Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

La Embajada de la República de Polonia en Venezuela emitió este martes un comunicado oficial en el que recomienda a sus ciudadanos abstenerse de realizar cualquier tipo de viaje al país, incluyendo destinos turísticos como la isla de Margarita y sus regiones vecinas, debido a la suspensión de vuelos, concentración militar en la región y el posible agravamiento de la situación de seguridad.

Monitoreamos

«Debido a la suspensión de numerosos vuelos, concentración militar en la región, y la posibilidad de un deterioro de la situación de seguridad, se recomienda abstenerse de todo tipo de viajes a Venezuela, incluida la isla de Margarita y las islas vecinas pertenecientes a la misma región turística. El presente comunicado es válido hasta nuevo aviso», señaló el comunicado.

La advertencia se suma a la emitida por el Ministerio de Exteriores de Alemania, que el lunes aconsejó de forma “urgente” no viajar a Venezuela, especialmente a las zonas fronterizas con Brasil y Colombia, donde el crimen organizado representa un alto riesgo.

Ambos gobiernos europeos hacen referencia a la alerta internacional emitida por Estados Unidos sobre el espacio aéreo venezolano, que ha provocado la cancelación de vuelos por parte de varias aerolíneas.

“La situación en Venezuela es de momento tensa. La seguridad puede agravarse en cualquier momento”, señaló el comunicado alemán, que advierte además que ciudadanos europeos podrían ser sometidos a interrogatorios intensos o detenidos bajo acusaciones de apoyo al terrorismo, sin posibilidad de asistencia consular.

Las advertencias de Polonia y Alemania se suman a las de otros países que han revisado sus políticas consulares y de viaje hacia Venezuela, en un contexto marcado por la designación del Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera por parte de EE.UU. y el despliegue militar en el Caribe.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este martes que “podría hablar” con el líder del régimen venezolano, Nicolás Maduro, y sostuvo que su decisión apunta a “salvar vidas”, en medio de un fuerte despliegue militar estadounidense en el mar Caribe y de una escalada de tensión con Venezuela. “Quizás hable con él. Ya veremos”, expresó Trump, y remarcó que su Gobierno contempla realizar acciones “por la manera fácil”, pero también “por la manera difícil”.

EFE

Trump formuló estas declaraciones a bordo del avión presidencial, después de que una reportera lo cuestionó sobre su disposición a dialogar con Maduro pese a que su Administración lo denunció como supuesto líder de una organización terrorista extranjera. El mandatario respondió que “es el líder” y que, pese a las acusaciones, una comunicación directa “podría salvar vidas”.

El mandatario estadounidense profundizó en sus críticas a la dictadura venezolana al afirmar que el país sudamericano “envió a millones de personas a nuestro país” y que su gobierno no se encuentra conforme con esa situación. Trump añadió: “Bueno, no les voy a decir cuál es el objetivo. Probablemente deberían saberlo, pero han causado muchos problemas”.

También acusó al dictador Maduro de liberar reclusos y trasladarlos hacia territorio estadounidense. “Abrieron sus cárceles y prisiones y los arrojaron a Estados Unidos, y no estamos contentos con eso”, señaló. Según el presidente, entre esas personas se encontraban miembros del Tren de Aragua, narcotraficantes y “capos”.

Las declaraciones se producen en un momento de máxima presencia militar estadounidense en el Caribe. El portaviones USS Gerald R. Ford, el más grande de la flota, dirige una operación con más de una decena de barcos, aviones de combate y unos 12.000 efectivos, con el objetivo de enfrentar a organizaciones de narcotráfico. Desde septiembre, las fuerzas estadounidenses hundieron al menos 21 embarcaciones sospechosas y se reportaron más de 80 muertes relacionadas con estos operativos.

En paralelo, la aviación comercial y varias aerolíneas internacionales cancelaron vuelos hacia Venezuela en los últimos días, debido al aumento de aeronaves y buques de Estados Unidos en la zona. Plataformas de rastreo aéreo identificaron esta semana aviones militares de gran capacidad operativa entre Venezuela y Curazao, incluidos un bombardero B-52, cazas F/A-18 y una aeronave de alerta temprana.

Ante la ola de cancelaciones, el régimen venezolano advirtió que las compañías afectadas tienen hasta las 12.00 de este miércoles (hora local) para retomar sus operaciones, de lo contrario revocará sus permisos de “vuelo permanente”.

La situación se desarrolla después de que la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos alertara sobre los riesgos de sobrevolar territorio venezolano, en un contexto marcado por el despliegue militar estadounidense en el Caribe.

Entre el sábado y el martes, unas 33 operaciones internacionales fueron suspendidas en el país, luego de que la FAA instara a los vuelos comerciales a “extremar la precaución” en Venezuela y el sur del Caribe, al calificar la región como “potencialmente peligrosa”.

La notificación coincidió con el aumento del operativo militar de Estados Unidos, presentado como una acción contra el narcotráfico y considerado por Caracas como una “amenaza” que busca provocar un cambio de Gobierno.

A través del NOTAM B9070/25, emitido con vigencia inmediata y hasta el 1 de diciembre de 2025, las autoridades aeronáuticas españolas instan a los operadores nacionales a evitar el tránsito por la Región de Información de Vuelo (FIR) de Maiquetía.

Aviación Line

Esta medida se alinea con las recientes alertas de la FAA estadounidense y la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA), y responde a un entorno de seguridad deteriorado en la región. La notificación afecta directamente a las rutas operadas por Iberia, Air Europa y Plus Ultra, las cuales ya comenzaron a ajustar su programación ante la escalada de tensiones. Así también a las venezolanas Estelar y LASER, que operan con aviones matriculados en España bajo formato wet-lease.

Detalles de la restricción operativa

El documento técnico, con validez desde el 24 de noviembre hasta el final del 1 de diciembre de 2025, establece una directriz clara para la aviación comercial española.

«Se recomienda encarecidamente a los operadores aéreos civiles españoles que no realicen ningún vuelo en el espacio aéreo dentro de la FIR Maiquetía (SVZM)», señala el texto de la notificación, citando como causa principal el «riesgo potencial para la aviación civil por el aumento de la actividad militar».

La alerta detalla amenazas específicas que comprometen la seguridad operacional en todos los niveles de vuelo. El aviso destaca la presencia de «armas antiaéreas capaces en todas las altitudes» y subraya una «falta de coordinación entre las partes en conflicto», factor que eleva el peligro de errores de identificación o daños colaterales a aeronaves civiles.

Excepciones y contexto de seguridad

A pesar de la contundencia de la recomendación, la normativa contempla escenarios de urgencia. «En una emergencia que requiera una decisión y acción inmediata para la seguridad del vuelo», aclara el NOTAM, «el piloto al mando puede desviarse de este NOTAM en la medida necesaria para abordar esa emergencia».

Esta notificación llega en un momento de máxima tensión. El Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) de Venezuela amenazó con retirar los derechos de tráfico a las compañías que no reanuden sus vuelos, generando una encrucijada diplomática y comercial para los operadores españoles. Desde IATA por su parte hicieron un llamado al diálogo y a la flexibilidad por parte de las autoridades venezolanas, argumentando que las aerolíneas se ven obligadas a dejar de volar siguiendo protocolos técnicos, no decisiones comerciales o políticas.

El reto es comprender que incluir al otro es reconocer sus errores o méritos como propios, pero también sus carencias y desafectos. Y no hacerlo exige redimir, como gesto virtuoso e inevitable

ORLANDO VIERA-BLANCO
25/11/2025

Diversos autores han mostrado que el ser humano no se adapta naturalmente a la violencia y, de hecho, tiende a evitarla como mecanismo evolutivo y psicológico.

El diagnóstico de lo ocurrido en Venezuela ha sido analizado desde múltiples perspectivas y métodos: el estado rentista, el reparto insaciable, la cultura de la corrupción, el locus de control externo, el caudillismo, el culto a la personalidad, el bipartidismo omnipotente; el taita redentor, el presidencialismo irredento, el estado docente, el estado ausente, el estado-Dios, y en fin, cientos de estudios críticos sobre nuestra realidad socio-política.

Poco se ha escrito sobre la violencia pasiva. Se ha hablado con soltura de la exclusión social, pero enfocada de la que nace de partidos políticos, grupos de interés o del propio Estado, y no de los propios ciudadanos. La Venezuela saudita poco fue educada en el terreno de la solidaridad, la gratitud y lo que la doctrina llama “la normalización de la injusticia” [Johan Galtung], fenómeno según el cual la gente no se habitúa a la violencia, sino que la desplaza de su experiencia inmediata.

De cara a una transición en ciernes estudiemos este aspecto de nuestra cultura política, como factor esencial de reconocimiento donde un proceso real de reencuentro no es material sino profundamente humano, espiritual e identitario, es decir, un mea culpa.

Una historia dice más que mil palabras…

La violencia pasiva es un asunto que se ha abordado en Venezuela y Latinoamérica con pinzas. No es cómodo conversar[lo]. A fin de cuentas asumir responsabilidades, solicita resistencia. Enfrentar las consecuencias desde la propia causalidad y aceptar que hemos sido víctimas no sólo del régimen, del destino o del Estado, sino de nosotros mismos, es un hecho negado y cuestionable.

Una transición sostenible pasa por una revisión franca de nosotros mismos. Diseñar y construir un estado moderno, educado y feliz, exige vaciar pilotes de despolarización, para edificar una nación preparada tanto en lo tecnológico como en lo humano.

En 2005 cursé estudios extensivos de cultura francófona en la ciudad de Montreal. En el marco de la cátedra y por invitación de un buen amigo, la Universidad de Quebec en Montreal organizó un Cine-Foro sobre Venezuela, proyectando la película Secuestro Express. Un film del joven Director Jonathan Jakubowicz, producida por Elizabeth Avellán y Rodrigo Guerrero […] Yo había visto la película en Caracas y me preguntaba, ¿por qué elegir[la] como ‘base de contenido’ para debatir sobre Venezuela? ¿Por qué Venezuela como agenda de discusión?

Recordemos que Venezuela venía del golpe de estado de Abril 2002, precedido por muchas protestas. Pero antes vivimos la insurrección armada de Chávez [1992], su sobreseimiento, salida de prisión [1.994] y llegada a Miraflores [1.998]. Luego la constituyente 1.999, la denominada relegitimación de los poderes, la muerte de la [mal] llamada IV república y la Constitución del 61 [hecho de discutida legalidad]; el auge de la [mal] tutelada revolución bolivariana y la nueva constitución de 1.999.

El país comenzó una era de agitación a partir de una cadena de reformas surgidas por poderes habilitantes y decretos leyes de Chávez. Secuestro Express era exhibida como una suerte de apología de lo devenido a partir de una sociedad violenta, violentada, al garete.

El celuloide de Jakubowicz comienza con imágenes de fastuosas residencias en las zonas más acaudaladas del país [La Lagunita, el Country Club, Valle Arriba, etc.] en contraste con barrios como la cota 905, Petare o el 23 de Enero. Fotografías rápidas cotejadas entre mansiones y ranchos, whisky, cerveza y ron; cordero, arepa y fritanga; el este de Caracas vs. oeste de la ciudad. Toda una Ilíada entre ricos y pobres.

Un episodio clásico de la película fue el momento en el que un secuestrador, habiendo cerrado negocio con un grupo guerrilleros donde revendía ‘el paquete’, al bajar del hotel donde se hizo el cambalache, se da cuenta que le han robado el carro [el mismo que ellos habían usado en el secuestro y pertenecía a los secuestrados]. Indignado exclama: “No j … .en este país la delincuencia está desatada, ya aquí no se puede vivir…”. Las risas mezcladas de escozor invadieron el ambiente. Comenzaba a entender de qué iba el foro.

Después de la exhibición comenzó el período de preguntas y respuestas. Confieso que la experiencia me marcó sensiblemente. No la película [que es buena] sino el debate. Mi visión de Venezuela; precisar quiénes somos y por qué somos como somos se convirtió en una búsqueda continua. Aquél foro fue revelador. Había encontrado uno de los eslabones perdidos de nuestra cultura, de nuestro modo de ser.

Una experiencia enriquecedora por aleccionadora. Desde ese día he escrito numerosos ensayos sobre el tema: la violencia pasiva. Bajando la mirada [y las ideas] con humildad y con amor comencé con Prohibido Olvidar y Nos acostumbramos a vivir así [ambos en El Universal/2005]. Fue un parteaguas, un antes y un después. Escribí con crudeza pero con sinceridad los antecedentes [si acaso los más notables], que nos permitieran comprender [no justificar], la llegada de Chávez y sus consecuencias. Un desencuentro grupal profundo, doloroso e histórico, que necesitaba desahogar.

¿Por qué tanta división?. ¿Por qué ese afán de enseñar a odiar en vez de enseñar a amar? ¿Por qué la narrativa de la lucha de clases? ¿Por qué la extrema polarización en vez de elegir el camino de la reconciliación y reconstrucción del tejido social? ¿Por qué revivir viejas rencillas y soltar todos los demonios y no congeniar y apelar a todos los ángeles? ¿Por qué tantos por qué?

Steven Pinker (psicólogo cognitivo, Harvard) en The Better Angels of Our Nature (2011), argumenta que las sociedades humanas han tendido históricamente a reducir la violencia porque esta es psicológicamente costosa, genera disonancia moral y contradice mecanismos de empatía profundamente arraigados […] Ni Chávez ni sus camarillas habían leído a Pinker. Pero sospecho que muchos de sus detractores, tampoco. No hemos sido una sociedad educada para reducir la violencia. Y así llegamos a un estado desgarrador donde el otro no importa y no existe. Es la ausencia afectiva que se desplaza por Secuestro Express: la violencia pasiva.

Al día siguiente de aquel encendido e ilustrador debate durante una noche gélida en la calle Saint Laurent de Montréal, traté de escribir. Era una mañana fría y pesada. No paraba de nevar […] Pero estaba con la mente en blanco sobre el teclado. Es lo que llaman el síndrome de Writers Block [Bloqueo del escritor]. No era fácil armonizar lo debatido. Hasta un libro me debo [les debo] sobre el tema de la violencia pasiva. Pero no resulta sencillo porque desarrollar una obra literaria sobre un mea culpa colectivo, necesita de una inmensa nobleza, paz y madurez ciudadana [reducir la violencia y aceptar que no lo hemos hecho].

Mi mente quedó en blanco pero mi corazón andando, por el temor de escribir o compartir lo que muchos no aceptarían, por no aceptarlo hasta ahora, y haberles permitido [aceptar] vivir así…que no es más que aceptar vivir con la violencia, generando otra violencia, como lo es la ignorancia del otro, la indiferencia a la miseria ajena.

Por qué aceptamos vivir así. ¿El hombre se habitúa a la violencia?

[…] El lugar estaba a tope. El panel estaba integrado por sociólogos y profesores de cultura latinoamericana. Es decir, no era una ópera prima para hablar de la producción. Se tratada de un mensaje que pretendía explicar “por qué los venezolanos aceptamos vivir así”. Y vino la gran pregunta de una de las moderadoras: “Después de haber visto esta película lo primero que desearía preguntar es: ¿por qué los venezolanos han aceptado vivir con tanta violencia?. La respuesta parecía fácil, a lo menos, predecible e incluso, ingenua.

Levanto la mano convencido de dar una respuesta puntual. “El tema de la profesora no-es que aceptemos vivir así, sino que nos-acostumbramos a vivir así”. Silencio en la sala. Aquella idea había caído como una nevada similar a la que blanqueaba la ciudad aquella noche helada. La quietud no provenía tanto de la audiencia como de los foristas, cuyas caras comenzaron a desencajar.

Un profesor del panel me interrumpe y repregunta alarmado: ¿Voulez vous dire que l’homme est capable de s’habituer à la Violante? [Cree Ud. ¿Será que el hombre es capaz habituarse a la violencia?. Antes de seguir en “la contienda” presentí que algo no estaba bien. Quién me increpaba era uno de mis profesores. Algo parecía olvidar de cara a su tono. Su repregunta, refinada, ilustrada, filosa, hacía ver que sabía perfectamente la respuesta de lo que pretendía no-conocer. Pero quería oír de mis propios labios mi propia negación, mi propia aceptación si acaso confesión de vivir así.

“Desconozco si existen casos en los cuáles el hombre es capaz de acostumbrarse a la violencia profesor, pero lamento decir que muchos de los eventos que hemos visto en la película, nos resultan habituales e infelizmente, normales[…]” Violà Viera!! Exclamó. Ils considèrent comme normal ce que d’autres n’acceptent pas” [Ustedes consideran normal lo que otros no aceptan como tal”. De pronto me sentí atrapado en mi vergüenza.

El debate continuaba. Otro profesor volvió con la pregunta: Entonces Viera, aun no resolvemos l’état de la question. ¿Por qué aceptaron como “normal” lo que otras sociedades no aceptan? En medio de la fría noche decembrina de Quebec, la discusión tomó calor. Poco a poco fuimos deshojando algunos episodios de la realidad puesta en escena, que iban desnudando una sociedad desguarnecida y extraviada en su propio laberinto. El ingenuo era yo.

La película daba cuenta de tres “hábitos” fundamentales: i.-La frivolidad de una pareja a la que sólo le importaba pasarla bien y disfrutar su ‘buen estatus’; ii.-La contradicción entre “la humanidad y dulzura” de un secuestrador (que trata de salvar a su hijo convaleciente en un hospital) y su inclemencia como criminal; y iii.-La brecha social entre una sociedad acomodada y “víctima” vs. otra, relegada y “victimaria”, que no encontraba otra válvula de escape que la violencia criminal. ¿Qué elemento disruptivo provocaba estas dicotomías?

La violencia pasiva. Mi otro yo, no eres tú.

El fenómeno social de marras comporta un entramado de fragmentación social, criminalidad y aceptación conocido como violencia pasiva. A la par de las agresiones sociales, los factores exógenos o endógenos de criminalidad; el despojo, la inequidad y la discriminación [violencia activa] existe otro tipo de agresión (por omisión) que es la ignorancia del otro; la indiferencia, el olvido y el rechazo al desposeído [violencia pasiva]. Y en medio de este cocktail de violencias que fractura el tejido social, subyacen desviaciones que un sector padece y otro ni se entera o pretende no saberlo.

Un amigo días después del cine-foro y habiendo leído mis ensayos me comentó. “Te voy a sugerir que no afirmes nunca más, que el hombre se acostumbra a la violencia” [sic]. El hombre jamais, jamais [jamás] se acostumbra a la violencia Orlando, sea activa o pasiva. Puede que [El hombre] la evada, la esquive, la evite, la oculte, se aparte de ella o la desconozca, pero nunca se acostumbra a ella. Nadie se habitúa al dolor. Buscamos aliviarlo pero normalmente nos resistimos a sentirlo y padecerlo”.

Konrad Lorenz (etólogo y Premio Nobel), Sobre la agresión (1963) plantea que la violencia extrema entre humanos no es un estado natural, sino el resultado de presiones sociales, culturales o políticas que desbordan la capacidad evolutiva de regulación. El ser humano, dice Lorenz, “muestra resistencia emocional frente al daño directo al otro, lo cual indica que no se habitúa realmente al acto violento”. Y la sociedad es desbordada por su propia inacción al punto, que regular la corresponsabilidad social, lo que hace es normalizar la injusticia.

Amar y ayudar al prójimo, tomarlo en cuenta, es asunto del corazón no de la ley.

Y me continuó diciendo: “¿Crees tú que aquellos [as] que han sufrido de eroticidad infantil en los barrios o favelas de Latinoamérica [niñas adolescentes que tienen relaciones incestuosas y abortan con detergente] se acostumbran a vivir así ? ¿Sabías que niños de 8 o 12 años eligen matar sin motivo a cualquiera que transite en una calle o una autopista, para “pasar el exámen” de entrar a una banda de dealers? ¿Te has habituado al hambre, la miseria, a la muerte o la indiferencia de tu propio vecino, cuando jamás lo has vivido? Toda aquella reflexión retumbaba en mi cabeza. Un reproche difícil de asimilar.

El hombre que ha tenido oportunidades ciertamente no se acostumbra a vivir con la violencia, porque o no lo ha experimentado, o habiéndolo vivido, la prefiere olvidar. Lo que hace es aislarse de ella y vivir en su microcosmos. Quién logra movilizarse y superarse socialmente, es normal que quiera mostrar su nuevo estatus: sus logros, sus méritos, sus títulos; su casa, su carro, su reloj.

Pero olvidar el barrio de donde salió (y aún no habiendo salido de él) y no extender la mano a sus vecinos, genera un tipo de violencia soterrada-oculta y venenosa-que convierte al ignorado, en un ingrávido solitario. Un alma en pena que [re]siente porque a nadie le importa, ni siquiera a quien fue su vecino, es decir, porque tú ya no eres yo, y viceversa.

Esa carga de indiferencia se enquista como un peligroso hervidero social. Un factor de quiebre espiritual y estructural que conduce a la anomia, al nihilismo, a un estadio de endomorfia moral donde “la vida poco o nada importa, porque poco o nada le importo a los demás”. Entonces renunciamos a vivir considerando al otro, desconociendo sus carencias y miserias. Lo habitual no es no reconocernos como fabulosos, maravillosos, buenos y confiables sino como ausentes y libres de todo mal, que es sentirnos absueltos de toda responsabilidad social. Y llegó el desquite…

El perdón como herramienta de despolarización, revalorización y remoralización.

Arendt sostiene que la violencia nunca se convierte en un hábito humano natural, sino que es instrumental, frágil y dependiente de legitimación externa. La indiferencia frente al sufrimiento del otro —lo que denomina “banalidad del mal”— surge cuando el individuo evita enfrentarse a la violencia y delega responsabilidad moral. Es lo que hicimos durante 40 años de democracia pactada. Delegarle a AD y COPEI no sólo la responsabilidad social, sino el afecto mismo. Y me temo que el contador sigue en marcha, con Maduro y con el nuevo liderazgo.

Esa delegación del amor y el afecto en los líderes políticos y en el estado, debe permutar en nosotros. Los estudios demuestran que sólo el perdón es capaz de desanudar el rencor acumulado por la violencia pasiva. Aún no ponemos este tema sobre la mesa. No es perdonar a criminales. Es ofrecer disculpas a una sociedad relegada y olvidada, un país-desecho.

Después de 27 años de oscurantismo, odio y violencia, sospecho que la violencia pasiva sigue siendo un factor de quiebre histórico que no se discute [Tabú]. Es natural evitarlo. Es incómodo, decía, sentirnos responsables de lo sucedido, y mucho menos pedir perdón por lo que no sentimos hemos hecho.

Es lo que Zygmunt Bauman ha descrito como la distancia moral en las sociedades modernas, cuando los ciudadanos dejan de responder a la exclusión o a la opresión, porque sienten como algo lejano o inevitable. Entonces nos alejamos tanto de nosotros mismos, como lo hacemos del opresor…Es la anomia, es la polarización, es el hueco moral que vacía el alma de amor y la fraternidad. No es una división entre izquierda y derecha, rojos o liberales. Es entre incluidos y excluidos, queridos y desqueridos.

El reto es comprender que incluir al otro es reconocer sus errores o méritos como propios, pero también sus carencias y desafectos. Y no hacerlo exige redimir, como gesto virtuoso e inevitable. “Pobre de aquel miserable que aún siendo mísero no es capaz de darse misericordia a sí mismo [San Agustín]. Son tiempos de piedad y redención, pilares éticos de una transición política sostenible y de una transformación social real. Sin esos gestos, seguiremos perdidos en nuestro laberinto.

En nuestra II entrega sobre La Transición Sostenible, la banalidad del mal y la no normalización de la violencia.

@ovierablanco
vierablanco@gmail.com

En el sutil arte de la diplomacia hay gestos que pesan más que los discursos, y silencios que gritan. Colombia, en voz de su comandante de las Fuerzas Militares, acaba de declarar lo que en otras latitudes equivaldría a una claudicación estratégica: no está en condiciones de resistir un ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela. Lo dijo sin pudor, como quien comenta el clima. Pero lo grave no está solo en el hipotético escenario del conflicto entre Caracas y Washington, que en los tiempos que corren es más remoto que plausible. Lo inquietante —lo verdaderamente alarmante— es lo que esta confesión anticipa sobre lo que no se dice: el Esequibo.

Por: Humberto González Briceño

Mientras la retórica chavista multiplica amenazas hacia Guyana y proclama su «irrenunciable» soberanía sobre ese territorio, los únicos que se están preparando para un escenario bélico son, paradójicamente, los guyaneses. Arropados bajo el paraguas protector del Comando Sur y con chequera petrolera en mano, están convirtiendo a Georgetown en una especie de portaaviones occidental en el Caribe. Y Venezuela, atrapada en su laberinto económico y político, agita su gastada narrativa antiimperialista mientras exhibe una musculatura militar atrofiada por la corrupción y la desprofesionalización.

Colombia, por su parte, que comparte no solo una extensa frontera con Venezuela sino una historia de conflictos larvados, ha optado por mirar hacia otro lado. El problema no es que se reconozca la imposibilidad de enfrentar a Estados Unidos —eso, en términos realistas, lo saben incluso los generales más pomposos de la región—. El problema es que se haga pública esa admisión sin calcular las implicaciones regionales, sin preguntarse cómo esa debilidad estructural podría incidir en otros escenarios donde no es Washington el actor principal, sino Guyana, acompañada de fuerzas militares “asociadas” bajo acuerdos de defensa recíproca.

La diplomacia colombiana ha jugado a la ambigüedad en el diferendo del Esequibo, apostando a una neutralidad que le permite mantener relaciones fluidas con Guyana, alinearse con los intereses energéticos globales, y al mismo tiempo evitar provocar al régimen chavista. Pero esa “neutralidad” es un eufemismo. En la práctica, Colombia ha asumido que si un conflicto estalla en el Esequibo, no se interpondrá. Es decir, si fuerzas militares extranjeras (británicas, estadounidenses o “asociadas”) acompañan a Guyana en una ofensiva quirúrgica para “tomar el control efectivo” del territorio, Bogotá no moverá un músculo. Porque, en sus propias palabras, no puede.

Y eso cambia todo.

Venezuela se encuentra sola. Con una Fuerza Armada deteriorada, atomizada y más ocupada en proteger negocios internos que en defender el territorio. Con una clase política fracturada y una oposición que ha optado por jugar el juego electoral bajo reglas impuestas por sus verdugos. Y con un régimen que necesita desesperadamente una causa nacionalista para aglutinar apoyos que ya ni siquiera el hambre logra contener. El Esequibo puede ser, y quizás lo será, esa válvula de escape. Pero no por iniciativa propia. Bastará que Guyana, sintiéndose protegida y provista de superioridad logística, decida dar el paso.

¿Y entonces?

No habrá resistencia en el frente occidental. Colombia no intervendrá, ya lo ha dicho. Brasil se mantendrá en su rol de gran árbitro silencioso. Y la comunidad internacional, mientras no se vea afectado el suministro de petróleo, aplaudirá los acuerdos que sigan a la ocupación, como quien firma un acta de defunción sin leerla.

El gobierno colombiano, al admitir su impotencia, ha contribuido sin quererlo a delinear el mapa del futuro conflicto. Un conflicto que, si estalla, no será entre Venezuela y Estados Unidos, sino entre una Venezuela en ruinas y una Guyana envalentonada. Y en ese escenario, la debilidad colombiana no es una anécdota, es una advertencia.

Y aún más: ante ese hipotético desarrollo, toda la movilización militar, logística y diplomática de Estados Unidos en el Caribe y el Atlántico Sur —incluyendo ejercicios conjuntos, presencia naval, y acuerdos bilaterales con Guyana— adquiriría una lógica geopolítica que la explica y la justifica. No se trata, entonces, de una provocación gratuita ni de un capricho imperial. Se trata de construir el andamiaje de una respuesta anticipada, eficaz y controlada, que le permita a Washington garantizar estabilidad en una región que, aunque periférica, alberga petróleo, agua, rutas marítimas y, sobre todo, aliados estratégicos.

Después de todo es probable que veamos un desenlace dramático y doloroso. Pero no precisamente el que muchos deseamos.

@humbertotweets

La Fuerza Aérea Bolivariana llevó a cabo este martes un entrenamiento operacional en todo el territorio nacional como parte de los preparativos para el desfile militar del 27 de noviembre, fecha que conmemora el aniversario de la Aviación Militar Bolivariana.

El Nacional

La jornada estuvo marcada por la participación coordinada de aeronaves F-16 Fighting Falcon y Su-30MK2, que efectuaron maniobras conjuntas de reagrupamiento, cambios de formación y simulacros de respuesta táctica.

El ejercicio tuvo como epicentro la Base Aérea Libertador (SVBL), en Palo Negro, estado Aragua, uno de los principales bastiones de la aviación venezolana. Desde allí se desplegaron al menos tres F-16 y cuatro Su-30MK2, acompañados por entrenadores K-8W.

Aunque el Ejecutivo Nacional no ha informado sobre estas maniobras, sectores críticos al gobierno expresaron preocupación por una posible escalada militar en el Caribe. Ciudadanos cuestionaron en redes sociales el uso de recursos en ejercicios militares en medio de la crisis económica interna, mientras otros temieron que el país se convierta en escenario de tensiones geopolíticas entre potencias luego de que se registrara el lunes una inusual maniobra militar por parte de Estados Unidos en el Caribe.

«Colombia no podría responder militarmente si Estados Unidos ataca al régimen narcoterrorista que usurpa el poder en Venezuela». Este señalamiento emitido desde la Cancillería de Colombia fue parte de una noticia que salió hace apenas unos días y evidencia que en en la nación neogranadina están muy preocupados.

Omar González

¿Y por qué están preocupados? Bueno, porque saben que si cae Maduro, caen todos; y es bien probable que Gustavo Petro también termine pagando cárcel.

Existen fuertes indicios que unen al mandatario de Colombia con el negocio del polvo blanco, lo cual lo coloca también en la mira de Estados Unidos.

Además, es evidente que la maquinaria roja global tiene muchos años financiándose con el dinero del narcotráfico; para nadie es un secreto que los movimientos guerrilleros en Colombia se transformaron en narcoguerrillas, que se consolidan a través de este comercio ilegal.

Gustavo Petro está muy asustado porque la presencia de los militares estadounidenses en el Caribe le pone la carne de gallina, y más cuando está a más o menos seis meses de abandonar el Palacio de Nariño, pues se vienen las elecciones presidenciales en Colombia y la izquierda perderá de manera abrumadora.

Gustavo Petro y Nicolás Maduro son caimanes del mismo pozo, ambos son parte del cártel político de izquierda que hunde a las naciones y constituyen nidos de corrupción donde quieran que se puedan enquistar.

Junto a ellos está el mandatario del Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva, quien es otro que también ha mostrado su “preocupación” por la presencia militar en el Caribe.

Lula sabe que si Maduro cae, si Petro cae, se vendrán en picada los regímenes de Cuba y Nicaragua, y la alianza roja en Brasil recibiría un fuerte golpe político y moral que los llevaría a perder las próximas elecciones en la nación carioca.

Además, la forma que el sistema socialista brasileño ha tratado al expresidente Jair Bolsonaro es una demostración del poco ánimo democrático de una izquierda que es perniciosa y cruel cuando ejerce el poder.

Es menester indicar que el presidente Donald Trump tiene la gran oportunidad –histórica y creo que irrepetible– de acabar de un solo zarpazo con el llamado socialismo del siglo XXI de América Latina; ser el protagonista del final de los regímenes que han destruido nuestro continente.

Pues, cada día estoy más convencido de que la caída de Maduro significará el fin de todo ese fracasado experimento socialista en América Latina, terminará de colapsar el Foro de São Paulo y emergerá una nueva realidad para nuestros países.

Hoy vemos que el cambio está en marcha, y lo reafirmaremos cuando en Chile gane una opción liberal y cuando el régimen de Maduro se termine de desplomar.

Así de sencillo. 

Sin más que agregar, nos leemos la próxima semana.

El peruano-estadounidense Renzo Yasir Huamanchumo Castillo, quien viajó a Venezuela para pedir la mano de su pareja y terminó pasando 10 meses detenido bajo acusaciones de conspirar contra el gobierno de Nicolás Maduro, relató los castigos físicos y psicológicos que sufrió mientras estuvo encarcelado en El Rodeo I, en el estado Miranda.

El Nacional

Huamanchumo, que coincidió con el gendarme argentino Nahuel Gallo, también detenido, describió su encierro como un espacio mínimo, sin condiciones básicas de salubridad.

“Entrar a la celda era dar cuatro pasos hacia adelante y tres hacia el lado. Puro cemento, un olor horrible, el sonido de las rejas y de la tristeza en las voces”, relató para el medio DNews.

Contó que los reclusos debían usar un hueco en el piso como baño y lavarse en el mismo lugar. Además, el suministro de agua era escaso. “Nos daban un galón o un litro de agua, que tenía que durar 24, a veces 30 horas. Tenías que racionarla porque un vaso menos podía significar no tener para el resto del día”, señaló.

Dormía en literas de cemento, bajo luz permanente, lo que asegura afectaba psicológicamente a los detenidos.

Castigos por intentar comunicarse con el exterior

Huamanchumo reconoció que intentó gritar por las ventanas de la cárcel de El Rodeo I para buscar ayuda o llamar la atención de residentes cercanos, lo que le generó represalias dentro del penal.

“Esa fue una de las razones por las que tuve problemas. Cuando ellos venían a buscarte, uno pasaba por cosas que eran más que tortura”, dijo.

El expreso político también relató traslados encapuchados, esposas permanentes y vigilancia constante. “Nunca me dejaban caminar solo. Siempre rodeado, como si fuera peligroso”, indicó.

Además de la falta de agua y condiciones sanitarias mínimas, confirmó la presencia de animales dentro de las celdas. “Una vez me desperté con una tarántula frente a mí, del tamaño de mi mano. No había silencio ni oscuridad. Todo estaba hecho para quebrarte”, manifestó.

Fue compañero de celda de Nahuel Gallo en El Rodeo I

Huamanchumo compartió celda y conversaciones con el argentino Nahuel Gallo, detenido desde el 8 de diciembre de 2024 tras ingresar desde Colombia para visitar a su esposa venezolana y a su hijo pequeño.

A Gallo le apodaban “el tiktoker” porque el personal penitenciario grababa videos cada vez que le entregaban comida: “Le filmaban cada comida. Nosotros creíamos que esos videos salían del penal y, por eso, intentábamos enviar mensajes en distintos idiomas para que alguien escuchara”.

Según Huamanchumo, aprendió frases en otros idiomas para denunciar la situación. “A veces, cuando hacían silencio, aprovechaba y decía: ‘Nos están torturando’. Por eso se molestaban conmigo, pero era lo que había que hacer”, dijo.

Relató que Gallo estaba preocupado por su hijo y su familia. “Hablamos noches enteras. Él siempre mantenía la esperanza”, reveló.

El exrehén asegura que, tras su liberación, mantiene contacto con otros extranjeros que lograron salir de Venezuela, porque el daño emocional no termina con la excarcelación.

Pidió a los gobiernos latinoamericanos acompañar a quienes regresan, «que no los dejen solos. Estar allí y luego afuera también es difícil».

El gobierno de Nicolás Maduro sostiene que muchos de los detenidos extranjeros ingresan al país con fines conspirativos, mientras organizaciones de derechos humanos denuncian procesos sin garantías, incomunicación y condiciones penitenciarias degradantes.

Los golden retriever suelen ser perros sociables, amigables y muy afectuosos con las personas y otros animales. Son conocidos por su buena disposición al juego y su facilidad para aprender órdenes.

Por: Valeria Román – Infobae

Un grupo de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido logró identificar 12 genes en esa raza de perros que también influyen en la inteligencia, la ansiedad y la depresión de las personas.

Sin embargo, los investigadores subrayaron que el ambiente, la crianza y las experiencias juegan también un rol clave en cómo se expresan esos rasgos.

La investigación fue publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y se basó en estudiar el ADN de más de mil perros golden retrievers y relacionarlo con sus conductas diarias.

“Los hallazgos son realmente sorprendentes, ya que aportan una fuerte evidencia de que humanos y golden retrievers tienen raíces genéticas compartidas para su comportamiento”, señaló Eleanor Raffan, veterinaria y profesora de fisiología de sistemas en la universidad británica.

El trabajo sumó expertos de la Fundación Morris Animal, la Universidad de Lincoln y distintas instituciones de Europa y el Reino Unido. Se combinaron muestras de sangre y cuestionarios para entender emociones, costumbres y carácter de cada perro.

Genética y temperamento en perros

El estudio nació de la curiosidad por saber por qué algunos golden retriever son miedosos o inquietos, mientras otros muestran calma y confianza.

Los investigadores tuvieron en cuenta que veterinarios y familias que conviven con los Golden notaban diferencias entre animales criados bajo condiciones parecidas.

Los científicos plantearon como problema central la dificultad para predecir el comportamiento solo observando el ambiente de los perros. Faltaba saber cuánto influía realmente la herencia genética frente al entorno y las experiencias.

Otro cuestionamiento era si las mismas bases biológicas del temperamento en perros podían encontrarse también en las personas.

Así surgió el objetivo de buscar genes compartidos que influyen en las emociones de ambas especies.

Los científicos intentaron construir un mapa genético del comportamiento que ayude a comprender la raíz de ciertos miedos, la facilidad para aprender y los problemas en la convivencia.

Cómo se estudió el comportamiento

Para lograrlo, los investigadores trabajaron con un grupo de 1.343 golden retriever de entre tres y siete años. Cada una de las personas responsables de esos perros respondió un cuestionario internacional, el C-BARQ, que analiza 73 tipos de comportamientos.

El equipo de investigadores recogió muestras de sangre para obtener el ADN de los perros y buscar variantes genéticas ligadas a las emociones y conductas. Usaron técnicas GWAS para analizar el genoma completo de cada animal.

Compararon los datos de los golden retriever con información genética y emocional de humanos. Así identificaron coincidencias en genes relacionados con el miedo, la agresividad, la facilidad de aprendizaje y la energía.

El análisis reveló doce regiones genéticas principales asociadas a la regulación de emociones y capacidades, como el control del estrés. También detectaron diferencias en sensibilidad, nivel de energía y habilidades sociales.

El gen PTPN1 se vinculó en los perros a la agresión hacia otros animales y, en personas, a la inteligencia y depresión. El gen ROMO1 influyó en la facilidad de entrenamiento y en la sensibilidad emocional humana.

Los responsables de su cuidado detallaron la personalidad de cada perro y eso permitió validar cómo el ambiente y la educación cotidiana pueden potenciar o suavizar los efectos genéticos.

Qué aprendieron y qué recomiendan los expertos

Los expertos de Cambridge destacaron que los genes pueden influir en tendencias como el miedo, la energía y la facilidad para aprender, pero no determinan completamente la personalidad. El ambiente, la crianza y las vivencias de cada perro también impactan.

Por eso, recomiendan que los cuidadores y veterinarios consideren tanto el perfil genético como las experiencias del animal. Entender esta combinación ayuda a ajustar el entrenamiento y los cuidados a cada caso.

Sostienen que anticipar predisposiciones genéticas puede ser útil para prevenir problemas de conducta y potenciar el bienestar. Aconsejan no juzgar solo por el carácter, sino observar todo el contexto.

Además, sugieren seguir investigando en otras razas y situaciones, para ampliar el conocimiento y lograr estrategias de cuidado y entrenamiento más personalizadas y efectivas para cada perro. Deberían estar adaptadas a distintas características genéticas y a diferentes ambientes.

El Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) le respondió a Alena Douhan, Relatora Especial de la ONU, quien se había manifestado sobre las “repercusiones negativas” que tienen las sanciones contra la isla.

Por: Gastón Calvo – Infobae

En una carta enviada a la relatora, el OCDH expresó que “la miseria que hoy vive Cuba se debe al fracaso del sistema político y económico comunista, y no a las medidas de otros países”.

En la misiva a Douhan, tras su visita a Cuba, el observatorio enfatizó en que solo el 3% de los cubanos atribuye sus problemas al embargo de Estados Unidos, mientras que la desaprobación de la gestión económica y social del régimen cubano se ubica en torno al 92%.

Estos datos provienen del 8º Estudio sobre el Estado de los Derechos Sociales en Cuba, cuyos resultados, dados a conocer en septiembre, ubican la extrema pobreza en el 89%, recordó el OCDH.

El gobierno cubano ha priorizado la construcción de hoteles y no de hospitales. ¿Por qué el embargo no afecta a estas actividades, pero sí, según el gobierno cubano, a la compra de material médico y alimentos en Estados Unidos u otros países?”, se preguntó la organización en la carta.

Luego indicó que el sistema de salud cubano “enfrenta un colapso porque el Estado prioriza la captación de divisas y la propaganda internacional por encima de las necesidades reales de su población”.

“Por ejemplo, el lucrativo negocio de la exportación de servicios médicos, además de violar los derechos humanos del personal de salud participante, ha ido también en detrimento de la atención médica a la población, al reducirse el número de profesionales, especialmente en la atención primaria”, denunció el OCDH, quien también recordó el negocio de BioCubaFarma, enfocado en la exportación de medicamentos.

En otro orden, la organización le recordó a Douhan que la dictadura de Miguel Díaz-Canel niega la posibilidad de visitar Cuba, “repetidamente”, a los relatores de Naciones Unidas “vinculados a temas de libertad de expresión, asociación, detenciones arbitrarias, condenas y ejecuciones extrajudiciales, defensores de derechos humanos o esclavitud moderna, entre otros”.

Por último, instó a que el informe que la relatora especial presentará ante el Consejo de Derechos Humanos, en septiembre de 2026, incluya opiniones de sus colegas de la ONU y de otros actores democráticos cubanos, dentro y fuera de la isla.

El colapso económico de Cuba

La economía cubana atraviesa una crisis sin precedentes, marcada por una inflación descontrolada, el colapso de sectores clave y el empobrecimiento acelerado de la población.

En el centro de este escenario se encuentra el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), una entidad militar que, según el análisis presentado por Emilio Morales -presidente y CEO de Havana Consulting Group- en la conferencia ASCE 2025 “Recovering Cuba”, controla más del 70% de la economía y el 95% de las finanzas nacionales, relegando al gobierno civil a un papel meramente decorativo.

El Banco Central de Cuba, que debería ser el órgano rector de la política financiera, opera completamente subordinado a los intereses de GAESA.

El pasado 19 de octubre, el mercado informal cubano registró un nuevo récord en la cotización del dólar, que alcanzó 472 CUP, mientras el euro se situó en 525 CUP. Esta depreciación acelerada de la moneda nacional refleja la gravedad de la crisis y su impacto directo en la vida cotidiana de los cubanos, quienes ven cómo la inflación erosiona su poder adquisitivo y multiplica la pobreza.

La escasez de dólares, provocada por la caída de las remesas y el turismo, junto con la disminución de la producción nacional y el aumento de la deuda externa, han dejado al país prácticamente paralizado.

El informe, publicado por la ONG Cuba Siglo 21, identificó a GAESA como el principal responsable de la debacle inflacionaria. Su control absoluto sobre las finanzas y la economía impidió la adopción de reformas estructurales y favoreció la toma de decisiones orientadas a intereses particulares, en detrimento de las necesidades estratégicas del país.

Entre las medidas que agravaron la crisis, destacan la creación de tiendas en monedas libremente convertibles (MLC), la implementación de la Tarea de Ordenamiento Monetario y la prohibición de depósitos en dólares en los bancos nacionales. Estas acciones, lejos de estabilizar la economía, desencadenaron una espiral inflacionaria que el régimen no logró contener.

La Tarea de Ordenamiento Monetario, lanzada el 1 de enero de 2021 con el objetivo de eliminar la dualidad monetaria, resultó contraproducente. Una semana después de su implementación, el dólar ya se cotizaba a 50 CUP, anticipando la devaluación masiva que vendría después. El aumento de salarios decretado en ese contexto no compensó la subida de precios en bienes y servicios esenciales, lo que agravó la situación de las familias cubanas. El documento subrayó que la falta de una reforma productiva y la ausencia de una política de liberación de precios convirtieron esta medida en un error estratégico de gran magnitud.

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