Estados Unidos elevó el tono en Naciones Unidas al anunciar que intensificará sus acciones para privar de recursos a las redes criminales que, según Washington, operan bajo la protección del régimen de Nicolás Maduro. La postura fue presentada como una medida de seguridad hemisférica destinada a frenar el narcotráfico, el lavado de dinero y la expansión de organizaciones transnacionales que afectan a toda la región.
Durante su intervención ante la Asamblea General, la delegación estadounidense sostuvo que el llamado Cartel de los Soles constituye una amenaza directa para la estabilidad regional y para la seguridad de Estados Unidos y sus aliados. Para Washington, el uso de estructuras estatales venezolanas para facilitar actividades ilícitas obliga a una respuesta firme, coordinada y sostenida en el tiempo.
Sanciones como herramienta de contención
La estrategia estadounidense se apoya en el endurecimiento y la aplicación estricta de sanciones económicas y financieras. El objetivo, según explicaron funcionarios norteamericanos, no es castigar a la población venezolana, sino cortar las fuentes de financiamiento que alimentan el narcotráfico y otras economías criminales que operan desde Venezuela con alcance internacional.
En ese marco, Estados Unidos defendió la interdicción de buques y el bloqueo de activos como instrumentos legítimos para impedir que ingresos provenientes del petróleo y otras actividades sean desviados hacia redes ilícitas. Washington argumenta que estas medidas se inscriben en compromisos internacionales contra el crimen organizado y el tráfico de drogas.
Mensaje político y respaldo internacional
El pronunciamiento en la ONU busca además enviar una señal política clara a la comunidad internacional. Estados Unidos llamó a los Estados miembros a no normalizar la convivencia con estructuras estatales capturadas por el crimen organizado y a reforzar la cooperación judicial y de seguridad para enfrentar amenazas transnacionales.
Desde la óptica estadounidense, la presión sostenida es una condición necesaria para debilitar a las redes criminales y abrir espacio a una transición democrática en Venezuela. La ofensiva diplomática y económica se presenta así como una defensa del orden internacional, la legalidad y la seguridad regional frente a un régimen que, según Washington, ha convertido al Estado en un facilitador del delito.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, volvió a pedir el pasado jueves la libertad del excandidato presidencial Enrique Márquez y de sus connacionales detenidos por motivos políticos en Venezuela.
«Feliz navidad a Enrique Márquez para que se reúna con su familia. Feliz Navidad a los colombianos que aún siguen presos en Venezuela, liberamos 18», comentó Petro en una publicación de la esposa del excandidato venezolano que cuestionó públicamente el fraude de Nicolás Maduro y aseguró hace más de un año que «las actas son la paz».
Petro reiteró en redes sociales que «me opongo a una invasión en el Caribe y en Venezuela y estoy por una salida política y pacífica en Venezuela por los venezolanos, y en el Caribe, un diálogo entre todas las américas y los pueblos del Caribe continental y antillano».
Pero el mandatario colombiano, aliado ideológico de Maduro, enfatizó que «se debe liberar a todos los presos políticos en las Américas, incluido en Venezuela».
Durante décadas, Venezuela fue un problema incómodo para la política exterior estadounidense: demasiado grande para ignorarlo, demasiado caótico para resolverlo sin costos. Las sanciones fueron el instrumento preferido porque permitían sostener una narrativa moral sin asumir una confrontación material. Ese equilibrio acaba de romperse.
La transición de sanciones administrativas a interdicción física en alta mar marca un punto de inflexión histórico. No se trata solo de confiscar cargamentos ilegales, sino de absorberlos. El petróleo que durante años financió una economía paralela ahora puede terminar alimentando reservas estratégicas de Estados Unidos. Ese gesto —incautar y beneficiarse— no es anecdótico: es un cambio de reglas.
Hasta ahora, el orden energético hemisférico se apoyaba en una ficción útil. Estados Unidos castigaba regímenes, pero mantenía abiertos canales de mercado a través de licencias, excepciones y zonas grises. El objetivo no era ganar, sino contener. La “flota fantasma” venezolana prosperó precisamente en ese intersticio: barcos sin nombre claro, rutas opacas, descuentos extremos y una tolerancia internacional basada en la incomodidad de enfrentar el problema.
La nueva doctrina elimina esa ambigüedad. El crudo ilegal deja de ser un asunto contable para convertirse en objeto de poder. El mar ya no es solo una vía de comercio, sino un espacio de control. En términos históricos, esto recuerda a épocas en que los imperios no regulaban flujos: los dominaban.
Las consecuencias son múltiples. En lo inmediato, el régimen venezolano enfrenta un deterioro acelerado de su flujo de caja paralelo. Los ingresos opacos —estimados en cientos de millones de dólares mensuales— no sostenían al Estado formal, sino a la coalición real de poder: mandos militares, servicios de inteligencia, redes de lealtad. Al interrumpir ese flujo, no se provoca un colapso súbito, pero sí algo más corrosivo: escasez dentro del aparato represivo.
En paralelo, la incautación con beneficio redefine los incentivos para Estados Unidos. Cada barril confiscado no solo debilita a Caracas, sino que fortalece la seguridad energética estadounidense. La sanción deja de ser un costo político y se convierte en un activo estratégico. Esa inversión de lógica explica por qué las licencias petroleras pierden centralidad: negociar es menos eficaz que interceptar.
El mensaje, sin embargo, va más allá de Venezuela. China y Rusia observan con atención. Durante años, el crudo venezolano fue un recurso marginal pero útil para refinerías periféricas y esquemas de evasión. Ahora ese petróleo se ha transformado en un activo disputado, cargado de riesgo estratégico. Transportarlo ya no es una operación comercial, sino una apuesta geopolítica.
Estamos, en efecto, ante el retorno de una geopolítica energética sin eufemismos. No hay discursos sobre cooperación, ni promesas de transición ordenada. Hay control, negación de acceso y apropiación funcional del recurso. No mediante ocupación territorial, sino mediante dominio de los nodos críticos: rutas, seguros, puertos, mares.
La historia sugiere que estos momentos redefinen sistemas enteros. Cuando los flujos dejan de obedecer al mercado y pasan a obedecer al poder, los actores se adaptan o desaparecen. Venezuela, convertida en productor sin control sobre su propia renta, enfrenta una paradoja brutal: posee recursos estratégicos, pero no decide su destino.
El tablero hemisférico ha cambiado. Y cuando eso ocurre, no lo anuncian los comunicados diplomáticos, sino los barcos detenidos y los barriles que cambian de bandera.
Antonio de la Cruz
Mientras las fuerzas estadounidenses se concentran frente a Venezuela, lanzan ataques contra presuntos narcotraficantes y confiscan petroleros, las autoridades locales están movilizando al ejército, solicitando el apoyo de sus aliados y apelando a las Naciones Unidas.
También están aprovechando las amenazas de Estados Unidos para reprimir la disidencia interna, según observadores locales e internacionales.
El gobierno del presidente Nicolás Maduro“ha utilizado la presión estadounidense como excusa para desplegar al ejército, tildar de ‘traidores’ a sus críticos y arrestar a decenas de disidentes”, declaró Martina Rapido Ragozzino, investigadora de Human Rights Watch para los Andes del Norte. La organización de derechos humanos con sede en Nueva York afirmó en septiembre haber documentado 19 casos de presos en régimen de incomunicación.
El político opositor Alfredo Díaz, ex gobernador del estado de Nueva Esparta, falleció este mes en El Helicoide, sede del servicio de inteligencia SEBIN en Caracas, un año después de ser arrestado mientras intentaba huir del país. Su familia afirma que se le negó la atención médica necesaria.
El martes, la Asamblea Nacional aprobó una ley que impone hasta 20 años de prisión a quien “promueva, instigue, solicite, invoque, favorezca, facilite, apoye, financie o participe” en la campaña estadounidense para confiscar buques que transportan petróleo venezolano, según declaró Giuseppe Alessandrello, patrocinador de la iniciativa.
“La represión del espacio cívico se ha intensificado, sofocando las libertades de las personas”, declaró este mes Volker Türk, alto comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos, ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. “Periodistas, defensores de los derechos humanos, figuras de la oposición e incluso trabajadores humanitarios siguen enfrentándose a amenazas, acoso y riesgo de detención arbitraria, simplemente por realizar su trabajo”. (Human Rights Watch y Türk también han criticado los ataques militares estadounidenses contra presuntos narcotraficantes en las costas de Centroamérica y Sudamérica. Human Rights Watch los ha calificado de ejecuciones extrajudiciales ilegales; Türk ha afirmado que violan el derecho internacional de los derechos humanos).
Estos acontecimientos no son sorprendentes, afirmó David Smilde, sociólogo de la Universidad de Tulane. “Cuando existe una amenaza tan real de una operación militar, por supuesto que se usará como excusa”.
La represión ha intensificado la campaña lanzada por Maduro el año pasado. El socialista autoritario se proclamó vencedor en las elecciones presidenciales venezolanas de julio de 2024 a pesar de que las auditorías electorales realizadas por The Washington Post y otros observadores independientes mostraron que perdió la votación frente al candidato opositor Edmundo González por un margen de 2 a 1. Cuando los venezolanos salieron a las calles a protestar, las autoridades arrestaron a miles. El observatorio penitenciario independiente Foro Penal declaró este mes que el gobierno tenía detenidos a 905 presos políticos.
Estados Unidos ha considerado ilegítimo a Maduro desde las elecciones presidenciales de Venezuela de 2018, que también fueron ampliamente consideradas fraudulentas. El gobierno de Trump ha acusado a su gobierno de traficar drogas a Estados Unidos. Maduro y varios altos funcionarios venezolanos han sido imputados en un tribunal federal estadounidense por cargos de narcoterrorismo; los Departamentos de Justicia y de Estado aumentaron este año la recompensa por información que conduzca a su arresto o condena a 50 millones de dólares.
El gobierno comenzó a desplegar buques de guerra en el Caribe en agosto. Desde principios de septiembre, las fuerzas estadounidenses han lanzado ataques contra al menos 29 embarcaciones en aguas de Sudamérica y Centroamérica, causando la muerte de al menos 105 personas. La Guardia Costera ha incautado dos petroleros este mes e intentó capturar un tercero.
El gobierno afirma estar combatiendo el narcotráfico. Sin embargo, el presidente Donald Trump ha reiterado que Maduro tiene los días contados; esta semana declaró a la prensa que sería inteligente dimitir.
El gobierno venezolano ha intentado responder mediante la diplomacia, evitando una confrontación militar. Maduro ha descrito las incautaciones de petroleros como actos de piratería destinados a robar los recursos naturales de Venezuela. El lunes, envió un llamamiento formal a los 193 Estados miembros de la ONU, advirtiendo de una escalada de agresión extremadamente grave por parte de Estados Unidos.
“Venezuela no ha cometido ningún acto que justifique esta intimidación militar”, escribió Maduro. Describió la estrategia estadounidense como “el uso letal de la fuerza al margen de cualquier marco legal internacional”.
En una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU el martes, solicitada por Venezuela, Samuel Moncada, representante del país, acusó a Estados Unidos de “la mayor extorsión conocida en nuestra historia”.
El representante estadounidense Mike Waltz respondió que Maduro era “un fugitivo de la justicia estadounidense y líder de la Organización Terrorista Extranjera Cártel de Los Soles”.
El miércoles, Johany Méndez, de 35 años, se encontraba al frente de una prisión en el estado de Lara con una pequeña bolsa de alimentos y productos de higiene para su sobrino. Durante el viaje de una hora, rezó: “Solo le pido a Dios que escuche nuestro clamor y recupere a mi hijo”.
Gabriel José Rodríguez tenía 16 años en enero cuando fue arrestado en un hospital de Lara. Había acudido a recibir tratamiento con fiebre. Fue el día antes de la toma de posesión de Maduro, según contó su tía, y se lo llevaron “porque dijeron que parecía un alborotador”.
Durante el último año, celebró su 17.º cumpleaños y completó la secundaria en prisión. También fue acusado de terrorismo, declarado culpable y, este mes, condenado a 10 años de prisión. Es uno de los al menos cinco adolescentes encarcelados por el gobierno.
“Su padre está destrozado, como todos”, dijo su tía. “Le encanta la Navidad; en ese sentido, sigue siendo un niño. Ahora, sin él, se siente vacío”.
Jorgen Watne Frydnes, presidente del Comité Noruego del Nobel, habló sobre la muerte de Díaz este mes en Oslo, donde la líder opositora venezolana María Corina Machado fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025.
“Alfredo Díaz, líder opositor y ex alcalde, fue sacado de un autobús en noviembre pasado y arrojado a las profundidades de El Helicoide, la cámara de tortura más grande de Latinoamérica”, dijo Frydnes. “Un preso político más, en una larga lista de otros. Esta semana llegó la noticia de su muerte. Otra vida perdida. Otra víctima del régimen”.
En el último año, el gobierno ha encarcelado no solo a líderes políticos y activistas, sino también a ciudadanos comunes. Marggie Orozco, una médica de 65 años, compartió un mensaje de WhatsApp quejándose de la crisis política de Venezuela. Fue arrestada, acusada y condenada por traición, instigación al odio y conspiración. En noviembre, fue sentenciada a 30 años de prisión.
También en noviembre, el Comité por la Libertad de los Presos Políticos informó que un grupo de hombres, algunos uniformados de las fuerzas de seguridad, otros no, irrumpieron violentamente en una vivienda de Caracas y arrestaron a Samanta Sofía Hernández Castillo, de 16 años. Cuarenta y ocho horas después, su familia se enteró del arresto de su hermana, Aranza Hernández Castillo, de 19 años, en Maracaibo, según declaró su madre, Ambar Castillo, a CNN. Sofía y Aranza son hermanas del exteniente del Ejército venezolano Cristian Hernández, acusado de traición y residente en el exilio.
El martes, frente a El Helicoide, la pequeña familia de un preso se vistió de blanco para la visita. “Esto es lo más parecido al infierno que tengo”, dijo la esposa del preso. Habló bajo condición de anonimato por temor, dijo, a represalias como la cancelación de sus derechos de visita o su propio arresto.
La mujer y sus dos hijos pequeños trajeron un par de regalos, examinados primero por los guardias, y hallacas (pasteles de masa de maíz rellenos de carne y otros ingredientes, envueltos en hojas de plátano), un plato navideño tradicional. “Le dimos un poco de nuestros sabores caseros”, dijo. “Mis hijos le regalaron un cascanueces para protegerlo del mal que lleva dentro”.
Su hijo de 8 años solo le ha pedido a Papá Noel este año un regalo: la liberación de su padre.
“Cree que despertará y encontrará a su papá”, dijo la mujer.
Lee los mismos libros que su esposo para conectar con él, y la familia planeaba cenar y desayunar lo mismo que él. Pero no sabía si los guardias le permitirían quedarse con la comida o si le permitirían más visitas. En agosto, Human Rights Watch informó que El Helicoide limitó las entregas familiares a los viernes, “eliminando las entregas diarias de alimentos y múltiples entregas semanales”.
“En otros casos”, afirmó la organización de derechos humanos, “las autoridades penitenciarias permitieron las visitas durante un tiempo y luego las negaron arbitrariamente durante semanas o meses”.
“Sinceramente”, dijo la esposa del preso, “a veces veo a la Señora Justicia con los ojos tapados y pienso: si hubiera una manera de destaparlos y ayudarla a ver”.
En medio de las festividades decembrinas, la organización no gubernamental Provea alzó la voz este jueves 25 de diciembre para visibilizar el costo humano de la crisis migratoria venezolana, recordando que las celebraciones actuales están marcadas por la separación de millones de hogares.
La organización subrayó, en una publicación compartida en su cuenta X @_Provea, que el fenómeno migratorio no es solo una estadística, sino una realidad que afecta la estructura misma de la sociedad.
Se estima que más de 7,9 millones de venezolanos se encuentran actualmente fuera de su país. Destacaron que estos ciudadanos pasan las festividades lejos de su territorio nacional y de sus seres queridos.
Uno de los puntos centrales de la denuncia de Provea es el rechazo a la resignación social. La ONG hizo un llamado urgente tanto a la ciudadanía como a la comunidad internacional. «No se debe ver esta situación como algo cotidiano o aceptable; es vital no ‘normalizar’ la crisis que atraviesa el país».
El pronunciamiento de la organización cerró con una nota de esperanza y exigencia de derechos. Provea aboga por que el nuevo año traiga consigo las condiciones necesarias para un retorno seguro y digno, donde el reencuentro familiar en suelo venezolano sea posible sin limitaciones ni temor.
Miles de venezolanos se quedaron varados en el extranjero o solos en sus hogares durante estas fiestas navideñas, sin poder reunirse con sus familiares después de que el presidente Donald Trump declarara el cierre del espacio aéreo venezolano hace más de tres semanas.
El acto navideño encabezado este miércoles 24 de diciembre por Nicolás Maduro en un barrio popular de Caracas desató una ola de críticas en redes sociales, donde numerosos usuarios cuestionaron el contraste entre la puesta en escena festiva del jefe del régimen y la profunda crisis social que atraviesa la mayoría de los venezolanos.
Durante el evento político denominado “Hallacazo nacional comunitario”, Maduro bailó, comió y realizó bromas ante simpatizantes, mientras volvía a desafiar abiertamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, horas después de que este ratificara sanciones máximas contra la dictadura venezolana y ordenara intensificar operaciones militares en el Caribe.
“Soy un hombre de a pie… Me voy bailando, pero volveré para seguir peleando y bailando para seguir triunfando. El imperialismo no puede con nosotros”, expresó Maduro en declaraciones públicas difundidas por medios oficiales y redes sociales, reafirmando su retórica de confrontación con Washington.
Sin embargo, la respuesta ciudadana no se hizo esperar. En Instagram, una usuaria criticó duramente la escena: “Mientras él come, baila y se ríe, el grueso de la población pasa penurias al no tener qué ofrecer en su mesa”. Otro internauta en la misma plataforma señaló que “Maduro vive en una realidad totalmente paralela; los venezolanos llevamos rato sumergidos en una crisis”.
Las expresiones de rechazo también se replicaron en la red social X (antes Twitter), donde un usuario escribió: “Te queda poco, dictador. Ya llegará el día en que se haga justicia por todo el sufrimiento que le has hecho pasar a nuestro pueblo”.
Las imágenes del evento, ampliamente difundidas en plataformas digitales, contrastan con la persistente emergencia económica y social del país, marcada por salarios mínimos pulverizados, servicios públicos colapsados y una migración masiva que supera los siete millones de venezolanos, según organismos internacionales.
Mientras Maduro intenta proyectar una imagen de “cercanía” con las comunidades populares de la capital, en el plano internacional se mantiene una creciente presión sobre su régimen. Estados Unidos continúa el despliegue militar en el Caribe, en un contexto de endurecimiento de su política hacia Venezuela.
Ofensiva de Trump
El presidente Trump ha designado recientemente a varios cárteles latinoamericanos —entre ellos el Cártel de los Soles y el Tren de Aragua— como organizaciones terroristas, argumentando su presunta participación en el tráfico de fentanilo y cocaína hacia territorio estadounidense.
Como parte de la denominada Operación Lanza del Sur (Southern Spear), la Armada de Estados Unidos ha desplegado el portaaviones USS Gerald R. Ford, al frente de una flota de casi una docena de buques de guerra frente a la costa venezolana. A ello se suman sobrevuelos de bombarderos estratégicos B-52 Stratofortress, cazas F-35 y F-18, así como aeronaves de reconocimiento P-8 Poseidon, según información del Pentágono.
Fuentes oficiales estadounidenses han señalado que este contingente militar también busca bloquear activamente buques petroleros venezolanos, con el objetivo de cortar las fuentes de financiamiento del gobierno de Maduro.
En medio de este escenario, las críticas en redes sociales reflejan un creciente malestar ciudadano ante la brecha entre el discurso oficial y la dura realidad cotidiana que enfrenta la mayoría de los venezolanos.
El Comité de Madres en Defensa de la Verdad informó que 99 personas detenidas durante las protestas posteriores a las elecciones presidenciales de 2024 en Venezuela fueron excarceladas desde la madrugada de este jueves, en lo que organizaciones civiles califican como una medida insuficiente frente a la magnitud de la represión poselectoral.
Según un comunicado del colectivo, los hombres permanecían recluidos en el penal de Tocorón, en el estado Aragua, mientras que las mujeres estaban detenidas en el Centro Penitenciario Femenino La Crisálida, en el estado Miranda, y los menores de edad en centros de reclusión del estado La Guaira.
El comité celebró las excarcelaciones, pero advirtió que el gesto no modifica la situación de fondo. En el texto, exigió “la libertad plena” de todas las personas detenidas tras los comicios mediante una amnistía general, al subrayar que “la injusticia sigue afectando a centenares de familias en todo el país”.
Las liberaciones también fueron confirmadas en la red social X por la ONG Comité por la Libertad de los Presos Políticos, integrada por familiares de detenidos, que desde hace meses documenta arrestos arbitrarios, dilaciones judiciales y condiciones de reclusión consideradas contrarias a los estándares internacionales.
En octubre, las madres de los detenidos ya habían advertido que el proceso de excarcelaciones estaba paralizado desde marzo de 2025, y reclamaron entonces la revisión individual de los casos. Desde entonces, no se habían registrado liberaciones significativas, pese a los reiterados llamados de organizaciones nacionales e internacionales.
La ola de detenciones se produjo tras las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, en las que Nicolás Maduro fue proclamado de manera fraudulenta vencedor por el Consejo Nacional Electoral, un organismo ampliamente cuestionado por su falta de independencia y controlado por el chavismo.
La oposición mayoritaria denunció fraude y sostiene que el verdadero ganador fueEdmundo González Urrutia, lo que desató protestas en distintas ciudades del país. La respuesta de la dictadura incluyó operativos policiales y militares, detenciones masivas y procesos judiciales acelerados.
De acuerdo con la ONG Foro Penal, en Venezuela hay actualmente 902 presos políticos, de los cuales 86 tienen otra ciudadanía o doble nacionalidad, según un boletín publicado el 15 de diciembre.
El informe, difundido a través de la red social X, detalla que entre los detenidos hay 782 hombres y 120 mujeres; 898 son adultos y cuatro adolescentes de entre 14 y 17 años. Del total, 728 son civiles y 174 militares.
La organización advirtió que este listado “no incluye, todavía, a todos los que han sido arrestados y liberados o se mantienen bajo arresto a corto plazo (48 horas)” desde el momento de la publicación.
La dictadura de Maduro y la Fiscalía chavista aseguran que en el país no existen presos políticos, al sostener que quienes permanecen privados de libertad cometieron delitos comunes, postura rechazada por ONG y dirigentes opositores.
Por otra parte, mencionaron el registro histórico de detenciones con fines políticos en Venezuela: “Detenciones políticas desde 2014 a la fecha: 18.612″. Por otra parte, hicieron hincapié en que el Foro Penal asistió a más de 14 mil detenidos, hoy excarcelados, y a otras víctimas de violaciones a sus derechos Humanos. “Además de los presos políticos, más de 10.000 personas siguen sujetas, arbitrariamente, a medidas restrictivas de su libertad”.
La Navidad es una etapa muy especial del año. En nuestra cultura conlleva una serie de costumbres y actividades que se convierten, en muchos casos, en una fuente de estrés y ansiedad, y que afectan tanto a nivel físico como emocional de forma muy distinta, dependiendo en gran medida de las circunstancias de cada uno.
Hay personas a las que la Navidad les hace sentir muy bien, provocándoles emociones de alegría e ilusión, sin embargo, a otras les generan ansiedad, estrés o tristeza.
¿Cuáles son las causas de la ansiedad en Navidad?
La ansiedad puede estar originada por causas externas o internas:
Causas externas: en el caso concreto de la navidad, esta conlleva una mayor actividad, reuniones, fiestas, regalos y obligaciones que producen cansancio y estrés adicional, sobre todo cuando la persona siente una “necesidad u obligación» de que todos los de su alrededor estén contentos y muy bien atendidos.
Causas internas: muy relacionada con los pensamientos y con la manera que tiene cada uno de interpretar lo que ocurre a su alrededor. En Navidad, y de cara al nuevo año, nos solemos replantear nuestros proyectos vitales y somos más conscientes de estas contradicciones.
¿Qué personas sufren más ansiedad en Navidades?
Hay personas que son más sensibles a estas fiestas y que, por distintos motivos, van a tener más probabilidad de sufrir los síntomas de la ansiedad.
Personas con problemas familiares: en nuestra cultura la navidad se relaciona con la familia, con la idea de reunir a los miembros familiares y vivir el bienestar y la ilusión de sentir que nuestra familia es una zona de seguridad y amor. Muchas personas pertenecen a familias con problemas, donde los miembros no se llevan bien, donde no se siente esa sensación de seguridad ni de amor sino más bien lo contrario. En estos casos las reuniones familiares son un factor de ansiedad, ya sea por problemas actuales o de la infancia.
Pérdidas: cuando ha existido una pérdida reciente de alguien importante, especialmente si son las primeras Navidades sin ese ser querido. Esto hace que los síntomas se agraven porque los recuerdos aumentan, se siente dolor por esta persona y al mismo tiempo está esa sensación de tener que estar de alegre.
Estrés por agradar: a veces estas fechas traen consigo una serie de actividades que generan un aumento importante de estrés y cansancio, por ejemplo, en personas que se tienen que encargar de preparar las fiestas o reuniones familiares, personas que quieren agradar e intentan que todos se sientan bien… con una preocupación constante por que «las cosas salgan bien». Si además hay problemas familiares, dichas personas pueden sufrir especialmente, intentando evitar cualquier discusión o similar.
Personas que se sienten solas: en esta época la soledad se vive de una manera más intensa ya que los mensajes de familia, fiesta, amistad son constantes.
Personas con problemas de ansiedad previos: como la hipocondría, la agorafobia, claustrofobia, fobia social o ansiedad generalizada.
¿Cómo afectan las Navidades a personas con problemas de ansiedad?
Cuando hablamos de personas que ya tienen trastornos de ansiedad, la Navidad puede aumentar los síntomas existentes con lo cual el trastorno ya existente se agrava.
En el caso de personas con trastornos de ansiedad previa, puede aumentar los síntomas porque se ven más expuestos a los desencadenantes:
Hipocondría: especialmente este año por las reuniones familiares y el posible contagio del coronavirus.
Agorafobia: aumentan las salidas y la posibilidad u «obligación» de estar en espacios con mucha gente y lejos de la «zona segura».
Claustrofobia: también hay más ocasiones de estar en espacios cerrados que disparan esa sensación de peligro.
Fobia social: la exposición a las reuniones sociales es mayor en esta época del año.
Ansiedad generalizada: cuando ya tenemos un estado general alterado y tendente a la preocupación, por supuesto estas fechas son una fuente extra de disparadores de ansiedad.
¿Qué consejos se pueden seguir para reducir los síntomas?
Ajustar expectativas. Es mejor bajar las expectativas y reducir metas para no estar con la sensación de «no poder llegar a todo». En este punto incluyo el «saber decir no», puesto que es importante poder renunciar a peticiones externas que no nos vienen bien o no deseamos.
También es importante ser capaces de pedir ayuda y no querer hacerlo todo. Saber pedir ayuda y compartir las preocupaciones es una capacidad (y no una debilidad como algunas personas piensan). Esto disminuye los riesgos de tener ansiedad.
Otro consejo sería el repartir las responsabilidades, ya que es deseable saber delegar y no ocuparnos con obligaciones que no son nuestras. Y finalmente, es vital no olvidar el autocuidado (ejercicio y descanso principalmente), así como realizar técnicas de relajación o bajar el ritmo de otras actividades.
Finalmente, debemos aceptar los problemas familiares, en vez de fingir como que no existen, ajustando las expectativas a la realidad. Además, si detectamos pensamientos que nos producen ansiedad, debemos comunicarlos, puesto que al expresarlos nos pueden servir para obtener un punto de vista diferente y relativizarlos.
Hay una partitura en la historia de la música venezolana que está rodeada de un halo de misterio.
“Esa partitura nunca ha podido ser identificada, es un manuscrito anónimo donde aparece el dibujo de un monje, que pareciera ser benedictino, con una flauta en la mano y un tambor a la derecha”, dice Pedro Chacón, historiador y profesor de la Universidad Nacional Experimental de las Artes, en Caracas.
“Es el documento musical más antiguo en nuestro país”, añade.
Hay quienes creen que en ese documento del siglo XVI está plasmado el origen de la gaita venezolana.
El género que en muchos casos transmite alegría tiene, en sus raíces, un profundo dolor.
“La gaita nace como una canción de protesta ante el maltrato del amo a los esclavos”, indica Chacón.
Para tratar de entender por qué la gaita venezolana se llama así, nos adentramos en un fascinante viaje en el tiempo que nos lleva a tierras muy lejanas.
Un instrumento
José Rafael Romero es historiador especializado en etnomusicología y profesor jubilado de la Universidad del Zulia, en el occidente del país.
Es autor, junto a Arcadio Martínez y Víctor Hugo Márquez, del libro «La Gaita Zuliana. Origen y evolución», una investigación de 20 años sobre ese género musical.
Su origen lo remonta a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, “cuando se empiezan a hacer las llamadas gaitas en las comunidades africanas y afrodescendientes”.
Aclara que “el término gaita originalmente se refería a un instrumento musical: la alghaita, una flauta de origen árabe”.
De hecho, cuando le cuento a un amigo marroquí sobre este artículo, me dice que en su país hay un instrumento que se llama “ghaita” y que con ese mismo nombre se conoce un tipo de música.
Descubro después que no solo es popular en Marruecos, también lo es en Argelia y Mauritania.
Sin embargo, es muy difícil precisar el origen de la palabra gaita.
¿Berber?
El músico e investigador austriaco Michael Vereno escribió “Gaita and gajda – Musings on a Strange History of Names” (Gaita y gajda – Reflexiones sobre una extraña historia de nombres).
El texto, que es una parte de su tesis doctoral posteriormente convertida en un libro, lo publicó en el sitio web de The Bagpipe Society. Bagpipe es un instrumento musical de viento que se suele traducir como gaita.
Cuenta que en España y Portugal se consiguen diferentes tipos de gaitas, conocidas como gajdas en los Balcanes, donde también hay una variedad.
Al indagar sobre la etimología de gaita, el autor cree que “es probable que el término tenga su origen en el noroeste de África, probablemente de una lengua bereber”.
“En algún momento antes del siglo XIV, el término podría haber viajado a España y su norte cristiano, donde huyeron los esclavos fugitivos de las regiones musulmanas, entre ellos músicos bereberes”.
Para Vereno, como para otros autores, gaita es “un término polisémico viajero”.
Llamando a la misa
Y así, volvemos a Venezuela, con el profesor Romero:
“La gaita llega a nuestras tierras con los africanos. Cuando pasaban por las Canarias, los llamaban a la liturgia con una flautica, que era la alghaita. Por eso, en el Zulia, el proceso de la gaita está asociado a la Iglesia”.
Debido a las dificultades de los religiosos para comunicarse en los dialectos de los africanos, usaban un tambor y una flautita para convocarlos a la misa.
Pero un tipo de flauta similar, dice el experto, había tenido otros usos mucho antes.
“Los hombres usaban la alghaita para llamar a las cabras que se iban al desierto”.
“Como no tenían capacidad de voz, usaban un estómago de cabra, lo lubricaban y le ponían una flauta. Cuando a ese fuelle lo llenaban de aire y lo apretaban, la flauta sonaba y las cabras donde estuvieran regresaban”.
“Esa es la base de la flauta gallega, de la flauta escocesa, que se conocen como gaitas”, dice Romero.
Quizás al leer la descripción del pastor y sus cabras, te imaginaste el sonido de un cuerno, como me pasó a mí.
De hecho, Vereno cuenta que en España hay una flauta que se llama alboga, que es “una prima de la alboka vasca”.
Las dos son de origen árabe, “en donde al-bûq significa cuerno».
Hay una teoría que vincula la palabra gaita con el gótico “gaits”, que significa cabra, y algunos creen que puede tener relación con el uso del cuero de cabra para elaborar la flauta o, incluso, el furruco, instrumento usado en la gaita venezolana.
Sin embargo, expertos, entre ellos Chacón, no están del todo convencidos.
Volvamos a la fiesta
A finales del siglo XVI, las comunidades africanas y afrodescendientes hacían lo que Romero llamó “gaitas”.
Y es que en el caso del Zulia, “la gaita está más relacionada con la fiesta que se les permitía hacer”.
“La Iglesia les dijo: ustedes van a la misa estrictamente católica y después les damos permiso para que hagan su ritual africano”.
“De esa forma, empezaron a asociar el llamado que se les hacía con la alghaita, la gaita, con una parranda”.
“Surge la primera forma de gaita que se conoce en el Zulia, la gaita de tambora, que es profundamente devocional, en este caso a Dambalá, que es una divinidad de origen africano sincretizada con una virgen católica que es Santa Lucía”.
La Iglesia católica honra a Santa Lucía el 13 de diciembre, día en que, en el año 304, padeció el martirio.
“Una fusión maravillosa, mágica, de culturas” se dio cuando la población afrodescendiente se fue a Maracaibo (actual capital de Zulia) a trabajar en el puerto.
“Cada 12, 13 de diciembre, los afrodescendientes, que hacían gaitas sincréticas a Santa Lucía y a Dambalá con tambora, se unían con los vascos, gallegos y canarios, que le hacían zambombería a Santa Lucía, y surgió lo que se conoce como la gaita de furro”.
Zambombería proviene de zambomba, instrumento de origen africano introducido en Venezuela, y el furro «es un hijo de la zambomba, que es un instrumento más pequeño”.
El reclamo
Romero explica que si bien, al principio, la gaita era devocional, también se convirtió en el reflejo de una realidad.
“El amo de la plantación les permitía (a los esclavos) durante un día, en todo el año, festejar a su manera y practicar ciertas modalidades de libertad”.
“Aprovechaban para reclamar por cosas que no les gustaba, no solo al amo, también a la Iglesia: ‘¿Por qué Dios nos abandonó?’. Así nace la protesta en la gaita y así se conformó en Maracaibo”.
Las gaitas se convirtieron en un vehículo para que las clases populares expresaran sus angustias.
“Los gaiteros eran los que más desnudaban a los gobiernos en sus errores”.
Y esa tradición se mantuvo.
De hecho, el que se considera “el himno de la gaita”, de Ricardo Aguirre, es una súplica a la Virgen de la Chiquinquirá, patrona del Zulia, estado clave en la explotación petrolera en Venezuela.
Madre mía, si el gobierno
no ayuda al pueblo zuliano,
tendréis que meter la mano
y mandarlo pa’l infierno.
(…)
Acabaron con la plata
y se echaron a reír,
pero les puede salir
el tiro por la culata.
Muchas agrupaciones a lo largo de los años han incluido en sus repertorios canciones con un fuerte contenido social.
“Hemos sido pioneros de la gaita de protesta en el Zulia. Cuando las cosas no están funcionando en algún aspecto, cuando se maltratan a estudiantes, se reprimen marchas, hemos reclamado las injusticias”, le dice a BBC Mundo Jesús Urribarri, director de Cardenales del Éxito, grupo creado hace 61 años.
Y se hizo género
De acuerdo con Romero, la gaita de furro se volvió la más conocida en los siglos XVIII, XIX y buena parte del siglo XX, y adquirió el perfil de género.
“Los géneros se refieren a una propuesta musical con una estructura y una orquestación determinadas”, indica Chacón.
“La instrumentación que caracteriza a la gaita es el furruco, el cuatro y la voz”.
También cuenta con las maracas y la charrasca.
Y algo clave: “En la gaita tradicional venezolana, sobre todo la zuliana, no existen instrumentos de viento”, es decir, no hay nada parecido a una gaita.
De acuerdo con el profesor, la tambora no es esencial, puede acompañar. No obstante, hay un tipo de gaita, la de San Benito, en la que el furruco no es tan importante, la protagonista viene a ser precisamente la tambora.
“La década de los 60 fue espectacular”, dice Romero. “Empiezan a surgir los grupos gaiteros organizados y eso desemboca en grabaciones, discos. Se da la profesionalización del gaitero y la gaita ya no es tan espontánea”.
Hay diferentes tipos de gaitas: una de ellas surgió al inicio de los 70, que se conoce como tamborera, que es un ritmo más melodioso para bailar.
También hay una que es bucólica, que se da en el municipio de Perijá, en la frontera con Colombia.
Al otro lado
Y así, atravesamos esa frontera y llegamos a la región Caribe colombiana, donde encontramos dos tipos de flautas, de origen indígena, conocidas como gaitas, que son complementarias y siempre aparecen juntas, señala Juan Carlos Jaramillo, periodista de la BBC especializado en música.
“Está la gaita hembra, corta, con registro alto y varias notas para la melodía, que es tocada con las dos manos, como un clarinete o un oboe; y la otra, la gaita macho, mucho más larga, con dos orificios, de registro grave y usada solo para tocar el ritmo y acompañar a la gaita hembra”.
Pero el término gaita abarca más que esos dos instrumentos.
“Se le dice gaita al conjunto, al instrumento y al ritmo”, señala el músico Juan Sebastián Ochoa, investigador especializado en estudios culturales y musicales de Colombia.
“Las orquestas de baile, además de tocar cumbias y porros, también tocan un género que llaman gaita, pero no usan las gaitas”.
Los que sí las usan son, por ejemplo, los famosos Gaiteros de San Jacinto, a quienes la Radio Nacional de Colombia llama “los guardianes de la cumbia”.
En ese caso, las gaitas son las protagonistas y las acompañan las maracas indígenas y los tambores africanos.
La gaita, como ritmo, que interpretan conjuntos colombianos es diferente a la gaita venezolana.
“No tienen nada que ver la una con la otra”, aclara Ochoa.
“En Latinoamérica hay nombres de músicas y ritmos que se repiten. Es decir, son músicas tocayas, que se llaman igual, pero no tienen relación entre sí”.
“En el caso de la gaita es igual: se usa el mismo término para identificar músicas diferentes. El término, en Colombia, se lo pusieron los españoles al instrumento porque se les pareció a las gaitas escocesas”.
Otras inspiraciones
De regreso en Venezuela, como el homenaje a Santa Lucía se hacía en diciembre, la gaita se empezó a asociar desde sus inicios con la Navidad y el fin de año.
Sin embargo, en el Zulia se escucha todo el año.
Además, su interpretación se ha extendido por varias partes del país.
En 2020, por ejemplo, 12 músicos -la mayoría de ellos caraqueños- crearon la agrupación Maleiwa es gaita “para mantener viva la gaita tradicional en Caracas, donde se hace gaita, pero no es tan zuliana. Tratamos de mantener la raíz”, le cuenta a BBC Mundo su director, Kelvy Pirela.
Y, aunque algunos de los temas más populares del género tienen que ver con la Navidad, lo cierto es que hay gaitas para casi todo.
Para el amor y el desamor, como el clásico “Sin rencor” de “Neguito” Borjas con Gran Coquivacoa:
Recuerdas aquellos días
Que te adoré con locura
Fuiste esperanza, hermosura
Mi pasión y mi alegría
O para la geografía, como esta canción del grupo Rincón Morales:
Orinoco, ya vas llegar, río hermoso, ya vas a llegar
Venezuela en ti palpita, en ti suspira como un órgano vital
Orinoco, ya vas a llegar, río hermoso
el Auyantepuy es autentico guardián
Pese a la diversidad temática de la gaita, en el resto de Venezuela parece inevitable que se asocie con las fiestas de fin de año.
“Diciembre es un momento único en el que le recordamos a los venezolanos sus tradiciones, cómo celebraban la Navidad sus antepasados”, dice Carlos Torres, uno de los cantantes de Maracaibo 15.
Para Torres, ese grupo, que nació hace 49 años, es “un estilo de vida, una representación cultural de nuestro país”.
El profesor Chacón destaca cómo “la gaita adecua textos alusivos a la Navidad, no en el sentido religioso, sino en uno muy terrenal, muy humano”.
Y nada más terrenal que atribuirle características humanas al año, como lo hace Maracaibo 15 en este tema que puedes escuchar en YouTube:
¿Qué te pasa viejo año, qué te pasa?
Que ya tienes tu maletas preparadas,
Dime si es que te han botado de la casa
Porque estas viejo porque no sirves pa’ nada.
Las cosas viejas como tú las botan,
Y más si saben que otro llegará,
Pero no llores échate un trago,
Que yo te recordaré,
Con los ratos de felicidad
En tus días yo pasé.
La llegada de la Navidad es motivo de alegría por los miles de regresos a casa y por las juntas familiares con motivo de las fiestas. Las fechas señaladas son más allá de felicidad un riesgo para aquellos que no quieren ver como la aguja de sus básculas marcan un peso mayor al de semanas antes de entrar en finales de año. Por esa razón, es importante seguir los consejos de aquellos expertos en la materia. Únicamente así se podrá mantener el tipo y evitar sustos al ver la cifra que marca la balanza.
Al hilo de ello, Luke Hanna, nutricionista y entrenador personal, ha dado un par de claves básicas para aquellas personas que quieran seguir con un peso estable y sin subidas significativas fruto de los desfases típicos de fechas navideñas. Además de sujetarse en sus conocimientos de nutrición, el inglés se basa en estudios publicados en las revistas Current Obesity Reports y Obesity Science and Practice, según ha publicado el medio inglés de Express.
Las dos reglas y los estudios que los respaldan
El nutricionista, que cuenta con casi un millón de seguidores en su TikTok, ha expuesto las que son las dos reglas que debemos seguir para evitar subir de peso. El primero de ellos va ligado a esos excesos que se hacen en Navidades, donde se come hasta que uno ya no puede más. Ese hecho causa malestares y, además, que el organismo adquiera más comida de la necesaria, lo que se resume en acumulación de grasa a medio plazo. “Unos pocos días de “comer en exceso” no es algo de lo que preocuparse”, aclara Hanna. “Sin embargo, cuando esto se extiende a semanas y semanas, o incluso meses, puede ser problemático”, añade.
Además, para justificar ese argumento se basa en un estudio publicado en la revista Current Obesity Reports, donde se detallan las consecuencias de prolongar demasiado estos arrebatos de comer en abundancia en periodos vacacionales o festivos. Así, la investigación compuesta por 39 estudios concluyeron que en el 70% se experimenta un incremento medio de 0,7 kilos.
En segundo lugar, el otro consejo se va al ámbito de los conocimientos nutricionales, es decir, a saber que se come y por qué. Es fundamental saber los macronutrientes que componen los alimentos para tener conciencia de si se está aportando lo estrictamente necesario al organismo. “Pensar en si vale la pena o no comer ciertos alimentos se ha asociado con un mejor control del peso y de las calorías”, ha compartido Hanna.
En este caso, también hay una investigación científica detrás, publicado por la revista Obesity Science and Practice. En este estudio se ha llegado a la conclusión de que pensar de forma activa sobre si los alimentos que ingerimos son beneficiosos o no ayuda a controlar la ingesta calórica. Sin embargo, el nutricionista también afirma que no hay que obsesionarse, pero sí que es interesante valorar ciertos aspectos de la comida, que hay que disfrutarla por encima de todo. “No hay que estresarse por la comida y hay que disfrutarla. Pero para mucha gente, vale la pena tener en cuenta estas cosas”, concluye.