Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

La dictadura venezolana, en su delirio de control absoluto, cree que la nacionalidad es un capricho que se puede arrebatar con un decreto. Maduro y su cúpula de narcotiranos piensan que con un plumazo pueden borrar años de historia, de lucha y de pertenencia. ¡Qué equivocados están! La identidad venezolana no está en venta, no se subasta al mejor postor ni se diluye por las absurdas medidas de un régimen que ha perdido todo contacto con la realidad.

Recientemente, el dictador ha elevado al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) una solicitud para revocar la nacionalidad a quienes —según su retorcida lógica— “traicionen a la patria” o colaboren con ejércitos extranjeros. Esta acción, que busca dejar sin efecto derechos civiles y de movilidad, es una maniobra desesperada para intimidar y silenciar a la diáspora que hoy supera los nueve millones de personas y a la disidencia que resiste dentro de nuestras fronteras. Es una variante tropical de las tácticas más oscuras de regímenes como Cuba y Nicaragua, que buscan crear apátridas por capricho político.

Nuestra identidad está grabada a fuego en el alma de cada venezolano, resuena en cada estrofa de nuestro himno nacional. Cada vez que cantamos el Gloria al Bravo Pueblo, nuestros corazones se estremecen, vibran con la fuerza de una nación que no se rinde, aunque nos nieguen la renovación de un pasaporte. El régimen puede jugar con los símbolos, quitarle o ponerle estrellas a nuestra bandera tricolor, torcerle el pescuezo al caballo de nuestro escudo, pero nada de eso hará que el testaferro Alex Saab sea más venezolano que la arepa que nos identifica. La Constitución es clara: la nacionalidad de nacimiento no puede revocarse, por lo que estas acciones son —además de inmorales—inconstitucionales.

La venezolanidad se respira en el aire salino del pescado frito de La Guaira, se otea en el azul infinito que hipnotizó a Armando Reverón, en el camino cinético trazado por Cruz Diez en el aeropuerto de Maiquetía, en el mural de Oswaldo Vigas en la plaza del rectorado de la UCV o el ingenio de Zapata plasmado en las cerámicas que dan forma a los “Conductores de Venezuela”. Nuestra identidad sobrevive en la Plaza Venezuela, en el Abra Solar de Alejandro Otero, en la esfera de Caracas armada con 1800 varillas que nos legó Jesús Soto, en los vitrales de Mateo Manaure y en las sombras de Pascual Navarro el bohemio de Sabana Grande. ¿Quién puede difuminar nuestra verdadera identidad pintada en 30 retratos de nuestros próceres por Martín Tovar y Tovar en la cúpula del Salón Elíptico?

Nuestra identidad está en las flores de Galipán y en el señorial Cerro Ávila que custodia Caracas irradiando sus prismas terrenales. ¿O acaso piensa Maduro que los capos del ELN, a los que cobija en territorio nacional, son más criollos que los palmeros que cada Domingo de Ramos —como antesala de la Semana Santa— descienden con sus ramas hasta Chacao? ¿Estará planeando el dictador sembrar coca para sustituir los cultivos de aromáticos eucaliptos, romeros, rosas y fresas que con tanto esfuerzo siembran nuestros campesinos? El régimen ha transformado un Estado petrolero en un narcoestado, una amenaza que se extiende más allá de nuestras fronteras, aliándose con el narcotráfico y el terrorismo internacional, pero nuestra identidad como país dotado de ilimitadas riquezas naturales y de gente buena, decente y trabajadora sigue latente.

La identidad de Venezuela está en la Batalla de la Juventud escenificada en La Victoria. Está en la lucha épica de Carabobo, donde el célebre Negro Primero entregó su vida luchando al lado de nuestros próceres. ¿Le quitarán acaso la nacionalidad post mortem al general Páez?

Nuestra identidad está en los crepúsculos de Barquisimeto, en las espigas de Acarigua, en los altares de La Coromoto, de la Divina Pastora, de la Chinita, de la Virgen del Valle. Esa fe inquebrantable mezclada con esperanza es lo que nos identifica. Cuando cantamos: “Linda Barinas, tierra llanera, camino de palma y sol”, ¿creerá Maduro que quitándole el pasaporte a un vecino de Pedraza, este dejará de recitar Florentino y El Diablo? ¡Qué va!

La identidad de Venezuela está en esa especie única que son los frailejones de la cordillera de los Andes, está en la nieve perpetua de Mérida, en las cumbres del Táchira y en el templo del Cristo de La Grita. ¿Cómo pretende el dictador Maduro sacarnos del alma y arrancarnos de la piel nuestra venezolanidad? Nuestra identidad está escrita en las novelas de Gallegos: Doña BárbaraCanaima y Pobre Negro. ¿Se atreverá Maduro a echar a una hoguera esas páginas inmortales de nuestra historia, que retratan el alma y la lucha de nuestro pueblo?

La identidad de un país está en sus llanos, selvas, montañas, ríos y lagos. Para desdibujar la identidad de Venezuela, Maduro tendría que convertir en desierto esos lagos de Valencia y de Maracaibo, así como las lagunas de Píritu, de Tacarigua, de Mucubají o de Taiguaiguay. Tendría que pulverizar las montañas de Sorte y las Tetas de María Guevara, derribar el pico Pan de Azúcar, el pico Bolívar, el pico Humboldt y el Platillón. Tendrá que secar los cauces de los ríos Orinoco, Caroní y Apure. Detener las cascadas del Salto Ángel, frenar el torrente del Turimiquire para que no surtan con sus aguas los ríos Manzanares de Cumaná, el Neverí de Barcelona y el río Guarapiche en Maturín. También tendría que cambiar la dulzura de los mangos de San Carlos de Cojedes y terminar de sacar de las mesas familiares las multisápidas hallacas que saben a Venezuela. Tendría que apagar el relámpago del Catatumbo.

La identidad de Venezuela está en los esteros de Camaguán, en sus morichales, en el vuelo de sus garzas, gavilanes, carraos y alcaravanes. La hora de nuestra identidad la marca “el sol de los venados”. Somos venezolanos con nuestra esencia enredada en los manglares de Tucupita. Nuestra identidad vuela entre las brisas que pasean por los tepuyes, se hace escuchar en el silbido de turpiales, en el bullanguero revoloteo de los loros, pericos y guacamayas y luce exuberante en los pétalos de nuestras orquídeas. Se exhibe imponente como los caimanes, pumas y anacondas que habitan el Amazonas. Nuestra identidad suena en el arpa viajera, resuena en cada capacho revueltos en las maracas y en el cuatro con el que hacen magia musical Cheo Hurtado, Jorge Glem o el pollo Brito cantando Viajera del río al pie del malecón de Ciudad Bolívar.

¿Y qué hará con nuestra música vernácula? ¿Le cambiará el ritmo al joropo para que suene a trova cubana? ¿Modificará los acordes de una quirpa para que no nos recuerde la libertad del llano? ¿Cómo pretende bajarle el volumen a nuestro tamunangue, al polo margariteño y a los valses y bambucos andinos? ¿Silenciará los tambores de Barlovento? Nuestra identidad baila al compás de las guarachas de la Billo’s, del tecnomerengue de Los Melódicos y del Parampampán de la Dimensión Latina. ¿Cómo no sentir la identidad venezolana cantando la Grey Zuliana con el excepcional bardo maracucho Ricardo Aguirre?

Nuestra identidad se estremece con la rebeldía electrónica de Los Amigos Invisibles, se refleja en las letras contestatarias y reivindicativas de los Caramelos de Cianuro, en el ska caribeño y al sonido urbano de Desorden Público, en el ingenio truncado del hip-hop latino del singular rapero y compositor Cancerbero y en la descripción de nuestra gente a cargo de Rawayana.

La identidad venezolana está en darse un chapuzón en el Tobogán de la Selva de Puerto Ayacucho o mientras nadamos en las playas de Cata, Puerto Cabello, Higuerote, Chichiriviche, Playa del Agua, Tucacas, Morrocoy, la Restinga, Los Roques o Mochima. ¡Nuestra identidad es imborrable! Está en esos 1.700 kilómetros de playas con arena. En sus 311 islas, en sus arrecifes embellecidos por corales, en sus 44 parques nacionales y en sus siete refugios de aves silvestres. Nuestra identidad es la arena que se nos pega a la piel, es el agua salada que nos bautiza una y otra vez como hijos de esta tierra.

La nacionalidad se lleva en la sangre, en nuestras etnias, en el corazón, en la memoria colectiva de un pueblo que no olvida sus raíces. Pueden despojarnos de propiedades, encarcelar a nuestros hermanos, dejarnos sin documentos, pero jamás podrán quitarnos la dignidad y el orgullo de ser venezolanos. La identidad es nuestra y no está, ni estará jamás, en duda ni en subasta.

La herramienta más poderosa para la paz duradera no es la fuerza, sino la capacidad de reconocer la humanidad compartida.

ORLANDO VIERA-BLANCO
11/11/2025

La transición venezolana debe inspirarse en la pedagogía del reencuentro. No se trata de absolver a los culpables ni de relativizar los crímenes, sino de reconstruir una nación emocionalmente viable. Hoy millones de venezolanos viven entre el rencor y la desesperanza, en el exilio, entre la nostalgia y la rabia. Al final no hay vencedores ni vencidos, sino toda una sociedad devastada que debe reconocerse como parte de una misma tragedia nacional.

La empatía no sólo se edifica con los victimarios excusables [más adelante volvemos con este concepto]. También con aquellos que habiendo sido cautivados como afectos, hoy necesitan ver en la alternativa de poder y de querer, actitudes nobles y amigables.

Y no lo es [amigable] encasillar a quienes apelan a la libertad a través de la humanización del adversario, como normalizadores.

Es muy peligroso colocar a Maria Corina como un actor políticos “víctima de normalizadores”. Esta etiqueta a quién le resta capacidades y cualidades armonizadoras fundamentales, es a ella. Algunos dicen: “Es obvio que los normalizadores detestan a María Corina Machado, su dirección política, a sus aliados y, por supuesto, su premio Nobel de la Paz. Es normal disentir de una líder legitimada en una primaria democrática y ratificada tras un resultado electoral que convirtió en presidente electo a un desconocido. Pero entre criticar sus decisiones y repetir la narrativa del chavismo hay diferencias enormes”.

Analizaremos en esta segunda entrega sobre redención social como política de estado, la necesidad de lograr un cambio político asistido de un cambio cultural. No es sólo migrar de un modelo de poder autoritario. Es hacerlo mutando nuestro modo de ser, estar y de pensar. Es cambiar de actitud. Por cierto, asumir ese desafío es en gran parte la tarea que nos ha dejado lustros de anomia.

La lección aprendida es asumir la responsabilidad de lo sucedido. No es normalizar detestando a María Corina. Por el contrario, es volver a la normalidad después de décadas de anormalidad ciudadana. Es ella además a quién corresponde como líder, justo a muchos otros, contribuir a reconocer las carencias, indiferencias y omisiones que nos llevaron a este accidente histórico. Esa también es la función de un líder. Saber a profundidad las causas que llevaron a nuestra sociedad, a caer en esta tragedia. Chávez fue una consecuencia no una causa.

Y es bueno insistir [Hannah Arendt]: Sólo el perdón y la redención, hacen que cambien las consecuencias y reflexionemos sana y sensiblemente, sobre las causas. La pregunta sigue siendo: no por qué algunos obedecieron frente al mal, sino por qué cooperaron. En la respuesta encontraremos nuestras propias ausencias grupales.

No atemperar ni olvidar. Tampoco azuzar divisiones

No hablamos de olvidar ni atemperar horrendos crímenes. Esa es la falacia de quiénes se atribuyen la cualidad de “anti-normalizadores”: juzgan y condenan sin diferenciar entre un cooperador por conveniencia y un conciliador genuino.

No es verdad la idea de rechazar a un líder “por convertir a un Presidente electo a un desconocido”. María Corina demostró desprendimiento, entendimiento y madurez política al darle su apoyo a un hombre, que tuvo la habilidad de ofrecer su candidatura deslizándose en sobre el ventajismo del régimen. Por lo tanto salir al ruedo de la lucha política, aun habiendo sido “un desconocido” fue un acto apropiado y valiente. Los riesgos que enfrentaría [Edmundo] hoy no son una ilusión. Están a la vista.

La diatriba normalizadores vs. moralizadores además de injusta e inapropiada es inoportunamente divisional. Además desvía la atención del objetivo y el post-objetivo: desanudar una sociedad embriagada de confusión, desengaño y violencia. Qué levante la mano quién se siente responsable de lo [mal] vivido. ¿Quién asume la llegada de la ‘revolución bolivariana’ aún sin votarla, elegido ni militado como causante y, en efecto, consecuencia histórica injusta pero evitable?

Qué voz ha dicho: habiéndose olvidado a un pueblo empobrecido en un país pobre, no sólo por un estado buchón bipartito y repartidor, sino por una sociedad banalizada, llegó el típico mesías a caballo, con promesas de liberación, inclusión y desquite [sic]. El odio no existía pero el reflujo sí. Y un hombre fue capaz de agitar viejas rencillas. Omisiones grupales de afecto, solidaridad, cariño colectivo; indiferencias y rechazos contra el inmovilizado, no redimidas. No es sólo salir de un modelo de poder. Es reconocernos como parte del problema, que es humanizarnos y redimir patria.

Lo que se pretende evitar son más reflujos y rencores. Si alguien pregunta cuáles son los factores que EEUU observa [de cerca] para mantener su apoyo y plan estratégico, es visualizar una transición potable por apreciar-entre líderes y liderados-coherencia, unidad, disciplina; organización social y política.

Los ‘anti-normalizadores’ quieren ‘proteger’ a María Corina, pero lo que hacen es acreditar una radicalidad que ella misma no posee. Mientras nos sigan viendo ligeramente divididos las alianzas corren peligro. Azuzar divisiones no es buena idea, como no lo fue en el pasado [antipolítica].

Porque divididos hemos perdido muchas batallas, aún habiéndose ganado.

La Política de Nicomeo y el reencuentro como destino

El escritor Albert Camus decía que “el amor es la única fuerza capaz de mantener a los hombres unidos ante la injusticia y la muerte”. La transición venezolana—si quiere ser más que un trámite electoral, normativo o judicial—debe tener como eje la reconciliación emocional, un proceso que eduque en el respeto, la compasión, la responsabilidad cívica y la emoción renovada.

Esa reconciliación implica tres caminos paralelos: i.-La verdad sin manipulación: conocer, registrar y asumir los hechos, sin mentiras ni revisionismos; ii.-La justicia restaurativa: reparar, en la medida de lo posible, el daño causado; sancionar con humanidad, no con venganza; iii.-La redención colectiva: crear un relato nacional donde todos quepan, y donde la libertad no sea botín, sino propósito iv.- Saneamiento republicano: Asumir responsabilidades pasadas, presentes y futuras.

Martin Luther King Jr. afirmaba que “la oscuridad no puede expulsar la oscuridad; sólo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar el odio; sólo el amor puede hacerlo”. En el caso venezolano esto se traduce en la necesidad de que la política deje de ser guerra y vuelva a ser servicio, diálogo y reconciliación. Se peca de ingenuo o idealista por promover luz y amor vs. oscuridad y odio? La verdad no pasa por dilucidar únicamente lo ocurrido en términos de criminalidad.

La carga de la cooperación injusta se mide, por las causas históricas que nos llevaron a un quiebre masivo de nuestros valores. No es excusa, no justifica actos criminales, pero supone una comprensión impostergable de nuestra realidad grupal. Ese ejercicio también es luz que nos saca de la oscuridad. Sin comprender las causas, no habrá modelo de poder sostenible, no habrá Estado de Derecho eficaz, no habrá justicia conductora de la paz. El sentido de justicia se nutre de la razón educada que es comprender la felicidad como un acto de amor, que es libertad.

Cómo querernos a nosotros mismos, cómo estar orgulloso de lo nuestro y elevar nuestro sentido de pertenencia, sin entender el origen y génesis de nuestros desencuentros? Galbana e indiferencia entre nosotros mismos, fue el protocolo de la ruptura del tejido social. No es historia reciente. Es otra historia vieja. Es hora de atajar esos demonios. Chavez pudo hacerlo. Eligió desatarlos. Esa es también la tarea de un líder: Encarar nuestras propias culpas como base sustancial del reencuentro.

La transición requerirá instituciones fuertes, sí, pero también líderes capaces de sentir el dolor ajeno, de hablar con los que piensan distinto, de tender puentes entre quienes se creyeron enemigos. Esa es la política del amor y la comprensión del otro como puente del rescate de la condición ciudadana, que es materia fundamental de convivencia: una política que no niega el conflicto, que no oculta la historia, y recurre a la oportunidad, al crecimiento moral, a la madurez ciudadana como estrategia consolidación republicana y transformación grupal real.

Es la política comprendida como la ética de Nicómaco [Éthica Nikomacheia] que trata sobre la organización de la comunidad y la búsqueda del bien común. Sin la virtud individual de la razón y el reconocimiento del ser humano, del hombre inteligente capaz de sobreponer la paz sobre la violencia a través del reconocimiento del otro [y de sí mismo], seguiremos perdidos en el limbo de la fuerza como herramienta torpe e inútil de reagregación social y recuperación ciudadana.

Venezuela no saldrá de su crisis sólo con decretos o elecciones. Saldrá cuando cada ciudadano decida ser parte de una nueva ética de convivencia, cuando la justicia se equilibre con el perdón, cuando el Estado se complemente con el alma.

La historia de conciencias como Política de Estado. La confesión

La verdadera transición venezolana será aquella que-más allá del cambio de régimen-logre reconciliar las conciencias. Porque una nación sólo se redime cuando sus hijos, al mirarse nuevamente a los ojos, son capaces de decir: “No te odio. Te entiendo; construyamos juntos”. La historia enseña que las naciones se reconstruyen cuando asumen la verdad y deciden sanar.

La Sudáfrica post-apartheid-decíamos en nuestra primera entrega-es paradigma del perdón, paz y encuentro social. The Truth and Reconciliation Commission (Comisión de la Verdad y Reconciliación) presidida por Desmond Tutu, no buscó sólo justicia, sino redención colectiva. “Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no hay perdón”, dijo Tutu. Es inevitable preguntarnos: ¿Qué debemos confesar?

A través de la verdad las víctimas encontraron voz, y los victimarios, humanidad. El país entero [Sudáfrica] entendió que la paz es un acto de humildad, no un cerco de la justicia. Es verdad que sin justicia no logramos la paz. Pero también huelga decir, sin paz no existe justicia.

No invito a colocar a las víctimas en un plano de entendimiento ni olvido de crímenes abominables, ni confesar males no provocados, ni infligidos. Mal confiesa quién no delinque. Apelo es a la conciencia y a la razón humanitaria que debe analizar los hechos [no aisladamente] histórica y colectivamente. Sospecho que no hacerlo nos mantendrá la negación y la oscuridad.

En América Latina la experiencia chilena bajo Patricio Aylwin (1990–1994) mostró una senda semejante. Tras años de dictadura, Chile optó por un proceso de verdad y reparación, evitando tanto el olvido como la revancha. Aylwin insistió en que “la democracia no puede edificarse sobre la negación del dolor”, y su gobierno combinó memoria y magnanimidad: justicia dentro de lo posible, perdón dentro de lo necesario.

La España de la transición tras el franquismo, eligió otro camino: el del consenso y la amnistía. La coexistencia del viejo y el nuevo régimen era inseparable. ¿Alguien piensa que en Venezuela el cambio es caída y mesa limpia? Quien así lo piense quizás es más ingenuo que aquellos que pensamos que la construcción de un nuevo Pacto de Estado es imperativo, fundamentado la redención como reconciliación de lo irreconciliable.

El llamado Pacto del Olvido de 1977 [España]—aunque polémico—permitió que las fuerzas políticas antagónicas se unieran y votaran una Constitución democrática. No fue una amnesia moral, sino una estrategia de supervivencia nacional. Como escribió el historiador Santos Juliá, fue “un pacto para convivir sin matarse”.

Más cerca en el tiempo, Colombia ensayó su propio modelo con el Acuerdo de Paz de 2016. Muchos participaron en ese proceso con los dedos en la nariz [Dixit Padre Miguel]. El país entendió que medio siglo de conflicto no se resolvía sólo con tribunales, sino con una jurisdicción restaurativa capaz de integrar al antiguo enemigo en la comunidad política.

Es duro, polémico. Pero la historia impone estos desafíos para salir del letargo, de la espiral de la violencia que es la lógica de la destrucción […] Es permutarla por la lógica de la pedagogía del alma, que es pedagogía política; la restauración del espíritu de una nación, de un estado ausente. Como diría el filósofo John Paul Lederach, experto en mediación: “La paz duradera nace cuando los enemigos imaginan juntos su futuro”.

Un Puente Hacia el Mañana: Más Allá de la justicia punitiva

La política del amor no significa impunidad, sino humanización del conflicto. Significa juzgar sin humillar, exigir verdad sin destruir, y sobre todo, tender la mano para reconstruir. Citando una vez más al filósofo Paul Ricoeur, el perdón auténtico no borra la culpa, sino que la trasciende: “El perdón no olvida; reescribe la memoria en un registro de paz”.

En todos esos procesos [de rescate republicano] hubo un elemento común: la humanización del adversario. ¿No lo merecen? ¿ Nunca se humanizan? La verdad es que ‘los irredentos’ son minoría. Y se hacen mayoría, pues la historia nos castiga con guerras, revoluciones rapaces y montoneras.

Esa es la raíz del amor político, no como emoción privada, sino como virtud pública; volviendo con Hannah Arendt: es el reconocimiento de la condición humana, del perdón “como la única fuerza capaz de romper la cadena infinita de las consecuencias de nuestros actos”. El perdón introduce “lo inesperado”, lo nuevo, lo que vuelve posible el futuro. Una suerte de tenaza que rompe y detiene las consecuencias incontenibles del rencor, el desquite y la rabia, origen de todo mal.

La reconstrucción no nacerá del ajuste de cuentas, sino del reencuentro de las conciencias. Albert Camus afirmaba que “amar es no odiar más”. Sabía que la justicia sin amor se convierte en venganza, la libertad sin reconciliación, en caos y la justicia sin comprensión [confesión de nuestras carencias y ausencias] en graves e indefendibles consecuencias.

Venezuela necesitará un espacio de catarsis nacional; narrar los abusos, reconocer a las víctimas y permitir que los culpables asuman su responsabilidad ante la historia y la conciencia. De lo contrario cualquier intento de transición democrática será efímero y frágil. De ese ejercicio de ‘liberación espiritual’ no debe allanarse la sociedad toda. Busquemos las causas, no las consecuencias.

En Alemania se vivió un proceso de deshumanización [holocausto] que aun se redime, que no para en su comprensión y saneamiento. Es la asunción continua de la responsabilidad como sociedad […] En Ruanda los juicios comunitarios gacaca permitieron a víctimas y victimarios compartir el mismo banco, el mismo llanto, la misma promesa de no repetición […] Lo fue también en Polonia y en los países del Este tras la caída del Muro de Berlín, donde los antiguos enemigos se sentaron a diseñar un futuro democrático común.

Venezuela no será distinta. O se perdona o se disuelve, o se ama o se extingue. Una transición es sostenible sólo si está acompañada de una pedagogía del alma. En palabras de Desmond Tutu: “Somos seres humanos porque pertenecemos los unos a los otros. El enemigo no es otro ser humano, sino la enemistad misma.”

Por eso, la transición venezolana no debe ser concebida únicamente como un cambio de poder o de modelo. La democracia no es un fin en sí mismo. Es un vehículo legítimo de búsqueda de felicidad, felicidad que es paz, paz que es justicia, justicia que es humanidad, humanidad que es amor, amor que es libertad. El renacimiento y reconstrucción espiritual de la República.

Será el tiempo de los magnánimos, de los que entienden que redimir vale más que vengar, y que gobernar es sanar. No basta con recuperar las instituciones; es vital sanar el tejido social roto.

La polarización extrema vivida ha deshumanizado al «otro», convirtiendo al adversario político en un enemigo existencial. En este contexto, la herramienta más poderosa para la paz duradera no es la fuerza, sino la capacidad de reconocer la humanidad compartida.

En el próximo capítulo, analizaremos como epílogo de este ciclo de redención como política de estado, la justicia transicional como herramienta esencial de superación de la paz difícil, de pedagogía del alma, de la paz duradera. Por cierto, es justo agradecer su comprensión, tolerancia y sana lectura.

@ovierablanco
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Al parecer las canas pueden actuar como defensa contra el cáncer. Las vemos como un signo de envejecimiento, pero un estudio encontró que podrían ser la manifestación de un sofisticado mecanismo de defensa.

Curadas

Tu cuerpo podría activar las canas activa para luchar contra el cáncer, específicamente contra el melanoma. Este es el tipo de cáncer de piel más agresivo.

Lo que descubrieron investigadores de la Universidad de Tokio es un giro de guion fascinante en la biología del envejecimiento y el cáncer.

El proceso que causa las canas y el desarrollo de tumores de piel parecen ser dos caminos completamente opuestos, una bifurcación radical en la respuesta de las células madre ante el daño.

Todo se centra en las células madre de los melanocitos (McSCs), que son las encargadas de producir la melanina, ese pigmento que le da color a tu cabello y a tu piel. Estas células viven en los folículos pilosos, la estructura que hace crecer tu pelo.

Cómo funciona el mecanismo de protección de las canas

La respuesta del organismo depende del tipo de estrés.

Cuando tu ADN sufre un daño grave (por ejemplo, una rotura de doble cadena), la célula madre debe decidir. Hay dos escenarios posibles:

El camino de la cana (defensa)

La célula dañada activa un proceso llamado senodiferenciación o «autosacrificio». ¿Qué significa esto? La célula madre decide diferenciarse, es decir, madurar de forma irreversible.

Al hacer esto, pierde su capacidad de dividirse y de autorrenovarse, y luego el sistema la elimina. Como esta célula es la fuente de pigmento, su desaparición provoca que el cabello que crezca a partir de ese momento sea blanco o gris.

El resultado es una cana, pero el efecto es positivo: la célula dañada se retira antes de poder mutar y volverse maligna. Este proceso está impulsado por las moléculas de señalización p53 y p21.

El camino del melanoma (riesgo)

Si este proceso de diferenciación se bloquea, o si el daño viene de carcinógenos específicos, como la radiación ultravioleta B, la historia cambia.

La célula dañada no se retira, sino que conserva su capacidad de autorrenovación y sigue dividiéndose sin control, impulsada por una señalización ambiental (la molécula Kit).

Cuando esto pasa, la célula está en el camino directo hacia la expansión clonal, que es la base para el desarrollo del melanoma, un cáncer mortal.

Quiénes realizaron este descubrimiento

El estudio lo dirigió la profesora Emi Nishimura junto al profesor adjunto Yasuaki Mohri, ambos de la Universidad Médica y Dental de Tokio, en Japón.

Los hallazgos se publicaron en octubre de 2025 en la prestigiosa revista científica Nature Cell Biology. Ellos usaron modelos de ratones para analizar la expresión génica de estas células madre y cómo reaccionaban al daño del ADN.

Dónde y cuándo se realizó la investigación

Esta revelación científica se concretó en el laboratorio de la Universidad de Tokio y fue publicada recientemente, a finales de octubre de 2025.

El trabajo se ha difundido con gran rapidez dada su importancia.

Para qué sirve entender que las canas son una defensa

Este estudio va mucho más allá de la cosmética capilar. Entender que el encanecimiento y el cáncer de piel son dos resultados opuestos de una misma respuesta celular ofrece un nuevo marco conceptual.

Los investigadores buscan ahora aprovechar este conocimiento para diseñar futuras estrategias de prevención del cáncer y del envejecimiento a nivel celular, quizás encontrando formas de activar artificialmente la vía de la «cana» para eliminar células potencialmente malignas.

Cómo se hizo el estudio

El equipo de Nishimura utilizó sofisticadas técnicas para rastrear las células madre de los melanocitos en el folículo piloso de los ratones.

Expusieron estas células a diferentes tipos de estrés que dañan el ADN y observaron la reacción.

Fue así como diferenciaron la respuesta protectora (la cana) de la respuesta de riesgo (la proliferación celular que puede llevar al cáncer).

Por qué es interesante este hallazgo

Porque hasta ahora veíamos el envejecimiento y el cáncer como procesos separados, o el envejecimiento como un factor de riesgo general.

Este estudio une el signo más visible del envejecimiento —la cana— directamente con un mecanismo de protección contra una de las peores enfermedades, el melanoma.

Es una lección biológica sobre el sacrificio celular.

Por qué se viralizó

La noticia se esparció como pólvora en internet porque toca una fibra sensible: la lucha contra el envejecimiento y el miedo al cáncer.

La idea de que algo que intentamos esconder (las canas) es en realidad una señal de que nuestro cuerpo funcionó a la perfección para evitar una enfermedad mortal es una perspectiva radicalmente optimista. Cambia la narrativa de que las canas son solo un defecto estético.

Qué pensar al respecto

No, tener canas no significa que nunca tendrás cáncer, pero sí sugiere que el mecanismo de defensa en esa célula específica funcionó cuando fue necesario.

La próxima vez que te veas al espejo, puedes pensar que ese mechón gris es una pequeña victoria biológica, una evidencia de que tu cuerpo tomó la decisión correcta de autosacrificio celular para protegerte.

Es un recordatorio de que tu sistema está constantemente luchando a nivel microscópico para mantenerte sano.

Hace más de una década, dirigí un equipo de investigadores con sede en Singapur para investigar por qué las familias estaban disminuyendo. En aquel entonces, estábamos experimentando un cambio histórico que nos alejaba del crecimiento demográfico y los vínculos familiares hacia el individualismo. Desde entonces, la era posfamiliar ha entrado en pleno apogeo.

Por: Joel Kotkin – Spíked

Esta situación habría sido impensable en la década de 1960, cuando la «superpoblación» se consideraba inevitable . En su libro de 1968, La bomba demográfica , Paul Ehrlich predijo que el número de personas en la Tierra se dispararía a niveles insostenibles, lo que provocaría una hambruna global.

Sin embargo, el desastre que predijo Ehrlich no se ha materializado. De hecho, la tendencia ahora se está invirtiendo. El crecimiento demográfico mundial del año pasado fue el más pequeño desde 1950. Lejos de que los seres humanos se reproduzcan para desaparecer, hoy casi la mitad de la población mundial vive en países con tasas de fertilidad muy por debajo del nivel de reemplazo. Esta semana, el censo de Estados Unidos anunció la tasa de natalidad más baja en la historia de Estados Unidos. En lugar de seguir aumentando implacablemente, según las profecías de Ehrlich, la ONU predice que la población mundial alcanzará su punto máximo entre 2053 y 2086. Para 2100, la tasa de crecimiento prácticamente se habrá estancado . Estamos entrando en un territorio demográfico no visto desde el período medieval maldito por la peste.

El declive de las familias es un problema global. En Estados Unidos, el número de hogares con menores de 18 años viviendo en ellos ha disminuido del 56 por ciento en 1970 al 40 por ciento en 2020. Y más de una cuarta parte de todos los hogares estadounidenses eran hogares unipersonales en 2020, frente a solo ocho por ciento en 1940. De manera similar, en el Reino Unido, las tasas de natalidad y matrimonio de mujeres menores de 30 años han alcanzado un mínimo histórico. La historia es la misma en la mayoría de los países occidentales, así como en Japón, China y gran parte del sudeste asiático.

Podría decirse que el estancamiento demográfico es un resultado natural del debilitamiento de los vínculos familiares. Estos han mantenido unida a la sociedad humana y han fomentado la fecundidad desde los primeros tiempos. Desmantelarlos, como lo hemos hecho, ha tenido consecuencias nefastas. Como señala Richard Reeves , investigador principal de la Brookings Institution: «No se puede alterar un orden social de 12.000 años sin experimentar efectos culturales secundarios».

En Occidente, no debería sorprender que las generaciones más jóvenes rechacen el matrimonio y los hijos. Vivimos en una época de confusión de género y de relaciones vacilantes entre hombres y mujeres. Hoy en día, más del 28 por ciento de todas las mujeres de la Generación Z, señala Gallup , se identifican como LGBT. Si bien la mayoría de ellas se describen a sí mismas como bisexuales en lugar de estrictamente lesbianas, esto refleja una tendencia creciente a rechazar las relaciones heterosexuales tradicionales como pasadas de moda, si no abiertamente «opresivas».

Estos jóvenes son producto de una guerra cultural que dura décadas . Mientras que antes se presionaba a los jóvenes para que se casaran y procrearan, ahora se celebra ampliamente la soltería. Los ambientalistas, por su parte, han trabajado horas extras para convencer a los jóvenes de que la Tierra no puede soportar más personas. Los campus universitarios están teniendo un impacto particularmente radicalizador en algunas mujeres jóvenes. Por supuesto, la ideología verde está muy extendida aquí, pero también hay un auge de cosas como los «estudios queer». Gran parte del contenido que se enseña en estos programas tiene como objetivo reemplazar la «familia nuclear» con alguna forma de crianza colectivizada . Por ejemplo, la destacada feminista Sophie Lewis aboga por la «gestación subrogada total» como sustituto de la familia tradicional.

Incluso el movimiento Black Lives Matter inicialmente hizo que su oposición a la familia nuclear fuera parte de su plataforma básica. Sus partidarios académicos a menudo ven el matrimonio como un instrumento de la supremacía blanca.

Sin embargo, no se puede culpar enteramente a la política despierta por la disminución de la población. En Asia, el despertar ha tenido muy poco impacto, si es que tuvo alguno. Sin embargo, el familiarismo, que alguna vez fue una fuerza dominante, también se ha desvanecido allí. Hoy China tiene 200 millones de adultos solteros , incluidos 58 millones de personas solteras de entre 20 y 40 años. La proporción de personas que viven solas en China , antes prácticamente inimaginable, ha aumentado al 15 por ciento.

Alarmado por esta disminución en el matrimonio y la maternidad, el Partido Comunista Chino está tratando de alentar a los jóvenes chinos a «actuar masculinamente» y está ofreciendo incentivos para la procreación. Pero cada vez más, los jóvenes chinos, al igual que sus homólogos occidentales, eligen adoptar «vive para ti mismo» como el principio fundamental que rige sus vidas. El matrimonio y el parto, señala un miembro chino de la Generación Z , se han convertido en «casi sinónimos del estrés de la vida para nosotros, los jóvenes».

Los jóvenes tanto del Este como del Oeste están experimentando lo que se ha descrito como una «recesión sexual» . En Estados Unidos, la proporción de personas sexualmente activas se encuentra en su nivel más bajo en 30 años . Alrededor del 30 por ciento de los hombres jóvenes estadounidenses informaron en 2019 que no habían tenido relaciones sexuales durante el año anterior, en comparación con alrededor del 20 por ciento de las mujeres jóvenes. En Japón, precursor de la demografía asiática moderna, aproximadamente un tercio de los hombres y mujeres llegan vírgenes a los treinta años.

Ciertamente, la superpoblación ya no parece una amenaza. Pero como advirtió proféticamente John Maynard Keynes , «encadenar a un demonio puede, si somos descuidados, sólo servir para desatar a otro aún más feroz e intratable». Un mundo cada vez más sin hijos traerá consigo toda una serie de otros problemas.

Para empezar, las sociedades con poblaciones que envejecen serán mucho menos productivas. En China, la población en edad de trabajar (entre 15 y 64 años) alcanzó su punto máximo en 2011. Se prevé que caerá un 23 por ciento para 2050. Para entonces, se espera que la población de edad avanzada en China se haya duplicado, constituyendo una de las más rápidos cambios demográficos en la historia. Para 2100, casi la mitad de la población de China tendrá más de 60 años, un porcentaje mucho mayor que en Estados Unidos o gran parte de Europa.

Sin embargo, esto no se limita a China. Para la OCDE en su conjunto , la tasa de dependencia (las personas de 65 años o más como proporción de las personas de entre 20 y 64 años) aumentará de la cifra actual del 22 por ciento al 46 por ciento en 2050. La carga de esto será masivo para todas las naciones.

Estados Unidos ya enfrenta una enorme crisis de pensiones públicas. Peor aún, los fondos de reserva de la seguridad social que proporcionan bienestar a los estadounidenses se agotaron para 2034. Para hacer frente a una base de empleo cada vez más reducida y a las crecientes demandas de las personas mayores, es posible que Estados Unidos tenga que seguir los pasos de países como Alemania. y aumentar los impuestos.

Al mismo tiempo, la gente depende del Estado ahora más que nunca. A medida que decaen tanto las instituciones religiosas como la familia, estamos dando paso a un mundo –ya evidente en Europa– en el que las personas dependen menos de la familia y la comunidad. En lugar de ello, recurren a instituciones estatales impersonales para que les proporcionen servicios críticos. Incluso en Estados Unidos, más orientado al libre mercado, los progresistas solteros a menudo presionan para obtener subsidios de alquiler o transferencias directas de efectivo. Esto se refleja en los discursos de los presidentes demócratas, como ‘La vida de Julia’ del ex presidente estadounidense Barack Obama y ‘La vida de Linda’ del presidente Joe Biden . Estas caricaturas, de las que tanto se burlan, pretenden ensalzar las virtudes de un generoso programa de asistencia social para las personas casadas y sus familias. El mensaje dice que el Estado no sólo puede proporcionar, sino que también puede hacerlo de manera más efectiva y confiable que los tradicionales lazos comunitarios y familiares.

Con más bienestar estatal y una fuerza laboral nativa cada vez menor para sustentarlo, la disminución de la población naturalmente necesita más mano de obra migrante. La migración del mundo en desarrollo al mundo desarrollado (que se espera que alcance un promedio de 2,2 millones al año hasta 2050) amenaza el orden social existente, incluso cuando permite que las principales economías sigan funcionando. Muchos países avanzados han aflojado sus fronteras para facilitar esta afluencia masiva de personas. Aunque los países asiáticos son en general mucho menos receptivos a la inmigración masiva, incluso cuando enfrentan enormes déficits de mano de obra, particularmente en fábricas y granjas , muchos gobiernos europeos no han tenido tales escrúpulos.

Si bien las empresas podrían favorecer este enfoque, la migración masiva ha provocado una feroz oposición entre la gente común y corriente. Ha ayudado a alimentar movimientos populistas, a menudo nativistas, en muchos países, incluidos Austria, Francia, Países Bajos, Suecia, Italia y Alemania. Gran parte del apoyo a los partidos populistas proviene de las clases trabajadora y media baja, que resienten las repentinas perturbaciones culturales, así como el gasto público que supone dar cabida a los recién llegados.

En Estados Unidos, que durante mucho tiempo ha dependido de los inmigrantes, las actitudes también se han endurecido. El control de la frontera es, al menos por ahora, el tema principal de las próximas elecciones. No es sorprendente que el número récord de inmigrantes que ahora cruzan la frontera, y que cuestan millones a las «ciudades santuario» que los acogen, haya suscitado una fuerte oposición .

¿Qué se puede hacer ante el actual colapso demográfico y sus consecuencias políticas? Algunos ven la salvación adoptando el «modo nórdico», que elimina gran parte de la carga de la crianza de los hijos de las familias al Estado. Pero muchos lugares que adoptan este enfoque –incluidos Escandinavia y Quebec– siguen luchando con tasas de fertilidad muy por debajo del nivel de reemplazo . Durante mi propia investigación en Singapur, nuestro grupo focal de jóvenes profesionales nos dijo que, incluso después de aumentar los incentivos financieros a 1 millón de dólares, la mayoría todavía no consideraría tener hijos.

Para muchos jóvenes, lo que los frena es la falta de estabilidad y el miedo a sus perspectivas futuras, más que la falta de beneficios gubernamentales. En cuyo caso, mejores condiciones económicas y viviendas más asequibles bien podrían impulsar cambios demográficos positivos.

Ciertamente no es cierto que los jóvenes opten activamente por no formar familias. La mayoría de las personas en el Reino Unido que no tienen hijos alguna vez los quisieron, señala Jody Day , fundadora de Gateway Women, una red de apoyo para mujeres que no tienen hijos involuntariamente. Ella cree que los problemas económicos, como los altos costos de la vivienda, las deudas estudiantiles y las demandas profesionales, están deprimiendo las tasas de natalidad. Pew encuentra de manera similar que aproximadamente la mitad de los jóvenes solteros y sin hijos en Estados Unidos quisieran ser padres casados.

Por supuesto, el resurgimiento de la familia no es sólo una cuestión económica, sino también de civilización. Ciertamente, un resurgimiento de la religión podría influir. Las personas seculares o los miembros de religiones progresistas tienen menos hijos que los seguidores del cristianismo evangélico, el judaísmo ortodoxo o el islam fundamentalista, como explica Eric Kaufmann en ¿Heredarán los religiosos la Tierra? .

Obviamente, la gente laica también necesita familias. La publicación de dos nuevos libros sobre el tema, Get Married y Family Unfriendly , presenta un poderoso argumento a favor de restaurar el familiarismo como la mejor manera de mejorar tanto la salud psicológica como el éxito económico. Pero primero es necesario cambiar las actitudes. Como dijo un profesor japonés al Wall Street Journal , debemos volver a convertirnos en «una sociedad donde la gente se divierta trabajando y criando a sus hijos». Para que esto suceda, debemos volver a considerar a la familia y a los niños como algo positivo, una visión que es poco común, particularmente entre las personas con un alto nivel educativo.

A los ojos de algunos en el mundo tecnológico, las personas son cada vez más irrelevantes. Masayoshi Son , fundador del influyente fondo de riesgo Softbank, sugirió recientemente que la inteligencia artificial (IA) sentaría las bases para la creación del ‘sobrehumano’, que podría programar la sociedad a través de algoritmos. Se argumenta que los trabajadores humanos pronto podrían ser reemplazados por máquinas. Algunos incluso han sugerido que los ‘robots sexuales’ podrían ser la respuesta a la recesión sexual.

Un mundo con menos gente y más robots bien podría ser una sociedad más verde y quizás incluso más «eficiente». Pero será a costa de las mismas cosas (el romance, el matrimonio, los hijos) que han convertido a los humanos en algo más que simples máquinas ineficientes. Deberíamos preguntarnos si realmente vale la pena pagar ese precio.

La guerra contra la familia continúa. Nuestro sistema de valores -no ‘nuestros valores’ sino aquellos con los que estamos obligados a estar de acuerdo- parece dedicado a la sustitución de la familia por cualquier otra cosa.

Por: Frank Wright – The Conservative Woman

Una vez considerada la unidad básica de cualquier sociedad sana, la familia está bajo ataque. Las leyes liberalizadas de divorcio sin culpa, la parodia de las uniones entre personas del mismo sexo que diluyen el nombre con la consiguiente compra de niños y la idea feminista del matrimonio como una especie de prisión de la que escapar son ejemplos del liberalismo que impulsa la campaña contra la familia.   

Este liberalismo, que se ve a sí mismo como garante de la liberación humana, insta a las personas a deshacerse de los lazos de la tradición como si fueran grilletes. Nunca está claro hacia dónde debemos escapar, estando más preocupados por hacer un ejemplo infernal de cada institución en la que nacimos. El primero de ellos es la familia.  

En esta serie de dos partes, trataré parte de la historia de las ideas contra la familia, hasta llegar a la ideología actual. En la segunda parte, analizaré cómo vivimos y los desarrollos modernos como la tecnología, los patrones de trabajo y la innovación farmacéutica que se han combinado para producir la tormenta perfecta de agitación social que está borrando la unidad familiar.   

Una vez me preguntaron: ‘¿De dónde vienen las ideas?’ Fue horrible estar perplejo. En este caso, puedo dar una respuesta. Ideas contra la familia derivadas de una Ilustración que conducen a corrientes revolucionarias y emancipatorias, cada una dedicada a suplantar a Dios por un nuevo orden de la Razón.  

Una señal temprana vino de Francia, cuando en 1792 la Asamblea Nacional  aprobó una ley que permitía el divorcio . ‘Para los autores del decreto, el divorcio estaba indisolublemente ligado al concepto de libertad: era ‘una consecuencia de la libertad individual que un compromiso indisoluble destruiría’.’  

¿De dónde vienen las ideas de la supremacía de la libertad y la igualdad? Procedían en gran parte de hombres sin hijos.   

Podría decirse que la ilustración liberal comenzó con el trabajo de René Descartes, que no tenía hijos. También lo fueron Locke, Hobbes y Spinoza. Rousseau,  inspirador directo de la Revolución Francesa , dio en adopción a todos sus hijos. Estos hombres formaron gran parte del racionalismo de la Ilustración que construyó  una religión de la humanidad cuyos últimos tiempos habitamos .  

Después de estos vino Marx, cuyo Manifiesto Comunista  denunció expresamente el matrimonio . En su Alemania natal, los gobiernos de Prusia y del Reich tomaron medidas para  contrarrestar la amenaza socialista a la familia . Engels, mecenas y colaborador de Marx, publicó  El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado  en 1884. Engels creía que este libro, escrito poco después de la muerte de Marx, resumía la dedicación de su difunto amigo a la abolición de la familia. .  

¿Por qué Marx deseaba su destrucción? Según su lógica, la familia ‘burguesa’ era hipócrita e inhumana, cuya historia indiscutible veía como la base de una sociedad que buscaba socavar y reemplazar con una solidaridad socialista colectivizada. Deseaba mostrar lo que podría llegar a ser la familia bajo el comunismo. Tenía la intención de que se pareciera poco a la familia de la tradición. Si buscamos su monumento hoy, solo debemos mirar a nuestro alrededor.  

Desde sus comienzos, la guerra contra la familia es sintomática de una antipatía más amplia hacia cualquier dimensión más allá del yo inmediato. Darle sentido es comprender que, tanto para los liberales como para los revolucionarios, cada costumbre e institución es vista como una restricción a la libertad del individuo.  

Es una dialéctica negativa, para tomar prestado un término, cuyo objeto es hacer que todo lo normal parezca horrible, de modo que podamos preferir la alternativa. Ha llevado a lo contrario del orden en todos los aspectos de la vida que ha buscado reformar.  

Esto no es un asunto de lamentación solamente, ya que el reconocimiento de este hecho podría sentar las bases de un conservadurismo renovado. ¿Qué es conservador sino la firme creencia en el valor precioso y primario de Dios, la familia y el país? Los pequeños pelotones de Burke no prosperan en los almacenes de Amazon, ni en los cubos salariales de la oficina moderna.   

Son la expresión de lazos sociales, de una nación que se ve a sí misma como una familia extensa, no de obligaciones con extraños o pautada en terapia de compras. Estos factores reducen el núcleo de la sociedad al del individuo atomizado, libre de obligaciones y vínculos significativos con los demás, liberado sólo en la búsqueda de sus propios deseos. Ir más allá del abyecto fracaso de nuestra política para defender algo de valor es reconocer no solo qué, sino cómo se ha perdido.   

Los conservadores sólo de nombre han conspirado en la guerra contra la familia, porque a menudo son liberales de derecha que creen que la supresión del capricho es la clave para la emancipación. Es una vida caprichosa que ve todo como una elección del consumidor a satisfacer.  

Sin embargo, un matrimonio y una familia no son una mera transacción. No es como las partes reemplazables de un cepillo de dientes eléctrico, que se actualizan una vez que se desgastan. Es un sacramento y una dedicación, una unión que es el fundamento correcto del estado. Su disipación contribuye en gran medida a explicar la creciente inestabilidad y el caos de nuestra sociedad.  

La historia de la familia es una de dilución continua, una unidad cada vez más pequeña en peligro de extinción completa a medida que se refina legalmente en un espectro desconcertante por los revolucionarios de nuestro sistema legal de los últimos días.  

En  2018, Sir James Munby, el juez de familia más importante de Gran Bretaña, dijo que  deberíamos «dar la bienvenida y aplaudir» el colapso de la familia nuclear, pero no dio ninguna razón. En cambio, señaló cómo la tecnología y la liberalización de la ley del matrimonio habían alentado la proliferación de «una variedad casi infinita de formas» de alternativas al modelo de familia nuclear de corta duración, incluida la poligamia, la subrogación y las parejas del mismo sexo junto con la tendencia creciente de solteros padres.   

Él es, por supuesto, un defensor vocal del divorcio sin culpa y la  compra de niños por parte de personas solteras . Sería difícil encontrar una figura del establishment más emblemática para defender el sueño marxista de la abolición de la familia. Sin embargo, la guerra contra la familia nunca podría haber sido librada por estos revolucionarios e individualistas extremos sin la ayuda de los cambios tecnológicos y sociales que se combinaron para producir un ambiente tóxico para cualquier cosa más allá del yo.  

En la segunda parte, discutiré cómo hemos llegado a vivir así, teniendo en cuenta las corrientes sociales que proporcionaron un terreno tan fértil para la desfeminización de las mujeres, la demonización de los hombres, y que han promovido una visión del futuro como un país libre de niños. Utopía.  

El líder de la oposición venezolana, Edmundo González Urrutia, afirmó este lunes que la lucha de la oposición venezolana no es partidista, sino que por el contrario se trata de la defensa de la civilización democrática contra un régimen que la intenta suprimir.

EFE

“No es una lucha partidista ni una competencia ideológica. Es la defensa de la civilización democrática contra quienes quieren reemplazarla con el miedo, la corrupción y el engaño”, dijo en una intervención por videoconferencia en la ‘Conferencia de la Libertad de Berlín’, en el que se dan cita movimientos opositores liberales de todo el mundo.

González, que fue presentado como presidente electo de Venezuela por su compañero opositor Leopoldo López, aseguró que durante más de “dos décadas de oscuridad” el régimen chavista y el régimen de Nicolás Maduro ha “degradado la dignidad humana de forma sistemática”.

“Hablamos de miles de prisioneros de conciencia, de adolescentes encarcelados por protestar, de mujeres sometidas a tratos inhumanos, de familias desgarradas por el exilio y la persecución y de una nación cuyo régimen está intentando silenciar nuestras voces, suprimir nuestros votos y extinguir nuestra esperanza”, aseguró.

No obstante, según González, todo esto no ha logrado destruir la convicción de la oposición venezolana de que fuera de la democracia no puede haber derechos humanos ni libertad y que la justicia no puede existir si el poder se halla por encima de la ley.

“Cuando el Estado de derecho colapsa, la misma libertad está en el punto de mira”, aseveró.

El líder opositor manifestó el convencimiento de que el régimen de Maduro será reemplazado por un gobierno democrático antes o después e instó a “construir un mundo en el que ningún muro vuelva a dividir a los seres humanos en libres y oprimidos”.

Ante una pregunta de López, González Urrutia se declaró dispuesto a liderar una hipotética transición democrática en Venezuela.

“Tenemos a un equipo de mucha gente que nos sigue, a un grupo de técnicos que han preparado un programa detallado y vamos a trabajar en ello desde el primer día del traspaso de poder. Vamos a trabajar por los venezolanos y vamos a luchar por un Gobierno decente y por el respeto a los derechos humanos”, afirmó.

Tras su intervención, se proyectó un videomensaje de la líder opositora María Corina Machado, que llamó a la cooperación entre todos los movimientos opositores de signo liberal “en Irán, en Bielorrusia, en Nicaragua o en Venezuela”, que son todos parte de un mismo “frente”, según dijo.

“Puede que las dictaduras hablen lenguajes diferentes, pero comparten las mismas armas: el miedo, las mentiras y el intento de hacernos sentir solos”, declaró la premiada este año con el Nobel de la Paz.

“Nuestros enemigos cooperan: comparten sus armas, su propaganda. Nosotros también tenemos que cooperar: debemos compartir nuestro coraje, nuestro conocimiento y nuestra devoción por la libertad. Ellos construyen prisiones, nosotros construimos la esperanza. Ellos difunden el miedo, nosotros la paz, y la paz al final siempre gana”, sentenció Machado.

El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, posesionó este domingo a su primer gabinete de ministros con un perfil técnico y empresarial. En su discurso, el nuevo jefe de Estado indicó que se valoró la “meritocracia” de los profesionales que su equipo.

Por: María Silvia Trigo – Infobae

“Seguramente algunos diran ¿dónde están los sectores (sociales)? Durante 20 años se representó sectores. Yo quiero preguntar donde está el gas, dónde está el litio”, justificó. “Es momento de darle paso a la meritocracia y la eficiencia”, agregó.

Si bien hay nombres de peso en las áreas en las que fueron designados, algunos perfiles no muestran experiencia en el ámbito del cargo que deben desempeñar. El equipo está integrado por economistas, ex funcionarios públicos, empresarios ligados a la agroindustria, allegados al vicepresidente y un miembro del círculo íntimo de Paz.

Los profesionales con más credenciales fueron puestos en el área económica, energética y de relacionamiento internacional con el objetivo de avanzar en las cuatro líneas que propuso Paz durante el acto de posesión: “Bolivia en el mundo, capitalismo para todos, acabar con el Estado tranca” y profundizar la descentralización de recursos pública a través un programa denominado 50/50.

Con un gabinete en proceso de reestructuración, Paz posesionó a 14 ministros para las 17 carteras que existen actualmente. Se prevén fusiones y otros ajustes en el corto plazo, cuando se apruebe la nueva Ley Orgánica del Poder Ejecutivo en función a las necesidades del nuevo Gobierno.

Así está conformado inicialmente su equipo:

Fernando Hugo Aramayo Carrasco, ministro de Relaciones Exteriores. Uno de los más experimentados del gabinete para el cargo al que fue designado. Es ex coordinador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Bolivia. Ha trabajado para varias oficinas de organismos de cooperación al desarrollo como GIZ, PNUD, BID, Banco Mundial, Agencia de Desarrollo Internacional de Suecia y otras.

José Luis Lupo Flores, ministro de la Presidencia e interino de Desarrollo Rural y Tierras. Fue candidato a vicepresidente Samuel Doria Medina en la última elección nacional. Ocupó cargos altos en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Argentina y Colombia y la CAF Banco de Desarrollo de América Latina. Además, en Bolivia fue ministro de Economía, Gobierno, Presidencia, Desarrollo Económico e Informaciones, además de director del Instituto Nacional de Estadística en 1991.

José Gabriel Espinoza Yáñez, ministro de Economía y Finanzas Públicas. Ex director del Banco Central de Bolivia. Es economista e investigador y fue consultor en el sector privado, enfocado en los ámbitos de regulación, análisis económico y diseño de propuestas de política pública. Fue economista de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia y la Cámara Nacional de Comercio.

Sergio Mauricio Medinacelli Monroy, ministro de Hidrocarburos y Energías e Interino de Minería y Metalurgia. Con estudios dentro y fuera del país, fue ministro de Hidrocarburos en Bolivia entre 2005 y 2006, coordinador de Hidrocarburos en Olade y director de la carrera de economía de la Universidad Católica Boliviana. Docente nacional e internacional.

José Fernando Romero Pinto, ministro de Planificación del Desarrollo. Es productor de soya, maíz, girasol, sorgo, trigo y chía desde hace 25 años. Ejerció como presidente de Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas (Anapo).

Óscar Mario Justiniano Pinto, ministro de Medio Ambiente y Agua e interino de Desarrollo Productivo y Economía Plural. Tiene experiencia en instituciones empresariales, productivas y comercio exterior. Antes de asumir el cargo fue presidente de los Empresarios Privados de Santa Cruz, es accionista de El Deber, uno de los principales medios de comunicación en Bolivia, y se dedica a la exportación de madera.

Mauricio Zamora Liebers, ministro de Obras Públicas Servicios y Vivienda. Es uno de los hombres de confianza del presidente. Es empresario del rubro gastronómico y fue designado encargado de gestionar la transición con el anterior gobierno.

Marco Antonio Oviedo Huerta, ministro de Gobierno. Abogado con larga trayectoria en el ámbito político. Fue diputado por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), del ex presidente Jaime Paz Zamora, en 1989, y luego su ministro de Interior. También fue ministro de Asuntos Campesinos en 2003.

Edgar Morales Mamani, ministro de Trabajo Empleo y Previsión Social. Militar retirado y miembro activo del Partido Demócrata Cristiano. En esta gestión fue candidato a diputado por La Paz.

Freddy Alejandro Vidovic Falch, ministro de Justicia y Transparencia Institucional e Ministro Interino de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización. Tiene especialización en derecho penal y fue abogado del vicepresidente Edmand Lara. Medios locales reportan que en 2015 fue sentenciado por cohecho, acusado de sobornos en caso el empresario del peruano Martín Belaunde.

Marcela Tatiana Flores Zambrana, ministra de Salud y Deportes. Es médica con formación en salud pública. Trabajó en Servicio Departamental de Salud de La Paz y la Caja Nacional de Salud.

Beatriz Elena García de Achá, ministra de Educación. Economista con amplia formación académica y experiencia en proyectos de desarrollo social y sostenible.

Raúl Marcelo Salinas Gamarra, ministro de Defensa. Abogado, antes de su designación ejerció su profesión en un estudio jurídico.

Cinthya Martha Yáñez Eid, ministra sin cartera encargada de Turismo y Gastronomía. Tiene experiencia en el sector público y privado. Fue viceministra de Turismo en 2003 en la gestión presidencial de Gonzalo Sánchez de Lozada y delgada de alianza Unidad, del ex candidato Samuel Doria Medina.

Paz efectuó la posesión ministerial en el antiguo Palacio de Gobierno, desde donde anunció que centralizará sus labores. En el primer mensaje público a su equipo manifestó: “Ustedes son hombres de bien, son capaces, tienen formación, tienen conocimiento de sus áreas, tienen conocimiento de la patria, pero no son sus méritos en sí. Es la voluntad del pueblo que se expresa a través de la fe del Estado”.

El domingo por la noche, en el cierre de la cuarta cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea (UE), el presidente anfitrión, el colombiano Gustavo Petro, enumeró los países de América Latina que habían firmado la declaración final del encuentro. Se esperaba, sin demasiada sorpresa, la ausencia de Nicaragua, que ya había anticipado sus intenciones de bloquear todo el proceso. Lo que nadie esperaba era que en el listado no estuviese Venezuela. El Gobierno de Nicolás Maduro había decidido “disociarse”, ese es el término diplomático al uso, del texto y en el último minuto, tras participar de todas las negociaciones previas, no firmó. Un día después del cierre de la cumbre, las fuentes diplomáticas consultadas no lograron encontrar una explicación racional a la estrategia de Caracas.

Por: Federico Rivas Molina – El País

Lo de Venezuela “es un suicidio diplomático inexplicable”, dicen desde una Cancillería sudamericana. En otro Ministerio de Exteriores se refieren a la “locura” de aislarse en momentos en que Caracas está bajo la amenaza de Estados Unidos. Los ataques ordenados por Donald Trump a presuntas narcolanchas venezolanas en aguas del Caribe tienen al Gobierno de Maduro en una situación de estrés político extremo. Desde Washington agitan sin disimulo el fantasma de un posible ataque militar al amparo de la lucha contra el narcotráfico. La CELAC, que nació como una alternativa a la Organización de Estados Americanos (OEA) sin Estados Unidos, parecía el espacio ideal para que Venezuela se arropase tras un manto de apoyos regionales.

El documento de 52 puntos de la cumbre se cocinó a fuego lento durante meses. Y recibió las puntadas finales durante la semana previa al encuentro de jefes de Estado en Santa Marta, Colombia. Los negociadores ya sabían que Nicaragua no firmaría, fiel a su estrategia de “tirar la bomba” y bloquear así cualquier acuerdo. La delegación venezolana, liderada el fin de semana por su canciller, Yván Gil, “habló poco y se concentró en el capítulo 10”, el referido a repudio de los bloques a las operaciones de Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico, que ya han dejado casi 70 muertos. En la previa de la última reunión, Maduro envió una carta en la que exigía a los países participantes a actuar contra lo que consideró “actos armados y letales” producidos “bajo la justificación de la ´seguridad’ o la ‘lucha contra el crimen”. “Pretendían que el capítulo 10 fuese mucho más duro, pero en un momento los negociadores europeos dijeron hasta acá llegamos”, dice una alta fuente diplomática americana.

El texto del capítulo dice en su versión final que las partes abordan “la importancia de la seguridad marítima y de la estabilidad regional en el Caribe”. No nombra a Estados Unidos, una estrategia clásica de los textos diplomáticos para reunir la mayor cantidad de apoyos posibles sin ofender. Venezuela podría haberse “disociado” de ese punto en particular, un mecanismo que debutó en esta cumbre de Santa Marta para evitar que un solo miembro del grupo pudiese bloquear toda la resolución. El documento tiene a pie de página un listado de países y los puntos que no suscribieron. Los más activos en su derecho a queja fueron Argentina —en todo lo referido a la Agenda 2030 y políticas de género—, Paraguay, Ecuador, El Salvador y Costa Rica.

Venezuela fracasó en su intento de endurecer el texto del capítulo 10, pero acató y no planteó disociarse. Fue entonces que durante todo el domingo exigió reabrir la discusión sobre otro de los puntos, el 14, donde los bloques manifiestan su “preocupación” por la guerra en Ucrania y “su inmenso sufrimiento humano”. El empuje negociador de Venezuela había sido clave para la aprobación del capítulo sobre Ucrania durante la cumbre de la CELAC-UE celebrada en Bruselas en 2023. El texto de este año tiene más sustancia y era esperable que Caracas pusiese reparos. Durante toda la tarde del domingo, la delegación venezolana exigió que se reabriese el documento a discusión, pero no tuvo éxito. “La sorpresa fue que en lugar de disociarse del capítulo 14, se bajó de todo”, revelaron desde una Cancillería americana.

Kaja Kallas, alta representante de Exteriores de la Unión Europea, dijo en entrevista con EL PAÍS que, a diferencia de Nicaragua, “Venezuela inicialmente estaba a bordo, pero al final decidió retirarse de la declaración por sus críticas al punto 14”. “Es interesante, porque al tiempo que escuchamos a Venezuela quejarse del incumplimiento del derecho internacional [por los ataques de Estados Unidos en aguas del Caribe], se niegan a suscribir una declaración sobre un evidente ataque armado de hace tres años. Deberían aplicar el mismo rasero siempre”, dijo Kallas.

Consultado por este periódico por la retirada de Venezuela, el presidente del Consejo Europeo y coanfitrión de la cumbre, António Costa, respondió: “Estas cumbres son una gran ocasión para abrir nuevos espacios para el diálogo, incluso —o, más bien, sobre todo— cuando las diferencias ideológicas y de opinión son grandes. No conviene desaprovechar este tipo de oportunidades”.

La salida venezolana se consumó una hora antes de la presentación del documento final de la cumbre. Fue tan sobre el límite, que aparecía como firmante en un borrador que circuló entre la prensa cuando los negociadores ya daban por cerrado el asunto. Luego salió Petro y en lugar de nombrar a los 33 países de la CELAC enumeró 31. Venezuela estaba fuera. “Hasta Cuba negoció, y mucho, cada punto y al final firmó todo. Nicaragua bloqueó y Venezuela decidió disociarse. Los motivos son difíciles de comprender. Hasta una hora antes de la declaración final estaba dentro”, dice una alta fuente diplomática. ¿Caracas se abrazó en su repudio al capítulo referido a Ucrania por solidaridad con Rusia? “Es posible, pero quién sabe”, responde la misma fuente.

El operativo policial más mortífero en la historia de Brasil tuvo lugar en los barrios obreros del norte de Río de Janeiro, donde la llamada Operación Contención resultó en la muerte de 121 personas, incluidos cuatro policías y dos adolescentes, así como la detención de 99 sospechosos.

Reuters

Según la información revisada por Reuters en el informe policial completo presentado ante la Corte Suprema de Brasil, ninguna de las 117 personas ultimadas por la policía estaba entre los 69 sospechosos señalados por los fiscales en la denuncia que motivó la redada. Solo cinco de los implicados fueron arrestados ese día y ninguno tenía rango de liderazgo en la banda Comando Vermelho, organización considerada una de las más grandes y violentas del país.

La operación contó con la participación de 2.500 agentes y tuvo lugar una semana antes de la llegada de líderes mundiales a la cumbre climática de las Naciones Unidas COP30. El gobernador de Río de Janeiro, Claudio Castro, calificó la redada de exitosa, mientras que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva sostuvo que la acción fue desastrosa, poniendo en evidencia la polarización entre el enfoque oficialista de atacar las bases financieras del crimen y la defensa conservadora de redadas contundentes que buscan detener o eliminar a los miembros de pandillas.

El informe policial señala que, durante la redada, solo un líder intermedio de la banda fue arrestado sin que se produjeran disparos, y las principales figuras del Comando Vermelho, entre ellas su líder Edgar Alves de Andrade, alias Doca, permanecen en paradero desconocido. Tras la intervención, los habitantes de las favelas alinearon decenas de cuerpos en las calles, evidencia del caos que generó la operación.

La policía sostiene que los residentes alteraron la escena del crimen, dificultando la investigación en las colinas tras la favela y que las lesiones más atroces documentadas, como la decapitación de Yago Ravel, de 19 años, probablemente fueron causadas por integrantes de la propia pandilla. El secretario de Seguridad Pública del estado, Víctor dos Santos, manifestó que “la situación es mucho peor de lo que reveló la investigación” y defendió tanto el número de muertos como el de detenidos como muestra de la magnitud del problema.

Santos expresó: “No fue nada fácil encontrar a 69 personas entre las 280.000″ que viven en las favelas que fueron el objetivo del operativo. Aunque 19 de los hombres asesinados no tenían antecedentes penales, según documentos de la investigación, Santos dijo estar 100% seguro de que eran criminales. Añadió que se planean otros operativos en las favelas de Río durante los próximos meses.

Las críticas a la operación han surgido desde las familias de las víctimas y defensores de derechos humanos, que acusan a la policía de matar indiscriminadamente en lugar de centrar sus esfuerzos en objetivos concretos de la investigación contra Comando Vermelho. Samuel Peçanha, padre de uno de los adolescentes de 14 años fallecidos, lamentó que “la policía los detiene, los ejecuta y ya está, porque aquí no hay ley. En Brasil, eso es normal». Taua Brito, madre de Wellington, relató que encontró el cadáver de su hijo tras recorrer la zona y criticó que “la policía tenía derecho a arrestar a mi hijo, pero no a matarlo”.

Según los datos del Foro Brasileño de Seguridad Pública, en 2024 el país registró 44.127 muertes violentas intencionales, con 6.243 víctimas a manos de la policía —un promedio de 17 al día—.

Aunque una encuesta nacional realizada por AtlasIntel y publicada el viernes revela que el 55% de los brasileños apoya la operación, familiares de víctimas como Beatriz Nolasco, tía de Yago Ravel, dudan que alguna vez sepan realmente lo que pasó. “Nunca podremos aceptar cómo lo mataron, con la cabeza arrancada y colocada en un árbol”, dijo.

Por su parte, el defensor público Pedro Carriello, que asiste a los afectados, afirmó que la violencia policial no resolverá la crisis: “Por un momento, se desarticula un grupo armado, un movimiento vinculado al narcotráfico, pero no se acaba. Lo que queda son las pérdidas de las familias”.

Resulta chocante. El videoclip fue grabado en la sede de la Academia Militar del Ejército Bolivariano, y en él varios cadetes en uniforme de gala ejecutan maniobras de ataque virtual ante las cámaras oficiales. Lo que chirría es que no lo hacen ante complejos sistemas de realidad virtual, sino con las manos pegadas a una máquina de recreativos propia de los años 90.

Por: José M. Zapico – The Objective

En la grabación distribuida por las redes sociales, varios cadetes, serios y con gesto solemne, operan máquinas que simulan ser estaciones de combate. Manipulan joysticks, bolas de seguimiento y pantallas planas como en los videojuegos de tipo arcade comunes en establecimientos públicos en la era previa a las videoconsolas.

Sin duda la escena está cuidada: camuflaje digital, disposición en fila y la seriedad propia de un grupo de combate en pleno entrenamiento. Si el mensaje que se quiere transmitir es que Venezuela entrena a sus soldados con tecnología de vanguardia, lo que se percibe es la precariedad y la escasez de brillo al usar juegos sacados de una plataforma accesible con un iPhone.

Según los observadores militares y analistas de diversos medios como Business Insider, la simulación que se muestra en los vídeos difundidos por el régimen guarda un parecido casi absoluto con un videojuego comercial de bajo coste. Por apenas cuatro euros, cualquier ciudadano con conexión a internet puede descargar en su casa el mismo software con el que Caracas instruye a sus operadores de drones. Su nombre es FPV Kamikaze Drone. Ha sido desarrollado por HFM Games y fue lanzado el 15 de diciembre de 2023 en la plataforma Steam.

Este juego permite al participante controlar un dron en primera persona a través de escenarios bélicos. Su misión es la de eliminar objetivos enemigos mediante ataques directos, explosivos o colisiones suicidas. Su propuesta se aleja de los juegos clásicos, centrados en la infantería o vehículos blindados, y apuesta por la simulación de un arma capaz de infiltrarse entre defensas enemigas.

La mecánica del juego reproduce con relativa fidelidad la experiencia de pilotar un dron FPV (visión en primera persona). El jugador debe navegar entre obstáculos, sortear sistemas antiaéreos y manejar cargas explosivas con cierta precisión. En su última versión, incluye cinco mapas y un entorno de entrenamiento. En los foros especializados se dice que sus opciones multijugador están poco desarrolladas, y la exigencia técnica se limita a lo que puede ofrecer un entorno de juego comercial.

A pesar de ello, ha despertado interés en ciertos nichos, con picos de hasta 400 usuarios diarios. Pero sus límites como herramienta de instrucción son evidentes, ya que no se trata de una herramienta militar especializada, ni de un desarrollo propio adaptado al terreno. Se trata de un producto de entretenimiento, diseñado para simular ataques con drones kamikaze en escenarios genéricos, con gráficos rudimentarios y una interfaz pensada para que jóvenes —y cada vez más mayores— pasen un rato jugando con sus teléfonos.

El hecho no solo plantea cuestiones como la imagen de simpleza que proyecta, sino por lo que desvela acerca del estado real de las capacidades militares venezolanas. El simulador no recrea condiciones reales de combate en selvas tropicales, entornos urbanos densos o una geografía montañosa. Reproduce campos abiertos, pueblos genéricos y objetivos estáticos. La física del vuelo está simplificada, y la respuesta de los controles es la propia de un juego, no de un sistema de armas convencional y de uso en combate.

El entrenamiento con este tipo de herramientas puede servir como introducción o entretenimiento, pero muy difícilmente serviría como preparación para un escenario de combate real. Sin embargo, las autoridades del país lo presentan como un avance decisivo. Un alto mando del ejército proclama que sus jóvenes están «listos para destruir al enemigo», mientras la cámara enfoca la pantalla del supuesto simulador, donde un dron avanza en línea recta hacia un objetivo indefenso.

Sistema rudimentario

La escenografía debería transmitir confianza, resolución y dominio tecnológico, pero resulta evidente que lo que transmite es la pobreza del método. La imagen mostrada contrasta con la realidad operativa de un ejército que ha visto mermadas sus capacidades durante años por la falta de mantenimiento, formación y equipamiento.

Los ejércitos modernos, incluso en contextos de bajo presupuesto, invierten en simuladores adaptados, con entornos realistas y condiciones específicas. La guerra con drones, que ha transformado el conflicto en Ucrania, exige conocimientos técnicos precisos, capacidad de adaptación y, sobre todo, una doctrina clara de empleo. Ninguna de esas variables se construye con un juego descargado de internet.

La formación de operadores de drones requiere algo más que familiaridad con un mando a distancia. Les resulta necesario conocer los principios de navegación, lidiar con interferencias, operar sensores, ejecutar maniobras evasivas y coordinarse con unidades sobre el terreno. Implica también volar en condiciones cambiantes, resolver fallos técnicos y actuar con precisión. Todo eso queda fuera del ámbito de un videojuego comercial, por muy envolvente que sea su interfaz. Para obtener resultados serios, solventes y con capacidad de emular una realidad palpable, son necesarias otras herramientas.

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