Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

España encara en estos momentos el mayor cambio electoral en décadas debido al aluvión de 2,4 millones de solicitudes de nacionalidad presentadas bajo la llamada ley de nietos, según cifras publicadas por El Periódico. Si todas prosperan, el número de votantes residentes en el extranjero se duplicará, transformando la estructura electoral del país.

La Gaceta de la Iberosfera

La norma, incluida en la Ley de Memoria Democrática promovida por el Gobierno de Pedro Sánchez, abre la vía a que obtengan la ciudadanía tanto descendientes de españoles como hijos o nietos de exiliados y represaliados del franquismo. Su impacto se ha disparado especialmente en territorio iberoamericano, donde millones de personas cuentan con ascendencia española. Un ejemplo revelador es el Consulado de Buenos Aires, que acumula unas 900.000 peticiones.

Los consulados españoles han experimentado durante los últimos meses una saturación sin precedentes. El Periódico detalla que el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática anticipaba cerca de un millón y medio de solicitudes antes del cierre del plazo. Sin embargo, el número final desbordó todos los cálculos y obligó incluso a ampliar un año el periodo para presentar la documentación.

La concentración de peticiones es especialmente elevada en ArgentinaCuba México. En varios consulados de estos países, las citas para iniciar el proceso permanecieron completas durante meses, reflejando la magnitud del fenómeno. Aunque la revisión de expedientes puede dilatarse durante largo tiempo, el efecto sobre el electorado ya está cuantificado: un incremento del 6% del total de votantes.

El antecedente más cercano se encuentra en 2007, durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando se habilitó un mecanismo similar. Entonces se registraron algo más de medio millón de solicitudes. La comparación habla por sí sola: la oleada actual multiplica por casi cinco aquella cifra en apenas dos años.

El salto más contundente recaerá sobre el Censo Electoral de los Residentes Ausentes (CERA). En las elecciones europeas de 2024, este censo contaba con 2.386.250 inscritos. La incorporación potencial de los nuevos nacionalizados podría elevar la cifra hasta rozar los cinco millones, lo que supone un aumento del 100%.

Este crecimiento modifica de raíz el peso del voto exterior, hasta ahora marginal y con tasas de participación tradicionalmente bajas. Si todas las solicitudes se aprueban, el voto desde fuera de España pasará a tener una influencia equivalente a la de comunidades autónomas enteras, un factor capaz de alterar proyecciones políticas y sociológicas en próximos comicios generales, autonómicos o europeos.

La incógnita se centra ahora en cuánto tardará el Ministerio en tramitar los millones de expedientes y cuántos solicitantes acabarán integrando finalmente el censo. Lo que ya nadie niega es que España avanza hacia un escenario electoral completamente distinto: millones de nuevos ciudadanos con derecho a voto y un peso político exterior que nunca antes había existido.

El presidente Gustavo Petro llevó a cabo una entrevista con CNN en la que habló de diferentes temas de su Gobierno y de la relación diplomática con Estados Unidos y Venezuela. Entre otros asuntos, rechazó los señalamientos del Gobierno estadounidense que lo acusan de facilitar el crecimiento del narcotráfico en el país.

Por: Sergio Andrés Gamboa Mendivelso – El Tiempo

Por otra parte, se refirió a la situación de Venezuela y a los problemas que afronta el pueblo del vecino país bajo el régimen de Nicolás Maduro. En este sentido, aseguró que el principal problema del jefe chavista es la “falta de democracia” y negó nexos del narcotráfico colombiano con él.

‘El problema de Maduro es la falta de democracia’

El pasado lunes, 24 de noviembre, Estados Unidos designó como organización terrorista internacional al llamado Cartel de Los Soles. En anteriores ocasiones, ese Gobierno ha acusado a Maduro y a altos funcionarios del régimen de hacer parte de esa supuesta estructura narcoterrorista latinoamericana.

Estas acusaciones han sido calificadas por el régimen venezolano como un “invento” de Washington. Mientras crecen las tensiones diplomáticas e incluso militares con ese país, la opinión de Colombia sigue siendo relevante en el contexto sociopolítico del conflicto. En este sentido, el presidente Gustavo Petro ha sido cuestionado por no adoptar una posición severa en contra del régimen venezolano.

En la entrevista dada a la periodista Isa Soares, el mandatario aseguró que el problema de Nicolás Maduro “se llama democracia” y que este debería abrirse al diálogo con sectores de oposición. “Yo lo reconozco así, falta de democracia y de diálogo”, afirmó. Sobre supuestas relaciones del jefe del régimen con el narcotráfico colombiano, aseguró que “ninguna investigación colombiana, que es independiente al presidente, (…) nos muestra una relación del narcotráfico colombiano con Maduro”.

Sin embargo, sí reconoció que altos mandos venezolanos han tenido nexos confirmados con narcotraficantes colombianos. Ampliando su análisis sobre la situación que enfrentan millones de venezolanos, reiteró que Maduro sufre de “falta de democracia”.

Además, señaló que su afirmación no descarta que Maduro sea un dictador: “No estoy diciendo que no sea dictador, porque las dictaduras se meten en el concepto de la falta de democracia. Unas más que otras, pero así son”.

En cuanto a su interpretación de la intención de Maduro en el poder venezolano, afirmó que su “lógica venezolana, no de toda la sociedad venezolana, es permanecer en el poder tal cual, con bases ilegítimas, sí”. En este punto, según el texto publicado por la cadena de noticias, aseguró que ha sostenido conversaciones directas con el jefe del régimen.

“Yo le he dicho a Maduro: ‘Es hora de recambios y es hora de elecciones libres’”, puntualizó el mandatario, quien además indicó que en una conversación le sugirió “compartir el poder para ganar confianzas entre los dos bandos y tener verdaderas elecciones libres”.

Nicolás Maduro ahora cuenta con un protocolo de seguridad más riguroso, desde que Estados Unidos amenazó con ingresar a Venezuela para hacer frente al narcotráfico, lo cual también ha sido una presión directa para el dictador, a quien el país norteamericano considera ilegítimo y designó como el líder de un grupo narcoterrorista, el Cartel de los Soles.

Semana

Maduro ahora planifica sus apariciones públicas, que las ha hecho a última hora y en eventos masivos, asegurándose de que, si las fuerzas estadounidenses vienen por él, deben pasar por miles de ciudadanos, de acuerdo con un análisis del medio The Financial Times.

Al mismo tiempo, según el medio que consultó con dos oficiales de inteligencia venezolanos, la paranoia ha invadido el régimen, pues el dictador teme que sus funcionarios le den la espalda en un momento donde los salarios se han devaluado y sobre él recae una recompensa de hasta 50 millones de dólares.

“Dado que cualquiera es un traidor en potencia, los agentes están adulando a los jefes para que ellos o sus familias no sean arrestados”, aseguró uno de los oficiales.

“Se asume que todos son traidores hasta que se demuestre lo contrario”, complementó el segundo efectivo. No se puede confiar en nadie”, agregó el oficial.

El líder del régimen venezolano, además, en sus intervenciones públicas suele hacer un llamado a la paz, declarando que nadie podrá ingresar a su país y desmintiendo su relación con el narcotráfico y con el Cartel de los Soles.

Incluso, la semana pasada cantó Imagine, de John Lennon, para evitar el despliegue militar, mientras que el portaviones más grande del mundo —propiedad de Estados Unidos—navegaba por el Caribe, acercándose a las costas venezolanas.

Mientras tanto, el presidente Donald Trump anunció que podría establecer conversaciones con Venezuela. Sería el primer encuentro bilateral desde que las fuerzas estadounidenses hacen presencia en el Caribe— desde septiembre— para atacar embarcaciones narco.Donald Trump emprende una operación sin precedentes en el Caribe.Donald Trump emprendió una operación sin precedentes en el Caribe desde septiembre. | Foto: Getty Images

Hasta el momento se han bombardeado decenas de barcos, donde han muerto al menos 83 personas. Pese a que no hay pruebas, la administración de Trump asegura que estos barcos llevaban droga hacia el norte del continente.

“Quien quiera hablar con Venezuela en Estados Unidos puede hacerlo, pero hagámoslo cara a cara”, dijo el venezolano en medio de una aparición en televisión. “Lo que no podemos permitir es el bombardeo y la masacre de un pueblo cristiano, el pueblo de Venezuela”, afirmó en dictador.

El portaaviones Gerald R. Ford y tres buques de guerra han sido enviados al Caribe, donde se unirán a una docena de buques de guerra de la Armada que ya se encuentran frente a las costas de Venezuela, en una demostración de fuerza militar sin precedentes.

Por: Jason M. Brodsky – The Spectator

El presidente Trump y su administración están atacando al gobierno de Nicolás Maduro por su presunto papel en el narcotráfico, lo cual representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Es evidente que si Estados Unidos logra desestabilizar y derrocar al régimen del presidente Maduro, sería un duro golpe para los narcotraficantes de la región. Lo que es menos conocido es que también afectaría a Irán.

Venezuela ha servido durante mucho tiempo como plataforma de lanzamiento para las operaciones iraníes destinadas a establecerse en Sudamérica. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), su Fuerza Quds y el Ministerio de Inteligencia de Irán han tenido presencia en Venezuela. La Fuerza Quds ha utilizado delegaciones económicas en Venezuela y otros países del mundo como cobertura para actividades terroristas. Según informes, en septiembre de 2020, una delegación iraní aterrizó en Caracas compuesta por empresarios que actuaron como facilitadores de la Fuerza Quds.

La Unidad 840 de la Fuerza Quds, encargada de tramar planes terroristas en el extranjero, ha estado históricamente activa en Venezuela. La evidencia sugiere que el hijo de un asesor de inteligencia de alto rango cercano al líder supremo fue en algún momento responsable de las operaciones de la Unidad 840 en Latinoamérica. Ha viajado a Venezuela para impulsar estas redes ilícitas. Su presencia demuestra la importancia de Caracas para Irán.

Otro grupo de la Fuerza Quds, la Unidad 11000, estuvo recientemente implicado en un plan para asesinar al embajador de Israel en México. Un elemento crucial de la Unidad 11000, quien lideró el complot, operaba desde la embajada de Irán en Caracas. Esta es una estrategia que Teherán ha empleado en otros lugares, especialmente en Europa, donde la Fuerza Quds del CGRI y los agentes de inteligencia reciben cobertura diplomática y utilizan las embajadas de Irán en todo el mundo como plataforma para asesinatos, atentados con bombas y vigilancia.

Otra rama del estado iraní, su Ministerio de Inteligencia, también opera desde Venezuela. Majid Dastjani Farahani, oficial de inteligencia iraní, ha lanzado operaciones para perjudicar a ciudadanos estadounidenses en represalia por el asesinato del difunto comandante de la Fuerza Quds del CGRI, Qasem Soleimani. Farahani es buscado por el FBI, y su notificación indica que tiene vínculos con Venezuela. Lo mismo ocurre con Mohammad Mahdi Khanpour Ardestani, otro oficial del Ministerio de Inteligencia iraní, quien también ha trabajado desde Venezuela.

En una acusación formal de 2021 relacionada con un complot para secuestrar a la periodista iraní-estadounidense Masih Alinejad en Nueva York, agentes iraníes planearon capturarla y trasladarla a Venezuela por mar. La Fuerza Quds también ha utilizado a Venezuela para financiar sus campañas, enviando oro desde Caracas para generar ingresos a cambio de petróleo iraní. En 2024, el Departamento de Justicia de Estados Unidos incautó con éxito un antiguo avión Boeing de propiedad iraní. Este había sido transferido de Mahan Air, afiliada a la Fuerza Quds, a una aerolínea de carga venezolana. Entre su tripulación se encontraba un excomandante del CGRI.

Hezbolá, el aliado de Irán, también ha utilizado a Venezuela como centro para apoyar sus propios intereses terroristas, narcotráfico y comerciales. Por ejemplo, Ghazi Nasr Al Din, sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos en 2008, se desempeñó también como encargado de negocios de la embajada venezolana en Siria y director de asuntos políticos de su embajada en el Líbano. Al mismo tiempo, facilitó los viajes de operativos de Hezbolá y recaudó fondos en Venezuela para la organización terrorista.

Un ex miembro de la Asamblea Nacional de Venezuela y aliado de Maduro, Adel El Zabayar, fue acusado en 2020, y el gobierno de Estados Unidos alegó que sirvió como intermediario en el reclutamiento de terroristas de Hezbolá y Hamás para llevar a cabo ataques terroristas contra Estados Unidos.

Asimismo, el Ministerio de Defensa de Irán ha mantenido su propio oleoducto en Venezuela. Qods Aviation Industries, filial del Ministerio de Defensa, ha exportado drones a Caracas, incluido el Mohajer-2.

El Ministerio de Defensa también gestiona un proyecto petrolero con Venezuela para financiar proyectos de defensa, según el Tesoro de Estados Unidos. En 2023, el gobierno estadounidense sancionó al entonces agregado de defensa de Irán en Caracas por facilitar estos acuerdos.

Informes públicos también sugieren que Irán ha desarrollado una base de desarrollo de drones en la Base Aérea El Libertador, donde entrena a personal militar venezolano. A medida que la administración Trump ha intensificado su campaña de presión contra Caracas en los últimos meses, Venezuela ha solicitado a Irán «equipos de detección pasiva», modificadores de GPS y, «casi con toda seguridad, drones con un alcance de 1.000 km», según el Washington Post .

A lo largo de los años, Maduro también ha solicitado , según informes, misiles iraníes. Esta posibilidad desencadenó una crisis en la administración Biden en el verano de 2021, después de que buques de guerra iraníes se dirigieran a la región.

Si Maduro es derrocado, Irán podría perder muchos de sus activos en Venezuela. Venezuela, al igual que Siria bajo el régimen de Asad, contribuye a los intereses iraníes en la región: militares, terroristas, económicos y políticos. En un momento en que Teherán y sus aliados en Oriente Medio se han visto debilitados tras la guerra con Israel, la pérdida de Maduro sería otro golpe para el régimen iraní.

La Embajada de la República de Polonia en Venezuela emitió este martes un comunicado oficial en el que recomienda a sus ciudadanos abstenerse de realizar cualquier tipo de viaje al país, incluyendo destinos turísticos como la isla de Margarita y sus regiones vecinas, debido a la suspensión de vuelos, concentración militar en la región y el posible agravamiento de la situación de seguridad.

Monitoreamos

«Debido a la suspensión de numerosos vuelos, concentración militar en la región, y la posibilidad de un deterioro de la situación de seguridad, se recomienda abstenerse de todo tipo de viajes a Venezuela, incluida la isla de Margarita y las islas vecinas pertenecientes a la misma región turística. El presente comunicado es válido hasta nuevo aviso», señaló el comunicado.

La advertencia se suma a la emitida por el Ministerio de Exteriores de Alemania, que el lunes aconsejó de forma “urgente” no viajar a Venezuela, especialmente a las zonas fronterizas con Brasil y Colombia, donde el crimen organizado representa un alto riesgo.

Ambos gobiernos europeos hacen referencia a la alerta internacional emitida por Estados Unidos sobre el espacio aéreo venezolano, que ha provocado la cancelación de vuelos por parte de varias aerolíneas.

“La situación en Venezuela es de momento tensa. La seguridad puede agravarse en cualquier momento”, señaló el comunicado alemán, que advierte además que ciudadanos europeos podrían ser sometidos a interrogatorios intensos o detenidos bajo acusaciones de apoyo al terrorismo, sin posibilidad de asistencia consular.

Las advertencias de Polonia y Alemania se suman a las de otros países que han revisado sus políticas consulares y de viaje hacia Venezuela, en un contexto marcado por la designación del Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera por parte de EE.UU. y el despliegue militar en el Caribe.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este martes que “podría hablar” con el líder del régimen venezolano, Nicolás Maduro, y sostuvo que su decisión apunta a “salvar vidas”, en medio de un fuerte despliegue militar estadounidense en el mar Caribe y de una escalada de tensión con Venezuela. “Quizás hable con él. Ya veremos”, expresó Trump, y remarcó que su Gobierno contempla realizar acciones “por la manera fácil”, pero también “por la manera difícil”.

EFE

Trump formuló estas declaraciones a bordo del avión presidencial, después de que una reportera lo cuestionó sobre su disposición a dialogar con Maduro pese a que su Administración lo denunció como supuesto líder de una organización terrorista extranjera. El mandatario respondió que “es el líder” y que, pese a las acusaciones, una comunicación directa “podría salvar vidas”.

El mandatario estadounidense profundizó en sus críticas a la dictadura venezolana al afirmar que el país sudamericano “envió a millones de personas a nuestro país” y que su gobierno no se encuentra conforme con esa situación. Trump añadió: “Bueno, no les voy a decir cuál es el objetivo. Probablemente deberían saberlo, pero han causado muchos problemas”.

También acusó al dictador Maduro de liberar reclusos y trasladarlos hacia territorio estadounidense. “Abrieron sus cárceles y prisiones y los arrojaron a Estados Unidos, y no estamos contentos con eso”, señaló. Según el presidente, entre esas personas se encontraban miembros del Tren de Aragua, narcotraficantes y “capos”.

Las declaraciones se producen en un momento de máxima presencia militar estadounidense en el Caribe. El portaviones USS Gerald R. Ford, el más grande de la flota, dirige una operación con más de una decena de barcos, aviones de combate y unos 12.000 efectivos, con el objetivo de enfrentar a organizaciones de narcotráfico. Desde septiembre, las fuerzas estadounidenses hundieron al menos 21 embarcaciones sospechosas y se reportaron más de 80 muertes relacionadas con estos operativos.

En paralelo, la aviación comercial y varias aerolíneas internacionales cancelaron vuelos hacia Venezuela en los últimos días, debido al aumento de aeronaves y buques de Estados Unidos en la zona. Plataformas de rastreo aéreo identificaron esta semana aviones militares de gran capacidad operativa entre Venezuela y Curazao, incluidos un bombardero B-52, cazas F/A-18 y una aeronave de alerta temprana.

Ante la ola de cancelaciones, el régimen venezolano advirtió que las compañías afectadas tienen hasta las 12.00 de este miércoles (hora local) para retomar sus operaciones, de lo contrario revocará sus permisos de “vuelo permanente”.

La situación se desarrolla después de que la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos alertara sobre los riesgos de sobrevolar territorio venezolano, en un contexto marcado por el despliegue militar estadounidense en el Caribe.

Entre el sábado y el martes, unas 33 operaciones internacionales fueron suspendidas en el país, luego de que la FAA instara a los vuelos comerciales a “extremar la precaución” en Venezuela y el sur del Caribe, al calificar la región como “potencialmente peligrosa”.

La notificación coincidió con el aumento del operativo militar de Estados Unidos, presentado como una acción contra el narcotráfico y considerado por Caracas como una “amenaza” que busca provocar un cambio de Gobierno.

A través del NOTAM B9070/25, emitido con vigencia inmediata y hasta el 1 de diciembre de 2025, las autoridades aeronáuticas españolas instan a los operadores nacionales a evitar el tránsito por la Región de Información de Vuelo (FIR) de Maiquetía.

Aviación Line

Esta medida se alinea con las recientes alertas de la FAA estadounidense y la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA), y responde a un entorno de seguridad deteriorado en la región. La notificación afecta directamente a las rutas operadas por Iberia, Air Europa y Plus Ultra, las cuales ya comenzaron a ajustar su programación ante la escalada de tensiones. Así también a las venezolanas Estelar y LASER, que operan con aviones matriculados en España bajo formato wet-lease.

Detalles de la restricción operativa

El documento técnico, con validez desde el 24 de noviembre hasta el final del 1 de diciembre de 2025, establece una directriz clara para la aviación comercial española.

«Se recomienda encarecidamente a los operadores aéreos civiles españoles que no realicen ningún vuelo en el espacio aéreo dentro de la FIR Maiquetía (SVZM)», señala el texto de la notificación, citando como causa principal el «riesgo potencial para la aviación civil por el aumento de la actividad militar».

La alerta detalla amenazas específicas que comprometen la seguridad operacional en todos los niveles de vuelo. El aviso destaca la presencia de «armas antiaéreas capaces en todas las altitudes» y subraya una «falta de coordinación entre las partes en conflicto», factor que eleva el peligro de errores de identificación o daños colaterales a aeronaves civiles.

Excepciones y contexto de seguridad

A pesar de la contundencia de la recomendación, la normativa contempla escenarios de urgencia. «En una emergencia que requiera una decisión y acción inmediata para la seguridad del vuelo», aclara el NOTAM, «el piloto al mando puede desviarse de este NOTAM en la medida necesaria para abordar esa emergencia».

Esta notificación llega en un momento de máxima tensión. El Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) de Venezuela amenazó con retirar los derechos de tráfico a las compañías que no reanuden sus vuelos, generando una encrucijada diplomática y comercial para los operadores españoles. Desde IATA por su parte hicieron un llamado al diálogo y a la flexibilidad por parte de las autoridades venezolanas, argumentando que las aerolíneas se ven obligadas a dejar de volar siguiendo protocolos técnicos, no decisiones comerciales o políticas.

El reto es comprender que incluir al otro es reconocer sus errores o méritos como propios, pero también sus carencias y desafectos. Y no hacerlo exige redimir, como gesto virtuoso e inevitable

ORLANDO VIERA-BLANCO
25/11/2025

Diversos autores han mostrado que el ser humano no se adapta naturalmente a la violencia y, de hecho, tiende a evitarla como mecanismo evolutivo y psicológico.

El diagnóstico de lo ocurrido en Venezuela ha sido analizado desde múltiples perspectivas y métodos: el estado rentista, el reparto insaciable, la cultura de la corrupción, el locus de control externo, el caudillismo, el culto a la personalidad, el bipartidismo omnipotente; el taita redentor, el presidencialismo irredento, el estado docente, el estado ausente, el estado-Dios, y en fin, cientos de estudios críticos sobre nuestra realidad socio-política.

Poco se ha escrito sobre la violencia pasiva. Se ha hablado con soltura de la exclusión social, pero enfocada de la que nace de partidos políticos, grupos de interés o del propio Estado, y no de los propios ciudadanos. La Venezuela saudita poco fue educada en el terreno de la solidaridad, la gratitud y lo que la doctrina llama “la normalización de la injusticia” [Johan Galtung], fenómeno según el cual la gente no se habitúa a la violencia, sino que la desplaza de su experiencia inmediata.

De cara a una transición en ciernes estudiemos este aspecto de nuestra cultura política, como factor esencial de reconocimiento donde un proceso real de reencuentro no es material sino profundamente humano, espiritual e identitario, es decir, un mea culpa.

Una historia dice más que mil palabras…

La violencia pasiva es un asunto que se ha abordado en Venezuela y Latinoamérica con pinzas. No es cómodo conversar[lo]. A fin de cuentas asumir responsabilidades, solicita resistencia. Enfrentar las consecuencias desde la propia causalidad y aceptar que hemos sido víctimas no sólo del régimen, del destino o del Estado, sino de nosotros mismos, es un hecho negado y cuestionable.

Una transición sostenible pasa por una revisión franca de nosotros mismos. Diseñar y construir un estado moderno, educado y feliz, exige vaciar pilotes de despolarización, para edificar una nación preparada tanto en lo tecnológico como en lo humano.

En 2005 cursé estudios extensivos de cultura francófona en la ciudad de Montreal. En el marco de la cátedra y por invitación de un buen amigo, la Universidad de Quebec en Montreal organizó un Cine-Foro sobre Venezuela, proyectando la película Secuestro Express. Un film del joven Director Jonathan Jakubowicz, producida por Elizabeth Avellán y Rodrigo Guerrero […] Yo había visto la película en Caracas y me preguntaba, ¿por qué elegir[la] como ‘base de contenido’ para debatir sobre Venezuela? ¿Por qué Venezuela como agenda de discusión?

Recordemos que Venezuela venía del golpe de estado de Abril 2002, precedido por muchas protestas. Pero antes vivimos la insurrección armada de Chávez [1992], su sobreseimiento, salida de prisión [1.994] y llegada a Miraflores [1.998]. Luego la constituyente 1.999, la denominada relegitimación de los poderes, la muerte de la [mal] llamada IV república y la Constitución del 61 [hecho de discutida legalidad]; el auge de la [mal] tutelada revolución bolivariana y la nueva constitución de 1.999.

El país comenzó una era de agitación a partir de una cadena de reformas surgidas por poderes habilitantes y decretos leyes de Chávez. Secuestro Express era exhibida como una suerte de apología de lo devenido a partir de una sociedad violenta, violentada, al garete.

El celuloide de Jakubowicz comienza con imágenes de fastuosas residencias en las zonas más acaudaladas del país [La Lagunita, el Country Club, Valle Arriba, etc.] en contraste con barrios como la cota 905, Petare o el 23 de Enero. Fotografías rápidas cotejadas entre mansiones y ranchos, whisky, cerveza y ron; cordero, arepa y fritanga; el este de Caracas vs. oeste de la ciudad. Toda una Ilíada entre ricos y pobres.

Un episodio clásico de la película fue el momento en el que un secuestrador, habiendo cerrado negocio con un grupo guerrilleros donde revendía ‘el paquete’, al bajar del hotel donde se hizo el cambalache, se da cuenta que le han robado el carro [el mismo que ellos habían usado en el secuestro y pertenecía a los secuestrados]. Indignado exclama: “No j … .en este país la delincuencia está desatada, ya aquí no se puede vivir…”. Las risas mezcladas de escozor invadieron el ambiente. Comenzaba a entender de qué iba el foro.

Después de la exhibición comenzó el período de preguntas y respuestas. Confieso que la experiencia me marcó sensiblemente. No la película [que es buena] sino el debate. Mi visión de Venezuela; precisar quiénes somos y por qué somos como somos se convirtió en una búsqueda continua. Aquél foro fue revelador. Había encontrado uno de los eslabones perdidos de nuestra cultura, de nuestro modo de ser.

Una experiencia enriquecedora por aleccionadora. Desde ese día he escrito numerosos ensayos sobre el tema: la violencia pasiva. Bajando la mirada [y las ideas] con humildad y con amor comencé con Prohibido Olvidar y Nos acostumbramos a vivir así [ambos en El Universal/2005]. Fue un parteaguas, un antes y un después. Escribí con crudeza pero con sinceridad los antecedentes [si acaso los más notables], que nos permitieran comprender [no justificar], la llegada de Chávez y sus consecuencias. Un desencuentro grupal profundo, doloroso e histórico, que necesitaba desahogar.

¿Por qué tanta división?. ¿Por qué ese afán de enseñar a odiar en vez de enseñar a amar? ¿Por qué la narrativa de la lucha de clases? ¿Por qué la extrema polarización en vez de elegir el camino de la reconciliación y reconstrucción del tejido social? ¿Por qué revivir viejas rencillas y soltar todos los demonios y no congeniar y apelar a todos los ángeles? ¿Por qué tantos por qué?

Steven Pinker (psicólogo cognitivo, Harvard) en The Better Angels of Our Nature (2011), argumenta que las sociedades humanas han tendido históricamente a reducir la violencia porque esta es psicológicamente costosa, genera disonancia moral y contradice mecanismos de empatía profundamente arraigados […] Ni Chávez ni sus camarillas habían leído a Pinker. Pero sospecho que muchos de sus detractores, tampoco. No hemos sido una sociedad educada para reducir la violencia. Y así llegamos a un estado desgarrador donde el otro no importa y no existe. Es la ausencia afectiva que se desplaza por Secuestro Express: la violencia pasiva.

Al día siguiente de aquel encendido e ilustrador debate durante una noche gélida en la calle Saint Laurent de Montréal, traté de escribir. Era una mañana fría y pesada. No paraba de nevar […] Pero estaba con la mente en blanco sobre el teclado. Es lo que llaman el síndrome de Writers Block [Bloqueo del escritor]. No era fácil armonizar lo debatido. Hasta un libro me debo [les debo] sobre el tema de la violencia pasiva. Pero no resulta sencillo porque desarrollar una obra literaria sobre un mea culpa colectivo, necesita de una inmensa nobleza, paz y madurez ciudadana [reducir la violencia y aceptar que no lo hemos hecho].

Mi mente quedó en blanco pero mi corazón andando, por el temor de escribir o compartir lo que muchos no aceptarían, por no aceptarlo hasta ahora, y haberles permitido [aceptar] vivir así…que no es más que aceptar vivir con la violencia, generando otra violencia, como lo es la ignorancia del otro, la indiferencia a la miseria ajena.

Por qué aceptamos vivir así. ¿El hombre se habitúa a la violencia?

[…] El lugar estaba a tope. El panel estaba integrado por sociólogos y profesores de cultura latinoamericana. Es decir, no era una ópera prima para hablar de la producción. Se tratada de un mensaje que pretendía explicar “por qué los venezolanos aceptamos vivir así”. Y vino la gran pregunta de una de las moderadoras: “Después de haber visto esta película lo primero que desearía preguntar es: ¿por qué los venezolanos han aceptado vivir con tanta violencia?. La respuesta parecía fácil, a lo menos, predecible e incluso, ingenua.

Levanto la mano convencido de dar una respuesta puntual. “El tema de la profesora no-es que aceptemos vivir así, sino que nos-acostumbramos a vivir así”. Silencio en la sala. Aquella idea había caído como una nevada similar a la que blanqueaba la ciudad aquella noche helada. La quietud no provenía tanto de la audiencia como de los foristas, cuyas caras comenzaron a desencajar.

Un profesor del panel me interrumpe y repregunta alarmado: ¿Voulez vous dire que l’homme est capable de s’habituer à la Violante? [Cree Ud. ¿Será que el hombre es capaz habituarse a la violencia?. Antes de seguir en “la contienda” presentí que algo no estaba bien. Quién me increpaba era uno de mis profesores. Algo parecía olvidar de cara a su tono. Su repregunta, refinada, ilustrada, filosa, hacía ver que sabía perfectamente la respuesta de lo que pretendía no-conocer. Pero quería oír de mis propios labios mi propia negación, mi propia aceptación si acaso confesión de vivir así.

“Desconozco si existen casos en los cuáles el hombre es capaz de acostumbrarse a la violencia profesor, pero lamento decir que muchos de los eventos que hemos visto en la película, nos resultan habituales e infelizmente, normales[…]” Violà Viera!! Exclamó. Ils considèrent comme normal ce que d’autres n’acceptent pas” [Ustedes consideran normal lo que otros no aceptan como tal”. De pronto me sentí atrapado en mi vergüenza.

El debate continuaba. Otro profesor volvió con la pregunta: Entonces Viera, aun no resolvemos l’état de la question. ¿Por qué aceptaron como “normal” lo que otras sociedades no aceptan? En medio de la fría noche decembrina de Quebec, la discusión tomó calor. Poco a poco fuimos deshojando algunos episodios de la realidad puesta en escena, que iban desnudando una sociedad desguarnecida y extraviada en su propio laberinto. El ingenuo era yo.

La película daba cuenta de tres “hábitos” fundamentales: i.-La frivolidad de una pareja a la que sólo le importaba pasarla bien y disfrutar su ‘buen estatus’; ii.-La contradicción entre “la humanidad y dulzura” de un secuestrador (que trata de salvar a su hijo convaleciente en un hospital) y su inclemencia como criminal; y iii.-La brecha social entre una sociedad acomodada y “víctima” vs. otra, relegada y “victimaria”, que no encontraba otra válvula de escape que la violencia criminal. ¿Qué elemento disruptivo provocaba estas dicotomías?

La violencia pasiva. Mi otro yo, no eres tú.

El fenómeno social de marras comporta un entramado de fragmentación social, criminalidad y aceptación conocido como violencia pasiva. A la par de las agresiones sociales, los factores exógenos o endógenos de criminalidad; el despojo, la inequidad y la discriminación [violencia activa] existe otro tipo de agresión (por omisión) que es la ignorancia del otro; la indiferencia, el olvido y el rechazo al desposeído [violencia pasiva]. Y en medio de este cocktail de violencias que fractura el tejido social, subyacen desviaciones que un sector padece y otro ni se entera o pretende no saberlo.

Un amigo días después del cine-foro y habiendo leído mis ensayos me comentó. “Te voy a sugerir que no afirmes nunca más, que el hombre se acostumbra a la violencia” [sic]. El hombre jamais, jamais [jamás] se acostumbra a la violencia Orlando, sea activa o pasiva. Puede que [El hombre] la evada, la esquive, la evite, la oculte, se aparte de ella o la desconozca, pero nunca se acostumbra a ella. Nadie se habitúa al dolor. Buscamos aliviarlo pero normalmente nos resistimos a sentirlo y padecerlo”.

Konrad Lorenz (etólogo y Premio Nobel), Sobre la agresión (1963) plantea que la violencia extrema entre humanos no es un estado natural, sino el resultado de presiones sociales, culturales o políticas que desbordan la capacidad evolutiva de regulación. El ser humano, dice Lorenz, “muestra resistencia emocional frente al daño directo al otro, lo cual indica que no se habitúa realmente al acto violento”. Y la sociedad es desbordada por su propia inacción al punto, que regular la corresponsabilidad social, lo que hace es normalizar la injusticia.

Amar y ayudar al prójimo, tomarlo en cuenta, es asunto del corazón no de la ley.

Y me continuó diciendo: “¿Crees tú que aquellos [as] que han sufrido de eroticidad infantil en los barrios o favelas de Latinoamérica [niñas adolescentes que tienen relaciones incestuosas y abortan con detergente] se acostumbran a vivir así ? ¿Sabías que niños de 8 o 12 años eligen matar sin motivo a cualquiera que transite en una calle o una autopista, para “pasar el exámen” de entrar a una banda de dealers? ¿Te has habituado al hambre, la miseria, a la muerte o la indiferencia de tu propio vecino, cuando jamás lo has vivido? Toda aquella reflexión retumbaba en mi cabeza. Un reproche difícil de asimilar.

El hombre que ha tenido oportunidades ciertamente no se acostumbra a vivir con la violencia, porque o no lo ha experimentado, o habiéndolo vivido, la prefiere olvidar. Lo que hace es aislarse de ella y vivir en su microcosmos. Quién logra movilizarse y superarse socialmente, es normal que quiera mostrar su nuevo estatus: sus logros, sus méritos, sus títulos; su casa, su carro, su reloj.

Pero olvidar el barrio de donde salió (y aún no habiendo salido de él) y no extender la mano a sus vecinos, genera un tipo de violencia soterrada-oculta y venenosa-que convierte al ignorado, en un ingrávido solitario. Un alma en pena que [re]siente porque a nadie le importa, ni siquiera a quien fue su vecino, es decir, porque tú ya no eres yo, y viceversa.

Esa carga de indiferencia se enquista como un peligroso hervidero social. Un factor de quiebre espiritual y estructural que conduce a la anomia, al nihilismo, a un estadio de endomorfia moral donde “la vida poco o nada importa, porque poco o nada le importo a los demás”. Entonces renunciamos a vivir considerando al otro, desconociendo sus carencias y miserias. Lo habitual no es no reconocernos como fabulosos, maravillosos, buenos y confiables sino como ausentes y libres de todo mal, que es sentirnos absueltos de toda responsabilidad social. Y llegó el desquite…

El perdón como herramienta de despolarización, revalorización y remoralización.

Arendt sostiene que la violencia nunca se convierte en un hábito humano natural, sino que es instrumental, frágil y dependiente de legitimación externa. La indiferencia frente al sufrimiento del otro —lo que denomina “banalidad del mal”— surge cuando el individuo evita enfrentarse a la violencia y delega responsabilidad moral. Es lo que hicimos durante 40 años de democracia pactada. Delegarle a AD y COPEI no sólo la responsabilidad social, sino el afecto mismo. Y me temo que el contador sigue en marcha, con Maduro y con el nuevo liderazgo.

Esa delegación del amor y el afecto en los líderes políticos y en el estado, debe permutar en nosotros. Los estudios demuestran que sólo el perdón es capaz de desanudar el rencor acumulado por la violencia pasiva. Aún no ponemos este tema sobre la mesa. No es perdonar a criminales. Es ofrecer disculpas a una sociedad relegada y olvidada, un país-desecho.

Después de 27 años de oscurantismo, odio y violencia, sospecho que la violencia pasiva sigue siendo un factor de quiebre histórico que no se discute [Tabú]. Es natural evitarlo. Es incómodo, decía, sentirnos responsables de lo sucedido, y mucho menos pedir perdón por lo que no sentimos hemos hecho.

Es lo que Zygmunt Bauman ha descrito como la distancia moral en las sociedades modernas, cuando los ciudadanos dejan de responder a la exclusión o a la opresión, porque sienten como algo lejano o inevitable. Entonces nos alejamos tanto de nosotros mismos, como lo hacemos del opresor…Es la anomia, es la polarización, es el hueco moral que vacía el alma de amor y la fraternidad. No es una división entre izquierda y derecha, rojos o liberales. Es entre incluidos y excluidos, queridos y desqueridos.

El reto es comprender que incluir al otro es reconocer sus errores o méritos como propios, pero también sus carencias y desafectos. Y no hacerlo exige redimir, como gesto virtuoso e inevitable. “Pobre de aquel miserable que aún siendo mísero no es capaz de darse misericordia a sí mismo [San Agustín]. Son tiempos de piedad y redención, pilares éticos de una transición política sostenible y de una transformación social real. Sin esos gestos, seguiremos perdidos en nuestro laberinto.

En nuestra II entrega sobre La Transición Sostenible, la banalidad del mal y la no normalización de la violencia.

@ovierablanco
vierablanco@gmail.com

En el sutil arte de la diplomacia hay gestos que pesan más que los discursos, y silencios que gritan. Colombia, en voz de su comandante de las Fuerzas Militares, acaba de declarar lo que en otras latitudes equivaldría a una claudicación estratégica: no está en condiciones de resistir un ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela. Lo dijo sin pudor, como quien comenta el clima. Pero lo grave no está solo en el hipotético escenario del conflicto entre Caracas y Washington, que en los tiempos que corren es más remoto que plausible. Lo inquietante —lo verdaderamente alarmante— es lo que esta confesión anticipa sobre lo que no se dice: el Esequibo.

Por: Humberto González Briceño

Mientras la retórica chavista multiplica amenazas hacia Guyana y proclama su «irrenunciable» soberanía sobre ese territorio, los únicos que se están preparando para un escenario bélico son, paradójicamente, los guyaneses. Arropados bajo el paraguas protector del Comando Sur y con chequera petrolera en mano, están convirtiendo a Georgetown en una especie de portaaviones occidental en el Caribe. Y Venezuela, atrapada en su laberinto económico y político, agita su gastada narrativa antiimperialista mientras exhibe una musculatura militar atrofiada por la corrupción y la desprofesionalización.

Colombia, por su parte, que comparte no solo una extensa frontera con Venezuela sino una historia de conflictos larvados, ha optado por mirar hacia otro lado. El problema no es que se reconozca la imposibilidad de enfrentar a Estados Unidos —eso, en términos realistas, lo saben incluso los generales más pomposos de la región—. El problema es que se haga pública esa admisión sin calcular las implicaciones regionales, sin preguntarse cómo esa debilidad estructural podría incidir en otros escenarios donde no es Washington el actor principal, sino Guyana, acompañada de fuerzas militares “asociadas” bajo acuerdos de defensa recíproca.

La diplomacia colombiana ha jugado a la ambigüedad en el diferendo del Esequibo, apostando a una neutralidad que le permite mantener relaciones fluidas con Guyana, alinearse con los intereses energéticos globales, y al mismo tiempo evitar provocar al régimen chavista. Pero esa “neutralidad” es un eufemismo. En la práctica, Colombia ha asumido que si un conflicto estalla en el Esequibo, no se interpondrá. Es decir, si fuerzas militares extranjeras (británicas, estadounidenses o “asociadas”) acompañan a Guyana en una ofensiva quirúrgica para “tomar el control efectivo” del territorio, Bogotá no moverá un músculo. Porque, en sus propias palabras, no puede.

Y eso cambia todo.

Venezuela se encuentra sola. Con una Fuerza Armada deteriorada, atomizada y más ocupada en proteger negocios internos que en defender el territorio. Con una clase política fracturada y una oposición que ha optado por jugar el juego electoral bajo reglas impuestas por sus verdugos. Y con un régimen que necesita desesperadamente una causa nacionalista para aglutinar apoyos que ya ni siquiera el hambre logra contener. El Esequibo puede ser, y quizás lo será, esa válvula de escape. Pero no por iniciativa propia. Bastará que Guyana, sintiéndose protegida y provista de superioridad logística, decida dar el paso.

¿Y entonces?

No habrá resistencia en el frente occidental. Colombia no intervendrá, ya lo ha dicho. Brasil se mantendrá en su rol de gran árbitro silencioso. Y la comunidad internacional, mientras no se vea afectado el suministro de petróleo, aplaudirá los acuerdos que sigan a la ocupación, como quien firma un acta de defunción sin leerla.

El gobierno colombiano, al admitir su impotencia, ha contribuido sin quererlo a delinear el mapa del futuro conflicto. Un conflicto que, si estalla, no será entre Venezuela y Estados Unidos, sino entre una Venezuela en ruinas y una Guyana envalentonada. Y en ese escenario, la debilidad colombiana no es una anécdota, es una advertencia.

Y aún más: ante ese hipotético desarrollo, toda la movilización militar, logística y diplomática de Estados Unidos en el Caribe y el Atlántico Sur —incluyendo ejercicios conjuntos, presencia naval, y acuerdos bilaterales con Guyana— adquiriría una lógica geopolítica que la explica y la justifica. No se trata, entonces, de una provocación gratuita ni de un capricho imperial. Se trata de construir el andamiaje de una respuesta anticipada, eficaz y controlada, que le permita a Washington garantizar estabilidad en una región que, aunque periférica, alberga petróleo, agua, rutas marítimas y, sobre todo, aliados estratégicos.

Después de todo es probable que veamos un desenlace dramático y doloroso. Pero no precisamente el que muchos deseamos.

@humbertotweets

La Fuerza Aérea Bolivariana llevó a cabo este martes un entrenamiento operacional en todo el territorio nacional como parte de los preparativos para el desfile militar del 27 de noviembre, fecha que conmemora el aniversario de la Aviación Militar Bolivariana.

El Nacional

La jornada estuvo marcada por la participación coordinada de aeronaves F-16 Fighting Falcon y Su-30MK2, que efectuaron maniobras conjuntas de reagrupamiento, cambios de formación y simulacros de respuesta táctica.

El ejercicio tuvo como epicentro la Base Aérea Libertador (SVBL), en Palo Negro, estado Aragua, uno de los principales bastiones de la aviación venezolana. Desde allí se desplegaron al menos tres F-16 y cuatro Su-30MK2, acompañados por entrenadores K-8W.

Aunque el Ejecutivo Nacional no ha informado sobre estas maniobras, sectores críticos al gobierno expresaron preocupación por una posible escalada militar en el Caribe. Ciudadanos cuestionaron en redes sociales el uso de recursos en ejercicios militares en medio de la crisis económica interna, mientras otros temieron que el país se convierta en escenario de tensiones geopolíticas entre potencias luego de que se registrara el lunes una inusual maniobra militar por parte de Estados Unidos en el Caribe.

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