Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

El exvicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias se encuentra en La Habana desde el viernes, donde participa en la iniciativa Nuestra América, Convoy a Cuba para entregar 20 toneladas de productos de higiene, medicamentos y alimentos. Durante su estancia, se aloja en el Gran Hotel Bristol Habana Vieja, un establecimiento de cinco estrellas gestionado por la cadena española Meliá y ubicado frente al Capitolio.

La Gaceta de la Iberosfera

El hotel, incorporado recientemente a la cartera de lujo de la compañía, ofrece instalaciones exclusivas como suites de alta gama, piscina en la azotea, restaurantes y vistas privilegiadas del centro histórico de la ciudad. Desde una de estas habitaciones, Iglesias ha grabado una intervención para su Canal Red, lo que ha generado una fuerte reacción en redes sociales.

La polémica se produce en un contexto marcado por la grave situación económica que atraviesa Cuba. La población sufre apagones diarios, escasez de alimentos y salarios muy bajos, en un sistema controlado por el régimen comunista.

El activista cubano Ariel Maceo Téllez ha respondido directamente a Iglesias tras la difusión del vídeo. «Hiciste un vídeo desde una de las habitaciones del hotel donde millones de cubanos no se pueden hospedar, porque el régimen cubano les paga 10 dólares al mes», ha señalado. En su mensaje, le acusa de intentar «engañar» sobre la situación del país y de hablar desde una posición privilegiada.

Iglesias, por su parte, ha afirmado que la situación en Cuba «es difícil pero no como se presenta desde fuera», unas declaraciones que han intensificado las críticas. Maceo ha ido más allá en su respuesta: «Tú no tienes moral para hablar por nosotros los cubanos. Cuba vive bajo una dictadura comunista que controla todo en el país y tiene a los cubanos viviendo en la más absoluta pobreza».

Hoy, 23 de marzo de 2026, se cumplen 25 años exactos desde que la estación espacial Mir —el emblema de la era espacial soviética y rusa— culminó su extraordinaria trayectoria con una desintegración controlada en la atmósfera terrestre.

MFM

Aquel día de 2001, la Mir, tras 15 años de operación ininterrumpida y desafíos legendarios, fue dirigida deliberadamente hacia su fin en el remoto Pacífico Sur, cerrando un capítulo que aún resuena en la historia de la exploración orbital.

El ocaso planificado: cómo se ejecutó la desorbitación

La Mir, con una masa aproximada de 129.700 a 140.000 kg en su configuración final, había superado con creces su diseño original de 5 años de vida útil. Para 2001, los recursos rusos post-soviéticos no permitían mantenerla indefinidamente, y los planes de privatización o rescate fallaron ante su inestabilidad creciente.

La maniobra final se llevó a cabo con precisión quirúrgica usando la nave de carga Progress M1-5, acoplada como propulsor dedicado.

La entrada atmosférica comenzó a 100 km de altitud cerca de Nadi, Fiji. La estación se desintegró progresivamente: la mayor parte se incineró por fricción, generando un espectáculo de bolas de fuego visibles desde Fiji. Los fragmentos sobrevivientes —principalmente piezas metálicas más resistentes— cayeron en la zona deshabitada del Pacífico Sur conocida como Point Nemo, el «cementerio espacial» más remoto del planeta.

Testigos en Fiji, incluidos veteranos cosmonautas como Sergei Avdeyev, Yelena Kondakova, Musa Manarov y Vladimir Titov, observaron el brillo final. No hubo daños reportados en tierra ni en el mar.

Legado técnico e histórico: de pionera a precursora

Lanzada el 20 de febrero de 1986, la Mir fue la primera estación modular ensamblada en órbita. Sus módulos clave incluyeron:

  • Base Block (1986)
  • Kvant-1 (1987, astrofísica)
  • Kvant-2 (1989, soporte vital)
  • Kristall (1990, materiales)
  • Spektr (1995, observación remota)
  • Priroda (1996, ecología)
  • Módulo de acoplamiento (1995, para Shuttle)

Acumuló 86.331 órbitas, ~4.592-4.595 días habitados (casi 12,6 años de ocupación continua en picos), y recibió a 125 personas de 12 países.

El récord de permanencia lo ostenta Valeri Poliakov con 437 días (1994-1995).

Sobrevivió al colapso de la URSS (1991), soportó un incendio (febrero 1997), una colisión grave con Progress M-34 (junio 1997) que dañó Spektr, y múltiples fallos de energía. Demostró resiliencia extrema y sirvió de banco de pruebas para la Estación Espacial Internacional (ISS), cuyo diseño modular y colaboración internacional (especialmente vía Shuttle-Mir, 1994-1998) deben mucho a la Mir.

Hoy, mientras la ISS celebra sus propios 25 años de presencia humana continua (desde noviembre 2000), recordamos que la Mir allanó ese camino: fue el laboratorio orbital más longevo de su tiempo y el más masivo hasta la llegada de la ISS.

La desintegración de la Mir no fue una derrota, sino una decisión responsable ante una era que cambiaba. En 2026, con proyectos comerciales de estaciones LEO en marcha y la ISS planeando su retiro ~2030, el final controlado de Mir anticipó cómo terminaremos capítulos orbitales futuros: con precisión, minimizando riesgos y honrando el legado.

Veinticinco años después, la Mir sigue siendo sinónimo de audacia soviético-rusa: una estación que no solo orbitó, sino que resistió, colaboró y enseñó al mundo que el espacio puede ser un hogar duradero.

Vaya, cómo pasa el tiempo. Hace casi 20 años, poco después de cumplir 50, empecé a hacer una lista de los errores que, en mi opinión, mis padres (y muchos de su generación) habían cometido al envejecer, y que juré no repetir. Algunos eran tonterías (“Ya no me teñiré el pelo”), pero la mayoría tenían sentido (“No me limitaré a tener amigos de mi edad” y “No me preocuparé por lo que no puedo controlar”), y algunos tenían en cuenta las necesidades de la familia (“No seguiré conduciendo cuando me convierta en un peligro para los demás” y “No negaré que necesito audífonos”).

Por: Steven Petrow – The Washington Post / Vía Infobae

Ahora, en la penumbra que precede a los 70, veo mi vida —y mi lista— bajo una nueva luz.

Escribí sobre la lista por primera vez en 2017, después de la muerte de mis padres. Fruto de la frustración que sentí al presenciar el precio que pagaron mamá y papá por su terquedad, mi lista llegó a superar los 100 puntos, y esperaba responsabilizarme de mis promesas haciéndolas públicas.

Ese ensayo se convirtió en un libro, “Cosas estúpidas que no haré cuando sea viejo”, que atrajo a un amplio público lector, tanto de la generación de mis padres como de la mía. Disfruté fomentando conversaciones intergeneracionales sobre vivir de forma independiente, no rendirse fácilmente ante la muerte y encontrar un propósito cuando el cabello empieza a encanecer o a caerse. El libro se publicó un mes antes de que cumpliera 64 años, y le dediqué mucha publicidad; una de mis frases más recurrentes era el aforismo “La edad es solo un número”.

Pero no todos los números son iguales, descubrí un año después. La semana en que cumplí 65 años (aún de gira promocional de mi libro), un entrevistador me preguntó sobre una de mis promesas: mi compromiso de dejar de mentir sobre mi edad. Respondí como tantas veces antes, sonando más a académica que a persona: “Cuando sentimos la necesidad de restarnos un par de años, esto tiene un costo para nuestro bienestar. Es señal de que hemos interiorizado el edadismo que nos rodea y que reside en nuestro interior”.

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Pero entonces el entrevistador me preguntó mi edad. Me resistí. No quería reconocer públicamente mi “cumpleaños de Medicare”.

Tampoco mencioné que había estado cambiando mi año de nacimiento en las aplicaciones de citas a medida que me acercaba a los 65. En Tinder figuraba como de 61 años; en Match, de 63. (Nota: Si vas a mentir, sé coherente). Cuando una posible cita me preguntaba mi edad, me apresuraba a consultar la aplicación antes de responder. ¿Qué pasó con eso de que “la edad es solo un número”?

Poco después, el entrevistador continuó: “¿Ya has empezado a seguir tus propios consejos?”

Vaya. No se me había ocurrido que ya tenía que hacerlo. Respondí con sinceridad: “Todavía estoy trabajando en crear mi lista, no en implementarla“.

Eso dio pie a una pregunta inesperada pero razonable: “¿Por qué crees que es así?”.

Me di cuenta, con sorpresa, de que me acercaba a la edad que mis padres tenían cuando empecé a hacer mi lista de “tonterías”. Sí, había hecho algunas de las cosas sensatas (pero temidas): había reservado un sitio en la lista de espera de una residencia de ancianos. Me había hecho una prueba de audición y me aseguraba de ir al baño antes del despegue y del aterrizaje.

En el libro insistí mucho en no unirme al “recital de órganos”, que empieza de forma bastante inocente: mostrar empatía con un amigo que se ha sometido a una cirugía menor o mencionar la propia hipertensión. Sin darnos cuenta, cada conversación se convierte en una letanía de articulaciones pegajosas, cataratas o cosas mucho peores. Los baby boomers, como yo, no podemos dejar de hablar de nosotros mismos, incluso cuando nos estamos desmoronando.

Este tema caló hondo entre mis amigos, que empezaban a mencionar la ciática, la angina de pecho, incluso una operación de cadera o rodilla, para luego interrumpirse bruscamente. “¡Ay, no! Me voy al recital de órgano de Steven». La verdad es que no pretendía evitar hablar de salud personal, sino dejar claro que cuanto más nos obsesionamos con nuestras debilidades y enfermedades, más permitimos que nos definan. Gracias de nuevo, mamá y papá, por esa reflexión.

La vida no siempre sigue un guion preestablecido, y yo también lucho con eso. Había escrito: “Puede que tenga una enfermedad cardiovascular, pero no soy mi enfermedad cardiovascular». Desde entonces, mi salud cardíaca ha empeorado, lo que requiere más visitas al médico y pruebas. Mi condición incluso tiene un nombre técnico: “cardiotoxicidad”. Claro que hablo de ello, porque me preocupa y siento la necesidad de compartirlo. De vez en cuando, me escucho a mí mismo y pienso: “Me estoy convirtiendo en mi padre”.

Esta no es la única manera. Poco después de cumplir 65 años, necesitaba un libro del estante superior de mi oficina e hice lo de siempre. Descalzo, me subí al escritorio, apoyando un pie descalzo sobre él mientras equilibraba cuidadosamente el otro en el brazo de una silla cercana. Entonces hice lo impensable, algo que, para mi vergüenza, ni siquiera se me había ocurrido. Empecé a dar pequeños saltos —solo un poquito, claro— para alcanzar la altura necesaria para el libro. Fue entonces cuando me di cuenta de lo mucho que me parecía a mi padre (y a mi abuelo). (Ambos fallecieron por caídas).

También recordé lo que un amigo me había dicho años atrás: “Lo importante es recordar que, por mucho que nos digamos a nosotros mismos que no nos convertiremos en nuestros padres, terminamos siéndolo”.

Reflexioné más sobre la brecha entre lo que sabía que era cierto (“las caídas son peligrosas a medida que envejecemos; las caídas pueden ser mortales”) y mis acciones (“estoy exento de las leyes de la naturaleza y no soy tan viejo”). Si este fuera el único ejemplo de una “estupidez” mía, diría “misión cumplida”. Pero no lo fue.

Cuando mi madre cumplió 80 años, recuerdo haberla molestado por pedir un Kindle de regalo cuando apenas podía usar su teléfono. Ya no me parece tan gracioso. Gracias a tantos mandos a distancia con tantos botones, he dejado de usar los dos televisores de mi casa. Le había advertido a mamá que me quedaría atrás; ahora era yo quien se quedaba atrás.

Hoy en día, valoro más las decisiones que tomaron mis padres. Yo deseaba lo mejor para ellos: más tiempo para viajar, mayor participación en la vida familiar, más autonomía y más felicidad. Esperaba que lo consiguieran envejeciendo con mayor sabiduría. Ahora, es mi turno, nuestro turno. La atención plena debería ayudar, pero quizás no venza mi propia terquedad, aparentemente genética. Esto es lo que también he aprendido:

  1. Hazte responsable: Busca un “compañero de responsabilidad”, sugiere Chip Conley, autor de » Aprender a amar la mediana edad: 12 razones por las que la vida mejora con la edad “, o hazte ciertas promesas públicas. Un compañero de responsabilidad es alguien en tu vida que puede ayudarte a mantenerte firme en tu plan y, con suerte, ayudarte a retomar el rumbo (sin juzgarte) si te descubre mintiendo sobre tu edad, por ejemplo.
  2. No te conviertas en rehén de la negación: Mi vecino de al lado, de 85 años, todavía limpia sus canaletas subiéndose al tejado, a pesar de que su hermana y yo lo regañamos, y esto después de que un árbol que intentó cortar él mismo lo derribara. Es cierto que la negación obstinada del envejecimiento puede ser útil a veces, para que no nos rindamos demasiado pronto y comencemos a limitar nuestro mundo. Pero también necesitamos ser realistas sobre cómo están cambiando las cosas. A menos que tengas muy mala suerte (por morir joven), nadie escapa al envejecimiento. Punto. Creo que si mis amigos me dicen que necesito escucharlos (por así decirlo) y conseguir un audífono, no me resistiré ni negaré que sea un problema. Aproximadamente la mitad de los adultos de 60 años o más tienen pérdida auditiva y casi todas las personas de 90 años o más la tienen, pero solo entre el 15 y el 30 por ciento de las personas que necesitan audífonos los obtienen. Así como subirse al tejado probablemente no sea una buena idea a medida que envejecemos, fingir que oímos bien puede tener consecuencias en la vida real. La pérdida auditiva no tratada puede interferir con la capacidad de socializar y aumentar el riesgo de demencia. (Los audífonos pueden reducir el riesgo de deterioro cognitivo casi a la mitad).
  3. Piensa en cómo quieres hacer las cosas de manera diferente a medida que envejeces: Mi amiga, la experta en fitness Denise Austin , de 69 años, insiste en que nos mantengamos activos en lugar de llevar una vida sedentaria. No siempre es fácil mantenerse activo con la edad, pero puedes empezar caminando y haciendo estiramientos. Austin también recuerda la importancia de mantener una actitud positiva a medida que envejecemos, algo que muchos estudios respaldan.
  4. Mantente al día con las nuevas tecnologías: Desde audífonos hasta nuevos métodos de comunicación, estar al tanto de las últimas novedades no solo te ayudará a mantenerte en contacto con la gente, sino que también podría beneficiar tu salud cerebral. Un metaanálisis de 2025 publicado en Nature reveló que un mayor uso de tecnologías cotidianas, como teléfonos inteligentes y computadoras portátiles, se asoció con una menor probabilidad de deterioro cognitivo en personas mayores de 50 años, incluyendo deterioro cognitivo leve y diagnósticos de demencia. Así que aprende a usar los botones del control remoto y no dudes en pedir ayuda para familiarizarte con las nuevas funciones de tu iPhone. Sí, requiere esfuerzo; sí, vale la pena.
  5. Sé agradecido, evita la arrogancia y conserva el sentido del humor (sobre todo contigo mismo). Si tuviera que reescribir mi libro sobre el envejecimiento, incluiría este consejo en primer plano. También sería menos duro al juzgar a mis padres. He aprendido que ponerme en su lugar cambia mi perspectiva sobre esta etapa de nuestras vidas.

La apertura del sector de hidrocarburos y el conflicto en Medio Oriente que desencadenó el cierre parcial del estrecho de Ormuz tendrá un impacto positivo en la economía venezolana. En esto coincidieron economistas y expertos energéticos en el foro «2026 ¿País petrolero o país agroproductivo?», quienes vislumbran que para el segundo semestre del año empiecen a notarse los resultados.

Por: Nurelyin Contreras – Bitácora Económica

Para el economista y corredor de riesgos, Leonardo Buniak, «Venezuela se ha convertido quizás en el nuevo mejor amigo de Estados Unidos», lo que ha generado que los mercados internacionales, incluyendo Asia y Europa, vuelvan a colocar su miranda en los sectores de petróleo, gas, energía y minería del país.

En ese sentido, estima que la economía venezolana -en un escenario conservador- crezca por alrededor del 10% para el cierre de 2026, mientras que en un escenario moderado la proyección alcanza 14%, y en un escenario optimista, entre 16% y 20%.

«Si hablamos del 2027, en un escenario donde Venezuela puede estar produciendo un poco más de 1,5 millones de barriles de petróleo, la economía venezolana podría crecer inclusive entre 25% y 30%», sostuvo Buniak en el evento organizado por la Cámara de Comercio Venezolano-Italiana (Cavenit).

En su opinión, Venezuela pudiera convierte en la «capital de la estabilidad energética global», tras el creciente aumento del conflicto en Medio Oriente.

También considera que se ha producido una «suerte de proceso de deslocalización» de la industria petrolera estadounidense que «literalmente ya no compra petróleo» en esa región.

El economista recalcó que la clave está en que Venezuela genere confianza y seguridad jurídica los inversionistas nacionales y extranjeros. De lograrlo, «el flujo de caja que va a entrar al país va a ser masivo».

«Eso va a permitir recuperar la infraestructura eléctrica, que es vital para la industria, y mejorar los servicios públicos. No hay crecimiento económico sostenible sin energía eléctrica confiable y sin agua. Por eso,  2026 es el año donde tenemos que demostrarle al mundo que Venezuela no solo tiene petróleo, sino que es un país serio para hacer negocios», indicó Buniak.

Crecimiento económico será «muy focalizado» 

Para Fabián Campos, economista y gerente de Escenarios de Datanálisis. el crecimiento económico podría ubicarse en 15% para final de 2026, pero será «muy focalizado» en sectores específicos.

«Estamos hablando de sectores de la industria petrolera, servicios conexos, transporte, logística, todo lo relacionado con servicios petroleros; y el sector bancario en la medida que reciba asignación de divisas y también telecomunicaciones», así como salud y agroindustrial que «han sido beneficiados por la asignación del Banco Central de Venezuela en términos de la preferencia», dijo.

Explicó que el proceso de la expansión económica está dividido en tres fases: estabilización, recuperación y transición. «Eso está enmarcado en un horizonte temporal de 18 a 24 meses y han pasado apenas dos».

«La perspectiva es que el primer semestre del año sea de reajuste del proceso y el crecimiento comience a partir del segundo semestre de 2026 enfocado en estos sectores. Ya para el año 2027-2028, con una mayor entrada de inversión directa extranjera en Venezuela, podemos ver que permee en otros sectores y por tanto a la mayoría de la población venezolana».

Con respecto al tema salarial -el mayor reclamo de los trabajadores venezolanos al Estado-, Campos precisó que esto está atado a la productividad e inversión que pudiera crecer en el país.

«En la medida que aumente esa productividad de las empresas venezolanas se puede traducir en aumento del salario», expresó el economista; al tiempo que enfatizó que para el 1° de mayo lo que pudiera ocurrir es un nuevo reajuste a nivel de las bonificaciones.

«Puede ser distinto, pero la expectativa es que sean bonos y luego, en la medida que esta economía vaya creciendo, haya un aumento mucho más sostenido de ese ingreso y ese salario del venezolano», agregó.

En el caso de que el Ejecutivo nacional reforme la Ley Orgánica del Trabajo antes del 1° de mayo, este escenario «cambiaría completamente la perspectiva» y «pudiésemos ver una diferencia en el ingreso porque en este momento perjudica en términos de aumentos para la empresa privada que ha sido el motor en estos últimos años del crecimiento y del salario en Venezuela.»

En cuanto a la brecha cambiaria, la perspectiva de Datanálisis es que baje la distorsión. «Hemos llegado a picos de 150% o un poco menos. Estamos por 49% para ser más exactos al mes de febrero y creemos que para septiembre de este año puede estar estabilizándose en 22%», detalló el economista.

Posible reforma de la Ley de Electricidad y producción petrolera

Por su parte, Oswaldo Felizzola, coordinador del Centro Internacional de Energía y Ambiente del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), afirmó que entendiendo que el sector eléctrico actualmente es la «camisa de fuerza» del país, se está incentivando al Ejecutivo nacional a también reformar la Ley Orgánica del Sistema y Servicio Eléctrico (LOSSE).

«Ya hay informaciones por parte del Ministerio de Energía Eléctrica sobre el interés para ir acercando y para hacer la bienvenida a empresas privadas» sobre este sector, aseveró el investigador.

Recalcó que tanto el mercado petrolero venezolano como el internacional están dando un vuelco de 180 grados, tras la flexibilización de las sanciones, las reformas de la Ley de Hidrocarburos y Ley de Minas, así como el conflicto en Medio Oriente y el cierre del estrecho de Ormuz.

«Tenemos una capacidad instalada de alrededor de unos 31 gigavatios aproximadamente de producción de potencia eléctrica, pero no están en toda su máxima capacidad, entendiendo que por la situación todas las termoeléctricas están fuera de cobertura o una buena cantidad importante de ellas», puntualizó.

Por esta razón es que «esa reforma que se está buscando en la Ley de Electricidad permita la entrada de privados, específicamente en la parte de generación y en la parte de distribución, ya que la parte de transmisión por la naturaleza misma del servicio se dificulta».

De acuerdo con las estimaciones del IESA, la recuperación petrolera para finales de 2026 pudiera estar entre 1.200.000 o 1.300.000 barriles diarios.

«La recuperación es lenta y progresiva. Estamos todavía en la parte de estar trabajando los nuevos contratos con la nueva Ley de Hidrocarburos. Les recordamos que se aprobó en el mes de enero, eso nos da 180 días para una ‘vacatio legis’ para que Pdvsa y el Ministerio (de Hidrocarburos) lleguen a los nuevos acuerdos de los impuestos que van a pagar cada uno de los casi 50 contratos que hay petroleros, entre empresas mixtas y CPP, que ahora pasarán a convertirse en empresas de participación de actividad primaria», describió Felizzola.

Para 2027, el IESA también proyecta que la producción petrolera se ubique en 1.500.000 o 1.600.000 barriles diarios, mientras que para alcanzar los 3.000.000 millones de barriles de crudo por día -que es la capacidad instalada del país-, será a mediano plazo.

Esto principalmente porque «no sabemos cómo es la afectación de los pozos. A medida que se vaya aumentando la producción petrolera es que descubriremos qué tan afectados están los pozos producto de los últimos 10 años en los cuales ha ido mermando la producción de petróleo», añadió Felizzola.

A su criterio, en la medida que crezca la producción petrolera va a aumentar la producción de gas y la oportunidad de exportarlo hacia otros mercados, como Colombia.

«Actualmente se encuentran en discusiones Ecopetrol y Pdvsa, justamente para solicitar todas las licencias particulares, es decir, una 50A o 50B para que Ecopetrol pueda comercializar el gas venezolano. Ella se está apalancando actualmente con el resto de las licencias 46B, 47B, 48 y 49 para hacer todo el ‘due diligence», aseveró.

El pasado 18 de marzo, Delcy Rodríguez, quien ejerce como jefe encargada del régimen venezolano, relevó a Vladimir Padrino López del cargo de ministro de Defensa después de más de once años en esa posición y designó en su lugar al general Gustavo González López.

NTN24

Tanto el nuevo titular como el saliente han sido objeto de serios señalamientos por parte de organismos internacionales, quienes califican a ambos funcionarios de la dictadura venezolana como brazos ejecutores de múltiples torturas en su país.

González López, que dirigió el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y fue jefe de la inteligencia militar (DGCIM), está sancionado por Estados Unidos y la Unión Europea, y diversas organizaciones lo han acusado de supervisar centros donde se han reportado torturas y violaciones graves.

Por su parte, Padrino López, que estaba al frente de la Defensa desde 2014 y era visto como una figura clave en el aparato militar chavista, también enfrenta sanciones internacionales y señalamientos por su papel en episodios de represión violenta durante su gestión.

De hecho, Padrino, a la fecha, es solicitado por la justicia de los Estados Unidos bajo una recompensa de 15 millones de dólares por información que conduzca a su arresto. Esto, debido a su participación directa con el Cartel de los Soles.

En el programa La Noche de NTN24, se aborda el asunto con Fátima Sequea Torres, hermana del capitán de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) Antonio Sequea Torres, militar venezolano condenado por su participación en la llamada ‘Operación Gedeón’ en 2020.

“González López ha sido un torturador del Sebin, ha sido uno de los personajes que le encantaba llevar a los presos políticos, civiles y militares a lo que le llaman ‘la tumba’ en Plaza Venezuela”, dijo Sequea Torres.

La entrevistada recordó que aparte de su hermano, otros familiares se encuentran tras las rejas por motivos políticos, entre ellos su madre, una mujer de la tercera edad e hipertensa, quien fue interceptada por encapuchados el 20 de septiembre de 2025 en Guatire mientras se dirigía a llevar medicinas a su hijo en la cárcel.

“Metieron a mi mamá en un lugar que llaman ‘la pecera’, ella perdió la noción del tiempo, mi mamá sigue enferma, así la tuvieron mucho tiempo, torturándola”, agregó.

Este cambio en el alto mando militar del régimen venezolano se produce en un momento de considerable inestabilidad política en el país, tras la captura del dictador Nicolás Maduro a inicios de enero del año en curso.

De cara a las realidades que se vienen configurando y materializan, que destronan soberanías al mismo ritmo de la globalización y que, asimismo, desde la acera de quienes aún detentan potencia y buscan hacerla sostener acrecentándola como repartidores de libertad o de opresión en el mundo, mientras se vuelve a otro estadio de reinstitucionalización u orden nuevo, en el estado de naturaleza reinante ocurre un regreso inevitable a la regla primitiva de la responsabilidad por daños irrogados por la violencia de los Estados y del crimen transnacional organizado. Se colectiviza la sanción, se usa del castigo al arbitrio según la regla del ojo por ojo, diente por diente, o se la atenúa o subsana mediante el pago de un precio o retribución económica. Los ejemplos huelgan, están a la vista sin necesidad de imaginarlos.

Por: Asdrúbal Aguiar – El Nacional

En nuestro libro Derechos humanos y responsabilidad internacional del Estado, 1977) reseño, para mejor ilustrar, lo siguiente: “En el mundo primitivo todo daño ocasionado o agravio padecido por el hombre era repelido por su grupo social o familiar, mediante una respuesta vegetativa, automática, no ponderada, constituida por la venganza”. Así se entendía la regla de Justicia. “El dolor gobierna soberanamente el sentimiento jurídico del hombre primitivo. La injusticia es apreciada no según su causa, sino según su efecto, no según las circunstancias relativas a la persona de su autor, sino desde el ángulo de quien se siente víctima… La pasión impone la expiación aún del inocente”, escribía el jurista alemán Rudolf von Jhering (1818-1892).

“Este régimen de responsabilidad –prosigo– que parecen haber conocido nuestras primeras aldeas (indiscriminado en sus fuentes, colectivo en la repartición y en el reclamo de las cargas, y retributivo en cuanto a su contenido), no varió mucho durante el tiempo de los bárbaros”. Sin embargo, “para limitar los efectos de la venganza, conocida entre los germanos como faida, estos imaginaron compensaciones pecuniarias (precio de sangre o wergeld), fijadas según los usos. Los celtas de Irlanda las llaman «precio de honor»”.

Así, ante la omisión o la palmaria denegación de justicia actual por parte de la comunidad internacional, que rechaza sistemáticamente su «responsabilidad de proteger» mientras condena a los Estados que se atreven realizarla; o, ante la abulia burocrática del órgano llamado a salvar la columna de sustentación del sistema jurídico internacional o del Derecho internacional nacido en 1945, me refiero a la tardíamente creada Corte Penal Internacional (1998) y a su deber de garantía del derecho a la paz y la proscripción de la guerra haciendo valer el principio del respeto y de la tutela universal efectiva de derechos humanos; cabe preguntarse si en los supuestos que presenciamos en el mundo de ahora –Ucrania y Venezuela, que son emblemas– ¿renacen en su progresión las fórmulas más primitivas de responsabilidad conocidas, las bárbaras, la faida y el wergeld?

Fue necesaria la llegada de Roma y el cristianismo para que tales premisas variasen, en primer lugar, mediante la individualización de los responsables, y la limitación del ejercicio de la libertad, a tenor de la legislación de Justiniano, cuando “busca sólo el perjuicio de los demás”; todo lo cual ha de valorarlo y hacerlo realidad un tercero, el juez o magistrado.

En este orden, razón tuvo otra vez Carl Schmitt (1888-1985), al advertir que la lógica arquitectónica de lo institucional –las normas del Derecho internacional, el europeo, que irradiaba sobre naciones civilizadas e incivilizadas, y eran el resultado del acuerdo o consenso entre dos o más soberanías en un mundo de coordinación y paridad entre sus Estados que se hacían la guerra como pares – hizo aguas cuando Estados Unidos propulsó la primacía categorial de lo económico. Deja a la zaga, como subsidiaria, a la política, tras el final de la Primera Guerra Mundial.

Se alegaba que era una cuestión sobre la que debían resolver los europeos. Mas de seguidas, desde el anclaje de lo económico –propio a la secular tradición calvinista angloamericana (Max Weber, “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, 1905)– se condicionó a la política europea y su desempeño. Se disolvieron de facto los poderes soberanos. A Europa, es cierto, la auxilia financieramente a través del Plan Dawes y el Plan Young, ayudando incluso a la derrotada Alemania para el pago de sus reparaciones por los daños que causó durante la conflagración (1914-1918).

Pasada la Segunda Gran Guerra (1939-1945), la misma lógica se impone con el Plan Marshall, que inyecta a los europeos 13.000 millones de dólares y estos se reorganizan a partir de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero, nacida del Tratado de París de 1951. Mas, como lo indicase Benedicto XVI, enhorabuena para Europa los grandes prohombres del dopoguerra centrados más en la integración política y, sí, en la reconciliación francoalemana, conteniendo el enfoque puramente utilitario norteamericano para priorizar una unión federal y de valores compartidos, como los del Estado constitucional y democrático de Derecho, fijaron las bases de la actual Unión Europea.

La visión liberal del derecho internacional contemporáneo –al margen de sus desviaciones– pudo conservarse en esa suerte de derecho estatal internacional europeo emergente, consistente con los valores éticos adoptados por Naciones Unidas; dándole direccionalidad a la idea primaria de la soberanía, pero como prolongación de la libertad, es decir, de su virtud integradora sobre la base del principio supremo de justicia. Y, como lo enseñara Werner Goldschmidt (1910-1987), este es el que “estatuye la libertad del desarrollo humano”. Tiene como su objeto, exactamente, valorar los repartos de potencia e impotencia en el orden sociológico internacional y la exactitud y efectividad de las normas que los describen, formalizándolas en el plano de lo jurídico, dentro del derecho constitucional y del derecho internacional.

No huelga decir que, la crisis del derecho internacional cuyo respeto se tremola desde los distintos frentes de poder en esta elipse corriente y de incertidumbre, animados estos por acopiar mayor poder, confrontándose sobre el orden de conductas deconstructivas que avanza desde 1989, encuentra como su punto real de inflexión el año de 1960. El arco lo fija Martti Koskenniemi, jurista finlandés, a partir de 1870 (Il mite civilizzatore delle nazioni, 2001). No le falta razón.

La prueba madre sobre la vigencia y efectividad del ordenamiento jurídico internacional la ha representado –fue nuestra tesis doctoral– el instituto de la responsabilidad del Estado y de sus gobernantes por sus hechos ilícitos –delitos y crímenes– internacionales. Se trata de la determinación heterónoma o institucional del comportamiento en el que haya incurrido un Estado o un individuo. Se trata de la posibilidad cierta y no hipotética de exigirle responder, es decir, reparar el daño que haya irrogado con su comportamiento cuando pueda atribuírsele, según las reglas del mismo Derecho internacional, excluyéndose al Derecho interno del respectivo Estado. Las realidades distintas, sensiblemente se encuentran al desnudo. Han tomado senda abierta los caminos hacia la irresponsabilidad global o la lógica de la responsabilidad fundada en el ojo por ojo, diente por diente.

Ejercicios doctrinales y enseñanzas jurisprudenciales sobre este asunto llenan las bibliotecas y sus anaqueles. Decisiones arbitrales y judiciales internacionales cumplidas y ejecutadas pacíficamente, son innumerables. Pero lo mismo no puede decirse con relación a los hechos que involucran, desde el nacimiento de la ONU, a su piedra angular: la proscripción de la guerra y de suyo la paz, la solución pacífica de las controversias como contextos necesarios e instrumentales para la realización del verdadero orden público mundial, el de la protección y tutela internacional de los derechos humanos.

Se sigue decidiendo desde el ángulo del poder y de las posibilidades o imposibilidades de consenso entre los repartidores supremos de potencia y asignadores de impotencias dentro el órgano de gobierno que es el Consejo de Seguridad. Priva la regla pro prínceps, es decir, a favor del Estado y sus gobernantes con desmedro de la norma imperativa fundacional pro homine et libertatis. La sugerencia de Hans Kelsen, concluida la Segunda Guerra, en cuanto a que la declaración del comportamiento internacionalmente ilícito o criminal de un Estado quedara en manos de un órgano judicial de control e independiente, como la Corte Permanente de Justicia Internacional transformada en Corte Internacional de Justicia, fue descartada.

Que desde el vértice de la pirámide normativa pueda declararse la legalidad o ilegalidad del comportamiento atribuible a alguno de los miembros permanentes de dicho Consejo, repartidores supremos, ha sido una quimera. Las excepciones confirman la regla. Mas no sólo es eso, sino que, el conjunto de las potencias medias y el resto de los Estados miembros de la ONU, recipiendarios de espacios de libertad y a discrecionalidad, limitados, todos a uno, desde 1951 han impedido el dictado de un tratado internacional jurídicamente vinculante que haga realidad fáctica las normas del Derecho sobre la responsabilidad internacional de los Estados y sus gobiernos. Sólo se invocan tales razones dialécticamente y para consumo de la opinión mundial a fin de saciarla, a través de los medios de comunicación y las redes sociales, para el ajuste sólo virtual de cuentas entre las potencias mayores y las intermedias o aspirantes a un mayor poder.

El tortuoso camino de la justicia

Los trabajos para codificar las prácticas que habían cristalizado como normas consuetudinarias sobre la materia de la responsabilidad del Estado por hechos internacionalmente ilícitos se remontan a la Sociedad de Naciones. Los reinicia la ONU en 1949 designándose en 1955 a su primer relator, F.V. García Amador, jurista cubano a quien le preocupa, de manera especial, la protección diplomática de los extranjeros. Le sucede el jurista italiano Roberto Ago (1907-1995), que le da un giro al tema y presenta un texto bastante completo, conteniendo artículos que disciernen sobre la gravedad o no de las violaciones al Derecho internacional, al objeto de exigir responsabilidad agravadas o no.

Sensiblemente, el camino trazado por Ago se ralentiza, por prevenidos los Estados sobre lo dicho y celosos de sus soberanías, dentro de las que bullen los más ominosos atentados a la conciencia humana. Los gobiernos democráticos, los “civilizados” dirían los juristas europeos de la generación del jurista Frederic De Martens o Fedor Fedorovich Martens (1845-1909), son escasos en 2026 y dentro del conjunto de la ONU.

La violación de las normas imperativas o de orden público internacional, se ve reducida en su tratamiento y se le diluye en las entrelíneas. Todo crimen se supera a través de compensaciones dinerarias. Nada más. Y lo de destacar es que sólo fue en 2001 cuando se alcanza un tímido avenimiento de la comunidad internacional alrededor de un texto de artículos sobre la Responsabilidad internacional del Estado por hechos internacionalmente ilícitos en la Comisión de Derecho Internacional. Seguidamente adopta, como recomendación, la Asamblea General de la ONU (Resolución 56/83, de 12 de diciembre de 2001).

Sólo así se entiende que, presentado ante el Consejo de Seguridad el Informe de la Investigación Independiente sobre el genocidio en Ruanda de 1994, y constatándose que este “tenía el poder de haber evitado al menos parte de la tragedia ruandesa”, ninguna de las potencias que lo integran se hicieron responsables. Ni a la organización ni a sus autoridades comprometidas se les exigió responder, conforme a las normas del Derecho internacional. Sólo se “describió la falta de voluntad política para actuar ante las crisis como el obstáculo más peligroso para el trabajo de las Naciones Unidas en el mantenimiento de la paz” (Acta del Consejo de Seguridad, 4127ª sesión, viernes 14 de abril de 2000).

El caso se repite 25 años más tarde, tras el daño por riesgo y de efecto transfronterizo que causa la pandemia universal de origen chino en 2019, con millones de muertos. Nadie le ha reclamado a la potencia generadora del riesgo su deber de reparar integralmente los daños materiales y humanos irrogados desde el Instituto de Virología de Wuhan, así sea reputada de científica y legítima su actividad. De donde cabe, pues, tener que revisitar los orígenes de esta ominosa deriva para mejor resolver hacia el futuro.

El exministro de Defensa Vladimir Padrino López aseguró este domingo que su gran objetivo frente a esta cartera durante más de 10 años fue evitar una guerra. Dijo que hubo decisiones difíciles de tomar con «las inevitables consecuencias».

EFE

«Reconozco que en mis años al frente del Ministerio de la Defensa, hubo decisiones difíciles de tomar con las inevitables consecuencias, por lo cual también fui objeto de condenas o desdén por algunos sectores de la vida política nacional, incluyendo imputaciones extraterritoriales», señaló el militar en un mensaje publicado en Telegram.

Padrino López defendió que esas decisiones se inclinaron siempre por la paz y la vida de los venezolanos, incluyendo la de los soldados.

Padrino López aseguró que su objetivo se concentró en evitar una guerra

El exministro dijo que su gran objetivo se concentró en evitar una guerra, lo cual celebró. «Porque, tal como lo dijo el general romano Escipión El Africano, ante la demanda de mayor beligerancia: ‘En mí, mi madre trajo al mundo a un general, no a un guerrero'».

«Valdría la pena preguntarse: ¿Qué habría sido del país, si nos hubiéramos precipitado al tenebroso pantano de una guerra fratricida entre hermanos?«, cuestionó.

El exministro sostuvo que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) fue incitada «incontables veces» al «aventurismo y la barbarie» por «sectores extremistas».

«El Estado se defendió con determinación y la FANB se colocó en primera línea, cual muro de contención. Tarea que le hizo víctima de ofensas, odio e infamias», añadió.

A su juicio, estos males deben quedar imposibilitados en este «proceso de reconciliación» política que impulsa la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.

El miércoles, Rodríguez nombró a Gustavo González López como nuevo ministro de Defensa. Este paso a sustituir a Padrino López, quien estuvo en el cargo por más de una década.

Padrino López ocupó esta cartera de Estado desde octubre de 2014. Lo designaron tras una oleada de protestas masivas antigubernamentales que marcaron el inicio del primer período presidencial de Nicolás Maduro.

La destitución de Padrino López se dio dos meses y medio después del ataque militar estadounidense en Caracas y tres estados del país, que culminó con la captura de Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, actualmente encarcelados en Estados Unidos. 

Para Vanessa Farina, la esperanza se había vuelto peligrosa. Durante más de un año, midió su vida en función del número de días que su esposo, el activista de derechos humanos y político Luis Tarbay, pasó en la prisión más notoria de Venezuela.

Por: Ana Vanessa Herrero – The Washington Post

Ahora, con el presidente Nicolás Maduro bajo custodia de Estados Unidos y la administración Trump ejerciendo presión, su vicepresidenta y confidente, Delcy Rodríguez, había comenzado a liberar a algunos de los cientos de presos políticos que retenía. Mañana y noche, Vanessa revisaba su teléfono, con la esperanza de recibir buenas noticias.

Durante más de un año, yo hice lo mismo.

Vanessa y yo somos amigas desde hace años. Nuestros hijos se hicieron mejores amigos en el jardín de infancia, y nosotras seguimos el mismo camino de manera natural. Estuve en la casa que Vanessa y Luis compartían con sus dos hijos el día en que fue arrestado. Me mantuve a su lado durante los meses que siguieron.

Luego llegó el domingo en que una fuente vinculada a la prisión de El Helicoide me envió un mensaje: “Es posible que Tarbay salga hoy”.

Dudé en decírselo a Vanessa. Durante su calvario, pasé varias noches en su casa, y no quería que sufriera otra falsa esperanza. Finalmente, la llamé por WhatsApp. En Caracas, donde reporto para The Washington Postno usamos líneas telefónicas regulares para conversaciones sensibles desde hace una década.

Cuando me devolvió la llamada, salía a almorzar. Le dije que se quedara en casa.

“Es posible que Luis sea liberado hoy”, le dije. “Estaré allí en 30 minutos”.

‘Es esto. Creo que es él’

Maduro encarceló a miles de presos políticos durante sus doce años en el Palacio de Miraflores. Mientras su régimen socialista avanzaba, manteniéndose en el poder mediante elecciones ampliamente condenadas como fraudulentas, el ritmo de la represión se aceleró.

“Varios miles” de venezolanos fueron “detenidos arbitrariamente” en medio de manifestaciones antigubernamentales masivas en 2017, dijo en ese momento el entonces jefe de derechos humanos de la ONU, Zeid Ra’ad Al Hussein. Muchos, afirmó, fueron “supuestamente sometidos a malos tratos e incluso torturas”. Tras la reelección reclamada por Maduro en 2024, él mismo se jactó de haber arrestado al menos a 2.200 personas durante protestas masivas.

Pero la redada estadounidense ha transformado las relaciones entre Washington y Caracas. Rodríguez se irritó ante el plan del presidente Donald Trump de “direccionar” Venezuela, pero el gobierno aprobó rápidamente legislación para facilitar el acceso extranjero al petróleo venezolano.

Rodríguez también prometió un cambio político. Días después de la captura de Maduro el 3 de enero, el régimen anunció que comenzaría a liberar prisioneros — un “gesto unilateral”, según el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, para “reforzar nuestra inquebrantable decisión de consolidar la paz en la república y la convivencia pacífica de todos”. Jorge es hermano de Delcy.

Se introdujo y aprobó una ley de amnistía. Entre los primeros liberados estuvieron el exdiputado opositor Enrique Márquez, candidato presidencial en 2024; el periodista y exparlamentario Biagio Pilieri; y la activista de derechos Rocío San Miguel, cuya organización sin fines de lucro investigó ejecuciones extrajudiciales cometidas por fuerzas de seguridad venezolanas.

Pero no hubo noticias de Luis. Él era el coordinador internacional de Vente Venezuela, el partido encabezado por la popular líder opositora María Corina Machado, en diciembre de 2024, cuando fue detenido en un puesto de control del gobierno y arrestado.

Se le acusó de terrorismo, una acusación común contra críticos del régimen, y fue finalmente enviado a El Helicoide. Construida sobre una colina, la ciudadela en forma de pirámide, sede de la policía secreta de Maduro, domina el oeste de Caracas. Según la misión de determinación de hechos de la ONU para Venezuela, también ha funcionado como centro de tortura.

Tras el anuncio de Jorge Rodríguez de que “un número importante” de detenidos serían liberados, los familiares se acercaron a las cárceles donde creían que sus seres queridos estaban siendo retenidos. No se les informó nada sobre su situación, dijeron varios, aunque algunos expresaron una esperanza cautelosa.

“Me dije a mí misma: ‘Voy’”, contó Ingrid Rodríguez, cuya amiga Jesús Armas era organizadora opositora. “Si no sale hoy, saldrá mañana, pero tengo que estar allí”.

La misión de la ONU celebró la aprobación preliminar de la ley de amnistía, pero pidió “supervisión rigurosa”.

“Esta ley tiene el potencial de contribuir a restaurar derechos y reparar el tejido social de Venezuela”, dijo Alex Neve, experto de la ONU. “Pero las voces de los incontables venezolanos cuyos derechos han sido violados en las cárceles del país, así como las organizaciones de la sociedad civil que los han asistido y defendido, deben estar en el centro de este proceso”.

Una preocupación particular eran los cerca de 50 detenidos que habían desaparecido dentro del sistema penitenciario. Algunos siguen desaparecidos.

Así que esperamos. A mediados de enero, el régimen afirmó haber liberado a cientos de prisioneros. Según Foro Penal, una organización independiente de derechos legales que representa a detenidos, la cifra real era mucho menor. Pero era evidente que los detenidos estaban saliendo.

Luego llegó el domingo de febrero en que fue liberado el político opositor Juan Pablo Guanipa. El régimen había distinguido al popular exgobernador del estado Zulia y vicepresidente de la Asamblea Nacional para un acoso particular.

El ambiente en la cocina de Vanessa cambió.

Vanessa canceló sus planes de salir y pidió comida china a domicilio. Sus hijos y sobrinas veían televisión mientras nos agrupábamos en torno a su teléfono. Mensajes y llamadas llegaban en cascada de personas que habían escuchado los rumores.

Y entonces, el teléfono volvió a sonar.

“Vane”, me dijo (en español, se pronuncia VAH-nay). “Es esto. Creo que es él”.

Ella contestó. “¿Hola?”

Un año en el infierno

La pesadilla de la familia comenzó menos de una semana antes de Navidad de 2024. El 19 de diciembre, Luis fue parte de la represión postelectoral. Esa noche, fui a su casa a buscar a mi hijo.

Vanessa me recibió en la puerta.

“Tengo algo que contarte”, susurró. “Luis fue arrestado. No digas nada. Los niños no lo saben”.

El miedo inundó nuestras vidas.

Desde 2014, al menos 19.000 personas han sido arrestadas por manifestarse, hablar en contra, intentar destituir o votar contra el gobierno, según Foro Penal y otros grupos de derechos humanos. Varios aseguran que eran simples transeúntes cuando los detuvieron.

Las fuerzas de seguridad de Maduro mataron al menos a 300 manifestantes, según organizaciones de derechos humanos. Ex presos políticos afirman que fueron torturados. La Corte Penal Internacional está investigando denuncias de detenciones arbitrarias, violencia sexual y otros abusos.

La mayoría de los casos ocurrieron en El Helicoide.

Durante seis meses, Luis tuvo prohibido comunicarse con su familia. Se le negaron las visitas y el acceso a un abogado privado. No supimos nada.

En medio de la angustia, Vanessa trató de crear una rutina. Como Luis es cocinero, comenzó a preparar los elaborados platos de sus recetarios. “Es como tener una parte de él aquí”, me dijo.

Sus hijos, Mateo, de 8 años, y Andrés, de 4, llevaban su propio dolor, pero se esforzaban por ser fuertes para Papito —Papá.

Pregunté a mi hijo si alguna vez hablaba con Mateo sobre su padre. “No, mami”, respondió. “Eso es algo de lo que hablaré solo si él inicia la conversación”.

Pero Mateo nunca lo hizo.

Finalmente, Luis llamó. Ya era primavera. Dijo que estaba bien. Vanessa podía visitarlo.

Fue a El Helicoide dos veces por semana. Tenía que vestir una camisa blanca y unos jeans azules: el uniforme de las visitas.

En el sistema penitenciario venezolano, la supervivencia del recluso recae completamente en mujeres como Vanessa. El Estado no provee ni pan ni agua; solo ofrece celdas inmundas. Los detenidos comen lo que sus familias les llevan —algunas llevan más de lo necesario, para compartir— o no comen en absoluto.

Para que Luis sobreviviera, Vanessa enfocaba su dolor en una logística ritualizada.

“El infierno, mi infierno”, escribió tras una visita el año pasado. “El inframundo de Hades para mí se traduce en El Helicoide. Te reciben los de negro; tú vas de blanco. Qué ironía”.

Describió cómo subía la pirámide en espiral, paso a paso. “¿Quién iba a pensar que para llegar al inframundo habría que subir? Al final, está Luis, quien también se niega —se niega a morir. Porque cuando estás vivo en el infierno, no quieres quedarte; solo quieres pasar”.

Pese al peso de su espera, Vanessa, artista, seguía en pie. Directora de una prestigiosa escuela de diseño, transformó su tragedia en una línea de ropa —chaquetas y pantalones, faldas y bolsos, con rayas verticales que evocan barrotes. Su amor estaba preso, pero ella no sería doblegada.

El abrazo

Durante el primer mes tras los anuncios de liberaciones, Vanessa vivió a base de rumores y pistas, solo para acabar desilusionada una y otra vez.

“Tengo una forma de medir cómo me siento”, me dijo la primera noche. “A veces estoy en ‘modo terraza’ —llena de esperanza. Otras, me siento en el sótano”.

Al escuchar un rumor, pasé la noche en su casa. “Hoy es día de balcón, Vane”, le dije. Esperaba que fuera cierto.

No lo era.

Nuestra amistad se había convertido en una clase magistral de supervivencia digital en medio del acoso gubernamental. Escribíamos por WhatsApp, con mensajes que desaparecían en 24 horas. Hablábamos en códigos, borrábamos registros de llamadas y nunca mencionábamos la situación de su esposo fuera de nuestro círculo confiable.

A medida que pasaban las horas y Luis no aparecía, Vanessa bajaba del balcón al sótano. No había sido liberado.

Pero aquel domingo de febrero, una notificación sonó en mi teléfono. Era un mensaje nuevo en el chat cifrado que comparto con Vanessa y otra amiga.

“Terraza”, escribió. Sonreí, sintiendo cómo, por fin, empezaba a aligerarse el peso. “Un balcón con vista”, respondí.

Vanessa atendió la llamada. “Guru”, su apodo para él. “Hola amor. ¿Bien y tú?”

Una pausa. Y luego, un grito de pura alegría. Era como si el peso y el dolor de un año finalmente hubieran salido de su cuerpo. Luis venía camino a casa.

El regreso

Andrés abrazó a su prima. “Papá viene a casa”, gritó. Mateo saltó a los brazos de su madre. “Feliz cumpleaños, Mateo”, le dijo.

En seguida, la camioneta negra se detuvo ante la alta verja de entrada. Luis, escoltado por agentes de inteligencia vestidos de negro, bajó —más pálido, barbudo, más delgado. Los oficiales lo vigilaron hasta la puerta. El portón se cerró.

Luis y Vanessa se abrazaron y besaron. Su madre enterró la cabeza en su pecho y lloró.

Luis fue liberado, pero aún no es libre. Sigue acusado de financiar terrorismo y conspiración. Debe presentarse ante el tribunal cada 30 días. Se le ha advertido que no debe salir del país.

El día de su arresto, nos contó, fue llevado por varios hombres a una casa utilizada por fuerzas de seguridad para retener personas. “Pasé por diferentes etapas, diferentes celdas”, relató. La primera, un espacio de dos metros por dos metros (6,5 pies por 6,5 pies) que compartía con otro hombre, no tenía agua ni baño.

“Teníamos que hacer nuestras necesidades en una olla que luego teníamos que tirar a la basura”, dijo. Al poco tiempo, fue trasladado a El Helicoide, primero a una celda pequeña. Pasó un mes antes de ver la luz del sol. “Es como una cuarentena por la que pasas antes de que empiecen a darte la oportunidad de salir”.

Finalmente, lo trasladaron a una celda “presurizada”: 16 personas en un espacio de 40 metros cuadrados (430 pies cuadrados). “Está totalmente sellada, sin ventanas”, explicó. “Durante los primeros meses de detención, estaba prohibido hablar con personas de otras celdas”.

Afuera de El Helicoide, la economía venezolana caía en picada. Dentro, los presos crearon pequeños negocios —vendiendo empanadas, cortando cabello— para generar ingresos para sus familias.

Durante este tiempo, Vanessa fue su salvavidas. Llevaba suficiente comida para toda la celda porque otras familias simplemente no podían alimentar a sus seres queridos. Algunos compañeros de celda compartían su comida con sus familias.

La captura de Maduro marcó un punto de inflexión, dijo. “Los guardias cambiaron”, contó. “Se volvieron más humanos”. Le permitieron pasar más tiempo en el patio de la cárcel.

Sus compañeros de celda fueron liberados uno a uno. “Cada liberación era una celebración”, recuerda. La suya fue la última.

La libertad no llegó a tiempo para su compañero de celda y amigo Alfredo Díaz. El exgobernador de Nueva Esparta, arrestado unas semanas antes que Luis, murió bajo custodia en diciembre. Las autoridades dijeron que al parecer sufrió un ataque al corazón.

Ya en casa, Luis miró a su alrededor. “Lo que más extrañé, más allá de mi familia, fue caminar descalzo y sentir el césped”, dijo. “Extrañé la tierra. Allí, todo es concreto, en todas partes. Sientes que entras en las entrañas de una bestia de cemento. No hay vida”.

Esa noche, Vanessa me envió una foto. Luis, Vanessa, Mateo y Andrés se abrazan con anticipación para su primera noche nuevamente bajo un mismo techo. Vanessa mira a la cámara, con lágrimas en los ojos. Mateo y Andrés se aferran a ellos. Luis los abraza a todos.

Habían llegado a la terraza. La vista, al fin, era clara.

Ernesto Villegas aprovechó una entrevista para «pedir disculpas» a las víctimas de la brutal represión estatal de 2017.

La Patilla

Villegas intentó desmarcarse de su rol comunicacional durante aquel año, cuando la narrativa oficial criminalizaba sistemáticamente a los manifestantes.

La declaración de Villegas contrasta radicalmente con la realidad de un país que aún exige justicia por las centenares de víctimas documentadas durante las protestas de 2017.

Al mencionar casos emblemáticos como el de Juan Pablo Pernalete, el chavista apeló a un discurso de «paz y familia» para justificar su aspiración a la Defensoría del Pueblo.

El silencio y aislamiento de una comunidad cerrada, bajo resguardo de barreras y garitas, parecen proteger de cualquier violencia que venga de afuera a las familias que habitan en este ramal que sirve de colofón a la extensa calle Simón Planas, en Colinas de Santa Mónica. Aunque resulta que la violencia siempre estuvo dentro.

A primera vista, una de sus casas luce similar a las adyacentes quintas típicas de este sector de la urbanización, situada en el suroeste de Caracas, cerca de los empinados linderos entre los municipios Libertador y Baruta. Alguna vez en el inmueble hubo vida familiar. Se hicieron hallacas, corrieron niños en su patio, con cordialidad se recibieron visitas.

A dos casas se encuentra el Salumificio Il Visconti, un restaurante y fábrica de embutidos artesanales, preparados según la tradición italiana. Funciona desde 2010. La casa que le sirve de sede yace sobre una cornisa del cerro, un mirador que ofrece vistas sublimes de El Ávila y del oeste del valle de la capital venezolana. El local solo atiende en las noches, aprovechando el escenario y el panorama que se observa desde sus terrazas, propicias para contemplar la puesta del sol en una cena romántica con música en vivo. También se celebran bodas, cumpleaños, navidades y brindis corporativos.

Sin embargo, diversas señales empiezan luego a sugerir que nada normal ocurre en la quinta La Arenosa; en cambio, sí algo ominoso. La distinguen altos muros de piedra, cercado eléctrico, paredes reforzadas con ladrillos y cámaras de vigilancia dispuestas en ángulos cruzados, entre otros signos de acuartelamiento.

Los indicios no mienten. Hasta hace poco en la quinta funcionaba un centro clandestino del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin, policía política), donde sus agentes escondían y torturaban a activistas de oposición secuestrados. Armando.info confirmó al menos siete casos de víctimas de detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas, detenidas después del fraude electoral que Nicolás Maduro perpetró en julio de 2024, que fueron objeto de maltratos y tormentos entre sus paredes.

En algún momento, todas las víctimas fueron trasladadas -varias de ellas inmovilizadas por un dispositivo que agentes y prisioneros apodaban El pulpo, pues ata manos y piernas a la vez- desde El Helicoide, el hasta hace poco siniestro reclusorio que también se ?d?ivisa desde las terrazas de Il Visconti.

Más detalles en armando.info

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