta.

Cuando la ley fue capturada por la fuerza, caminar por el derecho es un acto de coraje, de paciencia, carácter y mucha prudencia. Es la defensa de nuestro derecho a recuperar la libertad y la felicidad.

Un derecho-a ser libres y felices-que es la forma más alta de dignidad.

@ovierablanco vierablanco@gmail.com

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