Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

En medio de un enorme despliegue militar, Estados Unidos sigue incrementando sus medidas de presión sobre Nicolás Maduro. El Gobierno de Venezuela —que permanece en máxima alerta— busca argumentos legales y aliados políticos dentro y fuera del país para contener la arremetida. Este domingo, ha anunciado que abrirá investigaciones sobre las “ejecuciones extrajudiciales” en el marco del ataque a supuestas narcolanchas que está ejecutando Washington en el Caribe. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, informó de una reunión sostenida este domingo con familiares de personas asesinadas durante los ataques.

El País

El principal operador político del chavismo no precisó a qué ataques correspondían las denuncias ni quiénes eran los asesinados. Mostró una fotografía en la que aparecen seis personas de espaldas durante el encuentro con los diputados y aseguró que resguardaba sus identidades porque han recibido amenazas “por sectores y personas que tienen un máximo interés en que ellas no digan la verdad”.

Tres meses después de que comenzaran los sucesivos ataques militares, tanto en el Caribe como en el Pacífico colombiano, se espera que este lunes el Parlamento venezolano celebre una sesión extraordinaria para conformar una comisión de investigación que apoye al Ministerio Público. “A través de los mecanismos que tiene la Asamblea Nacional, vamos a activar la acción de la Fiscalía General de la República”, dijo Rodríguez en un mensaje en sus redes sociales. “Estos groseros ataques vulneran la carta de Naciones Unidas, los derechos humanos y, además, atentan contra las leyes relacionadas con la navegación y las leyes del mar”, añadió.

La semana pasada, el fiscal general del régimen chavista, Tarek William Saab, declaró que en estas embarcaciones no había drogas, como han afirmado las autoridades de los Estados Unidos, sino “peces y bolsas”. Saab agregó que “el uso de la fuerza letal contra un buque civil en aguas internacionales está generalmente prohibido”, a menos que sea “en defensa propia” o “esté autorizado” por una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. “Nada de eso ha ocurrido. Han quemado en una hoguera todos los libros de derecho”, sentenció.

Puedes leer la nota completa en El País

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El líder del Partido Demócrata, Chuck Schumer, ha señalado que Donald Trump arrastra a EEUU «a una guerra con Venezuela» por su plan para derrocar al tirano Nicolás Maduro por el despliegue militar ordenado por el mandatario en las inmediaciones del país iberoamericano, junto a medidas de presión adicionales como «decretar» el cierre total del espacio aéreo de Venezuela.

La Gaceta de la Iberosfera

«Las acciones imprudentes del presidente Trump hacia Venezuela están acercando cada vez más a Estados Unidos a otra costosa guerra exterior», ha manifestado Schumer, el líder de la minoría demócrata en el Senado de EEUU, la cámara alta del Congreso.

«Según nuestra Constitución, el Congreso tiene la facultad exclusiva de declarar la guerra —no el presidente— y el Congreso no ha autorizado el uso de la fuerza militar contra Venezuela», ha añadido Schumer en una crítica a la estrategia de Trump, quien defiende la necesidad de intervención para combatir el narcotráfico emerge desde Venezuela en dirección a EEUU.

Así, ha llamado a una iniciativa bipartidista en el Congreso para impedir que Trump «cumpla con su amenaza» de poner pie en territorio venezolano. «Necesitamos que los republicanos y los demócratas en el Congreso se unan para devolverle al pueblo el poder de declarar la guerra», ha manifestado.

No está nada claro exactamente qué pretende hacer el equipo de Trump con Venezuela , pero claramente quiere que el régimen de Maduro se vaya lo antes posible, y con excelente razón.

Editorial The New York Post

La Operación Lanza del Sur ha hundido aproximadamente dos docenas de barcos de cárteles de la droga en las últimas semanas, mientras que el Pentágono ha construido la mayor presencia militar estadounidense en la región en más de tres décadas, con marines, así como activos de la Armada y la Fuerza Aérea desplegados no solo en territorio estadounidense en la región, sino también en naciones aliadas como República Dominicana y Trinidad y Tobago.

El presidente Donald Trump incluso advirtió el sábado en Truth Social que las aerolíneas y los criminales deberían “considerar” el espacio aéreo venezolano “cerrado”, aunque evidentemente no ha ordenado a las fuerzas estadounidenses que eso suceda, ya que los vuelos continuaron al menos hasta la tarde del domingo.

Los críticos se enfurecen porque las fuerzas estadounidenses no pueden saber que los barcos que están hundiendo son en realidad de los cárteles, pero los expertos dicen que es bastante fácil saberlo: son los únicos equipados con múltiples y costosos motores de alta velocidad para poder superar a los buques de superficie que buscan interceptar cargamentos de drogas; los pescadores no pueden permitirse ese tipo de embarcaciones, ni las necesitan.

Mientras tanto, demócratas como el senador izquierdista de Maryland, Chris Van Hollen, están gritando sobre posibles “crímenes de guerra” y esperan invocar la Ley de Poderes de Guerra para evitar cualquier acción futura de Estados Unidos.

Sin lugar a dudas, el régimen encabezado por Nicolás Maduro es una amenaza para los venezolanos comunes (más de 8 millones han huido de la terrible escasez, las pandillas errantes y el caos general del país) y para todo el hemisferio: desde hace mucho tiempo está profundamente entrelazado con el Cártel de los Soles y otras organizaciones criminales internacionales, contrabandeando fentanilo y otras drogas mortales; alberga activos chinos, rusos e iraníes, lo que permite el espionaje y otras intromisiones en todo el hemisferio; y, por supuesto, los refugiados que su mal gobierno ha producido son una carga para sus vecinos hasta Canadá.

Y no tiene ninguna legitimidad: los secuaces de Maduro manipularon descaradamente las elecciones presidenciales de 2024 (y probablemente varias anteriores ), mientras que la líder opositora María Corina Machado ganó este año el Premio Nobel de la Paz «por su incansable trabajo en la promoción de los derechos democráticos para el pueblo de Venezuela y por su lucha para lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia», al menos su tercer honor mundial de derechos humanos en los últimos dos años, una clara señal de que todo el mundo civilizado reconoce la maldad del régimen.

La administración Trump, clara y correctamente, cree que ya es hora de que Maduro se vaya; si avanza para decapitar al régimen, las decrépitas fuerzas armadas de Venezuela serán casi impotentes para detenerlo: la única experiencia de “combate” que tienen las tropas mal pagadas y plagadas de deserciones de Caracas es disparar contra manifestantes civiles.

Esperamos que nuestro presidente prefiera no ir allí; es mucho mejor para Maduro y sus principales compinches leer las señales de advertencia y huir (sin duda con parte de sus miles de millones mal habidos) a Cuba o a algún otro aliado.

De cualquier manera, la gente decente tiene que esperar que la sociedad civil venezolana conserve la fuerza para volver rápidamente al orden normal, a pesar de los rumores de la pandilla de Maduro sobre una resistencia guerrillera.

También esperamos que la izquierda internacional deje de pretender que este régimen es algo más que una banda criminal; ya pasó mucho tiempo para que gente como el senador Bernie Sanders pudiera tratar con credibilidad a Hugo Chávez (el fallecido predecesor de Maduro) como un progresista.

Los demócratas pueden intentar impedir la liberación de Venezuela debido al síndrome de trastorno generalizado de Trump, pero el mundo civilizado seguramente aplaudiría.

Ha llegado la hora de la verdad para nuestra Venezuela. La gigantesca y costosa maquinaria comunicacional de la dictadura no podrá seguir mintiéndole a nuestra ciudadanía ni al mundo respecto de su naturaleza violenta y criminal. El largo calvario que hemos padecido; la resiliencia de la población; y la lucha pacífica de la sociedad democrática, a lo largo de lo que va de este siglo, para enfrentar al monstruo militarista y autoritario —convertido hoy en una camarilla ejecutora de graves crímenes de lesa humanidad— han permitido mostrar y convencer al mundo del daño infringido a nuestra nación y a los países vecinos, así como de la creciente amenaza que representan para todo el continente.

Esa realidad se hizo aún más visible luego del golpe de Estado perpetrado por Maduro y su camarilla contra la soberanía popular expresada en las urnas el pasado 28 de julio de 2025. En medio de severas dificultades, la sociedad democrática logró derrotar y demostrar ante el mundo la voluntad mayoritaria de nuestra población. La cúpula roja optó por la violencia para desconocer esa mayoría. Como bien había advertido durante la campaña, Maduro decidió quedarse en Miraflores “por las malas”. Eso explica el número de muertos, presos, hostigados y exiliados generado luego del fraude.

En un ejercicio supremo de cinismo, el dictador afirmó el pasado lunes 10 de noviembre que ya no existía presencia de la oposición en el país. Para él, toda disidencia es “derecha o ultraderecha”. Sus palabras textuales fueron: “la derecha venezolana, maltrecha, ha desaparecido del escenario político nacional”, al considerar que ya no representa una fuerza política activa en el país.

“El mandatario señaló que a ese sector: ‘Solo le queda amamantar las amenazas de la bestia imperialista del norte’”. Las declaraciones fueron realizadas durante una reunión con la directiva nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y la Juventud del PSUV (JPSUV), a propósito de la creación de los Comités Bolivarianos de Base Integral (CBBI). Ese discurso revela el plan de Maduro: “desaparecer” toda disidencia, toda forma de oposición.

El mundo ha percibido claramente este comportamiento. Eso explica el Premio Nobel de la Paz concedido, con toda justificación, a María Corina Machado. También explica la declaración del Vaticano, en palabras de su Secretario de Estado, el cardenal Parolin, quien afirmó que Maduro representa “la oscuridad y la muerte”. Igualmente explica el repudio del mundo democrático a un régimen autoritario y criminal.

De modo que la decisión de los Estados Unidos de enjuiciar a Maduro y su camarilla como integrantes de una organización terrorista internacional que favorece y ejecuta el narcotráfico constituye una esperanza para todos los venezolanos que luchamos por una República independiente, democrática y honesta, que permita a sus ciudadanos vivir con dignidad y bienestar.

La narrativa de la dictadura y de sus cómplices internos e internacionales —presentarse como “héroes” víctimas de una injusta persecución del “imperio”— ya nadie la acepta. Incluso el presidente de Colombia, intentando lavarle la cara en materia de narcotráfico, ha terminado por reconocer que Maduro es un dictador. Como si semejante condición no fuese ya suficiente para legitimar la rebelión y la búsqueda de apoyo internacional con el fin de restaurar el Estado de derecho.

El portal Infobae reseñó las palabras de Petro en los siguientes términos: “El problema de Maduro se llama democracia; yo lo reconozco así: falta de democracia y de diálogo”. Agregó que ello no excluye cuestionamientos sobre su legitimidad: “No estoy diciendo que no sea dictador, porque las dictaduras están dentro del concepto de falta de democracia”, una frase que ha utilizado en ocasiones anteriores.

La calificación que desde el pasado lunes 24 de noviembre pesa sobre la camarilla roja como “organización terrorista internacional”, junto con el desplazamiento hacia el Caribe de una fuerza militar de elevadas capacidades y el ultimátum anunciado por el presidente Donald Trump a Nicolás Maduro —expresando su interés en darle una oportunidad de salir “por las buenas” para evitar pérdidas de vidas inocentes, o actuar “por las malas” si se niega— coloca la situación en el umbral definitivo: ha llegado la hora de la verdad para el dictador y su banda.

El bravucón que desató con mayor intensidad la guerra contra la ciudadanía el 28 de julio de 2024 se ha encontrado ahora con una fuerza superior que le envía un mensaje parecido al que él lanzó al pueblo. Como dice el refrán: “una cucharada de su propia medicina”.

Si Maduro tuviera un mínimo de dignidad, racionalidad y sensibilidad humana, evitaría daños mayores y aceptaría la salida “por las buenas” que Trump le ha ofrecido. Me temo, sin embargo, que su maldad es tan profunda que preferirá seguir utilizando escudos humanos para que luego sus apologistas afirmen que fue víctima del colonialismo o del imperialismo. Hemos pagado una cuota muy elevada como sociedad en la defensa de nuestros valores democráticos, y la camarilla pretende aún más daño. Dios permita que podamos alcanzar ya la liberación sin mayores daños colaterales.

César Pérez Vivas
Lunes, 1 de diciembre del 2025

Un padre musulmán y sus dos hijos se enfrentan a penas de hasta 25 años de prisión por el presunto asesinato de una joven de 18 años a la que habrían matado en Países Bajos tras considerar que su forma de vida «occidental» deshonraba a la familia. La Fiscalía sostiene que el crimen responde a un castigo por desafiar las normas tradicionales impuestas por su entorno.

La Gaceta de la Iberosfera

La víctima, la joven siria Ryan Al Najjar, fue localizada sin vida el 28 de mayo de 2024 en un lago cercano a la localidad de Joure, en el norte del país. Su cadáver apareció sumergido, con las manos y los pies atados con gran cantidad de cinta adhesiva, seis días después de que se denunciara oficialmente su desaparición.

Según la investigación, el asesinato se habría producido en la noche del 22 de mayo. Los fiscales aseguran que los tres acusados —su padre y sus dos hermanos— planearon el crimen tras difundirse un vídeo en directo en TikTok en el que la joven aparecía sin velo y maquillada, lo que, a juicio de sus familiares, supuso una humillación pública.

«La consideraban un problema que había que eliminar», expuso la Fiscalía durante la vista celebrada el viernes. «Simplemente porque era una mujer joven que quería decidir sobre su propia vida». Los investigadores remarcan que Ryan había sido reprimida en repetidas ocasiones por negarse a cubrirse la cabeza en espacios públicos.

Las pesquisas indican que fueron sus propios hermanos quienes la localizaron en Rotterdam tras la difusión del vídeo. La convencieron para desplazarse a una zona aislada la noche previa al crimen. Allí, en un parque casi desierto, se reunieron con su padre. De acuerdo con los forenses, la joven fue estrangulada, inmovilizada con más de 18 metros de cinta y finalmente arrojada aún con vida al agua.

Las pruebas de ADN refuerzan esta tesis. Los investigadores encontraron restos genéticos del padre bajo las uñas de su hija, lo que apunta a una lucha previa al asesinato. Para los fiscales, este detalle confirma su presencia directa en el crimen.

Tras los hechos, el padre —identificado como Khaled Al Najjar, de 53 años— huyó presuntamente a Siria. Sus dos hijos, Mohamed y Muhanad, de 22 y 24 años, fueron detenidos en Holanda y acusados como coautores. El progenitor, además, está imputado por haber dirigido la ejecución del crimen antes de abandonar el país.

La Fiscalía ha cargado con dureza contra él por su fuga: «Escapó inmediatamente después del asesinato y dejó que sus hijos cargaran con las consecuencias. Ha destruido por completo a su familia», señalaron los fiscales ante el tribunal.

Las autoridades admiten que su extradición será complicada, ya que, según consta en el sumario, Khaled habría contraído matrimonio en Siria después de la muerte de su hija, lo que podría dificultar los trámites judiciales internacionales.

El bolívar, la moneda venezolana, perdió en noviembre un 8,8 % de su valor frente al dólar estadounidense, que este viernes, último día hábil del mes, se cotiza en 245,66 bolívares en el mercado oficial de divisas.

EFE

Según el Banco Central de Venezuela (BCV), que actualiza a diario los precios de varias monedas extranjeras como el dólar, el euro, el rublo ruso y el yuan chino, la divisa norteamericana comenzó el mes en 223,96 bolívares, lo que significa que, desde entonces, aumentó un 9,6 %.

En lo que va de 2025, el bolívar se ha devaluado un 78,8 % respecto al dólar, cuya cotización en el mercado oficial empezó el año en 52,02 bolívares, lo que representa un alza del 372,2 % en estos once meses.

Aun cuando la moneda venezolana ha recuperado terreno en las transacciones comerciales, el dólar se mantiene como el principal indicador de precios, aunque este año también se ha usado el euro como referencia para cotizar bienes y servicios en algunos establecimientos.

Según expertos, el aumento de las divisas tiene como consecuencia un incremento de precios, así como una pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, sobre todo, de aquellos que cobran en bolívares.

Hoy, el salario mínimo y la pensión, ambos ingresos congelados en 130 bolívares mensuales desde marzo de 2022, equivalen a 52 centavos de dólar al mes.

En los últimos meses, Venezuela ha vivido una creciente tensión con Estados Unidos a propósito del despliegue militar de este país en el mar Caribe, cerca de las aguas de la nación suramericana, a lo que se ha sumado una crisis aérea por la cancelación de numerosos vuelos desde el pasado sábado.

Se acuerdan de esa frase, muy usada en el cine hollywoodense, de “estás rodeado, ríndete”. Bueno, aplica con precisión milimétrica a la realidad que vive Nicolás Maduro y sus cómplices.

En el Mar Caribe está la fuerza militar estadounidense más grande que se haya instalado en la zona, y no conforme con eso está por llegar el E-6B Mercury, aeronave de retransmisión de comunicaciones y puesto de mando estratégico aerotransportado.

El poder de acción militar de Estados Unidos es tremendo e insuperable; y eso lo sabe muy bien Nicolás Maduro y sus compinches. Y, a pesar de sus bravuconadas, ellos están aterrados”.

La realidad es caótica para los socialistas, ellos saben que será muy difícil –sino imposible– que salgan ilesos de todo este cerco; a menos que, en medio de un “suspiro de lucidez”, opten por lo más sano, para ellos y para todos, que es rendirse y abandonar el poder que usurpan.

Maduro está rodeado, en el Mar Caribe tiene la fuerza naval más poderosa del mundo; el espacio aéreo venezolano está cerrado y, por tal motivo, esa vía de escape también está cerrada.

Por tierra, la cosa no es diferente. La Brasil de Lula no es una opción, pues el carioca siempre está jugando a dos aguas y puede ser que lo utilice en sus negociaciones personales con Donald Trump; por Colombia, tampoco, pues Gustavo Petro está en una situación similar a la de Maduro, aunque poco más ligera, pero con iguales condiciones negativas para el inquilino del Palacio de Nariño.

Y la Guyana, tampoco es una opción. Debido a que los guyaneses quieren estrechar lazos con Estados Unidos. Entonces, cómo se puede ver la realidad operativa y el margen de maniobra del régimen venezolano está plenamente neutralizado e imposibilitado.

A Maduro no le queda más remedio que rendirse o cometer un “suicidio político” al pretender resistir; lo cual será la peor decisión que él y sus secuaces puedan tomar. Debido a que la resistencia de Maduro significaría un peor castigo para él y los demás integrantes del NarcoEstado.

Maduro, además, no tiene muchas opciones para huir por su cuenta. Pues, los rusos no van a echar por tierra las negociaciones de paz con Ucrania y EEUU solo por salvar a Maduro; los chinos tienen el “asunto” de Taiwán y no quieren echarle más leña al fuego.

También, está el caso de Nicaragua. Este país, por los vientos que sopla, es uno de las siguientes dentro de las operaciones de libertad que vienen en camino, es decir salir de Venezuela para Nicaragua sería como cambiarse de camarote dentro del Titanic.

¿Cuba? Sería la única alternativa para Maduro y para sus colaboradores, pero nadie sabe como va a reaccionar la dictadura castro comunista cubana, pues son tan descarados e infames que no se extrañen que Diaz Canel termine dándole la espalda a Maduro en las horas amargas de éste.

Las cartas están sobre la mesa, los barcos en el Mar Caribe, y el pánico en el rostro de los narcosocialistas venezolanos. Tienen que rendirse o la van a pasar aún peor… Eso escríbanlo.

Así de sencillo.

Sin más que agregar, nos leemos la próxima semana.
Omar González Moreno

Durante los últimos años, Venezuela ha entrado en una fase crítica de su historia política y social. Diversos análisis, tanto nacionales como internacionales, coinciden en que el país atraviesa un punto de inflexión en el que las decisiones que se tomen —o que se impongan— definirán las próximas décadas. Las notas que he publicado recientemente en mi blog, “El dilema de la transición venezolana”  (ver nota en https://ticsddhh.blogspot.com/2025/09/el-dilema-de-la-transicion-venezolana.html) y “Venezuela ante su encrucijada final” (ver nota en https://ticsddhh.blogspot.com/2025/11/venezuela-ante-su-encrucijada-final.html) exploran, desde distintas perspectivas, los desafíos, peligros y posibilidades que acompañan un eventual cambio de poder en el país.

He expuesto públicamente la misma preocupación fundamental: la extrema fragilidad institucional de Venezuela. Desde hace años, el país opera sin contrapesos reales, sin poderes públicos legítimos y con una estructura estatal penetrada por redes criminales, intereses externos y grupos armados que ejercen influencia territorial. Cualquier transición, incluso aquella respaldada internacionalmente, enfrentaría un ambiente donde coexisten facciones militares enfrentadas, estructuras de seguridad politizadas, organizaciones criminales y actores externos con intereses propios.

Este contexto se hace aún más complejo ante la posibilidad de una intervención internacional o de un desplazamiento abrupto del régimen. Estudios elaborados por centros de análisis como Crisis Group, simulaciones del gobierno de Estados Unidos y evaluaciones de publicaciones como Foreign Affairs y el New York Times coinciden en advertir un escenario de alta inestabilidad posterior a la salida de Nicolás Maduro Moros. En dichos ejercicios se describe un país donde, de producirse un cambio forzado, distintas facciones competirían por ocupar el espacio de poder dejado por el régimen. Esa disputa podría desembocar en enfrentamientos armados, descontrol territorial y un incremento significativo de la violencia.

Uno de los elementos más citados es la fragmentación interna dentro de las Fuerzas Armadas venezolanas. Aunque sectores podrían respaldar un nuevo gobierno, otros se opondrían o intentarían preservar sus estructuras de poder. Los análisis señalan que esta fractura haría difícil sostener una transición sin un respaldo militar unificado o sin la presencia de fuerzas externas capaces de estabilizar el país durante el proceso. Sin embargo, Estados Unidos ha insistido en que, aunque posee la capacidad de ejecutar operaciones de precisión, no tiene la intención de mantener tropas en territorio venezolano para sostener un gobierno de transición. Esto deja un vacío significativo en la ecuación de seguridad.

A este panorama se suma la presencia de múltiples grupos armados con influencia regional —desde colectivos urbanos hasta guerrillas transnacionales— que podrían aprovechar un vacío de poder para expandir su control. La desinstitucionalización prolongada ha permitido la formación de redes complejas de economía ilícita y control social, lo que convierte a cualquier intento de restablecer el orden en una labor extremadamente delicada.

En este contexto, surge la pregunta sobre cómo legitimar un proceso de transición que permita reconstruir el país sobre bases firmes. Es aquí donde desde ANCO hemos planteado en dos comunicados, uno el 6 de octubre (ver Comunicado ANCO 06-10-2025 en https://ancoficial.blogspot.com/2025/10/comunicado-la-alianza-nacional.html) y otro el 17 de noviembre (ver Comunicado ANCO 17-11-2025, en  https://ancoficial.blogspot.com/2025/11/comunicado-anco-propuesta-para-una.html), la necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente Originaria como mecanismo para devolver el poder al ciudadano y establecer nuevas reglas institucionales. Esta propuesta parte del reconocimiento de que ninguna institución actual posee legitimidad suficiente para dirigir o supervisar un proceso de transformación profunda. Sin embargo, incluso esta vía requeriría condiciones mínimas de seguridad, acuerdos políticos y un entorno pacificado que hoy no existe.

Más allá de los análisis técnicos, existe un elemento humano que ya he hecho del conocimiento público: el cansancio colectivo del pueblo venezolano. Tras más de dos décadas de deterioro económico, social y político, una parte significativa de la población percibe cualquier desenlace como preferible al estancamiento actual. Este sentimiento, aunque comprensible, contrasta con las advertencias de los expertos sobre los riesgos de un colapso abrupto.

Mi conclusión: ¿hacia dónde puede dirigirse Venezuela?

El futuro inmediato de Venezuela depende de factores que trascienden la política tradicional. Si el cambio político ocurre sin planificación, sin acuerdos y sin presencia de estructuras capaces de garantizar la seguridad en el corto plazo, es posible que el país enfrente una fase de violencia y competencia entre actores armados, poniendo en riesgo cualquier intento de consolidar un gobierno democrático. El mediano y largo plazo depende de eso.

Sin embargo, si los distintos actores —internos y externos— logran coordinar esfuerzos, establecer garantías de seguridad y abrir un camino hacia una reconstrucción institucional basada en la legitimidad constituyente, Venezuela podría iniciar un proceso de recuperación. No sería inmediato ni sencillo, pero permitiría sentar las bases para un Estado funcional y orientado al bienestar ciudadano.

Los próximos años serán decisivos. Lo único claro es que Venezuela ha llegado a un momento que exige definiciones. El desenlace no está determinado, pero dependerá de la capacidad colectiva para evitar un colapso violento y construir un proceso de transición que responda a la complejidad real del país. Pero por sobre todo, aun sabiendo todo esto, estoy seguro que los venezolanos seremos capaces de correr el riesgo de un país inestable. Ya lo hemos hecho por más de 25 años…

Muchísimas gracias…

Luis Manuel Aguana
Blog: TIC’s & Derechos Humanos, https://ticsddhh.blogspot.com/
Email: luismanuel.aguana@gmail.com
Twitter:@laguana

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) dijo este lunes que las aerolíneas deben mantener la libertad de evaluar de forma individual los riesgos, incluidas las medidas de clausura de espacios aéreos, poniendo por delante la seguridad de los pasajeros y las tripulaciones en la toma de sus decisiones operativas.

EFE

«La seguridad es y seguirá siendo la principal prioridad de la aviación», señaló la entidad que representa los intereses de la industria del transporte aéreo, con más de 360 compañías aéreas afiliadas.

La IATA expresó esta posición al día siguiente de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijese que el espacio aéreo de Venezuela debe considerarse como cerrado «en su totalidad», un elemento adicional en la guerra de nervios entre ambos países.

Esta situación se enmarca en el gran despliegue militar estadounidense en el Caribe y se produce tras sus bombardeos contra supuestas «narcolanchas» que habrían zarpado de territorio venezolano y colombiano.

La IATA sostuvo que la precaución es «aún más importante en escenarios donde se han emitido alertas o se han planteado inquietudes específicas» y que en estos casos las aerolíneas están llamadas a actuar conforme a las normas vigentes y «cuando sea necesario suspender o cancelar operaciones».

Por su parte, la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA, siglas en inglés) alertó el sábado sobre los riesgos de volar en Venezuela hasta el próximo 31 de enero.

«Las aerolíneas han manifestado públicamente su disposición a reanudar los servicios hacia Venezuela tan pronto como existan las condiciones necesarias para hacerlo de manera segura y eficiente», enfatizó la IATA, que instó a los gobiernos y a las partes interesadas «a respetar la responsabilidad de las aerolíneas de tomar decisiones basadas en la seguridad».

Aclaró que aunque los cielos deben permanecer abiertos, la seguridad y el cumplimiento legal «deben prevalecer siempre».

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