“La verdad es la verdad,
la diga Agamenón o su porquero”
(Antonio MACHADO: Juan de Mairena)
Adiós, “Píkara magazine”, que te quedas sin gente. Y no es que yo quiera imitar a aquel zapatero remendón que, como no le había ido muy bien en Madrid, al salir de la capital agitó su brazo como despidiéndose mientras le gritaba “¡Adiós Madrid, que te quedas sin gente!”. O sea, que yo lea o deje de leer esta revista, ni le va ni le viene a Píkara, pero sí que sentiría que se quedara sin gente. Publicar determinados artículos llenos de falsedades, imprecisiones, acusaciones infundadas, falta de datos, insultos vulgares, argumentos banales e ingenuidades varias, rebaja enormemente el nivel con el que comenzó y se mantuvo esta revista.
Por: Victoria Sendón De León – Tribuna Feminista
Ahora, sin embargo, llegado el tiempo de la confusión, de la postverdad, del “a ver si cuela”, del queerismo desbocado o de la nueva reforma educativa de mínimos, parece que todo está permitido porque la gente es inculta, no lee, no debate y sólo ve tik tok. Así que, visto lo visto, esta revista se puede permitir el lujo de rebajar todos los niveles siempre que se ponga del lado de la costrosa Agenda 2030, que es el engaña bobos fetiche para toda una década.
Un articulito sobre “feminismos excluyentes” ha llegado a mis manos por vías inesperadas, tan inesperadas como consideran las autoras de este escrito a las feministas de toda la vida, que eran ya un aburrimiento con su agenda repetitiva año tras año, pero que ellas decretan que ahora llevan una deriva que no se puede aguantar. Desde que han llegado “elles” al feminismo con su novedad “queer”, que está ya más antigua que la pana si no fuera porque los señoros de la Big Pharma tienen que seguir haciendo caja, todo es un despropósito por nuestra parte. No es que elles sean la deriva, sino nosotras; no es que elles no tengan argumentos, sino nosotras; no es que elles no sean solidarias con las criaturas que arruinan sus vidas desde la más tierna adolescencia, sino nosotras; no es que elles quieran meter de matute a todas las trans en el movimiento, “que son parte de él por pleno derecho”, sino nosotras, las excluyentes, quienes sólo pedimos que, por favor, no empujen, y hagan su propio movimiento, que no tiene nada que ver con el nuestro. Hay espacio para todas. ¡Se expandan, c…!
Al principio, el movimiento LGTB (salvo las feministas lesbianas) no pretendía entrar en el feminismo, iban a lo suyo y nosotras a lo nuestro. ¿Qué ha pasado? Que el feminismo ha triunfado y todo el mundo quiere estar al sol que más calienta, pero no solo: ha pasado que hay que destruirlo. Y para que no se note hasta el momento mismo en que implosione, mejor que los cuetos chinos entren desde la izquierda y desde un movimiento con el cual hubo concomitancias y apoyos puntuales. El único detalle en su contra es que “les elles” no existen. Tienen que forzar la naturaleza sin conseguirlo, pero como lo saben, lo que intentan es ganar la batalla hegemónica cultural. De hecho, tanto “les” como “elles” me lo tenían que subrayar en rojo y no lo hacen. Clave. La nueva cultura ha colonizado internet. Por supuesto, pues es uno de los supuestos.
Lo de la hegemonía cultural lo introdujo Antonio Gramsci tras un correcto análisis del marxismo, basado en un tecnicismo económico, ya que no puede existir una correlación directa entre la economía y la política, pues esta última “debe ser concebida como un organismo en desarrollo”. Por tanto, no bastaría con que el proletariado tomara los medios de producción para que se generara espontáneamente la superestructura de la cultura, la religión, las creencias y todo el aparato ideológico, salvo que se impusiera de modo dictatorial. Nunca podremos acceder a un verdadero sistema socialista democráticamente si antes no conseguimos una hegemonía de pensamiento, una hegemonía cultural.
Esto es precisamente lo que el sistema (que ya no sé si es de izquierdas, de derechas o de psiquiátrico) está llevando a cabo para conseguir la hegemonía cultural, es decir, el consenso general sobre temas como el aborto, el racismo, el colonialismo y la ideología de género, amén del cambio climático. Y como los medios masivos de comunicación están en manos de seis firmas privadas, resulta que nos bombardean con los temas que les interesa a toda hora, en revistas, informativos, periódicos, películas, publicidad, series y todo tipo de imágenes y lecturas para llegar a ese acuerdo general con el que conseguirían la hegemonía cultural para desde ahí pasar a un sistema gobernado por los intereses de las élites económicas. Hasta la OMS acaba de publicitar que existen más de dos sexos. Bueno, precisamente la OMS, que con toda la ONU está implicada en el asunto.
Las autoras del artículo nos achacan a las feministas una legitimidad -y hasta inmunidad – que no nos corresponden, puesto que nuestros postulados coinciden con los de la derecha. Mientras los suyos implican la liberación de todas las personas, incluidas las TERF (es decir, las odiadoras de los trans) Y aquí utilizan profusamente el neolenguaje propio del “giro lingüístico”, por el que la realidad se debe amoldar al lenguaje y no al revés. Yáhvéh, para que Adán no se sintiera solo y triste le presentó todos los animales de la tierra para que les pusiera nombres. No puso los nombres y luego Adán los fue acoplando al tuntún. Sin embargo, los nuevos dioses han decidido hacerlo al revés. Primero deciden quién es trans, terf, cis y otras pamplinas hasta que todos, todas y todes rindamos tributo a lo que han dictaminado como lo “políticamente correcto”. En fin, que el feminismo mainstream es una rama del “cisexismo”. Es decir, de las mujeres que se adaptan a su sexo. ¡Chúpate esa! Con todo, lo que más me inquieta es esa acusación de inmunidad. Pareciera que estuvieran esperando que se abrieran las compuertas del todo vale para llevarnos a la guillotina en masa. En fin, ahora nuestro grito de guerra tendrá que ser aquel de ¡amazonas de mundo, uníos! Ha llegado la Resistencia.
Con todo, la verdad del cuento, es decir, la adecuación de la realidad con el concepto, sigue siendo la verdad, la diga Agamenón o su porquero.